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E.T.I.A.

Summary:

La tecnología E.T.I.A. surge con la promesa de salvar a la humanidad; sin embargo trae consigo una terrible desgracia. La Batifamilia sufre una importante pérdida y la ciudad llora a su héroe caído. Diez años después, él reaparece, en un mundo que es ya muy diferente. Jason y Damian ahora deben averiguar quién porta el manto de nightwing y salvar a la ciudad de un peligro inesperado,

pd: Por favor, vayan a ver la increíble portada de esta historia a http://www.facebook.com/TheArtOfFaustoRamirez/

Notes:

Esta es una historia colaborativa con la grandiosa escritora y fanática de dc comis Lerylulu, fue un placer poder trabajar con ella todo este tiempo y el resultado es este, espero puedan darle una oportunidad y que lo disfruten mucho.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Corría el año 2300 en un mundo dominado por la tecnología E.T.I.A.; un cristal que, desde el momento en que vio la luz, fue convertido en la fuente de energía más poderosa de todo el planeta. Esta innovación trajo consigo una revolución que se dio a pasos agigantados, opacando a la electricidad e incluso sustituyendo eficazmente al noventa por ciento de los combustibles fósiles gracias a su enorme capacidad. Lo que vino después fue una época dura y compleja para toda la civilización, incluidos los superhéroes.

Muchos de estos desertaron, no queriendo verse involucrados en los constantes conflictos y rebeliones; otros tantos, un puñado en realidad, se adaptaron a regañadientes a la situación. Los más desafortunados fueron rebasados por sus rivales, quienes se hallaban por fuera de la ley. Sin embargo, pocos destinos resultaban tan trágicos como el de perder a uno de tus hijos, a un pilar dentro de tu familia.

Y Bruce lo había perdido; todos lo hicieron. Nightwing había recibido un daño brutal cuando se enfrentaban a una fuga masiva de la prisión más temible de toda Gotham. Batman se había abalanzado sobre los criminales; sus hijos e hijas hicieron lo propio. Finalmente, y luego de una lucha sin cuartel, frenaron a Arkham Asylum, aunque el precio fue demasiado alto. Luego de lo sucedido, Bruce no habló con nadie en semanas. Alfred estaba desconsolado, intentando ser la pieza que los mantuviera funcionando, pero poco a poco, pese a “estar unidos”, la brecha entre los miembros de la familia aumentó hasta que fueron creando cada uno sus propios nidos y bases fuera de la sombra del poderoso, el que alguna vez fuera su patriarca.

Los años pasaron, diez, para ser precisos, en los que el mundo por fin logró acoplarse a los cambios vividos. Todo estaba bien; relativamente, por supuesto. Bruce había conseguido con éxito alejarse de todos y la muerte de Alfred terminó por cortar el delgado hilo que los unía como familia. Como era de esperarse, poco después, la vejez lo alcanzó. Las apariciones de Batman se volvieron menos frecuentes hasta que, finalmente, dejó de presentarse. Los ex miembros de su grupo se preguntaban si pronto Gotham sería heredada a un nuevo vigilante o si tendrían que intervenir.

La respuesta tomó a todos por sorpresa al cabo de un par de meses. En las noticias de medianoche anunciaban que un viejo vigilante había surgido de entre las sombras. Un ave azul con un traje adaptado a su época capturó a Clayface sin inconveniente alguno; de hecho, todo aquello parecía un gran espectáculo, con vidrios y globos cayendo lejos de los civiles, casi como si hubiera sido diseñado para gritarle a Gotham que el reemplazo de Batman había llegado. En un momento, una serie de luces se encendió en un edificio cercano revelando su nombre y la identidad del nuevo dueño de Gotham parpadeaba en azul eléctrico:

“Nightwing”

 

—¡Oh! ¡Yo lo recuerdo! ¡Era uno de los compañeros de Batman! —Un hombre rubio y con maquillaje pronunciado, el presentador de aquel famoso noticiero de medianoche, hablaba entusiasta luego de haber dado una serie de malas noticias sobre la ciudad a raíz del abandono de su antiguo vigilante.

—¡Sí! Pero... ¿No murió en la última fuga de Arkham? —Su coanfitriona, una mujer de cabello verde y peinado esponjado, hizo la pregunta que tenían todos sus espectadores en ese momento—: ¿Quién es este nuevo Nightwing?

