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Language:
Español
Stats:
Published:
2021-11-19
Words:
2,532
Chapters:
1/1
Comments:
8
Kudos:
15
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2
Hits:
97

Rojo

Summary:

Este minific contiene SPOILERS TOCHÍSIMOS de La Furia y el Laberinto de Iria G. Parente y Selene M. Pascual. Por favor, leedlo sólo si habéis terminado el libro.

Aster Sanda siempre ha sentido que el amor no era para él, pero con la llegada de Ker a la nave quizá haya cmabiado de idea. ¿Qué puede salir mal por dejarse querer un poco?

Notes:

Aliena, este va para ti <3

Work Text:

Vuelvo a repasar los resultados de las últimas pruebas que le he hecho a la criatura que nos llevamos de Cícico. La luz de mi laboratorio improvisado parpadea y yo frunzo el ceño.

—No vamos a sacar mucho más, ¿no?

La voz de Ker me hace dar un respingo, por un momento había olvidado que seguía al otro lado de la habitación trasteando con su invento. Pero tiene razón, desde que descubrimos que el mecanismo de camuflaje de esta raza se activa mediante el contacto directo con su piel no hemos avanzado nada. Así que me limito a negar con la cabeza.

—Lo que hemos descubierto ya es un gran avance, pero tengo la sensación de que esta especie todavía tiene unos cuantos trucos más bajo la manga. Si tan solo… —callo. Un sabor amargo me sube por la garganta e intento apartar la idea que se me cruza por la cabeza.

—¿Tuviéramos uno vivo, quieres decir? —me ayuda al notar mi reticencia. Cambio mi peso de un pie a otro con incomodidad, me consuela que no parezca juzgarme, su tono más bien denota curiosidad.

—S-sí —vacilo—, sé que entonces sería capaz de encajar todas las piezas. ¡Puede que incluso haga un descubrimiento genético revolucionario para mi Servicio! —Resoplo y me paso las manos por la cara—. Pero es que también son seres inteligentes, son otra raza alienígena como podría serlo la de Tess o Jase, ¿hasta qué punto podría…?

—Estás pensando en los hefestos de Cícico, ¿a que sí?

Bajo la mirada y asiento, me agarro con fuerza al borde de la mesa sobre la que me apoyo.

—El único propósito de las investigaciones que se llevan a cabo en Hera es el de mejorar la calidad de vida de nuestra propia especie, es un buen motivo, pero cuando vi a esos mutantes que antes fueron humanos no pude evitar preguntarme si de verdad vale todo para cumplir ese propósito. ¿Qué derecho tenemos realmente a experimentar con otras personas por el bien de la ciencia? —Suspiro—. Supongo que me da miedo condenar a una raza entera a ser una fuente más de recursos para Olympus.

Agacho la cabeza y casi me dan ganas de reírme de mí mismo por lo irónico de la situación: yo, un mercenario forzado que de repente le presta demasiada atención a la ética; palabra a la que todo el mundo parece tenerle alergia en Marte. Seguro que piensa que soy patético.

Sin embargo, en lugar del resoplido burlón que esperaba oír lo noto acercarse hasta pararse a escasos centímetros de mí. Entonces levanta una mano y me aparta un mechón que se me ha escapado de la coleta, como ya hizo días atrás.

—Aster… —La forma en la que pronuncia mi nombre, con la voz más suave del mundo, me provoca un escalofrío que me recorre toda la columna. Me obligo a levantar la mirada hacia sus ojos oscuros. Estamos demasiado cerca—. Solo me han hecho falta estos últimos días para saber que eres un gran científico, estoy seguro de que llegado el momento tomarás la decisión correcta, tanto si esta es revelarle los secretos de esta nueva especie a Olympus como si te los guardas para ti. Lo harás lo mejor que sepas y eso es más que suficiente, así que no te adelantes a los acontecimientos, ¿vale?

