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Stiles Stilisnki tenía un don. Bueno, un don no, la verdad. Más bien un talento. Si. Stiles Stilinski tenía un talento. Era un talento que odiaba con cada parte de su ser, porque a diferencia de los talentos buenos como saber cantar, o dibujar, o caminar con tacones, el talento de Stiles era más...desafortunado.
Esto siendo que tenía una predilección para estar en el sitio incorrecto en el momento incorrecto.
Era un talento que había adquirido en su juventud, y del que había sido incapaz de deshacerse en su edad adulta. Siempre que pasaba algo malo, ahí estaba Stiles, listo para que le echaran la culpa por algo en lo que no había participado. Por supuesto, a veces sí que había participado, pero la mayoría de las veces no lo hacía.
Bueno, algunas veces.
Vale, normalmente casi siempre tenía algo que ver en ello, ¡pero esta vez era diferente! ¡Esto de aquí y ahora era completamente diferente! Esto, de verdad sí que sí, era una de esas situaciones en las que estaba en el momento y lugar equivocado.
Justo ahora. En este preciso momento. De pie en medio del sendero que atraviesa la reserva. A Stiles ni siquiera le gusta la reserva. Es que la naturaleza es tan...natural. Con los bichos, y las hojas, y los--simplemente no. No era lo suyo. Stiles era muy anti-reserva. Claro, le parecía bien que existiera, no tenía nada en contra de ello ni nada por el estilo, y era un buen sitio para ir a correr, pero es que estaba más feliz cuando no estaba dando tumbos por el bosque en pleno día.
Cosa que se encontraba haciendo porque Scott--su buen amigo Scott McCall, el mejor colega del mundo, y un mal amigo colosal--necesitaba una especie de flor especial para su dulce y adorable novia. Scott quería darla una sorpresa, y puesto que estaba trabajando y Stiles tenía el día libre, claramente era el deber de Stiles como mejor amigo el ir en la búsqueda de una puta flor en mitad del maldito bosque que se marchitaría y moriría en tres días.
Stiles lo sabía, lo había buscado.
Pero, a diferencia de Scott, Stiles era un buen amigo. Stiles era lo que todo el mundo buscaba en un mejor amigo, y de este modo cuando Scott le llamó para pedirle un favor, Stiles accedió. De manera reticente, y con muchos lloriqueos, pero accedió.
Y ahí estaba él, caminando por la reserva, intentando encontrar una puta flor especial, cuando se congeló en el sitio. Porque se había parado al lado de un árbol pensando que había encontrado lo que estaba buscando, y había levantado la vista para encontrarse a un hombre muy desnudo tras las hojas. Solo vio la espalda del hombre, así que no sabía quién era--al ser el hijo del sheriff, tendía a conocer a todo el mundo.
Estaba planeando gritarle para preguntarle por qué alguien estaría tan mal de la cabeza como para estar por el bosque puto desnudo--en serio, ¡¿quería que le saltase una garrapata al pene?!--cuando todo el aire escapó de sus pulmones.
Porque el hombre, quien definitivamente era un puto hombre, había girado los hombros, hizo crugir su cabeza y luego se transformó lentamente. Le salió pelaje, se le movieron los músculos, le crujieron los huesos, y en medio minuto, en donde antes había un hombre, ahora había un lobo. Un lobo negro cómo el carbón del tamaño de un puto coche.
Vale, puede que un coche no, exactamente, Stiles estaba un poco atacado de los nervios y puede que exagere, pero seguía siendo jodidamente grande, más grande que cualquier perro en el que Stiles pudiera pensar. Más grande incluso que un puto pony. Era masivo.
Y hacía tan solo treinta segundos había sido un hombre.
Lo que quería decir que Stiles acababa de ser testigo de una transformación licántropa auténtica.
Porque aparentemente, de acuerdo al hombre desnudo del bosque que ya no era un hombre denudo, ¡los hombres lobo eran puto reales!
Y ahora temía por su vida.
Más o menos. Un poco.
A quién quería engañar, ¡iba a palmar en el segundo en el que el hombre lobo este se diera la vuelta!
Con el aire contenido en sus pulmones, Stiles dio un paso atrás con cuidado y muy lentamente, intentando salir del área antes de que el lobo le viera. Puso el peso en el pie que acababa de retrasar en cuanto tocó el suelo, y una rama crujió. Porque por supuesto que sí, ¡¿Por qué no iba a hacerlo?! ¡Stiles era el niño modelo para el póster de la mala suerte!
La cabeza del lobo se giró tan rápido que Stiles sintió que estaba viendo El Exorcista.
Stiles se preguntó si se podía quedar simplemente muy quieto para hacer pensar al lobo que era un árbol. Un árbol de vaqueros rojos. Lo dudaba, pero uno siempre podía soñar.
Sabía que era una causa perdida cuando el lobo se giró por completo, los labios apartados de sus afilados dientes--muy afilados, ¡Dios bendito!--y comenzó a caminar hacia Stiles.
“¡No he visto nada!” gritó Stiles, ambas manos estiradas frente a él y sudando instantáneamente. “¡Te lo juro! ¡No he visto nada! ¡No he visto nada! ¡No se lo diré a nadie! ¡No lo haré! ¡Me llevaré este secreto a la tumba! ¡Lo prometo! ¡Lo prometo!”
Luego, giró sobre sus talones y huyó por los árboles, regresando al sendero. Le ardían los pulmones y su corazón estaba latiendo en algún lugar de su garganta, pero siguió corriendo, moviendo las piernas y los brazos, intentando escapar de lo que probablemente sería una muerte horrible y muy dolorosa.
La gente era devorada por los animales en el bosque todo el tiempo, nadie pensaría nada raro si aparecía su cadáver ensangrentado y devorado en medio del sendero. En todo caso, a algunos les sorprendería que le haya llevado tanto estirar la pata, teniendo en cuenta las otras mierdas en las que estuvo involucrado durante su juventud.
Claro, en su bosque no se solían sufrir ataques de animales salvajes, ¡pero eso no detendría a la gente de esperar algo cómo esto de Stiles! ¡Si alguien iba a vagar por el bosque y morir, ese sería Stiles Stilinski!
Stiles no sabía lo que llevaba corriendo, pero no escuchaba las pisadas características de un animal grande detrás suyo. Pero se aguantó las ganas de mirar detrás de él. ¡Solo los idiotas en las películas de terror miraban detrás de ellos, y siempre se tropezaban! ¡Siempre! Stiles ya era torpe de por sí, no necesitaba más ayuda para tropezar con nada.
Cuando salió de entre los árboles y fue a toda leche hacia su jeep, estaba buscando a tientas sus llaves, alargando la mano hacia la puerta del conductor y agarrando la manilla de la puerta para abrirla cuando echó una ojeada hacia el final del sendero del que acababa de salir como una exhalación.
No había nada ahí.
Eso le hizo detenerse, porque había esperado encontrarse al hombre lobo yendo hacia él para o bien transformarlo y así evitar que revelara su secreto, o bien para matarle directamente y así evitar que, bueno, revelara su secreto.
Pero el lobo no estaba ahí.
Stiles no esperó para averiguar por qué. Se limitó a abrir de par en par la puerta del Jeep, golpeándose a sí mismo con ella, y luego forcejeó para subirse al coche. Una vez dentro, cerró la puerta de golpe, la cerró con el cerrojo, luego metió la llave en el contacto, alejándose de la preserva como si tuviera el culo en llamas.
Hubiera estado menos preocupado si su culo estuviera en llamas.
El tener su culo en llamas es un problema que podría solucionar. Eso era algo razonable y que podía aceptar que ocurriera, y tenía una solución. Lo de que lo hombres lobo fueran reales...no tanto.
Stiles definitivamente rompió unas cuantas leyes de tráfico cuando regresó al pueblo, y puede o puede que no se haya saltado un par de semáforos en rojo, no se haya parado en un paso de cebra controlado y haya hecho caso omiso de cuatro señales de stop. Llegó a la clínica veterinaria en donde trabajaba Scott y aparcó de cualquier manera en un hueco antes de abrir de golpe la puerta.
Apenas recuerda cerrarla de un portazo antes de entrar corriendo a la clínica, casi llevándose por delante la puerta. La mujer que estaba esperando frente al mostrador pegó un brinco, y su perro pegó un gran ladrido, pero aparte de ellos no había nadie más allí.
Ignorando el hecho de que técnicamente no tenía permitido ir a la parte de atrás, Stiles abrió la puerta del mostrador, dio la vuelta alrededor y luego atravesó la puerta batiente de la parte trasera justo cuando Scott estaba saliendo de otra sala en ese mismo pasillo.
“¿Stiles, qué demonios?” inquirió Scott con un fruncimiento de ceño. “Te dije que me reuniría contigo luego para lo de las flores.”
“¡Scott! ¡Scotty!” Stiles le agarró de los hombros, la boca abierta, pero no salió ni una palabra. Literalmente acababa de prometer al Licántropo que no se lo diría a nadie. Lo prometió y salió por patas, y el lobo no le había seguido.
¿O sí lo había hecho? ¿Y si estaba afuera? ¿Esperando? ¿Observando? ¿Escuchando?
Y si estaba esperando a ver lo que hacía Stiles, y si se lo decía a Scott, el lobo iba a matar a Stiles por hablar de ello cuando había prometido no hacerlo, y luego mataría a Scott por saberlo. Esencialmente estaría asesinando a Scott, y aunque Scott era un mal amigo, Stiles no lo era. Él era un buen amigo. Los buenos amigos no hacían que matasen a sus amigos, eso les colocaría en la categoría de ‘mal amigo’.
Por lo tanto, si se lo decía a Scott, se convertiría en un mal amigo, y él no era un mal amigo, y no quería ser un mal amigo, así que no podía decírselo. No se lo podía decir a él, no se lo podía decir a su padre, joder, ni siquiera se lo podía decir a Jackson, y él odiaba a Jackson. Pero Stiles era bueno. Un buen amigo, un buen hijo, una buena persona. Y por ello, no se lo podía decir a nadie.
“Hey colega,” dijo Stiles, la voz unas octavas más agudas de lo normal. Se rió de manera incómoda y apretó los hombros de Scott, dándole un buen meneo. “Buen chaval, colega mío. Hey. Hola. Buenas.” Soltó a Scott y le quitó las arrugas de su uniforme de trabajo, quitando el polvo a los hombros de su amigo antes de dejar que sus manos cayeran de nuevo hacia los lados. “¿Cómo va eso? ¿Qué tal?”
“Trabajando,” dijo Scott, lanzándole una mirada significativa. “Eso es lo que va, el trabajo, Stiles. ¿Qué estás haciendo aquí? Te dije que te vería luego. ¿Tienes las flores?”
“Si, no.” Stiles meneó la cabeza, los labios apretados. “Mm mm. Nop, ya te digo yo que no. Están, uh, fuera de temporada.”
“¿No crecen en esta temporada?” preguntó Scott con el ceño fruncido. “Es primavera.”
“Exactamente. Y esas crecen en el, uh, el otoño. En otoño. Así que en plan,” Stiles contó con los dedos, “¿en unos cuatro meses? Septiembre. No se pueden coger aún. ¿Pero sabes qué?” Empezó a caminar hacia atrás, señalando con ambos dedos a Scott. “Eres un buen amigo, ¿lo sabías? Voy a- voy a ir a todas las floristerías del pueblo para encontrarte unas flores para Kira.”
“Se suponía que tú ibas a buscarlas para que no tuviera que gastar nada de dinero,” insistió Scott con el ceño fruncido. “Ya sabes que estoy ahorrando para una moto nueva.”
Ah Scott. Que abnegado.
“¿Sabes qué?” Stiles presionó ambas manos contra su pecho. “Corren de mi cuenta. Las flores corren a mi cargo. No hay problema. ¿Para qué están los amigos?”
“¿Vale?” Scott le miró raro, pero Stiles simplemente meneó una mano y luego dio media vuelta, dirigiéndose a la salida.
Volvió a atravesar la puertecilla del mostrador, ofreciéndole a la dama que aún estaba ahí una sonrisa apretada e incómoda que probablemente era más mueca que otra cosa, y luego se detuvo justo en la puerta. Miró por el cristal de la entrada durante un largo rato, intentando vislumbrar bestias escondidas u ojos brillantes en las sombras. Pero, el día era soleado y había muy pocas sombras en las que esconderse, ya sin mencionar que si era un Licántropo, podría ser cualquiera de las docenas de personas que paseaban.
“¿Estás bien?”
Stiles pegó un brinco y se giró. Scott estaba de pie detrás del mostrador, y tanto él como la mujer le estaban mirando raro.
“¡Genial!” insistió Stiles, la voz rompiéndose. “Super genial. ¡Todo es fantástico, la vida es sensacional, no hay nada inusual para nada de nada, me voy a ir ahora, adiós!”
Stiles se dio la vuelta y se apresuró a salir de la clínica, la cabeza girando con urgencia. Caminó deprisa hacia su Jeep--porque ir corriendo sería definitivamente sospechoso--y se subió lo más deprisa que pudo. Una vez tras el volante, se sentó ahí e intentó averiguar cuál sería su siguiente movimiento.
Bueno, ahora tenía que comprarle las flores a Scott, lo cual era un dolor en el culo porque no estaba hecho de dinero, y esas cosas eran caras de cojones. Pero, una vez más, era un buena migo, así que se figuraba que mientras permaneciera en lugares públicos, no corría ningún riesgo de ser asesinado por un Hombre lobo, y puto Jesusito Cristo bendito los Hombres lobo eran reales, ¿que hostias?
Intentando no hiperventilar dentro de su coche, lo arrancó y salió del aparcamiento, entrando lentamente en el tráfico. Se sentía como si puede que estuviera en shock, porque le estaba dando un ataque de nervios por dentro, pero por fuera se sentía calmado. Sabía que no duraría mucho, pero por ahora simplemente tenía que concentrarse en mantenerse en calma. Estaba bien. No había salido nada a comerle vivo.
Todavía.
Oh Dios, no iba a sobrevivir esta noche, iba a morirse, igual debería de ir a ver a su padre en el trabajo. De todos modos tenía que hacerle ya una visita, probablemente tendría alguna hamburguesa o donuts en su escritorio. Debería de comprobarlo. Si. Buen plan.
Stiles intentó mantenerse concentrado en la tarea entre manos, conduciendo hacia las floristerías del pueblo y procrastinar en comprar una porque le permitía permanecer más tiempo en público. En algún momento las tiendas comenzarían a cerrar, y Scott le mataría y le llamaría un mal amigo si no le conseguía las flores, así que acabó comprando un ramo de hermosas flores demasiado caro del que su más antigua amiga de la infancia, Lydia Martin, estaría orgullosa.
Incuso la mandó una foto para preguntarla lo que opinaba de su nivel de decisiones bobas. Ella le contestó que estaba ocupada y que no tenía tiempo de hablar.
Era irónico que pudiera escribir eso pero no un comentario sobre las flores, pero Stiles estaba ya acostumbrado a que sus dos amigos más cercanos se desbordaran con tanto egoísmo en lo que a sus seres queridos se refería. Siempre era el sujetavelas.
Llevando las flores al Jeep, miró al ramo de flores y esperó que a Kira le gustasen. Pensaba que al menos era merecedor de una noche de diversión en la cama.
¡Que no es que Stiles quisiera pasarlo bien en la cama con Kira, pero estaba seguro de que Scott sí quería!
Posó con cuidado las flores en el asiento trasero, y luego se subió al coche. Ya eran casi las seis, lo que quería decir que Scott saldría dentro de una hora, dado que seguramente Deaton recogería las cosas puesto que Scott y Kira habían hecho planes. Stiles no quería estar en un sitio en donde el hombre lobo pudiera cogerle, así que lo mejor que podía hacer era ir a darle las flores a Scott, visitar a su padre hasta que se le acabara el turno a las ocho, y luego esconderse en su casa con un hombre de la ley armado. ¿Seguramente el lobo no estaría tan loco como para ir a por él teniendo a su padre el Sheriff cerca?
Eso esperaba. No sabía si las balas normales les hacían algo a los Licántropos. Igual podía buscar toda la plata que tuvieran por la casa y fundirla. Sabía que tenían algunas cucharas antiguas en el sótano, su padre no lo notaría.
Probablemente.
Cuando llegó a la clínica, Scott estaba de pie junto a su moto con el móvil en las manos. Levantó la vista con el sonido de la grava crujiendo y se guardó el teléfono, sugiriendo que había estado escribiendo a Stiles para averiguar dónde estaba.
“Ey Scotty. Scott. Ey, hola, buenas.” Dijo Stiles, habiéndose detenido justo a su lado y bajando la ventanilla. “¿Cómo te va? ¿Qué tal va la vida? ¿Alguna novedad? Por mi parte no hay ninguna novedad. Ninguna en lo absoluto.”
Scott frunció el ceño y se inclinó un poco más hacia el Jeep. “¿Estás bien? ¿Qué es lo que te pasa?”
“¡Nada!” Stiles movió sus manos, luego se dió cuenta de que no había preparado el coche para aparcar y casi lo estampa contra el lateral de la clínica. Cambió las marchas apresuradamente y echó el freno de mano para por si acaso. “Estoy bien. Estupendo. Genial, incluso. ¿Cómo te va? ¿Qué tal va la vida? ¿Alguna novedad?”
“Literalmente me acabas de preguntar eso.” Scott le lanzó una mirada de sospecha. “¿Qué has hecho?”
“¿Hacer? ¡Nada!”
“Has hecho algo, o no estarías comportándote de forma tan rara.”
“¡No he hecho nada, y estoy horrorizado e insultado de que pienses que lo he hecho!”
Scott siguió mirándole, luego pareció rendirse, dándose cuenta de que se le estaba acabando el tiempo. Así que simplemente meneó la cabeza, suspiró, y le preguntó a Stiles por las flores. Cuando señaló hacia la parte de atrás del coche, Scott abrió la puerta y las sacó, pareciendo impresionado y complacido.
“Gracias, Stiles. Eres un buen amigo.”
“Yup. Ese soy yo. El mejor de los mejores amigos.” Porque prefiero volverme loco que conseguir que maten a mi mejor amigo, añadió por dentro.
No sabía como iba a transportar las flores Scott, y para evitar estar solo, Stiles insistió de manera entusiasta y en voz alta que le escoltaría hasta donde Kira. Prácticamente le arrancó a Scott las flores de la mano y las puso en el asiento del copiloto, luego intentó arrancar para ir a donde Kira. No lo consiguió, porque el freno de mano aún estaba echado y tenía que quitarlo para poder moverse.
Scott le siguió, y cada vez que se detenían en un semáforo en rojo, su amigo se le ponía al lado del Jeep y le lanzaba una mirada sospechosa. Se le ocurrió a Stiles que Scott probablemente pensaba que estaba intentando robarle a la novia.
Cosa que no. Kira era cuqui, y amable, y haría muy feliz a un hombre algún día, pero Stiles era un buen amigo, y los buenos amigos no le robaban la novia a sus mejores amigos. Era simplemente una cosa que los buenos amigos no hacían.
Se detuvo dos casas antes de la de Kira, Scott adelantándole para aparcar frente a su acerca. Stiles emergió del Jeep y cogió las flores, empezando a ir hacia donde Kira antes de darse cuenta de que luego tendría que regresar él solito durante dos casas durante la puesta del sol. Scott no le iba a acompañar de vuelta a su coche.
Mientras que las probabilidades de que el hombre lobo fuera a asaltarle en una zona residencial en el trayecto de dos casas eran virtualmente inexistentes, Stiles no iba a arriesgarse. Así que se quedó a unos pasos del Jeep sosteniendo las flores, y esperó a Scott. Su amigo le miró raro mientras se acercó caminando, y Stiles le pasó las flores.
“En serio, ¿estás bien?” preguntó Scott. Ya estaba caminando hacia atrás mientras lo preguntaba, y Stiles sabía que estaba ansioso por ir a la cita. No importaba, de todos modos Stiles no podía decirselo.
“Estoy bien. Estoy guay.” Movió una mano para quitarle hierro al asunto, dando tumbos hacia atrás y agarrando la manilla de la puerta para entrar al Jeep antes de que Scott le diera la espalda. “Disfrutad de vuestra cita, ya hablamos luego.” Se dió cuenta de como podría sonar eso si el lobo estaba escuchando y luego dijo, “¡O no! ¡No tenemos que hablar! ¡En la vida! ¡Jamás!”
“¿Qué?” Scott hizo una pausa, dándole una mirada confusa y algo herida.
Malditos sean los ojillos de cachorro de Scott.
“No, no, no,” Stiles ya estaba medio dentro del Jeep, con una mano extendida hacia Scott. “No, ¡no me refiero a eso! ¡Hablaremos! ¡Lo haremos! ¡Pero no hablaremos de nada! ¡De nada importante! ¡O raro! ¡O cosas letales!”
Necesitaba callarse, y lo sabía, así que gritó un adiós, se metió del todo en el Jeep, y cerró la puerta de un golpe. Puede que haya ido demasiado rápido a la oficina del Sheriff, pero redujo la marcha conforme se acercaba. Si su padre le pillaba sobrepasando el límite de velocidad, no oiría otra cosa en la vida. Así que redujo la velocidad a una más razonable--pero más deprisa que el límite recomendado por las señales--y luego aparcó en un hueco disponible fuera de la comisaría.
Miró alrededor nerviosamente mientras entraba, mirando por encima del hombro mientras iba a la recepción cuando una voz cortante habló.
“Stiles. ¿Qué pasa?”
“Me cago en mi vida, ¡¿Qué?!” casi gritó, habiendo sido sorprendido. Se giró para mirar al frente y se encontró con Jordan Parrish en el escritorio, una mano sobre su pistola y saliendo rápidamente de la recepción.
“¿Estás bien? ¿Qué ocurre?” Se dirigió a la puerta, la mano aún apoyada sobre la culata de la pistola, y escaneó la zona justo afuera de la comisaría.
Esto era malo. Si Parrish podía notar que Stiles estaba atacado de los nervios, ya no había esperanza alguna para que su padre no lo descubriera. Tenía que calmarse. El lobo no le iba a matar siempre y cuando mantuviera su palabra. O, al menos, ese parecía ser el caso, de todos modos.
“¿Qué? Nada. Estoy bien.”
“Has gritado una palabrota, estás pálido, y has entrado aquí actuando como si alguien te estuviera siguiendo,” insistió Parrish, girándose hacia él con un fruncimiento de ceño. “¿Te está siguiendo alguien?”
La risa de Stiles era demasiado ruidosa. “¿Qué? No. ¿Qué? ¿Quién iba a ir a por mí? No hay nadie yendo por mí.”
“No te he preguntado si había alguien yendo a por tí, te he preguntado si te estaba siguiendo alguien.” Ahora Parrish parecía sospechar. ¡Joder! ¿¡Cual cojones era la puñetera diferencia!? ¡Solo un policía encontraría la diferencia entre esas dos frases!
“No, no, no pasa nada. No hay nadie siguiéndome, o yendo a por mí. Está todo bien. Todo guay. Yo estoy bien, tú estás bien, el hombre desnudo del bosque está bien.”
“¿El hombre desnudo del bosque?” interrumpió Parrish.
“¿Qué?” Stiles se rió de forma demasiado ruidosa de nuevo, alejándose de Parrish. “No. ¿Qué? Esa es una expresión. Una expresión, Parrish. Es lo que los jóvenes de hoy en día decimos.”
“Solo tienes dos años menos que yo.”
“Y tú eres muy viejo. En serio. Ponte al día. ¿Está mi padre en su oficina?” Stiles señaló con su pulgar por encima de su hombro. “¿Lo está? Genial. Ha sido una buena charla. Siempre es un placer hablar contigo.”
Se giró sobre sus talones y prácticamente esprintó hacia la oficina de su padre, atravesando la puerta medio abierta con tanta fuerza que su padre pegó un brinco y se tiró el café por encima. Maldijo en voz alta y posó rápidamente la taza, sacudiendo su mano herida y suspirando hacia Stiles.
“¿Era eso necesario?” inquirió.
“Lo siento,” masculló, apresurándose al armario de la esquina y cogiendo la caja de pañuelos. Regresó con su padre y le ayudó a limpiar el estropicio de su escritorio mientras el sheriff limpiaba su mano.
“¿Qué haces aquí?” preguntó mientras tiraba los pañuelos empapados en la basura.
“¿No puedo venir a visitar a mi padre en su trabajo?” preguntó Stiles, intentando calmarse, porque lo último que necesitaba es que su padre se pusiera modo policía con él.
“Solo me visitas al trabajo cuando vienes a ver qué como, o cuando te escondes de alguien.” El hombre acercó su cubo de la basura para que Stiles pudiera tirar los pañuelos que tenía en la mano, y luego la volvió a posar en el suelo. Stiles se limpió sus manos mojadas por el café en su pantalón. “Vienes demasiado tarde como para comprobar lo que estoy cenando, ¿así que de quién te escondes?”
“¿Qué?” se mofó Stiles. “De nadie. ¿Qué?”
“Stiles.”
“¿Es que no puedo visitar a mi padre en su trabajo porque es mi padre y quiero pasar tiempo con él?”
“No.” Su padre le lanzó una mirada.
“Merecía la pena intentarlo.” Stiles se encogió de hombros e intentó actuar normal. Perfectamente normal. Todo estaba bien, y maravilloso, y muy muy normal.
Su padre le observó cuidadosamente durante unos segundos, y luego pareció decidir que Stiles se lo diría cuando estuviera listo para ello porque suspiró de nuevo y se reclinó sobre su silla. Comenzó a mover los papeles mojados alrededor, claramente intentando asegurarse de que no se había destrozado nada. Stiles frunció el ceño y ladeó ligeramente su cabeza para leer uno de los títulos.
“¿Han encontrado un cadáver en el bosque?”
Su padre puso rápidamente su mano encima y señaló hacia su sofá con la otra. “Ve a sentarte ahí, si te vas a quedar. Si no, marcha.”
“Qué borde,” le informó Stiles, pero se fue obedientemente hacia el sofá. Cuando se sentó, pensó inmediatamente en el Hombre lobo. ¿Y si lo del cadáver estaba relacionado? ¡Entonces debería de decírselo a su padre!
¿Pero y si no lo estaba? ¿Y si solo era una coincidencia? Los senderistas se perdían en los bosques de Beacon Hills todo el tiempo. La reserva era inmensa y más de una vez alguien había ido a hacer senderismo y no había regresado. Se perdían, o se caían por barrancos y quedaban atrapados, o se encontraban con un animal salvaje.
Claro, estaban los típicos senderos y pequeños claros, pero alguna gente iba más allá, aún cuando sabían que no debían. Solían ser turistas, mayormente, pero aún así. Ahora Stiles estaba un poco incómodo.
“¿Qué han dicho los Hale?”
“¿Hm?” preguntó su padre, distraído. Parecía que estaba intentando rescatar un papel del café derramado. “¿Qué?”
“Los Hale,” repitió Stiles. “Sobre el cadáver.”
“Stiles,” suspiró el Sheriff, exasperado. “Tienes que dejar de meter las narices en donde no te llaman.”
Stiles esperó, con las cejas alzadas, sabiendo que su padre cedería al final. Siempre lo hacía.
Solo tuvo que esperar un minuto antes de que el hombre suspirara con mucha fuerza y se reclinara en su asiento, frotándose la cara con ambas manos.
“Se lo he hecho saber a Talia Hale. Lamentó escuchar lo que ha pasado. Dijo que mandaría a alguien para mirarlo en caso de que control de animales tenga que verse involucrado.”
Stiles se quedó helado al escuchar esas palabras, perdiendo el color en el rostro. “¿Un animal? ¿Fue un ataque de animal?”
“Deja de hacer preguntas,” insistió su padre, señalándole con el dedo.
Después de eso fue difícil para Stiles mantener la boca cerrada. Se pasó la siguiente hora pensando en si debería o no decírselo a su padre. Aunque claro, ¿por qué iba a creerle? Joder, ¡Ni siquiera Stiles se creía a sí mismo! ¡Y había sido testigo! ¡Con sus propios ojos!
¿Pero lo había hecho el Hombre lobo? Stiles había estado a solas en el bosque. Hubiera sido la oportunidad perfecta para que la bestia le matase, le silenciara. No había nadie alrededor, solo estaba él. Si el Hombre lobo le hubiera querido hacer daño, lo hubiera hecho, ¿no?
Aunque claro, Stiles no sabía nada de ese pavo, así que igual le gustaba dar caza. Oh Dios, ¡igual Stiles iba a ser su próxima cena y solamente quería que sudara lleno de nervios durante unos días! ¡Igual los humanos sudados sabían mejor!
“¿Stiles?”
Se sobresaltó y se giró hacia su padre. “¿Qué?”
“Has estado mirando a la pared sacudiendo la pierna arriba y abajo.” Su padre le lanzó una mirada, quitándose las gafas de leer y lanzándolas sobre el escritorio. Se echó hacia atrás en su silla y se cruzó de brazos. “¿Qué está pasando?”
Stiles no sabía qué decirle. No quería admitir que se había equivocado, porque si el Hombre lobo estaba cerca, le oiría. Pero si no decía algo, su padre se preocuparía, y tampoco quería eso.
Sin mencionar que seguiría presionando y fisgoneando y poniéndose modo padre poli con él, y eso nunca acababa bien para Stiles.
“Nada,” insistió de nuevo. “Es solo, ya sabes. Scott está yendo en serio con Kira. Solo estaba pensando en como van a cambiar las cosas entre nosotros si dan el siguiente paso.”
Su padre parecía un poco más relajado que hace un momento, pero seguía receloso. Stiles asumía que estaba pensando que igual era una mentira, pero mayormente parecía que le había creído.
“Tú y Scott habéis sido amigos durante mucho tiempo, Stiles. Estaréis bien.” Miró a su ordenador cuando emitió un pitido y se inclinó hacia delante, moviendo el ratón y cliqueando en el email que le acababa de llegar. Dejó salir un gruñido y luego cliqueó en otro sitio antes de empezar a escribir.
“¿Todo bien?” preguntó Stiles.
“No te metas,” masculló su padre, mirando al teclado mientras pulsaba las letras una a una.
“¿Es de Talia Hale?”
“¿Qué he hecho yo para merecerte?” preguntó su padre con un suspiro.
“Claramente fuiste una buena persona en tu anterior vida y estás siendo recompensado,” dijo Stiles con guasa y una sonrisa de medio lado, recostándose contra el sofá y mirando a su padre pelear para escribir la respuesta.
El hombre mayor rebuznó ante tal comentario, pero no dijo nada, y Stiles se preguntó lo que estaba diciendo la Sra. Hale.
Los Hale eran algo así como algo muy importante en Beacon Hills, lo cual tenía sentido, considerando que básicamente eran dueños de la mayor parte del pueblo y toda la reserva. Eran gente de dinero viejo, y había muchos rumores de que los Hale fueron los primeros en vivir en lo que ahora se conoce como Beacon Hills. Eran una familia ávidamente amantes de la naturaleza, e incluso ahora, no se conocía mucho sobre ellos.
Aparentemente el patriarca había tomado el apellido Hale, en vez de al contrario. Stiles consideraba que era algo guay, era algo que se salía de la norma, de todos modos, y explicaba por qué todos seguían teniendo el apellido Hale. Siempre que la gente le preguntaba sobre el tema en las entrevistas, él se limitaba a reír y decir que el apellido Hale era mucho más agradable que el suyo.
Nadie ponía en duda su respuesta.
Stiles sabía que eran dueños de unas cuantas casas en la reserva, pero ninguno de ellos vivía ya en Beacon Hills.
Talia Hale, y su marido Michael, eran algo así como salvadores de animales. Viajaban por el mundo y ayudaban a construir santuarios y reservas naturales. Tenían un interés particular en lobos y tigres, recordaba Stiles.
Su hija mayor, Laura, era fotógrafa para el National Geographic, y sus obras se centraban en los animales dentro de sus hábitats naturales. Sus fotos acababan normalmente en portadas de varias revistas y su padre había comprado todas y cada una de ellas. Decía que era para ayudar y apoyar a la familia Hale en sus intentos de proteger la naturaleza. Stiles insistía en que bastante dinero tenían ya como para que su padre se gastara el dinero que debería de ahorrar para su jubilación,
La hija más joven, Cora, era artista. Creaba hermosos cuadros que representaban el cielo nocturno y los vastos bosques. Su arte quitaba el aliento, e incluso Stiles admitía que estaba celoso siempre que los veía online. Eran cosas en las que gastaría su dinero con alegría para poner uno en su pared, pero no tenía cincuenta mil dólares, y probablemente nunca tendría tanto dinero en toda en su vida.
El hijo mediano, Derek, era un misterio. Todos sabían que hacía algo relacionado con la naturaleza--era un Hale, eso era lo que hacían--pero nadie sabía lo que era. Stiles estaba seguro de que si miraba lo suficiente en internet, sería capaz de averiguarlo, pero no estaba lo suficientemente interesado como para hacerlo, y de todos modos la mayoría de la gente hablaba de sus hermanas.
Stiles sentía que esta noche estaba lo suficientemente interesado como para mirarlo, pero incluso cuando sacó el móvil para hacerlo, su cerebro le recordó que había asuntos más apremiantes y se quedó congelado en el sitio.
El Hombre lobo. Aún no sabía lo que iba a hacer sobre el tema. ¡¿Y si se colaba en su casa en mitad de la noche y le comía las entrañas?!
“¿Stiles?”
Dejó escapar un grito y agitó los brazos en el sofá, golpeándose en la cara con el móvil y luego gimiendo y cubriéndose la boca herida con una mano. Cuando levantó la vista hacia su padre, este le estaba mirando con preocupación.
Tenía puesta la chaqueta y llevaba las llaves en una mano. La lámpara del escritorio estaba apagada, y tenía pinta de que llevaba de pie a su lado un buen rato.
“¿Listo para irnos?” Stiles se puso en pie de un brinco y se dirigió a la puerta.
Antes de que consiguiera salir por ella, la mano del sheriff se posó sobre su hombro y le dio un apretón.
“Stiles. ¿Estás seguro de que estás bien?”
“Estoy bien, pa.” Se giró y forzó una sonrisa. “Solo quería pasar algo de tiempo con mi viejo padre.”
El sheriff resopló divertido ante eso, pero su mirada seguía inquisitiva. Stiles se limitó a darle un puñetazo suave en el hombro y salió de la oficina, con su padre siguiéndole los talones.
Se aseguró de no hacer contacto visual con Parrish al pasar junto al mostrador, mientras su padre se despedía de los del turno nocturno. Salieron andando de la comisaría juntos.
El sol se había puesto mientras Stiles había estado dentro, y de algún modo, el pequeño paseo desde la puerta hasta su Jeep le había dejado con la piel de gallina. Podía notar los ojos de su padre sobre él mientras el hombre iba hacia su coche patrulla, así que Stiles se aseguró de no mirar alrededor y simplemente caminó más deprisa de lo normal hacia el Jeep.
Consiguió sacar las llaves y subirse al coche sin llamar la atención, pero en cuanto su padre le dio la espalda para poder subirse al coche patrulla, Stiles giró el cuello para comprobar los asientos de atrás, y dió un repaso rápido a los alrededores buscando cualquier cosa sospechosa. Para cuando su padre arrancó, Stiles fingió estar aburrido y arrancó el coche para seguir al de su padre, hacia casa.
El sheriff aparcó junto al bordillo mientras que Stiles aparcó en la entrada del garaje. Era algo en lo que se habían puesto de acuerdo desde el momento en el que Stiles comenzó a conducir. Su padre necesitaba irse rápidamente, y le resultaba más fácil hacerlo desde la carretera. Stiles amaba y odiaba aparcar frente al garaje. Le gustaba porque se le daba fatal aparcar en paralelo, y lo odiaba porque su padre tenía el sueño ligero y Stiles nunca podía escabullirse de casa si él estaba en casa.
Stiles se dió cuenta tarde de que probablemente acaba de conducir al Hombre lobo directamente hacia él, pero con suerte vería el coche patrulla y al sheriff y se daría cuenta de que Stiles no era alguien con quien meterse.
Eso es, tenemos pistolas, podemos contigo, pensó Stiles mientras miraba alrededor lo más sutilmente que podía, esperando a que su padre abriera la puerta principal.
Una vez dentro, Stiles cerró la puerta apresuradamente y echó el cerrojo, sintiéndose un poco mejor de lo que se había sentido en este jodido día.
Su padre fue a su cuarto a quitarse el uniforme así que Stiles cogió una Coca Cola del frigorífico, unos Cheetos mal escondidos--a su padre se le daba fatal esconder cosas--y luego se dirigió a su cuarto.
Cerrando la puerta de una patada, se acomodó junto a su escritorio, encendiendo el ordenador, y engulló unos cuantos Cheetos mientras esperaba a que se encendiera la pantalla. Golpeando las manos juntas una vez cargó el escritorio, llenando de polvo de queso la alfombra, escribió su contraseña, abrió Google, e inmediatamente escribió: ¿como mantienes alejado de tu casa a un Hombre lobo?
Los resultados que salieron fueron decepcionantes.
Casi todos estaban relacionados con las arañas lobo, lo cual, aunque útil, no era lo que necesitaba en estos momentos. Había unas cuantas referencias a videojuegos y algunas páginas webs sobre ataques de lobos, pero nada sobre Hombres lobo.
¡Lo cual tenía sentido porque nadie sabía que existían! ¡Pero Stiles lo sabía! ¡Oh, vaya si lo sabía! ¡Lo sabía, y ahora necesitaba saber como mantenerles lejos!
Empezó a escribir una nueva búsqueda, que iba a ser ‘como hacer daño a un hombre lobo’, pero se detuvo antes de poner la última palabra. Si el Hombre lobo le había seguido hasta su casa, y le iba a dejar estar siempre y cuando no le dijera nada a nadie, Stiles dudaba de que pensara lo mismo si le encontraba buscando en Google como hacerle daño.
Reclinándose en su asiento, frunció el ceño, intentando averiguar cómo buscar el modo de protegerse sin hacer que pareciera que quería hacer daño de forma activa al Hombre lobo.
Después de todo, aún no le había matado. Igual solamente estaba...siendo cauteloso.
Se echó hacia delante una vez más y escribió: Mantener lejos a los Hombres lobo.
