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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 7 of Fictober/Softober 2021
Stats:
Published:
2021-11-17
Words:
1,413
Chapters:
1/1
Kudos:
10
Hits:
152

Goodbyes

Summary:

Tobio y Shoyo están más enamorados que nunca y hasta tienen planes de un futuro juntos, pero el destino es caprichoso y hay trenes que solo pasan una vez en la vida. Y Tobio no se perdonaría jamás que Shoyo no cogiese ese tren que tanta ilusión le hacía.

Aquí está el día de su despedida.

Notes:

SLIGHTLY SPOILERS TIMESKIP!!!!!!!!

Este fic es totalmente gracias a Marina y a su maravilloso arte <3 El fanart tan precioso que ha hecho ha inspirado todas y cada una de mis palabras. Aquí os dejo el enlace para que vayáis a darle el amor que se merece porque hace cosas realmente preciosas. https://twitter.com/shouusho/status/1461040537427927045

Muchísimas gracias, Marina, no dejes de dibujar jamás <33

Con muchisimo cariño también para HQ Españita y mi pequeña Drea, por siempre darme los ánimos que necesito y quererme a pesar de todos mis defectos. Os quiero un mundo.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Tobio nunca había odiado tanto como aquel día el sonido de esa alarma del móvil. Entreabrió los ojos y buscó en su mesilla el aparato apagándolo con rabia, casi queriendo estrellar el teléfono contra el otro lado de la habitación. La luz entraba tenue al lugar, el día recién había comenzado fuera de aquellas cuatro paredes. Los rayos de sol incidían en las paredes y Tobio se permitió un segundo para observar su habitación, como si no se la conociese de memoria después de tantos años habitándola.

Observó las fotografías que ocupaban las estanterías. Casi todas ellas de ambos. De viajes que habían hecho al extranjero, de sus competiciones de volley cuando estaban en el instituto, también algunas con sus grupos de amigos. Su mirada se detuvo en una foto en concreto. Ambos vestían traje, él uno negro y Shoyo uno granate. Era en la boda de unos de sus amigos más cercanos. Recordaba ese día como si fuese ayer, las risas, los besos, los bailes, como Shoyo saltó como nadie para coger el ramo que Koutaro había lanzado con todas sus fuerzas, cómo él hincó rodilla en ese mismo instante para pedirle que se casara con él. Y cómo Shoyo se lanzó a sus labios diciendo que sí una y mil veces.

Se habrían casado ese año si esa oferta no hubiese llegado como una tormenta tropical que arrasa todo a su paso. Y Tobio no se habría perdonado nunca si por él Shoyo hubiese dicho que no a cumplir su sueño. El azabache suspiró con pesadez y miró al techo de la habitación que, hasta ese día, sería compartida con el que consideraba el amor de su vida.

Lo miró de reojo viéndolo dormir con la boca entreabierta dejando escapar pequeños ronquidos que, aunque no lo apreció la primera vez que lo escuchó, ahora le parecía el sonido más tierno del mundo. Ojalá poder escucharlos mucho tiempo más, toda su vida a ser posible. Se pasó las manos por el rostro, casi obligándose a no romperse allí mismo.

Shoyo, a su lado, se removió en la cama y abrazó la cintura de Tobio. Aspiró su aroma, olía a lavanda mezclada con el aroma a algodón de las sábanas. Shoyo amaba respirar aquel perfume cada mañana al despertar y, aún con los ojos cerrados, sintió como su pecho se contraía en un golpe de tristeza que lo azotaba. Se apretó más contra el cuerpo del contrario, receloso a abrir los ojos porque sabía que, cuando lo hiciera, todo iba a ser real. El hecho de irse se volvía más verdad que nunca y, eso… joder, eso le aterraba.

Tobio abrazó al chico y besó su cabeza. Acarició su cabello con cuidado y él también dejó que el olor a cítrico se le colase por las fosas nasales. Se separó apenas unos centímetros de él y besó su nariz mientras Shoyo, poco a poco, abría los ojos para observar la mirada enamorada que le dedicaba Tobio. Ambos se sonrieron un instante. Una sonrisa que escondía amor, dulzura y un punto de tristeza por las pocas horas que le quedaban juntos.

Tobio se removió y sus manos se pasearon por el rostro de Shoyo en un vago intento de recordar cada parte de su cara para cuando se fuese. Lo miró, lo observó con calma y detenimiento, se fijó en las pecas que conocía de memoria, se fijó en como las pestañas le caían desordenadas y enmarcaban esos preciosos ojos marrones que lo enamoraron desde el primer día. Su mirada se desvió hasta sus labios, aquellos que había besado en tantas ocasiones que hasta había perdido la cuenta (si es que alguna vez la había llevado). Se fijó en el hoyuelo que le salía cuando sonreía y lo besó con urgencia, haciendo reír a Shoyo.

