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—Yo... No lo sé— la expresión de su rostro cambio drásticamente al decir las últimas palabras—Lo lamento mucho si te incomode con lo que acabo de hacer. Será mejor que me retire.
El peliazul lo miraba estupefacto, sus ojos castaños abiertos a más no poder, sentía que se corazón se salía de su pecho y su estómago subía y bajaba como un abanico de mano. Veía sin poder moverse como el artista recogía todos sus suplementos rápidamente. Varías veces casi se llegó a caer por la irregularidad del terreno, el suelo lleno de raíces que sobresalían de la tierra intentando mantener de pie el árbol que creció en la roca de aquella montaña en el bosque de piedra.
Habiendo recogido todo en su mochila de cuero volvió a ver a la persona que lo seguía mirando sorprendido. Se sintió invadido, como si no pudiera mirarlo a los ojos de nuevo, tenía que abandonar ese lugar lo más pronto posible. Predispuesto a irse fue detenido abruptamente.
—Albedo...—con fuerza sostenía su antebrazo, su guante de cuero permitía un mejor agarre—No creí que serías del tipo de persona que huye cuando dañas a alguien.
El rubio se volteó a verlo. Él miraba fijamente el brazo atrapado, era evidente que estaba pensando en lo siguiente que iba a decir. Su mirada transmitía la cierta paz que sería imposible si realmente estuviera enfadado, pero aun así sus ojos húmedos eran lo suficientemente eficaces para alterarle.
Ambos querían salir huyendo de aquel lugar y no tener que volver a ver sus rostros avergonzados. Terminar la nueva edición del primer tomo y acabar su colaboración como artistas de una vez por todas, pero algo los detenía a ambos. No era simplemente el agarre del escritor o la culpa del ilustrador lo que los mantenían quietos, algo los obligaba a quedarse. Esperaban algo del otro.
—Yo...Lo lamento. Perdón si actué precipitadamente y te herí con ello pero, mi respuesta sigue siendo lo misma. No lo sé— Su rostro volvió a flaquear, esas palabras eran como pisadas en su orgullo. Él mismo sabía que desconocía sobre muchas temas, pero tener que admitirlo frente de alguien lo acababa.
—Eres increíble... ¡realmente no puedes besar a alguien y después decirle que no sabes porqué lo hiciste!— su voz se volvia cada vez más potente con cada sílaba que pronunciaba, parecía molesto pero su voz tambaleaba con cada palabra—¡No eres el único que está confundido, eh!
Soltó el agarre que ejercía sobre el rubio y lo volvió a ver a los ojos. Estaba sorprendido como era de esperarse, ahora aseguraba que no volviera a escapar. Pero al fin de cuentas todo aquello era tan confuso, su cerebro daba vueltas como una rueda de carreta en bajada pero, había solo dos cosas de las que sí estaba seguro en ese momento: Albedo no era tan sagaz como él pensaba y que tenía que arreglar esta situación de cualquier forma.
—Xingqiu...
—Albedo—Su voz recobró su fuerza con una sola palabra. Él silencio generado por el contrario fue lo apto para continuar—He pasado toda mi vida leyendo sobre este sentimiento. Esta es la primera vez que puedo entender lo que dicen página tras página, como se siente ver a alguien con un filtro rojo todo el tiempo—Su rostro comenzaba de cambiar de color mientras decía esto pero en ningún momento quitó la mirada. Mientras que el corazón de su receptor se retorcía al escuchar lo que salía de aquellos labios—Yo también quiero que tu lo entiendas, pero no puedo ser yo el que te lo explique.
...
Si mirabas hacia el cielo desde el puerto de Liyue podías distinguir realmente como su azul se reflejaba en toda la inmensidad del mar. Era un día despejado y el sol irradiaba su luz a todos los comerciantes que ofrecían sus productos al aire junto a las brisas salinas. Así como muchos ofrecían y ganaban, vendían y compraban, otros eran estafados y rechazados, como le pasó a un joven escritor que volvío a enfrentar la misma fortuna por décima vez.
"Las novelas de artes marciales no atraen a nadie en estos tiempos", "Tu escritura es insípida, el lector no captará nada al leer esto" o la nueva adquisición de esta tarde "Si alguien lee esto pensará que lo escribió un niño, ¡y no se equivocará!". Estas frases no dejaban dormir a Xingqiu por las noches. Aveces lo hacían despertarse he incluso empezar a re-escribir partes de su novela intentando que la próxima vez que fuera a la Casa de Libros Wanwen no fuera rechazado cruelmente de nuevo. Hoy no fue la excepción.
La luz del sol chocaba en su nuca. El sabía que Jifang no decía todo aquello con la intención de herirlo, aunque lo hacía, solo le intentaba ahorrar la pena del mercado estoico de Liyue y sus críticas aun más punzantes. Cabizbajo caminaba por el mercado, escuchar a los comerciantes y vendedores lo hacían sentir menos abrumado por sus pensamientos, al mismo tiempo que escapaba un poco de sus labores en el gremio. Veía personas caminar rápidamente a su lado sumamente atareadas intentando resolver varios probldemas a la vez, ya lo podía sentir, el Rito de la Linterna iba a llegar pronto.
