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Algún día

Summary:

Cuando Takeru nace, el vínculo entre Oikawa e Iwaizumi cambia. Se hace más fuerte y se desarrolla con los años, hasta que un día descubren unos nuevos sentimientos que ninguno sabía que podían existir entre ellos.

(o Iwa desarrolla instinto paternal y Oikawa approves it)

Notes:

Este es mi primer fanfic y la primera cosa que publico, realmente. Es además el regalito que le hice a mi amiga invisible de hq españita (vamos a hacer como que también fue beta porque además sus comentarios me animaron mucho a subirlo). Espero que os guste mucho!

Work Text:

 

Dos pares de ojos se asoman a través del cristal de la incubadora. Las manitas pegadas a su superficie y una expresión de absoluta fascinación plasmada en sus jóvenes rostros. La hermana de Oikawa acaba de dar a luz e Iwaizumi y su madre van junto con su mejor amigo a visitar al nuevo milagro. Mientras los adultos hablan con la cansada madre, Oikawa no deja de parlotear. Describiendo al bebé como si él fuese un experto en la materia. Iwaizumi ya sabe que no. Que solo está fanfarroneando como de costumbre.

—Cuando nacen tienen visión de rayos X. ¿No ves cómo tiene los ojos?— dice Oikawa dejando una huella circular en el cristal al señalar.

—Pero si tiene los ojos cerrados.

—Exacto.

Es muy pequeño. ¿Era él así de pequeño? Se mira las manos apoyadas en la incubadora y luego observa las del bebé. Es pequeñito. Como un gato. Los mayores ya han dicho muchas veces que se parece Yui, pero él no le ve ninguna similitud con su madre. Espera que pronto se parezca a ella, porque lo cierto es que Yui le gusta. Es la hermana mayor de Oikawa y son casi iguales. A Iwaizumi le gustaría que el bebé fuese tan asombroso como ellos cuando creciese.

En un breve silencio que les regala su amigo, los dos chicos escuchan las palabras “madre soltera”. Oikawa se gira como movido por una manivela e Iwaizumi le sigue con gesto protector, esperando alguna estupidez por parte de su amigo, no sin antes echar un último vistazo rápido al bebé.

—¿Qué significa madre soltera?— pregunta Oikawa con una curiosidad afilada que corta el ambiente. De repente se nota seco y enrarecido. Diferente al calor y serenidad de hace un momento. Iwaizumi se da cuenta y, casi sin pretenderlo, dice con total naturalidad:

—Quiere decir que no va a tener a nadie que la moleste, ni a ella ni al bebé, idiota.

Oikawa parece quedar satisfecho con la explicación porque asiente distraído y vuelve a girarse para prestarle atención a su sobrino. Yui mira a Iwaizumi con una mezcla de sorpresa y agradecimiento. Le sonríe con dulzura y luego ríe, a lo que se suman el resto de adultos. No está muy seguro del efecto de sus palabras, aunque años después entendería lo acertado que estuvo en aquel momento. Iwaizumi se coloca nuevamente junto a su amigo.

“Bienvenido a la familia, Takeru”

***

—¡Iwa-chan!— grita Oikawa desde la puerta de la clase. Luego trota hasta donde se encuentra su amigo y le enseña la palma de la mano como si fuese la respuesta a todas las preguntas del universo—. Takeru me ha agarrado hoy de este dedo— dice levantando el índice con gesto triunfal.

Iwaizumi bufa por lo bajo y mira a Oikawa con hastío. Lleva contándole cada mínimo logro que realiza Takeru desde hace una semana, desde que la primera sonrisa del bebé fuera para Iwaizumi y no para Oikawa. Para Iwaizumi fue un momento inesperado. Una calidez insoportable pero muy agradable se extendió por su pecho y sin darse cuenta ya le estaba sonriendo de vuelta.

Desde entonces estos momentos se repiten todas las semanas. Todos los meses. Takeru cumple un año y lo celebran en casa de los Oikawa. Iwaizumi le regala uno de sus muñecos de godzilla con un ligero rubor en el rostro. Tiene once años, sabe que aun no es mayor para jugar con juguetes, pero no es eso lo que le hace sonreír. Es el hecho de que Takeru vaya a disfrutar en algún momento con ello tanto como lo hace él. Casi inmediatamente se lleva el juguete a la boca y lo muerde. Iwaizumi lo considera un triunfo.