— Buenos días, Tobio.

El azabache no contestó, enterró su cara en el cuello de Shoyo y dejó un suave beso en su mandíbula haciendo que todo el cuerpo de Shoyo se estremeciera con ese dulce gesto. Después de ese, le siguieron cientos de besos más repartidos por todos lados. Ocuparon sus mejillas, su cuello, su frente, su nariz y algún que otro travieso se posaba en sus labios dejando con ganas de más al de cabellos naranjas.

Shoyo empezó a besarlo también; allí donde Tobio lo besaba a él, Shoyo se lo devolvía. La banda sonora de aquella mañana en esa habitación era el ruido de los besos y risas suaves que ambos compartían en una intimidad que ninguno de los dos quería que terminase, pero que debía hacerlo.

 

— ¿A qué hora sale tu vuelo? — Tobio lo preguntó de forma casual mientras preparaba el desayuno, como si no supiese de sobra que aquel día sería el último que compartirían un almuerzo hasta dentro de mucho tiempo.

Shoyo apareció en la cocina con una toalla atada a la cintura y con otra sacudiendo su pelo. Tobio detuvo sus movimientos al verlo entrar y Shoyo sonrió sabiendo el poder que tenía sobre él. Dejó que la toalla colgase de su cuello y se acercó hasta Tobio, abrazándolo.

— Deberíamos estar allí a las tres.

Tobio asintió con desgana y Shoyo se iba a separar de él hasta que su novio agarró la toalla de su cuello y estrelló sus labios con los de él en un beso mucho más apasionado que los que habían compartido horas antes en el desayuno.

 

Tobio no sabía donde se habían metido las horas de aquel día. No entendía cómo ya se encontraba conduciendo hasta el aeropuerto con el coche cargado de maletas de Shoyo y su prometido a su lado mirando distraído el paisaje que Tokio le regalaba una última vez antes de marcharse a Sudamérica.

— ¿Lo echarás de menos?

— Por supuesto — Shoyo giró su rostro hasta Tobio que mantenía la atención en el tráfico —. Lo voy a extrañar todo. La comida, pasear por mis sitios favoritos, mis amigos… a ti. Sobre todo a ti, Tobio.

Shoyo aguantó un sollozo en su garganta. No quería romperse ante Tobio. No quería hacer aquello más duro de lo que ya lo era.

Tobio apretó el volante con una mano y, con la otra, buscó la mano de Shoyo, apretándola con cuidado, acariciando el dorso de su mano con su pulgar tratando de transmitirle una tranquilidad y una paz que ni siquiera existía en su interior.

Recorrieron los pasillos del aeropuerto con lentitud, sin ganas, esperando que, en algún momento, sonase esa alarma que los despertase del mal sueño que vivían. Pero eso no iba a suceder.

Las puertas del control se encontraban ya frente a ellos. Era el momento que ninguno quería que llegase, pero que tarde o temprano lo haría. Tobio apretaba la mano de Shoyo y miraba fijamente al frente, viendo como la gente empezaba a pasar.

— Tobio… Tobio… te voy a llamar cada día, voy a pensar en ti siempre… tú solo… no me olvides, Tobio. Yo no lo voy a hacer.

La voz de Shoyo ya estaba rota para aquel momento. Tobio lo abrazó con tanta fuerza que sentía que lo rompería en algún momento, pero no aflojó su agarre. Se separaron un momento y se miraron a los ojos y vieron el marrón y azul más brillante que jamás habrían imaginado en el otro. Shoyo se colocó de puntillas y Tobio agarró la cintura del chico ayudándolo a mantenerse en aquella posición. Juntó sus frentes y lo miró fijamente a los ojos.

— Te amo, Shoyo.

— Yo también te amo, Tobio.

Y se besaron. Se besaron con urgencia, con pena, con amor. Con un millón de sentimientos enredados en sus pechos que parecían salir al exterior a través de ese beso.

Agarró el cuerpo de Shoyo con firmeza, como si de esa manera fuese a conseguir que no se alejase de él. Abrió los ojos un momento mientras se besaban y lo miró desde ahí. Y, entonces, su corazón se rompió en mil pedazos.

Él, que era duro como una piedra, que no había descubierto lo que era el amor hasta que no conoció al pequeño que ahora estaba entre sus brazos, se rompió por completo en aquel instante.

Las lágrimas mojaron los labios de ambos y, aunque Shoyo quiso separarse para secarlas, Tobio colocó las manos en sus mejillas, aguantando el beso unos segundos más. Intentando memorizar cómo era el sabor de los labios de Hinata.

Porque el amor de su vida se iba a ir.

Y no sabía cuándo iba a volver.

Notes:

El fic forma parte del fictober 2021 bajo el prompt del día 30: Goodbye/Adiós.

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