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Aun si la idea de tener un campamento había sido algo aleatoria y espontánea, y él hizo todo el trabajo —como siempre—, Byeonghee se sintió realizado y una paz pura inundó su corazón, junto con una vibrante felicidad. Mirando el cielo nocturno junto a la hoguera que se consumía poco a poco, Byeonghee se enamoró de esos dos días.
Luego de unos minutos de sólo mirar a las estrellas, escuchó que la puerta corrediza de la pequeña casa se abrió y luego de unos segundos de lo que creía que era dubitación del individuo, la puerta se cerró suavemente detrás de unos suaves sonidos de pasos. No mucho tiempo después, Byeonghee vio por el rabillo del ojo la hermosa sonrisa astuta de nada más ni nada menos que Jeon Doyum. Byeonghee le devolvió la sonrisa en un récord mundial.
—¿Qué estás haciendo, hyung? Todos se están preparando para dormir —dijo con una voz pequeña pero una gran sonrisa.
Byeonghee trató de posicionar su cuerpo de una mejor manera para mirar con más comodidad a Doyum, pero falló, así que en su lugar, simplemente dobló el cuello de una manera inhumana que le dejaría estragos al día siguiente. Puede que se haya visto ridículo haciéndolo, pero ver el dulce rostro de Doyum siempre fue una prioridad en sus ojos.
—Sólo estoy mirando las estrellas. ¿Pero por qué no estás tú durmiendo todavía? Es tarde, Doyum-ah —casi susurró.
Byeonghee se estaba sintiendo un poco aturdido. Se sentía tan feliz que era difícil no estar relajado.
Doyum lo miró fijamente durante lo que parecieron años, hasta que se aclaró la garganta y cambió su atención a las estrellas en el cielo.
—Ya sabes que odio dormir temprano.
Esa parecía ser toda su respuesta, y Byeonghee sabía que no tenía que presionar mucho en ello. Nunca supo si era estrés, ansiedad o si a Doyum simplemente le gustaba divertirse en particular por la noche, pero Byeonghee respetaba su deseo de estar despierto hasta altas horas de la madrugada. Sin embargo, eso tenía un límite, por lo que algunos días Byeonghee lo obligaba a dormir por la fuerza. No sería la primera vez si decidiera agarrarlo, ponerlo en su hombro como un saco de papas y tirarlo en su cama —no había ninguna extraña intención en eso, ¿de acuerdo?—.
Sabía que era un poco hipócrita porque también estaba despierto a esas incrédulas horas de las que tanto hablaba, pero bueno, siempre era mejor ayudar a que Doyum tuviera hábitos más saludables que él.
—¿Te importa si me uno? A mirar las estrellas —preguntó Doyum, de repente.
Byeonghee miró a Doyum de nuevo, pero encontró su bonito rostro levantado hacia el cielo nocturno. Asintió con la cabeza de todos modos.
—Por supuesto, Doyumie. Dentro de mi mochila hay una manta adicional si no quieres recostarte en el suelo, que te advierto, está un poco mojado. Extraño, si me lo preguntas. No llovió en todo el día.
Mientras estaba hablando, Doyum ya había desplegando la manta en el suelo, acomodándose en dicho trozo de tela.
Estaban considerablemente cerca. La mano de Doyum estaba tan cerca de la suya propia que si Byeonghee quisiera… No, si ambos quisieran, podrían acortar las distancias y tomarse de la mano toda la noche.
—Creo que llovió antes de que llegáramos y el día estuvo horrible. Supongo que no se secó por completo.
—¡El día no estuvo horrible! ¡Tuvimos varias horas con sol!
—Estuvo soleado como por una hora , luego se nubló cuando empecé a encender el fuego para asar la carne. Juro que alguien de arriba nos bendijo antes de venir aquí porque hoy definitivamente iba a llover.
Byeonghee no podía verlo, pero estaba seguro al cien por ciento de que Doyum estaba haciendo un puchero. Rió, sonriéndole a las estrellas como el idiota enamorado que era.
—Bueno, tienes razón. Debe haber alguien ahí arriba que te ama, Doyum-ah.
—Quizás, quién sabrá.
Un silencio pacífico se produjo entre los dos en un segundo. Byeonghee casi sintió que podía descansar durante horas con sólo la presencia de Doyum a su lado.
No era necesario que se tocaran para sentir un ardiente contacto piel con piel. Byeonghee estaba seguro de que ninguno de los dos se había sentido tan unido al otro en todos esos años de conocerse.