—La cabecita con cuidado, Tooru— Yui le coloca al bebé en el regazo de su hermano pequeño y da varios pasos atrás esperando que no se eche a llorar. Saca el móvil para hacer una foto pero Oikawa la detiene.

—¡Yui!— se puede apreciar un tono de reproche en su voz— ¡Falta Iwa-chan!

Yui se ríe por lo bajo mientras le hace señas a Iwaizumi para que se siente al lado de Oikawa.

Iwaizumi no sabe muy bien cómo sentarse, así que opta por ponerse recto como una vela, con las manos en las rodillas.

—No tienes por qué estar tan tenso Iwa-chan— canturrea Oikawa— Esta es la foto de práctica para cuando tengamos hijos.

Oikawa habla con un tono tan casual que Iwaizumi no se da cuenta de por qué Yui y el resto de adultos se ríen entre dientes, con la mano delante de la boca. No se da cuenta hasta pasados unos segundos, cuando vuelve a registrar la frase que ha dicho su amigo. “Cuando tengamos hijos” Iwaizumi se pone rojo como un tomate (y así queda retratado en la foto para diversión de los mayores) y mira a su amigo de reojo. Parece tan tranquilo que quizá no se estaba refiriendo a ellos dos. Quizá se refería a cada uno por su lado. Eso es, sí. Pero Iwaizumi no puede evitar pensar, con una leve nota de emoción, que podría estar refiriéndose a ellos.

***

Takeru tiene ocho años. A esta edad ya está lo suficientemente espabilado como para darse perfecta cuenta de que su tío Tooru y su mejor amigo están completamente pillados el uno del otro. A Takeru le cae bien Iwaizumi, así que lo aprueba totalmente. El único problema es que no se atreven a decir nada. Pero para eso están los sobrinos demasiado listos para su edad. Al parecer su inconsciente mente infantil ya hizo el trabajo incluso cuando era demasiado pequeño como para darse cuenta de nada. Su madre le contó que cuando tenía tres años mientras veía una película con Oikawa e Iwaizumi, se quedó mirando a ambos en la escena de la boda y preguntó en voz alta:

—Oye tío Tooru, ¿y tú cuando te vas a casar con Iwaizumi?

La inocencia infantil dio paso a dos pares de orejas rojas y balbuceos incomprensibles. Buen trabajo Takeru de tres años.

Ahora los tres están sentados alrededor de la mesa del salón. Oikawa e Iwaizumi están terminando un proyecto para clase mientras que Takeru está haciendo sus deberes. Oikawa intenta concentrarse pero no puede apartar la vista de la escena frente a él. Iwa-chan está ayudando a su sobrino con un ejercicio difícil. Su paciencia y su forma de explicarle al niño la tarea se diferencian mucho de cómo suele tratarle a él mismo en el campo. Es brusco e impaciente, pero con Takeru es todo lo contrario. Incluso su expresión se suaviza al hablar con él. Ya lleva observando este fenómeno durante un tiempo. Oikawa cree incluso que lleva dándose desde que Takeru nació, pero no estaba prestando atención. No tanta como cuando se dio cuenta de que esa sensación rara en su pecho significaba realmente que su mejor amigo le gustaba. Entonces empezó a observar cada detalle de su rostro. La forma en la que frunce la nariz cuando está a punto de alcanzar una colocación que le ha hecho él. La forma en la que sus músculos se tensan y todo su cuerpo se dirige levemente hacia él cuando Oikawa se queja sobre su rodilla. Muchas veces piensa, y está convencido, de que Iwaizumi realmente le odia, pero se da cuenta con estos pequeños detalles de que hay algo que comparten que les hace preocuparse uno del otro.  Quererse incluso. Y luego está la forma en la que cuida a su sobrino. Siempre ha sido así. Como un guardián protector a su espalda. No está seguro del por qué, pero le hace sentir una calidez extraña.

—Céntrate, Tontokawa— Iwaizumi se dirige a él con una expresión de hastío que le saca de sus pensamientos.