 

********

 

Aquella aparición no pasó desapercibida.

Lejos de ahí, las luces urbanas brillaban en todo su esplendor haciendo que la noche perdiera su poder de dominar las sombras. El mundo había cambiado muy rápido y, sin que nadie pudiera anticiparlo, un futuro inesperado cayó sobre todos de forma aplastante. Para Jason Todd eso nunca fue un problema. Adaptarse era su naturaleza. Adaptarse y sobrevivir; no había otra forma. Buscó alejarse lo más que pudo del dolor y los recuerdos. Establecerse en un lugar donde pudiera mandar bajo sus propias reglas, sin rendirle cuentas a un jefe o a un estúpido código. Su misión era la misma de siempre: acabar con las malditas ratas que llenaban de muerte y miseria las calles. Podían tener mejores armas, construirse guaridas llenas de tecnología o idear planes complejos, pero en esencia, los criminales seguían siendo escoria humana. Se convirtió en un justiciero solitario, un lobo herido que usaba el odio y el rencor como fuerza motriz para evitar que el mundo siguiera arrebatándole más de lo que ya le había quitado.
La noticia no tardó en llegarle, pues en aquel mundo la información era poder. Resultaba curioso que, pese a que casi siempre Jason rechazaba cualquier dato relacionado con Gotham o con sus hermanos, cuando supo que este nuevo Nightwing había hecho su aparición, no fue capaz de hacerse de oídos sordos. Le parecía una locura, una broma sin gracia y sin sentido. Dick Grayson había desaparecido de la faz de la tierra hacía muchos años, sin embargo ahora lo veía hacer piruetas y golpeando criminales como si no hubiera pasado ni un solo día.

No podía y no quería creerlo. Se vio tentado de llamar a Tim, pues era el único con quien aún mantenía contacto, para que le dijera todo lo que pudiera al respecto; pero era demasiado obstinado para admitir que necesitaba ayuda. Debía verlo con sus propios ojos, solo así sabría que no era un delirio o una fantasía que había creado su mente adolorida después de tantos años.

Sin más demora, tomó su motocicleta y condujo hacia su ciudad natal como si la vida se le fuera en ello. El combustible de E.T.I.A. era altamente eficiente y para un adicto a la velocidad como él, resultaba el complemento ideal. Existía una forma más rápida de movilizarse, a través de las terminales de teletransportación. No era un servicio barato, pero para un cazarrecompensas como Jason, el dinero no era problema. Sin embargo, evitaba usarlas ya que requerían el ingreso de información biométrica y, dado que él estaba legalmente muerto, aquello era un terrible inconveniente; además, eran fácilmente rastreables, lo que lo convertiría en el blanco de los muchos enemigos que se había hecho a lo largo de los años.

Después de medio día de camino, logró llegar a su destino. La ciudad de Gotham. Un paraíso casi impenetrable que monopolizaba en su mayoría la extracción y distribución de E.T.I.A., una utopía que no valía toda la sangre que se había derramado en la lucha por conseguir la paz. El crimen era casi nulo, excepto por los pequeños grupos de contrabandistas que trataban de obtener el precioso cristal para venderlo en el mercado negro. Para entrar, era necesario ser un rico diplomático, un científico, o tener mucho dinero para pagar un pase. Jason solo tuvo que hackear el sistema de seguridad, lo cual no fue difícil considerando que todo en aquella ciudad era construido y manejado con tecnología de Industrias Wayne.

Recorrer esas calles le producía una extraña sensación. Ya no era el lugar donde nació y creció, había cambiado radicalmente, y sin embargo, su esencia seguía sintiéndose en sus entrañas, como si aquellos pulcros rascacielos fueran solo una fachada para enmascarar la oscuridad que aún guardaba.

Buscó un lugar donde hospedarse, pues se rehusaba a ir a la Mansión; desde la muerte de Alfred sentía que ya no tenía ningún motivo para hacerlo. Esperó impaciente a que el sol se ocultara y que la noche reclamara su territorio. Saltó por los techos de edificio tras edificio, esperando ver al nuevo protector de Gotham, al pájaro que se atrevía a surcar el cielo utilizando el nombre de un fantasma, con suficiente osadía para revolver su vida y su mente con su simple aparición.

