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Amor sin vida
Luo Binghe era un conquistador nato. No sólo fue conocido por sus habilidades en batalla, sino también por sus habilidades en la cama. Fue emperador de millones y esposo de miles. La gente podía odiarlo por su personalidad dominante y arrogante y criticarlo por eso, pero no podían negar que su belleza y poder rara vez tendría igual. Luo Binghe era el hijo favorito del destino. No obstante, ninguna guerra o cortejo previo preparó a Luo Binghe para hacerle frente a Shen Yuan.
Todo empezó un día como cualquier otro. Luo Binghe había salido de su palacio para tener una reunión con los líderes de las tribus demoníacas que vivían al sur y suroeste. Las tribus estaban teniendo peleas cada vez más frecuentes y violentas por la falta de límites claros, por lo tanto, solicitaron la ayuda del Emperador Demonio.
Luo Binghe podría haber usado su espada para hacer el viaje de su palacio al sur en cuestión de segundos, sin embargo, prefirió hacerlo de forma difícil y larga. Estar un tiempo lejos de sus esposas más problemáticas siempre era algo que recibía con los brazos abiertos. Además, aprovecharía el viaje para visitar algunos sitios que eran conocidos por la gran cantidad de tesoros que albergaban y que no muchos se atrevían a explorar porque la cantidad de riqueza que existía en esos lugares era equivalente a la cantidad de bestias y plantas raras y letales que vivían allí.
Fue en uno de esos sitios donde Luo Binghe encontró un enorme y extraño espejo de cobre que parecía un portal. Ahora bien, Luo Binghe no tenía planeado prestarle mucha atención al espejo, no obstante, la curiosidad que sintió al ver su mano desaparecer al otro lado del objeto cuando lo tocó, lo superó. No ayudó que sus instintos no lo alertaran. Luo Binghe sabía que, incluso si su intuición le estaba jugando una mala pasada, con su nivel de poder actual sería complicado encontrar algo o alguien que pudiera hacerle daño real.
La única vez que salió herido fue cuando… No era importante. Luo Binghe no quería recordar aquella vez que visitó un mundo donde una versión débil de él se dedicaba a jugar a las casitas con un Shizun suave.
Luo Binghe dejó de lado los malos recuerdos y metió poco a poco todo su cuerpo en el portal. Lo que lo esperaba al otro lado era una habitación pintada de blanco, llena de figuras extrañas acomodadas en repisas (algunas de las figuras se parecían a él), aparatos cuadrados que emitían un brillo raro, una cama sin dosel y un joven flacucho que se estaba vistiendo.
Dicho joven soltó un grito y le lanzó su ropa interior como si esperara que eso pudiera matarlo. Luo Binghe tomó los calzoncillos con ambas manos y los examinó con una ceja alzada.
—¡¿Qué demonios?! ¡¿Acabas de salir de mi espejo?!
Luo Binghe sonrió e inclinó su cabeza hacia un lado, mirando con descaro al hombre que se comportaba como una doncella deshonrada. Ese fue el primer encuentro de Shen Yuan y Luo Binghe.
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Shen Yuan era un idiota confiado muy adorable. Luo Binghe llegó a dicha conclusión luego de varios encuentros.
La primera vez que se vieron, Shen Yuan le lanzó todo tipo de objetos hasta que Luo Binghe se dio la media vuelta y le permitió cambiarse. Con la ropa puesta, Shen Yuan se tranquilizó un poco y dejó que Luo Binghe se presentara y explicara cómo fue qué pasó a través del espejo.
Shen Yuan hizo todo tipo de gestos mientras lo oía antes de poner una expresión sorprendida. Luo Binghe al principio pensó que era por el impacto de conocer a un Señor Demonio que parecía provenir de otro mundo, pero pronto aprendió que Shen Yuan lo conocía hasta cierto punto debido a que existía una novela que estaba al alcance de cualquiera y relataba la mayor parte de su vida.
