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Habían arreglado con Moroha para ir a un parque juntas. Era sábado y no tenían nada para hacer y, aunque se ven seguido en la escuela, es diferente de esta forma. Debido a la ocasión, ambas chicas se pusieron ropa nueva.
—Me dijo que nos espera en la cancha de basketball —mencionó Setsuna al ver que su gemela abría el chat que tenía con su prima.
—¿Eh? ¿Cuándo hablaron?
—Hablamos muy seguido. O sea, fuera del grupo —obviamente tenían un chat entre las tres donde casi siempre se pasaban videos o memes.
—Ah, qué bien.
Y aquello era sincero porque a Setsuna le cuesta mucho hacer amistades y congeniar sin Towa. Si no fuera por su hermana y su prima, estaría todos los recreos sola y, en un día tan lindo como hoy, encerrada tocando su violín.
Towa, por otro lado, hablaba con muchos compañeros de su escuela y era frecuentemente invitada a reuniones o fiestas, donde siempre intenta llevar a su hermana. Claro que Setsuna ignora esas invitaciones.
—¡Setsuna! ¡Towa! —por razones que no entendían, Moroha las recibió dentro de la cancha a los gritos, como si estuviesen lejos o como estuviesen entre una muchedumbre.
—¿Por qué grita?
—Ella es así, ¿no? —Towa rió levemente, mirando a su prima, quien se veía muy contenta de verlas. Por suerte, a pesar de todo, han mantenido una buena relación incluso al crecer.
—Las estoy esperando hace rato, ¿dónde estaban? —Tenía una mueca en la cara, tratando de verse disgustada pero se veía muy tierna.
—No teníamos permiso para salir.
—Más bien Towa no tenía permiso para salir —interrumpió Setsuna. —Se gastó sus salidas mensuales.
—¿Tienen salidas mensuales? —No pudo evitar reír. Ella, que ni avisaba cuando salía y solo le mandaba mensajes de vez en cuando a su madre para avisarle que estaba todo en orden.
—Para no descuidar los estudios.
La risa se intensificó. —Dios, qué triste ser ustedes.
—A mi me da bastante igual, ni salgo.
—Si, se nota —Setsuna le hizo una mueca pero no podía responderle, tenía razón. —¿Y cómo hiciste para salir, Towa? ¿Te escapaste? —La idea de la chica intentando escapar de su padre le parecía muy graciosa aunque también se imaginaba que el castigo sería
—No, tampoco es una misión suicida. Solamente convencí a mi mamá… bueno, ella convenció a mi papá.
—Re pesado el tío, es un amargo. Ni que fuéramos a una fiesta.
Ninguna de las tres está interesada en ese tipo de cosas ya que, después de todo, solo tienen quince (las gemelas) y catorce años. A lo sumo van a fiestas de cumpleaños que no terminan tan tarde. ¿Qué va a hacer Sesshomaru cuando las chicas crezcan y quieran ir a bares y salir con chicos o chicas? Ese pensamiento se quedó en la cabeza de Moroha, incluso después de abandonar la cancha de basket, incluso cuando ya estaban las tres sentadas en el pasto, charlando de cosas que nada tenían que ver con sus progenitores.
—Deberíamos haber pensado en algo para hacer antes de venir —fue Setsuna la que habló luego de ver cómo su hermana se acostaba en el pasto, dispuesta a tomar sol.
—¿Qué tiene de malo esto? Mira qué tranquila está Towa y, además, siempre podemos ir de compras.
Por primera vez, a la gemela más difícil de encantar, se la escuchó reír. —Siempre pensando en comprar cosas innecesarias, ¿cómo es que tus padres te dejan usar una tarjeta de crédito?
—Aunque no lo creas, tengo mis pequeños trabajos.
—Si estafar a viejitos es un trabajo…
—¡Ah, no, eso no! —la señaló con el dedo, desafiante. —Beniyasha no es estafadora. Podrá ser mentirosa, puerca, idiota, estafadora pero nunca una estrella porno.
—Cortala con eso de hablar en tercera persona —le respondió, rodando los ojos en el proceso.
—Y de usar ese apodo rarito —dijo la otra.
—Vos callate, nadie te habló.
—Tenés que admitir que es rarito.
—… —no pensaba ni por asomo darles la razón así que la mejor opción era cambiar de tema, revisó los bolsillos de su overol, buscando algo que pueda usar. Efectivamente encontró algo. —Towa, ¿querés que te pinte las uñas? —La aludida levantó un poco la cabeza, para ver el esmalte rosa que su prima tenía en sus manos.