El primer resultado se titulaba ‘Como Repeler a un Hombre Lobo’ y Stiles cruzó los dedos cuando lo cliqueó. Básicamente hablaba de creencias religiosas, interpretándolo como que todo aquello que repelía a los Vampiros--por ejemplo, las cruces o el agua bendita--funcionaría en los Hombres lobo, también. Stiles lo dudaba, y lo único que vio digno de interés fue la plata, algo que ya sabía, y el acónito. Sin embargo eso parecía hacer más daño que otra cosa. No quería dañar al Hombre lobo, simplemente...evitar que entrase o se acercase. Evitar que se diera un banquete con sus entrañas.
Stiles se frotó la cara y siguió investigando, intentando encontrar más páginas webs que tuvieran declaraciones legítimas--lo cual reconocía como imposible, porque los Hombres lobo no existían, excepto que sí, ¿y cómo cojones era esta su vida?
Dos horas después, sentía que ya tenía unas bases sobre las que partir. Plata, acónito y muérdago eran mortales, pero la ceniza de montaña y algunas variedades de acónito podían debilitar y mantener lejos a un Hombre lobo. Ahora todo lo que Stiles tenía que hacer era encontrar alguna de esas cosas, y ya estaría.
“Igual mañana,” masculló para si, frotándose la nuca. Tenía que trabajar en unas horas, y necesitaba dormir. Dudaba que el Hombre lobo intentara ahora con su padre armado en la otra habitación.
Siempre que su padre estuviera cerca, Stiles estaría bien.
“¿Stiles?”
“¡¿Qué?!” Stiles se giró rápidamente, cerrando su ordenador portátil. “¡Nada! ¡Solo miraba porno! ¿Qué?”
Su padre se congeló en la entrada, mirándole raro. Tenía el uniforme puesto de nuevo, por algún motivo, pero Stiles mantenía la mirada centrada en su cara, con una mano golpeteando un ritmo nervioso en la parte de arriba del portátil.
“¿Qué estás haciendo?” preguntó con cuidado el sheriff.
“Estaba--ya sabes.,” Stiles señaló de manera confusa con una mano. “Ya lo dije. Porno.”
“Stiles, no estabas viendo porno,” dijo su padre, sonando exhausto, mientras llevaba una mano al puente de la nariz para pellizcárselo.
“¿Qué? ¡Pues claro que lo estaba viendo!”
“Stiles, si estuvieras viendo porno, ¿por qué cerrarías tu portátil y luego admitirías que estabas viendo porno?”
¡Maldito sea su padre y sus métodos de investigación! ¡Eso habría funcionado con Scott!
“¡Era porno raro!” espetó. De algún modo, sentía que hubiera preferido admitir que estaba buscando formas de mantener fuera de la casa a Hombres lobo, pero luego igual su padre hubiera tenido que meterle al manicomio.
No creía que la gente pudiera llevar sus propias almohadas allí.
“Stiles--”
“¡Lo digo en serio!” Stiles movió una mano. “¡Dos tíos, una chica, y algunas verduras! ¡Muy raro! ¡Ella tenía una ensalada!”
Su padre puso mala cara ante eso, y luego dijo, “He visto ese meme, Stiles. No estoy tan fuera de onda.”
“¡Oh Dios!” Stiles cubrió su cara con ambas manos. “¡Papá! ¡Venga ya! ¡No necesitaba saber eso!”
“Stiles, ¿qué estabas haciendo en realidad?”
Dejando que las manos le resbalaran por la cara, suspiró explosivamente, intentando actuar más calmado y más molesto que otra cosa. “Papá, estaba viendo porno,” insistió.
El sheriff le observó durante unos cuantos segundos, luego suspiró y miró su reloj, sacudiendo la cabeza. “Mira, tengo que irme, pero vamos a hablar de esto después.”
Inmediatamente a Stiles le entró el pánico cuando su padre se dio media vuelta, a punto de cruzar la puerta. Stiles se propulsó de su silla y cruzó la habitación, agarrando el brazo de su padre y tirando de él, con el hombre más mayor pegando un brinco antes de girarse hacia él, confuso.
“Espera, ¡¿me estás abandonando?! ¡¿A dónde vas?! ¡¿Por qué?! ¡No me puedes dejar aquí solo!”
El sheriff le miró exasperado. “Stiles, tienes veintidós años. Estoy seguro de que puedes arreglártelas una noche solo, considerando que cuando estabas en el instituto, no podías contener la alegría las noches en las que trabajaba hasta tarde.”
“¡Eso era en el instituto! ¡Esto es ahora! ¡¿A dónde vas?!”
“A la comisaría. Han encontrado otro cadáver.”
A Stiles se le heló la sangre. “¿Si?”
“Otro ataque de un animal, por lo que pueden observar.” Stiles sabía que su padre solo se lo estaba contando porque si no su hijo lo investigaría por su cuenta. Era notorio por meter las narices en donde no le llamaban.
¿Y si era el Hombre lobo? Pero--claro...habría matado a Stiles. Y no lo ha hecho.
Aún no, al menos.
Y toda su defensa estaba a punto de salir por la puerta principal, dejándole solo en casa. Sin armas. Vulnerable.
“Pero--¡¿Y si pasa algo?! demandó Stiles, tirando con más fuerza del brazo de su padre.
“¿Por qué iba a pasar algo?” Ahora el sheriff parecía desconfiado.
“¡No lo sé!” Stiles le soltó para hacer aspavientos con los brazos. “¡¿Pero y si ocurre algo?!”
“Entonces llamas a la policía.”
“¡Pero estarás muy lejos!”
Ambos se quedaron en silencio durante un momento, con su padre lanzándole su usual mirada penetrante. Era una que había dominado hacía años, y que ahora usaba siempre que Stiles estaba escondiendo algo. Normalmente, Stiles cedía.
Hoy, no podía hacerlo. No podía ceder. ¡Este era su padre! ¡Si el Hombre lobo estaba escuchando, no iba a llegar a su padre!
“Stiles,” dijo, muy quedamente, “¿Qué está pasando?”
Durante un segundo, Stiles casi pensó en que igual se lo decía. Pensó en simplemente soltarlo todo, dejándole saber que los Hombres lobo eran reales, y que quizás eso era lo que había matado a esa gente en el bosque. Abrió su boca para hacerlo, admitir todo, rogarle que se quedara, pero todo en lo que podía pensar era en que su padre no le creería. En su padre rodando los ojos, saliendo por la puerta, y siendo asesinado por el hombre lobo por conocer su secreto, pese a que el sheriff no le creía.
Así que en vez de eso, dijo, “¡Nada! ¡Es que no quiero quedarme solo con mi porno!”
Las cejas de su padre se alzaron y Stiles pensó en lo que había dicho durante un segundo antes de hacer una mueca.
“Si, eso ha sonado mal.”
Suspirando, el sheriff miró de nuevo la hora, y luego miró a su hijo. “Buenas noches, Stiles. Te veré mañana.”
Stiles notó como aumentaba el pánico una vez más, pero no intentó detenerle de nuevo. Se limitó a salir a trompicones detrás de él y bajando por las escaleras y siguiéndole hasta la puerta. La cerró con llave detrás de él, mirando a su padre hasta que el hombre se montó en su coche patrulla y arrancó.
Algo crujió detrás de él y Stiles se giró de golpe con un grito, pero no había nada ahí. Solamente las maderas de la casa asentándose.
“Oh, estoy tan muerto,” susurró, comprobando tres veces que la puerta estaba cerrada antes de correr hasta su cuarto.
******************
Stiles no durmió esa noche. Ni siquiera un parpadeo. Había estado tan nervioso y preocupado por si algo iba a por él en mitad de la noche que se había quedado tumbado en la cama y se había levantado cada vez que escuchaba un ruido sospechoso.
Cuando sonó su alarma para ir a trabajar, tuvo que obligarse a salir de la cama. Se duchó en un intento de espabilarse, se vistió, y luego se quedó de pie frente a la puerta principal buscando algo sospechoso en la calle.
Cerró la puerta con llave lo más rápido que pudo, y luego corrió hasta su Jeep, sintiéndose mejor una vez que estuvo detrás del volante de su coche. Girando, se dirigió a las afueras del pueblo, en donde una gran compañía de alquileres de coches se asentaba sobre una gran parcela. Solía pertenecer a los Hale--la parcela, no el concesionario--pero se lo prestaron a varios negocios cuando comenzó a aumentar el turismo en Beacon Hills. Su reserva era una de las más bonitas del estado, y rivalizaba con la de otros estados en general. Había líneas de autobuses que llevaban a la gente del aeropuerto a Beacon Hills, pero una vez que la gente llegaba al pueblo, se daban cuenta rápidamente de que era difícil moverse por la zona, y ahí era en donde entraba su trabajo.
Había empezado a trabajar aquí en el verano antes de su último curso en el instituto, y continuó haciéndolo cuando entró en la universidad. Para cuando se graduó con un doble grado en Negocios y Ciencias Informáticas, le ascendieron a manager. Sabía que esto no era lo que quería hacer con su vida, pero no tenía el dinero suficiente como irse a otro sitio, en donde estaban los buenos trabajos. Por ahora, estaba satisfecho con vivir con su padre, echándole un ojo, y ahorrar dinero para el dinero que de verdad quería.
Abriendo el negocio, fue a la trastienda para preparar todo el papeleo, y escuchó unos golpes en la puerta principal. Miró a las cámaras que había a su izquierda y vio a Isaac Lahey, uno de sus empleados, así que regresó a la parte delantera y abrió al puerta.
“Estás hecho una mierda,” le informó, mirando a Stiles con preocupación. “¿Has dormido algo anoche?”
“No,” masculló Stiles, dando media vuelta para regresar a la oficina. Estaba arqueando las cajas y comprobando las reservas del día cuando la otra persona que estaba en este turno apareció. Isaac la dejó entrar, y les escuchó hablar y bromear mientras encendían los ordenadores y preparaban los letreros.
Stiles sacó las cajas registradoras y las preparó, ignorando los comentarios de Erica Reyes de que estaba hecho una mierda, y luego regresó a la oficina. Tenía que hacer unos seguimientos de vehículos y llamó a unas personas que habían tenido sus coches más días de los que habían firmado.
Una de las llamadas que hizo fue contestada por el ayudante del sheriff Haigh, y Stiles tuvo que informar al propietario--con un nudo en el estómago--de que uno de los coches había sido incautado por la policía después de que lo encontraran cerca de la reserva. La persona que lo había alquilado aún no había sido encontrada.
“Dicen que han sido lobos,” dijo Isaac cuando Stiles salió de la oficina un rato después. “Han intentado mantener el silencio sobre los cadáveres, pero lo han sacado en las noticias esta mañana.”
Lobos. Stiles no quería pensar más en lobos. Estaba tan cansado que quería insistir en que estaba enfermo e irse a dormir en la trastienda.
No sabía si Isaac y Erica habían notado que estaba quedándose dormido de pie, o si simplemente estaban buscando una razón para librarse de él ya, pero Vernon Boyd apareció dos horas antes de que acabase el turno de Stiles y se ofreció a sustituirle.
Stiles podría haberle besado. No lo hizo, pero podría.
Recogió sus cosas y fue hasta el Jeep, pero incluso cuando se montaba, sabía que iba a tener un accidente si conducía hasta casa así de cansado, así que abrió un poco una ventana y se echó la siesta en los asientos de atrás. Se despertó tres horas después cuando Boyd golpeó en la ventana para preguntar si estaba bien.
Sintiendo que estaba menos predispuesto a caerse muerto, Stiles se fue a la parte delantera y se dirigió a la casa de Scott. Su amigo tenía el día libre, así que Stiles entró en su casa, sintiendo que tenía que tener una charla con él sobre seguridad teniendo en cuenta, ya sabes, lo de los Hombres lobo y todo eso. Que tampoco era que pudiera hablarle a Scott de lo de los hombres lobo, específicamente.
“¿Te encuentras bien?” preguntó Scott cuando Stiles apareció en su cuarto, yendo directo a la cama y cayéndose sobre ella. Scott había puesto en pausa el juego y se había girado para mirarle, con la preocupación en el rostro.
El bueno viejo Scott. Si que se preocupaba.
A veces.
“Necesito echar una cabezada.”
“¿Y entonces por qué has venido?”
“Mi casa apesta.”
“¿Qué?” Scott frunció el ceño. “¿Por qué apesta tu casa?”
“No lo sé, simplemente lo hace.” Stiles no tenía la energía suficiente como para pensar en una mentira mejor, y esperaba que Scott lo dejara estar para que pudiera dormir.
Lo hizo, regresando al juego, y Stiles durmió durante unas horas más antes de que Scott le despertara para que pudieran ir a cenar. Se dirigieron al Jeep, y cuando se sentaron en el restaurante para comer algo, Stiles casi escupió su agua cuando se abrió al puerta.
“Hostia puta,” consiguió decir, una vez que el agua estaba a salvo fuera de su boca. “¿Es ese--?”
Scott giró de golpe la cabeza mientras la camarera decía excitada el nombre del hombre y le daba un enorme abrazo. Él sonrió, devolviendo el abrazo, ambos acunándose de lado a lado.
“Derek Hale,” exhaló Stiles, la boca abierta de par en par. “No puedo--hostia puta, Scott, ¡es Derek Hale!”
“No ha regresado aquí desde que acabó el instituto,” coincidió Scott, ambos mirando a la camarera y a uno de los hombres más ricos del pueblo hablando entre sí. La verdad es que Stiles no conocía a la camarera, era una chica que se había transferido al instituto en el último semestre del último año. Era bastante reservada, y aunque Scott había intentado acercarse a ella, Allison Argent había dejado muy claro que solamente quería que la dejaran sola.
Pero aparentemente ella y Derek Hale se conocían bien, porque se cogió su descanso casi inmediatamente y ambos se fueron a sentar en una esquina recóndita.
“Me pregunto que hace de nuevo en el pueblo,” dijo Scott frunciendo el ceño. “Pensaba que no le gustaba Beacon Hills.”
Stiles se encogió de hombros. “Lo del escándalo está prácticamente olvidado. Probablemente quería hacer una visita a sus amigos.”
Había habido muchos rumores en el aire sobre Derek Hale cuando había estado en el instituto. Muchos eran sobre la muerte de su novia, Paige Krasikeva, y aunque le habían soltado y declarado inocente de aquello, era algo que le había perseguido durante el resto del curso académico. Tampoco había ayudado en nada su relación con una de las profesoras, Jennifer Blake, en su último año. Se decía por ahí que les habían pillado teniendo sexo varias veces, pero nadie había dicho nada, probablemente sobornados por el Hale, hasta que su hermana mayor le había pillado.
Derek se había pasado el resto de su último año siendo escolarizado en casa, y se había ido a la universidad justo después a Inglaterra.
Seguía estando cerca de su familia, y había seguido la tradición familiar de ser uno con la naturaleza y todo eso, pero mucha gente de Beacon Hills seguía pensando que era un adolescente rebelde, sin respeto alguno por la gente, y con una vena un tanto borde.
Si que tenía ese aspecto de ‘chico malo’ a su alrededor, si Stiles era sincero. Caminaba con botas militares, vaqueros apretados, y una chaqueta de cuero. Aunque su pelo estaba peinado con estilo, su la barba retocada, seguía exudando esa actitud de ‘soy un rebelde’, sin mencionar que tenía un bonito Camaro aparcado afuera del restaurante.
Stiles se preguntó de forma distraída si no sería él la persona que Talia Hale había mandado para mirar lo de las muertes en la reserva.
Lo que le hizo pensar en el trabajo de Scott y dejó de mirar a Derek Hale.
“Ey, ¿ya ha llamado mi padre a Deaton?”
“Mm hm,” dijo Scott, sorbiendo su refresco y luego posándolo. “Anoche. Los polis piensan que son lobos.”
“¿Y qué cree Deaton?” preguntó Stiles, notando como su corazón iba a mil. “¿Son lobos? Quiero decir, no digo que no puedan serlo, pero-pero ¿lo son?”
“No hay lobos en California,” insistió Scott con un suspiro, como si hubiera estado diciendo esas palabras repetidamente todo el día. “Y no tengo permitido hablar del caso.”
“No tienes que hacerlo,” insistió Stiles, inclinándose hacia delante. “No me digas nada. Excepto si cree o no si son lobos.”
Scott le miró raro y Stiles le hizo señas para que hablara. A Stiles le daba igual si era un asesino en serie al que le iba el canibalismo, eso no era lo que quería saber. ¡Lo que quería saber era si eran putos lobos porque no quería que le matase un Hombre lobo!
Suspirando y finalmente cediendo después de la insistencia de Stiles, Scott miró alrededor y se echó hacia delante para acercarse. “No cree que sean lobos. Cree que es alguna clase de felino salvaje, como un lince, o un león de montaña. Han traído a un experto de fuera del pueblo y él no opina lo mismo así que ha habido mucho debate sobre ello.”
“¿Y tú qué opinas?” preguntó quedamente Stiles.
“Creo a Deaton. No creo que sean lobos.”
Stiles sintió como se le quitaba un enorme peso de los hombros ante eso, frotándose la cara y reclinándose en su asiento. Igual el Hombre lobo era igual que Stiles. Había estado en el lugar y momento equivocado. Por lo que él sabía, el Hombre lobo igual había pensado que Stiles era el que estaba matando a los senderistas, pero cuando le vio correr por su vida como un poseso, probablemente se dio cuenta de que Stiles era inofensivo.
Exceptuando que puede desvelar su secreto.
La camarera que había estado con Derek Hale había vuelto al curro mientras Stiles había estado intentando calmar su errático corazón, y regresó para rellenar sus bebidas, preguntando si estaban listos para pedir ya. Stiles pidió un sandwich con algunas patatas, y Scott pidió un plato de pasta.
Stiles no confiaba en los platos con lácteos de los restaurantes, eran una receta para el desastre en el baño más adelante.
Mientras esperaban a que llegara su comida, se le ocurrió algo y dijo, “Ey, ¿sabes donde puedo conseguir ceniza de montaña?”
Scott le miró en blanco. “¿Eso qué es?”
“No lo se, una clase de árbol, o algo así. Pero en plan…¿un árbol no? Lo quiero, en plan, ¿en polvo?”
“¿Un polvo?” Scott frunció el ceño. “¿Por qué?”
“Para hacer que la gente estornudo en el Día de los Inocentes, ¿a quién le importa, Scott?” Stiles alzó las manos al aire. “Simplemente necesito un poco, ¿vale? ¿Sabes donde puedo conseguirlo?” Hizo una pausa durante medio segundo antes de resoplar. “Pues claro que no, ni siquiera sabías lo que era.”
“¡Ey!” Scott le miró mal. “Cierra el pico.”
“Bonita reprimenda, Scotty.”
Su amigo rodó los ojos, pero pensó durante un momento. “Bueno, ¿no es, en plan, una mierda mística y mágica? Suena a que es una mierda mística y mágica. Ya sabes que a la madre de Kira le va todo eso, ¿no? Igual tiene algo en su tienda.”
“Esa tiene cosas, en plan, bolas de cristal y cuchillos,” insistió Stiles. Lo cual seguía siendo raro. Muy muy raro. ¿Quién tiene bolas de cristal al lado de espadas con aspecto maligno y cuchillos de lanzar? ¿Quién hacía eso?
La madre de Kira, aparentemente.
Scott había sacado su móvil y estaba mirando la página web de dicha mujer. “¿Es esto?”
Stiles le cogió el móvil, y achicó los ojos para ver la foto. No sabía qué aspecto tenía que tener la ceniza de montaña, pero había un pequeño frasco a la venta en su tienda. Un frasco por once pavos con noventa y nueve centavos.
“¿Sigue abierta la tienda?”
Scott negó con la cabeza, sorbiendo de su refresco de nuevo. “Nah, cierra a las cinco.”
“¿Crees que haría una excepción por el mejor amigo del novio de su hija?”
“¿Por qué necesitas esto tanto?” inquirió Scott, recuperando su móvil mientras regresaba su camarera.
“Ya te lo he dicho, no importa. Simplemente lo necesito, ¿vale?”
“¿Pero qué hace la ceniza de montaña?” preguntó Scott cuando la chica se paró justo donde ellos.
“¿Por qué estáis buscando ceniza de montaña?”
Ambos pegaron un brinco en el sitio y se giraron para mirarla tras el tono brusco de su voz. Sus ojos estaban fijos en Scott, asesinándolo con la mirada mientras sostenía sus platos en cada mano.
“Yo no, lo quiere él.” Scott señaló a Stiles.
Como el jodido traidor que era.
La mirada asesina ahora estaba dirigida a él.
“Estoy plantando un jardín,” soltó Stiles precipitadamente.
“Pero pensaba que había dicho que querías el polvo, y no la--”
“¿Es esa nuestra comida?” interrumpió Stiles a Scott, cogiendo su sándwich. “Tiene una pinta estupenda. Muchas, muchas gracias. Gracias por traerlo.” Se lo cogió de la mano y lo posó en la mesa.
Ella mantuvo una mirada sospechosa sobre él mientras posaba la comida de Scott, y luego miró al fondo del restaurante antes de irse.
Stiles notó como empezaba a sudar por la espada y metió un buen pedazo de comida en su boca para evitar responder la pregunta de Scott. Ya no quería hablar más de esta mierda. Solo quería sentirse a salvo en su casa, eso era todo.
El Hombre lobo le daba igual, siempre y cuando le dejara solo.
****************
Stiles compró cinco frascos de ceniza de montaña antes de comenzar su turno al día siguiente. Guardó uno en su coche, solo por si acaso, y el resto los dejó en casa. Lo primero que hizo cuando llegó a casa fue crear una línea de ceniza de montaña alrededor de su cuarto. No creía que fuera a salirse con la suya si lo hiciera en el cuarto de su padre, pero si que puso un poco cerca de la puerta de su cuarto, y por las cornisas. Solamente esperaba que su padre no lo notara y lo limpiara.
El resto de los frascos los usó en cada puerta y ventana de la casa. Cuando le quedó un poco, fue a donde Scott y empezó a hacer lo mismo en su cuarto mientras el otro no miraba. Aún le quedaba un poco, pero eso se lo guardaba para sí en caso de necesitarlo.
Hasta el momento, era el tercer día desde la última vez que había visto al Hombre lobo. O bien había seguido a Stiles lo suficiente como para darse cuenta de que no había dicho ni mu, o bien estaba esperando que Stiles bajara la guardia.
No lo iba a hacer. Estaba determinado a no morir, ¡así que iba a seguir manteniendo la guardia bien arriba!
Eso empezó a ser más difícil después de que no pasara nada durante una semana. Seguía pegando brincos cuando estaba solo en casa, y seguí comprobando las sombras en caso de que hubiera animales acechando, pero aparte de eso se sentía mejor. Más seguro, también, con la ceniza de montaña. Su padre aún no lo había notado, así que estaba manteniendo a salvo su casa por el momento.
Después de dos semanas, las cosas iban mejor. Más calmadas, incluso. Habían terminado las muertes en la reserva, aunque eso era más que nada porque ya no se le permitía la entrada a la gente. Los Hale habían decidido cerrarla temporalmente hasta que atrapasen al animal responsable de los ataques.
No iban a matarlo, dijeron. Si no a atraparlo.
Stiles estaba sintiéndose incómodo por la cantidad de veces que su padre iba a la reserva, pero sabía que solamente era para hablar con Derek Hale. Aparentemente, él era la persona que había enviado para control de animales. Stiles se preguntaba si quizás era alguna clase de domador de animales, como Steve Irwin, pero su padre no le decía nada de Derek.
No quería que Stiles metiera las narices en donde no le llamaban, lo cual era justo.
Excepto que por otro lado no lo era, y de todos modos Stiles nunca hacía caso a su padre.
Después de casi tres semanas después de su aciago encuentro con el señor Hombre lobo, Stiles estaban mucho más calmado y se sentía más cómodo en su entorno. Mantuvo su promesa, no se lo había dicho a nadie, y no había visto ni piel ni pelo de su amigo el cambia formas desde su encuentro en los bosques. Se sentía bien de nuevo con su vida.
Lo cual explicaba por qué, después de esas tres semanas, cuando Scott insistió en que necesitaba unas flores especiales para Kira otra vez, reclutó la ayuda de Stiles, y él, como un memo, aceptó.
Y fue así como Stiles se encontró vagando por la reserva buscando una puta flor.
Otra vez.
Pero no atravesó la cinta policial para entrar a lo más hondo del bosque. Ninguno de los ataques había ocurrido cerca del pueblo, si no bien pasados los senderos, así que Stiles sabía que siempre y cuando permaneciera cerca de la carretera y se mantuviera en el camino, estaría bien.
Y lo estuvo, ciertamente. Durante horas, incluso. Había estando dando vueltas, con el móvil en la mano mostrando una foto de la flor, y había llegado a un claro cuando se congeló en el sitio.
Había un hombre agachado al otro extremo del claro, con una mano presionada contra el suelo y la cabeza ladeada. Estaba vestido, lo cual era un alivio, y Stiles necesitó unos pocos segundos para darse cuenta de que era Derek Hale.
Debe de haberse acercado a una de las propiedades de los Hale, considerando que sabía que Derek se estaba quedando en su casa. Stiles no se había dado cuenta de que había caminado tan lejos, aunque sabía que aún estaba en la zona segura.
Durante un segundo, se debatió entre si irse sin decir nada o no, pero para él que eso sería sospechoso. Pero no quería molestar a Derek Hale. Es que era Derek putísimo Hale.
Stiles aún estaba dándole vueltas al tema cuando Derek se puso de pie, se limpió los vaqueros, y se giró para mirarle directamente. Stiles se quedó congelado, con la boca abierta de par en par como un idiota.
Dios este tio era magnífico. Stiles había visto mucha gente atractiva en su vida, pero lo de este tío era...era como una estatua Griega tallada en mármol o algo. Stiles quería lamerle la piel.
Su deliciosa piel bronceada, que claramente era visible puesto que hoy no llevaba su chaqueta de cuero. Solamente llevaba una camiseta blanca ajustada, que no hacía nada para esconder esos músculos debajo de la fina tela, y Stiles estaba más que dispuesto a ponerse de rodillas para rogarle una puta oportunidad para poder tocarle. Solo una vez. Solo una vez.
“Aquí no están permitidos los turistas,” dijo Derek en voz alta, caminando hacia él lentamente, con el ceño fruncido. “Ha habido ataques de animales, ¿no has visto los letreros?”
“No,” dijo Stiles, y luego sacudió rápidamente la cabeza. “Quiero decir, si, los he visto. Pero no, no soy un turista. Soy de aquí. Stiles.” Alargó la mano. “Stiles Stilinski.”
“¿Stilinski?” Derek frunció el ceño, acercándose más, y luego pareció que lo pilló. “El hijo del sheriff.”
“Sip, ese soy yo.” Su mano aún estaba en medio, y casi la dejó caer antes de que Derek moviera la suya y se la estrechara.
“Derek Hale.” Le soltó, y Stiles no se iba a lavar esa mano en la vida. “Considerando quien es tu padre, deberías de saber más que nadie que no deberías estar por aquí.”
“Me he asegurado de no atravesar la cinta policial,” insistió Stiles, señalando a su alrededor.
“La cinta policial está a tres kilómetros.”
“¿Qué?” Stiles frunció el ceño y se dio la vuelta, como si pudiera ver la cinta amarilla policial a través de los árboles. “¿Estás seguro? He tenido cuidado de no atravesarla.”
“Estoy seguro.” Derek suspiró y señaló hacia la izquierda. “Venga, vamos a llevarte de vuelta a la carretera. Te llevo yo en mi coche.”
A Stiles le podrían atacar ahora mismo, y le daría igual. ¿Que le iba a llevar Derek Hale? ¿En su Camaro? ¡Los sueños sí que se hacían realidad!
Se apresuró a seguir el ritmo de las largas zancadas del otro, viendo como los ojos de Derek se movían de un lado a otro. Giraba la cabeza de vez en cuando, como si hubiera escuchado algo, y se aseguraba de que Stiles estuviera a su lado. Una de sus manos incluso se movió para posarse en la baja espalda de Stiles, como para asegurarse de que se movía y de que estaba cerca.
De verdad que Stiles podía morirse feliz allí mismo.
“Así que, uh, ¿qué andas haciendo tú por aquí?” preguntó Stiles, sorteando un árbol caído con algo de dificultad. Derek Hale se limitó a saltar por encima como si no fuera nada.
Dios es que era perfecto, Stiles quería chupársela ahí mismo.
“Soy geólogo,” le informó Derek, manteniéndoles en movimiento.
Stiles se giró para mirarle boquiabierto. ¿Un geólogo? ¿Eso era lo que el rico y famoso y atractivo Derek Hale hacía para ganarse el pan? ¡¿Miraba rocas?!
“¿No eres demasiado caliente?” espetó Stiles antes de poder detenerse. Derek se giró para mirarle raro y Stiles señaló apresuradamente hacia el cielo. “El clima, quiero decir. El caluroso clima. Hace calor. Con eso de que ya casi es verano y todo eso.”
“No me importa el calor,” dijo Derek, apartando algunas ramas del camino y señalando a Stiles para que las atravesara primero antes de seguirle. “Es un trabajo interesante. Me gustan las rocas.”
“Oh, a mí también,” coincidió Stiles, asintiendo con firmeza cuando el otro volvió a caminar a su lado. “Particularmente mármol, del que pareces estar hecho.”
Derek se giró hacia él bruscamente, con las cejas desapareciendo entre su cabellera. “¿Que?”
“¿Qué?” repitió Stiles.
¡¿De verdad le acaba de decir eso a Derek Hale?! ¡Dios, quería morirse!
Derek se limitó a mirarle durante un segundo, y luego volvió a mirar al frente de nuevo. En momentos como este Stiles habría empezado a parlotear, pero ya había hecho el ridículo, y no quería decir nada que lo empeorase. Así que caminaron en silencio hasta que atravesaron la línea de los árboles y entraron en otro claro.
Este tenía una casa de aspecto impresionante, pintada de blanco con ventanas de azul oscuro. Tenía dos pisos, y debía de tener por lo menos cinco habitaciones, con un porche delantero y otro trasero. Parecía que había una piscina en la parte de atrás, pero atravesaron el lateral de la casa demasiado deprisa como para que estuviera seguro. Siguió a Derek hasta el Camaro, intentando no hiperventilar.
Lo abrió con el click de un botón y Derek se deslizó de manera fluida en el asiento del conductor. Stiles entró más lentamente, con las manos deslizándose por el inmaculado trabajo de pintura y luego por el cuero de dentro. El coche estaba como una sauna por haber estado al sol, pero Derek encendió el aire acondicionado en cuando Stiles cerró la puerta.
Se pusieron los cintos y Derek condujo por el pequeño camino que conducía a otro más largo, el cual al final acabaría en la carretera principal. Stiles había aparcado el Jeep en uno de los parkings de la reserva, y le dijo a Derek en cual una vez entraron en el camino más largo.
“¿Qué estabas haciendo en el bosque, de todos modos?” le preguntó Derek, mirándole antes de volver a posar la vista en la carretera.
“Buscaba una flor para mi amigo.” Suspiró Stiles. “Tiene una novia a la que le gustan cosas místicas raras, y ella quería una flor específica para algo. Mi colega está trabajando, así que le dije que se la conseguiría yo.”
“¿Es que la petición de tu amigo merece que pierdas la vida?” preguntó Derek, su tono de voz endureciéndose ligeramente. “Ha muerto gente.”
“Pensaba que aún estaba en la parte segura,” insistió Stiles. “Además, tú estabas ahí fuera. ¿Qué diferencia hay cuando eres tú?”
“Yo he crecido en estos bosques,” le rebatió Derek. “Yo estoy bien.”
“Si tú lo dices.” Stiles se encogió de hombros y miró por la ventana. No quería discutir con Derek Hale. Si casi estaba cachondo perdido por estar en su puñetera presencia.
Condujeron en silencio durante unos momentos antes de que Stiles se girara para mirarle. “¿Tú qué crees que es?”
“¿El qué?” preguntó Derek.
“El animal. Ese del que todo el mundo discute.”
“¿Tú que crees que es?” Derek se giró hacia él brevemente.
Stiles se encogió de hombros. “No lo sé. Algo grande.”
“¿Como un lobo?”
La pregunta le hizo pensar en el Hombre lobo que había visto hacia tres semanas--que no es que se haya olvidado o algo, pero Derek era una distracción. Mucha gente pensaba que era un lobo, pero si era el Hombre lobo, ya habría matado a Stiles, para empezar, y además, no habría sido disuadido por el hecho de que la policía evitara que los senderistas fueran a la reserva. Si su objetivo era matar, el hombre lobo podría literalmente atraer a la gente a cualquier parte de los bosques, y matarles. No había pasado nada desde que la policía había puesto la cinta, avisando y manteniendo a la gente lejos de las partes más profundas del bosque.
“No,” dijo finalmente Stiles. “Un lobo no.”
“¿No crees que sea un lobo?” preguntó Derek, sorprendido. “Todo el mundo lo cree.”
Stiles se volvió a encoger de hombros. “Los lobos son animales de manada. Normalmente no están solos, y no atacarían a nadie a no ser que tuvieran la rabia o se vieran amenazados. Si fuera un lobo con la rabia, ya le habría visto alguien a estas alturas, puesto que unos vehículos pasando por la carretera no le frenarían. Si se hubiera visto amenazado, las muertes habrían ocurrido en una sola zona, pero no ha sido así. Probablemente es algo más grande, como un puma o algo así.”
“Huh.”
No sabía qué significaba ese sonido, pero Stiles se giró para mirar a Derek. El otro parecía pensativo, como si no hubiera esperado que Stiles supiera tanto sobre lobos.
La verdad sea dicha, no lo hubiera sabido hace unas semanas. Ahora estaba mucho más informado sobre los lobos. Y seguía manteniendo su creencia de que detrás de todo esto no estaba el Hombre lobo. Aún no había ido en busca de Stiles, y tenía todos los motivos para estar nervioso o preocupado por el hecho de que un estúpido humano conocía su secreto.
Estaba seguro de que fuera lo que fuera esto, no era el Hombre lobo. Demonios, incluso el Hombre lobo estaba intentando encontrar a lo que fuera que estaba matando a esta gente. La verdad es que ese era un pensamiento bonito.
“A la gente no le suelen gustar los lobos.”
“¿Qué?” preguntó Stiles, habiéndose perdido en sus pensamientos.
“He dicho que a la gente tiende a no gustarle los lobos,” repitió Derek, sus manos apretándose en el volante. “Los atacan sin razón alguna. Los lobos solo quieren que les dejen en paz.”
Stiles asintió, mirando de nuevo al frente. “Me lo creo. Pero son muy bonitos. Tu hermana a veces les saca fotos. A los lobos, quiero decir.”
Una sonrisa curvó levemente la comisura de los labios de Derek. “¿Te gustan las fotos de mi hermana?”
“Pues sí,” afirmó Stiles con una sonrisa. “Pero ni la mitad de lo que me gustan los cuadros de tu otra hermana. Son preciosos. Siempre he querido comprar uno.”
“¿Y por qué no lo haces?” inquirió Derek, girando hacia el parking en donde estaba el Jeep de Stiles.
“Uh, ¿no estoy hecho de dinero y cuestan miles de dólares?” preguntó Stiles, riéndose nerviosamente. “Quizás un día, si me caso con alguien forrado de dinero o consigo hacerme rico yo. Pero hoy no.” Se giró para mirar a su Jeep, haciendo una ligera mueca de dolor. Parecía un pedazo de mierda al lado del hermoso Camaro de Derek, pero el otro no dijo nada sobre ello.
“Lamento escuchar que sus pinturas sean demasiado caras para ti,” dijo Derek. “Supongo que no lo tuvo en cuenta cuando empezó a venderlos. Igual puedo hablar con ella para que baje los precios para que la gente como tú se lo pueda permitir.”
“Nah, no pasa nada,” dijo Stiles, aunque le había emocionado un poco el comentario. Dudaba de que Derek fuera sincero, pero incluso fingiendo que le importaba era algo bonito. “Trabaja duro en ellos, bien merecen lo que pide por ellos. Solamente, ya sabes, es un poco decepcionante para la gente pobre como yo.” Se giró para abrir la puerta y salió del coche. “Gracias por traerme.”
“Espera,” dijo Derek antes de que pudiera cerrar la puerta. “La flor. La que tu amigo quiere. ¿Cual es?”
“Oh, una genciana.” Stiles sacó su móvil del bolsillo y abrió la foto, mostrándosela a Derek. “No la venden en las floristerías de aquí. Aparentemente hay unas cuantas en la reserva, pero no he encontrado ninguna.”
“Bueno, estaré atento por si las veo, y de ser así, puedo llevártelas a la comisaría.”
El corazón de Stiles dió un vuelco. “No tienes que hacer eso por mí.”
“No es problema. De todos modos he estado hablando con tu padre sobre los ataques de animales de estos días. Si encuentro alguna, las llevaré.”
“Gracias,” dijo de golpe Stiles, notando como se sonrojaba. “¡Muchísimas gracias! Es muy amable por tu parte.”
“Es más bien para que no te acerques al bosque.” Derek le miró significativamente. “Ve a casa, Stiles. E intenta no meterte en problemas.” Movió la mano para coger unas gafas de sol del salpicadero y se las deslizó por la nariz. “Pareces la clase de chico que se mete en muchos líos.”
Puede que Stiles se haya corrido allí mismo. Derek Hale era tan jodidamente guay, y atractivo como nadie, ¡y Stiles solo quería chupársela! ¡Maldita sea!
“Gracias por traerme,” se obligó a decir Stiles, la voz más chillona de lo normal, y cerró la puerta.
Caminando deprisa hacia su Jeep, se subió y observó como Derek esperó a que arrancase el motor y condujese antes de hacer lo mismo, en dirección contraria.
Sabiendo que si padre le mataría si se enterara, Stiles decidió que merecía correr el riesgo y sacó el móvil, llamando a Scott. Lo puso en altavoz y posó el móvil sobre su regazo.
“Ey, ¿las has encontrado?”
