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Merry Christmas, Akaza

Summary:

Akaza debe viajar a su pueblo natal para reunirse con su hermano, ya que se celebrará la boda de él con su prometida.
No le gusta la idea, pues acaba de romper con su expareja y lo que menos quiere es viajar. Pero dentro del viaje, las cosas cambiarán para Akaza en el momento que aborde el tren.

❅ Temática navideña.
❅ Los personajes no me pertenecen.
❅ Historia dedicada a SasakoKV

Notes:

Chapter 1: 19 de Diciembre

Chapter Text

Detesta mucho la idea de tener que volver al pueblo del qué huyó. Pero en parte le ayudará a descansar de toda la ciudad, el ruido y la terrible ruptura qué tuvo con su última pareja. 

Su hermano le ha insistido desde muchos meses atrás qué debe ir a la casa porque se casará y por supuesto que debe estar ahí, además de que será el padrino.

El omega gruñe en bajo mientras acomoda su maleta, maldiciendo a su mellizo por pedirle algo así. Al menos en el despacho le han concedido esas vacaciones, aunque pareciera que más bien lo están obligando a descansar.

Deja todo en orden en ese departamento para que no tenga problemas, deja una nota al personal de limpieza junto con el dinero que le corresponde. luego compra un boleto desde su celular para ir al dichoso pueblo en tren. No los ha visitado en mucho tiempo y quizá estar lejos de ellos lo hace sentir culpable. No estuvo en la fiesta de compromiso de la pareja, ni en sus últimos cumpleaños.

Guarda toda chamarra y suéter cálido, pues hace demasiado frío en esas fechas, la nieve suele cubrir el asfalto, los árboles repletos de esa capa blanca y las temperaturas demasiado bajas. No lleva un traje porque su cuñada fue quien decidió comprarlo.

Una vez terminado de arreglar su maleta, se acuesta en esa enorme cama, notando lo vacía que está, así como su vida.

Mientras qué Hakuji decidió dedicarse al negocio familiar del pueblo, Akaza huyó para buscar algo mejor. Terminó los estudios, dejando totalmente sorprendida a la familia, con sus logros ha llegado muy lejos, absorbiendo más su tiempo.

Si tuvo una pareja en ese último año, empezaron con un trato para ayudarse a pasar el celo, pero los sentimientos fluyeron. Desgraciadamente apareció una mujer que le ofrecía más y como mariposa se marchó de su lado volando hacia ella.

Le duele, porque sentía por primera vez que tenía algo que valiera la pena. Se queda en esa posición fetal, tratando de dormir, pero los nervios de volver a casa lo ponen muy tenso.

Logra dormir un par de horas antes de que suene la alarma, maldice que debe irse temprano o el tren lo dejará. Toma una ducha rápida y luego se viste con algo demasiado abrigado. 

En la estación siente demasiado frío en todo su cuerpo. Pero prefiere mil veces más el clima de invierno que el de verano, la alergia al sol no le permite disfrutar de la playa o lugares calurosos. Y aunque el sol del invierno queme demasiado, puede colocarse ropa con manga larga sin morir en el intento.

Escucha que llaman para abordar el tren, toma su equipaje y camina hacia el andén para abordarlo. Busca su asiento y agradece que esté en la ventana, odia tener que ir en el pasillo. 

Intenta meter la maleta en el maletero, pero por su altura le cuesta un poco de trabajo. El aroma a cerezos lo aturde al momento en que otras manos le ayudan a guardar el equipaje. 

Voltea lentamente al ver a su salvador, siendo un hombre con cabello flamante, ojos dorados y el aroma que desprende es al de un alfa.

—¡Listo! —sonrío el recién llegado—. ¿Hay alguna otra cosa que vayas a subir?

Akaza niega sin poder decir algo. El alfa le dedica una sonrisa, que pareciera más como otro golpe más en su interior, y ve que toma asiento al otro lado del suyo. 

El hombre se voltea y al ver a Akaza totalmente absorto en sus pensamientos, borra su sonrisa de su rostro.

—¿Todo bien? —pregunta.

—Ah, si… todo bien.

Akaza toma lugar, sintiéndose demasiado avergonzado de lo que acaba de pasar. Mira por su ventana, para que no vean sus mejillas totalmente rojas. No entiende porque se ha puesto así en la presencia de ese alfa, todos los días convive con alfas y ninguno le había causado ese efecto, ni siquiera su última pareja.

Ignorando más el asunto, decide colocarse los audífonos y escuchar música para que las siguientes horas sean llevaderas. Mira por la ventana durante el viaje, sintiendo que el peso del cansancio cae en él. 

De vez en cuando se voltea para ver de nuevo a ese alfa que ahora está comiendo un bento de los que venden fuera del tren. ¿No lo había visto comer hace rato? Vuelve a mirar hacia la ventana, notando que están cada vez más cerca del pueblo porque ya no se ven los edificios más que un campo que comienza a tener un poco de nieve.

