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Ese día era el cumpleaños de Moroha, habían estado toda la semana hablando de eso. Towa y Setsuna habían comprado los regalos con Rin hace ya unas semanas y, si bien no tenían el permiso de su padre para ir y quedarse toda la noche, no podían faltar a una fecha tan importante.
Además, eran básicamente las únicas invitadas a la fiesta. “Fiesta”, era más una reunión y un eventual pijama party.
—Moroha me acaba de decir que Tamano va a ir a la fiesta —fue el comentario que hizo Setsuna y ah, entonces no eran las únicas.
—¿En serio? ¡Qué bien! Más gente.
—¿Quién es Tamano? —la dulce voz de su madre se metió en la conversación. Ella estaba arreglando las mochilas de sus hijas, con todo lo necesario para esa noche, además de asegurarse de que estén vestidas, peinadas y maquilladas para la ocasión. Setsuna había decidido ir con un vestido violeta bastante cómodo, mientras que Towa quiso ir con un pantalón de jean y una remera que precisamente Moroha le había regalado hace un par de cumpleaños, como para que sepa que pensaba en ella.
—Una compañera de la escuela, ponele —respondió Setsuna, no queriendo revelar el “secreto” de su prima.
—Ah, qué bien, qué lindo saber que Moroha tiene más amigos —cerró el cierre de una de las mochilas, dando por terminado aquello. —Ya están listas. ¿Las llevo?
—No hace falta, ma, estamos a unas estaciones nomás —Towa usó un tono tan dulce que su hermana creyó que estaba escuchando en realidad a su madre. Eran bastante parecidas.
—Igual cualquier cosa me llaman y tienen plata en la tarjeta por alguna emergencia y no gasten en boludeces desde ahí porque su papá se va a dar cuenta —dijo todo tan rápido que estaba a nada de quedarse sin aire pero sus hijas entendieron, —dejé efectivo en la mochila de Towa por si quieren comprar algo.
—¡Gracias, ma! —exclamaron.
El tema no era su mamá, que es la persona más buena del mundo, no. El tema era su papá: no es que sea malo pero definitivamente es estricto. No deja que las gemelas salgan tan seguido y puede ser muy insoportable en cuanto a las calificaciones y otras responsabilidades.
Pero hoy es el cumpleaños de Moroha, su sobrina, así que no podía prohibirles ir… aunque tampoco les ha dado permiso. Es todo un tema, si.
Con las mochilas y los regalos, lentamente fueron a la sala de estar, que es donde está también la puerta de la casa. No hicieron ni cinco pasos cuando vieron que Sesshomaru estaba sentado leyendo un libro, bastante tranquilo.
—Puta madre, pensé que no estaba —susurró la menor de las hermanas.
Towa decidió que, como es la que tiene “mejor” relación con su padre, iría al frente y sería quien hable, muy poco, como para que ni se de cuenta, como si realmente no pasaran por ahí, como si no se estuviesen yendo a ningún lado.
—Vamos a salir, chau —lo dijo rápido para que su padre ni notara que se iban, para evitar cualquier tipo de comentario.
—Si, en los diarios van a salir… —pero con él era imposible, —¿Quién les dio permiso?
—Vos/Mamá —respondieron Towa y Setsuna al mismo tiempo y respectivamente, intercambiaron miradas levemente, esperando que otra vez, su padre no notara nada.
—Si tienen permiso —Rin, quien había escuchado la conversación desde otra habitación, se acercó a intervenir. —Es el cumpleaños de su prima, no pueden faltar y encima van a estar con sus tíos.
—Eso es lo que me preocupa, no confío en el boludo de mi hermano.
—No seas amargo —se aproximó a su esposo y depositó una de sus manos en uno de los hombros de Sesshomaru. —Incluso se van a quedar a dormir ahí —esto último lo dijo un poco más bajo.
—… bueno pero la semana que viene no van a salir un carajo, ¿entendieron?
—¿No era que no se podían decir malas palabras en casa? —Setsuna, a quien más le molestaba esa regla, sonrió maliciosamente. ¿Su padre? Se hizo el desentendido.
Tenían permiso de ir, era lo que importaba.