“¡He conocido a Derek Hale!” soltó Stiles, con una sonrisa ancha en la cara. “¡He conocido a Derek Hale, y hemos hablado, y hemos caminado juntos por el bosque, y me ha llevado al Jeep en su coche, y me ha tocado la zona baja de la espalda, y nunca más voy a lavar mi mano derecha en la vida!”
Hubo un breve silencio, y luego, “¿Qué?”
“¡Venga ya, Scott!” Stiles sacudió ligeramente el volante, con un gimoteo en la voz. “Yo me emociono por tí cuando tú te me pones sentimental con Kira. Déjame que me ponga modo fanboy con Derek un poco. Es super atractivo en persona, no me extraña que todo el mundo quiera salir con él. Quería bajarme los pantalones y que me tomase allí mismo en el bosque.”
“No necesitaba saber eso. Además, es un poco maleducado por tu parte, que te guste solo por su aspecto.”
Stiles rodó los ojos. “No le conozco lo suficientemente bien como para tener una opinión de él como persona, Scott. No me arruines esto.”
“Voy a suponer que no tienes las flores.”
Oh Scott. Que altruista. Que considerado.
“No, Scott, no tengo las flores. Te acuerdas de que han matado a gente en ese bosque recientemente, ¿verdad?”
“No ha habido un ataque en días, lo que quiera que fuera probablemente ya se ha ido.”
“Menuda preocupación por tu mejor amigo,” suspiró Stiles. “De todos modos, tengo que irme. Mi padre va a querer cenar antes de irse a trabajar.”
“Hablamos más tarde, Stiles.” Scott sonaba decepcionado, y esa parte ‘ansioso por complacer’ de Stiles estaba triste por no haberle conseguido las flores. Pero otra parte estaba algo frustrada, porque Scott estaba siendo un poco egoísta. Stiles siempre se emocionaba por él y su novia, lo menos que Scott podía hacer era fingir que le importaba.
Intentó no pensar demasiado en ello mientras llegaba a casa. Le cayó un buen rapapolvo cuando llegó porque aparentemente Parrish le había visto salir de la reserva con el coche y se lo había contado a su padre, como un soplón. Stiles le prometió que no había cruzado la cinta policial, pero mientras hacía la cena llamó Derek Hale para asegurarse de que Stiles había llegado sano y salvo a casa, y entonces su padre le pegó otro rapapolvo por haber mentido sobre no haber traspasado la cinta policial.
¡Lo cual no era culpa suya! ¡No lo había hecho a posta! ¡De verdad que había pensado que aún estaba dentro de la zona segura, era culpa de la policía por no asegurarse de que estuviera alrededor de toda la reserva!
La cena fue incómoda, porque su padre aún estaba enfadado, pero obviamente estaba intentando calmarse y tener una conversación normal con Stiles antes de irse a trabajar. Una vez se había ido, Stiles se fue a su cuarto y se tumbó boca abajo en la cama, enfadado con el mundo por haber jodido su felicidad de haber conocido a Derek Hale.
De verdad que era un hombre atractivo, pero Scott tenía razón. Stiles no sabía nada sobre él, y aunque había parecido bastante agradable durante el breve tiempo que habían pasado juntos, igual solamente estaba intentando dejar una buena impresión porque era el hijo del sheriff. Después de todo, tenía una reputación que mantener en Beacon Hills. Igual en secreto, él era el monstruo del bosque que mataba gente. Era sospechoso que hubiera aparecido justo cuando comenzaron las muertes. ¡Igual él era el caníbal que se estaba comiendo a los senderistas!
“Imagínate,” dijo Stiles a su almohada con un suspiro. “Encuentro a un tío cañón, y es un asesino en serie.”
Estuvo deprimido durante unos minutos más antes de aburrirse y levantarse de la cama. Encendió el portátil y comenzó a trastear en Tumblr por hacer algo, perdiendo el tiempo en varios foros y comprobando unas cuantas páginas webs sobre Hombres lobo.
Ya hacía rato que se había puesto el sol, ya estaba anocheciendo cuando su padre se fue para trabajar, así que ahora no se veía un pijo desde la ventana de su cuarto.
Se estiró y se rascó el estómago, queriendo picar algo, así que se apartó del escritorio y fue hacia las escaleras, bajando por ellas y tarareando para sí. Acababa de entrar a la cocina, a punto de encender la luz, cuando escuchó un ruido en el jardín trasero.
Stiles se quedó congelado en el sitio, preguntándose si su apresurada retirada la última vez había impedido que el Hombre lobo le siguiera a casa, pero que esta vez con su más calmado viaje en coche le había delatado.
¡Oh Dios, estaba aquí para comerle!
Dándose la vuelta, Stiles corrió escaleras arriba, apresurándose tanto que casi se tropezó un par de veces. Alcanzó su cuarto y corrió hacia el armario, abriéndolo de golpe de par en par y buscando ahí un arma antes de encontrar un bate de baseball. Agarrándolo por el medio con una mano, dio media vuelta y corrió escaleras abajo, entrando dando un resbalón en el cocina, con el corazón martilleando en su pecho.
Dejó la luz apagada, levantando el bate por encima de su cabeza, y se acercó centímetro a centímetro a la puerta de atrás, echando una ojeada por la ventana. Al principìo no vio nada, sus ojos escaneando los árboles oscuros del jardín. Después de unos segundos, dos alfilerazos de luz azul brillaron a través de la oscuridad, mirándole directamente.
Stiles se olvidó de como respirar, observando conforme se movían los ojos, la figura acercándose con fluidez. Apenas podía ver al animal, con su pelaje negro fundiéndose con la tierra oscura entre sus grandes patas. El lobo sabía que estaba aquí, tenía que saberlo. Le estaba mirando directamente, con unos ojos azules brillantes y una mirada muy humana.
“Oh Dios,” exhaló Stiles, sintiendo como comenzaba a sudar por todo su cuerpo. “Por favor, no. Venga, no se lo he dicho a nadie. No lo he hecho.” No sabía si el lobo podía oírle, pero de todos modos estaba mayormente hablando para sí.
Bajó la vista hacia la ceniza de montaña, y esperó que aguantase. La verdad es que no sabía si iba a detener al Hombre lobo, llegados a este punto estaba tirando a base de fe.
Volviendo a mirar por la ventana, vio que el lobo había subido los escalones, acercándose a la puerta antes de detenerse. Stiles frunció el ceño, porque parecía que había algo en su boca, y cuando el lobo bajó la cabeza, Stiles estiró el cuello para ver. No pudo ver nada, pero un segundo después el lobo levantó la cabeza, con los ojos aún fijos en Stiles, y muy lentamente se alejó de la puerta. Una vez alcanzó las escaleras, se giró y se largó sin mirar atrás ni una sola vez, desapareciendo de nuevo entre las sombras del jardín.
Stiles esperó, observando la oscuridad. Después de unos minutos, finalmente encendió la luz del porche trasero. Iluminó casi toda la zona, y Stiles no vio nada parecido a un lobo en ningún lado del jardín en donde llegaba la luz.
Mantuvo un fuerte agarre en el bate de baseball con una mano, dejando salir el aire lentamente, y quitó el pestillo de la puerta. Le llevó varios segundos convencerse a sí mismo de abrirla, preocupado por si el Hombre lobo estaba acechando en un lugar donde no pudiera verle, pero finalmente soltó el aire de golpe y abrió de par en par la puerta, la mano volviendo rápidamente al bate para que pudiera golpear con él en caso de que fuera necesario.
Nada saltó hacia él. El jardín estaba quieto y silencioso.
Mirando hacia abajo, Stiles se sobresaltó cuando vio cinco gentianas justo ahí en frente de la puerta, con solo un puñado de babas entre los tallos.
El Hombre lobo había estado cerca cuando Stiles había estado hablando con Derek, y había oído lo que estaba buscando. Literalmente había ido a buscar las flores para él, y se las había traído directamente a su puerta.
“¿Pero qué…?” Stiles se agachó, recogiéndolas, y luego volvió a escanear el patio, completamente confundido. “Uh, ¿gracias?” No había pretendido que sonase a pregunta, pero estaba terriblemente confuso, y un poco extrañado.
Cerrando la puerta de atrás y volviendo a echar el cerrojo, miró a las flores, luego miró por la ventana una vez más antes de apagar la luz. Posando las gentianas en la mesa de la cocina, Stiles no pudo evitar sentir que estaba pasando algo raro.
Había descubierto a un tío convertirse en Hombre lobo, y ese mismo tío estaba ahora rondando por su jardín en forma de lobo, trayéndole flores que había dicho que necesitaba.
Su vida era oficialmente rara.
****************
El trabajo fue lento durante bastante tiempo una vez se anunció lo de los cadáveres de la reserva. Normalmente había un manager y otros dos trabajadores en cada turno, pero con las cosas tan lentas como ahora, solía ser un manager y un trabajador.
Stiles decidió enviar a Erica a casa más pronto de lo normal, porque literalmente había entrado una persona en todo el día, y no había registrada ninguna recogida en toda la tarde. A no ser que alguien se presentase inesperadamente, era más que probable que no hubiera más clientes hasta mañana.
Así que Stiles se encargó del mostrador el resto de las horas de su turno, cerrando diez minutos antes puesto que literalmente nadie había cruzado por la puerta en dos horas. No creía que al dueño le importase, y si lo hacía, le podía quitar diez minutos de paga al sueldo de Stiles.
Después de hacer el arqueo de cajas y guardar todo para el manager del turno de la mañana, apagó las luces y cerró con llave las puertas. Asegurándose de que estaban bien cerradas, se dirigió hacia el Jeep con la cada vez menos luz solar del día y se montó. Metiendo la llave en el contacto, la giró. El coche intentó arrancar, pero al final dio unas sacudidas y murió.
“No, venga,” gimoteó Stiles, habiendo tenido un día jodidamente largo. “Venga, no me hagas esto.” Lo intentó de nuevo. Y de nuevo. Y de nuevo.
Pero el coche no arrancaba.
Golpeando su cabeza contra el volante, con el claxon sonando brevemente por el golpe, gimoteó con más fuerza y soltó un gran suspiro. Sentándose bien de nuevo, sacó el móvil, llamó a Scott, y se lo puso junto a la oreja.
“¿Qué pasa?” dijo Scott después de dos tonos, aunque sonaba sin aire. Como si estuviera excitado.
Oh macho.
“Ey, mi coche no arranca, ¿puedes venir a recogerme? El taller está ya cerrado, así que no me pueden remolcar el coche con la grúa hasta mañana por la mañana y necesito que me lleven.”
“Uh, me encantaría, pero ahora mismo estoy esperando a Kira. Estamos a punto de ir al autocine.”
Sip. Sin aire por estar excitado. Porque todo el mundo sabe que la única razón por la cual la gente va al autocine es para tener sexo mientras suena a todo trapo una película de fondo. Estupendo.
“Colega, no pretendo cortarte el rollo, pero a lo máximo te llevará diez minutos pasarte a buscarme y dejarme en el pueblo.”
“Lo siento, Stiles,” dijo Scott, sonando de fondo una puerta abriéndose. “ No puedo. Te lo recompensaré para la próxima, ¿vale?”
“Espera, Scotty, yo--¿Scott? ¿Scott?” Stiles suspiró, porque su mejor amigo, el mejor colega en el mundo entero, acababa de colgarle.
Stiles estaba empezando a replantearse todo esto de ser mejores amigos.
Abriendo de nuevo sus contextos, suspiró y llamó a su padre. Sabía que estaba trabajando, pero no le quedaban muchas opciones.
El teléfono sonó. Y sonó. Y sonó un poco más. Colgó y llamó a recepción. Respondió Tara y le dijo que su padre había ido a atender un aviso porque Parrish ya estaba con otro, quien iba a ser la siguiente persona a la que iba a llamar Stiles. Sabía que Melissa, la madre de Scott, iría a buscarle sin dudarlo un segundo, pero estaba trabajando.
Sabía que Boyd, Erica y Isaac estaban en el cine con algunos amigos que no eran del pueblo, y Lydia estaba en la cabaña de su familia lo que quedaba de semana. Literalmente no tenía a nadie más a quien llamar.
A la desesperada, llamó al dueño del negocio de alquileres de coches para preguntar si podía tomar prestado un coche esa noche después de explicarle la situación. Aunque sonaba comprensivo, el dueño le dijo que no. Stiles no le culpaba, este era su modo de ganarse la vida, y si Stiles tenía un accidente, no había manera de que pudiera pagárselo al hombre.
Resignándose a su destino, se imaginó que su padre le devolvería la llamada y le recogería una vez regresara a su oficina, así que Stiles abrió la puerta del Jeep y salió, cerrándola detrás de él con molesta y cogiendo su bolsa de mensajero de la parte de atrás.
Después de asegurarse de que el Jeep estaba bien cerrado para pasar la noche, Stiles dio media vuelta y comenzó a recorrer el largo camino a casa. Probablemente le llevaría una hora, y tenía que caminar al lado de la reserva, pero no tenía muchas opciones. No tenían servicio de taxis en el pueblo, y tenía la esperanza de que su padre regresaría pronto y vendría a recogerle.
Stiles tuvo una discusión silenciosa con Scott en su cabeza de lo egoísta que se estaba volviendo desde que Kira y él comenzaron a ir en serio. Stiles lo pillaba, mayormente. Scott no había tenido una novia seria en toda su vida, solamente algunos noviazgos casuales. Kira era esa clase de personas con las que querías quedarte, y además, a sus padres les gustaba Scott. Lo cual no era muy difícil, porque Scott era adorable, pero su deseo de mantener a toda la gente de esa familia contenta le estaba convirtiendo en un mal amigo.
Que no es que no hubiera sido siempre un mal amigo, pero sí que era, bueno, era un peor amigo. Stiles iba a tener que hablar con él del código de colegas, porque Scott estaba siendo un poco capullo.
Aún estaba pasando al lado de la gran largura de la reserva, probablemente a medio camino de la parte más densa, cuando escuchó algo en los árboles de su derecha y se quedó congelado. Podía no ser nada, simplemente el viendo moviendo las hojas, pero ahora mismo no había nada de aire, y el sonido continuó. Como si hubiera algo grande abriéndose paso entre el follaje.
Stiles se giró lentamente para mirar a los árboles a unos pocos metros de su derecha, y vio dos brillantes ojos azules mirándole desde la oscuridad.
Su corazón se detuvo y el aire se heló en sus pulmones. El Hombre lobo estaba aquí. Estaba jodidamente ahí, y Stiles era un idiota por no haberse quedado esperando en el Jeep a que su padre le devolviera la llamada. Porque ahora estaba de pies justo al lado de esa maldita cosa, y la ceniza de montaña seguía estando en el Jeep.
Apretó con más fuerza la correa de su bolsa de mensajero, mirando al lobo, pero el otro no hizo nada. Reconoció que Stiles podía verle, y se quedó justo en donde estaba, observándole en silencio.
“Sé que estás ahí,” dijo estúpidamente. “Puedo verte.”
El lobo soltó un pequeño resoplido, y por el modo en el que se movieron sus brillantes ojos azules hacía parecer que acababa de rodar los ojos.
“No se lo he dicho a nadie,” dijo quedamente. “Te juro que no lo he hecho. Justo como dije.”
El lobo siguió mirándole, sin moverse, y Stiles se lamió los labios, sabiendo que era una estupidez preguntarlo pero necesitando hacerlo de igual modo.
“No eres tú, ¿verdad? ¿El de las muertes en el bosque?”
Un fuerte gruñido cortó a través de la quietud del bosque y Stiles dió un paso atrás, con el corazón latiendo como el de un conejo en su pecho. Paró de hacerlo en cuanto Stiles se echó hacia atrás, y se dio cuenta de que el lobo no le había estado amenazando. Solamente le estaba respondiendo.
“Eso está bien,” dijo Stiles, con la voz más aguda de lo normal. “Está bien eso de que no seas un maníaco homicida. Es estupendo.” Se aclaró la garganta, tirando del collar de su camiseta. “Yo voy a--voy a volver andando a casa. Y no le voy a contar a nadie nada sobre esto. Jamás. Lo prometo.”
Se alejó muy lentamente de la zona en donde estaba el Hombre lobo, y luego se apresuró a caminar por la carretera, el corazón estallándose contra las costillas, y con un picor en el cuello porque sabía que le estaban observando. Necesitó de toda su fuerza para no girarse a comprobarlo.
Después de unos segundos, su cabeza se movió de lado a lado cuando escuchó movimiento a su lado y se detuvo de nuevo. El lobo hizo lo mismo, sentándose y observándole.
¿Le estaba--le estaba siguiendo?
“¿Qué haces?” preguntó con cautela. Obviamente, Stiles no recibió respuesta alguna, porque el tío era ahora mismo un lobo, y claramente para nada interesado en que Stiles supiera quien era. Sinceramente, probablemente esa era la razón por la cual no había matado aún a Stiles. No tenía ni idea de quién era el Hombre lobo. Solamente había visto piel y pelo oscuro, y eso era todo. ¡Ese podía ser cualquiera! Podía ser el puto Scott, por lo que Stiles sabía.
Excepto que no era Scott, porque ahora mismo Scott estaba demasiado ocupado con Kira como para ir a buscar a su buen amigo Stiles y llevarle a casa para evitar que le comiera un puma o un león de montaña o un lince rojo, o cualquier otro felino del área.
Joder, igual era un puñetera pantera, ¿quien cojones iba a saberlo? ¡Stiles no!
El lobo permaneció sentado mirando a Stiles durante un largo rato, así que Stiles comenzó a caminar de nuevo lentamente. Después de unos segundos, el lobo estaba una vez más caminando a su lado entre los árboles y Stiles frunció el ceño, parándose de nuevo. El lobo también lo hizo.
“¿Estás--estás yendo a mi ritmo?” La cabeza del lobo se ladeó. “¿Por qué me estás siguiendo?” No dijo nada.
Tuvieron otra competición de miradas, y cuando se rompió algo en el bosque detrás del lobo, se giró de golpe y gruñó desde el fondo de su garganta. Stiles dio unos pasos atrás hacia la carretera, preocupado por lo que el Hombre lobo pudiera ver o escuchar.
¿Había estado caminando a su lado en caso de que algo más malvado saliera? ¿Primero las flores y ahora esto? ¿Es que quienquiera que fuera le gustaba? Eso era una puta locura, pero igual el hecho de que Stiles hubiera mantenido su promesa le había intrigado al lobo, y ahora estaba interesado en Stiles. Y era difícil estar interesado en alguien que estaba muerto.
Stiles comenzó a caminar más rápido por la carretera, pero el lobo le siguió, moviéndose rápidamente y emitiendo un gruñido profundo, con la cabeza girada hacia la profundidad del bosque. Obviamente podía sentir algo que Stiles no, y aunque aún no estaba completamente a gusto con el lobo, era agradable tenerle cuidándole las espaldas.
Solamente recorrieron algo más de un kilómetro, habiéndose detenido el gruñido, cuando un coche de policía apareció en la distancia. Estaba acercándose rápido, con las luces y la sirena puestas, pero definitivamente no estaba respetando el límite de seguridad. Stiles redujo el ritmo cuando se acercó y se detuvo justo a su lado, con Parrish mirándole con el semblante serio.
“Tara me dijo lo que estabas haciendo. ¿Estás majara? Tu padre te va a matar cuando se entere.”
“Si se entera,” insistió Stiles, rodeando el coche para ir a la puerta del copiloto. Miró brevemente hacia el bosque, pero el lobo se había ido.
Bueno, no se había ido, de esto estaba seguro, pero se habría metido más en el bosque para que no le vieran. Stiles murmuró un gracias en voz baja, sin saber siquiera si le iba a escuchar, y se montó en el coche.
Luego tuvo el inmenso placer de recibir un rapapolvo durante todo el viaje de vuelta al pueblo, que solamente empeoró cuando el sheriff llamó por radio para preguntarle dónde estaba, y Parrish le dijo que acababa de recoger a su hijo de la carretera.
Obviamente, eso sonaba peor de lo que era, y Stiles tuvo que sentarse ahí mientras su padre le gritaba a través de la radio, sin lugar a dudas dándoles a los muchos otros oficiales que estaban en el mismo canal una tarde bien entretenida, puesto que en Beacon Hills normalmente las cosas tendían a ser aburridas cuando no había animales salvajes matando gente.
Parrish le dejó en la comisaría antes de seguir con sus patrullas, y Stiles subió fatigosamente los escalones de la entrada. Tara le sonrió con simpatía detrás del mostrador, pero antes de que la pasara de largo, ella le detuvo.
“Derek Hale estuvo hoy aquí,” le informó ella, buscando algo debajo del mostrado. “Dijo que estabas buscando esto.”
Stiles miró a las gentianas que le estaba mostrando, y se dio cuenta de que Derek no había sabido que había habido un Hombre lobo cerca escuchando. Ya había recibido las flores.
“Gracias,” dijo, un poco atontado, porque Derek había dicho que le iba a traer algunas si las encontraba, pero Stiles no había pensado en serio que iba a hacerlo.
“Claro. Tu padre está en su oficina, y está que truena.” Le miró fijamente. “¿Por qué estás intentando provocarle un infarto?”
“Perdona pero yo soy un tesoro nacional,” insistió Stiles, enseñándola la lengua, y Tara se rió, haciendo señas para que se alejara.
Stiles se dirigió a la oficina sosteniendo el pequeño ramo de gentianas y llamó a la puerta antes de entrar. La mirada de su padre podría haber agriado la leche, pero se limitó a sonreír enseñando los dientes y se dejó caer en el asiento que estaba enfrente suyo, posando las flores justo delante de él.
“Ey papa, ¿cómo va eso?”
Enfado y curiosidad atravesaron el rostro del hombre, los ojos volando entre la sonrisa de Stiles y las flores sobre su escritorio. De uno a otro, de uno a otro. Al final, parecía que ya había gritado lo suficiente para toda la noche porque se limitó a fulminar con la mirada a las flores.
“¿Eso que es?”
“Gentianas. De Derek Hale.”
Su padre arqueó una ceja. “No sabía que erais amigos.”
“No lo somos. Le dije lo que estaba buscando esa vez que fui a la reserva, y me dijo que me traería algunas si las encontraba. Supongo que las ha encontrado.”
Su padre perdió cualquier pretexto de no seguir enfadado, su rostro contorsionandose. “¿Por qué estás intentando que te maten?”
“No lo hago.”
“Estabas caminando a solas por la carretera, de noche, sin ninguna protección, al lado de un bosque en el que un animal salvaje está matando senderistas. Si eso no es intentar hacer que te maten, yo ya no sé qué lo es.”
“Mi coche no arrancaba, y todo el mundo estaba ocupado.”
“Pues entonces te esperas,” insistió el sheriff. “Stiles, esto no es ninguna broma. Hay algo suelto matando senderistas. Aún no lo hemos encontrado, y hay dos personas que llevan semanas desaparecidas. “Necesito que dejes de correr riesgos innecesarios.”
“¡Esto no era un riesgo, papá!” Stiles alzó una mano al cielo, exasperado. “¡Estaba perfectamente a salvo! Parrish incluso me encontró, todo está bien en el mundo.”
“Necesito que dejes de intentar provocarme un infarto,” insistió el sheriff, suspirando pesadamente y poniéndose de pie. “Venga, voy a llevarte a casa.”
Stiles se puso de pie obedientemente y siguió a su padre afuera de la comisaría. Cuando le dejó en casa, no estaba completamente seguro, pero estaba bastante seguro de que había un par de brillantes ojos azules observándole desde las sombras desde el otro lado de la calle hasta que desapareció en casa.
Stiles estaba bastante seguro de que tenía un Hombre lobo stalker.
****************
Stiles no vio a su Hombre lobo durante un tiempo después del incidente con el coche. Seguía dándole vueltas al coco sobre si era o no un stalker, o si simplemente le estaba cuidando a la par que se aseguraba de que mantuviera el secreto para guardarse las espaldas. La verdad es que le gustaba la idea de que el lobo era su guardaespaldas personal, pero no podía imaginarse por qué iba a querer seguir vigilándole. A no ser que le encontrara interesante.
A Stiles le gustaba pensar que era bastante interesante. Lydia coincidiría con él. Y Scott también, si Scott estuviera cerca, siendo lo mal amigo que era.
En serio, Stiles estaba empezando a debería de fingir su propia muerte solo para ver si Scott se daba cuenta o le importaba. La única razón por la que no lo hacía era porque era mucho trabajo, y era un vago, aunque sí que le dijo que ‘no’ a Scott la próxima vez que le pidió un favor.
Después se sintió culpable durante horas, pero se mantuvo firme, ¡porque en algún momento tenía que plantarse!
La reserva acabó re-abriendo casi acabando el mes. Habían encontrado los dos últimos cadáveres, pero el animal responsable por ello aún seguía eludiendo a todos. El experto que insistía en que Alan Deaton, el veterinario del pueblo, estaba equivocado en su afirmación de que no eran lobos fue categórico con respecto a que la amenaza ya había pasado y los meses veraniegos comenzaron a llenarse de nuevo con turistas.
Derek Hale aún estaba por la zona, Stiles le veía de vez en cuando por el pueblo, pero nunca en una situación en la que pudiera pararse a saludar. De todos modos siempre parecía ocupado, hablando con oficiales, o tomando un café con un variado número de hombres y mujeres. Stiles no era nadie importante, pero le habría gustado agradecerle lo de las flores, incluso si acabó tirándolas cuando Scott dijo que Kira no necesitaba más.
Había mucho ajetreo en el trabajo, pero Stiles estaba más acostumbrado a eso que a cuando no había nadie. Él y sus asociados consiguieron aguantar, y Stiles llegaba a casa tan agotado todas las noches que se olvidaba de su Hombre lobo más veces que no.
En su siguiente día libre, cuando el aire estaba cargado de humedad y el viento era inexistente, Stiles tuvo la brillante idea de salir a correr. Porque quería sufrir, por supuesto, y correr con el calor abrasador era el mejor modo de conseguirlo. Así que, eso es lo que hizo. Fue a correr.
Normalmente lo haría por el vecindario, pero había tantos senderos en la reserva--y también más probabilidades de que se encontrara con el Sr. Atractivo-como-todo-el-infierno Derek Hale--que decidió irse a correr ahí pese a que odiaba la naturaleza y los bichos que iban de la mano con ello. La bonita cara y el cuerpo cincelado de Derek Hale bien lo merecían. Así que condujo hasta la reserva, aparcó en uno de los muchos aparcamientos, y se puso los auriculares cuando llegó al camino.
No era un corredor profesional de ningún modo, así que se aseguró de mantener un ritmo sosegado, poniendo un pie delante de otro y asegurándose de no hacer un esfuerzo excesivo. Necesitaba volver a ponerse en forma; había ganado unos cuantos kilos desde que se graduó de la universidad. Siempre había practicado algún deporte en el instituto y la universidad, lo que al menos le había mantenido en una forma decente. En los últimos meses no había habido nada más aparte de él y todas las bolsas de Cheetos que su padre había intentado esconder--penosamente--por la casa, así que estaba empezando a ponerse un poco más fofo de con lo que estaba cómodo.
Había estado corriendo durante unos quince minutos cuando su mano rozó algo y miró hacia abajo, dándole inmediatamente un ataque al corazón. Dejando salir un grito y tropezando hacia un lado, se cayó de culo y miró incrédulo al puto gran lobo negro que estaba ahora de pie junto a él. No pensaba que los lobos pudieran sonreír, pero este tenía un lado humano, y esa era definitivamente una sonrisa.
“Vale, ¿en serio?” demandó Stiles, arrancándose los auriculares y mirando alrededor. “¿Estás intentando matarme? ¡Porque hay maneras más sencillas de hacerlo que provocándome un infarto!” Stiles se masajeó el pecho por encima del corazón, pasándolas canutas para conseguir que fuera más lento. La verdad es que le dolía el pecho, del susto que se había llevado.
Lo último que había esperado era que un jodido lobo corriera a su lado por el sendero. Tuvo que preguntarse cuanto tiempo llevaba ahí, y cómo es que no se había dado cuenta antes porque de cerca, esa cosa era enorme.
En su cabeza los lobos siempre habían tenido tamaño perruno. En plan, como un Husky o así.
Los lobos no tenían el tamaño de los Huskies. Eran jodidamente grandes. Algo que tendría que haberse imaginado, porque se estaba acordando de la primera vez que había visto al Hombre lobo, y había sido jodidamente masivo y eso que estaba bastante lejos de él.
Ahora estaba justo a su lado, mirándole desde arriba, divertido por haberle asustado.
Bueno, al menos no quería matarle.
“Eres desternillante, ¿lo sabías?” preguntó Stiles, poniéndose de pie con un tambaleo. Sus piernas eran gelatina. “Un auténtico liante. ¿No te preocupa que te vaya a ver alguien?”
El lobo le miró, luego hizo todo un show de mirar alrededor antes de volver a encarar a Stiles.
“Si si, lo que sea, listillo.” Stiles sonrió un poco, girándose para mirar detrás de ellos, luego mirando la hora. “Supongo que no es una buena hora para los turistas. Más bien es la hora de los lugareños, ¿huh?”
Observó como el Hombre lobo estiraba las patas delanteras, bostezando, y luego las traseras, sacudiéndose una vez y luego mirando a Stiles, como si estuviera esperando a que hiciera algo. La verdad es que Stiles no sabía qué hacer, así que se guardó lo de la música en el bolsillo y señaló el sendero antes de comenzar a correr de nuevo. El lobo le siguió al lado, sin tener que hacer algo más aparte de caminar deprisa puesto que Stiles iba lento.
“Así que, Sr. Hombrelobo, ¿vives por aquí? En Beacon Hills, quiero decir.” El lobo no mostró signos de que le estuviera escuchando, las orejas moviéndose hacia todos lados como si estuviera atento a donde estaba el resto de la gente. Stiles se imaginaba que no quería que le disparara un cazador demasiado emocionado.
Lo cual estaba bien, porque Stiles podía simplemente hablar. Y eso hizo, hablándole al lobo y contándole las últimas novedades de su vida. Le habló de Scott, y de cómo su amistad era cuestionable, en el mejor de los casos. Le entristecía, porque él y Scott habían sido amigos durante mucho tiempo, pero últimamente se sentía como si fuera menos importante. Estaba más acostumbrado a esa clase de cosa con Lydia, puesto que su relación con su novio Jackson -constantemente cortando y volviendo a salir- la habían hecho algo más egoísta que el resto de la gente en lo que a su amistad se refería. Es solo que no había esperado eso de Scott.
El lobo a su lado no dijo nada, pero si que emitió un ruido breve por la boca a modo de entendimiento por algo que dijo Stiles, así que sabía que le estaba escuchando. Stiles comenzó a hablar entonces de cosas aleatorias, como su padre, o de cómo había sido el instituto. A dónde quería ir, a lo que aspiraba.
Después de casi una hora, habiendo dado media vuelta en cierto momento, estaba a medio decir una frase cuando el lobo se puso tenso y luego salió disparado hacia los árboles, desapareciendo tan rápidamente que Stiles siguió hablando durante unos segundos después de que se fuera.
Menos de un minuto después aparecieron otras dos personas haciendo footing yendo en dirección a Stiles, y Stiles se dio cuenta de que el lobo solamente se estaba escondiendo de ellos. Cuando pasaron de largo, esperaba que regresara, pero Stiles ya estaba cerca de la carretera, así que probablemente se imaginó que ya no tenía mucho sentido.
Antes de salir del bosque, Stiles se giró para mirar hacia allí, y sonrió un poco.
“Eso ha sido divertido,” le dijo a los árboles. “Deberíamos de hacerlo de nuevo.”
No hubo respuesta, pero sabía que el lobo estaba allí, escuchando.
“Sería genial si la próxima vez hablases,” dijo esperanzado, pero tampoco iba a hacerse ilusiones. Así que se dio media vuelta y acabó de salir corriendo del bosque, dirigiéndose hacia su Jeep sudado y pegajoso por la carrera, pero sintiéndose mucho mejor de lo que había estado en días.
Tan bien, de hecho, que decidió hacer de nuevo al día siguiente. Escuchó de nuevo música en su camino a la reserva, pero siguió mirando a su lado cada pocos minutos. Cuando el lobo apareció, Stiles sonrió y se quitó los auriculares, guardando lo de la música y girándose para hablar con él. Esta vez había más gente afuera a estas horas del día, así que siguió desapareciendo entre los árboles, pero siempre regresaba. Stiles bromeó sobre buscarle un collar y una correa para que pudieran fingir que era su perro, y ahí recibió una mirada de las buenas. A Stiles no le importó, la verdad era que el lobo era ahora mismo su amigo más cercano.
Lo cual era un tanto deprimente, cuando pensaba de verdad en ello, pero Lydia estaba de nuevo en su etapa de “saliendo” con Jackson y por ello había desaparecido de su vida, y Scott estaba ocupado con Kira. Stiles estaba empezando a ofenderse de que la gente siguiera abandonándole para estar con sus parejas, y se pasó una buena parte del recorrido quejándose de que la gente tenía que ser más considerada con sus amigos solteros.
Stiles no estaba buscando una relación per se, pero presentía que incluso si estuviera saliendo con alguien, se aseguraría de recordar pasar tiempo con sus amigos, y ninguno de los suyos parecía hacerlo.
“¿Y qué hay de ti?” le preguntó Stiles al lobo mientras trotaba a su lado. “¿Eres uno de esos capullos que ignoran a sus amigos cuando salen con alguien?”
El lobo se giró hacia él, con una ceja que parecía alzarse, y Stiles sonrió.
“Aw, colega, ¿me estás llamando amigo?” Stiles comenzó a alargar una mano para acariciar la cabeza del lobo, luego se acordó de que en realidad era una persona y se detuvo en seco, dejando que su mano cayera a un lado.
“¿Estás saliendo con alguien?”
Recibió un resoplido como respuesta a eso, el cual eligió interpretar como un no. Stiles simplemente sonrió y continuó por el camino.
Se separaban cuando se acercaban a la carretera, y Stiles decía que volvería al día siguiente. Cosa que hizo. Y el día siguiente. Y el siguiente.
Cuando trabajaba, dependiendo de su turno, o iba pronto por la tarde antes de irse a empezar el último turno, o iba ya bien entrada la tarde cuando estaba en el turno de mañana. El lobo aparecía todas las veces, aunque no se podía quedar con él en el sendero muy a menudo cuando había gente cerca. A Stiles no le importaba, sabía que el lobo estaba ahí, y que hubiera alguien que hiciera tiempo para estar con él se sentía bastante agradable.
Su padre lo intentaba, Dios le bendiga, pero trabajaba tanto que Stiles normalmente solo le veía cuando se iba a la comisaría, o cuando hacía algo por lo que requería ser gritado. Stiles le admitió al lobo que sentía que a veces hacía cosas con las que le caían broncas de manera inconsciente solamente para que le prestara atención.
Era triste admitir eso teniendo veintidós años, pero todo en lo que podía pensar en lo que se refería a su padre era trabajo, trabajo, trabajo. Stiles quería pasar tiempo con él, irse a pescar o a ver un partido o algo. Pero no se podían permitir eso, y el sheriff aún estaba ayudando a Stiles con las deudas de la universidad, así que lo entendía.
Lo odiaba, pero lo entendía.
Pasaron casi dos semanas con esta rutina, con Stiles corriendo por la reserva con su lobo--ahora era oficialmente su lobo, porque claramente Stiles era el que más le gustaba. Disfrutaba de las pocas horas que pasaba con el Hombre lobo, incluso cuando el otro no le hablaba. Se imaginaba que se revelaría tal cual era cuando se sintiera cómodo, o preparado. Y si nunca lo hacía, pues bueno, Stiles estaría triste, pero se suponía que lo entendería.
Era un Miércoles por la tarde, un poco más tarde de los normal para Stiles, porque le habían retrasado en el trabajo. Estaba seguro de que su lobo se estaba preguntando donde estaba, pero con suerte se había transformado en humano y se habría imaginado que Stiles no le había dejado en la estacada, si no que simplemente llegaba tarde.
Stiles empezó a correr, con el bosque más oscuro de lo normal, y se figuró que no debería de estar mucho tiempo o acabaría corriendo a oscuras. No quería eso, así que miró al hora y se aseguró de mantener un ojo en ello para saber cuando dar media vuelta.
Sólo llevaba cinco minutos corriendo cuando su lobo apareció en el camino. Normalmente corría al lado de Stiles, pero hoy estaba enfrente suyo, de pie en medio del sendero, esperando a que Stiles le alcanzara. Frunciendo el ceño, Stiles se quitó los auriculares y redujo la marcha, deteniéndose delante suyo.
“Ey. ¿Qué pasa?”
El lobo parecía tenso, observando a Stiles con cuidado, con unos brillantes ojos azules recorriendo su cara. Pareció asentir para sí mismo, luego ladeó la cabeza antes de desaparecer entre los árboles. Stiles frunció el ceño, dando un paso en dirección a donde había desaparecido el lobo, pero nada más.
Reapareció unos segundos más tarde, ladeando la cabeza de nuevo con un gesto de ‘sígueme’ antes de desaparecer de nuevo entre los árboles.
“Espera,” gritó Stiles y, en contra de su buen fundamento, abandonó el sendero y atravesó los árboles. Golpeó ramas y hojas para apartarlas de su cara, moviéndose a través del follaje y persiguiendo a su lobo. Le vio detenerse de vez en cuando, esperando a que Stiles le alcanzara antes de seguir adelante.
“Espera, ¿a dónde vamos?” demandó Stiles. “Macho, no estoy lo suficientemente en forma para esto,” insistió sin aire, tropezando con un arbusto y cayéndose casi de morros. Consiguió frenar la caía con las manos y finalmente vio como su lobo desaparecía en un claro. Siguiéndole de cerca, se apresuró a cruzar la última hilera de árboles, y vio a su lobo de pie en el otro extremo.
“¿Qué está pasando?” demandó, resollando sin aire y agarrándose un costado por el flato. “Ya sabes que no es seguro alejarse del camino, ¿no? Tú estás bien, con los dientes y las garras y todo lo demás. Pero yo soy un humano endeble, con dientes humanos endebles, y uñas humanas endebles.” Caminó hacia delante hacia su lobo, aún agarrándose el costado por el flato, y luchó por calmar su respiración. “Además, no estoy en forma. Claramente. Macho, necesito hacer más ejercicio. ¿Era esto tu intento de decirme que estoy gor-”
Las palabras se murieron en la garganta de Stiles, porque por fin se había acercado al lobo al otro extremo del claro, y cuando se giró a mirarle, vio claramente que este no era su lobo.
