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La orden resonaba en su cabeza, estaba en un estado de trance en el que no podía pensar en nada más que en la familiar sensación del metal frío sobre su piel, con la mano contraria desbloqueó el seguro mientras se daba vuelta para encarar a su pareja, su dedo se movió automáticamente sobre el gatillo, tan rápido que ni siquiera noto a quien apuntaba hasta que los ojos esmeraldas de Venti se posaron sobre los suyos.
Disparó.
Xiao y Venti llevaban bastante tiempo saliendo, su relación era algo extraña pero estable, podían salir juntos, ver películas y platicar de cualquier cosa que les interesara en el momento así como contarle al otro pequeñas anécdotas cotidianas o cosas que había sucedido ese día.
A pesar de su larga relación ninguno había sugerido vivir juntos, ni tampoco hacían mucha mención de sus profesiones, algo que Xiao agradecía, no le gustaría mentirle a la persona que se había ganado su amor, pero debía ocultarle ciertas cosas, por el bien de ambos.
Para ese momento no recordaba si alguna vez tuvo padres, hermanos, o algún tipo de familia, lo único que recordaba de su infancia era haber sido entrenado como arma, era un soldado perfecto a cargo de algún desquiciado sediento de poder y dinero, nadie esperaba que un niño perdido sacara un puñal y lo enterrara en la garganta de alguien con una precisión casi terrorífica.
Fue hasta que Morax mató al líder de esa mafia, se hizo con todos los que estaban bajo su orden, realmente nadie además de los altos mandos le tenían algo de aprecio, así que al llegar el hombre de cabello castaño y tratarlos como algo más que simples peones, pocos dudaron en cambiarse de bando.
Su recuerdo más vivido era el de Morax preguntándole - ¿Cuál es tu edad? - sonreía débilmente en un intento de darle confianza al menor, lo cual no funciono, el pequeño lo miro con desconfianza antes de contestar.
-No lo sé, quizá 20- evidentemente no tenia esa edad, un niño al decir su edad suele enseñar la cantidad con sus dedos, él no lo hizo, el hombre entendió que nunca le dieron importancia a ese dato, pero a simple vista calculaba unos 8, luego se enteraría que Xiao tenía una estura más baja al promedio y que en realidad tenía 11, también comprendió que jamás y dieron algún tipo de educación, no sabia leer, escribir, mucho menos contar.
- ¿Cuál es tu nombre?
-No tengo, algunos me dicen Alatus, dicen que soy como un ave dorada, bonita para decorar, pero sin alas para volar- respondió con la voz firme y fría, incluso despreocupada.
-De donde yo vengo hay una leyenda sobre un demonio que sufrió mucho… Xiao, ese será tu nuevo nombre- luego tomo la mano del menor para llevarlo a su hogar.
Tras eso nunca pudo tener una vida común, no podía ir a la escuela, no socializaba y hubo reportes de profesoras que decían que las quiso atacar con un lápiz luego de que ellas se le acercaran por detrás e intentaran tocar su hombro o su cabeza.
Al final fue educado por Morax, le enseño todo lo que un infante de su edad debía saber, pero al tener una habilidad de pelea impresionante se enfocó especialmente en eso, lo entreno en artes marciales, uso de armas blancas y puntería.
Así fue como se convirtió en la mano derecha de uno de los lideres de mafia más grandes del continente, mayormente se encargaban de eliminar a los enemigos de personas ricas e importantes o de darles protección cuando lo creían necesario.
Entre esos “tratos diplomáticos” conoció a Ajax, conocido como Tartaglia, un hombre con una cantidad impresionante de dinero y poder sobre las masas. Cuando Xiao tenía 17 años ellos anunciaron su relación, para el mundo Morax no existía, era Zhongli, un historiador que Ajax había conocido en alguno de sus viajes.
Pocos sabían de cual era el verdadero negocio que manejaban, pero Xiao había visto todos los horrores del ser humano y lo que hacían era poco si lo comparabas, así que ante sus ojos Ajax y Morax reflejaban algo hermoso, amor, es como lo describían, amor era lo que reflejaban.
Así que cuando conoció a Venti fue cuando recordó lo que tanto le había descrito su líder.
Ahora habían pasado varios años desde eso, su edad era de 25, se encontraba con su pareja en la sala de su departamento, era navidad.
Venti estaba cubierto por una sábana y buscaba alguna playlist en su teléfono conectado a una pequeña bocina, Xiao salía de la pequeña cocina con dos tazas, una tenia ponche y la otra tenía té, le había prohibido al mayor beber alcohol ese día, sin embargo…
- ¡Es mi vino favorito! - Venti abrió uno de sus regalos, era obvio que sabía que era una botella de alcohol, cada año le compraba la misma y cada año parecía sorprenderse.
-Pero no puedes abrirla- recordó.