Cuando llegaron a la casa de sus tíos, no tocaron timbre, directamente le enviaron un mensaje a Moroha para que sepa que ya estaban ahí, era la costumbre entre ellas. Eso y que el timbre a veces no suena.
Cuando su prima abrió la puerta, ambas la abrazaron, sorprendiéndola.
—¡Feliz cumpleaños!
Moroha, con un leve rubor en la cara, correspondió lentamente el abrazo. Estaban acostumbradas a abrazarse pero no se lo esperaba. Luego de separarse, Moroha cerró la puerta, quedando las tres afuera.
—¿Por qué hiciste eso? ¿Tenemos que ir a comprar o algo? —Towa inquirió, a pesar de que Moroha no traía nada encima, solo la llave de su casa.
—Les quiero advertir algo a las dos…
—Uy, ya empezamos —comentó Setsuna, entendiendo (un poco) por donde va la cosa.
—Tamano va a venir en un rato, por favor, no digan boludeces, ¿si?
—¿Qué sería…?
—Que no quiere que Tamano sepa que gusta de ella —interrumpió la gemela menor, la otra solo asintió, —no vamos a decir nada, tranquila.
—Y además de eso, —la menor de las primas se aclaró la garganta antes de seguir —no le digan nada a mi mamá, ella no sabe.
—¿No sabe que te gusta esta chica?
—No sabe que me gustan las chicas.
—Oh.
—Qué garrón…
—Mi mamá es un amor pero es media chapada a la antigua, no sé si es momento. Además todavía me trata como a una nena.
—Bueno, no le vamos a decir nada, no te preocupes. No somos tan garcas.
—Hay que pasarla lindo, es tu cumpleaños… ¡y te trajimos regalos!
Eso inmediatamente hizo que en el rostro de la cumpleañera se asome una sonrisa. Los regalos sonaban bien. Uno de los regalos era un perfume que las chicas sabían que quería y el otro era una gift card en su tienda favorita, para que se comprara muchas cosas y lo que quisiera. Moroha estaba contenta.
InuYasha y Kagome no molestaron a las chicas, solamente las saludaron para inmediatamente dejarles comida y bebidas para que se llevaran a la habitación de Moroha. Todo normal, solo que la comida era mucho más especial para la ocasión.
—Esta comida es suficiente para ustedes tres pero cuando venga la otra chica, vienen a buscar más, ¿si? —si bien Kagome le había dicho esto a las tres, lo dijo mirando precisamente a su hija que, aunque era la celebrada del día, también debía encargarse de sus invitadas.
La reunión fue bastante tranquila hasta la llegada de la otra visita.
Las gemelas no ven llegar a Tamano, no pudieron ver por lo tanto la reacción de su prima ante el regalo (parecía ser un libro). Además del regalo, la chica había traído una gaseosa y unas papas fritas para compartir. Pronto comenzaron a hablar de cualquier cosa, más que nada banalidades y cosas de la escuela. Las chicas conocen a Tamano porque va a su misma escuela, solo que está en un año superior. No saben cómo es que Moroha comenzó a hablar con ella pero enseguida notaron que la chica era muy amigable. Les agradaba… aunque parecía estar más interesada en la cumpleañera.
—Moroha, qué lindo tu moñito, ¿puedo verlo más de cerca?
—¡Si, obvio!
Bastante obvias.
Setsuna fue quien notó esto primero, bueno, no. Primero pensó que era porque tenía más relación con Moroha pero cada vez las notaba más cerca y había algo en la mirada de la chica mayor que le hacía sospechar que había algo bastante recíproco entre ellas.
Las horas pasaron bastante rápido. Rieron, jugaron, comieron, escucharon música y se sacaron algunas fotos. Sacando de lado su fijación hacia Moroha, Tamano de todas formas era muy agradable y parecía que quería ser amiga de las gemelas. Tenía el visto bueno, definitivamente.
Cuando ya era casi medianoche, notaron que Inuyasha y Kagome se habían ido a dormir o al menos ya ni se escuchaban.
—Me parece que mis viejos se acostaron —mencionó Moroha de la nada, cortando el ambiente de las charlas que estaban teniendo.
—¿Y qué tiene? Tampoco es que estamos haciendo mucho ruido —Setsuna decía la verdad, las cuatro estaban bastante calladas y tenían música a un volumen bastante bajo para poder escucharse.