Este lobo era más grande que el suyo con mucha diferencia, y en vez de unos brillantes ojos azules, estaba mirando a unos ojos rojos rubíes que estaban perforándole directamente el alma.
Stiles se sentía como si no pudiera respirar y dio un paso atrás lentamente, preguntándose si debería de molestarse en correr. Aunque claro, ya había dejado bien claro que no estaba en forma, así que de dónde había salido ese pensamiento de que podía huir, no tenía ni pajolera idea.
Hubo un movimiento por el rabillo del ojo que captó su atención, y vio a su lobo saliendo de entre los árboles que estaban un poco a su izquierda del nuevo lobo gigante este. Su Hombre lobo parecía tenso, casi nervioso, cambiando el peso incómodo. Miraba hacia Stiles, luego al gran lobo, y luego a otro sitio antes de volver a mirar al gran lobo.
“Oh Dios mío, que lo habías planeado,” se dio cuenta Stiles, horrorizado. “Me has hecho pensar que éramos amigos, que no me ibas a comer, porque te he guardado el secreto durante dos meses, ¡pero era todo una treta! ¡Habías planeado darme como comida a tu lobo líder desde el principio!” Stiles señaló al gran lobo, luego apartó la mano rápidamente cuando se dio cuenta de que era una clara invitación a comenzar a comerle el brazo.
“¡Así que de verdad que soy solo comida para ti! ¡Oh Dios, no me puedo creer que me vaya a matar un Hombre lobo! ¡Esto es lo peor! ¡Se supone que no se tiene que jugar con la comida, hombre lobo! ¡¿Es qué tu madre no te ha dicho que no se juega con la comida?!” Stiles se señaló a sí mismo con ambas manos. “En este escenario, yo soy la comida, ¡y tú no deberías de haber jugado conmigo! ¡Teníamos algo bonito entre ambos, macho! ¡Éramos amigos! ¡Hemos hecho footing juntos! ¡No me puedo creer que todo haya sido un engaño para meterme en la panza de tu amo! ¡No mola! ¡Tú y Scott deberíais competir para ver quien es el peor amigo del mundo!”
Stiles no estaba completamente seguro, pero estaba bastante seguro de que el ruido que había escapado del lobo más grande era algo parecido a una risa. Su propio lobo rodó los ojos, y si hubiera sido humano, tenía bastante claro de que el otro estaría gimiendo su nombre con frustración y vergüenza.
“Oh, lo siento, ¿te estoy avergonzando delante de tu líder? Se supone que la comida no tiene que responder, ¿es eso?” demandó Stiles.
Se tamableó hacia atrás un par de pasos, alzando de manera idiota ambos puños como un boxeador con cuando el lobo más grande dio unos pasos hacia él.
“Mi padre es el sheriff,” insistió desesperado Stiles, notando como le inundaba el pánico conforme se acercaba el gran lobo. Porque Jesús, ya te digo que era grande. Este hacía que su lobo parecía un puto Chiguagua. “No se lo he dicho a nadie, yo no...no se supone que me voy a morir así.”
Stiles tropezó hacia atrás, cayéndose de culo, y sabía que estaba acabado. Se cubrió la cara con los brazos, cerró con fuerza los ojos, y esperó.
Y esperó.
Y siguió esperando.
E incluso más espera.
Finalmente, se encogió sobre sí mismo cuando notó como algo húmedo presionaba contra su sien, junto encima de donde estaban sus brazos. Se dio cuenta un segundo más tarde de que era el hocico del lobo. No se movió, la nariz presionada contra su sien, y luego dejó salir otro pequeño resoplido a modo de risa antes de retroceder.
Stiles esperó, los ojos aún cerrados con fuerza. Cuando no pasó nada, abrió de manera vacilante un ojo, mirando a través del espacio entre sus brazos al gran lobo. Le estaba mirando con sus ojos rojos rubíes muy humanos, y luego se giró y se alejó de él.
“¿Estoy demasiado gordo?” preguntó sin aliento Stiles.
Escuchó a su lobo dejar salir un pequeño gruñido que casi sonaba a gemido, como si Stiles le estuviera avergonzado en serio.
El lobo más grande se acercó a él, y el lobo de ojos azules se enderezó, poniéndose tenso de nuevo. Después de unos segundos, el lobo más grande inclinó la cabeza, luego acarició con el hocico a su lobo durante unos segundos antes de desaparecer entre los árboles, agitando su cola una vez antes de desaparecer.
Stiles no sabía que un lobo podía parecer extasiado, pero justo ahí, era lo que parecía su lobo. Prácticamente se acercó dando saltos hacia Stiles, e inmediatamente le lamió la cara.
“Whoa, whoa, ¡qué cojones!” Stiles intentó apartar al lobo de un manotazo, pero era tres veces más grande que él y se limitó a lamerle y embestirle con el hocico en cada parte de piel que podía alcanzar. “Colega, ¡¿qué está pasando?! ¡¿Por qué el lobo jefe no me ha comido?!” Señaló con un dedo al rostro de su lobo. “Que no es que quiera que me coman. Eso no está en la agenda del día. Pero en serio, ¿qué acaba de pasar?”
Su lobo no dijo nada--lo cual era normal--pero aún parecía excitado y se apartó lo suficiente como para que Stiles se pusiera de pie, de forma temblorosa y limpiándose la parte de atrás de sus pantalones. Le frunció el ceño a su lobo, y luego miró al hora porque estaba oscureciendo muy deprisa.
“Hoy no hay tiempo para hacer footing, aunque creo que ya se me ha acelerado el corazón lo suficiente para un día,” masculló, asesinando con la mirada a su lobo. No parecía desalentado por el enfado de Stiles, se limitó a seguir a Stiles fuera del claro, pagándose más a él de lo normal, y frotándose contra su lateral. Ocasionalmente, su lobo giraba el cuello y frotaba su cara contra el estómago y el pecho de Stiles, pero normalmente eso quería decir que tenían que detenerse, y Stiles estaba empezando a angustiarse por estar fuera del sendero con la oscuridad cayendo sobre ellos.
Al final regresaron al sendero y su lobo se quedó con él durante casi todo el trayecto hasta la salida, deteniéndose justo casi en al última curva y ladeando su cabeza, observando a Stiles con una casi sonrisa en su cara.
“¿Por qué demonios estás tan contento?” masculló Stiles, frotándose de nuevo el culo puesto que se había hecho daño en la rabadilla cuando se cayó. “No mola eso de intentar asustarme.”
Su lobo volvió a rodar los ojos, pero como siempre, no dijo nada.
Stiles se limitó a mascullar una despedida y se dio media vuelta para regresar al Jeep. Se subió y arrancó, preguntándose qué cojones acababa de pasar. Sabía un poco sobre los lobos, pero no se le había ocurrido pensar que los Hombres lobo tuvieran una dinámica semejante a las manadas del mismo modo que los lobos. No había investigado nada al respecto de eso con los Hombres lobo, y en cuanto llegó a casa, subió a su cuarto y encendió el ordenador, con el culo todavía dolorido y con la sensación de tener babas secas por todo su cuerpo.
Abrió Google y miró al buscador, intentando imaginarse qué escribir antes de finalmente decantarse por: ¿por qué iba a llegar un lobo a alguien ante otro lobo?
La primera página que salió tenía que ver con el comportamiento de los lobos en general así que clicó en ese y comenzó a leerlo por encima. Primero, descubrió que el lobo cabecilla, o el lobo líder, o lo que fuera en realidad se llamaba Alfa, así que se guardó eso para más tarde. Continuó leyendo, y cuanto más leía, más confuso se encontraba hasta que finalmente llegó al apartado que hablaba de las dinámicas de manada. Cualquier miembro de la manada tenía que ser examinado por el Alfa antes de que pudiera unirse, y leer eso hizo que se le helara la sangre a Stiles.
“Oh Dios, ¡¿me va a morder?!” ¡Stiles no quería ser un Hombre lobo! ¡Estaba perfectamente feliz siendo un ser humano normal y corriente!
“¿Y quien va a morderte?”
“¡¿Me cago en mi puta vida qué?!” gritó Stiles, girando en el sitio de golpe y sacudiendo los brazos.
Scott le miró raro desde la puerta y entró a su cuarto, dejándose caer en la cama y esperando una explicación.
Stiles se quedó sentado en su silla, con el corazón en un puño, y se preguntó si era posible estar así de aterrado dos veces al día. Igual se estaba muriendo ahora mismo. Mierda, igual ya estaba muerto, igual el Alfa de ojos rojos le había matado y todo lo que estaba pasando ahora era una extraña alucinación pre muerte.
Desearía que su alucinación pre muerte involucrara más sexo y menos rabadillas doloridas.
“¿Qué haces aquí?” preguntó Stiles, masajeándose su pecho e intentando calmarse.
“Kira está ocupada, así que pensé que podríamos pasar algo de tiempo juntos.”
Oh Scott, siempre tan altruista. El tipo más majo del mundo, un gran colega de verdad.
Stiles no podía seguir investigando a los Hombres lobo con Scott en su cuarto, y aunque quería decirle que se fuera, ese le haría ponerle ojitos de cordero degollado y Stiles era débil ante los ojitos de cordero degollado, así que cerró la tapa del portátil y se frotó la cara.
“¿Podemos ir a por algo de alcohol primero? De verdad creo que necesito algo de alcohol.”
“Claro.” Scott se puso de pie y comenzó a ir a la puerta. “¿Puedes conducir? La verdad es que quiero evitar gasta gasolina, los precios están por las nubes.”
Sip. El mejor de los mejores amigos del mundo.
Stiles miró a su portátil cerrado, y se imaginó que podía mirar más mañana.
***********
Stiles no lo miró al día siguiente, porque cuando se despertó de un buen y reparador sueño que no involucraba lobos de ningún tipo--mayormente porque había caído inconsciente de la borrachera que llevaba encima--decidió quedarse todo el día en la cama, porque claramente era lo mejor que podía hacer.
Sabía que debería levantarse, ir al bosque a encontrarse con su lobo para ir a correr, pero probablemente vomitaría encima de su lobo si hacía eso, así que se quedó tumbado en la cama la mayor parte del día y solamente se levantó cuando escuchó llegar a su padre.
Comprobando dos veces su horario para asegurarse de que tenía el turno de tarde al día siguiente, bajó las escaleras y entró a la cocina, lanzándole su padre una mirada rara.
“¿Acabas de levantarte?” inquirió incierto.
“Si y no,” gimió Stiles, y se sentó con cuidado en la mesa, enterrando la cara entre sus brazos. “Me he despertado hacer horas. Me he levantado ahora.” Frunció el ceño. “Necesito mear.”
“Me sorprende que hayas aguantado tanto.”
Stiles no quería levantarse para ir a mear, pero de verdad, de verdad que necesitaba hacerlo, así que se puso en pie a duras penas y se fue a vaciar la vejiga en el baño de abajo. Luego volvió a la cocina. No tenía ganas de cenar, así que se sentó con su padre mientras el hombre comía, y luego le miró retirarse al salón para ver algo la tele en donde probablemente se quedaría dormido.
Mirando la hora, Stiles hizo una mueca cuando vio que ya casi era la hora más tardía a la que iba a correr. La verdad es que no quería ir después de lo que pasó ayer, pero al menos había confirmado que el lobo no quería comerle. Le quería en su manada, o algo. O al menos quería que el Alfa aprobase a Stiles, por alguna razón. Stiles no lo sabía, y le faltaba la capacidad cerebral de que le importase.
Se sentó en la mesa de la cocina unos diez minutos más antes de sentirse lo suficientemente culpable como para levantarse y cambiarse de ropa.
Necesitó de un esfuerzo hercúleo para vestirse y subirse al coche, pero de algún modo, logró llegar a la reserva. Cuando salió del Jeep y comenzó a recorrer el sendero, ni siquiera fingió correr, solamente caminó por el camino a ritmo de caracol, con el Ipod olvidado sobre su escritorio y el cerebro hecho papilla y con resaca. No iba a volver a beber jamás.
Después de unos cuantos minutos de caminata sin rumbo, sintió al lobo moverse a su lado y se giró para mirarle. Su lobo no parecía contento, tenía los labios echados hacia atrás y el hocico hacia abajo.
“¿Qué? ¿No se me permite emborracharme y lamentar cada decisión de mi vida?” demandó Stiles, sintiéndose juzgado. “Los Hombres lobo existen y ayer casi me comen, dame un respiro.”
Su lobo no parecía impresionado con eso, pero de todos modos caminó a su lado siguiéndole el ritmo. Caminaron en silencio un rato, no había nadie más en el sendero a estas horas, y Stiles miró al sol que se filtraba por los árboles.
Se detuvo de repente y sacó su móvil, con el lobo de pie a su lado. Stiles apuntó la cámara hacia arriba y sacó una foto. La foto había quedado bien, pero en persona era mucho mejor. Suspiró y bajó el móvil, mirándolo antes de inclinarlo hacia el lobo, quien ladeó la cabeza mientras inspeccionaba la foto.
“No soy un gran fotógrafo. La verdad es que solía odiar la naturaleza.” Miró a su lobo. “Demasiados insectos. Pero a veces es bonita. Las fotos de la naturaleza son bonitas.” Miró de nuevo la foto, luego se metió el móvil en el bolsillo antes de concentrarse de nuevo en el lobo. “¿La gente te hace fotos?”
Como siempre, no respondió, y Stiles comenzó a caminar de nuevo, con las manos en los bolsillos. El Hombre lobo caminó a su lado.
“Creo que en foto quedarías genial. Laura Hale probablemente mataría por tener la oportunidad de sacarte una fotografía.” Le miró. “¿Conoces el trabajo de Laura Hale? Si eres de Beacon Hills, debes de conocer a los Hale. Son bastante importantes.” Volvió a mirar al frente. “A mi padre le gusta mucho su trabajo. Compra todas las revistas del National Geographic que usan sus fotos como portada. Es buena, supongo, pero yo prefiero las obras de Cora Hale. Tiene un cuadro del cielo estrellado por el que vendería mis riñones, pero no creo que me paguen por ellos cincuenta de los grandes, que es lo que cuesta el cuadro.” Dio una patada a una piedra y vio cómo rebotaba por el sendero. “Talia y Michael Hale parecen bastante guays. Dirigen unos cuantos santuarios para animales y reservas naturales como esta. Pero no se mucho sobre Derek Hale.” Stiles frunció el ceño. “Ha estado últimamente por el pueblo, dice que es geólogo. Yo creo que es una extraña carrera laboral teniendo en cuenta al resto de su familia, pero,” Stiles se encogió de hombros. “Supongo que simplemente le gustan mucho las rocas.”
Stiles giró en una de las intersecciones del sendero, con el lobo siguiendo su marcha. Alargó una mano para rozarla a lo largo de la corteza de un árbol cercano y dejó salir un suspiro.
“¿Alguna vez te sientes atrapado? ¿En plan, como si estuvieras yendo en círculos y como si nunca fueras a estar mejor de lo que ya estás?” El lobo no respondió, pero Stiles sabía que estaba escuchando. Notó como el otro se apoyaba contra él, frotando su cabeza contra el pecho de Stiles igual que había hecho ayer.
“Si, lo se. Solamente estoy tan depre porque tengo resaca.” Movió un mano y la pasó por el pelaje del lobo. Se sorprendió por cómo se sentía bajo sus dedos, áspero y duro pero suave debajo. Medio esperaba que le intentara morder por haberle tocado como si fuera un animal, pero el lobo se apretó más contra él, haciendo que Stiles se tambaleara.
“Tío, ten piedad, estoy resacoso.” Embistió de vuelta, pero sonrió un poco, con el lobo mirándole con ojos brillantes. “Lo siento, no pretendía deprimirme. Solamente me pregunto que estoy haciendo con mi vida. Mirando el lado bueno, al menos no estoy fingiendo ser un animal como otra gente.” Tocó la frente del lobo con un dedo, y el otro fingió chasquear los dientes.
Stiles se carcajeó, y luego gimió cuando eso hizo que le zumbara la cabeza, se la frotó mientras siguieron caminando, su estómago empezando a asentarse un poquito, pero con la cabeza aún dolorida. Solamente esperaba estar bien para trabajar mañana.
“Sabes, de verdad que me acojonaste ayer,” insistió Stiles mientras tomaron otra intersección del sendero. “De verdad que pensé que me llevaste hasta tu líder como merienda.”
Ahí si que recibió una mirada de las buenas y Stiles medio sonrió.
“Los Hombres lobo no son caníbales, lo pillo. Aún así, la falta de respuesta se vuelve un poco espeluznante a veces. No sé lo que estás pensando, y cuando miré en internet, todo lo que entendí es que estabas asegurándote de que tu Alfa me considerara aceptable.” Frunció el ceño. “Esa es la palabra, ¿verdad? ¿Alfa?”
El Hombre lobo budó y Stiles asintió.
“Bueno, cualquiera que fuera ese procedimiento de veto, me alegro de que lo pasara y de que no me convirtiera en comida para perros.” Sonrió un poco ante el gruñido de insulto que se le escapó a su lobo. “Aunque para que conste en acta, estoy más que contento con la cantidad de vello corporal que tengo. Así que, uh, ¿nada de morderme, vale? Estoy perfectamente feliz de ser un humano.”
El lobo embistió su mano unas cuantas veces hasta que Stiles la levantó para acariciarle. Después de unas cuantas caricias, se giró para lamerle el interior de la muñeca, luego se detuvo y dio media vuelta. Stiles captó la indirecta y también dio la vuelta, regresando por el camino que había venido. Era tarde, e iba más lento de lo normal, así que lo mejor para él sería salir del bosque antes de que oscureciera demasiado para sus pobres ojos humanos.
Le acompañó todo el trayecto hasta la última curva, y luego le dejó para que fuera hasta el Jeep el solito, pero sabía que su lobo le estaba observando.
Stiles se puso detrás del volante, luego se despidió del bosque con la mano antes de salir del aparcamiento e irse a casa.
Quince horas después, Stiles se dio cuenta de que de verdad, de verdad odiaba a los Hombres lobo. Porque cuando se despertó a la mañana siguiente, había un ciervo muerto delante de su casa.
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Stiles se siente mil veces mejor hoy de lo que se sentía ayer, cuando había estado resacoso y miserable. Gracias cielo no había tenido que ir a trabajar, y aunque Scott si, él no se había emborrachado ni de cerca lo que Stiles. Había conseguido mantener la boca cerrada sobres los Hombres lobo, lo cual era bueno, pero dudaba de que Scott le hubiera creído si hubiera dicho algo. O que se hubiera acordado, porque Scott era de los que cuando se emborrachaban no se acordaban de nada.
Había acabado de ponerse las zapatillas y estaba yendo hacia la puerta para poder correr un poco antes de irse a trabajar antes de tiempo para ponerse al día con el papeleo cuando se congeló en el porche delantero.
Porque había un ciervo muerto en el patio delantero.
Y ni siquiera en plan, la carne del ciervo, o la piel, o los cuernos. Nop. Era todo el puto y jodido ciervo.
“Me tienes que estar tomando el pelo,” susurró, mirando alrededor con nerviosismo mientras bajaba lentamente los escalones de la entrada. Se acercó al ciervo, intentando no mirar a los ojos sin vida, y notó que le habían degollado. Donde quiera que hubiera muerto no había sido aquí, porque apenas había sangre.
El viento cambió de dirección y a Stiles le dieron arcadas, dándose la vuelta y cubriendo su nariz y boca. Olía asqueroso y como a muerte, ¿y por qué cojones había un ciervo muerto en su patio delantero?
Esto gritaba a Hombre lobo, pero no lo entendía. ¿Qué era esto? ¿Alguna especie de mensaje? ¿Era una advertencia? ¡¿Qué cojones hacía un ciervo muerto en su patio delantero?!
“No tengo tiempo para esto,” insistió para sí mismo, aún dando la espalda al ciervo. Dejó salir el aire de golpe y luego sacó el móvil, llamando a Scott. Sabía que estaría trabajando, pero esto era una emergencia, y también relacionado con su trabajo, así que necesitaba a Scott y le necesitaba ya.
“Estoy trabajando,” dijo Scott a modo de saludo.
“Scotty, yo uh, necesito que vengas y me ayudes con algo.”
“¿Estás bien?” Dios bendiga a Scott, sonaba preocupado de verdad. “¿Qué está pasando?”
“Solamente te necesito. Por favor. Necesito que vengas. Dile a Deaton que son asuntos de trabajo. Porque lo es. Son asuntos de trabajo.”
“Vale, dame un segundo.” Había sonidos de arrastre de pies y unas voces apagadas antes de que Scott regresara al teléfono. “Deaton dice que puedo ir cuando sea, ¿cuándo me necesitas?”
“Uh, ¿ahora? O, ya sabes, ¿hace diez minutos? Pero también ahora. Ahora mismo. Eso sería genial. Por favor. Gracias.”
“Vale, ahora mismo voy.”
Scott colgó y Stiles se giró para mirar al ciervo muerto, notando como se le subía la bilis. Así no era como había planeado empezar el día.
Dio la vuelta a la casa para ir al trastero a ver si podía encontrar algo con lo que envolver al ciervo y encontró unas cuantas bolsas de jardín enterradas en una caja casi al fondo. Solamente quedaban dos, pero esperaba que fueran lo suficientemente grandes como para cubrir su Jeep un poco. Scott vendría en su moto, así que tendría que llevarlo a donde Deaton en el Jeep.
Una vez regresó a la parte delantera y colocó las bolsas, fue a dentro a encontrar algunas bolsas de la basura y estaba en el proceso de estirarlas en la parte de atrás del Jeep cuando Scott llegó.
Su amigo se detuvo a la entrada de la cochera, quitándose el casco y mirando incrédulo al animal muerto. Stiles acabó lo que estaba haciendo antes de moverse hacia donde estaba el ciervo.
“Hay un ciervo muerto en tu patio delantero,” le informó Scott inútilmente.
“Si, gracias, Scott. Gracias por señalármelo, no me había dado cuenta,” dijo Stiles bastante bruscamente. Sabía que estaba dirigiendo su ira hacia la persona equivocada, pero estaba un poco asustado y quería librarse del ciervo antes de que alguien lo viera. Lo cual probablemente ya era demasiado tarde, dado que probablemente habría estado ahí durante putas horas, ¡pero aún así! “Venga, ayúdame a moverlo.”
Stiles abrió una de las bolsas de jardín e hizo una mueca mientras intentaba meter la mitad trasera del ciervo en ella. No quería tocarlo, pero no tenía otra opción.
Dándose cuenta de que estaba trabajando a solas, levantó la mirada hacia Scott, quien aún seguía en su moto, mirando al ciervo.
“Preferiblemente hoy,” dijo, moviendo su cabeza hacia el animal.
“¿Por qué hay un ciervo muerto en tu patio delantero?” le inquirió Scott, aún sin moverse.
“Sabes, yo um…” Nop. Stiles no tenía nada. “La verdad es que no importa. Yo solo--¿me vas a ayudar? Por favor. Venga.” Devolvió su atención al ciervo y continuó metiendo sus cuartos traseros en la bolsa de jardín. Parecía que con dos sería suficiente, pero las pezuñas traseras iban a romper el plástico, así que esperaba que hubiera terminado de sangrar.
“Colega, la verdad es que sí que importa,” insistió Scott, bajando finalmente el pedal de la moto y apoyando el casco en el asiento una vez que se puso de pie. “No me puedes pedir que venga a ayudarte a mover un ciervo muerto y no decirme por qué está en tu patio delantero.”
“Sigo trabajando en eso, ¿vale?” Espetó Stiles, porque ahora ya no podía irse a correr, iba a llegar tarde a trabajar, y aun no sabía si un ciervo muerto era el modo de hablar de los Hombres lobo para decir ‘no eres nada más que una presa para mi’. De verdad que deseaba que hubiera una guía de referencia para estas cosas.
Scott aún estaba mirando y sin hacer nada útil y ¿por qué cojones Stiles se había molestado en llamarle siquiera llegados a este punto?
“Puedes por favor simplemente--” Stiles señaló al ciervo y Scott se encogió sobre sí pero por fin se agachó junto a la cabeza. “Gracias. Antes de que mi padre llegue a casa y me arreste por caza ilegal.”
Scott le lanzó una mirada confusa que hubiera sido adorable cualquier otro día, ¡pero no hoy! ¡No con un ciervo muerto en su puto patio!
“Espera, ¿cazas?” preguntó Scott, siguiendo aun sin tocar el ciervo.
“Oh Dios m--Scott. Cállate y ayúdame,” insistió, empujando con más fuerza a la parte trasera del ciervo
Scott si que acabó ayudando, pero a duras penas, dado que para cuando se puso a ello, Stiles ya había acabado con los cuartos traseros y ayudó a meter los cuartos delanteros en la otra bolsa. Ataron los extremos de las bolsas juntas para evitar que se deslizaran por el ciervo y luego juntos intentaron arrastrar el ciervo hasta el Jeep.
Era demasiado grande, y demasiado pesado, y Scott tenía asma así que Stiles acabó llamando a Boyd para que les ayudara. Se presentó, sin hacer preguntas--aunque claramente tenía muchas--y entre los tres consiguieron subir al ciervo al Jeep con mucha dificultad. Boyd se ofreció a hacer su turno por él, y Stiles accedió solamente porque ya no había modo de que llegara ya a trabajar remotamente a tiempo. Le dijo a Boyd que le haría el turno la próxima vez que tuviera el día libre y se separaron, Boyd yendo a su coche para ir a trabajar, y Stiles poniéndose detrás del volante de su Jeep.
Scott se fue el primero en su moto, adelantándose para avisar a Deaton de lo que venía. Stiles le hizo prometerle que no le iba a decir donde había estado el ciervo, solamente que Stiles tenía un ciervo muerto y lo estaba llevando a la clínica. Scott accedió, aunque no muy convencido.
Cuando Stiles llegó a la clínica, Scott estaba en la puerta trasera con una mesa metálica y la hizo rodar hasta el Jeep. Era más fácil sacarlo de atrás de lo que había sido subirlo al Jeep, y juntos llevaron la mesa dentro de la clínica y luego a una de las habitaciones vacías.
Scott fue a buscar a Deaton y Stiles se quedó de pie mirando al ciervo muerto, luchando por mantener la calma. Ahora que ya no estaba tirado sobre su patio delantero, no tenía ni puta idea de lo que estaba pasando. ¿Era una clase de advertencia? ¿Y si el lobo Alfa había cambiado de parecer y ahora pensaba que Stiles era un débil y escuchimizado humano y este era su modo de decirle que era carne de cañón?
“Odio mi vida,” le dijo al ciervo, justo cuando la puerta se abrió.
Alan Deaton se quedó en el umbral, los ojos puestos sobre el ciervo muerto de la mesa, envuelto en plástico, y luego levantó la mirada hacia Stiles mientras se acababa de poner los guantes de latex.
“Stiles. Ha pasado tiempo.”
“Ey doc,” dij con un suspiro. “Lamento todo esto, yo no--la verdad es que no sabía a donde más llevarlo.”
“No pasa nada,” dijo Deaton, sacando unas tijeras de un cajón cercano y cortando el plástico. Lo apartó y comenzó a palpar al ciervo, bajando l cejas al fruncirlas. “Parece que está en relativamente buen estado.”
“Está muerto,” le informó Stiles tontamente.
“Si, me he dado cuenta de ello,” dijo Deaton con una pequeña sonrisa, los ojos aún sobre el animal. “Me refiero a considerando que está muerto. ¿Qué habías dicho que ha pasado?”
Stiles se lamió los labios y se aclaró la garganta. “Yo uh, lo atropellé. Con mi Jeep. Un completo accidente. Sip.” Hizo estallar la ‘p’ al acabar, brincando sobre los talones.
Deaton no le miró, pero comenzó a tocar con cuidado la herida del cuello. “¿De verdad? Son unas heridas un tanto peculiares para haber sido un accidente de coche, ¿no?” Lanzó un vistazo hacia Stiles, quien fingió ignorancia y se acercó más.
“Bueno,” dejó salir una media risa, medio resoplido, “ya sabes. Era--era de noche.”
Deaton miró intencionadamente hacia la ventana y Stiles puso mala cara.
“Ocurrió anoche,” insistió. “Solamente llamé a Scott cuando me desperté para ir a por él. Quiero decir, puede que estuviera he-herido, ya sabes, antes de que saliera a la carretera.” Stiles lo señaló con una mano. “Ya estaba herido antes de que lo atropellara. Yo solamente aparecí para rematarlo. Al estilo de Mortal Kombat.”
“Ya veo.” Deaton le estaba observando cuidadosamente, Stiles sabía que era consciente del hecho de que estaba mintiendo. Pero no se lo hizo saber. Simplemente miró al ciervo, agradeció a Stiles por traerlo, y luego le dijo que podía irse.
Stiles se esfumó rápidamente después de lavarse las manos, dándole las gracias a Scott antes de desaparecer por la puerta de atrás, buscando precipitadamente su ceniza de montaña. Encontró la botella y la sujetó contra su pecho, luchando por respirar, y cerró los ojos.
Estaba bien. Él estaba bien. Todo estaba bien. No había nada de qué preocuparse.
Se permitió unos pocos segundos de pánico antes de volver a poner la ceniza de montaña en donde había estado, y luego arrancó el Jeep. Se fue a casa e inmediatamente limpió con la manguera la zona en donde había estado el ciervo. No había mucha sangre, pero la suficiente como para que su padre lo notara, ya sin mencionar el olor, así que empapó el área hasta que desapareció en la tierra, luego fue adentro y comprobó todas las barreras que había hecho con ceniza de montaña.
Una vez estuvo seguro de que estaba a salvo, se duchó durante una buena hora, sintiéndose sucio y dándole arcadas ocasionalmente al pensar en el pobre ciervo muerto en su patio delantero. Su lobo--o el Alfa--había matado a Bambi. Eso no estaba bien.
Cuando acabó, se fue a su cuarto y encendió el portátil, empezando a buscar por qué un lobo iba a traerle un ciervo muerto, y que tipo de mensaje era. Si primer resultado de ‘por qué me iba a traer un lobo un ciervo muerto’ no le reportó nada útil, así que se reclinó en la silla e intentó pensar en ello de otro modo.
Se echó hacia delante y escribió: ¿por qué los lobos se dan animales muertos unos a otros?
Las primeras búsquedas hablaban sobre todo de cachorros y de cómo las manada en conjunto se aseguraba de que los recién nacidos estuvieran bien alimentados, pero cuando buscó más abajo de los links, encontró uno que le hizo congelarse en el sitio mientras leía el anuncio que había debajo una y otra vez. Al final lo clicó, bajó hasta la sección concreta, y lo leyó unas cuantas veces.
Para los lobos normales--aunque presumiblemente también para los Hombres lobo--el acto de llevar un animal grande, tipo un alce o un venado, a otro lobo era un modo para ellos de demostrar su valía. Era como si demostraran que podían proveer, que eran buenos cazadores, fuertes protectores, y lo suficientemente fuertes como para asegurarse de que sus parejas potenciales estuvieran bien cuidados.
Parejas potenciales.
¡Parejas potenciales!
“Me cago en la hostia,” soltó Stiles, cubriéndose la boca con ambas manos.
¡El ciervo no era una advertencia, era un regalo! ¡Era un puto regalo de su lobo! ¡Porque aparentemente, su lobo estaba interesado en él de esa manera!
“Oh Dios mío, mi vida es un desastre.” Stiles se cubrió la cara con ambas manos y bajó la cabeza hasta el escritorio. “Mi vida es un desastre, y esto es algo tan jodido.”
Su lobo había matado a Bambi para probar que podía proveer a Stiles. Para demostrarle que, si Stiles necesitaba cualquier cosa, se la podría conseguir. Que no es que Stiles hubiera querido ciervo alguna vez, pero si lo hacía, ¡su lobo se lo podría conseguir!
“Oh Dios, ¿esto cómo es posible? ¿Por qué está pasando esto?”
Se le ocurrió de repente lo que había estado pasando de verdad cuando conoció al Alfa de su lobo. No solamente le estaba vetando para unirse a la manada, se estaba asegurando de que Stiles fuera una pareja adecuada. Porque aparentemente los Hombres lobo hacían todo eso de las parejas.
Lo cual no era raro para nada.
“Joder, esto no puede estar pasando.” Si su lobo se acercaba a él siquiera un poco con la polla afuera y seguía siendo animal, Stiles iba a matar algo. Probablemente no a su lobo, porque dudaba que fuera a conseguirlo, pero no le ponía eso de la bestialidad. No gracias. ¡No gracias!
Siguió leyendo, intentando ver qué más estaba pasando, y llegó a unas cuantas secciones más sobre las parejas. Había mucho traspaso de olores, lo cual, Stiles se dio cuenta, era lo que había estado haciendo su lobo estos últimos días. Era para asegurarse de que otros lobos supieran que ya había un reclamo en una pareja potencial concreta--en el caso de Stiles, él--y para que se mantuvieran lejos.
“Oh no,” insistió Stiles, negando con la cabeza. “No. De ningún modo. Nop. ¡No puedes simplemente reclamar a alguien como tu pareja, colega, no mola!
Stiles se puso de pie y se giró para salir de su habitación. Bajó las escaleras, aún negando con la cabeza, y consiguió llegar al Jeep. ¡Él y su lobo necesitaban hablar, y si no iba a hablar, ya te digo yo que iba a escuchar!
¡No estaba interesado en ser la puta de un Hombre lobo! ¡No sin hablarlo antes y poner unos límites y, oh sí, teniendo a una puta persona humana delante!
Esto era lo peor. Stiles no se había apuntado a toda esta locura. Solamente quería ahorrar dinero y mudarse a Florida para que pudiera ir todos los días a Disneyworld.
Llegando a la reserva, Stiles aparcó en donde siempre y abrió la puerta del Jeep con energía. Crujió en protesta por el tratamiento, pero no le importó. Bajando del coche, se apresuró a ir hacia el sendero, sonriendo con tirantez a dos personas que salían corriendo.
Una de ellas intentó detenerle, pero les ignoró y comenzó a correr. No tenía tiempo para ayudar a unos turistas perdidos, y quizás eso le convertía en un capullo, pero le daba igual. Necesitaba encontrar a su lobo.
“Ey,” gritó cuando ya se había adentrado más en el sendero, girando en círculos. “Va, ¿dónde andas? ¡Venga, colega, tenemos que hablar!”
Escuchó unas hojas moverse hacia su izquierda y se giró hacia ese lado. Corriendo a través de los árboles sin pensar, consiguió avanzar unos metros, abriendo su boca para decir algo cuando se congeló en el sitio, helándosele la piel.
No era su lobo.
No era un lobo en lo absoluto.
Stiles se quedó congelado mirando a un león de montaña que rugía mucho. Era medio visible, agazapado detrás de unos arbustos, pero no lo suficiente como para que estuviera completamente escondido.
Era altamente probable que este no fuera un humano que podía transformarse en un animal, y ahora Stiles estaba tieso en el sitio, inseguro de qué hacer. Una parte de él quería dar media vuelta y salir por patas, pero creía recordar aprender que no había que correr nunca de un depredador.
Estaba bastante seguro de que eso era de una de las revistas del National Geographic que su padre había comprado porque tenía una de las portadas de Laura Hale.
“Shoo,” dijo Stiles, la voz saliendo más aguda de lo normal. Levantó los brazos e intentó controlar la voz. “Marcha. Soy un humano, soy muy peligroso.”
Dudaba de que el temblor de su voz estuviera engañando a alguien, mucho menos al león de montaña, pero mantuvo los brazos en alto para aparentar ser más grande, y dio un paso atrás muy lentamente.
Escuchó cómo aumentaba la intensidad del rugido, y estaba convencido de que le iban a arrancar la garganta cuando llegó a sus oídos un rugido todavía más potente y notó como salía algo desde su lado izquierdo.
Si ese es otro león de montaña, yo ya lo dejo, pensó Stiles, pero cuando miró hacia abajo, vió a un lobo muy cabreado.
Su lobo había venido al rescate, rugiendo con furia, el pelaje erizado, los pelos como escarpias. Le caía baba de la mandíbula y sus ojos azules brillantes estaban fijos en el león de montaña, con la cabeza agachada amenazante.
Ambos animales saltaron sin previo aviso y Stiles dejó escapar un grito antes de caerse hacia atrás. Su lobo le había golpeado en las piernas cuando saltó y Stiles se encogió de dolor cuando notó como las piedras afiladas se le clavaban en las palmas de las manos.
Se puso de pie con urgencia, mirando la pelea, pero era todo una bola de pelo frenética, con su lobo gruñendo y chasqueando los dientes. El león de montaña estaba siseando y aullando, lanzando su pata para golpear a su lobo en la cara.
Gracias al cielo, falló.
“¡Ah!” gritó Stiles, meneando las manos por encima de la cabeza. “¡Ruidoso! ¡Muy ruidoso! ¡Gr…! ¡Soy un humano espeluznante!”
De algún modo, era más fácil ser un subnormal gritón cuando su lobo estaba acaparando casi toda la atención del león de montaña.
Cuando se separaron, el león de montaña tenía sangre goteando de un hombro, pero Stiles vio que sus labios estaban ensangrentados. Sus ojos saltaron hacia su lobo, pero este tenía la mirada fija en el león de montaña.
Después de unos segundos, el felino más grande gruñó y luego dio media vuelta y saltó por encima de un arbusto, adentrándose a toda prisa en el bosque. Parecía que su lobo quería seguirle, yendo tan lejos como para dar unos cuantos pasos, pero se detuvo y gruñó desde el fondo de su garganta, y luego se giró para asesinar con la mirada a Stiles.
“¿Qué?” demandó stiles, las manos aún en el aire. “¡Funciona! ¡Supervivencia en la naturaleza para principiantes!
Dejó que le cayeran los brazos conforme su lobo se le acercó. Enterró su cara en el sobaco de Stiles--por qué buscaba el sobaco, Stiles no lo sabía--y luego inhaló con fuerza. Salió de él un pequeño gimoteo y bajó su hocico para embestir con su nariz a una de las manos ensangrentadas de Stiles.