Me guiña un ojo para rematar lo último que ha dicho y yo siento que mi cerebro ha dejado de funcionar por completo porque ahora mismo solo puedo pensar en su mano, que todavía descansa en mi cuello, en su mirada, que sigue clavada en la mía como si me hipnotizara y en la sonrisa que solo me muestra a mí. Pensar en ella me hace bajar la vista a sus labios, craso error, porque ahora no consigo dejar de preguntarme cómo sería besarlo y no sé si quiero ir por ahí… No sé si debo.  

Entonces el momento pasa y Ker baja la mano mientras empieza a apartarse, pero lo detengo agarrándolo de la muñeca para que no se mueva. Ha sido un gesto involuntario, pero ya es muy tarde para echarse atrás, ¿no? Así que respiro hondo y, tragándome la vergüenza, me fuerzo a hablar:

—Gracias, Ker, creo… Creo que de verdad necesitaba escuchar algo así. —Le ofrezco una pequeña sonrisa y rezo para no haberme puesto tan rojo como mi pelo—. Y gracias también por montar la IA y ayudarme con la investigación, no habría podido llegar tan lejos sin ti.

Algo en su expresión cambia, lo veo morderse el labio y respirar hondo, como si de pronto le falta el aire. Estoy a punto de preguntarle qué le pasa cuando de repente da un par de pasos más hacia mí y pega la frente contra la mía.

—Joder, Aster… —Susurra en un tono grave que no le había oído hasta ahora—. ¿Por qué tienes que ser tan adorable? ¿Es que no ves las ganas que tengo de besarte?

Y ya no sé quién es el que se lanza primero a por la boca del otro. Pero lo que sí sé es que ahora estoy sentado sobre la mesa con las piernas rodeando sus caderas y atrayéndolo todo lo que puedo hacia mí. Hundo la mano en esas suaves ondas azabache que llevo tiempo soñando con acariciar y dejo que sus manos se cuelen bajo mi camiseta.

Cuando nos separamos al cabo de unos minutos para recobrar el aliento me quedo con la cabeza apoyada sobre su pecho. No me atrevo a mirarlo. Todavía no. Por Zeus, ¿cómo he perdido tanto la cabeza? Ha sido culpa suya. Besa demasiado bien. Joder. J O D E R. ¿Y ahora qué le digo? Madre mía, ¿qué se supone que va ahora? Nunca había hecho esto, no sé…

Por suerte su voz interrumpe mis pensamientos antes de que entre un bucle que me lleve a la combustión espontánea:

—Yo… Creía que no te gustaba.

—¿¡Qué!? —exclamo una octava más alta de lo normal. Alzo la cabeza tan rápido que me entra un pequeño mareo. Cuando consigo enfocarlo me rehuye la mirada, inseguro. ¿Qué habré hecho para que piense eso?

—Pues la cosa es que cuando empezamos a pasar más tiempo juntos con nuestra investigación había momentos en los que evitabas mirarme. Al principio pensé que eran imaginaciones mías y que simplemente estabas centrado en el trabajo, pero luego también noté que a veces te tensabas cuando me acercaba para comentarte cualquier cosa. Así que pensé que te incomodaba y me propuse mantener las distancias, pero… —Se pasa una mano por la cara con nerviosismo—. Cuando te pones así de mono se me hace imposible aguantarme las ganas de tocarte. —Su mano vuela ahora hasta mi mejilla como si quisiera ilustrar lo que acaba de decir. 

Ker, eres tontísimo. Y yo: tonto y medio.

—Es justo al revés… —musito. Me arde la cara y saben los dioses el esfuerzo que estoy haciendo para no salir corriendo—. Es solo que no puedo evitar ponerme nervioso cuando estás cerca, ¿vale? Estoy acostumbrado a ser siempre el que escucha, el que va detrás de todo el mundo para asegurarse de que las cosas siguen en su sitio y supongo que tenerte a mi lado estas últimas semanas me ha recordado lo bien que sienta que alguien se preocupe por ti y… me ha gustado. Mucho. Y no sé cómo gestionarlo. 

