Work Text:
-Hermione, en serio, estoy bien.
-Es que casi ni sales, Harry. Vas de la casa al trabajo y luego de regreso a la casa. Ya ni pasas por la tienda de George. Sé que algo te está pasando-insistió su amiga con tozudez y Harry suspiró.
-Solo quiero descansar. He tenido mucho trabajo, Mione. Te prometo que estoy bien.
-Mentiroso.
El moreno le lanzó una discreta mala mirada al sonriente rubio que estaba echado en su mueble como si estuviera en su propia cama. No es como si pudiera decirle en voz alta que se callara, no quería que Hermione hiciera preguntas así que solo le dio una rápida mirada de advertencia antes de fijar su atención en su amiga nuevamente, no vaya a ser que se diera cuenta que no le estaba prestando atención y su discurso se tornaría el doble de largo.
-Este fin de semana vendrás a cenar. Sin peros-añadió cuando lo vio abrir la boca con toda la intención de protestar-No me hagas tener que arrastrarte hasta aquí, Harry Potter-amenazó con los ojos entrecerrados y el moreno sabiamente mantuvo su boca callada, suprimiendo un gesto fastidiado. Él no quería salir a ningún lado, eso no tenía nada de malo, se había ganado todo el derecho de descansar por un año o dos si le daba la gana. Bendita su amiga que le arruinaba los planes.
-Está bien, está bien. Ahí estaré-Hermione lo siguió observando suspicazmente por unos momentos más.
-¿Seguro que no es por Malfoy que te estás escondiendo?
Harry contuvo el gesto de dolor cuando mencionó su nombre pero la risita que escuchó detrás suyo le devolvió la calma, mirando a su amiga con tranquilidad.
-Estoy seguro, Hermione. No me estoy escondiendo, no estoy deprimido, no lo estoy extrañando. Como ya te dije unas cinco veces, yo estoy bien.
-Sí, claro. Totalmente bien.
Finalmente Hermione decidió dejarlo ser y él pudo terminar la llamada, apartándose de la chimenea y sacudiendo distraídamente sus manos para quitarse las cenizas en ellas. Cerró su red flu y dejó la varita a un lado, mirando hacia su sofá pero lo encontró vacío.
-¿Me buscabas?
El rubio estaba ahora sentado en el borde de la ventana, una pierna doblada mientras que la otra estaba estirada y se veía completamente relajado. Su cabello estaba un poco desordenando, cayendo sobre su rostro de la manera en que a Harry siempre le había gustado porque sabía que nadie más lo había visto de esta manera.
-Eres un entrometido-renegó el moreno mientras iba dónde él estaba, apoyándose en la pared para poder seguir mirándolo.
-¿Cómo puedo ser un entrometido si Granger ni siquiera podía escucharme? Lo que pasa es que no quieres que nadie se entere de tu secreto-replicó el chico pícaramente y Harry rodó los ojos.
-Ni que quisiera acabar en San Mungo, gracias. Hermione puede ser peor que un perro con un hueso.
-Oh, lo sé muy bien. Pero pronto se dará cuenta si es que te sigues escondiendo aquí conmigo-el rubio extendió una mano para apartar el cabello de los ojos de Harry y el moreno sintió a su corazón latir locamente, incapaz de mirar a ningún otro lado que no fuera a él-No puedes seguir escondiéndote, Harry, no es saludable.
-¿Tú me estás dando consejos de salud, Draco? Prácticamente vives de café y bizcochos. No tengo ni idea cómo no engordas-lo quiso fastidiar pero su voz salió demasiado afectuosa como para que le pudiera tomar en serio y el chico se rió.
-Sí, pero yo no soy el que está hablando con algo salido de mi propia cabeza.
-Eso dices tú-dijo Harry mientras Draco bufaba divertido.
-Te lo digo en serio. Ve con tus amigos, pasea por el parque. Consíguete una mascota. Respira un poco de aire fresco.
-No quiero. Quiero quedarme aquí contigo. Ya hasta suenas como Hermione-rezongó él, cruzándose de brazos.
-Eso es porque las palabras de ella se han quedado en tu cabeza. Y yo soy parte de tu cabeza-Draco le sonrió engreídamente, haciendo que Harry reprimiera las ganas de sofocarlo en un abrazo. El rubio, obviamente, sabía lo que estaba pasando por su mente y esta vez lo sonrió suavemente, la tristeza brillando en sus ojos-Quiero que seas feliz, Harry. Quiero que tengas todo lo que deseas.
-Entonces no te hubieras ido-murmuró Harry, sintiendo la garganta seca.
-Tú sabes por qué lo hice.
Sí, sí que lo sabía pero no le gustaba pensar en ello. Después de tres años de relación, Draco por fin había puesto su límite y la había dado a Harry dos opciones. O se iban juntos a Francia o esto quedaba hasta aquí. El moreno había estado furioso, dolido de que no entendiera que él simplemente no podía irse. Su vida estaba aquí. Sus amigos, los Weasley, su trabajo como Auror; todo estaba aquí y no podía irse así sin más y dejarlos atrás. Draco había estado igual de enojado pero después de horas de pelear y discutir, finalmente su rostro se había congelado en un gesto vacío y frío. Un gesto que aún perseguía a Harry en sueños. Esa misma noche empacó sus cosas y se marchó de la casa que habían estado compartiendo el último año; y al final de la semana había cerrado Malfoy Manor, yéndose a Francia.