No tardó en verlo. Su traje era distinto, más parecido a una armadura y con centros de energía que supuso eran del cristal. Sus movimientos eran fluidos y elegantes, dando la impresión de que volaba como si el cielo fuera su segunda naturaleza. Tan parecido a Dick; a su Dick. Jason se aproximó a él sin ninguna cautela. No podía esperar más, así que aterrizó frente a Nightwing y lo encaró con valentía. El antifaz no permitía que viera sus ojos, pero la sonrisa que esbozó cuando lo vio era inequívocamente la de él.

—¿Richard? —pronunció su nombre real y no el sobrenombre con que le gustaba que lo llamaran, pues creía que aquel individuo frente a sí no se lo merecía todavía.

—¡Jay! —Una alegría desbordante se coló en su voz al tiempo que se sacaba el antifaz para mostrar con plena confianza su rostro—. ¡Me preguntaba cuándo vendrías! Aunque te ves un poco diferente —dijo, acercándose más y sin dejar de sonreír.

—Y tú te ves demasiado igual considerando que han pasado diez años desde la última vez que te vi —respondió Jason de forma hosca y suspicaz, aún si poder creer lo que estaba viendo.

—Sí. Bruce me dijo que me había perdido de mucho —bajó levemente el rostro con un gesto apesadumbrado y su mirada se opacó con melancolía.

El forajido retrocedió dos pasos, dispuesto a irse. Su instinto le gritaba que volver había sido un error, que no tenía sentido escarbar en el pasado. Si este era Dick o no, realmente no cambiaba nada en su vida. Aun así, sus caprichosos sentimientos lo habían obligado a quedarse para convencerse de que el hombre que amó alguna vez había vuelto.

—¿Quién eres? —preguntó con una seriedad atemorizante.

—Soy Dick —el otro respondió rápidamente y su tono de voz denotaba la convicción con la que lo afirmaba.

—Dick Grayson está muerto —Jason arremetió sin piedad y sin miramientos, sabiendo que pronunciar esas palabras le dolía tanto a él como a aquel que tenía frente a sí.

—Yo tampoco estoy muy seguro de lo que pasó, Jay —dio dos pasos para acercarse al forajido—, pero estoy aquí. Tú me conoces mejor que nadie —estiró la mano para posarla en el rostro de Jason, sin saber muy bien por qué había dicho eso último, pero el otro la apartó con brusquedad.

No podía seguir allí; era demasiado, incluso para alguien tan fuerte como él. Por lo tanto, dio un salto hacia la terraza más cercana y se perdió entre las edificaciones vecinas. Por ahora necesitaba respuestas y solo había un lugar donde obtenerlas. Sin más demora, se dirigió al sitio donde todo comenzó.

 

********

 

En un lugar distinto, proviniendo de lo alto de las montañas nevadas que ahora eran su hogar, Damian repasaba sus recuerdos una y otra vez. Cuando escuchó la noticia de su regreso, sus oídos retumbaron con el eco del pasado. Una espalda crujiendo contra el concreto, el sonido de los huesos hechos polvo después de ser aplastado por un montón de escombros. Todo por detener la inevitable masacre de criminales que no valían ni un céntimo de lo que él.

No era idiota, sabía bien por qué lo había hecho. Nightwing se había arriesgado a detener la inminente destrucción de la prisión no por ese montón de escoria, no; lo hizo porque su familia estaba allí, protegiendo lo que en algún momento les pareció correcto y, a decir verdad, en la actualidad aquello por lo que pelearon, las reglas que tan religiosamente siguieron, ya no tenían mucho sentido.

—Señor, pronto llegaremos a puerto —Escuchó decir al capitán del barco.

Estaría allí después de casi siete años de haber abandonado a su padre. Su estatura era considerablemente diferente, al igual que su musculatura, y no era de sorprenderse tomando en cuenta los genes de los cuales era heredero; su mentón estaba más definido y su espalda se había ensanchado, pero su cuerpo no era lo único que había cambiado.

Luego de la muerte de Dick las cosas solo fueron en picada. La ciudad estaba siendo absorbida con velocidad por la energía E.T.I.A., las personas invertían y quebraban; otros se hacían momentáneamente ricos y no podían contener su consumo. Todo se volvió un caos, incluyendo la mente de su padre. Todo estaba colapsando. Batman y su equipo no podían hacer nada para remediar aquel desastre; sin embargo, Bruce Wayne sí podía.