Una y otra vez, pensaba y pensaba "¿Qué atrae a los lectores hoy en día?", las palabras de Jifang eran taladros para el subconciente del escritor. "¿Por qué no se interesan en lo que escribo?" el rechazo era su peor enemigo, sobretodo en algo tan importante para el como lo es la literatura. Antes de siquiera escribir, Xingqiu siempre fue un niño prodigio. Su sobresaliente desempeño en cualquier otra actividad hicieron que su caída como escritor fuera más dolorosa. Un muro de piedra contra una corriente de agua. Su orgullo se quebró la primera vez que su —en proceso de ser jefa— resaltó todos los errores de su obra que tantos desvelos y horas de trabajo acumulado le había costado "¿Qué le falta para que le den una oportunidad?".
Antes de seguir carcomiendo su cerebro con sus pensamientos, el peliazul escucho una carcajadas provenientes de un pequeño callejón entre los locales. Las voces eran jóvenes, y mientras más se acercaba los sonidos sin sentido se volvían comprensibles.
"¡Shh! Callense todos, por algo estamos aquí escondidos. Si mi padre ve que tome su novela de Inazuma se pondrá furioso..."
"Sí, sí, ya lo sabemos, pero es muy gracioso no lo puedo evitar. Déjame ver otra vez".
El joven vio como tomaba un pequeño libro lleno de ilustraciones, en ella se podían ver dos personas teniendo una conversación, pero en último dibujo parecía como si uno de ellos hubiera hecho una broma que hizo a todos aquellos chicos en el callejón reír.
Ese fue el momento donde el joven tuvo dos grandes revelaciones. La primera era que aunque disfrutaba enormemente leer de los clásicos perennes de la nación, los cuales solo eran alabados y disfrutados por algunos pocos dentro de cerrados círculos que dada su condición había sido privilegiado en llegar, su escritura ni de lejos era algo parecido. Las noches que re-leía una y otra vez, cambiando páginas enteras y escribiendo nuevos parafraseos, solo lo alejaban de su verdadero propósito: compartir su amor por las artes marciales. No tenía que tener un gran significado detrás y tampoco tenía que satisfacer a aquellas personas. Si podía lograr conseguir una sonrisa o una lágrima de cualquier persona que disfrutara de su obra su orgullo sería reparado y el se daría por satisfecho.
La segunda fue, bueno, definitivamente tenía que darle un nuevo aire a su novela. Algo más... gráfico.
Independientemente de que se sea supersticioso, crea en el destino o en las coincidencias, un hecho verídico es como un alquimista de una nación vecina que por cuestiones del azar también se dedica al arte se encontraba de visita en el soleado puerto ese día. Encontrar distribuidores con suministros de calidad es una empresa ardua de hacer a distancia, por lo que verificar personalmente los insumos era una tarea que el propio jefe tenía que hacer.
Después de arreglar algunos acuerdos a medias con algunos empresarios, aún tenía que esperar a un intermediario con el que había arreglado una reunión sobre un material escaso y muy raro del que había leído y escuchado en los últimos meses con mayor frecuencia: médula cristalizada. Nunca se había enfocado tanto en el hasta que estuvo en boca de muchos de los Fatui que merodean las faldas de Espinadragón, y él mismo quería saber que propiedades o adiciones podría traer a su investigación. Como era de esperarse, ese intermediario también era otro Fatui que venía desde Inazuma con el único fin de hacer sus negocios fructíferos a costa de una misión mayor que a él no le interesaba.
En su espera, decidió aprovechar ese tiempo en algo más provechoso que mirar hacia el horizonte. Sacó su libreta y un grafito que había labrado con forma de lapiz para bocetear aquel escenario frente a él. Se recostó en una baranda, frente a él se encontraban algunas personas construyendo lo que sería una linterna de proporciones anormales, que curiosamente tenía una forma atípica a las que había visto alguna vez en el pasado. Detrás de las personas se extendía el océano pristino hasta el horizonte.
"Mar y cielo, tan iguales que en la distancia parecen que se unen"
Un escalofrío le recorrió el cuerpo joven artista. Alguien lo estaba observando. ¿Acaso ya era la hora indicada por su intermediario?, eso era imposible, solo llevava un par de minutos en su libreta. Para su impresión al voltear levemente solo vió a un muchacho que aparentemente observaba su dibujo atentamente, su rostro era de impresión, pero al darse cuenta que lo estaban observando se avergonzó y quitó la miraba. Si era solo alguien viendolo dibujar no lo molestaba en absoluto, ya estaba habituado. Lo que sí lo asombro fue como el mismo le tocó el hombro unos minutos después.