"Está bien, no es nada," insistió Stiles, abriendo ambas manos y girándolas para dejar las palmas hacia arriba. "¿Ves? Sólo unos pocos rasguños." Miró a su lobo, intentando encontrar dónde tenía la herida, pero aparte de un pelaje pegajoso por la sangre que había cerca de su cuello, no vio nada. Ninguna herida.
"¿Estás tú bien?" preguntó, preocupado por tocarle dado que tenía heridas en las manos.
Su lobo bufó y luego empujó su cabeza contra el estómago de Stiles. Le llevó unos segundos darse cuenta de que le estaba pidiendo que se moviera. Obedeciéndole, dejo que el lobo le condujera por el bosque y de nuevo al sendero--no se había alejado mucho, pero estaba complacido por la protección extra. Cuando llegaron, Stiles se giró de nuevo hacia su lobo para asegurarse de que estuviera bien, pero el animal se tensó, gruñó lo que definitivamente hubiera sido una maldición de haber sido humano, y el lobo se dió media vuelta y huyó hacia los árboles.
"¡Ey, espera!" Stiles dió un paso para seguirle cuando llegaron a sus oídos pisotones y se dió la vuelta a tiempo pata ver a su padre, unos cuantos ayudantes, y algunos civiles corriendo por el sendero hasta él.
"¡Stiles!" Su padre parecía lívido. "¿¡Qué coño haces aquí!?"
"¿Qué?"
"¡Ha habido otro ataque! ¡Un senderista de Wisconsin está en estado crítico! ¡¿Por qué estás aquí?!"
"¡Ey, no tenía ni idea!" Stiles mostró ambas manos a modo de redención y su padre se tensó.
"¿Qué te ha pasado en las manos?" Estuvo a su lado al instante, pasándole el rifle a Parrish y acercando las manos de Stiles tirando de sus muñecas.
Stiles aprovechó la oportunidad para mirar a la gente. Una buena parte de la gente que creía que eran ayudantes del sheriff eran en realidad Guardabosques. Dos de ellos parecían ser de control de animales, y unos cuantos de los civiles eran cazadores del pueblo.
Todos tenían rifles, y Stiles esperaba que su lobo ya fuera humano y se hubiera pirado.
"Limpiad esto," dijo su padre con un suspiro, evidentemente considerando la herida lo suficientemente superficial como para ignorarla. Cuando comenzó a darse la vuelta, Stiles le agarró de la manga, y luego hizo una mueca de dolor cuando le escocieron los cortes.
"Es un león de montaña."
"¿Qué?" inquirió, exhausto.
"El animal. Es un león de montaña. Vino a por mí, pero--" Stiles se calló antes de irse de la lengua. "Pero yo, uh, lo espanté."
"La gente dice que vieron un lobo," insistió Parrish.
"¿Qué? No." Stiles sintió como le hormigueaba la piel al pensar en este grupo de hombres haciendo daño a su lobo. "No hay lobos en California. Era un león de montaña."
"La gente ha dicho que era un lobo," contraatacó Parrish, como si intentara someter a Stiles al repetirlo las suficientes veces.
"¡Te estoy diciendo que me ha atacado! ¡Era un león de montaña al cien por ciento!"
Cuando parecía que su padre estaba a punto de saltar al ruedo y discutir, un hombre dio un paso al frente y posó una mano sobre el hombro del sheriff.
"Puede que los senderistas estuvieran confusos," dijo. "Tenían miedo y estaban huyendo. Si tu hijo dice que no es un lobo, yo le creo." Se giró hacia Stiles. "¿Hacia dónde ha ido el león de montaña?"
Stiles titubeó, porque su lobo había ido en la misma dirección, pero estaba seguro de que era lo suficientemente listo como para poner pies en polvorosa de aquí.
"Se fue por allí," dijo Stiles, señalando hacia donde había huido. "Yo lo espanté."
Hubo un crujir de pisadas en el sendero detrás suyo. El hombre y su padre miraron por encima de su hombro y Stiles dió media vuelta y casi se muere.
Derek Hale estaba dirigiéndose hacia ellos, caminando deprisa y arremangándose las mangas largas. Llevaba pantalones de vestir negros, zapatos pulidos y una camisa de botones blanca.
"He llegado en cuánto me he enterado," dijo, lanzando una mirada preocupada a Stiles antes de concentrarse de nuevo en los dos hombres detrás de él. "¿Ha dicho algo alguien sobre unos lobos?"
"Que era un león de montaña," insistió con firmeza Stiles.
"El hijo del sheriff ha dicho que vió un león de montaña," le informó el hombre desconocido a Derek. "Yo le creo. Es un testigo más confiable."
"Eso tiene sentido," dijo Derek asintiendo con la cabeza, cruzando sus deliciosamente musculados brazos. "Las huellas que he encontrado en un lado y otro concuerdan con ello. Es probable que esté más allá de toda rehabilitación posible si está atacando a gente." Sonaba triste, como si no quisiera sacrificar al animal, pero lo haría si fuera necesario.
"¿Te apetece ir de caza?" preguntó el hombre desconocido. "Tengo un rifle de sobra en el maletero."
"Claro. Gracias, Chris."
Stiles se dio cuenta, con bastante sobresalto, de que el hombre que le había creído era Chris Argent. Eso explicaba porque se trataban con tanta familiaridad, dada la reacción de Allison ante la llegada de Derek hacia unas semanas. Probablemente eran amigos de la familia.
"Deberías irte," dijo su padre, empujando el hombro de Stiles una vez mientras Derek pasaba a su lado. "Haz que Melissa te lo limpie."
"Claro." Stiles se giró para mirar hacia los árboles, aún nervioso por su lobo.
El grupo de hombres le dieron la espalda, hablando entre ellos y formulando un plan. Stiles podía ver a Derek y el Sr. Argent yendo por otra parte del sendero hacia donde evidentemente el señor más mayor había aparcado su camioneta.
Cuando estaba seguro de que nadie le prestaba atención, Stiles se dio la vuelta hacia los árboles y dijo, muy quedamente, "Gracias."
Dándose media vuelta para irse a su Jeep, vio que la cabeza de Derek estaba ligeramente ladeada hacia un lado, y cuando desvío la mirada de él, podría haber jurado ver que el otro hombre se giró para mirarle por el rabillo del ojo.
**********
Stiles tuvo que esperar más de una hora para que Melissa le atendiera. Estaba trabajando, y sus heridas no eran severas, así que le dijo a la enfermera de recepción que la esperaría a ella específicamente.
No se puso contenta cuando descubrió que había hecho eso, “¡Se podría haber infectado, Stiles! ¿Por qué no hiciste que te viera quienquiera que estuviera disponible?”
No había querido, después del día que había tenido--completo con ciervo muerto, revelaciones de parejas y leones de montaña--pero no podía decírselo. Así que hizo un chiste y esperó mientras le vendaba las manos.
Las heridas no eran serias, y ella dijo que las vendas eran solo por precaución, pero ya anticipaba problemas para ir al baño. Usar y lavar sus manos iba a ser duro, con o sin vendas.
Cuando dejó el hospital, ya era casi hora de cenar. No creía que irse a casa a preocuparse sobre lo de la pareja de lobo, y de su lobo, y de su padre le fuera a hacer muchos favores, así que decidió irse al restaurante. Incluso si estaba solo, al menos tenía gente alrededor para distraerse.
Entró al pequeño restaurante y miró alrededor, un poco decepcionado por lo vacío que estaba. Probablemente no se distraería mucho, pero seguía siendo mejor que estar solo en casa.
La chica del instituto, Allison, estaba de pie junto a la barra escribiendo en su móvil, pero alzó la mirada cuando sonó la puerta y se guardó el móvil. Sonriendo mientras se acercaba--lo cual ya era un cambio con respecto a la última vez, pero probablemente no le recordaba--sacó un menú y lo golpeó suavemente contra una mano.
“Hola. ¿Solo estás tú?”
“Sip.”
Ella señaló a las mesas con una sonrisa. “Tienes todo el restaurante para tí. ¿Dónde te gustaría sentarte?”
“Cerca de la entrada. No hay necesidad de hacerte ir de un lado a otro.”
Ella se rió y le dio las gracias, conduciéndole a la mesa vacía más cercana y posando el menú. Le dejó para ir a por algo de agua y él se acercó el menú, pese a saber ya lo que iba a pedir.
“Tú eres Stiles, ¿verdad?”
Stiles levantó la vista para mirarla, un poco confuso. “Uh, si.”
“Dábamos Biología e Inglés juntos en el último semestre del instituto.” Otra sonrisa brillante antes de que se señalara a sí misma. “Yo soy Allison. Quiero decir, obviamente.” Sacudió su placa identificativa y rodó los ojos.
“Si, te recuerdo,” dijo con cautela Stiles. ¿Por qué estaba siendo tan amigable con él?
“¿Cómo has estado desde la graduación? Te fuiste a la universidad, ¿no?” Allison se apoyó contra la silla opuesta a él, a todas luces despreocupada por estar de cháchara. Tenía sentido, suponía, dado que aparte de él, una pareja dándose el lote al fondo, y unos pocos hombres en el bar, no había nadie más aquí. Probablemente no tenía nada que hacer y Stiles era la persona más entretenida de por aquí.
“Si, sí que fui.”
“Guay. ¿Qué estudiaste?”
“Hice un doble grado, Negocios y Ciencias Informáticas.”
“¡Oh, genial!” Allison miró a los otros clientes, luego tomó asiento enfrente de Stiles. “Yo hice lo mismo. Un doble grado, quiero decir. Historia y Antropología.”
“Eso suena interesante,” dijo Stiles con una sonrisa.
“Si, lo era. Aún no estoy segura de qué es lo que voy a hacer con ello, así que estoy viviendo con mi padre hasta que sepa qué hacer con mi vida.”
“¿Cómo?” Stiles puso una expresión de sorpresa fingida. “¿Me estás diciendo que tu objetivo en la vida no es ser una camarera en este establecimiento distinguido durante el resto de tu vida?”
Allison sonrió y se inclinó hacia delante. “No dejes que Mabel te oiga. Se piensa que voy a estar de por vida. Estoy bastante segura de que ha añadido mi nombre a las escrituras de este sitio.” Sacudió la cabeza y se acomodó de nuevo en la silla, cruzando los brazos. “Trabajé aquí durante el instituto, y cuando regresé de la universidad y necesitaba un trabajo, una de las chicas de aquí acababa de graduarse y se marchaba, así que Mabel me dio el trabajo. Han dimitido unos cuantos desde entonces, así que yo hago todos los turnos porque no tengo nada más que hacer.” Se encogió de hombros.
“Eso está bien. Yo trabajo en el alquiler de coches que hay más allá de la reserva.”
“Guay. ¿Eres el jefe de turno?”
“Encargado.”
“Buah chaval, estoy en compañía distinguida,” le vaciló, guiñandole el ojo. Probablemente se la estaba devolviendo por el comentario que hizo sobre el establecimiento.
Uno de los hombres junto a la barra se giró para mirarla y Allison se excusó para ir a atenderle. Pagó su cuenta y se fue poco después. Ella fue a comprobar qué tal iban el resto de clientes, rellenando el café de uno y llevándoles la cuenta a los tortolitos de la esquina antes de regresar con Stiles.
Sabía lo que quería, pero estaba disfrutando de su conversación y no quería que se fuera y le ignorara una vez que le sirvieran lo que había pedido, así que no dijo nada sy siguió hablando.
Ella no parecía tener muchas ganas de volver al trabajo, así que salían los dos ganando.
Hablaron de la universidad y del trabajo un poco más, y Stiles al final preguntó por qué de repente era todo sonrisas y amabilidad. Ella admitió, aunque a regañadientes, de que no era muy fan de Scott. Stiles casi se cayó de la silla, porque nadie tenía un problema con Scott.
¡Era Scott!
Bueno, exceptuando a Stiles, pero ellos se conocían desde que estaban en la placenta así que, la verdad, eso no contaba.
Aparentemente--y Stiles no sabía esto, ¡muchas gracias, Scott!--su mejor amigo había estado persiguiendo a Allison un tanto agresivamente en el instituto, y la había incomodado. No había pretendido ser borde con Stiles, pero él y Scott eran cercanos y siempre se había preocupado de que hubiera intentado convencerla de que saliera con Scott.
Ahora sabía que Scott estaba saliendo con otra, pero su opinión sobre él no había cambiado. Esta era la primera vez que Stiles había venido sin él.
Claro, venía con su padre de vez en cuando, y ella siempre era amable y cándida, pero esto era diferente. Esta vez estaba solamente él.
“Eres un tío guay,” le dijo encogiéndose de hombros. “Incluso en el instituto, Lydia me solía decir lo increíble que eras, pero por aquel entonces era más difícil separar la imagen que tenía de ti por Scott. Ahora soy mayor--”
“Y más sabia,” añadió Stiles sagazmente.
“Y más sabia,” coincidió ella con una sonrisa ladeada. “Y puedo aceptar que nosotros no somos nuestros amigos. Scott era...intenso, pero tú eres normal.”
“¿Perdona?” Stiles dejó salir una mofa de ofensa. “Yo soy de todo menos normal. ¿Cómo osas?”
Allison se rió, luego pareció notar el menú y se puso en pie. “Lo siento. Me había olvidado de que estaba trabajando. Eres divertido, Stiles. Me encantaría quedar contigo de nuevo.”
“Ey, eres más que bienvenida a hacerme compañía mientras como. No hay problema. Puede ser nuestra primera quedada juntos.” Sonrió. “De un modo completamente platónico, por su puesto. No te ofendas.”
“No me ofendo. Y lo de quedadas platónicas suena divertido. Deja que atienda al Sr. Collins y añado tu comanda, y vuelvo inmediatamente. ¿Qué quieres tomar?”
Stiles pidió el mismo combo de sandwich y patatas fritas que la última vez y ella asintió con la cabeza antes de desaparecer. Estuvo lejos durante unos cinco minutos, porque el Sr. Collins era como una cotorra, pero al final regresó y se sentó de nuevo frente a él, con el restaurante vacío.
“¿Está siempre así a esta hora?” preguntó, mirando alrededor. “Pensaba que habría más gente.”
“Depende del día. Y la época.” Ella suspiró. “Este año el turismo está muerto, con esto de los ataques.” Sus ojos se movieron hacia sus vendas. “He oído que estabas por ahí antes. ¿Viste un león de montaña?”
“Si.” Stiles se frotó una de las vendas. “Tu padre estaba allí. ¿Te lo ha dicho él?”
Ella negó con la cabeza. “Derek. Me estaba escribiendo cuando entraste al restaurante.”
Stiles la miró, inseguro de qué decir a eso. ¿Derek le recordaba lo suficiente como para hablarle de él a Allison?
Ni de coña, Stiles estaba delirando. Probablemente había mencionado que el hijo del sheriff estaba herido y Allison sabía que ese era Stiles. Solamente se habían visto una vez, y era altamente improbable de que le recordara.
“¿Y cómo es que le conoces, de todos modos?” inquirió Stiles. “A Derek, quiero decir.”
“Oh, su madre y mi padre se conocen de hace ya tiempo. Fueron juntos al instituto. La verdad es que fue ella la que presentó a mis padres. Nos mudamos de Beacon Hills cuando yo tenía tres o cuatro años, pero veníamos de vez en cuando y ellos también iban a vernos así que mantuvimos el contacto.”
Era bastante guay conocer algo sobre el lado no famoso de los Hale. Después de que Allison se fuera a por su sandwich, empezaron a hablar de los Hale en general, y Stiles admitió su amor por el cuadro del cielo estrellado de Cora Hale. Le estaba hablando a todo el mundo y luego a sus madres de ese cuadro, pero es que llevaba suspirando por él dos años. Era increíble que todavía no lo hubieran comprado, aunque suponía que el precio era un factor disuasivo. Aunque claro, tenía otro cuadro del océano embravecido por casi setenta y cinco mil, y ese le había vendido. Igual es que nadie apreciaba el cielo nocturno como él.
Stiles se quedó un buen rato más después de haber acabado de comer, y cuando el restaurante se estaba preparando para cerrar, él y Allison intercambiaron números de móvil y ella le hizo prometer que la escribiría. Accedió sin necesidad de muchas amenazas, porque ella realmente genial y de verdad que necesitaba un amigo que no fuera un lobo.
Lo cual le hizo entristecerse, porque se dio cuenta de que tenía que mantenerse lejos del bosque. No sería capaz de ir a correr más, y esperaba que su lobo lo entendiera.
Se fue a casa en el Jeep, golpeando el salpicadero cuando se sacudió de manera ominosa, y luego recorrió su calle.
Era difícil para él dejar de pensar en los eventos del día una vez estuvo en casa. Sin una distracción, iba y venía entre el, “¿Y si a mi lobo lo acribillan a balazos los cazadores?” y el “Soy una pareja potencia, ¡¿qué cojones?!”
Con todo, no fue una noche divertida para él, y no ayudaba el hecho de que fuera tan tarde y su padre aún no hubiera vuelto a casa. Stiles esperaba que hubieran cancelado la búsqueda una vez hubiera empezado a oscurecer, pero la verdad es que no estaba seguro.
Aún seguía extremadamente nervioso por su lobo, y siguió yendo de un lado a otro en su cuarto, mordisqueándose el pulgar. Ciertamente sería listo y habría vuelto a su forma humana, ¿pero y si había gente alrededor y no tenía la oportunidad de hacerlo? Stiles no estaba seguro de que hubiera tranquilizantes en esos rifles y la verdad es que estaba aterrorizado de despertarse y descubrir de que habían matado a su lobo.
Cuando su padre entró finalmente por la puerta a las doce menos cuarto, Stiles voló escaleras abajo e interceptó al exhausto hombre en su camino a la cocina.
“¿Cómo ha ido? ¿Habéis encontrado algo?”
“No había señales del león de montaña,” dijo, sentándose a la mesa con un quejido y señalando al armario. Stiles fue obedientemente y le llevó un vaso de cristal y el whisky. Le parecía bien que su padre bebiera siempre y cuando él estuviera cerca para supervisarle.
Lo cual debería de ser al revés, pero su vida estaba bastante desordenada en estos momentos así que, en comparación, eso era normal.
Posando todo en frente de su viejo padre, tomó asiento delante suyo y esperó a que elaborara.
“¿Y bien?” inquirió, intentando no delatar lo nervioso que estaba.
“¿Y bien qué?” interpeló el sheriff, vertiendo una pequeña cantidad del líquido ámbar antes de posar de nuevo la botella. “No hemos encontrado nada.” Cogió el vaso. “Yo sigo pensando que es un lobo,” masculló, vaciando el vaso.
“No es un lobo,” insistió Stiles con el ceño fruncido. “¡Yo lo vi! ¡Te estoy diciendo que era un león de montaña!”
“Si lo atrapamos,” dijo su padre, poniéndose otra copa antes de cerrar la botella, “me podrás decir que ya me lo dijiste.”
“¡Lo haré!” Stiles le observó levantarse e irse al armario de nuevo, devolviendo la botella a donde pertenecía.
Ambos se fueron a la cama poco después, Stiles comprobando su horario para asegurarse de que llegaría a tiempo, considerando que Boyd había sido lo suficientemente amable como para cubrirle hoy.
Una vez se duchó y se puso el pijama, consiguió dormirse relativamente rápido al darse cuenta de que su lobo estaba a salvo.
Sus manos escocían y latían ahora que ya no tenía las vendas, pero era mejor que la alternativa.
La cual era estar muerto. Tener las manos heridas ganaban a estar muerto sin dudarlo.
**********
Stiles estaba cansado del turno de mañana del día siguiente, y tuvo que repetir la historia sobre el león de montaña unas cuantas veces debido al cambio de turno de luego. Boyd tenía que trabajar el día siguiente mientras que Stiles le tenía libre, así que se ofreció a cubrirlo dado que Boyd le había ayudado el día anterior. Insistió en que no tenía que hacerlo, pero Stiles persistió y al final accedió.
No era que quisiera cubrirle el turno, es solo que Boyd le había hecho un favor enorme y además le había ayudado a meter al ciervo en el Jeep. Se merecía algo de tiempo libre.
Lydia se presentó mientras Stiles aún estaba trabajando y exigió una explicación de por qué era lo suficientemente estúpido como para irse al bosque cuando había un león de montaña por la zona. Stiles no tuvo ocasión de abrir la boca y mayormente dejó que le echara la bronca.
La conversación acabó con ella diciendo que le alegraba que él y Allison fueran amigos y que tenía que irse porque tenía una cita con Jackson.
Stiles no estaba completamente seguro de cuál había sido el motivo de su visita, especialmente considerando que ya no se veían muy a menudo. Era bastante deprimente cuando se ponía a pensar en que Scott le había abandonado por Kira, y que Lydia le había abandonado por Jackson. Ahora su amigo más cercano era un lobo, y le seguía una chica que trabajaba en el restaurante y que le había odiado en el instituto simplemente porque era amigo de Scott.
Su vida era triste. Tenía que pirarse de Beacon Hills.
Cuando acabó su turno, se fue a casa y luego no supo que hacer con su vida. Normalmente, se iría a correr y hablaría con su lobo, pero con el león de montaña por ahí suelto no podía hacerlo. Que no es que tuviera deseo de morir o algo, pero sentía que tenía más miedo por si su lobo resultaba herido protegiéndole que por su propia seguridad.
Aún así, ahora no sabía qué hacer. La verdad es que se había acostumbrado a esa nueva rutina y ahora estaba de mal humor. Suponía que podía irse a correr alrededor de la manzana, pero no era lo mismo. Su lobo no estaba ahí para hacerle compañía, y aunque admitía que originalmente no se había ido al bosque para hacerse amigo de un lobo y tener un compañero de footing, seguía sintiéndose bien el tener a alguien cerca.
Le hacía sentirse menos solo, suponía.
Aún estaba sentado frente a su escritorio, aún dando vueltas a que hacer el resto del día cuando sonó su móvil. Lo miró, esperando que fuera Scott con una nueva oda sobre las pestañas de Kira o algo, pero le sorprendió ver el nombre de Allison parpadeando.
Recogiendo el móvil, casi lo dejó caer en sus prisas por contestarlo, y tuvo que lanzarlo de una mano a otra hasta que pudo agarrarlo bien y descolgó la llamada.
“¿Hola?”
“¡Ey! Perdona por llamarte así de repente. Es que me estaba preguntando si estabas libre esta noche. Yo ya he terminado de trabajar por hoy y necesito liberar algo de energía. ¿Estaba pensando en ir a la bolera? Tienen buenos nachos. Invito yo.”
Si Stiles no sintiera una conexión de amistad tan fuerte con Allison, casi hubiera asumido que se estaba enamorando de ella. Tal cual estaban, ella seguía en la zona de los amigos, unas cuantas ligas más arriba de Scott y Lydia.
“Eso suena genial. No te preocupes por la llamada sorpresa, me acabas de salvar de una tarde de aburrimiento. ¿Cuándo quieres ir?”
“¿Ahora? Bueno, ahora para mí. Tengo que esperar a que venga mi padre a buscarme. Debería de llegar en unos veinte minutos, ¿así que igual podemos vernos allí en media hora?”
“Puedo ir a buscarte,” insistió Stiles, poniéndose de pie y cogiendo su sudadera del suelo en caso de que luego refrescara.
“No tienes por qué, puedo esperar a mi padre.”
“Ey, no pasa nada. Me estás haciendo un favor, de verdad. ¿Estás en el restaurante?”
“Si. Gracias, esto es genial.”
“Sin problema. ¿Necesitas pasar por casa primero para cambiarte? No me importa hacer una parada.”
“¡Eres increíble! ¡Si, por favor!”
“Estoy allí en cinco minutos.”
Stiles colgó y bajó las escaleras rápidamente. Escribió a su padre para hacerle saber que iba a salir, y luego salió de la casa y se apresuró hacia el Jeep.
Aún estaba decepcionado por no pasar tiempo con su lobo, pero estaba seguro de que el tío lo entendería. Después de todo, dudaba de que su lobo le quisiera dando tumbos por el bosque para que se dieran un festín los leones de montaña así que, por ahora, sería una persona normal y se iría a la bolera con una nueva amiga.
Pese a ser un desastre jugando a los bolos, ¿en qué estaba pensando?
Aunque claro, esto no iba sobre jugar a los bolos, en realidad. Esto era por la compañía. Y Stiles disfrutaba de veras con la compañía de Allison, era muy divertida. Se llevaban muy bien.
La recogió en menos de ocho minutos y siguió sus direcciones para ir hasta su casa. La esperó en el coche mientras ella se quitaba la ropa del trabajo, y cuando regresó unos minutos después, se fueron a la bolera.
Stiles no podía recordar la última vez que había ido a jugar a los bolos, pero sí que se acordaba del tío que llevaba el sitio. Mayormente porque en el segundo en el que fue al mostrador a pagar y coger los zapatos, el chico al otro lado le lanzó una mirada sospechosa mientras se los daba. Stiles creía recordar una especie de incidente que involucraba espuma de afeitar, una balsa inflable, y un montón de gritos furiosos por parte de su padre. Se limitó a sonreirle cordialmente antes de girarse para sentarse en un banco con Allison para cambiarse de calzado.
Una vez estuvieron listos, eligieron una pista y Stiles dejó que Allison empezara mientras él se iba a por sus nachos y dos bebidas. Estaba en el proceso de equilibrarlo todo para llevarlo a sus asientos cuando se congeló en el sitio unos metros de los dos escalones que conducían a las pistas.
Porque Derek Hale estaba en el mismo sofá que Allison, con un brazo extendido por encima del respaldo de los sillones en los que estaba sentado, y llevando los mismos vaqueros y chaqueta de cuero que la primera vez que Stiles le había visto en el restaurante.
¡¿Por qué estaba Derek Hale aquí?! ¡Si Stiles hubiera sabido que Derek Hale iba a aparecer, se habría quitado la ropa del trabajo! No se había molestado cuando fue a por Allison porque no quería manchar otra ropa. Su padre le había dicho ya hacía mucho tiempo que iba a estar a cargo de lavar su propia ropa, y aunque Stiles sabía que otro conjunto no era la gran cosa, era algo lo suficientemente disuasorio como para no cambiarse de ropa.
Le llevó varios segundos tener el ataque de nervios y entrar finalmente en el área de bolos, pasando al lado de otros sillones hasta que llegó a su pista. Allison estaba riendo de algo que Derek había dicho, y el Hale en persona estaba sonriéndola cariñosamente. Stiles se imaginaba que el tío estaba prendado de ella y estaba intentando asegurarse de que Stiles no le robara a la chica.
Cosa que no hará porque, de nuevo, estaba en la zona de amigos por su parte. Por no mencionar que no quería que su lobo se pusiera celoso y viniera a arrancarla la garganta. Jesús, ¿era eso algo de lo que tenía que preocuparse? Si su lobo estaba empezando a darle regalos como en una especie de extraño cortejo licántropo para que fuera su pareja, ¿tenía que preocuparse de que el tío mal entendiera su nueva relación con Allison?
Sin mencionar el hecho de que había tenido suerte de que Stiles no discriminara porque, Hombre lobo o no, si hubiera sido hetero, ¡habría mandado a paseo al lobo! Stiles esperaba que al menos fuera más alto que él en su forma humana.
Dios, daría lo que fuera para que estuviera tan cachas y fuera tan atractivo como Derek Hale.
“No me puedo creer que hayas conseguido llegar sin tirar nada,” le vaciló Allison cuando Stiles se acercó.
“Yo soy un maestro con la comida, que lo sepas. Siempre y cuando sea la mía.” Posó los nachos y la bebidas en la pequeña mesa del medio en donde estaba la pantalla con los marcadores y se giró para saludar incómodamente con la cabeza a Derek. “Ey.”
“Hola. Stiles, ¿verdad? ¿El hijo del sheriff?” La sonrisa de Derek había desaparecido, pero no parecía tan gruñón como la primera vez que Stiles se había encontrado con él.
“Así me llamo yo,” dijo Stiles con media sonrisa. “El hijo del sheriff.”
Derek arqueó una ceja hacia él, pero no dijo nada más antes de devolver su atención hacia Allison. Ella estaba sonriendo a Stiles de un modo un poco irritante cuando la miró y él frunció el ceño y fue a coger una bola puesto que Allison ya había jugado su turno mientras no estaba.
Hizo una mueca de dolor cuando recogió la bola, dándose cuenta de que probablemente no era una gran idea jugar a un juego como este cuando tenía las manos aún jodidas. Posó la bola y comprobó sus manos para asegurarse de que no estaban sangrando, y luego se preguntó si quizás podría sentarse y mirar mientras Allison y Derek jugaban.
Cuando se giró para sugerirlo, pegó un brinco al encontrar a Derek justo ahí, alargando una mano para agarrarle de la muñeca y acercarle, mirando a sus manos.
“Parecen estar curándose bastante bien,” comentó, frunciendo un poco el ceño. “Pero igual jugar a los bolos no es la mejor idea para tí ahora mismo.”
“A mi me parece bien sentarme,” insistió Stiles, señalando a los asientos con su mano libre. “Puedes jugar contra Allison. De todos modos yo estoy aquí sobre todo por la compañía. Mi carrera diaria se ha ido al garete cuando un león de montaña intentó comerme.”
Derek no le soltó de la muñeca pero se giró hacia Allison, quien estaba sorbiendo su bebida. “¿Te importa si ocupo su lugar?”
Ella se encogió de hombros hábilmente, apartando la pajita de sus labios y sonriendo con suficiencia una vez más. “Él, tú, no me importa. Voy a seguir dejando por los suelos contra el que juegue.”
Stiles la miró, luego dio unas palmadas en el hombro de Derek con su mano libre. “Todo tuyo, colega.”
Derek resopló de risa, pero soltó su muñeca y se movieron para que el hombre más adulto pudiera coger una bola y Stiles pudiera irse a los asientos.
Cuando se sentó, Allison se acercó un poco más a él para que ella pudiera cogerle una mano, mirándola. Algunas de las heridas se habían reabierto, pero no estaban sangrando seriamente. Estaban más bien en ese estado intermedio en el que, si tocaba algo, le saldría sangre, pero no se acumularía y empezaría a caer en regueros por sus palmas.
“Lo siento, ni siquiera había pensado en tus manos.” Ella sacudió la cabeza. “Y eso que te vi con las vendas ayer.”
“No pasa nada. De todos modos, el hecho de que Derek juegue por mi me libra de la vergüenza.” Sonrió y se giró para mirar a Derek. Tenía la postura perfecta para ir a lanzar, y cuando liberó al bola, esta pareció planear hasta el fondo, golpeando el bolo delantero y el trasero. Pero no fue suficiente para tirarlos todos, y tres bolos permanecieron de pie. Maldijo y se giró para coger otra bola y poder intentarlo de nuevo.
“¿Por qué está Derek aquí?” preguntó en voz baja.
Allison se encogió de hombros. “Me preguntó qué estaba haciendo. Le dije que jugar a los bolos. Se presentó aquí pocos minutos después.” Ella ladeó la cabeza hacia un lado. “Creo que está aburrido. Su madre no le deja irse hasta que la situación con el león de montaña se haya resuelto, y ha estado trabajando para atraparlo--o a lo que quiera que pensara que fuera al principio--desde que ha llegado.” Ella suspiró y le soltó la mano, girándose para coger su bebida y dar un par de sorbos antes de volver a posarla. “Es una persona más bien hogareña. Le gusta que le dejen tranquilo. Por eso se convirtió en geólogo, le gusta ir y hacer las cosas a su ritmo. Lejos de la gente y de lo que creen que saben de él.”
Antes de que Stiles pudiera preguntar nada, ella se puso de pie y se fue a la parte delantera, Derek regresando al banco. Parecía casi inútil que cualquiera de ellos se sentara dado que eran los únicos que jugaban, pero había notado que Derek se había tomado su tiempo intentando tumbar los bolos, e incluso ahora, Allison estaba mirando las bolas como si intentara decidir cuál le gustaba más.
No sabía que estaba pasando, pero se sentía bien lo de tener a gente que quisiera activamente pasar tiempo con él, incluso cuando no sabía nada de ellos.
“Allison me va a destrozar,” masculló Derek, sentándose al lado de Stiles y mirando mal a la morena. “Tiene una puntería impecable.”
“Si, le gusta el tiro con arco o algo así, ¿verdad?” le preguntó Stiles con una sonrisa. “La recuerdo practicando después de clases cuando yo iba a los entrenamientos de lacrosse. Era realmente buena.”
“¿Jugabas a lacrosse?” preguntó Derek, volviéndose hacia Stiles. “Eso era divertido. A mi no me dejaban jugar, era un deporte demasiado violento.”
“Oh.” Stiles frunció el ceño. “¿Les preocupaba a tus padres que te hicieras daño o algo así?”
“No, les preocupaba que se hicieran daño los otros jugadores.”
Stiles esperó a que dijera más, pero no lo hizo. En vez de eso alargó la mano y tomó la bebida de Stiles, girándose para ver a Allison mientras bebía.
Durante unos segundos, Stiles no supo qué hacer. Se preguntaba si quizás Derek había pensado que la bebida era para él, y luego desechó esa idea porque obviamente no lo era puesto que ni siquiera había sabido que Derek iba a venir cuando había comprado las bebidas. Luego se preguntó si quizás Derek había pensado que era la bebida de Allison, pero desechó esa idea todavía más rápido porque la suya tenía manchas de pintalabios en la pajita. Así que…¿sabía que era de Stiles y no le importaba? ¿O sabía que era la de Stiles y le daba igual lo de compartir? ¿O es que...le daba igual todo?
Stiles no sabía qué decir, y se alegró cuando Allison regresó con ellos, Derek posando la bebida de nuevo y poniéndose de pie. Ella se sentó al lado de Stiles y le sonrió.
“¿A que viene esa cara?”
“Estaba bebiendo mi cerveza de zarzaparrilla,” dijo Stiles, inseguro de qué más decir.
“Oh, si. Él es así.” Se encogió de hombros. “No te preocupes por ello. Si no te gusta eso de compartir la bebida, te comprará otra.”
“No,” escupió Stiles, agarrando su bebida y acercándola. Esto había tocado los labios de Derek Hale, ¡ni de coña iba a soltarlo! “Quiero decir, no. Me da igual.” Se aclaró la garganta, ignorando la mirada divertida de su rostro cuando ella fue a pegar otro trago de su bebida. Lo siguió cogiendo unos nachos y Stiles se metió rápidamente un puñado en la boca para evitar decir nada más estúpido.
No funcionó, porque apenas había acabado de masticar los nachos cuando preguntó, “¿Entonces a qué te referías?”
“¿Referirme?” preguntó ella, arqueando una ceja.
“Eso que dijiste. Sobre que la gente no sabe lo que creen que saben sobre él.”
“Oh.” Su expresión se ensombreció. “Bueno, Derek siempre ha sido un poco capullo, tampoco voy a mentir sobre eso.”
Stiles escuchó a Derek maldecir y se giró hacia él. Hizo como pudo el lanzamiento y dio pisotones hacia las bolas para coger otra, lanzándole a Allison una mirada mordaz, como si fuera su culpa que hubiera errado el tiro. Stiles se giró hacia ella y la vio sonreír, pero ella seguía mirándole a él y no a Derek.
“A la novia de Derek la atacó un animal salvaje cuando se escapó de su casa para verse con él en el bosque. A Derek lo pilló su madre cuando estaba saliendo de la casa, y ella le acompañó hasta el bosque para asegurarse de que Paige estaba a salvo y así poder gritarles a ambos. Desgraciadamente, no estaba a salvo.”
“Oí hablar de ello,” dijo quedamente Stiles. “La gente pensó que lo hizo él.”
Ella asintió con la cabeza, la voz cubierta de amargura cuando prosiguió. “Los Hale eran ricos y son dueños de prácticamente todo el pueblo. La gente pensó que sus padres pagaron a los polis para que hicieran que pareciera un ataque de animal, pero no fue eso lo que pasó. Fue atacada por un animal. Derek estaba destrozado. Se quedó con mi padre y conmigo durante casi un mes, necesitando alejarse de Beacon Hills.” Ella suspiró, cogiendo otro puñado de nachos y masticando lentamente mientras ambos observaban a Derek prepararse para el siguiente lanzamiento.
“Pero regresó,” dijo en voz baja Stiles.
“Si. Y mira para qué sirvió,” refunfuñó Allison con amargura. “No voy a entrar en detalles ni nada, pero una de sus profesoras estaba abusando sexualmente de él. No sabía cómo decírselo a nadie, así que no lo hizo y dejó que pasara. Se imaginaba que lo merecía por lo que había pasado con Paige. La cosa acabó cuando Laura les pilló. Había ido a buscarle para darle una sorpresa porque había regresado a casa de la universidad antes de lo esperado. Se puso hecha una furia, especialmente cuando se dió cuenta de que no era consensuado. Talia estaba furiosa, fue a por la profesora, la escuela y el junta escolar. Derek no quería que hicieran un lío más grande de lo que ya era así que se quedó en casa y su padre le educó allí. Cuando llegó la hora de irse a la universidad, eligió la más lejana posible en la que le habían aceptado y desapareció de Beacon Hills.
Stiles no tenía ni idea de qué decir, porque sinceramente, había escuchado todo esto, pero desde un punto de vista completamente diferente. Nadie había dicho nada sobre que la relación de Derek y Jennifer Blake no fuera consentida, siempre hablaban de Derek Hale como el chico malo que arruinó la vida de una profesora y que sudó de ello.
Claro, era posible que Derek le hubiera mentido a Allison y que fuera consentido y este fuera un modo de salvarse el pellejo, pero de algún modo, Stiles lo dudaba. No tenía nada que ganar al admitir una profesora había abusado sexualmente de él y, sinceramente, probablemente había asumido que nadie le creería, lo cual era el motivo por el que no había dicho nada en primer lugar. Sin mencionar que alguien que estuviera saliendo con una profesora no desaparecería del colegio y abandonaría el pueblo a la menor de cambio.
La gente que hacía eso normalmente huían de algo.
“No tenía ni idea,” dijo quedamente, sintiéndose culpable por haber sido uno de esas personas que habían creído que Derek era un capullo integral.