—Vamos vamos, Iwa-chan— canturrea Oikawa—. No seas tan duro conmigo. Ya podrías tratarme como haces con Takeru.

—Él es un niño, ¿qué esperas?— dice Iwaizumi tras un leve y casi imperceptible gesto de sorpresa. ¿La gente puede ver que trata de forma diferente al crío? Desde luego se siente diferente con él, no puede evitar suavizarse. Además, a veces Oikawa le saca de sus casillas.

Oikawa le saca la lengua y Takeru ríe por lo bajo.

Entonces el móvil de Oikawa empieza a sonar. Mira la pantalla con curiosidad y levanta una ceja al leer el nombre.

—Tu madre— le dice a Takeru al tiempo que se lleva el teléfono a la oreja.

Iwaizumi y Takeru le miran expectantes y se ríen por lo bajo por las caras que está poniendo. Oikawa les saca la lengua de nuevo lo que hace que la sonrisa de Iwaizumi se ensanche sin poder evitarlo. A veces Oikawa también es como un niño.

—¡¿QUÉ!?— grita de repente Oikawa—. Pero Yui, Iwa-chan y yo ya teníamos planes esta noche.

Se le escucha refunfuñar otro rato hasta que asiente al teléfono y cuelga. Oikawa se gira con las manos en las caderas y suspira exageradamente.

—Tu madre no viene hoy a casa, nos abandona así que nos quedamos contigo esta noche— dice dejándose caer teatralmente sobre la mesa.

—Tío Tooru, eres un dramas— dice Takeru mientras aparta uno de los brazos de su tío que ha caído justo encima de sus deberes.

—¿Nos?— se escucha de repente la voz de Iwaizumi.

Oikawa levanta la cabeza como si le hubiesen pellizcado.

—Maki nos ha invitado a su fiesta individualmente, yo todavía puedo ir— dice Iwaizumi encogiéndose de hombros.

—Pero Iwa-chan…—- Oikawa está poniendo esa expresión de completa devastación que hace que Iwaizumi se afloje como una tuerca. Sí que es un dramas.

—¿No te quedas?— pregunta entonces Takeru con la voz muy flojita, mirando hacia sus deberes.

—Pues claro que me quedo— dice Iwaizumi dándole un codazo cariñoso a Takeru en el brazo. Si tú me lo pides me quedo. Solo quería ver cuánto tardaba tu tío en hablar sobre la amistad perdida y la traición que esto supone.

La cara de Takeru se ilumina automáticamente.

—Yo no haría eso— dice Oikawa cruzando los brazos sobre el pecho con actitud indignada.

—Si lo harías— ríe Takeru por lo bajo.

—Esto sí que es traición— dice Oikawa sin poder contener ya la sonrisa— Estáis siempre aliados contra mí.

—Es la única forma de soportarte— dice Iwaizumi con una sonrisa mal disimulada.

—Iwa-chaaaan.

Takeru no es tonto. Llegados a este punto ya se están picando como un par de enamorados. Además, Iwaizumi vive a dos pasos podría ir a dormir a su propia casa perfectamente, pero no lo hace porque realmente quiere estar con ellos. Esa es otra de las razones por las que le gusta el amigo de su tío. Siempre está dispuesto a pasar tiempo con ellos.

Oikawa intenta mantener la fachada de dolido pero se le pasa cuando Iwaizumi se levanta y anuncia que va a empezar a hacer la cena. Takeru se ilumina como el sol y corretea detrás de él para ayudarle en la cocina. Oikawa suspira cuando ya están fuera de su vista y se lleva las manos a la cara. ¿Qué va a hacer con estos miles de sentimientos? Está seguro de que Iwa-chan puede verlos, que están posados sobre su piel como arena y si Iwaizumi quisiese tocarlos podría hacerlo perfectamente. Podría hacer que se desvaneciese con una sola mirada.

Oikawa sacude la cabeza y centra su pensamiento en otra cosa.