—Dale.
Y le sonrió, con el sol en la cara y con el viento molestando sus cortos cabellos. Le sonrió con una dulzura que a Setsuna le traía muchos recuerdos.
Moroha gateó hasta estar bien al lado de Towa (que parecía no querer levantarse) y comenzó a pintarle las uñas ante la atenta mirada de Setsuna quien, sin darse cuenta, se había acercado un poco más también.
El olor a esmalte invadió el lugar.
La hija de InuYasha ni había terminado con la segunda uña cuando sintió cómo su otra prima se acercaba, probablemente a regañarla.
—Moroha, no sabés hacerlo —dijo indicando con el dedo que le estaba pintando por fuera de la uña. —Dame eso.
—Pero… —bufó al ver que su prima le había sacado el esmalte de las manos, ya qué. —No todas somos perfectas como Setsu-chan.
—Basta de decirme así —distraída en pintar correctamente, usó un tono monótono, como si temiera equivocarse si usaba el tono incorrecto. Como sea, eso funcionaba en su cabeza, porque las uñas de Towa estaban quedando perfectas.
La otra gemela estaba relajada, ni ganas tenía de comentar algo con respecto al intercambio entre su hermana y su prima. El olor del parque, del esmalte, la sensación del pequeño pincel en sus uñas, el sol pegando fuerte en su cara… uh… se había olvidado del protector solar antes de irse de su casa pero bueno, eso ya no importaba.
—Che, se acuerdan que dentro de poco es mi cumpleaños, ¿no? —Towa rió, Setsuna suspiró fastidiada. Todos los años era igual.
—¿Podés dejar de hacer eso? Nos olvidamos, escuchá bien, nos olvidamos una —hizo énfasis en la palabra, —vez de tu cumpleaños cuando teníamos siete años, no actúes como si fuera habitual.
—Setsuna tiene razón —abrió los ojos y se levantó un poco del césped, para ver bien sus uñas, ahora rosas. —¡Ay, me encanta cómo quedaron!
Moroha tosió, para que no se vaya de tema.
—Como decía. Dentro de poco es mi cumpleaños y quiero hacer un pijama party, ¿vienen?
—Obvio —contestaron las otras al mismo tiempo, sin dudar nada.
—¿El tío va a dejar que se queden?
—A mi si —obviamente la que habló no fue Towa, quien dudaba un poco.
—Eh… seguro que voy a encontrar la forma de ir —asegurándole con una sonrisa. —¿Alguien más viene?
—Y… no, siempre somos nosotras tres.
—¿¡No la vas a invitar a Tamano!? —No había nadie cerca de ellas y aún así, Moroha miró para todos lados.
—Callate, loca, ¿querés que se entere todo el parque?
—Es que… ¿cómo no la vas a invitar? —como diciéndole “no seas boluda”.
—No seas boluda, Moroha —ah, ahí está la voz de la razón. —Lo peor que puede pasar es que te diga que no, pero no lo creo, seguro viene.
—Y va a ser divertido, alguien nuevo.
—Capaz no quiere, es un poquito más grande que nosotras —miró a la mini Sesshomaru. —Vos tenés un poco de experiencia en eso, ¿no?
—Ni sé de qué me hablás.
—Si, hacete la gila.
—Escuchame, Moroha, si le caes re bien —Towa tiene la costumbre de hacer sentir bien a sus amistades, en especial cuando se trata de ellas, su familia. —Seguro viene y pasan un lindo momento.
—Es que… —se estaba poniendo un poco roja, no lo quería admitir, no quería hablar precisamente de eso. —Qué fuerte está el sol, ¿no? —Setsuna no le creyó nada pero Towa asintió.
—Vamos a tomar algo.
Cuando dijo de “tomar algo”, se refería simplemente a eso. Ella y su hermana pidieron un bubble tea, perfecto para este calor. Grande fue su sorpresa cuando vio a su prima con un combo grande de hamburguesa, con papas fritas y una gaseosa gigante. Al instante de sentarse, empezó a devorarse todo.
—¿No te dan de comer en tu casa? —Setsuna dijo exactamente lo que la otra hermana estaba pensando.
—Si, ¿por? —Las otras dos fruncieron el ceño, no le entendieron nada porque tenía la boca llena de papas. En fin, no importa.