—Estaba esperando que se duerman para sacar esto —se levantó de su asiento mientras las chicas la observaban y se dirigió a su escritorio, abrió un cajón y de ahí sacó… una lata de cerveza. —¿Qué les parece si compartimos?
—Vos sabés que eso se toma frío, ¿no? —dijo la menor de las hermanas riéndose entre dientes, podía notar que esa lata estuvo mucho tiempo en ese cajón y vaya uno a saber desde cuándo estaba ahí.
—¿Y cómo sabés eso? —le preguntó Towa al notar el tono seguro de su hermana.
—Eh… yo paso, no me gusta mucho la cerveza —dijo Tamano, Setsuna ni respondió lo que le preguntó su hermana.
—Podemos ir a buscar hielo y…
—No se le pone hielo a la cerveza.
—Setsuna, ¿vos tomás? Papá te mata si se entera.
—El tío me dio para probar una vez, no le podía decir que no.
—Uy, re mala influencia mi viejo —largó una carcajada mientras abría la lata, no importaba si estaba caliente y sabía que si la dejaba en el freezer, se olvidarían, explotaría y eso las metería en demasiados problemas. Ya fue todo. Le dio un trago, de una. —Ah, es horrible.
Tamano rió al verle la expresión. —A ver, dame —totalmente decidida y con la lata en manos, la delicada chica tomó un trago, con más tranquilidad que la otra. Hizo una mueca. —Caliente es mucho peor, si —rieron ambas, casi cómplices, se reían demasiado y las gemelas no entendían el “chiste” y dudaban que un trago las pusiera alegres.
—¿Nos dan un trago? —por un momento Setsuna pensó que las chicas se habían olvidado que, ahí nomás a unos pasos, estaban ellas.
—Si, perdón —se la pasó a Setsuna, quien le dio un pequeño sorbo sabiendo lo espantosa que debe ser estando caliente.
—Towa, ¿querés? —Cuando se la quiso pasar a su hermana, no se la entregó correctamente y le manchó el pantalón, fue solo un poco pero lo suficiente como para que todas exclamen “uh” con voz grave. —Vamos al baño que te limpio eso.
—Ay pero no pasa nada, mañana lo…
—Vamos —le devolvió a Moroha la lata de cerveza (que todavía contenía bastante) y se levantó, alzando su mano para que su gemela también se levantara.
Towa no volvió a protestar y ambas fueron al baño. Bah, en realidad, Setsuna la arrastró y, cuando estaban a la mitad del pasillo, de repente paró. La mayor frunció el ceño, no comprendiendo.
—El baño está al final del pasillo.
—Ya sé.
—¿Y entonces…?
—¿No te das cuenta que re sobramos ahí? Las quise dejar solas un ratito, al menos diez minutos.
—Ahora que me lo decís, tenés razón —las dos se sentaron en el pasillo, total sus tíos estaban durmiendo y tampoco se quedarían mucho tiempo. —Es como cuando Hisui viene a casa sin sus hermanas.
—No, nada que ver.
—Mmm… bueno, perdón —suspiró. —¿Te parece bien dejarla sin supervisión?
—Va a estar bien, no seas vigilante.
—Hace un poco de calor, ¿no? —Tamano y Moroha no se habían percatado de la larga ausencia de las chicas, simplemente se quedaron tomando esa asquerosa cerveza, entre risas y miradas dulces.
Moroha se terminó la cerveza antes de hablar. —¿Querés salir al balcón?
En la habitación de la chica había un pequeño balcón, estaba abierto para que corriera aire fresco pero con el calor del alcohol, ya ni lo sentían.
—Suena bien.
Además, la vista era hermosa, se veía perfectamente la ciudad, con los edificios, las luces. Era una noche de sábado tranquila.
—¿La pasaste bien? Yo sé que mis primas a veces pueden ser un toque… —una risita de la chica la interrumpió y la otra no sabía qué decir, ¿de qué se estaba riendo? —¿Qué dije?
—Yo debería preguntarte si la pasaste bien, es tu cumpleaños —estaban apoyadas en la baranda, sus cabellos revoloteaban un poco por el viento y cada tanto debían quitarse mechones de la cara. —¿La pasaste bien?