“No es algo que la familia airee a los cuatro vientos.” Allison le golpeó con el hombro. “Pero tú eres el hijo del sheriff, y estoy segura de que puedes guardar un secreto. Pareces una persona en la que puedo confiar.”
“Confía en mí, puedo guardar un secreto,” dijo, pensando en su lobo mientras Derek se acercaba a ellos, pagado de sí mismo.
“He hecho un strike.”
“Al tercer intento,” se burló Allison, poniéndose en pie y dándole un codazo cuando pasó a su lado con una sonrisa.
Derek dejó escapar un suspiro profundo y se dejó caer al lado de Stiles. Él y Allison seguían sentándose a su lado siempre que volvían, como si tuvieran su sitios adjudicados. No le importaba, estaba bien lo de que regresaran para hablar con él.
Stiles le miró, pensando en lo que Allison acababa de decir mientras Derek alargaba la mano para coger unos nachos. Arqueó una ceja hacia Stiles, obviamente sin tener idea de por qué le estaba mirando así, y balbuceó lo primero que se le pasó por la cabeza.
“¿A dónde ibas?
“¿Qué?” preguntó Derek.
“Ayer. Tu ropa.” Señaló lo que Derek estaba llevando hoy, y luego hizo una mueca. “Quiero decir, que ibas muy elegante cuando apareciste en el bosque.”
“Oh.” Derek miró hacia Allison un segundo, como si estuviera comprobando su progreso, y luego encaró de nuevo a Stiles. “Cpra va a hacer una exposición en Sacramento pronto. Iba a ir allí para ver la sala con ella, pero recibí una llamada sobre el león de montaña así que regresé.” Frunció entonces el ceño, girándose para ver mejor a Stiles. “Esa es la segunda vez que te he pillado en el bosque habiendo un cierre policial. ¿Tan poco te importa tu padre, o es que simplemente te da igual tu bienestar?”
No había esperado eso, y Stiles le miró unos segundos antes de beber apresuradamente de su bebida para ganar algo de tiempo. Estaba succionando con fuerza de la pajita, y vio como los ojos de Derek descendían rápidamente hasta sus labios antes de volver a subir.
Durante un segundo, Stiles no estaba seguro de haber visto eso, pero cuando volvió a succionar por segunda vez, los ojos de Derek permanecieron un poco más en sus labios.
Hostia puta, ¡¿era Derek Hale gay?! ¡¿O, por lo menos, bisexual?! ¡Hostia puta!
Aclarándose la garganta y liberando a la pajita, Stiles dijo, “Uh, bueno, ya sabes. La primera vez fue un accidente. La segunda vez, ni siquiera sabía que habían cerrado la zona.”
“¿Qué estabas haciendo allí?” inquirió Derek, pareciendo recuperarse rápidamente del trance en el que estaba cuando miraba la boca de Stiles y hostia puta, ¡¿estaba en serio Derek Hale mirando sus labios?! “¿Más flores para tu amigo?”
“No.” Stiles persiguió la pajita con su lengua, intentando ganar tiempo de nuevo, pero Derek le cogió la bebida de las manos y la posó sobre la mesa, mirándole fijamente. “Uh, no. Estaba, uh--buscando a alguien. Mi--voy a correr al bosque, y a veces también aparece mi amigo. Iba a encontrarme con él, pero…” Se sentía borde decir que no había aparecido cuando su lobo había estado ahí, pero no sabía cómo explicar su desaparición una vez apareció la policía.
Era más seguro decir que no había estado ahí que tener que explicar su desaparición.
“Supongo que simplemente...no vino a correr conmigo ayer.”
“Probablemente estaba preocupado por ti cuando se enteró de lo que había pasado.”
Stiles notó que Derek estaba mirándole las manos y él las cerró en puños y las posó sobre su regazo, mirando más allá de Derek y hacia Allison. Se sentía incómodo hablando de su lobo con alguien, porque no sabía cuánto podía contar sobre él.
“Si,” admitió Stiles, recordando lo preocupado que había estado su lobo antes de echar a correr. “Lo estaba. No pretendía preocuparle.”
“Igual deberías de mantenerte lejos del bosque hasta que pillen al león de montaña, entonces. Y ahorrar a mucha gente pesares.”
“Claro.” Stiles no sabía que más decir sobre eso, y gracias al cielo Allison regresó entonces, Derek poniéndose de pie.
Volvió a beber de la bebida de Stiles, cogió unos nachos para metérselos en la boca, y luego se movió para coger una bola.
“Estás hecho todo un animal,” le reprendió Allison cuando pasó a su lado, presumiblemente por el modo en el que había cogido la comida.
Derek le lanzó una sonrisa ladeada, y ambos compartieron un chiste privado que Stiles no entendió para nada.
Todo lo que sabía es que estaba bastante seguro de que Derek Hale estaba medio flirteando con él, y aunque eso era bastante guay, no estaba realmente seguro de cómo se sentía al respecto.
**********
Stiles se presentó a tiempo para hacer el turno de Boyd al día siguiente, trabajando duro para compensar haber faltado el otro día, con todo eso del ciervo muerto.
Debido a que el cierre policial en la reserva esta vez no era tan oficial como el primero que hicieron los Hale al comienzo de la primavera, un montón de gente estaba presentándose para recoger sus coches alquilados, y luego gritándole a Stiles cuando él les informó de que la reserva estaría cerrada los próximos días.
¡No era culpa suya que hubiera un león de montaña suelto matando gente! Tuvo un cliente que fue tan borde con él que casi perdió los estribos y le dijo que se fuera al bosque a ver si palmaba, si era eso lo que quería, pero se mordió la lengua hasta que casi la hizo sangrar y le deseó al gilipollas una agradable visita cuando finalmente abandonó el establecimiento.
Estuvo mandando algunos mensajes a Allison, recibiendo sus respuestas instantáneamente cuando era pronto por la mañana, pero empezaron a reducir el ritmo según se acercaba el momento de que Stiles acabara el turno, porque para entonces ambos estaban trabajando.
Scott también le acabó escribiendo antes de que acabara el turno, para decirle que había aparecido el cadáver de otro desaparecido y se había confirmado que había sido un león de montaña. Deaton comentó que era muy probable que no se pudiera rehabilitar de ningún modo y que tendrían que sacrificarle cuando le capturaran.
Eso entristeció a Stilds, porque sabía lo mucho que los Hale amaban a los animales, y el león de montaña estaba haciendo lo que le dictaba su naturaleza. Estaba seguro de que no pretendía matar a personas, pero quizás tenía cachorros y estaba intentando protegerlos de los grandes y temibles humanos.
Cuando le dijo esto a Scott, él le dijo que Deaton ya lo había estado comprobando con Derek Hale, quién había estado trabajando en rastrear al animal estos últimos días. No había señales de cachorros así que era probable que simplemente fuera una bestia agresiva cazando por diversión.
Stiles esperaba que su lobo estuviera bien, porque no había visto ni rastro de él en días.
Cuando salió más tarde de su turno, Lydia le estaba esperándole afuera de su casa y se auto invitó a entrar rápidamente. Había discutido con Jackson y necesitaba alguien para desfogarse, lo que quería decir que Stiles tuvo el honor de escucharla quejarse y lamentarse de él porque Allison estaba trabajando.
Para resolver el problema, la dijo que deberían salir a cenar, y aunque no estaba contenta de dónde habían ido a cenar, al menos estaba dividida quejándose a Allison y quejándose a Stiles. Cada vez que le daba la espalda a uno, el otro rodaba los ojos detrás suyo. Stiles casi hizo reírse a Allison en un momento, y Lydia se dió rápidamente la vuelta para atizarle con el menú por no importarle sus problemas.
"Tengo problemas también, sabes," insistió Stiles.
"¿Oh en serio? ¿Como cuales?" demandó Lydia mientras Allison se iba a atender a otro cliente.
"¡Como--cosas! ¡Ya sabes!" Stiles la asesinó con la mirada. "Tengo una vida más allá de ti y de Scott, sabes."
"Ya me he dado cuenta." Lydia se giró para mirar a Allison, y luego volvió a mirar a Stiles. "Entonces, ¿Esto ahora es una cosa a tener en cuenta? ¿Tú y Allison?"
"¿Qué quieres decir?"
"¿Te gusta?"
Si Stiles hubiera estado bebiendo, se hubiera atragantado con el agua. Pero como no estaba bebiendo, se atragantó con su propia saliva.
"¿Qué? ¡No! ¡No me gusta! Solo somos amigos."
"Mmhm," dijo Lydia, ojeándole y claramente no creyéndole.
"¡Que somos amigos!"
"¿Entonces por qué parecer estar todo el tiempo sonrojado?" Lydia le embistió la mejilla con el dedo. "Te conozco, Mieczyslaw Stilinski."
"No me llames Mieczyslaw," insistió Stiles, dándola un manotazo en la mano para apartarla.
"Desembucha. No has estado tan odioso como siempre cuando me he quejado de Jackson, lo que quiere decir que esperas que yo te escuche cuando tengas tus propios infortunios en el amor." Se acercó el agua, lo inspeccionó durante un segundo, luego lo apartó con una expresión de medio asco. "Si no es Allison, ¿quién es?"
"Nadie," masculló Stiles, encorvándose en el asiento.
"¿Es Derek Hale?"
"¿Qué?" Stiles la miró. "No. Quiero decir, que está cañón y todo eso, pero la verdad es que no le conozco." Se encogió de hombros. "Aunque la verdad, tampoco le conozco a él."
"¿Oh?" Lydia deslizó a un lado los menús, como si estuvieran bloqueando sus ojos para verle, pese a que habían estado tumbados boca abajo en la mesa. "¿Él quien?"
Mierda, pensó Stiles encogiéndose sobre sí mentalmente. No había pretendido decirlo en voz alta. "Nadie. Es solo que--es solo que conocí a un chico hace tiempo. Él ha estado... haciéndome notar que está interesado, eso es todo."
"¡Desembucha!" Lydia tenía un brillo en sus ojos cuando se acercó más. "¿Cómo se llama? ¿Cómo es? ¿Cómo os conocisteis?"
¡Mierda! Esto era realmente malo.
"No es asunto tuyo," dijo apresuradamente Stiles. "Mira, no hagas una montaña de un grano de arena, ¿Vale? Yo aún estoy--aun no sé cómo me siento al respecto. Ni siquiera estoy aún seguro de qué está pasando con...lo que sea que tenemos."
Lydia insistió unas pocas veces más antes de darse cuenta de que le estaba cabreando y lo dejó estar. Estaba claro que aún sentía curiosidad, pero era probable que no quisiera tocarle las narices o si no se iría y ella no tendría nadie que la llevara hasta su casa en donde había dejado el coche.
Nunca haría eso de verdad, pero si que la amenazaba con ello muchas veces.
Después de cenar, se despidieron de Allison y Lydia le escribió a Jackson en el viaje de vuelta a la casa de Stiles. Para cuando aparcó el Jeep, hicieron las paces y le besó en la mejilla como agradecimiento antes de marcharse en su coche. Eso estaba bien, de todos modos ya era tarde, y Stiles quería dormir algo. Tenía un día libre más que merecido mañana--lo cual era triste, porque había estado emocionado y con ganas de disfrutar de los dos días libres seguidos, pero ¡Ay!, había hecho el turno de Boyd--y tenía toda la intención de disfrutarlo.
Su padre estaba dormido en el salón cuando entró Stiles, así que le despertó y luego se fue a su cuarto. Estuvo trasteando en el ordenador unas horas, luego se fue a la cama y tuvo un sueño intranquilo, soñando con personas que perseguían a su lobo con horcas y antorchas.
Stiles no sabía cuánto había dormido, pero sabía que era de mañana cuando le despertó una maldición ruidosa y sus ojos se abrieron.
Incorporándose repentinamente en la cama, miró medio dormido hacia la ventana, viendo una luz solar brillante que atravesaba su persiana. Su padre aún seguía lanzando improperios abajo y su cerebro atontado necesitó unos segundos para determinar la posible razón tras ello. Después de todo, ya habían pasado tres días desde lo del ciervo.
Cuando lo comprendió, sus ojos se abrieron de par en par y se sintió instantáneamente espabilado.
Apartando a paradas las sábanas, dio tumbos para salir de la cama y se estampó contra la puerta de su habitación, forcejeando para abrirla. Una vez cooperó, corrió como una bala hacia las escaleras, bajándolas apresuradamente, y llegó a la entrada en donde su padre estaba entrando poco a poco en casa.
"¿Papá?"
El susodicho se giró de repente, con la pistola apuntando afuera, y dijo, "Quédate ahí. No te acerques más."
En el segundo en que su padre se volvió a girar hacia lo que quiera que había afuera, Stiles le desobedeció instantáneamente y acortó la distancia. Se quedó en el umbral mientras su padre descendía cautelosamente las escaleras del porche.
Stiles casi se golpeó la cara con la mano.
Probablemente lo hubiera hecho, si no hubiera estado preocupado de que su padre le escuchara y se preguntara por qué motivo se estaba golpeando la cara.
Había un león de montaña requetemuerto en su patio delantero. Estaba un poco más cerca de la casa de lo que había estado el ciervo, pero definitivamente estaba ahí. Porque su lobo definitivamente había dado caza al animal y lo había matado.
¿Por qué era esta su vida? ¿Por qué no podía recibir regalos normales? ¿En plan como un reloj o algo así? Los relojes eran bonitos, y útiles. Y caros, ¡Lo cual dejaba más que claro todo eso de poder proveerle!
Dejando salir el aire de forma lenta y calmada, sabía que disgustarse por algo que escapaba a su control no le iba a llevar a ninguna parte.
Así que se concentró en lo que sí podía controlar.
Lo que era el enorme ‘te lo dije’ que le iba a decir a su padre.
Bajando los escalones del porche y dirigiéndose a su padre, se detuvo a su lado hasta que ambos miraban al animal muerto, luego se giró para sonreírle.
“Te dije que era un león de montaña.”
Su padre se giró hacia él, exasperado, mientras se guardaba la pistola. “¿En serio, Stiles? ¿Te regodeas?”
“Bueno, ya sabes, solo un poco.” Sonrió de medio lado.
El sheriff no dijo nada, sacudiendo la cabeza y frotándose la nuca. “¿Qué demonios está haciendo aquí? ¿Cómo ha llegado aquí?” Se inclinó para inspeccionar la herida del cuello y Stiles escuchó el crujir de las hojas. Se dio la vuelta inmediatamente hacia los arbustos laterales, y estuvo repentinamente consciente de lo expuestos que estaban.
Hasta el momento, Stiles no había mostrado ninguna señal de haber apreciado el regalo, y aunque no quería un león de montaña muerto, sí que reconocía que lo había atrapado para él. Probablemente porque el condenado bicho había intentado comerle.
“Uh, ni idea,” dijo con cautela, mirando de reojo el arbusto durante un segundo antes de volver a mirar a su padre agachado. “Nop. Ninguna. Ni idea. Excepto que, ya sabes, demuestra haber tenido una fuerza increíble y, uh, ¿proveencia…?” Stiles estaba bastante seguro de que se había inventado la palabra.
La mirada que le echó su padre desde su posición a gachas le hizo saber que sí, la había inventado.
“¿Qué?”
“¿Qué?” repitió Stiles.
Su padre le siguió mirando unos segundos, luego negó con la cabeza en plan ‘no quiero saberlo’ antes de volver a mirar al animal muerto.
“Entra en casa y llama a Deaton, ¿quieres?”
“Yup. Guay. Entendido, papaíto.” Stiles dio una palmada con las manos antes de poner los dedos a modo de pistolas. “Pero, quiero decir, tienes que admitirlo. Lo del león de montaña.” Silbó. “Ha sido realmente impresionante. Realmente muestra lo digno de confianza que--”
“Stiles,” su padre le cortó, lanzándole una mirada por encima del hombro. “Ahora.”
“Claro, si, vale.”
Se giró para apresurarse a entrar a casa, echando un vistazo a los arbustos, pero no vio a su lobo. También podía ser que se estuviera escondiendo muy bien.
O igual es que no estaba ahí y Stiles estaba loco.
Volviendo dentro, llamó al veterinario y habló con Scott, explicando la situación. Le confirmó que Deaton estaría ahí en breves y Stiles colgó.
Mirando la hora, supo que su padre iba a llegar tarde a trabajar. Stiles, por otro lado, tenía todo el día para lidiar con este nuevo regalo, quisiera o no.
Volvió a salir para esperar a Deaton, poniéndose junto a su padre, quien aún estaba agachado e inspeccionando la herida.
“¿Qué crees que ha hecho eso?” inquirió Stiles, queriendo saber lo nervioso que debería de estar.
“No estoy seguro. Lo que quiera que fuera, estaba cabreado.” Su padre frunció el ceño, luego miró a Stiles con los ojos achicados. “¿Estás seguro de que te había atacado un león de montaña?”
“Considerando que estaba contemplando si atacarme la cara, si, bastante seguro, papá.”
El sheriff gruñó y volvió a mirar el león de montaña.
Stiles lanzó una mirada hacia los arbustos, lamiéndose los labios, y dijo, “Sabes, lo que quiera que lo haya atacado debe de haber sido realmente fuerte. Y confiable. Impresionante.”
“Siempre y cuando no sea lo que está atacando a los senderistas,” masculló su padre.
Ambos miraron a la carretera cuando aparcó una furgoneta, su padre gruñendo y poniéndose de pie. Observaron como Deaton salía de la furgoneta, con los ojos sobre el animal abatido, antes de cerrar la puerta y acercarse a ellos.
“Sheriff.” Inclinó la cabeza con educación. “Stiles.” Se giró hacia él, una pequeña sonrisa asomándose a sus labios. “No pensaba que te iba a ver tan pronto. ¿Has atropellado otro animal con tu coche?”
La cabeza del sheriff giró de golpe en su dirección y Stiles deseó haberse quedado en casa.
“Uh, no.” Se aclaró la garganta incómodo, con los ojos de su padre taladrándole. “No, este uh,” tosió una vez, “este no.”
“¿Has atropellado a un animal?” inquirió su padre mientras Deaton sonreía de forma agradable.
Como un capullo.
¡¿Por qué estaba intentando meter en problemas a Stiles?!
“¿Qué animal? ¿Estás bien?”
“Si,” insistió Stiles, bufando y haciendo una mueca, agitando una mano para quitarle hierro al asunto. “Si, no, no fue nada.” Se aclaró la garganta incómodamente. “Está bien, de verdad. No te preocupes por eso.”
“Puedes apostarte lo que quieras a que me voy a preocupar por ello,” insistió el sheriff, frunciendo el ceño a Stiles. “¿Cuándo ha sido esto? ¿Por qué no me lo has dicho?”
“Porque no pasó nada,” insistió Stiles, señalándose a sí mismo. “Estoy bien, ¿ves? Todo está bien. Has estado liado con lo del león de montaña matando senderistas. Hablando de lo cual,” dijo enfáticamente, señalando con insistencia al animal muerto.
“Tu Jeep parece estar en buenas condiciones,” comentó a la ligera Deaton, con ambas manos detrás de la espalda y el cuerpo girado para mirar a su coche. “Considerando el tamaño del ciervo, me refiero.”
Deaton, te lo juro por Dios, ¡yo te mato! pensó cabreado Stiles, girándose rápidamente para lanzarle una mirada de “¡Por favor deja de hablar!”. El hombre se limitó a sonreírle amablemente mientras su padre sufría un ataque al corazón, balbuceando incrédulo antes de agarrar el hombro de Stiles y haciéndole darse media vuelta para encararle.
“¿¡Has golpeado a un ciervo!?”
Stiles le miró, se aclaró la garganta incómodamente, y luego dijo, “Si, yo uh, lo hice y uh, yo,” tosió, aclarándose de nuevo la garganta. “Yo uh, el Jeep.” Se giró hacia Deaton. “Lo han arreglado.” Se aclaró la garganta de nuevo, golpeándose en el pecho y girándose hacia su padre, señalándose hacia sí mismo de forma vaga como diciendo “¿que se le va a hacer?” ante su incapacidad para hablar justo en ese momento.
Desafortunadamente, ambos hombres le esperaron y él tosió una vez más antes de decir. “El Jeep. No ha sido para tanto. Es un coche duro, apenas lo ha abollado.”
“¿Cómo has pagado las reparaciones?”
Stiles se quedó mirando a su padre, tirando nerviosamente de la piel alrededor de su pulgar izquierdo con su mano derecha. Presionó los labios durante un segundo, intentó pensar en algo que decir, y al final se decidió por decir, “¿Qué?”
“Las reparaciones, Stiles,” dijo su padre, cruzando los brazos y mirándole fijamente clavándole en el suelo. Oh no, estaba usando la voz de sheriff. Esto no pintaba nada bien. “¿Cómo las has pagado?”
Stiles siguió mirando, mordiéndose el labio inferior durante unos segundos para ganar algo de tiempo, pero aún así seguía sin saber qué decir. “Oh,” dijo en voz alta, forzando una risotada y luego moviendo una mano para rascarse el cuello, apareciendo líneas rojas en su piel por la brusquedad del movimiento. “Las reparaciones.” Se aclaró la garganta y se giró para mirar a Deaton, como para pedir ayuda, pero luego se acordó que había sido él el capullo que le había metido en este lío para empezar. Volvió a mirar a su padre, quien seguía mirándolo fijamente. “Que cómo he pagado las reparaciones,” repitió, tosiendo una vez, aclarándose la garganta, volviendo a toser. “Tengo, uh, un, uh,” se aclaró la garganta, siguiendo rascándose la garganta. “Tengo un-un amigo.” Tosió. “En el taller. Si, somos colegas. Muy cercanos, hemos sido amigos desde hace años.”
“¿Cómo se llama?”
Maldita sea, Stiles debería de haberse quedado en casa.
“¿Su nombre?” repitió con voz aguda, clavándose las uñas en la piel. Los ojos de su padre se movieron para ver lo que estaba haciendo y Stiles se apresuró a dejar caer su mano, rascándose en su lugar la mano derecha con la izquierda. Se aclaró la garganta con fuerza, tosió un par de veces, luego tragó con fuerza.
“Lo siento, tengo un, uh, en mi garganta.” Tosió de nuevo. “Tengo algo en la garganta. ¿Cuál era-cuál era la pregunta?”
Su padre no pareció impresionado, lo que quería decir que sabía que Stiles estaba mintiendo, y que iba a escuchar un par de cosas al respecto luego. Maldita sea, ahora tenía que averiguar que le iba a decir a su padre sobre el ciervo, ¡muchísimas gracias, Deaton!
¡Stiles le iba a decir a Scott que su jefe estaba intentando que le matase su propio padre! ¡Qué grosero!
Parecía que Deaton iba a apiadarse de él por fin, porque se inclinó sobre el león de montaña, sacando unos guantes de látex de sus bolsillos. Se los puso y luego comenzó a palpar alrededor de la gran herida que tenía en el cuello el león de montaña. No comentó lo similar que era a la herida del ciervo, solamente palpó y tocó durante un rato mientras los dos hombres Stilinski le miraban de pie.
“Bueno, parece que los Hale van a recibir buenas noticias,” dijo, quitándose los guantes del revés para que la sangre quedara atrapada hacia dentro. “La reserva debería de ser segura para reabrirse.”
“Yo no lo creo, ¿qué ha matado esto?” los brazos del sheriff seguían cruzados, pero señaló al león de montaña con la cabeza.
“Coyotes, al parecer. Seguramente lo persiguieron hasta fuera de la reserva, lo que explica por qué está tan lejos de allí. Deben de haberlo derribado y antes de que pudieran hacer nada, alguien salió de su casa. A los coyotes no les apetece acercarse a los humanos, así que probablemente se asustaron y huyeron, dejando su premio detrás.” Sonrió de forma agradable al sheriff. “Parece que el peligro ha pasado.”
“Hm,” dijo el sheriff, claramente inseguro pero no dispuesto a discutir con Deaton. Ya había discutido con él una vez cuando decía que el ataque lo habían provocado los lobos. Si volvía a discutir de nuevo y le volvían a mostrar que estaba equivocado, le dejarían en mal lugar.
Stiles estaba contento, al menos. Esto quería decir que volvería a ser capaz de ver a su lobo.
¡Y de gritarle por traerle animales grandes muertos! ¿En serio? ¡¿En serio?!
¿Por qué era esta su vida?
“Me lo llevaré a la clínica de momento, y me pondré en contacto con algunas personas para librarnos del animal. Necesitaré ayuda con un animal de este tamaño.” Miró a Stiles de reojo antes de volver a mirar a su padre. “¿Puedo llevarme a su hijo para que me asista?”
“Tienes carta blanca para quedártelo,” gruñó el sheriff.
“¡Ey!” Stiles frunció el ceño. “¡Mamón!”
Aunque claro, al menos así escaparía de más interrogatorios, así que corrió adentro para quitarse el chándal y la camisa del pijama, y se apresuró en ponerse ropa de verdad. Cuando volvió a salir, su padre y Deaton habían acabado de meter al león de montaña en la parte de atrás de la furgoneta de Deaton, que había aparcado en la entrada para un mejor acceso.
Stiles gruñó al verlo, porque eso quería decir que más tarde tendría que arreglar el césped, pero seguía siendo mejor que quedarse con su padre.
Cuando pasó a su lado, el hombre mayor le agarró suavemente del brazo y le obligó a pararse.
“Tú y yo, más tarde vamos a tener una charla sobre el ciervo.”
“¿Tenemos que hacerlo?” preguntó Stiles con un suspiro.
“Si,” dijo el sheriff autoritario, luego le soltó.
Gimiendo, Stiles se dirigió a la furgoneta de Deaton y se montó en el asiento del pasajero. Vio a su padre limpiar con la manguera la entrada cuando arrancaron, y esperó que se acordara de cerrar la puerta con llave.
Una vez giraron la esquina al final de la calle, Stiles quiso girarse hacia Deaton y demandar inmediatamente saber cuál era su problema. La única razón por la cual no lo hizo fue porque necesitaba mantenerse fiel a su historia y encontrar el modo de hacerla más creíble. Igual le podía decir a su padre que había estado preocupado por si le iba a gritar, así que no había mencionado lo del ciervo. Se había inventado eso de que habían reparado el Jeep cuando en realidad no había recibido ningún daño, pero su padre le había puesto tan nervioso que había soltado lo primero que se le había pasado por la cabeza.
Dudaba que funcionase, pero tampoco es que pudiera decir, “Oh, el ciervo y el león de montaña son solamente regalos de mi nuevo amigo Hombre lobo que está intentando que sea su pareja y me está demostrando que puede proveer comida matando animales grandes.”
Eso probablemente no iría muy bien.
“Se algunas buenas recetas para usar con carne de ciervo,” dijo Deaton, sobresaltando a Stiles fuera de sus pensamientos. “Pero no hay muchas para carne de león de montaña. Supongo que eso era más por protección que por comida.”
“¿Perdona?” preguntó Stiles, mirando a Deaton.
El hombre no se había girado a mirarle mientras hablaba, pero miró a Stiles por el rabillo del ojo durante un momento, sonriendo misteriosamente antes de que sus ojos volvieran al frente.
“Pensará que no estás apreciando sus regalos si no haces uso de ellos.”
¿Qué estaba pasando? ¿Se había ido de la lengua Stiles? ¿Había hablado en voz alta antes en vez de internamente? ¡¿Estaba en una dimensión alternativa en la que la gente sabía sobre los Hombres lobo?!
“Yo...no…” Sentía que se iba a desmayar si respiraba más deprisa. “¿Qué?”
Deaton miró por el espejo retrovisor interior, luego por los laterales antes de cambiar de carril. “Sé que es un Hombre lobo el que te está dejando estos animales.” Se giró para sonreír ligeramente a Stiles. “Y también sé que tú lo sabes.”
Stiles pensaba que ya sabía cómo se sentía un ciervo cuando le atropellaba un Jeep, porque ahora mismo se sentía como un ciervo esperando a que le atropellase el Jeep. Dios, ¡¿Por qué no podía ir más deprisa el Jeep y atropellarle ya?!
“No necesitas decir nada.” Dijo Deaton cuando Stiles permaneció callado durante mucho rato. “Solo ayúdame a meter al león de montaña en la clínica. Scott no va a ser de mucha ayuda con su asma, aunque admitiré que quería que te unieras para que pudiera darte algo de carne de venado y algunas recetas. Te lo he estado guardando, esperando que volvieras, pero supongo que debería de haberme dado cuenta de que no eras consciente de que estaba al tanto del mundo Sobrenatural.”
Deaton entró a la parte trasera de la clínica y movió la furgoneta para meterla de culo y acercarla lo máximo posible a la puerta. Una vez lo hizo, apagó el motor, y miró a Stiles.
“Sugiero que te comas el ciervo en tu porche trasero. Le complacerá ver como sus esfuerzos no son en vano.” Otra sonrisa burlona. “Ha matado a un león de montaña por ti. Esos no son fáciles de matar sin ayuda.”
Stiles no tenía ni idea de qué decir. ¿Debería de mentir? ¿Debería de llamar demente a Deaton y salir de la furgoneta? ¿Debería de agarrarle del abrigo y sacudirlo? ¿Demandar que le dijera qué cojones estaba pasando y cómo hacer que parase?
Que no es que necesariamente quisiera que parase, es solo...no quería más animales muertos. Le gustaba su lobo, le gustaba su amistad, ¡pero no quería ningún animal muerto!
Se imaginaba que lo más sencillo era fingir que complacía a Deaton, así que mantuvo el contacto visual y dijo, muy cuidadosamente, “Digamos que no estás loco como una cabra, y que todo lo que has dicho es verdad.” Se lamió los labios, el corazón desbocado, porque esta sería la primera persona a la que diría esto desde que vio al Hombre lobo en el bosque hace tres meses. Pero no estaba rompiendo su promesa. No estaba admitiendo nada, ¡y no lo había sacado a coalición primero! ¡Lo había hecho Deaton!
“Cómo, uh…” Stiles hizo una mueca. “¿Cómo conseguiría que alguien, en plan, me trajera una tarta en vez de un animal muerto?”
Deaton parecía pasarle muy en grande cuando respondió. “Supongo que se lo podrás pedir.”
“Que se lo pida.” Stiles miró por la ventana. “Claro. Vale. Pedirlo.” Él y su lobo tenían una buena relación. Podía pedírselo. Estaba seguro de que podía pedírselo. No se iba a enfadar con Stiles. Después de todo, Stiles no estaba rechazando sus regalos, solamente...estaba pidiendo unos distintos. Como una tarta.
La tarta era algo mucho mejor que un animal muerto.
“Pedirlo. Vale.” Stiles se giró y abrió la puerta, saliendo de la furgoneta y recordando que aún tenía que lidiar con su padre.
Un problema a la vez. Primero su padre, luego los animales muertos.
¿Por qué era esta su vida?
**********
El padre de Stiles se había ido cuando llegó a casa dos horas más tarde. Scott le había acercado a casa en su moto--siempre un acontecimiento terrorífico--y Stiles había entrado en la cocina con una bolsa llena de carne de ciervo.
Lo posó sobre la encimera, y luego lo miró, sin tener ni repajolera idea de qué hacer con ello. Deaton le había dado una receta, justo como había prometido, pero Stiles no era ni de lejos un manitas en la cocina. Claro, podía hacer bien la carne en la barbacoa, y hacer pasta y esas cosas, pero la receta que le había dado parecía más complejo que eso. Era una especie de receta de Asado de Venado, y aunque sonaba deliciosa, esto se le iba un poco de las manos a Stiles.
Aún estaba de pie mirando la bolsa cuando sonó su móvil y pegó un brinco. Hurgando para sacarlo del bolsillo, suspiró de alivio cuando vio que no era su padre y respondió la llamada.
“Ey Allison. Pensaba que estabas trabajando.”
“Lo estaba. Hoy he salido antes. No había casi gente, así que Mabel pensó que podía irme a vivir un poco. ¿Estás libre?”
Stiles miró a la carne y le vino un pensamiento. “En realidad, lo estoy, pero uh--¿sabes cómo cocinar, verdad?”
“Si,” dijo ella lentamente, con la sospecha coloreando su voz. “¿Por qué?”
“Uh, yo,” tosió, “Yo uh, re repente me he visto como el poseedor de una gran cantidad de carne de ciervo. Alguien que conozco me ha dado una receta, pero la verdad es que soy un patoso cocinando.”
“¡Oh!” Allison sonaba aliviada, y Stiles se preguntó si ella había pensado, por un breve instante, en que iba a intentar sacarles de la friendzone. “No soy muy fan de la carne de ciervo, pero puedo acercarme y ayudarte, ¡no hay problema! Pero tengo que ir andando así que puede que me lleve un rato.”
“Nah, iré a buscarte.”
“No seas tontín, necesito hacer ejercicio. ¿Dónde vives?”
Stiles le da la dirección y ella le confirmó que la llevaría una media hora llegar allí. Volvió a ofrecerse para ir a recogerla, pero ella insistió en ir andando y colgaron. Una vez lo hicieron, miró en los armarios y el frigorífico en busca de los ingredientes de la receta. Tenían algunos de ellos, pero había una amplia mayoría que no, así que empezó a confeccionar la lista de la compra. Se imaginó que él y Allison podían ir a comprar algo cuando llegase, y quizás algunos aperitivos en caso de que acabasen viendo alguna película o algo.
Era interesante lo rápido que estaba progresando su amistad, pero se imaginaba que tenía sentido. Los amigos más cercanos de Allison en Beacon Hills eran Lydia, que también estaba pasando del culo de Stiles así que ahí no había ganancia, y Derek Hale, quien estaba ocupado con lo del león de montaña en nombre de su madre. Aunque ahora que ya había muerto, su padre seguramente informaría a los Hale y él tendría que irse de nuevo, lo cual era triste.
Pero mirándolo por el lado bueno, al menos eso quería decir que Stiles podía volver a correr de nuevo por el bosque. Podría ver a su lobo.
Pero dejando eso de lado, tenía sentido que Allison y Stiles estuvieran progresando tan rápido en su amistad. Ambos tenían unos amigos de mierda que los dejaban de lado por estar con sus parejas. Que no es que Derek Hale fuera un amigo de mierda, per se, pero Stiles no le conocía lo suficiente como para tener una opinión de él.
Stiles aún estaba en proceso de terminar de escribir la lista de la compra cuando sonó el timbre. Frunció el ceño, mirando la hora, y supo que no podía ser Allison puesto que venía andando. Posó su móvil en la encimera al lado de la receta y fue hacia la puerta principal, algo sorprendido cuando vio a Allison por la ventana.
Se apresuró a abrirla y dijo, “Ey. Pensaba--”
Derek Hale subió las escaleras de la entrada, las manos metidas en los bolsillos y el ceño un poco fruncido. Parecía su expresión perpetua, considerando que estaba ahí casi siempre.
“Lo siento,” dijo ella con una pequeña risa, señalando detrás de ella sin girarse. “Derek me vio andando e insistió en acercarme. Su familia caza mucho, y aunque yo se cocinar, no soy precisamente la mejor. La verdad es que a Derek se le da bastante bien cocinar carne de caza, como la de ciervo.”
“Oh.” Stiles habría mejorado el atuendo que llevaba y definitivamente se habría peinado y lavado los dientes si hubiera sabido que Derek Hale iba a venir. No había hecho ninguna de esas cosas antes de irse con Deaton, y para cuando llegó a casa, ya no vio la necesidad.
Derek Hale era una necesidad. Maldita sea, ¡¿Por qué siempre se unía cada vez que Allison estaba cerca?!
“Gracias,” soltó Stiles, dándose cuenta de que aún no había dicho nada. “Uh, la verdad es que necesitaba comprar unas cosas en el súper.”
“Perfecto. Derek necesita ir a echar gasolina. Por qué no vais vosotros y cogéis lo que necesitamos, y yo mientras voy preparando lo que tengas.” Allison sonrió y pasó a su lado para entrar en la casa. Derek rodó los ojos a sus espaldas, y dio un paso al frente cuando Stiles le hizo señas para que entrara. Se detuvo en seco, mirando al suelo bajo sus pies, luego de nuevo a Stiles antes de dar un paso atrás y sacudir la cabeza.
“Esperaré afuera.”
“Oh. Vale.” Stiles se aclaró la garganta, cerrando la puerta en las narices de Derek de forma incómoda, luego se giró y se apresuró a ir a la cocina. Cogió su móvil y se acabó a toda prisa la lista de la compra mientras Allison abrió la bolsa de carne.
“¡Esto es mucha carne de ciervo! ¿Dónde la has conseguido?”
“Oh, ya sabes,” dijo Stiles de manera evasiva. Allison no dijo nada, aún mirando en la bolsa.
“Deberías congelar algo. ¿Tienes alguna bolsa de congelado?”
Stiles señaló el cajón que las tenía y Allison sacó el rollo. Estaba mirando a la misma receta que miraba Stiles mientras este acababa la lista, y ambos hablaron sobre lo que tenía y lo que no para que supiera lo que tenía que hacer mientras él no estaba.
Stiles quizás haya procrastinado su partida un poco, mayormente porque se pone nervioso cuando Derek estaba cerca y parecía estar cerca mucho. Primero en el bosque, luego de nuevo en el bosque, luego en la bolera, ¿ahora esto? Lo del bosque tenía sentido, vivía allí.
En una casa, no en el bosque en sí.
Se figuró que cuando se fueran tendría que dejar claro que no le gustaba Allison, porque aunque recordaba como le había mirado a los labios cuando estaban jugando a los bolos, no estaba convencido de estar en lo cierto. Era más probable que a Derek le gustase Allison y que por eso permaneciera cerca.
Cuando acabó con la lista, le recordó a Allison que esta era la casa del sheriff y que no robase nada. Ella le lanzó una rodea y él sonrió antes de dejarla caer en la mesa e irse a la entrada. Metió los pies en las deportivas y luego abrió la puerta.
Derek aún estaba en el porche, y se dio la vuelta cuando Stiles cerró la puerta. Bajaron los escalones y fueron al Camaro, que había aparcado detrás del jeep de Stiles. Lo abrió al pulsar un botón y Stiles se metió en el asiento del copiloto por segunda vez, aún maravillándose por lo increíble que era estar en el Camaro de Derek Hale. Uno, era Derek Hale, dos, era un Camaro, y tres, ¡era el Camaro de Derek Hale!