No fue la solución ideal, ni siquiera estaba cerca de ser buena, pero Industrias Wayne absorbió a una velocidad vertiginosa todas las ramas y sedimentos del nuevo cristal. E.T.I.A. pronto fue monopolizada por una sola familia, la suya, la cual estaba oficialmente formada por tan solo tres miembros: Tim, Damian y, el más importante de ellos, Bruce.

Jason fue el primero en desertar cuando Bruce pareció no mover un solo dedo para recuperarlo. Bárbara y Tim fueron los siguientes. Haber controlado así a una ciudad, privándolos de su libertad, manipulándolos ya no solo desde las sombras, sino convirtiéndose abiertamente en un gobernante casi absoluto fue lo último que tolerarían. Los demás los imitaron poco a poco, al punto en que solo él y su padre custodiaban a trabajo forzado la enorme ciudad, aunque aquello tampoco duraría mucho.

En su momento, él regresó con los Al Ghul, y solo por el recuerdo de su hermano permaneció en contacto con Alfred mientras este estuvo vivo. Su abuelo se convirtió en el mentor que no esperaba, guiándolo en medio del caos en que se había sumergido el mundo, nombrándolo líder, la cabeza del clan de los demonios, y por supuesto, impartiéndole su verdadero estilo de vida, el que había rechazado durante tantos años.

Gotham ya no tenía importancia para él, no demasiada en todo caso; por supuesto, no desperdiciaría el acceso a los fondos casi ilimitados que le correspondían por ser el único heredero de aquella fortuna, pero tampoco pensaba estar más a la sombra de aquel hombre. No cuando por sus enseñanzas Dick terminó… Bueno, como lo hizo.

—Estamos listos —Volvieron a llamarlo, sacándolo de sus recuerdos.

Era una noche lluviosa, como casi siempre en las orillas de Gotham, y pudo ver lo cambiado que estaba todo. Un paisaje que, si no conociera las circunstancias que lo llevaron a eso, consideraría irreal en el mejor de los casos. Una malsana mezcla entre el estilo gótico que dio origen a su nombre y una infestación de aquella tecnología podrida que daba vida a las entrañas de la ciudad.

—Estoy en casa.

Fue una frase solo dicha para sí mismo; un saludo distante al lugar que lo había visto crecer, pero más que eso, fue una advertencia para él. No estaba allí para reclamar lo que por derecho le pertenecía, mucho menos para lidiar con la basura que rondaba por las calles, ya tenía un montón de gente a su disposición para eso, y si realmente Dick había regresado de la muerte, sabría bien lo que le esperaba.

Nunca fue un secreto. No ocultó jamás sus sentimientos hacía él, pese al rechazo esperado de su parte. Damian respetó sus deseos, aceptó lo imposible que sería; sin embargo, las principales razones, los obstáculos que impedían que algo surgiera entre ellos, ya no estaban presentes. La moralidad perpetua de su carácter que no le permitía verlo como algo más que un niño pequeño y la relación compleja que venía arrastrando con el antihéroe de rojo habían desaparecido ya, y lo único que le hacía falta por tomar, lo que siempre quiso y nunca debió ceder ante el bastardo de Red Hood, estaba esperándolo.

 

********

 

La Mansión Wayne, antes imponente y majestuosa, era ahora una propiedad lúgubre y descuidada que el tiempo no había perdonado. Estaba tan alejada de las maravillas tecnológicas que se podían observar en el centro de ciudad, que con los años se convirtió en un mito. Por el momento, solo había un habitante allí. Una sola alma que se quedó a envenenarse entre memorias y arrepentimientos del pasado.

Lograr entrar no fue nada complicado. Batman se había vuelto predecible con los años y fue fácil para Jason descifrar los códigos. O tal vez estaba tan convencido de que ninguno de ellos regresaría, que ni siquiera se molestó en reforzar la seguridad. En cuestión de diez minutos, el forajido ya tenía acceso a toda la mansión. Entró con la certeza de saber exactamente dónde encontraría a Bruce Wayne.

En la Baticueva, frente a los enormes monitores, se hallaba sentado. Viejo y en soledad. No le provocó a Jason ninguna emoción volver a encontrarse con aquel que fuera su padre, su mentor y su verdugo.

—Imaginaba que serías el primero en volver —Bruce le habló apenas se percató de su presencia, pero con la mirada fija todavía en la pantalla—. Después de todo, fuiste el primero en marcharte.