Luo Binghe no supo cómo sentirse respecto a la idea de que su vida había sido leída por multitudes y que era considerado una figura ficticia digna de respeto debido a que se volvió un emperador de tres reinos luego de ser pisoteado por su Shizun escoria. Shen Yuan admitió, después, que en realidad la mayoría leía la historia no por sus aventuras más “heroicas”, sino por las “hermanitas'' que logró conquistar y llevar a su harem.
Shen Yuan resumió, a grandes rasgos, los detalles más importantes de la historia que se titulaba Camino del Orgulloso Demonio Inmortal y a su paso preguntó si tal suceso ocurrió tal y cómo se relató en la novela. Luo Binghe asintió cada vez que escuchó algo correcto y agregó detalles que no fueron incluidos en su biografía no autorizada.
Luego de que Shen Yuan le contó todo lo que sabía, Luo Binghe lo recompensó mostrándole sus técnicas de cultivo más inofensivas y sus movimientos de espada menos peligrosos. Shen Yuan soltó “ohs” y “ahs” cada que vio algo que lo sorprendió e incluso aplaudió con verdadera admiración.
Después, Luo Binghe intentó regresar por donde vino, por muy interesante que hubiera sido el encuentro con un humano de otro mundo, tenía responsabilidades que atender. No obstante, el espejo no se lo permitió. El portal parecía haberse cerrado de forma momentánea porque cada que Luo Binghe intentaba meter una extremidad al espejo se encontraba con una pared que sus poderes no podían romper.
Shen Yuan teorizó que quizás tendrían que esperar un poco antes de que el portal se recargara para llevarlo de vuelta a su mundo. Luo Binghe asintió ante la idea. Así que se tomó su tiempo para descansar luego de que Shen Yuan lo invitara a la sala de estar para platicar un poco más sobre su biografía no autorizada y las diferencias entre sus mundos.
Cuando los temas se les acabaron, Shen Yuan prendió algo llamado “televisión” y le mostró a Luo Binghe una “película”. Luo Binghe descubrió ese día lo entretenido que era ver obras de teatro de gran presupuesto que se transmitían de alguna forma a través de una caja aplanada. Shen Yuan dijo algo sobre electricidad, ondas y otras tantas cosas que Binghe no entendió muy bien, pero archivó en su mente los conceptos para investigarlos después.
El portal no se abrió cuando se terminó la película, así que se quedó para la cena. Terminó cocinando él mismo los alimentos porque Shen Yuan admitió que la mitad del tiempo pedía comida para llevar o su familia venía a dejarle alimentos preparados por los chefs que servían en la casa principal. Y ese día, Shen Yuan planeaba pedir comida para llevar.
Luo Binghe se negó a alimentarse a sí mismo con platos preparados por gente desconocida, así que terminó haciendo un festín con los pocos alimentos que Shen Yuan guardaba en algo llamado “refrigerador”. Shen Yuan estuvo a su alrededor en todo momento, señalando como encender la estufa, el horno y otros aparatos. Binghe reconoció la utilidad de la mayoría de los aparatos de cocina modernos, pero se negó de forma tajante a utilizar la arrocera.
Shen Yuan fingió en todo momento que no vio la batalla unilateral del protagonista con la arrocera. El pobre aparato electrónico sólo cumplía con su trabajo y Bing-ge ya lo había declarado non-grato.
La cena fue una de las mejores cosas que Shen Yuan había comido. Y eso decía mucho. Sus padres nunca escatimaron en recursos cuando se trataba de alimentar con buenos platillos al hijo más quisquilloso. Shen Yuan estaba bastante agradecido con el dios que le permitió comer los alimentos preparados por su personaje favorito. La comida de Luo Bing-ge había sido motivo de discusiones entre los fans por la forma en la que era descrita en la novela: tan deliciosa que cada bocado sabía a gloria.