Arrastrar a Iwaizumi con él es una de las especialidades de Tooru. Maki había organizado una fiesta para el Seijoh hace unas semanas para esta noche. Realmente la única diferencia ahora, es que va a poder enrollarse con Matsun con menos espectadores. Cada vez que esos dos se ponen cariñosos delante de él, le recuerdan que él aun no ha reunido el valor suficiente para hacer lo mismo con Iwa-chan. Le gustaría estar en esa fiesta ahora. Quizá la oscuridad le diese la oportunidad de acercarse a él sigilosamente por detrás y abrazarle. Iwaizumi se giraría con una interrogación en sus ojos verdes y podrían bailar lentamente una vez ambos se diesen cuenta de lo que sentían el uno por el otro. Entonces posaría sus labios sobre los de su amigo. Oikawa se da cuenta de que su línea de pensamiento ha dado una voltereta de nuevo hacia Iwaizumi. Suelta un bufido de exasperación y se levanta notando todavía la cara ardiendo y el corazón latiendo furiosamente contra sus costillas.

***

La película acaba de empezar y Takeru ya está prácticamente roncando entre Oikawa e Iwaizumi. Están viendo Lilo y Stitch por millonésima vez a petición de Oikawa. Siente cierta debilidad por los aliens. Iwaizumi recuerda una acampada en la que su amigo estuvo hablando sin parar sobre los extraterrestres y las constelaciones que tenían que esquivar para llegar hasta La Tierra. De eso hace ya cuatro años, justo cuando una semilla de afecto empezó a crecer dentro de él. Recuerda que aquella noche empezó a mirar a su amigo con otro tipo de fascinación que iba más allá de las jugadas perfectas y los pases espectaculares de los partidos. Veía a Oikawa hablando con una ilusión desmedida sobre uno de sus temas favoritos y los ojos se le iban sin querer a su mirada resplandeciente y a su boca que no paraba de moverse. Aquella fue una noche difícil sin duda.

Ahora, ese mismo brillo permanece siempre en la mirada de su amigo y le hace lamentar cada segundo no ser él mismo el que provoca estrellas en sus ojos. Oikawa sonríe con afecto a la figura dormida de su sobrino. Hace un movimiento para levantarse, pero Iwaizumi le detiene con un gesto de la mano y se señala a sí mismo.

—Yo le llevo— susurra haciendo movimientos muy cuidadosos al cargar al niño en sus brazos.

Oikawa los ve marchar y no puede evitar sentir celos de Takeru. Genial, ahora está celoso de su propio sobrino. La forma en la que le mira con todo el cariño del mundo le hace sentir una calidez que se extiende por su pecho, pero al mismo tiempo le gustaría ser él al que su amigo estuviese llevando en brazos. El mundo a veces no es justo.

Iwaizumi vuelve a entrar en el salón arremangándose el jersey y se deja caer junto a su amigo de nuevo. Le da al play y la película suena de fondo, pero Oikawa no es capaz de apartar la mirada de Iwaizumi.

—Algún día serás un buen padre, Iwaizumi— le dice casi sin pensar, completamente serio.

Iwaizumi se queda paralizado un segundo, evaluando las palabras de su mejor amigo, intentando discernir si está hablando en serio o si se está burlando de él. Pero no ve ni un atisbo de mofa en su rostro. Por el contrario, le observa con una intensidad que parece gritar algo. Iwaizumi relaja los hombros pero sigue habiendo un rastro de duda en sus ojos verdes. No, duda no. Es la sorpresa de verse expuesto, vulnerable. Desde que nació ha volcado en ese chiquillo un cariño que ha sido devuelto con absoluta devoción por parte de Takeru. Es normal que se sienta halagado. Es normal que quiera seguir correspondiendo a ese afecto. Pero de alguna forma, que Oikawa sea capaz de verlo, le provoca una vergüenza ridícula y difícil de explicar. Un rubor comienza a extenderse por su cuello hasta alcanzar su cara y sus orejas. Tiene que volcar la atención de nuevo en la película porque la mirada de admiración de Oikawa sigue perforándole la piel. Tiene que decir algo. Ya.

—¿Puedo besarte?

Eso. No.