—Hola, perdón por interrumpirte, pero tus ilustraciones son fantásticas—era un muchacho de complexión delgada y cabello azul. Por su vestimenta y acento era evidente que era lugareño , al hablarle sus ojos volvieron a ver su libreta.
—Muchas gracias, usted es muy amable— al decir esto arrancó la pagina de su libreta y se la extendió—, por favor tómela, es un obsequio.
"Mondstadt" fue lo primero que pensó Xingqiu al escuchar hablar a aquel ilustrador ambulante con el que se había topado. No sabe si fue la intersección de los arcontes o una señal divina la que puso a aquel joven frente de sí cuando más lo necesitaba. Aunque era instruído en muchas disciplinas, la ilustración no era su fuerte. Con sus habilidades actuales jamás alcanzaría el nivel de calidad que requería para su obra y contratar a un ilustrador de Liyue no se barajaba dentro de sus opciones si quería mantener su anonimato ante Teyvat.
El peliazul tomó el dibujo y antes de que se diera cuenta el rubio ya había tomado sus cosas y hecho camino para sí mismo.
—Disculpa, ¿No eres de Liyue, verdad?—claro que no lo era. El artista se sorprendió cuando le volvió a dirigir la palabra y volteó.
—No, no lo soy. Vengo de Mondstadt a comprar algunos insumos de la región, pero tuve que aprovechar para dibujar el paisaje.
—Oh claro, Liyue tiene unas hermosas vistas desde cualquier dirección que la mires. Sobretodo ahora que se acerca el Rito de la Linterna—con cada palabra Xingqiu intentaba acercarse un poco más para recortar la distancia que había creado el subito plan de escape del contrario, pero con cada paso que daba su interlocutor se alejaba el doble "¡No vas a escapar de mí!".
Albedo ya estaba dando un paso hacia delante con una sonrisa de despedida y un pequeño "Perdón, me tengo que ir" entre los labios cuando Xingqiu lo interrumpió.
—Tu trabajo es muy bueno...¿No estarás aceptando comisiones?
—¿Perdón?— los ojos turquesa del rubio se abrieron como platos. El pensar que tenía hace tan solo unos segundos era salir lo más pronto posible de ese lugar para evitar llamar atención innecesaria ante su inminente reunión. No le molestaba que las personas se acercaran a él a conversar pero ése simplemente no era el momento, hasta que chico habló.
—Uh, ya sabe, aceptar hacer un dibujo para alguien por una cierta cantidad de mora—Sin ver una reacción significativa del contrario Xingqiu tomó el dibujo que hace poco él mismo le había entregado y se lo enseñó—Usted no debería estar regalando estas piezas a cualquier persona, no es fructífero si quiere sobrevivir en el negocio... Le quiero hacer una oferta de negocios ¿Señor...?
—Albedo
—Albedo, bonito nombre. Observará usted que necesito que alguien con habilidades como las suyas elabore algunas ilustraciones para un libro— al decir esto el peliazul sacó de su bolsillo un pequeño talonario con hojas en blanco, y con un pequeño carboncillo que estaba entre las páginas empezó a escribir para luego arrancar la hoja y entregársela al artista—Esta es la cantidad de dibujos y el pago correspondiente.
Albedo tomó el papel y aunque aquellos números no eran muy divisables se notaban claramente la cantidad de cifras del pago. Uno, dos, tres, cuatro, cinco,... Mejor paraba de contar.
Antes no solo había dejado de hablar porque se había sorprendido o porque no sabía que eran las comisiones, simplemente quería saber que tenía que decir el chico acerca de aquello y hasta el momento había llamado su atención, sobretodo por el negocio que planeaba a hacer. La compra de la médula cristalizada no era un problema para él desde la perspectiva económica. Su trabajo como caballero de Favonius le retribuye de buena manera y pensaba usar ese dinero para pagar, pero desde cualquier otra perspectiva usar su pago para aquello de algún modo se sentía incorrecto y muy desapegado a lo que se suponía que debía de ser un caballero. Aunque le habían impuesto ese cargo hace mucho, no tenía la intención de desacreditarlo, por lo que la oferta que le ofrecían parecía cada vez más tentadora. Si iba a internarse en un lío, iba a ser como Albedo el Artista y no como Albedo el Jefe Alquimista.
—¿Y cómo puedo asegurar que realmente tiene esta cantidad de dinero?
El chico de ojos castaños tomando la respuesta como una positiva cambio a una actitud más relajada. Pensante se agarró la barbilla y se inclinó levemente.
—¿Qué tal si nos reunimos al anochecer en el restaurante Wanmin y lo comprueba usted mismo?— con una sonrisa amable, tan real como puede ser la de un vendedor, le extendió la mano—Dígame Sr. Albedo, ¿tenemos un trato?
Tomando la pálida mano del joven la apretó suavemente.
—Ya lo veremos