Lo veo abrir mucho los ojos, pero en lo que dura un parpadeo el gesto ha sido sustituido por una enorme sonrisa de suficiencia y yo quiero abrir la puta escotilla y lanzarme al vacío.

—Aster… —Ahora su voz suena a ronroneo—. ¿Me estás diciendo que gusto?

—NO. —Me revuelvo en mi sitio e intento empujarlo sin éxito—. ¡No es eso para nada, lo has entendido todo mal! ¡No sé de qué me hablas!

Echa la cabeza hacia atrás en una sonora carcajada que reverbera por toda la habitación. Creo que nunca le había visto reírse de esa manera y aunque me esté muriendo de vergüenza, me alegra que haya sido por mí. Aunque tampoco tengo mucho tiempo de recrearme en esta sensación porque enseguida vuelve a estar demasiado cerca.

—Pues tú a mí sí. —Me besa—. Eres la persona más dulce que he conocido nunca. —Me regala otro beso—. Y me gustas muchísimo. —Esta vez sonríe contra mi boca y yo decido que ya no aguanto más esta tortura y me abandono en sus labios.

No sé cuánto tiempo ha pasado, pero de alguna manera nuestras camisetas han acabado en el suelo y por mucho que sus dedos rocen mi piel en suaves caricias nunca parezco tener suficiente. Tampoco sé cómo ahora es Ker el que se sienta en la mesa y yo el que está a horcajadas sobre él. Pero no importa, porque después de mucho tiempo siento que aquí es exactamente donde debo estar, entre sus brazos, con sus labios contra mi cuello mientras susurra mi nombre.

 

***

 

Ya han pasado unos cuantos días desde aquello y acabamos de aterrizar en Hellas. La verdad es que todo está siendo una locura y, por desgracia, Ker y yo no hemos podido disfrutar de más momentos a solas, pero eso no impide que se me siga acelerando el corazón cada vez que lo miro, que me roce casualmente la mano cuando pasa por mi lado y que me arrastre de nuevo al laboratorio para robarme un par de besos cuando el resto está demasiado ocupado como para darse cuenta de nuestra ausencia.

Sé que es egoísta, pero a una parte de mí le encantaría que el tiempo se parara porque aunque me reviente admitirlo, me da miedo que todo sea una ilusión que se rompa en mil pedazos cuando encontremos a los rebeldes. Me da miedo que al final yo solo resulte ser un entretenimiento para Ker a falta de algo mejor en esta nave. Me da miedo que se esté convirtiendo en alguien al que me mataría perder.

Aun así, las estrellas saben que el espectáculo debe continuar y no tienen ninguna intención de darme ni un respiro. Por eso capturamos al rebelde. Por eso Talía lo deja escapar. Y por eso Ker se ofrece a marcharse tras él para tenerlo vigilado.

Intento ocultar mi preocupación, pero supongo que no me sale del todo bien porque, una vez que acaba de prepararse, Ker me pide que hablemos un momento a solas. ¿Cómo voy a decirle que no? Así que me trago el nudo que se me empieza a formar en la garganta y lo sigo hasta nuestro rincón habitual mientras me preparo mentalmente para que me deje. Porque es lo que va a hacer, ¿no? No soy tan ingenuo como para esperar que esto dure… Aunque mentiría si dijera que no lo deseo con todas mis fuerzas.

—Oye, Aster… —Lo veo morderse el labio antes de atraparme con sus preciosos ojos oscuros—. ¿Q-querrías seguir viéndome cuando todo esto termine?

Suelto el aire que no sabía que había estado conteniendo hasta el momento.

—¿Te refieres a…? —Él asiente y yo no me creo mi suerte.