El portal se abrió de nuevo durante las horas más oscuras y silenciosas. Shen Yuan se despidió de Luo Binghe creyendo que nunca lo volvería a ver. ¡Y estaba bien con eso! Shen Yuan sólo tenía energía para un día de aventura, no para varios. Ver a su personaje favorito, que aparentemente no era ficticio, sino una persona real, que vivía en una dimensión diferente, era una anécdota que algún día le contaría a sus nietos.
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El asunto fue que Luo Binghe volvió. Shen Yuan escuchó a Luo Binghe relatarle su idea de llevarse el espejo de cobre luego de que regresó a su mundo, su aburrida excursión al sur de su imperio y su retorno a su palacio. Al final, el emperador empezó a quejarse sobre qué ministro o general de guerra era más inútil, cuál esposa estaba causando más desastres en el harem y lo mucho que odiaba esta o aquella cosa.
Shen Yuan se sintió un poco complicado cuando llegó a la conclusión de que su protagonista no era tan feliz como todos creían. También estaba incómodo porque de forma fugaz pensó que Luo Binghe siendo quejumbroso era un poco lindo. Sólo un poco. No mucho.
Luo Binghe recompensó a Shen Yuan preparando la cena y el desayuno y luego se fue.
Shen Yuan pensó que esta vez era un adiós para siempre.
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Spoiler. No fue un adiós para siempre. Luo Binghe de repente decidió que le encantaba escapar al mundo de Shen Yuan cada que sus esposas o sus súbditos lo molestaban. El Señor Demonio hizo pucheros una y otra vez frente a Shen Yuan y exigió atención cada que llegó de improvisto.
Una vez, Shen Yuan tuvo que salir para ir a una cita arreglada por sus padres. Cuando regresó, Luo Binghe ya estaba en su departamento, esperándolo y mirándolo como una esposa despechada que se quedó toda la noche despierta porque su marido inútil se fue de fiesta con otras mujeres. Era una metáfora extrañamente exacta, pero fue la descripción más adecuada que se le ocurrió a Shen Yuan para describir la expresión de traición que tenía Luo Binghe en su rostro.
Luo Binghe lo miró todavía más indignado cuando explicó la razón de su ausencia, sin embargo, Shen Yuan fingió que no entendía nada. No quería ahondar en el pozo lleno de víboras que eran los sentimientos complicados de un Emperador Demonio conocido por su corto temperamento.
Ese terrible día que salió sin desearlo, Shen Yuan tuvo que dedicar mucho tiempo a consolar a Luo Binghe, que tenía la apariencia de un cachorro pateado, lastimado y abandonado bajo la lluvia, sin alimento y sin agua.
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En una ocasión memorable, Luo Binghe decidió regalarle un bestiario a Shen Yuan, luego de darse cuenta del interés que tenía por las bestias que eran descritas en su biografía no apta para todo público. Shen Yuan había estado tan encantado que palmeó la cabeza del protagonista con cariño, como si fuera un niño.
Luo Binghe abrió los ojos conmocionado. Shen Yuan se disculpó al instante cuando se dio cuenta de lo que había hecho, pero Luo Binghe descartó la situación, como si no fuera importante.
Si Luo Binghe llevó más libros para Shen Yuan después de eso y recibió palmaditas en su cabeza, nadie estaba ahí para hacerlo obvio.
Shen Yuan de nuevo se tiró a la negación, Luo Binghe no podía estarle regalando cosas sólo por un gesto insulso, ¿verdad? Tenía que ser su imaginación demasiado activa la que hacía que pensara que el protagonista se parecía a un lindo y esponjoso cachorro que decía con la mirada: alábame, te traje lo que me pediste.
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Luo Binghe pasó innumerables días en la casa de Shen Yuan antes de darse cuenta de que este joven mimado y despistado que oía sus problemas sin quejarse, le gustaba. A veces sentía ganas de extender sus manos hacía Shen Yuan y tomarlo entre sus brazos. Shen Yuan tenía una complexión delgada y pequeña, de seguro podía cubrir todo su cuerpo con el suyo. Y debido a que su piel se veía blanca y blanda, como el tofu, sería obvio si se avergonzaba por la cercanía.