La pregunta les pilla desprevenidos a los dos. Un terror blanco empieza a subir por los costados de Iwaizumi, pero no le da tiempo a sentir miedo porque antes de saber qué es lo que está pasando tiene las manos de Oikawa encima y sus labios están sobre los suyos. Oikawa desliza sus manos sobre el torso de Iwaizumi, lo que hace que un escalofrío suba por su columna hasta alojarse en su cerebro, registrando cada célula de su ser que está en contacto con su amigo. La pantalla les ilumina como si fuesen fuegos artificiales. Y así es exactamente como se siente Iwaizumi, que responde finalmente a las caricias de Oikawa extendiendo las manos y posándolas en su nuca a la vez que le atrae más hacia él. Pasan todavía unos minutos hasta que son capaces de despegarse. Aunque no quieran hacerlo.

—Hajime— suspira Oikawa mirando todavía los labios de su amigo.

Ha dicho su nombre de pila. Una sensación agradable se le clava por debajo de las costillas y hace que su corazón palpite como un terremoto. Pero antes de poder procesar si quiera lo que acaba de pasar, ambos se giran hacia la voz que viene de en frente del asiento.

—Pues sí que habéis tardado— Takeru está de pie frente al televisor con un vaso de agua en la mano y una expresión aburrida en el rostro. Casi como si la hubiese calcado de alguien. Alguien que sabe fingir la indiferencia como si fuese un actor multitud de veces galardonado.

—¿Qué haces despierto?— pregunta Oikawa con un deje agudo de pánico en la voz.

—Tenía sed.

Iwaizumi es incapaz de mover un solo músculo del cuerpo. Sigue agarrando las manos de Oikawa como si fuesen un bote salvavidas. Nota el calor que emana y eso le hace estar más tranquilo y más nervioso a la misma vez.

—¿Esto significa que os vais a casar ya?— pregunta Takeru evocando su momento brillante de cuando era casi un bebé—. Da igual, me vuelvo a la cama— dice cuando se da cuenta de que ninguno tiene las funciones mentales a plena capacidad y que les va a costar mucho dejar de balbucear incoherencias.

Ambos ven a Takeru salir por la puerta del salón con la sorpresa todavía en el cuerpo. Cuando vuelven a mirarse lo hacen con un cariño difícil de explicar que les lleva a reírse de sí mismos al momento.

No importa lo que pase mañana. Los dos saben que a partir de ahora, quererse va a ser una constante.

***

—La cabecita con cuidado, por favor— Matsun es el más neurótico con las cosas del bebé. Quién lo iba a decir.

—¿Quieres relajarte?— Oikawa acuna entre sus brazos a la niña con gesto experto— ¿No te das cuenta de la práctica que he tenido con Takeru? Podríamos decir que soy la persona más experimentada en el plano de cuidar críos en esta sala.

—Yo me fiaría más de Iwaizumi para eso— Makki aparece por detrás con el biberón y una mirada indescifrable que solo puede significar que quiere irritar a Oikawa. Por supuesto, lo consigue, ya que el aludido se ríe por lo bajo y Oikawa bufa indignado. Pero aun así le pasa el bebé a Hajime.

—Takeru tiene dieciocho años, Tooru— dice Hajime mientras acuna a la niña en sus brazos.

Se llama Megumi y lleva unos meses alegrándole la vida al grupo. La adopción se formalizó por fin hace unas semanas y ninguno de los cuatro es capaz de apartar la mirada de la niña.

—Eso solo significa que he hecho un trabajo magnífico— dice Oikawa dándose aires de importancia.

—Creo que te estás olvidando de tu hermana.

Ambos ríen y luego se quedan en silencio. Tooru observando la mirada que Hajime tiene clavada en Megumi. Él se da cuenta y levanta la cabeza. Se acerca tanto a él que sus bocas casi se rozan y la niña queda entre ambos, como si fuesen un escudo cálido y protector.

—Algún día. Tú mismo lo dijiste. Como una amenaza— dice Hajime rozando su nariz con la de Tooru.

—No era una amenaza, idiota. Era una profecía. Pero todavía no.

Hajime niega, lo que hace que sus narices choquen. Ambos se ríen y observan a la pequeña que sigue en brazos de Hajime. Toca querer a otro bebé como si fuese el suyo propio. Él ya tiene experiencia en ello. Bueno, ambos. Siempre han jugado a este juego de cuidar y dejarse cuidar. De querer y dejarse querer. Aunque empezase antes de que ninguno se diese cuenta. Es lo que significa el amor y para ellos es tan fácil como respirar.