Se entretiene con una de las revistas que dejan para distraerse en el viaje. Frunce el ceño al ver un artículo de un hombre que ha entrenado a unos ratones para cargar cosas pesadas, es algo totalmente extraño. También encuentra la noticia de la familia que tuvo quintillizos. Solo piensa en cómo le fue a la mamá durante el embarazo.

Vuelve a voltear hacia el hombre que continúa comiendo, parece ser que es otro bento. ¿Cuánto puede comer? 

Ya se siente demasiado harto de estar sentado, su espalda le duele y no hacer algo lo desespera, el viaje se le ha hecho largo, al menos ha estado sentado unas cuatro horas. En la última parada hacia el sanitario, nota que el alfa rubio se ha quedado dormido, recargando su cabeza sobre el cristal con una suave almohada. ¿Por qué le llama la atención? ¿Será su inusual cabello rubio con puntas rojas? 

No, no puede quedarse a pensar en eso, seguro que le llama la atención por esos colores tan extravagantes. 

Por fin llega a la estación, ya quiere salir a estirar las piernas y respirar aire fresco. Cuando se acerca a abrir el maletero, se da cuenta que le han acomodado su equipaje hasta el fondo.

—Deja te ayudo —escucha esa fuerte voz a su lado.

Akaza retira el audífono y ve al alfa de hace rato ayudando a bajar el equipaje. El hombre le dedica una sonrisa amable en cuanto le entrega el equipaje.

—M-muchas gracias —dice Akaza volteándose de inmediato.

Huye de ese alfa cuanto antes, no quiere que por el delicioso aroma embriagador le active el celo. No quiere pasar sus vacaciones recordando que está solo.

Sus piernas se sienten algo entumecidas de tanto tiempo que estuvo sentado, la espalda y caderas les reclama con un leve dolor en los huesos.

Saliendo de la estación, nota que ya están comenzando a adornar con la temática de navidad, todos con el espíritu y todas esas cosas que a Akaza no le gusta. Si, es como un grinch.

Camina hacia el estacionamiento, tomará un taxi para que lo lleve a casa, pero se sorprende al ver que en la entrada hay un letrero con su nombre escrito. Es una pareja y un hombre mayor quienes lo saludan y lo llaman.

Podría hacerse el qué no los vio, pero se le hace muy molesto que lo estén llamando, le incomoda que sean muy efusivos. Suspira derrotado y decide complacerlos. Mira hacia otro lado, evitando todo contacto visual. Ya no ve al joven de hace un momento por ningún lado.

Estando a unos cuantos metros, su cuñada se acerca para abrazarlo con fuerza.

—¡Te extrañamos mucho! —le dice Koyuki.

Akaza la abraza, dándole unas cuantas palmadas en la espalda de la joven.

—También te extrañé. 

Al separarse, nota que los ojos rosas de la joven tienen unas pequeñas perlas, ahora se siente mal por hacerla llorar. 

Antes de decir algo, un cuerpo más lo abraza con mucha fuerza, escuchando esa risa cálida que le gusta oír.

—Bienvenido, pequeño latoso —dice el hombre dándole unas palmadas en su espalda—. Ya nos hacías falta.

—Keizo… no puedo… respirar —jadea el pelirrosa tratando de separarse.

—¡Oh! ¡Lo lamento! —el mencionado se separa para tomar al joven de sus hombros—. No sabes lo felices qué nos haces al tenerte en casa. Esperemos que puedas tener una agradable estancia.

Akaza sonríe levemente, aceptando la calurosa bienvenida de la figura paternal qué tiene.

Al final, los ojos dorados se encuentran con los ojos azules. Si no fuera por la variación del color de cabello y orbes, ambos chicos serían como dos gotas de agua por los rasgos qué tienen.

El abrazo que se dan está lleno de muchos sentimientos que no son capaces de expresarse, pero se sienten felices de estar juntos.

Siente un enorme nudo en la garganta, está demasiado sensible con todo lo que ha pasado, que abrazar a su único hermano le hace sentir protegido, más con el aroma de protección qué desprende el alfa.

—Gracias por venir —susurra Hakuji.

—Gracias por invitarme —siente un pequeño nudo en la garganta.

Keizo le ayuda con su equipaje, llevando en la parte de atrás de la camioneta qué tienen. Mientras van camino hacia el rancho, Akaza se dedica a escuchar todo lo que le cuentan, desde cómo han incrementado las ventas de los productos lácteos, como el cambio de algunas cosas en el pueblo. 

También escucha que le han preparado uno de sus alimentos favoritos, deseando ya poder estar en casa para probarlos.

La familia Soyama eran muy cercanos a la familia Shiroyama. Por supuesto que Akaza, Hakuji y Koyuki se conocen desde muy niños e iban juntos a la escuela, pasaban las tardes jugando e incluso un día pelearon entre Akaza y Hakuji quien se casaría con Koyuki. 

Aunque en ese momento Koyuki rechazó a ambos, Akaza decidió apartarse del camino de ambos, dejando que su hermano sea feliz con su mejor amiga. 