Arrancaron y salieron de la entrada y se fueron al centro de Beacon Hills, Derek encendiendo la radio y cambiando de canales hasta que se detuvo en Despacito. Stiles se puso alerta, pero Derek cambió la emisora de nuevo.
“Espera, ¿qué te pasa a tí con Despacito?” preguntó, girándose hacia él.
Derek le lanzó una mirada. “¿Te gusta Justin Bieber?”
“Oye colega, lo último que está haciendo mola. Aparte, no es solo Justin Bieber, es Luis Fonsi y Daddy Yankee con Justin Bieber.” Derek no parecía impresionado. “Venga hombre, ¡no me puedes decir que no te gusta Despacito!”
Parecía que Derek iba, de hecho, a decirle que no le gustaba Despacito, pero también parecía lo suficientemente listo como para saber que Stiles le iba a dar la tabarra lo que quedaba de viaje así que se limitó a rodar los ojos y volvió a centrarse en la canción.
Stiles sonrió y se apoyó en su asiento, vocalizando algunas de las palabras cuando las sabía, y bamboleando la cabeza de lado a lado.
Cuando acabó la canción, pasaron a publicidad y Derek aprovechó para cambiar la emisora y se detuvo en una canción que Stiles no reconoció.
“¿Y qué pasa con el ciervo?” preguntó Derek, deteniéndose en un semáforo en rojo.
“¿A qué te refieres?”
“¿Por qué has comprado carne de ciervo si no sabes cómo cocinarla?”
“No la he comprado,” insistió Stiles, sintiéndose un poco juzgado. “Me lo dió un amigo.”
“¿El mismo amigo que te dio la receta que no sabes cocinar?”
Los labios de Derek se curvaron hacia arriba, como si le pareciera divertido, pero Stiles enderezó la espalda y volvió a mirar al frente cuando volvieron a moverse.
“No, otro amigo. Con el que voy a correr. Él, uh, fue de caza y pensó que me gustaría tener algo de carne. El jefe de Scott me dió la receta.”
“Eso fue amable por parte de tu amigo,” dijo Derek con una sonrisa más prominente.
“Si, es bastante guay.” Stiles volvió a girarse hacia Derek antes de titubear. “Hablando de amigos, um, solamente quiero que sepas que yo no--no veo a Allison de esa manera.”
La cabeza de Derek se giró de forma brusca hacia él, lo que alarmó un poco a Stiles porque aún estaban conduciendo, pero luego se dio cuenta de que lo que acababa de decir podía interpretarse como que no veía a Allison como una amiga.
“No, ¡no!” Stiles alargó ambas manos. “Quiero decir, que no la veo de esa manera. Ya sabes, como algo más. Ella y yo nos llevamos bien, estamos creando una gran amistad, pero no estoy interesado.”
Los ojos de Stiles se desviaron hacia las manos de Derek, que estaban aflojando su agarre alrededor del volante. Estaba en lo cierto, entonces, y a Derek le gustaba Allison. Decepcionante, pero no inesperado.
“¿Por qué crees que eso me importa?” inquirió Derek, volviendo a mirar a la carretera. Stiles no sabía cómo no se habían estrellado, pero daba las gracias.
“Uh, tus manos lo han dejado bastante claro.”
“Siempre agarro así el volante.”
“¿Dejando los nudillos blancos?”
“Si.”
Stiles se imaginó que el silencio era más seguro y miró por la ventana.
Aparcaron en la gasolinera unos minutos después y Derek salió del coche para echar gasolina. Se estaba apoyando de lado contra el coche mientras lo hacía, y Stiles tenía una despampanante vista de su culo en el espejo retrovisor. Sacudió la cabeza, descartando el pensamiento y sacando el móvil para volver a mirar la lista.
Cuando Derek volvió a montarse, fueron al supermercado que estaba a tres manzanas. Había esperado que Derek le esperase en el coche, pero le siguió hasta la tienda, y luego cogió una cesta para Stiles. Era raro tener a Derek Hale siguiéndole detrás mientras cogía las cosas, pero así era su vida ahora. Hombres lobo y Derek Hale, aparentemente.
Tuvieron que detenerse de vez en cuando cuando alguien se acercaba a hablar con Derek. La mayoría de la gente parecía encantada de tenerle de vuelta, pero algunos obviamente no confiaban en el Derek Hale rebelde del instituto y mantenían la distancia. También parecían juzgar a Stiles por estar en su presencia, pero eso a él le daba igual. De todos modos la gente era estúpida, y a la mayoría de ellos no les gustaba Stiles por ser un problemático así que no se preocupó por ello.
Una vez acabaron, se fueron hacia el Camaro y Derek les llevó de vuelta a la casa. Cuando detuvo el coche, lo hizo en la carretera al final de la calle y Stiles se giró para mirarle.
“Tengo algo que necesito hacer. ¿Puedes llevar a Allison a casa luego?”
“Oh, claro.” Evidentemente, no estaba interesado en quedarse ahora que había confirmado que a Stiles no le gustaba Allison.
Saliendo del coche, volvió a darle las gracias a Derek una vez que cogió la compra y observó con el ceño algo fruncido como se iba. Oh bueno, era demasiado bueno para ser cierto, de todos modos. Aparte, no sabía cómo se sentiría su lobo con esto de Derek Hale robando su tiempo, así que debería de centrarse en todo esto del cortejo primero.
Cuando entró a la cocina, le informó a Allison que Derek se había ido y ella le llamó cobarde. Cuando Stiles preguntó a qué se refería, ella se limitó a sonreírle y le dijo que cortase las cebollas.
Pusieron a cocinar la comida en el horno antes de irse al salón para ver una película. Acabaron poniendo una de Disney, solo porque no podrían decidirse en ver nada, y Allison parecía lo suficiente cómoda como para cantar en alto las canciones con él.
Cosa que hizo. Bien alto. Fue épico.
Cuando se hizo la comida, Stiles la sacó del horno y sonrió, porque tenía una pinta increíble. Le preguntó a Allison qué quería comer, dado que tenían sobras del día anterior, o podía hacer otra cosa para ella dentro de su pequeño repertorio de recetas.
Ella le dio las gracias pero le dijo que iba a comer con su padre, así que la llevó a casa y se despidió desde el Jeep mientras esperaba a que entrase en su casa. Una vez entró, cambió de sentido y se fue a casa de nuevo.
Su padre llamó para decir que estaban liados con algo en la comisaría y que no iba a llegar a casa hasta tarde así que Stiles se pilló un plato del cocido y metió el resto en la nevera para más tarde. Miró al jardín de atrás, pero aún había bastante luz. Dudaba de que su lobo fuera a venir cuando el sol estaba todavía en el cielo, así que metió su plato en el microondas para que mantuviera el calor y cogió unas patatas fritas del armario--de verdad que su padre necesitaba aprender a esconder las cosas mejor.
Stiles se sentó y vió otra película de Disney mientras comía el aperitivo salado, manteniendo la atención sobre la hora y la luz. El sol comenzó a ponerse cuando había pasado una hora de la película, el mundo de afuera oscureciéndose, pero hizo falta otra hora y media antes de que estuviera completamente a oscuras.
Dejando salir el aire lentamente, apartó a un lado del sofá la bolsa de patatas y se puso de pie. Calentó el plato durante un minuto y luego cogió un tenedor antes de dirigirse a la puerta trasera.
Cuando miró afuera, no vio nada más que oscuridad y dejó salir el aire. Encendiendo la luz de atrás, salió de la casa, aún mirando alrededor, y se fue a sentar en las escaleras de atrás. Se sentía algo estúpido por hacer esto, considerando que no tenía garantías de que su lobo fuera a venir siquiera. Aunque claro, parecía estar por la zona más veces que no.
Cuando dio el primer bocado, estuvo gratamente sorprendido. No había estado seguro de lo que había estado esperando, pero era mucho mejor de lo que había pensado que sería. Había estado un poco preocupado de que la carne de ciervo fuera demasiado dura para comerla, básicamente porque era un pobre Bambi, pero estaba lo suficientemente bueno como para que no pensara mucho en ello.
Ya se había comido medio plato cuando escuchó el crujido de las hojas y alzó la mirada. Dos puntos azules brillantes le estaban mirando justo desde no llegaba la luz. Stiles pausó con el tenedor medio alzado del plato y se quedó mirando.
Él y el lobo no se habían visto desde que todo el suceso ese del león de montaña que había intentado comerle, y de repente estaba nervioso. No estaba seguro de por qué, pero sospechaba que tenía algo que ver con eso de pedirle que no le trajese más animales muertos.
¡Lo del cortejo le parecía bien! Bueno, mayormente. Más o menos. Era raro, pero, ya sabes, tolerable. Agradable.
“Ey,” dijo quedamente. Se preguntó si quizás el lobo estaba preocupado de que le fueran a ver los vecinos con la luz, así que Stiles se movió y se levantó con el plato aún en las manos. Abrió la puerta trasera y se inclinó para apagar la luz de afuera, luego se volvió a dar media vuelta para sentarse de nuevo en los escalones. La luz que brillaba desde dentro de la casa era más que suficiente para iluminar la zona de su alrededor, pero no tanto como para que alguien que mirase por la ventana reconociera a un lobo en vez de un perro.
Había estado acertado en su hipótesis, porque una vez se apagó la luz del porche, el lobo se acercó. Se movió lentamente, como si estuviera nervioso, pero sus ojos siguieron dirigiéndose al plato que Stiles tenía sobre el regazo. Probablemente podía saber que era venado, y Stiles tuvo que preguntarse si el sentido del olfato de un lobo era lo suficientemente bueno como para determinar que era el mismo ciervo que había matado para Stiles.
Cuando el lobo llegó al escalón más bajo, solo a unos pocos metros de Stiles, notó que tenía algo en la boca. Lo miró durante un segundo, y cuando el lobo bajó la cabeza y lo dejó caer, Stiles hizo una mueca.
Era un conejo muerto.
Genial. Otro animal muerto para cocinar.
“Oh. Gracias,” consiguió decir. “Gracias por eso, uh, has matado a Tambor, eso-eso es genial.”
El lobo se tensó, como si notase que pasaba algo malo. Stiles sintió de repente que estaba demasiado cerca, y se preocupó por si su ingratitud sería lo suficientemente insultante como para que el animal le arrancase la garganta. Su padre le mataría si conseguía que le matasen.
“Así que, uh, he estado pensando,” forzó Stiles, queriendo quitarse esto de encima antes de que pasase nada malo. No estaba rechazando a su lobo, solamente…le iba a pedir que no le trajese más cosas muertas. “En todo esto de los animales muertos.”
Su lobo todavía le estaba mirando, y aunque aún estaba tenso, Stiles podía notar que ya se estaba preparando mentalmente para ser rechazado, porque sus orejas estaban agachadas y parecía que estaba haciendo todo lo posible por no retroceder.
“Vale, escucha,” dijo Stiles, intentando encontrar las palabras adecuadas, “pillo que esto es en plan-en plan una cosa de proveedor. Me estás demostrando que puedes brindar comida, ¿verdad? Eso es lo que estás haciendo, ¿verdad?”
El lobo le observó con cuidado, pero dejó caer su hizo una vez y Stiles asintió de vuelta.
“Vale. Y eso es increíble, todo esto de proveer comida, es genial, pero hay alguna manera en la que quizás puedas traerme, no sé,” Stiles pensó durante un segundo, luego espetó, “¿una tarta? ¿O donuts? ¿O-o galletas, incluso? Las galletas son geniales. Y si, ya sabes, si aquí hay una-una temática carnívora, pues hamburguesas. Las hamburguesas son deliciosas así que puedas, ya sabes, me puedes traer un animal muerto que una persona ya ha transformado en comida ¡Que no es que no esté agradecido!” insistió Stiles, moviendo una mano hacia el lobo y asintiendo con énfasis. “¡Porque lo estoy! ¡Super agradecido! Eres un depredador maravilloso, y yo estoy muy, uh--” tuvo problemas para encontrar la palabra adecuada, pero todo lo que consiguió fue, “¿honrado? Eres fantástico, bien por ti, gracias por la carne, voy a callarme ahora, este ciervo está bueno.”
Se metió otro bocado gigante en la boca, masticando mientras observaba nervioso al lobo. Este miró a Stiles durante unos segundos, luego al conejo. Ladeó la cabeza ligeramente, bufó como si se diera cuenta de dónde provenía Stiles, y luego volvió a coger al conejo entre sus dientes.
Stiles dejó de masticar, y pensó que quizás había insultado a su lobo y que ahora ya no estaba interesado. Cuando se dio la vuelta para irse, Stiles se puso de pie, sosteniendo el plato con ambas manos.
“¡Espera! No quería decir--”
El lobo trotó hacia la oscuridad y Stiles notó como se le caía el estómago. Le había insultado, y ahora su lobo había terminado con él. Ya no correrían más juntos, no habría más visitas azarosas, nada de nada. La verdad es que era sorprendente lo mucho que le dolía y Stiles miró a su plato, preguntándose si había algo malo en él. La gente no parecía interesada en quedarse cerca demasiado.
Sacudiendo la cabeza y enfadándose consigo mismo por no apreciar que el lobo se preocupaba, comenzó a darse media vuelta para entrar en casa cuando un movimiento captó su atención y el lobo regresó de nuevo. Se estaba lamiendo los labios y Stiles estaba bastante seguro de que sus dientes estaban rojos. Observó al lobo mientras subía lentamente los escalones y se dio cuenta, bastante sobresaltado, de que había ido a comerse el conejo dado que Stiles no lo quería. No estaba rechazando su petición o sintiéndose insultado, estaba siendo comprensivo y se había ido a ocuparse del conejo para que no se desperdiciara.
“Oh.” No sabía qué más decir, así que observó cómo el Hombre lobo se acercaba a él y le miraba fijamente. “Cierto. Lo siento.”
Su lobo bufó, como si fuera capaz de leerle la mente y saber lo que estaba pensando. Embistió la cadera de Stiles con su cabeza, luego miró a hacia arriba para mirarle.
Stiles consiguió mostrar una pequeña sonrisa. “Si, lo sé. Soy un bebé.” Movió una mano para acariciar la cabeza del lobo, luego señaló hacia la casa. “Voy a dejar esto dentro. Ahora vuelvo.”
Entró a la cocina, su plato aún con algo de comida, pero sin apetito. El conejo muerto, junto con su breve torrente de dolor, y luego el darse cuenta de que Tambor se había convertido en la cena del lobo le habían quitado el hambre. Tiró el resto de la comida en la basura, y luego dejó el plato en el fregadero.
Cuando volvió a la puerta, encontró al lobo de pie justo afuera, la mirada baja. Stiles siguió hacia donde miraba y se dio cuenta de que estaba mirando a la delgada línea de ceniza de montaña que aún estaba allí. Stiles había intentando ponerla justo en la hendidura del borde de la madera para evitar que se lo llevase el viento cuando se abriera o cerrara la puerta.
Fue hacia allí y el lobo alzó la mirada hacia él. Miró hacia abajo, luego de nuevo al lobo y dijo, “No puedes cruzar, ¿verdad?”
El lobo le lanzó lo que solamente podía describirse como una mirada de incordio.
Eso era reconfortante, lo de que la ceniza de montaña funcionase. No había pensado que fuera a funcionar, lo había comprado y usado por todos lados siguiendo un impulso. Sabiendo que era real le reconfortaba. No porque quisiera mantener a su lobo afuera, sino para mantener a--otros. Definitivamente a otros.
Stiles hizo señas al lobo para que retrocediera y volvió a salir al porche, tomando asiento de nuevo en el escalón de más arriba. Su lobo se acercó y se tumbó lo más cerca posible de él, apoyando su cabeza sobre la pierna de Stiles que tenía más cerca.
Sintiendo ligeramente, Stiles movió la mano y comenzó a acariciarle, y los ojos del lobo se fueron cerrando.
“Gracias, por cierto,” dijo. “Por el león de montaña. Bueno, por salvarme de él. Lo de que fueras detrás de él moló, pero también fue una irresponsabilidad. ¿Y si te hubieras hecho daño?”
Su lobo no dijo nada, y mantuvo los ojos cerrados, pero Stiles podía notar que estaba escuchando, porque se le movían las orejas. Estaba eligiendo ignorarle.
“No me refiero al león de montaña,” dijo en voz baja.
Con esto el lobo abrió los ojos para mirar a Stiles con sus brillantes ojos azules.
“¿Y si toda esa gente que estaba buscándolo te hubiera encontrado a ti en su lugar? Estaba preocupado.” Tiró con cuidado de una oreja. “No hagas estupideces, ¿vale?”
El lobo definitivamente arqueó una ceja en su dirección de un modo obvio de decir “mira quién fue a hablar.”
“Ey, lo mío fue un accidente, ¿de acuerdo? No sabía que habían acordonado la zona. Es que estaba un tanto--” Se calló, recordando por qué, exactamente, había ido al bosque en primer lugar. “Estaba un poco preocupado Había encontrado hacía poco el ciervo, y pensaba que era, en plan, ¿una advertencia? No lo sé, estaba preocupado por ello, y cuando investigué sobre el tema…”
Dejó de hablar, observando a su lobo. Él le devolvió la mirada, y Stiles notó como los músculos del otro se tensaron de nuevo bajo su mano. El lobo tenía tanto miedo como Stiles de ser rechazado. Aunque no le podía prometer nada, considerando que aún no le conocía, al menos le sonrió.
“Gracias. Por gustarte. Sigo prefiriendo que me hablases también a veces, pero lo pillo. Aún estás asustado por lo que sé, y de cómo te puedo arruinar la vida con ello. Lo entiendo. Pero más te vale que desembuches algún día.” Stiles rascó la cabeza del lobo y sus ojos se cerraron de nuevo. “No mañana, o la próxima semana, pero un día. Me gustaría conocerte un poco más, considerando que todo esto ha sido un tanto unilateral. Hablando de lo cual, ahora que el tema del león de montaña ya está zanjado, mañana por la mañana voy a ir a correr antes de que empiece mi turno. ¿Te me unes?”
Los ojos del lobo se abrieron de nuevo y Stiles sonriendo, tomándolo como un sí.
Se sentaron en el porche trasero durante un largo rato, con Stiles hablando de las películas que él y Allison habían visto, y de lo difícil que era cocinar la carne de ciervo, pero que lo había disfrutado plenamente. Pero volvió a reiterar que prefería su comida ya muerta y hecha.
Cuando faltaban quince minutos para la medianoche, la cabeza del lobo se alzó de repente y se puso en pie. Sus orejas giraron antes de que se inclinase hacia Stiles, frotando su hocico contra su cara, saltando a continuación los escalones de a una y desapareciendo en la oscuridad.
Stiles frunció el ceño, pero lo entendió cuando se abrió la puerta principal un minuto después, con su padre llamándolo puesto que estaba claro que aún estaba despierto, dado que estaban todas las luces dadas.
Poniéndose de pie, Stiles sonrió hacia la oscuridad y dijo, “Nos vemos mañana.” Luego volvió a entrar a casa y cerró la puerta trasera.
**********
Stiles estaba sentado mirando su ordenador con un puño apoyado contra su mejilla, suspirando reiteradamente y frustrándose con el sistema. Cuando había llegado, Boyd había dicho que había estado fallando, y Stiles no tenía tiempo para esto.
No estaba de muy buen humor para empezar, y esto no estaba ayudando.
Habían pasado tres días desde que su lobo se había unido a él en el porche trasero, y aunque aún iban a correr todos los días por la reserva, esta mañana había sido la primera vez en estos días en los que su padre había tenido el tiempo y la energía para arrinconarle y demandar respuestas por lo del ciervo. Había estado demasiado agotado la noche en la que había llegado tarde a casa y Stiles aún estaba levantado, de lo contrario estaba seguro de que le habría caído un rapapolvo.
Stiles había esperado que se hubiera olvidado, pero por supuesto que no lo había hecho, y habían tenido una conversación muy frustrante y acalorada porque Stiles odiaba mentir a su padre, pero no tenía otra opción. Y su padre sabía que le estaba mintiendo, así que eso tampoco ayudaba en nada.
La discusión le había retrasado a la hora de ir a correr, y para cuando había llegado, había un grupo de turistas por la zona en cada sendero que intentaba recorrer, así que no había visto a su lobo nada en todo el día. Luego, se había presentado en el trabajo para descubrir que se había caído el sistema y con los turistas de regreso en el pueblo, los negocios estaban remontando y los turistas estaban molestos y de mal humor cuando llegaban al aeropuerto después de un largo vuelo para tener que esperar mientras el sistema arrancaba.
Stiles quería irse. Simplemente irse a casa. Igual debería dimitir.
No, no debería, eso era una estupidez y él simplemente estaba gruñón.
Se frotó la cara, dejó salir un enorme suspiro, y se echó hacia atrás para apoyarse en su asiento, escuchando a Erica camelar a uno de los clientes para calmarle porque le estaba hablando mal a Isaac. Stiles intervendría si fuera necesario, pero por ahora parecía que Erica tenía las cosas bajo control.
Stiles se rascó el cuello de manera ausente, mirando al ordenador ir tirando y rezando para que el maldito cacharro se arreglase solo pronto. Cuando pasaron otros cinco minutos que no le reportaron nada, suspiró y sacó el móvil, abriendo su navegador web y continuando leyendo lo que había abierto.
Había estado intentando aprender más sobre los lobos estos últimos días. Bueno, desde lo del Hombre lobo, la verdad, pero ahora estaba más interesado en su comportamiento en un intento de averiguar lo que le depararía el futuro. Quería estar preparado, puesto que el ciervo muerto no había sido exactamente bien recibido.
El primer día después de lo del porche, por fin había averiguado lo que estaba haciendo el lobo siempre que se frotaba contra él. Sabía que el lobo le estaba marcando con su olor, eso lo había sabido ya desde hacía tiempo, y sabía que los gatos y los perros hacían lo mismo, pero no había pensado mucho en ello. Una vez había leído sobre los lobos, tuvo sentido.
Marcaban su territorio. Marcaban zonas, y a personas, para asegurarse de que otros animales supieran que esas cosas les pertenecían.
Básicamente, su lobo le estaba bañando en colonia de lobo para asegurarse de que otros Hombres lobo en el área supieran que Stiles estaba cogido. Que no es que pensara que fueran a salir más lobos del bosque a enamorarse de Stiles, pero suponía que su lobo estaba siendo cauteloso.
La verdad es que estaba aprendiendo un montón de cosas interesantes, y de repente entendió por qué la gente se hacía zoólogos o guardas forestales. Le hacía arrepentirse de no haber trabajo en algo útil, puesto que de momento sus dos títulos universitarios no le servían de nada.
El cliente cabreado se fue unos minutos después, y Stiles apartó su teléfono cuando el sistema finalmente empezó a funcionar un poco más rápido. Estaba en el proceso de organizar las cosas para el resto del día cuando escuchó una nueva voz hablando afuera. Supuso que era alguien que estaba echando un ojo, puesto que tenían un descanso hasta dentro de veinte minutos, según el horario de recogidas--aunque también podía ser alguien que llegaba pronto.
Hubo una breve conversación, luego escuchó a Isaac agradecer a quien quiera que fuera y unos pasos que se dirigían a la oficina. Stiles se giró hacia la puerta, frunciendo el ceño, y escuchó a Isaac llamar a la puerta.
“Ey,” dijo Isaac, asomando la cabeza. “Un tío acaba de estar aquí para dejar algo para tí.”
“¿En serio?” Stiles frunció el ceño, girando su silla para que estuviera en dirección a la puerta mientras Isaac entraba y le daba una bolsa de papel. “¿Qué es?”
“Ábrelo y dímelo tú,” insistió Isaac, estirando el cuello mientras Stiles abría la bolsa y miraba dentro.
Estuvo de pie al momento, empujando la bolsa hacia Isaac y saliendo corriendo por la puerta. Atravesó como un cohete la sala principal, chocó para abrir la puerta principal, e inmediatamente vislumbró un coche arrancando del aparcamiento y comenzando a irse.
“¡Ey! ¡Ey, espera!” Stiles corrió por el aparcamiento, moviendo las manos como un idiota. Tuvo el efecto deseado, porque el coche redujo la velocidad y finalmente se detuvo, encendiendo el conductor las luces de emergencia mientras Stiles terminó de acercarse.
Se asomó por el lado del copiloto, dedicando un segundo a impresionarse por el hecho de que su carrera no le hubiera dejado sin aliento, y el conductor bajó la ventanilla.
“Hola,” dijo Stiles, los ojos recorriendo la cara del otro. “¿Qué tal va la cosa? ¿Cómo estás?”
“¿Bien?” respondió el otro de forma incierta, con aspecto de estar confuso. “¿Está todo bien?”
“Si, no, todo está genial. Super genial. ¿Quién eres?”
“Matt,” le informó el conductor. “Dahler. Estábamos en el mismo curso.”
“Cierto, Matt.” Stiles asintió con la cabeza. “Hola. Ey. ¿Cómo va la cosa?”
El otro parecía increíblemente confundido y un poco preocupado, como si pensara que Stiles estuviera loco. Y quizás lo estaba. O al menos hacia ese destino se encaminaba.
Pero, dado que la reacción había sido demasiado realista como para ser fingida, supo que este no era la persona que esperaba. Le ofreció otra pequeña sonrisa y se echó hacia delante.
“Mira, solamente me estaba haciendo preguntas por lo que me has traído.”
“Solamente soy el repartidor, colega.” Matt levantó ambas manos. “Recibimos una llamada de un pavo que amenazó con matarme si no te traía esto, pese a que no hacemos repartos a domicilio.”
“¿Dónde trabajas?”
“En el restaurante del pueblo. Trabajo con Allison.”
“Claro. Por supuesto.” Ahora se acordaba Stiles. Matt trabajaba normalmente en la cocina. Debe de haber estado lo suficientemente asustado como para dejar su puesto y venir aquí a traerle esto. “Entonces, el que te llamó, ¿cómo era su voz?”
Matt se le quedó mirando. “¿Qué?”
“El que llamó. ¿Era joven? ¿Viejo? ¿Voz ronca? ¿Suave? Descríbemelo.”
“Yo--¿no lo sé?” Matt estaba definitivamente cuestionándose la cordura de Stiles. “Mira colega. Tengo una parrilla que atender. Lo que sea que sea la mierda que esté pasando, necesitas solucionarlo sin amenazar mi trabajo.”
“No, no, solamente una pregunt--espera, ¡espera!” Matt estaba subiendo la ventanilla, pese a los grandes esfuerzos de Stiles por detenerlo, pero iba a perder sus dedos así que maldijo y apartó los dedos, alejándose.
Matt quitó las luces de emergencia y luego arrancó y se fue por la carretera vacía, alejándose mientras Stiles le miraba irse, con ambas manos en la cabeza y un suspiro de decepción escapándose de él.
Si tan solo hubiera sido Allison la que contentase al teléfono, hubiera podido preguntarla por ello y ella se lo habría dicho todo inmediatamente.
“¿Stiles?”
Se giró y vió a Isaac a unos pocos metros de él, aún sosteniendo la bolsa de papel y con aspecto incierto.
“¿Está todo bien? ¿Tenemos que llamar a la policía?”
“¿Qué?” Stiles dejó caer las manos. “No. ¿Por?”
Isaac se encogió de hombros, “Has reaccionado como si alguien te estuviera acosando o algo así. Erica y yo estábamos preocupados y queríamos asegurarnos de que todo estaba bien.”
Stiles sonrió y se acercó caminando hacia él, dándole palmadas en el hombro y luego haciéndole darse media vuelta mientras le cogía la bolsa de papel. “Gracias, Isaac, pero todo está bien. Solamente estaba sorprendido, eso es todo.”
“Vale,” dijo, pero aún no sonaba convencido.
Erica le estaba mirando de reojo de forma sospechosa cuando volvió a entrar en el concesionario y él se limitó a sonreírla antes de entrar de nuevo en la oficina. Cerró la puerta y volvió a su escritorio, sentándose y posando la bolsa de papel en frente suyo.
Dejando salir el aire lentamente, lo abrió una vez más y echó un vistazo adentro.
Había una hamburguesa envuelta en papel encerado, junto con un tupper con un trozo de tarta, y cuatro galletas.
Solamente le había mencionado estas tres cosas a una persona estos últimos días, así que sabía que esto era cosa de su lobo. Aún le estaba cortejando, simplemente lo hacía de un modo distinto. Había escuchado de verdad a Stiles cuando le había pedido que no le trajera más animales muertos a no ser que ya estuvieran listos para comer.
“Tienes que decirme quien eres un día de estos,” dijo en voz baja Stiles, y sacó la hamburguesa.
**********
Estaba cayendo el diluvio universal para cuando Stiles llegó a casa del trabajo unos días después, sonriendo como un idiota y ansioso por el mal tiempo. No era porque disfrutase cuando llovía, sino porque sus carreras con su lobo habían sido todo un desafío con tanto turista.
Apenas había tenido tiempo de agradecerle lo de la hamburguesa, la tarta y las galletas, porque su lobo estaba huyendo constantemente hacia el bosque para esconderse. Mencionó de manera casual de que le resultaría más fácil estar cerca si se transformaba en humano, pero después de decir eso le miró de forma desagradable y su lobo huyó cuando apareció otro grupo de turistas.
¡Pero hoy no! Nadie iba a la reserva cuando llovía, porque estaba todo embarrado y hecho un asco y lleno de bichos. Coño, ni siquiera Stiles quería ir a la reserva, pero tenía tantas ganas de ver a su lobo que casi estaba vibrando.
Echó una carrera desde el Jeep hasta la casa, empapándose ya en los pocos segundos que estuvo al descubierto y se apresuró a subir los escalones de la entrada. Su padre estaba en casa, así que la puerta no estaba cerrada con llave cuando intentó abrirla e inmediatamente corrió escaleras arriba, gritando un saludo a su viejo.
Stiles no estaba seguro de si le devolvió el saludo, porque se estaba moviendo demasiado rápido. No quería que parase la lluvia mientras él perdía el tiempo, así que estaba intentando llegar a la reserva lo más rápido posible. Se quitó la ropa del trabajo y se puso el conjunto de siempre de salir a correr. Cogió una sudadera por si acaso, puesto que probablemente se enfriaría al correr bajo la lluvia, y luego se puso sus mejores deportivas para, con suerte, evitar que se le metiera barro en los pies.
Bajando corriendo las escaleras, gritó una despedida a su padre y cerró la puerta de un portazo. Se empapó al correr de vuelta hacia el Jeep, pero se limitó a limpiarse el agua de los ojos una vez estaba conduciendo por la carretera principal, achicando los ojos y echándose hacia delante intentando ver algo entre tanta lluvia. Era difícil, porque estaba cayendo un chaparrón, pero la mayoría de la gente estaba yendo tan lento como él, así que consiguió salir bastante rápido del pueblo y entrar en el tramo de carretera que iba hacia la reserva.
Sonriendo cuando aparcó, salió de un salto, estirando y girando para ponerse la sudadera porque ya tenía un poco de frío ahora que ya estaba empapado. Cerró la puerta, luego corrió hacia la entrada del bosque, dirigiéndose hacia el sendero y encontrándolo más sombrío de lo que había anticipado. Tenía sentido, considerando que estaba lloviendo mares y las nubes eran negras, pero aún era bastante pronto y había luz suficiente como para que pudiera ver cómodamente.
No se había traído la música, puesto que su Ipod se habría dañado con la lluvia, así que comenzó a correr por el sendero, complacido cuando llevaba cinco minutos y no vió a ni un alma.
Cuando llevaba diez minutos, no pudo evitar fruncir el ceño, mirando alrededor e intentando vislumbrar a su lobo.
Después de quince minutos, se desalentó un poco, reduciendo la marcha, porque no creía que su lobo estuviera allí. Tenía sentido, ahora que lo pensaba. La lluvia atravesaría su pelaje y probablemente le añadiría peso y le dificultaría correr. No había pensado en lo difícil que sería para su lobo estar en este tipo de clima, simplemente había estado emocionado porque apareciera.
Se detuvo en el sendero, pensando en dar media vuelta e irse a casa cuando escuchó algo detrás suyo. Se giró de golpe, preguntándose si quizás era su lobo, o quizás si era la razón por la cual su lobo aún no había aparecido.
Y ciertamente, una figura borrosa se acercaba lentamente corriendo por el sendero, e inmediatamente Stiles se sintió resentido. ¡¿Quién cojones estaba corriendo con esta puta lluvia?! Solamente quería pasar algo de tiempo con su lobo, ¿era eso mucho pedir?
Se imaginó que podía dejar pasar a la otra persona, y luego quizás su lobo aparecería, pero cuando el otro corredor se acercó, redujo la marcha cuando se acercó a Stiles y fue entonces cuando Stiles se dio cuenta de quién era.
Derek Hale.
Por supuesto.
“Ey,” le llamó Derek en voz alta, acercándose más y pasando una mano por su cara para quitarse algo de agua de ella. “¿Qué haces por aquí?”
“Correr,” gritó Stiles, dado que ambos tenían que hablar a gritos para poder oírse sobre el ruido de la lluvia chocando contras las hojas. “Esperando a ver si aparecía mi amigo, pero creo que tanta lluvia le ha hecho cambiar de parecer.” Stiles se pasó la mano sobre los ojos, y le cayó agua en ellos.
“Lamento oír eso,” dijo Derek, girándose para mirar detrás de él, como si buscase al amigo de Stiles, escapándose nubes blancas de su boca por el frío. Volvió a mirar a Stiles y dijo, “Bueno, puesto que no se ha presentado, ¿te importa si te acompaño?”
Correr por el bosque era algo que hacía con su lobo. La verdad es que no quería compartir eso con nadie más, incluso Derek Hale--lo que, wow, era una locura cuando pensaba en ello, pero de algún modo sentía que conocía mejor a su lobo que a Derek, incluso cuando el otro no podía hablar.
“Venga,” dijo Derek, comenzando a correr y girando para correr marcha atrás, mirando a Stiles. “A no ser que prefieras que no te acompañe.”
“Pues claro que no,” dijo Stiles, forzando una sonrisa y disculpándose mentalmente con su lobo. La verdad es que no quería ofender a Derek, especialmente puesto que él y Allison eran muy buenos amigos, pero estaba más interesado en pasar tiempo con el lobo que le había salvado la vida y que le gustaba Stiles por ser Stiles en vez de con Derek Hale, quien literalmente no sabía nada de él.
“Pues entonces vamos. De todos modos prefiero correr contigo.” Se detuvo, corriendo en el sitio mientras Stiles suspiró y se movió para ponerse a su lado, Derek dando media vuelta para correr lado a lado. “No te importa, ¿verdad?”
“Quiero decir, esta tierra es tuya,” dijo de forma evasiva Stiles, manteniendo un ritmo lento y esperando que Derek se aburriera de él. “Puedes hacer cualquier cosa que quieras, ¿no?”
“¿Cualquier cosa?” Derek le sonrió ligeramente, y joder si no estaba como un tren estando empadado, pero Stiles estaba determinado a no encontrarse atractivo. “Eso es un abanico muy amplio.”
Stiles se encogió de hombros, manteniendo la mirada al frente.
La verdad es que no entendía lo que su lobo y él tenían, pero sabía que era algo que le gustaba. Claro, aún no le había conocido como humano, pero el lobo había confiado en él para mantener su secreto. Le había llevado a Stiles las flores que había estado buscando, había ido a correr con él, le gustaba pasar tiempo con él. Le había presentado a su Alfa, le había empezado a cortejar a su extraño modo de Hombre lobo, le había salvado de que le matase un león de montaña.
Stiles no sabía quién era el lobo, pero sentía que conocía al lobo. No necesitaba hablar con Stiles para que le conociera, ya hablaba bien alto y claro con sus acciones. Sentía que le daba igual con quien acabase, solamente quería estar con él porque le gustaba.
Sus pisadas se detuvieron de repente cuando se dio cuenta de eso y estuvo allí en medio del sendero durante unos segundos antes de que Derek se diera cuenta y se diera la vuelta, frunciendo el ceño levemente.
Stiles no sabía como procesar sus pensamientos. ¡Le gustaba su lobo! ¡Hostia puta, estaba empezando a quedarse pillado de un Hombre lobo a quien ni siquiera conocía como humano! Esto era un desastre.
Su vida era un puto desastre.
“¿Qué ocurre?” preguntó Derek.
Stiles pegó un brinco, porque de repente Derek estaba justo en frente de él, con aspecto preocupado, agarrando la barbilla de Stiles con el índice y el pulgar y haciéndole levantar la cabeza.
Se apartó de manera inconsciente, con los dedos de Derek deslizándose por su piel, y se aclaró la garganta.
“Lo siento. En realidad--tengo que irme. Me he olvidado de esta cosa que acabo de recordar que me he olvidado de recordar y tengo que ir a hacerlo.” Presionó los labios juntos, pegó una palmada mientras asentía con la cabeza, luego se giró y se despidió con la mano por encima del hombro.”
Su corazón estaba latiendo en su pecho, y aceleró la marcha una vez que perdió a Derek de vista detrás de él. Sabía que no podía huir de sus problemas, pero esto se sentía muy…raro. Distinto. Confuso.
Aterrador.
No sabía cómo debería de procesar esto, porque de algún modo se sentía un poco asqueroso que le gustase un lobo, pero en su cabeza sabía que era una persona. No era un animal, ahí había una persona real.
Cuando llegó al Jeep, montó y se sentó mirando como caía la lluvia durante casi veinte minutos, con el corazón aún desbocado en el pecho y con la cabeza hecha un lío. Sacudiendo la cabeza, finalmente arrancó el coche y se fue a casa.
Su padre le llamó cuando entró en casa, preguntándole a dónde había ido puesto que estaba diluviando afuera. Gruñó una respuesta sin sentido antes de desaparecer en el baño. Se quitó la ropa empapada y entró a la ducha, con los dientes castañeando por el frío. Cuando salió, se sintió algo más confiado con respecto a sus dedos de los pies, que ya no estaban tan entumecidos.
Cenó con su padre y hablaron de su trabajo. Tenía el turno de noche así que se iría sobre las nueve de la noche, pero hablaron de la reserva y de lo bueno que era para el pueblo que hubiera vuelto a abrir.