Venti hizo un pequeño puchero - ¡Pero quiero probarla ahora, contigo!
-Será en año nuevo – le extendió la taza – ahora tenemos ponche.
Tomó la taza, accidentalmente algo de líquido se derramó sobre el dedo del chico con ojos esmeralda – ay, ay, ay, me queme – Xiao tomó su palma para situar sus labios sobre el lugar afectado – gracias, eres muy romántico ¿sabías?
El contrario sintió sus mejillas arder, sus oídos ahora se sentían calientes, alejo su rostro lentamente – me avergüenza cada que lo dices – escucho la pequeña risa a su lado, él también rio.
- ¡Hay que terminar de abrir los regalos! ¿ese es de Diluc? Espero que sea uno de sus vinos recientes, si no me sentiré muy decepcionado y lo obligare a darme uno de cualquier forma – Xiao se levantó para darle la caja que mencionaba, era un poco más ligero que una botella, debería comprarle uno antes de que vaya a reclamarle al pelirrojo o antes de que entre a las bodegas sin permiso, algo que todavía no entendía como hacía.
Vio una caja en la parte de arriba, tenía el nombre de Zhongli escrito, se decidió por tomar ese.
- ¡Es un litro de jugo de uva! – Xiao no pudo evitar que una pequeña risa saliera de su boca - Y una tarjeta con el contacto de un grupo de alcohólicos anónimos, voy a buscarlo mañana ¡no puede burlarse así de mí!
Abrió la caja con cuidado, no podía adivinar que era, en realidad no quería pensar que sabia lo que era, sería demasiado extraño…
No estaba equivocado, dentro había una pistola.
También había una nota, no podía pensar en algo con sentido ¿para qué le daría eso? Tampoco podía dudar que fuera de Morax, se lo había entregado en persona y le pidió que lo abriera hasta navidad.
Desdobló el papel.
“Dispara a Venti” eran las palabras escritas.
Tomo el arma, escuchó un golpe seco cuando la caja chocó contra el suelo.
La orden resonaba en su cabeza, estaba en un estado de trance en el que no podía pensar en nada más que en la familiar sensación del metal frio sobre su piel, con la mano contraria desbloqueó el seguro mientras se daba vuelta para encarar a su pareja, su dedo se movió automáticamente sobre el gatillo, tan rápido que ni siquiera noto a quien apuntaba hasta que los ojos esmeraldas de Venti se posaron sobre los suyos.
Disparó.
…
Nada.
Absolutamente nada paso.
La risa histérica de Venti lo saco de su trance, escuchaba susurros, eran maldiciones dirigidas hacia Morax.
En ese momento comprendió lo que había hecho, intentó disparar a su novio, no dudo en asesinar a la persona que más amaba, fue algo tan inmediato que no pensó en lo que hacía.
Las orbes esmeraldas lo observaban, continuaba riendo ¿Quién en su sano juicio reía en esta situación?
Su visión comenzó a desenfocarse, sus piernas perdían fuerza poco a poco mientras Venti se acercaba a él, no pudo ver su expresión, pero la risa había desaparecido.
Sintió la adrenalina subir por todo su cuerpo, cayo sobre sus rodillas, sus orbes se sentían calientes, estaba llorando.
Había apuntado.
Su respiración comenzó a acelerarse, escuchaba los latidos de su corazón palpitar en sus oídos, tan fuerte que dolía.
No dudo en disparar.
Llevó ambas manos a su rostro, de pronto su cabeza pesaba.
Le apuntó a Venti.
Su propia mente lo abrumaba, sentía que su cuerpo se hundía en el suelo, el metal estaba en contacto con su mano y su frente, quemaba.
Pudo matarlo.
Él no quería hacerlo, pero apuntó, no lo dudo, solo lo hizo, después de todo seguía siendo un arma, un soldado diseñado para acatar órdenes, no pensó en consecuencias ¿Qué hubiera sucedido si la pistola estaba cargada? Venti pudo morir, él pudo matarlo.
Disparó.
Él había disparado.
Pudo morir.
Se repetía lo mismo una y otra vez, su propia mente lo torturaba con decenas de voces pero entre esos pensamientos escucho algo lejano, una melodía.
Su rostro ya no quemaba tanto, su mano ya no sentía el metal, ahora sentía algo suave, sus rodillas ya no estaban contra el suelo.
Entre los pensamientos busco la canción, cada vez se hacía más cercana.
Su respiración comenzó a regularizarse, poco a poco empezó a sentir sus extremidades, su cabello estaba siendo acariciado delicadamente.
Venti estaba cantando en su oído.
Pequeños copos de nieve caían sobre su rostro, estaban situados junto a una ventana abierta, él estaba acurrucado sobre el pecho de su pareja.