-Y tú sabes por qué me quedé.
-Lo cuál encuentro totalmente absurdo-dijo el Draco de su imaginación rodando los ojos.
-No podía dejar todo atrás simplemente por tu capricho a irte-espetó Harry, sintiendo el familiar enojo posarse en su pecho. Draco le dio una mirada cansada y herida.
-¿Crees que fue eso lo que me hizo irme? ¿Capricho? ¿Tan poco crees que me importabas?
-Nunca me dijiste lo contrario.
-¡Por Merlín, Harry! ¿Es que aparte de las humillaciones, esperabas a que yo fuera a ti como un niño pequeño a quejarme de los maltratos de los demás? Y no me salgas con que no te habías dado cuenta, estoy en tu cabeza, claramente lo sabías. Parece que era yo quién no te importaba.-el rubio hizo un mohín de desdén como aquellos del colegio y Harry apretó los puños.
-¡No digas eso! ¿Qué acaso no demuestra lo mucho que me importas el que mi mente haya decidido alucinarte todo el tiempo?-se acercó a él y posó una mano en su mejilla, maldiciendo el hecho que no podía sentir su piel o su calor-Te amo tanto, Draco, evidentemente me está volviendo loco el no tenerte conmigo. ¿Por qué no podías comprender que irme no era tan sencillo como para ti?
-Harry, me diste muchas razones para no irte conmigo pero aquí estás, escondido en tu casa con mi recuerdo como único compañero sin ir con la gente por la que tanto ansiabas quedarte. Yo estaba sufriendo aquí.-Draco lo miró fijamente, intentando que entendiera lo que siempre huía a pensar-Y lo sabes muy bien. Ya no era lo mismo. No podía seguir ignorando los murmullos a mis espaldas, las amenazas veladas, la desconfianza de tus amigos, la falsa aceptación por ser el novio del Héroe. Yo también tengo aspiraciones, metas y nunca iba a poder realizarlas aquí. Pero lo intenté. Intenté hacer que funcionara hasta que ya no pude más.
-Draco...
Harry había estado al tanto de la frustración que Draco sentía porque a pesar de que nadie era abiertamente hostil con él, habían muchas puertas que seguían cerradas y que impedían que el rubio creciera profesionalmente como Rompedor de Maldiciones. La gente no confiaba en él, su apellido seguía cargando esa mala fama y más si estaba relacionado con maldiciones, ni siquiera el hecho que estuviera con Harry le ganaba la confianza de la gente. Y aunque el rubio al inicio no se dejó desanimar, estudiando todo lo que podía como podía, al final se estaba cansando de encontrar su camino bloqueado por todos los lados. Harry intentaba ayudar pero nadie parecía querer escucharlo ya que creían que su amor lo cegaba a las posibles consecuencias de las acciones de Draco y su novio mismo no quería que él se metiera, ya que quería ganar todo por méritos propios.
-Si me hubiera quedado aquí, te hubiera resentido al final y no quería eso. Te lo dije claramente pero te rehusaste a escucharme. Estabas demasiado enojado como para entenderme. Nuestra relación estaba destinada a la perdición si yo me hubiera quedado-inclinándose hacia adelante, apoyó su frente contra la del moreno pero él no podía sentir el peso de su cuerpo-Te amo, Harry. No quería herirte. Te quiero conmigo por siempre.
-¿Y si voy por ti y ya no me quieres ver?-preguntó el moreno tímidamente y Draco le dio una sonrisa brillante, sabiendo que Harry por fin estaba entiendo sus razones.
-Puede que al principio no quiera verte y que esté enojado porque tardaste dos meses en venir por mí. Pero al final estaré feliz de tenerte conmigo.-el rubio acarició sus mejillas con toque fantasmal-Sé valiente, Harry. Yo fui valiente por ti cuando estuve aquí. Es hora que tú te lo juegues todo por mí.
-Tengo miedo-susurró, solo confesando esto porque sabía que Draco no se lo diría nadie. Literalmente.
-Eso significa que tienes algo que perder. Y a mi todavía no me has perdido, Harry Potter. Tú y yo siempre hemos estado destinado a estar juntos-los ojos grises brillaban con infinito cariño y Harry le sonrió cálidamente.
-Entonces tengo preparaciones que hacer. No quiero hacerte esperar más.
La figura de Draco desapareció mientras Harry se apresuraba a su cuarto, enérgico y decidido a lo que iba a hacer. Draco, el verdadero, tenía razón. Ellos podían empezar desde cero en un lugar que no los iba a juzgar, ni a Draco por su pasado, ni a Harry por su fama; tenía la red flu si quería hablar con sus amigos, trasladores si deseaba verlos y siempre podían escribirse. Ellos no entenderían sus acciones, estaba seguro, pero Harry ya se había dado cuenta que este amor no se iría a ningún lado y no estaba dispuesto a perder a Draco.
-Espera por mí, Draco... espera por mí.
Desde la cama, Draco lo observaba con una sonrisa llena de cariño.
-Siempre, Harry.