Luo Binghe también tuvo que contenerse en varias ocasiones para no pellizcar las mejillas de Shen Yuan. Que Shen Yuan tuviera el cabello tan corto tampoco ayudó, porque su cuello terso y delicado estaba expuesto todo el tiempo. Ni hablar de los brazos blandos y tiernos que Luo Binghe podía admirar gracias a la escasa vestimenta que el otro mundo veía con normalidad.
Le gustaría decir que sentía el mismo deseo sexual que experimentaba cada que se encontraba con una de sus esposas, pero eso sería una mentira. A pesar de que no iba a desperdiciar la oportunidad de rodar por las sábanas con Shen Yuan, si se le presentaba, en general todo lo que quería era mimar a Shen Yuan. ¡Y quería ser mimado a cambio! Le gustaba que Shen Yuan lo escuchara y acariciara su cabeza.
No quería hacer comparaciones, pero cada vez que estaba con Shen Yuan recordaba aquel día en el que visitó por error un mundo mucho más parecido al suyo y conoció al Shen Qingqiu que trató a su discípulo con cariño.
Shen Yuan tenía una mirada parecida a la de ese hombre, pensó Binghe, lo contemplaba como si estuviera dispuesto a cumplir cada uno de sus caprichos.
Luo Binghe iba a admitir que cuando se dio cuenta de que Shen Yuan favorecía que actuara como si fuera lamentable, se tiró a la perdición. Alguna vez criticó a su copia débil por actuar llorón, pero en la actualidad veía los beneficios de fingir ser una doncella difícil y sentimental.
Luo Binghe nunca conoció el amor. No sabía si lo que sentía por Shen Yuan era eso, o una simple atracción pasajera. Pero tenía tiempo para averiguarlo y conquistar a su futuro primer esposo.
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Luo Binghe podría haber sido muy optimista.
Shen Yuan ni siquiera se dio cuenta de que había cambiado su comportamiento hacia él. Era como si pensara que dos hombres estaban destinados a sentarse muy juntos cuando veían películas, que era muy normal que le dieran regalos, que las comidas suntuosas eran cosa de todos los días y que los abrazos de Luo Binghe eran una muestra de cariño fraternal.
Quizá, pensó Luo Binghe, el cortejo en el mundo de Shen Yuan funcionaba diferente. Así que pidió ver películas de romance en lugar de acción cuando tuvo la oportunidad y de forma casual preguntó sobre las costumbres humanas en el mundo de Shen Yuan.
Shen Yuan respondió las preguntas de Binghe sin dudarlo e incluso le dio datos adicionales.
Luo Binghe notó que la gente en el mundo de Shen Yuan era mucho más atrevida para mostrar su afecto. Pero conociendo a Shen Yuan, Luo Binghe consideró que, si lo besaba, tal y como lo hacían los protagonistas de las películas con las chicas que amaban, podían ocurrir dos cosas: 1) que Shen Yuan pensara que era un gesto de hermandad, 2) que se asustara y fingiera que eso nunca ocurrió.
Por lo tanto, decidió ser directo. En una de sus tantas visitas se sentó junto a Shen Yuan, en uno de sus sillones anormalmente cómodos, y lo miró con seriedad antes de proponerse.
—Me gustaría que nosotros fuéramos más que amigos —dijo Binghe, tomando las pequeñas y delicadas manos de Shen Yuan entre las suyas.
—Pero nosotros ya somos más que amigos, ¿no? —cuestionó Shen Yuan.
—¿Sí? —Luo Binghe devolvió la pregunta con curiosidad. ¿Quizá no entendió bien el cortejo de este mundo y se perdió las sutilezas?
—No quiero ser arrogante —empezó Shen Yuan—, pero desde mi punto de vista ya somos casi hermanos de diferentes madres.
