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Fandom:
Relationship:
Characters:
Language:
Español
Stats:
Published:
2021-11-23
Words:
1,064
Chapters:
1/1
Comments:
23
Kudos:
112
Bookmarks:
12
Hits:
813

Todos los gramófonos apagados

Summary:

Dumbledore lleva años ofreciéndole trabajo. Y Remus siempre le ha dicho que no. Pero este año es diferente.

Notes:

"Todos los gramófonos apagados" se publicó por primera vez en Livejournal en 2008 y la publico de nuevo aquí con mínimas ediciones. En su día, pensé en ella como una pieza de continuación al Marauder Crack que también se podía interpretar de manera autónoma y en mi mente era algo así como la primera pieza de una posible continuación que nunca escribí. O mejor dicho, que no escribí entonces y que estoy escribiendo 13 años después de publicar esta historia breve que ocurre antes del comienzo del tercer curso de Harry en Hogwarts.

Work Text:

Es una bufanda larga y deshilachada. Fue nueva alguna vez pero hace tiempo que los colores no recuerdan lo que eran. Verde mortuorio, gris pálido, algo que fue blanco y ahora es yema tostada. La lleva enrollada al cuello con desinterés, le cae por la espalda y es lo bastante larga como para rozar los escalones. Crujido, gemido, aullido, es una casa vieja y protesta cada vez que Remus Lupin sube los ocho tramos de escaleras que llevan hasta el cuarto piso. Es martes y junio pero ha amanecido sin ganas. Londres no es más que humo y ansiedad y cuando llega a casa, la puerta está entreabierta, por primera vez en años.

-Espero que no le importe que haya entrado. Necesitaba sentarme un rato. Hace siempre tanto frío en esta ciudad.

No esperaba su visita y sin embargo, no puede decir que esté sorprendido. Largas cejas pobladas por canas hirsutas y casi rizadas. Las gafas tan cerca del final de la nariz que cuesta comprender que sirvan para algo. Una cara arrugada y en cada pliegue de cada arruga, parece que siempre asoman ganas de reírse por un chiste muy antiguo, que oyó una vez, hace tantísimos años. El sombrero en punta, las ropas de colores vivos, las trenzas en la barba. Algo en él le recordó siempre viejas fotos de poeta loco. Nunca se lo dijo.

-¿Té, profesor Dumbledore?

Deja su perenne montaña de libros sobre el aparador y no espera respuesta antes de dirigirse a la diminuta cocina del apartamento y sacar la tetera. No tiene mechero, enciende el gas chasqueando los dedos. Con tanta naturalidad que no parece magia. En los armarios casi vacíos hay azúcar pero Remus Lupin siempre toma su té solo.

-El mío con unas cucharaditas de azúcar, si puede ser. 

Albus Dumbledore siempre lo tomaba dulce. Y es curioso que haya cosas que no cambien, cuando todo lo demás ha cambiado tanto que cada recuerdo duele, cuando se compara lo que hubo y lo que hay. Por eso, Remus jamás recuerda, nunca hace comparaciones y siempre dice que “no, gracias” cuando Dumbledore le ofrece trabajo.

Más o menos cada año. Más o menos por estas fechas.

-Este año no podrá decirme que no, Lupin.

Podrá. Oh, ya lo creó que podrá. Está convencido de que podrá y tiene sus argumentos perfectamente preparados y engrasados cuando Dumbledore mete la mano en la túnica, saca el periódico y deja toda la fuerza destructora del pasado sobre la mesa de la cocina. Una mesa vieja, que Remus nunca ha barnizado y está llena de migas de pan tostado. Suele leer The Guardian cuando tiene dinero, el Times cuando tiene ganas. Nunca, jamás, El Profeta. Sabía que si lo leía, tarde o temprano tendría que verle en portada.

-Creo que es hora de volver a Hogwarts, ¿no le parece? –Dumbledore le mira despacio y Remus devuelve la mirada con cuidado, apartando los ojos del titular sin derramar el té, esforzándose por mantener el equilibrio de sus emociones-. Hay un puesto de profesor que le he ofrecido muchas veces. Coincidiremos, me temo, en que las circunstancias hacen necesario que acepte.

En el fondo de su cansado espíritu, Remus siempre lo ha sabido. Lleva trece años con ese titular en el corazón. Ahora está sobre la mesa y parece inevitable. Volver a Hogwarts, aunque preferiría evitarlo por siempre, aspirar el aroma del pasado, enfrentarse al niño, santa madre de Merlin, ni siquiera puedo pensar en su nombre. Pero tendrá que pensarlo y tendrá que ir porque del mismo modo que siempre supo que no había celdas que pudieran retenerle por siempre, sabe ahora que acabará yendo al colegio, buscando al hijo de James Potter.

Se sienta junto a Dumbledore en la mesa. Siente que tiene ochenta años en cada pierna. Ojalá no hubieran puesto una foto junto al titular.

“ASESINO MÚLTIPLE ESCAPA DE AZKABAN. ¡SIRIUS BLACK ANDA SUELTO!”

Dumbledore se toma su té despacio.

-¿Qué me dice, Lupin?

-Los padres querrán que me eche si se enteran de mi condición. 

-Procuraremos que no lo sepan. –Ambos saben que hablan por hablar y la decisión está tomada pero es Dumbledore el que resume, en el fondo, lo que acaba de ocurrir esa mañana de junio marchita, en un apartamento mohoso de un barrio poco frecuentado por turistas. En el turbio corazón de Londres-. No parece que tenga sentido seguir evitando el pasado, -dice, con esa voz calmada, con esa grave serenidad-, cuando el pasado ha vuelto a buscarnos.

No, supone Remus, no parece que tenga mucho sentido.

Trece años huyendo de la memoria. Parte de lo que Remus siente esa mañana, es alivio. Al contrario que los demás, él siempre supo que escaparía. No era capaz de imaginar prisión alguna para contener su monumental energía, su cólera sobrehumana, su desmedido afán de fugarse de sí mismo y de todas las prisiones del mundo.

-Tomaré el tren en Londres,  con los alumnos. Si le parece bien. El primer día del curso.

 A Dumbledore le parece bien.

-Le espero en Hogwarts, profesor Lupin.

Suena un poco extraño, lo de “profesor Lupin”. Cuando Dumbledore se aparece y desaparece de su comedor con un silencioso crujido, Remus lleva las tazas de té a la pila y las lava muy despacio, con detergente muggle y nada de magia. “Ya está” piensa en lo más profundo de sí mismo, “trece años” dice después en voz alta. Cuando la taza se le escurre y se rompe, ni siquiera oye el sonido del golpe. Trece años. Y ahora ya puede dejar de huir. No tendría sentido.

Sirius le acabará encontrando.

Tenía carcajadas que hacían temblar las paredes. Besaba de mil muertes, como si siempre se jugara la vida en sacarte un gemido. Volaba sin freno, hervía de enfado a mil grados, nunca respetó una sola regla que no hubiera inventado, le detuvieron desencajado de locura y riendo, es el primer mago del mundo mágico que burla a los dementores y hace quince años Remus Lupin se habría dejado matar por él sin ofrecer un segundo de pensamiento a su propio duelo. Siempre ardió canino y en la casa de Sirio, un poco más fuerte que los demás.

Quince años de no pensar en él. El esfuerzo más grande de su vida.

Por fin se ha terminado.

Recoge los restos de la taza despacio, con escoba muggle, sin usar la magia.

(fin)