—El mejor cumpleaños —una sonrisa y un sonrojo era lo único que Moroha podía ofrecerle, tenía demasiado miedo de intentar otra cosa. —No creí que aceptarías venir —pero definitivamente lo intentó.
—¿Por qué no? Si vos… bueno… —con una expresión nerviosa, miró a sus pies, tratando de evitar el contacto visual, —vos me caes bien, muy bien.
Sorprendida por la respuesta, Beniyasha perdió un poco el equilibrio y empujó un poco a Tamano. —Uy, perdón, me puse nerviosa.
La dulce chica le agarró delicadamente la mano, evitando que vuelva a desestabilizarse. —¿Nerviosa? ¿Por qué? Si soy solo yo.
—Por eso —se mordió el labio con tanta fuerza que parecía que se estaba por lastimar, realmente estaba nerviosa pero, sin poder evitarlo, quería seguir y quería más y más. —Vos también me caes bien. Incluso más que eso.
El ruido murió ahí mismo entre ellas. No podía decir que era precisamente una confesión lo que le había dicho pero definitivamente era un progreso entre ellas. Las yemas de los dedos acariciaban ligeramente la mano de Moroha, con mucho cariño, como si ya lo hubiese hecho antes, como si estuvieran acostumbradas al contacto.
De todas formas, Moroha no podía creer lo que estaba pasando, tenía tantas sensaciones juntas que no podía comprender. El tacto de Tamano se sentía tan bien, mucho mejor de lo que pensó. No quiere que la suelte, por favor que no la suelte, que no… que no la rechace, le tiene tanto pánico al rechazo porque, a pesar de estar en esta situación, a pesar de estar tan cerca, todavía teme tanto.
Sin que las caricias paren, Tamano acercó su rostro y rápidamente depositó un beso en la mejilla de Moroha, sin previo aviso, sin que la otra pueda reaccionar. Moroha estaba casi aturdida, no lo esperaba, no creyó que pasaría y tampoco creyó que los labios de la chica fueran tan suaves. Se quedó totalmente tildada, simplemente mirándola, mirando a esa chica que la había besado, que ahora estaba roja de la vergüenza pero aún así no soltaba su mano, aún así ninguna de las dos hablaba.
¿Para qué romper el silencio si devolverle el beso era mucho mejor? No tenía los labios tan suaves ni era tan delicada como ella pero tenía tantas ganas de besarla, aunque fuera solo en la mejilla, ya con eso sería el mejor cumpleaños de la vida, lo demás no importaba. Le devolvió el beso, exactamente igual al que había recibido. Era como si estuviesen confirmando su atracción, como si confirmaran sus sentimientos, jóvenes e inexpertos.
De la nada, ambas largaron una risa, casi al mismo tiempo. No era que les causaba gracia la situación, si no que eran los nervios que no podían más, que querían salir, aunque sea en forma de carcajada.
—Las chicas no volvieron.
—Ah, si, seguro lo hicieron a propósito —rió, —las conozco muy bien.
—Fuimos muy obvias.
Otras risas, cada vez menos incómodas.
—Che, ¿querés ir a robar el vodka de mi viejo? —con la actitud despreocupada de siempre, se despegó de la chica.
—Eh… no sé si el vodka es lo mío.
—Si, así como tampoco te gusta la cerveza —le respondió con tono burlón y un tanto coqueto, la otra solo sonrió. —Vamos a buscar a las chicas, igual seguro dicen que no y terminamos durmiendo temprano.
—¡Moroha, esperá! —antes de que siquiera pudiera dar un paso, Tamano sostuvo la cara de la chica con sus manos, para darle un pequeño y dulce beso, casto e inocente, solo quería sentir sus labios, aunque sea un poco.
Moroha le correspondió como pudo, como le salió, pero definitivamente ese había sido un lindo primer beso y, obvio, el mejor cumpleaños que pudo tener.
Se abrazaron antes de ir en busca de las gemelas y, aunque tenían muchas ganas de volver a besarse, también querían ir a un ritmo tranquilo.
Si esto recién comienza para ellas.
Al final no encontraron ni vodka ni ron ni nada, seguramente Kagome escondió todo así que siguieron tomando gaseosa y comiendo hasta reventar.
De tanto en tanto, Moroha y Tamano se agarraban de las manos, para sentirse un poco más cerca.