—¿Qué diablos hiciste, Bruce? ¿Quién es el que está portando el manto de Nightwing? —Inquirió con voz molesta, sintiendo la frustración y la ira acumularse en su pecho.
—Me extraña que lo preguntes —el mayor se volteó para encarar a su segundo hijo—. Es Dick —afirmó, con seriedad en el rostro. No era la respuesta que Jason esperaba. En realidad, ni siquiera sabía qué era lo que quería escuchar.

—¡No juegues conmigo, viejo! —Se acercó y sujetó con fuerza a Bruce por el cuello de su camisa—. ¡Tú fuiste quien me dijo que había muerto! ¡No me vengas ahora con estas ridiculeces! —bufó con rabia al tiempo que fulminaba a Batman con la mirada. Bruce no se inmutó ni un poco. Conocía muy bien los arrebatos de Jason.

—Deberías estar feliz de que haya vuelto —comentó de forma cínica—. ¡Sé cuánto lo extrañabas! —Y con esas palabras desarmó completamente a Jason, haciendo que su agarre perdiera fuerza y se separara de él finalmente.

—¡No creas que me engañas con ese muñeco! —gritó con desesperación por no poder entender qué estaba pasando y cómo, de un momento a otro, sus sentimientos volvían a traicionarlo llenándolo de esperanza.

El viejo millonario no tuvo tiempo de responder, pues se escuchó una voz llamando desde las escaleras que conducían a la cueva. Ambos conocían esa voz a la perfección. No la habían olvidado pese al paso de los años. Jason no quería volver a enfrentarse al “supuesto” Dick, y sabía que Bruce no estaba dispuesto a darle la información que solicitaba. De tal manera que decidió marcharse por uno de los túneles y convencerse a sí mismo de que era una retirada estratégica y no un acto de cobardía.

 

********

 

Los días pasaron. Damian se reunió con los asociados de Industrias Wayne, un grupo de jóvenes empresarios que se hacían cargo de todo en ausencia de su padre. No fue una sorpresa encontrarse con ellos sin la presencia de su progenitor y tampoco la hostilidad que le demostraron, por supuesto, cobardes ante la idea de que el pequeño poder que ostentaban se desvaneciera con su llegada.

Las noches siguientes fueron lentas, pero ya había pasado una década y la paciencia no era algo que le faltara; además, había puesto a sus asesinos en puntos clave de la ciudad, esperando. Pasó noche tras noche escuchando los informes del noticiero, los reportes de la policía y monitoreando cámaras de seguridad hasta que finalmente llegó su oportunidad.

Fue uno de sus allegados en el centro quien lo contactó. Cerca de la catedral, un robo perpetrado por los contrabandistas usuales de Gotham estaba efectuándose; era la llamada perfecta para el nuevo guardián en toda regla. Damian tomó su espada, se puso la capucha verde y emprendió el camino.

Demoró menos de lo esperado en llegar al sitio, aun así, las criminales ya estaban colgando del techo y la policía las ayudaba a bajar. No pudo reprimir una sonrisa ante la escena. Era una solución bastante pasada de moda, pero que iba bien con su estilo. Fue entonces, mirando la cima de aquel enorme edificio, que lo vio. La silueta en la punta, brillando entre las sombras, el ave azul de Gotham que se dejaba caer con gracia en los brazos de la nada.

La persecución dio inicio. Damian podía ver la línea fina de color azul que dejaban los destellos de su traje, saltando de manera inusual. Él siempre fue ágil como un ave, el último hijo de los Grayson Voladores, que hacía honor a sus orígenes circenses; pero esa manera de moverse, los saltos cada vez más altos y los aterrizajes sin esfuerzo lo hacían parecer casi inhumano.

—¡Dick! —le gritó, escalando como podía los muros hasta la punta de la antigua catedral donde las gárgolas seguían en pie, inmortales a los cambios que la tecnología E.T.I.A. había efectuado a todo lo demás—. ¡Deja de escapar de mí! —La espalda cubierta de negro, brillando en las partes mecánicas, amenazaba con alejarse, y su dureza contrastaba con el suave movimiento de su cabello mecido por el viento.

Ahora se encontraba de pie sobre la estatua y las dudas desaparecieron, Dick Grayson había vuelto.