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Leopold "Butters" Stotch, de 27 años, contemplaba el paisaje urbano al amparo de la noche desde el balcón de su departamento. A su mente vinieron los recuerdos más felices de su vida, los cuales iniciaron cuando conoció a quienes serían sus grandes amigos de toda la vida.
Antes de llegar a Australia, el joven estaba pasando por una crisis personal bastante complicada. Tenía 18 años cuando decidió desafiar los deseos de su familia al anunciarles que estudiaría Medicina en la Universidad Estatal de Colorado y no en Princeton. Por supuesto, las represalias no se hicieron esperar, pues le amenazaron con echarlo de casa si no cambiaba de idea en el transcurso de un determinado límite de tiempo. Sin embargo, el muchacho no cedió, y les ahorró el trabajo de echarlo a la calle con todo lujo de violencia, pues ya había preparado sus maletas y hasta reservado un ticket para Denver. Aquello sorprendió mucho a los Stotch, y mucho más cuando el joven les gritó a pulmón tendido lo que tanto se había guardado dentro de sí mismo durante una buena parte de su vida. Al final, decidió cortar con toda relación de cualquier índole, incluyendo su amistad con Kenny McCormick, Eric Cartman, Kyle Broflovski y Stan Marsh.
Nadie sabía que Butters en realidad usó la ciudad de Denver como una distracción, pues su objetivo real era la Universidad Estatal de Canberra, Australia. A aquella institución había enviado una solicitud de ingreso al programa de Arte y Literatura. Se aseguró de tapar todo rastro que pudiera dar con él gracias a sus habilidades como pirata informático.
Cuando llegó a Canberra, se instaló de inmediato en el departamento más económico que pudo encontrar, el cual compartiría más adelante con Eddward "Doble D" Marion, Ezio Auditore, y Valentine "Tintin" Léroux-Ynigov, con quienes congenió de forma inmediata y trabó una sólida amistad. Un par de años después conocería a quien sería el amor de su vida, Cristina Corso, a quien apenas le llevaba dos años de diferencia. Así, él había iniciado un viaje en donde las alegrías, las tristezas, los retos y la esperanza por un futuro mejor eran pan de todos los días.
Cuando terminaron la carrera, Leo determinó establecerse en Australia; no fue nada fácil poner en orden su condición migratoria, pero al final la lucha valió la pena. Ahora trabaja para una editorial pequeña fundada por la hermana de su novia, quien vivía en el mismo edificio que él.
"¡Hey, Leo!", escuchó que le llamaran.
"¡Eu!", replicó.
"¿Nos vamos ya?", inquirió Cristina.
Leopold volvió su mirada por última vez hacia el paisaje urbano antes de marcharse con su novia y sus amigos al club nocturno que estaba en la otra punta de la ciudad.
