Chapter Text
prólogo:
Al salir de la escuela, suspire con fuerza mientras frotaba mi cuello intentando desestresarme; apenas era la ceremonia de bienvenida y algunas de las chicas ya habían comenzado a seguirme y suspirar con ojos brillantes con cada paso que daba…
Me detuve y solté todo el aire de mis pulmones exasperado, estaba completamente harto y hostigado de aquello, apenas era el primer día y parecía que el problema de siempre se repetiría en esta ocasión también, por un momento pensé que al cambiar de escuela y viajar a la ciudad natal de mi padre para estudiar el bachillerato cambiaría aquella aburrida y tediosa rutina que me había perseguido desde el jardín de niños, al parecer No. Seguramente los siguientes años serían iguales que cuando vivía en Tokyo.
Considere seriamente en cambiarme de escuela otra vez a una de hombres, pero de nada serviría y esta quedaba cerca de mi casa y tenía un muy buen nivel, el cual me permitiría entrar a la Universidad que quería, así que sería cambiar muchas comodidades por algo que ni siquiera era seguro mejoraría.
Sostuve el aire y dejé salir todo el cansancio que había acumulado en solo unas horas antes de seguir mi camino, ya que nada me serviría seguir pensando en eso, pero un ruido arriba mío hizo que levantara la vista y la última imagen que vi fue la de una chica cayendo de una rama hacia mí.
Capítulo 1
Yo Gerald Stuart, el tercer príncipe del reino de Sorcier, estaba en uno de los jardines de la residencia Claes buscando a mi prometida.
Catarina tenía la semana libre de trabajo en el ministerio debido a que, por accidente, había provocado una pequeña inundación en las oficinas…
Aún se preguntaban como… si era honesto.
Katarina había dicho que pocchi y ella solo estaban jugando con una de las herramientas de Larna había dejado descuidadamente en su escritorio, creyendo que la había dejado ahí como un juguete para el familiar oscuro que vivía en su sombra.
Aun recordaba el ataque de risa que me dio cuando mi hermano mayor Geoffrey me había informado de aquel incidente el día anterior, siendo, pues, que mi amada Katarina nunca dejaba de asombrarme sin importar el tiempo y rebasaba cualquier límite que yo me osaba a ponerle.
Había escuchado de Anne, la sirvienta personal de katarina, que la duquesa Millidiana la había estado regañando y corrigiendo hasta el amanecer por sus errores, por lo que conociendo a su prometida seguramente se había ido a esconder al jardín buscando un refugio de la ira de su madre hasta que su padre volviera del trabajo.
Mientras recorría tan esos conocidos terrenos, los recuerdos de toda mi vida comenzaron a azotarme vertiginosamente desde ese pasado sin color hasta ese momento, donde mi vida rebosaba de alegría y tranquilidad.
-katarina- dije en voz alta mientras pasaba bajo su árbol favorito, extrañándome de aun no haberla encontrado para esos momentos.
-¡Ah!
Un grito hizo que viera hacia arriba y abrí los ojos con sorpresa al ver como mi amada caída directamente de la rama más alta hacia mí.
Abrí los ojos debido al llanto de la chica que me movía desesperadamente con sus manos mientras se disculpaba por haberme “matado con su trasero” y otra chica de cabello castaño un poco claro, a su lado me miraba claramente preocupada de que eso fuera cierto.
-Podrías dejar de moverme- dije con una voz más molesta de la que pretendía, haciendo que se congelara y se alejara.
- ¿Estás bien? -pregunto la otra chica mientras me tendía la mano para ayudarme a ponerme de pie, pero la rechace mientras tomaba mi cabeza.
-yo…
Todo se volvió negro entre tantas imágenes que comenzaban a juntarse en mi memoria, imágenes actuales como antiguas… Muy… Muy antiguas.
Al abrir los ojos esta vez, reconocí mi habitación. Al lado de la cama había unas pastillas junto con un vaso de agua. Cerré los ojos y parpadeé un par de veces para tratar de enfocarme un poco, pero aún seguía perdido entre lo que recordaba y lo que, pues, parecía haber soñado.
-yo un príncipe- dije mientras miraba mi mano y me sentaba en la cama.