—¿No te cae pesado?
—Pesadas son ustedes… —lo dijo por lo bajo, sin que las otras escuchen.
—Y… ¿si después de esto vamos al cine?
Setsuna hizo una mueca y negó con la cabeza. —La última vez que fuimos, Moroha se quedó dormida y la tuvimos que llevar a upa hasta la casa.
—Uh, si —no se olvida de que habían ido al cine a ver una película europea, muy aclamada por la crítica y que en realidad les terminó pareciendo muy aburrida. Obvio, la hija de Kagome ni se aguantó quince minutos y empezó a roncar. No fue su mejor salida.
—Yo insisto en ir de compras —después del atracón con la hamburguesa, la prima de las chicas les habló con normalidad, ahora si podían oírla bien. —Total, ustedes no están obligadas a comprar. Pueden mirar y listo.
—Si, pero-
—Pero vas a terminar comprando igual —Setsuna interrumpió. —Las dos son terribles. Siempre hacen lo mismo.
—Bueno, Setsu, vos tampoco proponés nada —rió Beniyasha.
—La cortás con ese apodo.
Antes de que Towa se termine su bubble tea, ya estaban las tres caminando al centro comercial y, en específico, a un local de ropa que les gusta mucho, ya que es típico de cualquier chica de su edad.
Entraron al local de ropa, maravilladas por la nueva colección, con colores tan lindos y cosas por comprar. Towa es también una compradora compulsiva, aunque no lo quiera admitir. Trata de no gastarse toda la mesada que su padre le da pero bueno, a veces se le va un poco la mano.
—Uy, siempre quise uno de estos.
Pero no tanto como Moroha, quien había agarrado unos lentes que obviamente eran falsos, porque ella no necesitaba eso.
—¿Para?
—No sé, para fotos y esas cosas.
Quien no es muy fan de las compras compulsivas es Setsuna, que miraba a su alrededor sin prestar demasiada atención. No es que no le interese para nada pero, ¿para qué? No le hace falta nada y no hay nada que llame mucho la atención.
—Este color te quedaría hermoso, ¿no te parece? —Pero estaba tranquila sabiendo que su hermana compraba por las dos. Le había enseñado una remera roja, un color que Setsuna no suele usar mucho.
—Es horrible —luego de ver la cara de su hermana, suspiró, no lo había dicho bien. —No me gusta mucho ese color, perdón —tenía la costumbre (heredada de su padre) de no fijarse bien en el tono de sus contestaciones.
—Entiendo… podemos buscar otra cosa, tal vez…
—Quiero buscar algo para mamá.
—¿Eh?
—Yo sé que es una pavada, porque tiene mucha ropa y eso pero… —miraba al piso, no estaba ni ahí sonrojada, pero no quería ver la cara de Towa, seguramente sorprendida. —Me gustaría comprarle algo.
—Busquemos algo juntas.
—No estás obligada igual.
—Pero quiero —sonrió dulcemente, parecía un calco a la sonrisa de Rin. —Mamá va a estar contenta de saber que pensamos en ella.
Setsuna sonrió. —Seguramente.
—¿Qué color te gusta? Y por favor no me digas violeta porque ya tiene suficiente… y vos también, ya que hablamos de eso —no está segura de qué es esta obsesión que tiene su familia con ese color pero está por todos lados. —¿El rojo que te mostré no te gustó?
—¿Querés que te vuelva a decir que es horrible? Porque lo puedo decir.
—El dorado le queda re bien a mamá, ¿no? —decidió ignorarla, concentrándose en un lindo vestido veraniego, no era ni muy corto ni muy largo. —Creo que en el último festival usó una yukata de este color.
—Está lindo, si…¿crees que lo va a usar?
—Literal le podríamos comprar los lentes falsos de Moroha y los usaría feliz.
—¡No son falsos!
—¡Si son! —respondieron al mismo tiempo las gemelas.
La tarde pasó como un suspiro, había sido todo demasiado rápido pero la habían pasado bien. Moroha quería seguir con sus primas pero ellas les recordaron que Kagome seguramente la estaba esperando (como todos los sábados) para enseñarle de poder espiritual. No había nada que pudiera hacer. También, en un suspiro, se despidieron.
—No te vayas a perder en el subte, eh —con un tono casi maternal, la mayor de las gemelas le habló a su prima, quien estaba con sus bolsas de las compras y buscando su tarjeta de transporte.
—Hace rato que no me pierdo, che.