Los padres de los mellizos murieron y Keizo tomó la custodia total de dos jovencitos de casi trece años.

Llegando a la plaza principal, nota que ya el camino es de piedra y ya ni solo de tierra. Han adornado la fuente con flores nochebuena y los locales tienen esas escarchas decoradas con lazos. 

Algo que debe admitir es que en la ciudad no se ve tanto esto, solo colocan pequeños copos de nieve, esferas y decoraciones muy simples, mientras qué en este lugar él espíritu de la navidad se siente en todos lados.

Llegando al rancho, siente más nostalgia al ver como el lugar es lo único que se conserva igual que cuando tomó sus maletas y se fue a la ciudad. Le da gusto que no la han tenido que vender y que las ventas les ayudará a mantener el lugar. 

Al entrar, nota que han cambiado los viejos muebles por unos mejores, incluso hay una televisión. Seguro que Keizo estará feliz y podrá ver esos programas de deporte y cultura.

—Koyuki y yo colocaremos la mesa para comer mientras que Hakuji te ayuda con el equipaje —pide Keizo mientras se quita la bufanda y el gorro para colocarlo en el perchero.

—No hay necesidad, puedo yo…

—Deja de ser tan obstinado, eres nuestro invitado —Hakuji gruñe mientras le quita la maleta a su hermano de las manos.

—Bueno —Akaza le lanza el abrigo que se acaba de quitar sobre el hombro de su hermano—. ¿Y podrías cargarme en tu espalda?

—No abuses.

La habitación ha cambiado un poco, sobre todo la cama, los viejos juguetes y fotografías continúan en esos muebles de madera. Akaza sonríe levemente al encontrar ese pequeño luchador que tanto le gustaba ahí. Le gustaba lanzarlo y nunca se rompió.

—Compramos una nueva cama y una base, la vieja se rompió y el colchón se llenó de humedad —explica Hakuji dejando su maleta—. Tu vieja ropa la sacamos porque hubo un accidente y ya no servía.

—Está bien, lo importante es que está el luchador —sonríe levemente Akaza. 

—También guardo el mío.

Akaza explora más la habitación, encontrando una fotografía vieja de sus padres. Suspira y la acomoda sobre el mueble viejo que yace frente a la cama.

—Koyuki escogió los colores de la cama, Keizo tuvo la idea de colocar una cobija polar y cambiaron las cortinas —comenta Hakuji, sin tener algún tema de conversación con su hermano.

—Está bien, espero no pasar frío o tendré que colocar una fogata aquí dentro —contesta Akaza tomando asiento sobre el filo de la cama.

En la habitación reina el silencio, ambos chicos no son buenos conversando estando solos, pero se sienten demasiado felices estando uno con el otro. 

—Eh bueno… iré abajo si necesitan ayuda, ponte cómodo —dice el alfa mientras camina hacia la entrada—. Y ehm… Bienvenido de nuevo.

Akaza asiente con una pequeña sonrisa. Estando solo, el pelirrosa se queda observando con más detenimiento esa vieja fotografía, recordando a sus padres y lo injusto que fue la vida al separarlos. 

Trata de no ponerse sentimental, después de todo, quizá sí haya sido una idea volver a casa a descansar de la ciudad. 

Durante la cena, escucha todo lo que se tiene planeado hacer para la boda de Hakuji y Koyuki, que aunque ya se habían casado por civil, querían hacer una boda grande. La fiesta se hará en un salón que se construyó dentro del rancho, en el que casi todo el pueblo irá. 

Nota lo felices que están por su presencia, siempre les rechazaba ir a visitarlos, sobre todo en navidad o año nuevo. 

—¿Qué te gustaría comer en navidad? —pregunta Koyuki.

—¿No deberías preocuparte más por tu boda? Yo cocinaré, se lo debo por todas las veces que no he venido cada vez que me invitan —frunce el ceño el pelirrosa.

—Esos casi siete años de tu ausencia, creo que sí lo merecemos —dice Hakuji con seriedad.

—¿Siete años? ¿No fueron menos? Creí que…

—¿Hace cuanto te graduaste de la carrera? —pregunta Keizo mirando a Akaza, como si quisiera.

El joven se pone a contar con los dedos, dándose cuenta que cuando cumplió los dieciocho tomó la decisión de irse de casa para estudiar, cumplirá pronto veinticinco. Ahora si le cae encima el arrepentimiento de no haber venido.

—Lo lamento, no creí que haya sido tanto, yo…

—Lo sabemos, no tienes porqué disculparte —contesta Koyuki con una sonrisa.

Al menos no lo odian por su larga ausencia, además de que su familia fue quien lo apoyo para que pudiera estudiar y no le faltara nada. Ahora que trabaja les devuelve esa ayuda y puede notar que si ha beneficiado tanto a la casa como a la familia.

—Con más razón seré yo quien cocine la cena prenavideña —agrega antes de morder el camarón empanizado.