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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 9 of Suspiros azules
Collections:
Eventos Mensuales (CDLDF)
Stats:
Published:
2021-12-12
Words:
816
Chapters:
1/1
Kudos:
1
Hits:
37

No soy digno

Summary:

Hace tiempo que él ha perdido el privilegio de estar a su lado.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Lo mejor que pudo hacer fue alejarse de ella. Brandon la amaba, pero no era para ella. María era una mujer pura, que merecía todo el amor del mundo y un hombre que estuviera a su altura y él jamás iba a serlo. Era un asesino. Sus manos se habían teñido con la sangre de propios y ajenos una y otra vez. Harry necesitaba su ayuda y antes que una mujer, su amigo estaba por encima de todo. Él era su hermano, él que padeció la calle, el hambre, el frío cuando nadie más estaba con él.

Con esfuerzo habían llegado dónde estaban, siempre sudando, sufriendo, con cayos en sus manos y en alma. Nada les había caído de arriba y estuvo bien estar cerca de María cuando era solo un hombre que se había formado desde abajo. La quería. Adoraba ver su sonrisa, escuchar su voz y su tolerancia a él. Brandon no hablaba mucho, era escueto de palabras, pero grande de corazón. Ese corazón que lo terminó llevando lejos de ella.

Mientras Harry hacia negocio con los grandes e iba subiendo peldaños, él mejoraba su puntería; se volvía más eficaz matando gente y deshaciéndose de los cuerpos. Poco a poco, abría el camino para que Harry tomara el lugar de Big Daddy un día no muy lejano, al paso que iba, podría volverse un peligro para él incluso, sin esperar a la muerte del mafioso. Big Daddy podría tener a todo su arsenal, pero Harry tenía a Brandon, que era mejor que cualquiera de ellos.

Su misión de la noche era igual que otras tantas. Su falta de palabras ayudaban a que él se volviera alguien de confianza, que no soltaría secretos ni lo traicionaría. No, Brandon guardaba todo para él y ya sin María y con Harry tan lejano a él… no tenía muchos motivos para emitir un sonido.

Hasta que la vio en el jardín. Todavía salía humo del arma de Brandon. El suelo estaba cubierto de cuerpos. Se suponía que ella no iba a estar en casa y por eso, tenía una misión en la mansión esa noche: porque María no iba a verlo.

—Brandon —lo llamó ella. Ese tono dulce sacudió su ser completo. La mirada azul y el cabello que ahora caía más largo sobre sus hombros. Brandon sabía que si estiraba su mano hacia ella, la mancharía con su oscuridad y no podía. La pureza de María debería mantenerse intacta, lejos de toda la inmundicia del mundo. Ella había nacido para lo mejor.

—No te acerques —soltó firme y con voz austera. María se detuvo y miró el suelo. La sangre, los seis cuerpos sin vida, todos con una expresión de horror en el rostro. Él guardó su arma luego de ponerle el seguro. Sólo debía limpiar todo y finalmente, podría marcharse de ahí y no volver a encontrarse con ella.

Ella caminó entre los cuerpos, con el sonido de sus tacones repicando en el aire, Brandon sintió que su corazón iba imitando su ritmo al ver a la mujer tan cerca suyo. Ella estiró su mano intentando agarrar la de él y Brandon la esquivó.

—No puedo tocarte con mis manos manchadas de sangre —metió las manos en el bolsillo y dio un paso más hacia atrás. La luna brilló en sus anteojos e hizo que el reflejo hiciera ver más brillantes los tristes ojos de María.

—Pero yo sí puedo tocarte —y se apresuró abriendo sus brazos y rodeando su torso, apoyó su cabeza en el pecho de él y cerró los ojos: había extrañado a Brandon tanto que apenas sintió su cuerpo contra el de ella, se largó a llorar.

Él quedó un momento así, sintiéndose responsable de cada una de las lagrimas que la mujer que amaba derramaba. Odiaba ser el que le causaba daño. Si tan sólo no hubiese seguido ese camino.

Con duda y una culpa tangible, movió sus manos y quedaron temblando a unos centímetros de sus hombros, más, el hipido que dio ella hizo que todas sus convicciones se esfumaran tan sólo para corresponderla, abrazarla como no lo hacía hace meses. No pudo evitar que la tristeza desbordara de sus ojos junto con ella.

María era todo lo que estaba bien en el mundo y por su bien, sólo por ella, debía protegerla, aunque fuera de él mismo, porque ahora, ya no era Brandon Heat, sino una máquina de matar.

—Sólo por esta noche… ¿te quedarías conmigo? —dijo ella en una súplica, alzando la mirada, buscando la de Brandon. Ella no lo dudaba, incluso, detrás de la sangre, la pólvora y todos sus secretos, seguían estando todos sus sentimientos: seguía siendo su querido Brandon.

Él la dejó dentro de la casa y salió a terminar su trabajo. Luego, volvió y se quedó con María. Esa noche, tendrían una despedida más apropiada, una que no les dejara el alma tan destrozada…

Notes:

¡Hola, gente linda! Necesitaba escribir de Brandon de nuevo, hace años que no lo hacía, pero este personaje tiene tanto para explotar en el angst que no podía desperdiciarlo.

𝐃𝐢́𝐚 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐞: Manos - «No puedo abrazarte con mis manos llenas de sangre».

¡Un abrazo!

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