—Y avisanos cuando llegues —dijo la otra chica.
—Si, mamá —rodó los ojos, casi hastiada.
Una vez que encontró la tarjeta, se despidió de las chicas, que tenían que tomar otra línea de subte. Las despedidas entre ellas tres son muy planas, total, se van a ver el lunes.
Las gemelas caminaron lentamente, sin ningún apuro, porque, aunque ya estaba atardeciendo, el día estaba hermoso. Esperaban que su padre no dijera nada por la hora (bueno, ellas tampoco le dijeron hasta qué hora se iban a quedar) y que dentro de todo estuviese de buen humor. El viaje fue silencioso. Towa podía notar que su hermana, cada tanto, miraba la bolsa con el regalo para Rin. Le daba demasiada ternura.
—Chicas, ya volvieron —cuando abrieron la puerta, se encontraron con su madre, quien estaba más que contenta de verlas. No había pasado mucho tiempo sin verlas pero así era siempre, aprovechaba cada minuto con ellas. Era como si, en algún universo, madre e hijas no pudieran permanecer unidas. —¿Van a comer?
—¡Obvio! —dijo Towa, Setsuna solo asintió. —¿Le vas a dar el regalo ahora?
—¿Qué cosa? —Claro que Rin se hizo la desentendida, claro que escuchó lo que dijo su hija.
Setsuna, con un ligero rubor en sus mejillas, le entregó la bolsa de la tienda. —Es un regalo de parte de las dos.
—¿Me olvidé de mi cumpleaños otra vez?
—No, no, es solo porque… —Towa pensó pero no tuvo una buena “excusa” (¿se necesitan excusas para dar regalos?). —Nada, ma, pintó regalarte algo.
La mujer rió dulcemente, mientras abría la bolsa. —Ah, me encanta —sacó el vestido y lo pegó a su cuerpo, para que vean cómo le queda. —Hermoso el color.
—Setsuna lo eligió.
—Gracias, chicas, son tan dulces —olvidándose totalmente del regalo, las abrazó, una en cada brazo. Las chicas incluso ya estaban más altas que su madre pero no importaba, eran sus bebés.
—¿Me olvidé de alguna fecha importante? —Con el tono monótono de siempre, Sesshomaru apareció frente a las chicas.
—No, solo quisieron hacerme un regalo —respondió Rin, una vez roto el abrazo con sus hijas.
—Una boludez nomás —dijo Setsuna.
—El lenguaje, chicas, ya les dije —Sesshomaru podía ser un padre demasiado severo, las chicas ya estaban acostumbradas. —No me gusta que se expresen mal.
—Perdón —ambas sabían que solo iban a cerciorarse de no "hablar mal" en presencia de su padre.
—¿Y para papá no compraron nada? —Tratando de cambiar un poco el ánimo en la charla.
—No, ni se lo merece éste —obvio que fue Setsuna, ¿quién más?
—Ay, nena, —no pudo evitar reírse entre medio—te fuiste a la mierda.
—¿Vos también, Rin? Les estoy diciendo que no se expresen así —Sesshomaru bufó al término de esa frase.
—Vos también te expresás mal —atrapado, si las chicas aprendieron sus primeras malas palabras por su padre.
—Estoy intentando no hacerlo frente a las chicas.
—Bueh… —no iban a ponerse a discutir ahora. —¿Cómo está Moroha? Dentro de poco es su cumple.
—Ajá, nos invitó a su casa, a un pijama party… —Towa, instintivamente, miró a su padre. —Podemos ir, ¿no?
—No sé, lo voy a pensar —a pesar de eso, Rin mirándolas (y sin que su esposo la vea) les dio el visto bueno. No es la primera vez, siempre es así. Ninguna de las dos sabe qué artimañas usa su madre pero siempre termina convenciéndolo.
—Las puedo acompañar a comprarle un lindo regalo.
—Ah, si, re buena idea.
—Yo todavía no les di permiso para ir —a pesar de haberlo dicho en voz alta, lo ignoraron completamente.
—Moroha el otro día me contó de unas cosas que se quería comprar, voy a buscar en mi celular.
Y así, ignorando completamente al youkai, las tres mujeres se sentaron a discutir cuál sería el mejor regalo para la hija de InuYasha y Kagome. Hasta se olvidaron de que tenían que cenar y, es que, no faltaba mucho para el cumpleaños.
Y debía ser perfecto, para su prima.