Luo Binghe dejó caer los hombros y contuvo el suspiro derrotado que quería soltar. Ah, Shen Yuan era tan bonito como despistado. Quizá tampoco ayudaba que Shen Yuan no parecía ni siquiera concebir que dos hombres se podían enamorar. Este mundo era desinhibido de muchas formas, pero Luo Binghe notó con rapidez que muchas cosas que en su mundo se veían con más naturalidad, no estaban bien vistas en el lugar en el que Shen Yuan creció.
—Shen Yuan, A-Yuan —llamó Binghe con paciencia—. Los hermanos no hacen las cosas que quiero hacer contigo.
Shen Yuan, idiota denso, frunció el entrecejo con duda.
—No entiendo.
—Quiero extender a Shen Yuan en una cama y probar cada parte de su cuerpo y…
—¡Ya entendí! ¡Ah, cállate! ¡No sigas! —La cara de Shen Yuan se tornó de color carmesí en cuestión de segundos. Quería retroceder y esconder su rostro entre sus brazos, pero Luo Binghe no se lo permitió porque siguió agarrando sus manos con firmeza.
—A este Binghe le gustaría mucho tener un noviazgo con Shen Yuan —dijo Binghe con tono meloso.
Shen Yuan abrió la boca y se quedó pasmado. Con cada palabra descarada que Luo Binghe se atrevía a decir, Shen Yuan sintió que su mundo como lo conocía se desmoronaba. ¿No era el protagonista súper heterosexual? ¡¿A Luo Binghe también le gustaron los hombres todo este tiempo?! ¿Por qué nunca salió eso en la novela?
—Tú… —Shen Yuan no podía hablar—. ¿Las mujeres ya no son suficientes y por eso ahora buscas otro tipo de pareja?
—No se trata de eso —dijo Binghe con diversión—. Shen Yuan es la excepción.
Luo Binghe no mentía, incluso si aquel Shen Qingqiu de comportamiento amable despertó algo en él, todavía tenía cierto resentimiento hacia su maestro que lo hacía actuar con intenciones de humillar, sólo que ahora de una forma diferente.
Sin embargo, el sentimiento por Shen Yuan era más puro. Incluso si él y su maestro compartían cierto parecido facial y el mismo tipo de belleza elegante, Shen Yuan tenía un aire mucho más accesible a su alrededor y una personalidad mezquina nacida no de la crueldad, sino de un entorno sobreprotegido. Shen Yuan sonreía, se avergonzaba y criticaba todo lo que podía con pasión.
Luo Binghe había visto a Shen Yuan peleando en los foros como si su vida dependiera de ello. Gastaba al menos dos o tres horas discutiendo con gente desconocida sólo por el placer de llevarse la victoria. No era raro que Shen Yuan soltara palabrotas o festejara en voz alta cuando cumplía su objetivo.
A Luo Binghe nunca le gustaron mucho los hombres. Ni como amigos, ni como súbditos. De niño fue víctima de otros niños; como joven adulto soportó el odio de Shen Qingqiu y como hombre lidió con los rebeldes que deseaban matarlo y con los molestos funcionarios y sirvientes que sólo querían sacar beneficios.
—Shen Yuan es la excepción —repitió Luo Binghe.
Shen Yuan no se veía muy convencido, pero no hizo ademanes de desagrado una vez que conoció los sentimientos de Luo Binghe.
—Podemos ir poco a poco si me das la oportunidad —dijo Luo Binghe al ver la vacilación del otro.
Shen Yuan asintió con alivio.
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Mientras Luo Binghe descansaba en sus habitaciones, en su palacio, contempló el espejo que lo llevó hacia un mundo nuevo. Se acercó para examinarlo a detalle y descubrir si había pasado algo por alto en sus primeras investigaciones.