Al final del día, no tenían la oportunidad de estar juntos y solos realmente. Sólo por la noche, y siempre estaban haciendo tareas o disfrutando de su tiempo libre con sus pasatiempos favoritos. Incluso podrían pasar horas sentados uno al lado del otro, mirando sus laptops o teléfonos celulares en perfecta armonía.
Esa es una de las millones de razones por las que Byeonghee se enamoró de Jeon Doyum. Él estaba allí y eso lo hacía feliz. Incluso si no le estaba hablando. Incluso si no le estaba prestando atención. a Byeonghee simplemente le encantaba que compartieran el mismo espacio. Y ambos estaban contentos de tenerse el uno al otro, porque podrían iniciar una conversación en cualquier momento y serían escuchados por su contraparte sin problemas.
—Sabes, Doyumie. —Comenzó Byeonghee, cruzando los brazos sobre su zona abdominal—. Eres mi salvador.
Doyum se rió con su adorable risa aguda que resultaba ser tan habitual cuando pasaba tiempo con Byeonghee. Más razones por las cuales estaba enamorado de él.
A veces, Doyum era tan diferente cuando estaba únicamente con Byeonghee, pero en el buen sentido. Doyum actuaba como él mismo, como la adorable bola mullida que era. Doyum actuaba como el chico al que le encantaba ser mimado tanto como Sangwoo o incluso Chuji. Su lindo dongsaeng al que le encantaban las bromas estúpidas, las travesuras y los abrazos.
A Byeonghee le encantaba que Doyum lo considerara lo suficientemente cercano como para ser un libro abierto con él, para ser él mismo, y Byeonghee sintió que ser el lugar seguro de Jeon Doyum era un gran honor como para no decidir estar a su lado por toda la eternidad. (Y él también era el sitio seguro de Byeonghee).
—¿Tu salvador? ¿Por qué? —Doyum se movió un poco hacia su espacio personal, acercándose al cuerpo de Byeonghee. ¿Inconscientemente? ¿A propósito? Quién sabría—. Sé que mi carne a la parrilla es fantástica, pero tampoco es tan buena, hyung.
—Okay, primero, tu carne a la parrilla es excelente y podrías ser mi salvador solo por eso. Tenlo dentro de tu cabeza, Jeon Doyum, lo digo en serio.
El camino hacia el corazón de un hombre era el estómago, ¿no era así? Al menos, en el caso de Byeonghee, esa afirmación era cierta en cierto nivel. Un foody para algunas personas, un amante de la cocina para sí mismo.
—Pero me refiero a que estuviste ahí para mí todos estos días. Sólo... estoy feliz de que estés aquí, supongo.
Doyum suspiró y Byeonghee lo vio poniendo sus manos sobre su estómago, al igual que él había hecho hacía unos momentos.
—Sé que los muchachos son perezosos, pero no fui el único que te ayudó. Lo sabes, hyung.
Byeonghee puso los ojos en blanco.
—Insistiendo un poco, terminas recibiendo ayuda hasta del más flojo. Aún así, creo que sólo estás intentando sacarte el mérito.
Cambió su postura para descansar su peso sobre sus codos, olvidándose del hermoso cielo nocturno para mirar a las dos estrellas que le importaban más que las miles de millones de estrellas en el universo. Doyum pareció desconcertado, considerando que sus bonitos ojos estaban muy abiertos, pero hizo contacto visual con él de todos modos.
Byeonghee sonrió, sintiendo que su corazón latía un poco más fuerte y un poco más rápido de lo que debería.
—No sólo asando la carne, sino limpiando conmigo, lavando los platos hace apenas unos segundos porque nadie más lo haría más que yo, ayudándome a mover las cajas con todos los víveres que compramos. ¡Incluso con la lista! Me ayudaste a conseguir todo y también mantuviste a Sangwoo a raya con las cosas que estaba escondiendo para que yo las pagara sin darme cuenta. Y en general, mantener a los chicos tranquilos en cualquier momento. —Byeonghee se rió, cerrando los ojos de forma natural—. ¡Incluso planificando todo el viaje para que no sea un desastre! Limji también tuvo mucho que ver con eso, pero reconozco tu letra en cualquier lugar. Sé que cambiaste muchas cosas del itinerario de Limji para que fuera menos imposible de lograr en dos días. Y, para agregar, hasta ahora mismo viniste a buscarme porque no estaba dentro.