—Ya te lo dije, ¿no? No tengo intención de dejarte escapar, así que… —Me coge de la mano y me empieza a trazar círculos en la palma con el pulgar—. Si tú quieres, me encantaría que me dejaras quedarme a tu lado.

Sé que tengo que contestar, pero las palabras se me quedan cortas para expresar el alivio que siento, por lo que me lanzo a sus brazos y escondo la cara en la curva de su cuello.

—Pues claro que quiero, idiota.

Su risa me calienta el corazón a la vez que atrapo sus labios para decirle sin palabras lo mucho que significa para mí.

Cuando se separa sigue sonriendo y no puedo evitar sonrojarme todavía más con la forma en la que me mira, como si fuera lo más hermoso que ha contemplado en su vida. Como vuelva a besarme me derretiré.

—También me gustaría presentarte a mi hermana. Ella es lo más preciado que tengo y sé que te adoraría.

—¿En serio?

—Pues claro, sobre todo si la dejas acariciar a Lamia. —Volvemos a reírnos. No recuerdo la última vez que fui tan feliz—. Ahora en serio, no se me ocurre ni una sola persona en todo el universo que después de conocerte no caiga rendida a tus pies.

—Eso dices tú, que me ves con buenos ojos.

En lugar de responder, me da un beso largo, de esos que me hacen despegar los pies del suelo y me queman por dentro, de esos que hacen que me olvide de todo, incluso de mí mismo.

—Te quiero, Aster. Cuando todo esto acabe, te cogeré de la mano y no pienso soltarte jamás.

Una vez dicho esto se marcha sin darme tiempo a contestar. Casi que lo agradezco porque ahora mismo me he convertido en una masa blandita y empiezan a caer trocitos de Aster por todas partes. ¿¡Cómo narices se atreve a soltarme algo así y marcharse tan pancho!? Escondo la cara entre las manos sin poder parar de reír, no sé si de la situación, de mí mismo o de qué, pero lo que sí tengo claro es que por primera vez en mucho tiempo me siento ligero. Por primera vez en mucho tiempo me ilusiona querer… y que me quieran.

 

***

 

«—¡No lo sé! No tengo ni idea de cuál era su nombre. ¿A quién le importa?».

La primera vez que vi el cuerpo de Urien teñido de rojo pensé que jamás sentiría un dolor tan grande.

Hoy, sin embargo, me pregunto cuántas veces es posible que se rompa un corazón. En mi caso descubro que son tres.

La primera llega al escuchar la indiferencia y el desprecio más absoluto de labios de la persona de la que me había enamorado. Solo hay sitio para la furia. Rojo.

La segunda viene cuando le doy la orden a Lamia y no siento nada mientras ella araña, arranca y desgarra. Rojo.

Y la tercera me golpea cuando Talía, probablemente en el momento en que más la he necesitado de toda mi vida, se aleja de la mano de su hermano. Porque al final, mi nombre nunca ha sido el primero de su lista. Nunca he formado parte de sus prioridades y he sido un idiota por haberlo olvidado. Rojo.

Al final mi vida siempre ha estado regida por el rojo: con mi pelo, con la sangre de mi hermano, ¿y no es acaso el color de mi Servicio una tonalidad de rojo? Jamás debí haber intentado desear más, fui un iluso por pensar que podría acercarme a otros colores.

Cuando Lamia acaba el trabajo se sube a mi hombro manchándome todavía más de rojo. Como debe ser. Solo entonces vuelvo a mirarte, abierto en canal, así es como debo recordarte: un amasijo rojo lleno de mentiras. Sé que te pensaré, aunque no te lo merezcas, pero llegará un momento en que esto también pasará y entonces me desharé de ti. Como si nunca hubieras existido. Como si nunca te hubiera conocido.

Me vuelvo hacia Fedra y la ayudo a poner en pie a Tess.

Y como Talía, nosotros tampoco miramos atrás cuando nos marchamos.