Bueno… si era completamente honesto toda la vida me habían llamado de aquella manera, por mi buen aspecto, mi actitud y aptitud; pero del dicho al hecho…
Negué con la cabeza mientras tomaba mi frente, ya había pasado una semana desde que estaba en cama; los primeros 3 días fueron de fiebre por el sobreesfuerzo de aquellas imágenes tan claras de una vida completamente diferente en un mundo aún más diferente, pasando una y otra vez en mi mente, los otros 2 fue fingiendo que aquella fiebre persistía… ya que aún no había terminado de asimilar todo.
Debía ser sincero; bien sabía que esos “recuerdos” eran reales en el fondo de mí corazón, me había identificado con todo de un modo paralizante, desde el mundo sin color y desinterés hasta el fuerte amor por Katarina. Mi corazón aún latía con fuerza si Pensaba en sus ojos y rostro.
“Lamentablemente, para mí, yo actual, eso era completamente diferente.”
Nunca había conocido a una niña o chica que llamara mi atención como lo había hecho katarina desde el primer momento, en el mundo anterior y al contrario toda la vida se había desarrollado en modo monótono y gris, haciendo que perdiera el interés en cualquier otra cosa que no fueran los estudios e incluso cuando mis padres se divorciaron y tuve que mudarme junto a mi padre, dejando todo lo que conocía, no me inmuto como lo habrían esperado de cualquier otro adolescente de 16 años, ni siquiera me había sentido mal cuando mi hermano y yo nos vimos obligados a separarnos para vivir cada uno con uno de nuestros padres.
Bueno, al menos podía decir que tuve una buena vida antes de renacer, hubo problemas. ¡Sí! Sin duda alguna, había luchado con todo para lograr entrar al corazón de katarina y casarme con ella, formar una bella familia y envejecer a su lado, pero todo lo había valido.Gracias a ella jamás había vuelto a saber que era la soledad y desolación, cada día había una sonrisa sincera e inesperada por alguna de sus ocurrencias, sin importar los años haciendo que todo lo demás siempre fuera de segundo plano y fácil de tratar sin importar las dificultades, con ella todo parecía brillar con el color de la esperanza e inocencia de un niño.
-bien, no puedes tener todo siempre- dije mientras tomaba las pastillas a mi lado para el dolor de cabeza.
Vi la hora en el reloj, si me apresuraba podía llegar a clases y ponerme al corriente de los días que no había asistido, sería fácil, ya me imagina a cualquiera de mis compañeras ofreciéndome sus apuntes como excusa para hablarme.
Dicho todo, me levanté y prepare, Tome la bicicleta y me dirigí al colegio, llegue sonada la campana, pero no importaba porque de todos modos debía dirigirme primero a la oficina del director para anunciar mi retorno a clases.
Me estaba cambiando los zapatos cuando una chica muy despeinada y medio arreglada entró corriendo y jadeando, demostrando que había corrido casi dejando su alma en el camino con tal de llegar.
-menos mal -dijo con una sonrisa al verme. – No vengo tarde.
Me le quedé viendo, algo en ella era extrañamente familiar… tal vez incluso nostálgico.
-claro que vienes tarde- dije cerrando el casillero donde había dejado mis zapatos- yo tengo que ir primero con el director.
Me alejé y la escuche gritar mientras hacía un alboroto cambiándose los zapatos, no pude evitar reír mientras avanzaba a donde debía ir.
La secretaria me había dado unos formularios que llenar y las indicaciones para ir al salón que se me había sido asignado, mientras caminaba algunas chicas que estaban en los pasillos se me quedaron viendo con un suspiro atrapado, las ignoré fingiendo que no me di cuenta de su presencia mientras comenzaban a murmurar y reír como tontas.
Al llegar al salón vi a una chica parada en el pasillo con un balde de agua en cada una de las manos mientras miraba por la ventaja perdida en sus pensamientos, no tuve que verla mucho para darme cuenta de que era la misma chica que había llegado tarde, al parecer era mi compañera, seguramente sería problemática.
La campana sonó mostrándome que de algún modo había pasado un largo rato observándola olvidándome de entrar al salón, el profesor salió y la llamo para que lo siguiera y hablaran.
Ella reaccionó hasta ese momento, casi tirando el balde de agua, haciendo que nuestras miradas se encuentren.
-Tú…-dije entrecerrando los ojos
Parecía ridículamente familiar de algún modo y tenía la respuesta, ahora.