Encontró una inscripción diminuta en la parte inferior trasera, los caracteres parecían estar al revés, así que le tomó un rato descifrar lo que decía. Luo Binghe sintió que su corazón latía con fuerza cuando pudo leer la inscripción.
“Ciertamente, fue parte de mi sueño, pero yo formé parte del suyo. Llévame a dónde está mi alma gemela.”
Luo Binghe sonrió, no de forma burlona u orgullosa, sino con verdadero deleite. Su corazón siguió golpeando contra su pecho y pudo escuchar sus latidos cerca de sus oídos, como si suaves tambores de guerra fueran tocados al unísono.
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Luo Binghe intentó tomar el amor de Shen Yuan para él, haciendo uso de toda la experiencia que acumuló cortejando a sus esposas, sin embargo, no fue tan sencillo hacer que Shen Yuan aceptara que podían tener una relación. Ninguna guerra lo preparó para lo frustrante que fue ver a Shen Yuan comportándose como un gato tímido que escapaba de su dueño hambriento de afecto.
Ahora que Shen Yuan era consciente de su presencia y sus sentimientos, se ponía más nervioso a su alrededor y ya no era tan sencillo para Luo Binghe robarle caricias o mirarlo de forma indecente.
Luo Binghe volvió a la vieja táctica de llevarle libros a Shen Yuan y mirarlo como si fuera un buen chico que merece palmaditas y ser acariciado. Shen Yuan, niño ingenuo, cayó en el truco.
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Una noche, mientras Shen Yuan ayudaba a Luo Binghe a lavar su cabello debido a que se ensució en una pelea que tuvo contra unas serpientes venenosas aladas que expulsaban una especie de savia pegajosa, Binghe recordó el día en que fue atendido por el Shen Qingqiu amable.
Luo Binghe no había pensado en ese mundo en mucho tiempo, pero la calidez que experimentó al ser cuidado por Shen Yuan, se sintió demasiado familiar.
—¿Shen Yuan?
—¿Hm? —respondió Shen Yuan con un tono tierno y complaciente, inclinó su cabeza para poder mirarlo.
—Shen Yuan.
—¿Qué? No me llames al azar. —Aunque parecía que Shen Yuan lo estaba regañando, el sonrojo en su rostro delataba su vergüenza.
Luo Binghe resopló con diversión. Por supuesto. La única persona que podía hacer que alguna versión suya renunciara a un harem o al poder que podía proporcionar Xin Mo, era Shen Yuan. Su alma gemela.
Por alguna razón, Shen Yuan era Shen Qingqiu en algún lugar del universo. Luo Binghe no iba a pensar mucho en eso. Tenía cosas más importantes de las que preocuparse en estos días.
Shen Yuan secó su cabello una vez que terminó de lavarlo y luego lo peinó con cuidado. Los largos y esbeltos dedos de Shen Yuan hicieron dos trenzas a la altura de las sienes de Luo Binghe. Luego levantó la mitad del cabello en una media cola.
—Eh, Shen Yuan es muy bueno en esto. Serás una buena emperatriz en el futuro, cuidaras bien de tu esposo.
—¿Quién quiere casarse contigo y ser una emperatriz? —gritó Shen Yuan con pena.
Luo Binghe se rio. Las manos que peinaban su cabello se sentían tan cálidas y su corazón estaba tan lleno que podía explotar. Tenía un largo camino que recorrer antes de que Shen Yuan aceptara vestirse de rojo para él, pero estaba dispuesto a recorrerlo.
—A-Yuan, agáchate —pidió Luo Binghe.
Shen Yuan curvó una ceja con desconfianza, pero hizo caso a la orden.
Luo Binghe sonrió de forma tortuosa antes de besar los labios del otro. Shen Yuan se alejó al instante, más rojo que nunca, gritó “Luo Binghe” con aparente agravio, pero no mostró enojo.
Luo Binghe había vivido una vida sin amor. Ahora no sabía que iba a hacer con todo este amor que sentía porque creía que no le iba a alcanzar la vida para expresarlo.