Dedos calientes limpiaron los restos de agua salada en sus mejillas, pero esos dedos no quemaban, solo eran cálidos, podía sentir cariño a través de ellos.
Le recordaba al día en que se conocieron.
Había sido en una noche lluviosa, su trabajo fue eliminar a un hombre rico que había abusado y torturado a la hija de otra persona, que si bien no tenía el mismo poder monetario, había usado todo lo que tenía para contratar los servicios que ellos ofrecían.
Su instrucción fue matar al hombre y a su mujer, pero dejar a su hija viva, Xiao no estaba seguro de si fue por compasión o por venganza.
Lo había hecho, pero sus oídos retumbaban, pudo no haber sentido nada al escuchar al hombre pedir clemencia por su vida luego de apreciar como cortaba la garganta de su esposa, se había acostumbrado a las plegarias ajenas, sin embargo, recordaba perfectamente los gritos de una pequeña niña de seis años, gritaba el nombre de su madre tan fuerte que su garganta podía desgarrarse, su cabello casi blanco se había manchado de sangre, recordaba verla acurrucarse entre ambos cuerpos mientras seguía gritando, implorando que despertaran.
Sus ojos continuaban abiertos mientras caminaba bajo la tormenta, su marcha parecía pacífica, pero en realidad era automática, no entendía a donde iba, solo avanzaba. Recordaba el sonido del grito agudo una y otra vez, su único anclaje a la realidad eran las frías gotas de agua que caían sobre su piel y se llevaban los rastros de sangre consigo.
Escuchó una voz, era hermosa, alzó su cabeza para encontrarse con un par de esmeraldas dirigidos hacia él, una mano lo invitaba a acercarse, estaba en medio de un pequeño quiosco en un parque, se estaba resguardando de la lluvia. Casi hipnotizado por la melodía avanzó en su dirección, el hombre le sonrió.
Ahora escuchaba las mismas notas casi susurradas en su oído.
Sentía paz.
Abrió los ojos, veía la misma escena que la primera vez, Venti le sonreía.
-Quizá fuimos demasiado lejos- fueron las primeras palabras que comprendió, no sabía cuánto tiempo llevaba hablándole.
-Lo siento, no pensé, fue casi instintivo- la voz de Xiao estaba quebrada, era apenas entendible.
-He perdido, Morax tenía razón - ¿De que estaba hablando? ¿Se conocían?
- ¿Qué? - su cabeza todavía no procesaba correctamente, quizá había escuchado mal, también era posible que después de tanto tiempo sucumbiera a la locura.
- ¿Nunca pensaste que nuestro primer encuentro fue extraño? - si lo había hecho, pero las coincidencias existían – Fue planeado por mí, fue una clase de apuesta entre Morax y yo, ambos somos líderes del bajo mundo, nos llevamos bien fuera del negocio. Le aposté que sería capaz de llevarme a su mano derecha, él estaba seguro de que no lo lograría… olvide la apuesta luego de conocerte, de admirar tu amabilidad enterrada y de amar a un alma rota.
Su cabeza daba vueltas ¿entonces si lo amaba? Pero fue por una estúpida apuesta, se sentía usado, degradado a un juguete, pero no podía enojarse, después de todo siempre había sido usado pero como un arma, no era muy distinto.
-Quizá sea complicado de creer – continuó hablando mientras sus orbes esmeralda lo observaban – de verdad te amo, sé que dudas de ello pero es verdad. Nunca me he arrepentido de lo que hago, pero justo ahora entiendo lo que Morax me dijo esa vez “en este negocio la lealtad es más fuerte que el amor, amar te puede llevar a una muerte imprevista” me acaba de demostrar que tú siempre estarás de su lado, que en cualquier momento puede usar lo que siento por ti en mi contra – sus manos se entrelazaron, era una situación poco romántica, pero ese gesto lograba calmarlo un poco.
- ¿Por qué arriesgarte a morir? ¿Por qué por amor? ¿Por mí? – las orbes doradas seguían cristalizadas, cubiertas por una capa de agua salada.
- No hay una razón lógica – sintió el pulgar moverse sobre su palma – pero mientras pueda evitar un conflicto no hay nada de lo que preocuparse, además, él también te ama, quiere que seas feliz, también intentará que nunca lleguemos a una pelea por ti – los copos de nieve dejaron de caer, parecía que la pequeña tormenta había cesado, ahora lo único que sentían era el frío de la noche.
-Sigo sin entender lo que me dices, no se si puedo o no confiar en ti- ahora su mano temblaba ligeramente, Venti lo acercó a su cuerpo para abrazarlo más fuerte, para intentar darle la sensación de protección.
-Puedes hacerlo, al menos hasta que se desate el caos, pero justo ahora podemos estar en paz, ese será nuestro regalo cada año- sintió un par de labios sobre su coronilla, un pequeño beso – Feliz navidad-
-Feliz navidad