»No sabes lo mucho que importas. Tú eres... todo para mí, Doyumie.
El rostro de Doyum no tenía precio. Byeonghee incluso se sintió orgulloso al ver su expresión. Se veía tan tímido, tan orgulloso, tan avergonzado, pero tan feliz. Doyum tenía el aspecto que tendría la poesía si fuera un humano.
Doyum era emociones. Doyum era palabras. Y Byeonghee quería recitar cada una de ellas.
—Espero que sepas que significas más para mí que todo este viaje. Toda la felicidad que estoy sintiendo ahora es porque estás aquí, conmigo.
Byeonghee sonrió tímidamente y trató de tomar la mano de Doyum entre la suya. Para su sorpresa, antes de que pudiera siquiera tratar de sostenerla, la mano de Doyum ya estaba agarrando la suya en un apretón que podría sentirse un poco colérico si fuera otra persona. Pero era Doyum, y conocía demasiado a su Doyumie para creer tales tonterías.
Doyum estaba sentado antes de que pudiera darse cuenta, por lo que tuvo que mirar hacia arriba para apreciar sus hermosos ojos.
—¿Puedo… Puedo-?
Doyum tartamudeó un poco, luciendo inseguro pero tan lleno de algo que quería explotar dentro de sí. Byeonghee sonrió, lo que pareció darle más confianza al hermoso ser frente suyo.
—Byeonghee-hyung —dijo finalmente—. ¿Puedo besarte?
Ese Doyum se veía igual que su Doyumie de pies a cabeza. Tímido, pequeño, pero tan confiado a su manera. Tan nervioso pero abriéndose camino a tientas. Tratando de pararse todopoderoso con las mejillas y las orejas teñidas de un oscuro rojo. Como siempre, su Doyumie estaba frente a él, la única persona a la que podría amar tanto en toda su vida. Su amado Jeon Doyum.
Asintió con la cabeza, cerrando la distancia entre sus rostros al mismo tiempo.
Y luego, como si fuera algo que tenía que suceder, ambos pares de labios se encontraron en un mismo punto. No había sido un intercambio realmente torpe, sino nervioso. Su primer beso. O en realidad, el primer beso de dos niños enamorados, que definitivamente compensaba la rigidez y sus caras rojas.
Tal vez ya no eran jóvenes, no tenían trece para actuar como si acabaran de tener su primer beso con otro ser humano. Pero Byeonghee observaba el resto de su vida en los ojos de Doyum, y Doyum sólo podía ver a Song Byeonghee con ese mismo par.
Había sido un beso suave, un intercambio breve, pero tan significativo que los dejó sintiéndose llenos dentro de sus corazones. Byeonghee no pudo evitar reír y mostrarle a Doyum una gran sonrisa. A cambio, él le dio a Byeonghee una de sus sonrisas más raras. Una de pura felicidad. Su enorme sonrisa para Byeonghee, su único observador.
—Eres tan hermoso, Jeon Doyum.
Esa frase, en lugar de borrar la enorme sonrisa de Doyum, provocó otro intenso rojo en su rostro, haciéndolo lucir aún más etéreo que antes.
Honestamente, Byeonghee sentía ganas de gritar. Era el ser humano más feliz de toda la Tierra, sin lugar a dudas.
Byeonghee se recostó contra el suelo una vez más y, casi como si fuera atraído por un imán, Doyum se acostó sobre él, apoyando la cabeza en su pecho. Y como si fuera algo natural, Byeonghee simplemente lo apretó contra él, enjaulándolo entre sus brazos que, con vigor, tratarían de protegerlo de todo el mal del mundo por el resto de su vida.
Su amado, como si esas palabras fueran algo habitual, se limitó a murmurar: “Te amo” contra su piel, tratando de grabarlo como un tatuaje.
Byeonghee simplemente respondió: "Yo también te amo", como se esperaba, tratando de grabar esas palabras en la mente de Doyum, repitiéndolas como si fuera su nueva canción favorita.
Todo fue así de natural ya que sabían que incluso si ese era un primer beso —de muchos—, el último sería en su terminante aliento en la Tierra, mirando al cielo nocturno como la primera vez, pero sólo pensando en sus dos únicas estrellas importantes en todo el universo. Perdiéndose en ellas. Perdiéndose en la sensación de paz y pura felicidad.
Perdiéndose en el amor. Amor incondicional.