Stiles remoloneó en su cuarto después de cenar, fingiendo leer un libro mientras en realidad solamente estaba pensando en su lobo y en cómo se sentía con respecto a él. Se preguntó si el descubrimiento había sido igual de sorprendente para su lobo. Ahí estaba él, un gran, y malvado Hombre lobo, y había empezado a pasar el rato con un humano molesto y ruidoso que estaba todo el rato en el bosque. Y ahora le gustaba.
¿Eran los Hombres lobo y los humanos compatibles siquiera? Tenían que serlo, o su lobo no se habría molestado en hacerle saber que le interesaba.
Cuando su padre gritó que se iba, Stiles esperó hasta que arrancó el coche de policía antes de salir de la cama e ir al piso de abajo.
Aún estaba lloviendo, pero solo un poco. Era más como una ligera ducha y no tanto como el diluvio de antes.
Abrió la puerta de atrás, cruzando los brazos por el frío, y miró alrededor. Dudaba que apareciera su lobo, no era como si permaneciera en las sombras esperando a que Stiles le buscase, pero uno podía soñar.
Después de estar de pie unos cuantos minutos, Stiles se echó hacia delante y se sentó en el escalón de arriba, puesto que los primeros escalones eran de los pocos que estaban secos por el tejado de encima.
Esperó cerca de veinte minutos antes de ver dos puntos azules entre las sombras y se animó enseguida, sonriendo un poco.
“Ey,” le llamó suavemente, y su lobo se aproximó. “Hoy te he echado de menos.”
Subió los escalones del porche, con el pelaje húmedo por la lluvia, y Stiles dejó salir un gemido de asco cuando se sacudió igual que un perro.
“Venga ya, ¿en serio?” preguntó con una pequeña risa, su lobo acercándose más a él y presionándose contra él.
Stiles suspiró por el calor que transmitía y también se apoyó contra él, cerrando los ojos. Podía sentir los latidos del lobo, ligeramente rápidos, y se preguntó si estaba nervioso o simplemente se estaba calmado por haber venido corriendo. Se preguntó lo lejos que vivía el lobo. Quizás cubría cierta distancia siendo humano, y luego se transformaba en lobo cuando ya estaba cerca de la casa de Stiles.
“Hoy he ido a correr,” le contó. “La verdad es que esperaba que aparecieras porque no había turistas en la reserva con tanta lluvia. Supongo que te pesaría demasiado el pelaje con tanto agua.” Hizo una mueca, sintiéndose lo suficientemente culpable por los pocos minutos que había corrido con Derek que dijo, “Hubo alguien que me pilló mientras estaba allí. Derek Hale.” Miró a su lobo, pero este estaba mirando al patio, moviendo las orejas. “Quería ir a correr conmigo. Si te digo la verdad, en realidad no quería. Lo de ir a correr es algo que hago contigo, ¿sabes?”
Su lobo se giró entonces para mirarle, y los ojos parecieron brillarle más, y Stiles sonrió un poco, presionándose con más fuerza contra su lobo.
“Pero lo hice durante unos minutos. No estaba seguro de cómo decirle que no al hijo de la gente que es dueña de la reserva. Así que corrí con él un poco, pero luego me fui. No eras tú. Que no quiero decir que Derek no sea guay, quiero decir, parece un buen tío, y él y Allison son amigos así que tiene que ser guay, pero es que él…no era la persona que quería tener a mi lado. Te quería a ti.”
No sabía por qué, pero por alguna razón, eso hizo que su lobo se enderezarse y se girara para lamerle cara de forma incesante, como si estuviera encantado de escuchar a Stiles decir eso. Como si escuchar que era más querido que Derek Hale fueran las mejores noticias que había escuchado en toda su vida.
“Ew, que asco, no, no, ¡venga! ¡No me harías esto si fueras humano!” Stiles intentó apartarle, pero su lobo era mucho más fuerte que él y acabó tumbado de espaldas con su lobo aún atacándole la cara con la lengua.
Stiles sabía que era una causa perdida y le dejó hacer durante unos segundos más de forcejeo. Al final, el lobo mostró piedad y se tumbó con la mitad de su cuerpo sobre el torso de Stiles, rozándole la parte de abajo de la barbilla con el hocico.
Se preguntó si su lobo olería los dedos de Derek en su piel, pero si podía, no reaccionó a ello. Aunque igual por eso tenía su asquerosa y húmeda nariz presionada justo en donde le había tocado.
Stiles no estaba seguro de cómo funcionaba todo esto de las marcas de olores.
Metió una mano debajo de su cabeza, y la otra la enterró en el pelaje del lobo. acariciándole de forma distraída mientras miraba la parte de abajo del tejado.
“Deberíamos de ir a pasar el rato a algún lado,” dijo Stiles. “En plan, como en la reserva. Algún sitio aislado, en donde no tengas que esconderte cada dos segundos. Podemos buscar un claro o un sendero que no sea tan popular, e ir a correr ahí.”
Su lobo alzó la cabeza, la ladeó ligeramente como si lo estuviera pensando, luego lamió la barbilla de Stiles antes de volver a bajar la cabeza.
Stiles sonrió. “Voy a tomarme eso como un sí.”
**********
Era como si la mitad de sus órganos estuvieran intentando escapar de su cuerpo cuando Stiles estornudó y dejó salir un patético gemido antes de echarse las sábanas por encima de la cabeza, respirando con fuerza por la boca. Tenía que respirar por la boca, porque su nariz estaba taponada.
¡Ambas fosas nasales! ¡Ambas! ¡Esto no le había pasado nunca! Cada vez que tragaba, ¡era como si se estuviera ahogando porque tenía que cerrar la boca para hacerlo!
Dejó salir otro gemido lastimero y rodó para ponerse de lado, tosiendo con fuerza y pasándolo mal para volver a dormirse. No ha dormido mucho, por todo esto de tener que respirar, y el aire en su cuarto se notaba demasiado frío pese a estar en verano.
Su padre había insistido en que era culpa suya porque había ido a correr cuando estaba lloviendo, el muy bastardo. No tenía simpatía ninguna por su hijo moribundo. ¡Ninguna!
Pero había merecido la pena. Stiles se había dado cuenta de lo mucho que le importaba su lobo cuando fue a correr, así que estar enfermo mereció la pena. Se le pasaría en unos días, aunque se sentía mal por Boyd porque le iba a tocar cubrir casi todos los turnos de encargado. El otro encargado era un capullo integral y nunca cubría los turnos de nadie.
Stiles se lo recompensaría a Boyd de alguna manera. Aún no sabía cómo, pero de algún modo lo haría.
Lo más decepcionante de todo este asunto de ‘estar enfermo’ era que no podía ir a ver a su lobo. Estaba seguro de que sabía--mágicamente, por medio de algún superpoder de Hombre lobo--que Stiles no estaba pasando de su cara, pero odiaba pensar que su lobo pudiera asumir que Stiles había cambiado de parecer.
“No,” gimoteó para sí mismo. “Es mucho más listo que eso. Estoy seguro de que sabe que simplemente me estoy muriendo.”
Intentó dormir algo más, cambiando de postura continuamente y quitándose las sábanas de encima antes de volver a echarlas. No podía decidir si tenía calor o frío, y era difícil respirar el aire frío de su habitación, lo que quería decir que estaba todo el rato tapándose con las sábanas, pero entonces costaba demasiado respirar debajo de ellas porque sentía que no había aire suficiente.
Salía perdiendo por todos lados. ¡Estar enfermo era lo absoluto peor!
Stiles acabó quedándose medio grogui durante unas horas cuando escuchó abrirse la puerta de entrada. Gimió e intentó seguir dormido pero el sueño se le escapó de entre los dedos y luego ya estaba despierto de nuevo. Dejó salir un gimoteo, enterrando la cara en la almohada, y luego la levantó porque se estaba ahogando de nuevo.
Cuando cogió el móvil para ver la hora, frunció el ceño porque eran las doce menos cuarto, lo que quería decir que su padre aún debería de estar trabajando. A no ser que haya venido a casa solo para comer, lo que era posible.
Igual sí que estaba preocupado y venía a comprobar que Stiles no estuviera muerto.
Escuchó abrirse la puerta de su cuarto y se giró de forma miserable para mirar a su padre, que tenía una expresión rara en la cara. Stiles frunció el ceño pero no se incorporó.
“¿Qué pasa?” preguntó, la voz rasposa y seguida de una serie de toses que dejó agonizando a su garganta.
“Hijo. Sé que no estoy mucho por aquí, y que ya no hablamos tanto como antes, pero si pasara algo, me lo dirías, ¿verdad?”
“¿Aparte del hecho de que me estoy muriendo en estos momentos?” preguntó, intentando sonreír, pero no creyó que tuviera éxito.
“Lo digo en serio, Stiles.” Su padre entró más en la habitación y acercó la silla del escritorio a su cama, sentándose y juntando las manos entre sus rodillas. “Isaac y Erica han dicho que has recibido algo en el trabajo el otro día que te hizo salir corriendo para perseguir a alguien. Y hoy, en comisaría, has recibido otro paquete.”
¡Maldita sea Erica y esa bocaza suya! Isaac no habría dicho nada por sí solo, esto tenía toda la pinta de que Erica se había chivado a Boyd, y luego decidió contárselo a su padre. Y había arrastrado a Isaac para que fuera otro testigo, estaba seguro. ¿Por qué no podían meterse en sus asuntos? Su lobo se iba a cabrear si se enteraba.
“No es nada,” insistió Stiles. “Simplemente recibí comida en el trabajo, era una coña de un amigo. Simplemente no me esperaba, eso es todo.”
“Una coña de un amigo.” Su padre tenía pinta de que no le creía. “¿El mismo amigo que arregló tu Jeep?”
“Estoy demasiado enfermo como para discutir esto contigo.” Stiles volvió a taparse la cabeza con las sábanas, pero se sintió culpable por mentir a su padre. Mentirle más o menos.
Después de todo, la comida era de un amigo. Lo único que no le conocía siendo persona.
“Stiles, te lo digo en serio. ¿Tienes problemas? ¿Te está acosando alguien?”
“¿Qué?” Stiles se apartó las sábanas cuando escuchó eso, lanzándole una mirada a su padre. “No. Papá, no,” enfatizó, porque parecía que se estaba preocupando muchísimo.
Suspirando y luchando por enderezarse, Stiles consiguió apoyarse contra el cabecero de la cama, cogiendo un pañuelo de la caja que había sobre su mesilla de noche e intentando sonarse la nariz.
“Papá, te lo prometo, si estuviera pasando algo, te lo diría. Ha sido solo un amigo, nos conocimos en primavera y hemos estado pasando el tiempo juntos de vez en cuando. Yo, uh, creo que le gusto.” Yo sé que le gusto, pero aún no le puedes conocer, añadió mentalmente. “A veces me trae cosas para demostrarme que le importo.”
“¿Es Derek Hale?”
“¿Qué?” Stiles se le quedó mirando. “¿Por qué me preguntáis todos eso? No, papá, no es Derek Hale. Ni siquiera le conozco. Simplemente pasa mucho tiempo cerca porque yo he empezado a quedar con Allison.” Stiles frunció el ceño. “¿Por qué crees que es Derek Hale?”
Su padre dudó, luego se puso de pie. Stiles le observó salir de la habitación y le oyó bajar las escaleras. Se le ocurrió que su padre había mencionado el tema del paquete en el trabajo, pero también que lo habían llevado al trabajo.
Su lobo probablemente había sabido que Stiles no respondería a la puerta mientras se estaba muriendo, así que en vez de eso se lo había mandado a su padre en la comisaría.
Esperó a que regresara su padre, cosa que hizo unos minutos después. Stiles frunció el ceño cuando entró, porque sujetaba una bolsa de plástico con lo que obviamente era sopa, además de un paquete grande y que parecía un cuadro envuelto. Era obvio que se había abierto una de las esquinas y lo habían vuelto a cerrar, claramente su padre fisgoneando, pero no sabía porqué recibir lo que parecía un cuadro le había preocupado a su padre.
Le pasó primero la bolsa a Stiles, y la abrió para echar un ojo.
Había un tupper reutilizado de sopa de fideos con caldo de pollo, además de dos bollos de pan y algunas galletas. Estas no eran tan bonitas como las de la última vez, lo que quería decir que probablemente eran caseras. En realidad todo parecía casero, y Stiles sonrió un poco por lo mucho que se preocupaba su lobo.
Había una nota en la bolsa, también, y la sacó para leerla. Todo lo que ponía era ‘Ponte Bueno Pronto’ con un dibujo de una huella de una pata abajo, evidentemente porque su lobo quería asegurarse que supiera que era de él.
Que tampoco es que Stiles tuviera dudas.
Volvió a meter la nota en la bolsa y lo posó todo en la mesilla de noche. Cuando se giró para mirar a su padre, este aún parecía incómodo, pero Stiles le indicó que desenvolviera el paquete. El sheriff suspiró, pero hizo lo que le pidió, arrancando el papel que estaba hacia él para que Stiles aún no pudiera ver nada. Cuando lo abrió todo, con la parte de atrás del cuadro mirando para Stiles, el hombre dejó salir otro suspiro, miró a Stiles, y giró el cuadro.
“Qué cojo--” Stiles hizo un medio movimiento rápido y repentino para salir de la cama, pero no llegó muy lejos y apoyó una mano en la silla que su padre había movido, la boca abierta de par en par y el corazón yendo a mil por hora.
Era el cuadro del cielo nocturno de Cora Hale. El que costaba cincuenta mil dólares. Por el que Stiles había babeado durante años, y que siempre había asumido que desaparecería sin dejar rastro una vez que alguien lo comprara.
Y alguien lo había comprado.
Su lobo, aparentemente.
Para él.
“Stiles,” dijo lentamente su padre, obligándole a desviar la mirada del cuadro y hacia él, “¿estás seguro de que está todo bien?”
“Yo no--” Stiles estaba teniendo problemas para respirar, porque esto era demasiado. Esto era más que demasiado. Un ciervo y un león de montaña no eran nada comparados con esto.
Hostia puta.
¿Su lobo estaba intentando demostrar que estaba forrado? ¿Estaba intentando asegurarse de que Stiles entendiera que podía darle de todo, en cualquier forma, si Stiles le dejaba? ¡Pero había maneras más fáciles de hacerlo! ¡Un cuadro de cincuenta mil putos dólares era una locura!
Y ahora su padre estaba preocupado por si se había visto involucrado con alguien de la mafia.
“Yo no--sabía que tenía tanto dinero,” consiguió decir al final Stiles. “Yo--esto es demasiado.”
“¿Quién es este amigo?” inquirió su padre, apoyando el cuadro contra el escritorio y volviendo a sentarse en la silla una vez que Stiles se enderezó. “¿Cómo le has conocido?”
“Fue--él es un poco…¿tímido?” Stiles hizo una mueca, frotándose la nuca. Se sentía como si estuviera sudando a mares, y no estaba seguro de si era por estar enfermo o si eran los nervios por tener esta conversación. “Le conocí cuando estaba un día en el bosque. Vamos a correr juntos a menudo, y a veces me trae cosas. Como comida en el trabajo, o sopa cuando estoy enfermo.”
“O un cuadro de cincuenta mil dólares.”
Stiles volvió a hacer una mueca. “Si. Eso. No sabía que tenía tanto dinero. Solamente le mencioné una vez que me gustaba el cuadro cuando estábamos corriendo. Supongo--no sé. ¿Que quería darme algo?”
“¿Cómo se llama?”
Stiles se quedó mirando a su padre, pero no dijo nada. No podía inventarse un nombre, porque su padre iba a comprobar sus antecedentes y lo sabría al segundo. Sin mencionar el hecho de que Stiles estaba esperando conocer a su lobo en persona algún día, así que no podía mentir.
El sheriff parecía agotado, frotándose los ojos con una mano. “Stiles--”
“Es que es--muy reservado. No quiero que le investigues. Él está bien, papá. Te lo prometo. Es un buen chico. Se preocupa por mí.”
“Hay una línea entre preocuparse por alguien y acosarle,” insistió su padre.
“Papá, que no me está acosando.” Stiles suspiró. “Más bien parece que le acoso yo. Siempre salgo a ver si le veo, me sorprende que no haya rellenado una orden de alejamiento.” Medio sonrió.
Su padre aún no parecía convencido, así que Stiles suspiró y alargó una mano, dejando que cayera sobre la rodilla de su padre.
“Papá. Te lo prometo. Es un buen chico. Quizás un poco, uh, excesivo.” Miró de reojo la pintura cuando dijo esto. “Pero solamente quiere un amigo. Y si las cosas van más allá, bueno…”
“Quiero conocerle.”
Stiles abrió la boca para rebatirlo, pero su padre levantó una mano para detenerlo.
“Lo sé,” dijo su padre. “Y respeto que sea reservado, pero quiero conocerlo. No tiene que ser hoy o mañana, pero pronto.”
Stiles suspiró. Tendría que hablar con su lobo. “Si, vale.”
El sheriff asintió y se puso de nuevo en pie, apartando la silla y colocándola en su sitio y moviendo el cuadro un poco para que no se dañara. Se giró hacia Stiles, suspiró, y luego se acercó hacia él.
Alargando una mano, le palmeó en la mejilla con cariño y sonrió. “Descansa algo. Da pena verte.”
“Gracias papá,” comentó secamente, pero el sheriff le volvió a dar otra palmadita en la mejilla antes de salir de la habitación, cerrando la puerta tras de él.
Stiles le escuchó moverse en el piso de abajo durante un rato, y cuando se fue, no estaba seguro, pero creía que le había escuchado cerrar con llave la puerta. Normalmente no cerraban la puerta con llave cuando alguno de ellos estaba en casa, porque todos sabían que esta era la casa del sheriff y nadie era lo suficientemente estúpido como para entrar sin permiso. Pero parecía que su padre no estaba dispuesto a arriesgarse, porque definitivamente cerró la puerta con llave y el coche de policía arrancó un minuto después.
Stiles volvió a coger la bolsa de comida y la abrió para poder coger la sopa. No había comido mucho desde que se puso malo, así que al menos debería intentar comerse esto. Había incluso una cuchara incluida, lo que era particularmente considerado, en su opinión.
Se pasó todo el tiempo que estuvo comiendo mirando el cuadro, masticando lentamente y preguntándose cuántas sorpresas más le iba a deparar su lobo.
Definitivamente tenían que hablar.
**********
Stiles estuvo en su lecho de muerte durante casi tres días hasta que por fin se le pasó el resfriado lo suficiente como para que pudiera respirar por un orificio nasal, y cuando no sentía que estaba dejándose los órganos al toser.
Volvió al trabajo, porque no podía permitirse faltar demasiado, y se imaginó que se sentía lo suficientemente bien como para sentarse en la oficina, hacer papeleo y mirar el itinerario en el sistema. Su trabajo era bastante fácil cuando no estaba en recepción o lidiando con subnormales.
Le llevaron comida en cada turno que hacía, todas con la misma firma de la huella y varios comentarios de ‘Recupérate’. Ninguno de ellos los llevaba la misma persona, y solamente algunos de ellos venían del restaurante en el que trabajaba Allison.
Stiles todavía no estaba lo suficientemente bien como para ir a correr, pero considerando que su lobo le seguía mandando sopas y pan, se imaginó que el otro era consciente del hecho de que todavía no estaba en sus mejores condiciones. Esperaba encontrarse mejor para la próxima semana, porque él y su lobo realmente tenían que hablar.
Allison vino un día después de que él saliera de trabajar con algo de sopa que había hecho ella y unas películas. Derek la había acercado, pero cuando Stiles le invitó para que se uniera, él bajó la mirada con el ceño fruncido hacia el porche bajo sus pies justo enfrente de la puerta antes de mascullar que tenía que ir a un sitio e irse.
Stiles no se lo había tomado a pecho, y se limitó a disfrutar de la tarde con Allison. La preguntó por el tío que estaba haciendo los pedidos y que estaba intimidando a los trabajadores para que los llevaran, pero ella le dijo que ella nunca había respondido al teléfono cuando llamaba él, así que no podía ayudarle.
Su padre acabó colgando el cuadro en el cuarto de Stiles sin que este se lo dijera, probablemente porque se sentía mal por haber reaccionado del modo en que lo hizo. E hizo bien, porque si no lo hubiera colgado, lo más seguro es que Stiles lo hubiera devuelto. Cincuenta mil era mucho dinero, y estaba empezando a preocuparse de que su lobo estuviera esperando demasiado de él. Stiles no valía cincuenta mil dólares.
El siguiente Miércoles, pudo respirar alegremente por ambas fosas nasales, y el cosquilleo al fondo de su garganta era más una molestia que dolor en sí. Por eso ese día se despertó primero para poder ir a correr antes de que le tocara irse al turno de la tarde.
Vistiéndose con su atuendo para correr, se fue de casa lo más en silencio que pudo, puesto que su padre todavía estaba durmiendo tras el turno de noche, y se subió al Jeep.
Había algo de gente en la carretera, pero no tantos como había esperado. Cuando alcanzó la reserva, había otros coches en el aparcamiento, lo que quería decir que estaban en el bosque. Esperaba que no pasase lo de las otras veces, cuando no veía a su lobo excepto por unos breves instantes.
Estiró en la entrada, luego se puso los auriculares y comenzó a correr. Saludó con la cabeza a unas cuantas personas que estaban paseando por la reserva, pero no se detuvo a charlar. Al doblar otra curva, vió movimiento entre los árboles más adelante y su lobo salió de entre los arbustos, pero no pisó el sendero.
Sonriendo y quitándose los auriculares, se detuvo junto al otro. “Ey.”
Su lobo le estaba observando, como si se estuviera asegurando de que estaba lo suficientemente sano como para estar en la calle--y lo estaba, ¡muchísimas gracias!--y luego giró sobre sus talones. Stiles frunció el ceño, pensando que su lobo iba a dejarle tirado, pero el otro se giró para ver si Stiles le estaba siguiendo, luego rodó sus brillantes ojos azules y le indicó que saliera del sendero con un movimiento de cabeza.
Stiles miró alrededor para asegurarse de que no hubiera nadie cerca, luego le obedeció, saliendo del sendero y siguiendo al lobo entre los árboles. Tuvo que apartarse unas cuantas ramas de la cara, y estuvo ojo avizor por si había depredadores peligrosos, pero su lobo estaba relajado y seguía mirando hacia atrás para asegurarse de que le estaba siguiendo el ritmo, así que probablemente no le pasaría nada.
Caminaron cerca de diez minutos antes de que acabasen en un claro grande. Stiles pensó que quizás era la misma en la que había conocido a Derek Hale hace ya tantos meses, pero no podía estar seguro. Pero sí que sabía que definitivamente era el claro en el que había conocido al Alfa.
Su lobo siguió andando, así que le siguió y se detuvo al borde de un sendero poco usado y descuidado.
Sonriendo, miró a su lobo.
“Supongo que lo que dije tenía sentido, ¿huh? ¿Lo de encontrar un sitio más aislado?” Miró de nuevo el sendero, achicando un poco los ojos. “Es seguro, ¿verdad? ¿No me van a atacar más leones de montaña o, ya sabes, tu Alfa?”
Su lobo bufó ante eso, presionando contra su costado, luego comenzó a caminar hacia delante por el sendero. Stiles le siguió hasta que hubo suficiente espacio para que pudieran ponerse lado a lado. Cuando el lobo comenzó a trotar un poco, Stiles pilló la indirecta y comenzó a correr, moviéndose ambos lentamente. Stiles miró alrededor de los árboles, puesto que nunca se había adentrado en esta parte del bosque, y pasó la mano por las cortezas. Era un sendero majo, y aislado. Bien por él y por su lobo, pero malo si su lobo decidía volverse contra él y le comía para cenar.
Stiles dudaba que lo hiciera, su lobo parecía bastante relajado la mayor parte del tiempo. Después de todo, no le había perseguido para matarle cuando Stiles le había visto transformarse de hombre a bestia, así que eso era un gran alivio.
“Tenemos que hablar,” dijo Stiles, recordando que no lo habían hecho antes de que se pusiera pachucho.
Su lobo estaba mirando al frente mientras corrían, pero una de sus orejas se movió, y Stiles sabía que estaba fingiendo que no se había enterado.
“Cuando te hablé del cuadro de Cora Hale, eso no fue una petición para que lo compraras. Mi padre se cree que tengo un acosador.” Stiles frunció el ceño. “Allison bromea con que tengo un sugar daddy.”
El lobo se giró entonces, con aspecto molesto, y Stiles se encogió de hombros como si no pudiera hacer nada.
“¡Me has comprado un cuadro de cincuenta mil dólares! ¿Qué más va a pensar la gente? No es como si le pudiera decir a la gente quien eres, puesto que yo no sé quién eres. Quiero decir, como humano.” Suspiró, deteniéndose. El lobo parecía querer fingir que esta conversación no estaba pasando, así que siguió unos pasos más. Cuando quedó claro que Stiles no iba a seguirle, suspiró y dio media vuelta, retrocediendo lentamente y sentándose enfrente suyo.
“Eso ha sido demasiado,” insistió Stiles. “Es una preciosidad, y una belleza, y gracias, pero ha sido demasiado.”
Vio como se movían los hombros del lobo, una expresión de aburrimiento en la cara, y se dio cuenta de que acababa de encogerse de hombros.
“Ni siquiera me conoces,” insistió Stiles.
Cuando dijo eso si que recibió una mirada de las buenas y Stiles rodó los ojos.
“Quiero decir--me conoces, pero en plan, no has visto lo malo de mi. Como por ejemplo que no lavo los platos, y a veces me olvido de hacer la colada y me pongo la camiseta menos repulsiva que puedo encontrar. Puedo ingerir una pizza entera yo solo, y aún así tomo postre después. Creo que no he limpiado un baño apropiadamente en la vida, me meto mucho en problemas, nunca se cuando no buscar pelea--yo solo…solamente ves lo bueno de mi. Me siento…raro. Al aceptar eso de ti. Es muy caro.”
El lobo rodó de nuevo los ojos, dejó salir un bufido, y alzó su ceja de un modo que claramente quería decir “¿algo más?”
Stiles se le quedó mirando, luego suspiró y negó con la cabeza. “No me vas a dejar devolverlo, ¿verdad?”
Un bajo gruñido le indicó que no, no le iba a dejar hacer eso.
“Vale. Pero no te cabrees conmigo cuando acabe siendo una decepción colosal.”
Su lobo le miró cuando dijo eso, luego se puso de pie para golpearle en el costado, girando para que pudieran proseguir. Stiles le lanzó una sonrisa, le pasó una mano por la cabeza, y comenzó a correr una vez más, relatando historias de su cercana experiencia a la muerte estos últimos días.
Su lobo no se apartó de su lado ni una sola vez.
**********
Stiles no estaba completamente seguro, pero presentía que Allison estaba intentando emparejarle sutilmente con Derek Hale. Era raro pensarlo, pero cada vez que ella se auto-invitaba a venir, o Stiles quedaba con ella en algún lado, Derek estaba ahí.
Normalmente cuando Allison venía, Derek la traía y la dejaba en la puerta antes de fulminar el porche con la mirada e irse, pero cuando salían fuera, Derek se quedaba con ellos todo el tiempo. A Stiles no le importaba, la verdad es que no, pero era un poco raro. Estaba haciéndole empezar a pensar si no había tenido razón cuando pensó que Derek le había estado mirando la boca cuando fueron a los bolos.
Hablaba mucho de ello con su lobo, mayormente porque estaba confuso sobre lo que estaba pasando, e inseguro de a qué jugaba Allison. Cuando intentó hablarle de ello a Scott, su amigo cambió de tema para hablar de Kira, así que Stiles se dio por vencido. Al menos su lobo le había escuchado cuando habló. Claro, no podía contestarle o interrumpirle, pero Stiles presentía que el lobo no era tampoco muy hablador en forma humana. Parecía feliz con escuchar.
Le había llevado a Stiles unos cuantos días encontrar por su cuenta el camino al claro y al sendero, pero después de unos cuatro días, era capaz de hacer con su lobo permaneciendo cerca por si acaso se perdía. Al quinto día, llegó él solito allí, con su lobo esperándole y con aspecto orgulloso por lo inteligente que era su potencial pareja.
Todo este tema de las parejas aún era raro para él, pero ya estaba más acostumbrado a ello ahora. Aún recibía comida y regalos aleatorios en el curro--algunos comics, una película o dos, un set de Lego de Star Wars--pero en su mayor parte, pasaban el rato juntos y hablaban.
Bueno, Stiles hablaba.
Un día, cuando Stiles se sentía particularmente perezoso, fue al claro y se tumbó sobre la hierba, acercándose su lobo para tumbarse a su lado. Habló de su madre ese día, y su lobo se tumbó medio encima suyo, gimoteando en el fondo de su garganta cuando quedó claro que Stiles lo estaba pasando mal al hablar de ello.
A veces iban a correr por el sendero. Otras veces corrían en círculos alrededor del claro. Stiles intentó una vez llevar una pelota y tirarla para que su lobo fuera a cogerla. Recibió una mirada poco impresionada por sus esfuerzos, y luego fue embestido por el enorme animal, riendo y admitiendo la derrota cuando quedó clavado al suelo debajo del peso del otro.
Amaba pasar el tiempo con su lobo. Sería mejor si fuera humano, pero a veces Stiles simplemente fingía que era un perro muy inteligente. Le hacía sentirse menos solo, y entre Allison y su lobo, estaba empezando a sentirse como si de verdad tuviera gente que se preocupaba por él.
Scott y Lydia eran geniales, pero ellos se concentraban tanto en sus relaciones que se olvidaban de que Stiles era su amigo y no su consejero matrimonial. Aún quedaba con ellos, pero si tuviera que elegir entre ellos, o Allison y su lobo, elegiría a estos últimos.
Eso pareció que lo notaron, porque Scott se presentó un día mientras Stiles estaba viendo una película con Allison, y preguntó de manera incómoda si podía unirse, aunque era una de las películas de Star Wars, en lo que no tenía interés alguno. Stiles aceptó, porque al menos Scott lo estaba intentando, y esperaba que esto fuera algo que se repitiera en el futuro y no solo cuando Stiles estuviera quedando con otra gente.
Unos días después, Stiles acababa de salir de la ducha después de ir a correr con su lobo cuando recibió una llamada de Allison preguntándole si salían a cenar juntos porque su padre se había tenido que ir. Él aceptó y dijo que la vería en el restaurante, luego se cambió de ropa y marchó.
Cuando llegó, frunció el ceño porque Allison llevaba puesto el uniforme, y sus siguientes palabras le hicieron sospechar seriamente de si estaba o no intentando emparejarle con Derek Hale.
“Lo siento,” insistió ella, acercándose a él y abrazándole. “He llegado y Mabel ha dicho que andaban cortos de personal, y me sentí tan culpable que decidí trabajar esta noche. Pero has venido hasta aquí y me sentí mal por ello, así que he llamado a Derek.” Ella señaló hacia él, que estaba al otro extremo del restaurante, como si no fuera la primera persona que Stiles había visto nada más entrar.
Estaba llevando su chaqueta de cuero de siempre encima de una camiseta gris y unos vaqueros bien ajustados. Estaba frunciendo el ceño hacia el menú como si le hubiera ofendido personalmente, y seguía pasándose una mano por el pelo, como si no se estuviera comportando como él quería.
“No te importa, ¿verdad?” Allison le sonrió con dulzura. “Le toca quedarse aquí todo el verano porque su madre quiere asegurarse de que todo está bien seguro en la reserva. Iba a comer solo, y también ibas a comer solo tú porque me toca trabajar, así que así perfecto, ¿verdad?”
“Supongo,” dijo con sospecha, mirándola de reojo. “¿Qué estás intentando hacer?”
“Nada,” insistió ella con inocencia.
Stiles no la creyó ni por un segundo.
“Ajá. Bueno, después de cenar, vamos a hablar tú y yo.” Stiles se movió para sentarse con Derek, pero Allison dijo en voz alta que disfrutase de la noche y se fue detrás de la barra.
Saludando con la cabeza a Derek mientras se sentaba enfrente suyo, Stiles acercó el segundo menú, abriéndolo de par en par y hojeando las opciones, aunque ya sabía lo que quería. Su lobo le había llevado una vez algo que no había pedido nunca, una especie de burrito de pollo barbacoa. Stiles había tenido, literalmente, sueños con esa comida, porque estaba de puta madre.
“Ey,” le dijo a Derek, aún mirando el menú.
“Hola,” gruñó el otro, no con crueldad. Parecía distraído. Eso, o nervioso, aunque la razón por la cual podría estar nervioso, Stiles no tenía ni idea. Era Derek Hale.
Encontrando lo que quería en el menú, Stiles lo cerró y luego esperó a que Derek acabara. Era obvio que ya sabía lo que iba a pedir, pero estaba procrastinando, por alguna razón. Finalmente, Allison se acercó y le quitó a la fuerza el menú de las manos, preguntándoles a ambos que querían.
Stiles pidió un batido de chocolate con su burrito de pollo barbacoa y patatas fritas rizadas, y Derek pidió una Coca-Cola con el mismo menú de sándwich que Stiles normalmente pedía cuando venía. Allison les sonrió a los dos, y desapareció con los menús para que Derek no pudiera esconderse más detrás del suyo.
Cayó entre ellos un silencio incómodo, con Stiles golpeando un ritmo cualquiera sobre la mesa. Él y Derek no solían estar solos mucho tiempo, y cuando lo estaban, Stiles tenía algo de lo que hablar.
Hoy, no tenía nada que decir porque no estaba completamente seguro de si esto no era una cita organizada por parte de Allison.
“Pues, uh…Allison ha dicho que tu madre te ha dicho que te quedes por aquí. Eso tiene que ser una mierda.”
“La verdad es que no, me gusta Beacon Hills.
“Oh.”
Silencio.
“Si te gusta, ¿por qué te fuiste?” Stiles se dió cuenta en el mismo segundo en el que le preguntó que probablemente no debería haberlo hecho. Recordó la conversación que Allison había tenido con él sobre como a Derek básicamente le había violado una profesora en el instituto, y desearía poder volver a tragarse las palabras.
Derek se tensó, pero no dijo nada. No debería de saber que Allison le había dicho algo a Stiles a no ser que ella se lo hubiera confesado.
“Pasaron algunas cosas,” dijo de forma evasiva Derek. “La gente me culpó por ello. Beacon Hills se convirtió en un lugar en el que no quería quedarme.”
“Lo siento.” Stiles sabía que Derek no sabía por qué se estaba disculpando, pero se sentía mal por haber sacado el tema. “¿Y ahora?”
“Ahora las cosas están bien,” admitió Derek. “Hay razones por las que quedarse.”
La mirada que le echó cuando dijo esas palabras casi incomodaron a Stiles, porque nadie le había mirado de una forma tan intensa antes.
Saltó en la silla cuando Allison posó su batido, e intentó quitarle importancia cuando ella comentó que parecía nervioso. Se limitó a acercar su bebida y comenzó a succionar como si fuera un hombre ahogándose.
Derek le estaba mirando de nuevo la boca, y de verdad que Stiles no estaba acostumbrado a que la gente estuviera interesado en él. Se alejó de la pajita, lamiendo sus labios, luego se aclaró la garganta y apartó un poco hacia la izquierda su batido.
“Allison dice que has recibido uno de los cuadros de Cora.”
Oh bien, ¡un tema de conversación seguro!
“Si.” Sonrió. “La verdad es que ha sido ese del cielo nocturno del que te hablé. Estoy seguro de que no te acuerdas, pero era--”
“Lo recuerdo.”
La boca de Stiles aún estaba abierta y dejó salir una pequeña exhalación, luego una risa incómoda antes de lamerse los labios y acercar de nuevo el batido. Parecía algo seguro tras lo que esconderse, aunque no estuviera bebiendo.
“Ya. Bueno, si, he recibido ese. Un amigo mío me lo ha comprado.”
“¿Un amigo?” Derek arqueó una ceja. “Debe ser un amigo de los buenos.”
“Si, es genial.” Sonrió radiante Stiles. “La verdad, me enfadé con él por ello, porque era caro, pero se lo agradezco de verdad. He amado ese cuadro durante años. Mi padre lo ha colgado en la pared que hay al lado de mi cama, para que pueda mirarlo siempre.”
“Creo que ha sido muy amable por parte de tu amigo hacer eso por ti. Probablemente quiere que sepas que valora tu compañía.”
Stiles sonrió, preguntándose si de verdad lo compró por eso, o si fue por todo eso de ser una pareja potencial. De cualquier modo, amaba ese cuadro, y amaba a su lobo.
Él y Derek consiguieron charlar un poco mientras esperaban su comida. Cuando llegó, Stiles se alegró de tener algo con lo que esconderse, comiendo su burrito e intentando no tener una experiencia religiosa. Es que estaba muy bueno, y nunca lo hubiera sabido si su lobo no se lo hubiera mandado aquella vez.
Una pareja de ancianos se sentó en la mesa de al lado mientras él y Derek habían comido la mitad, y Allison se acercó para preguntarles qué iban a beber. Stiles aún estaba masticando, con el burrito en las manos, cuando ella se acercó con el agua y ellos se pusieron a hablar de la reserva.
“Oh, es tan encantador,” le estaba diciendo la mujer a Allison, sin ser consciente de que uno de los herederos de Beacon Hills estaba sentado justo a su lado en la mesa contigua. “Venimos todos los años a verla. Siempre hay nuevas zonas que explorar.”
“Pero es una pena por todos los problemas que ha habido este año,” añadió el hombre. “Primero con todo ese tema del león de montaña, ¿y ahora esto? Te lo digo en serio, se supone que no hay lobos en California, pero cuando el departamento del sheriff encontró ese lobo muerto, he empezado a preguntarme si esta no debería de ser nuestra última visita aquí.”
A Stiles se le cayó su burrito, y la comida en su boca le sabía a cenizas. Vio como Derek dejaba de masticar al ver su reacción, frunciendo el ceño ligeramente, pero en todo lo que Stiles podía pensar era en lo que acababa de decir el hombre.
Giró en su silla, casi empujando a Allison a un lado para que pudiera verle, y dijo, “Perdona, no pretendía escucharos. ¿Qué lobo?”
El hombre pegó un brinco, probablemente porque Stiles había hablado más alto de lo normal, pero hizo caso y dijo, “Han encontrado un lobo hace una hora o así en la reserva. Estaba cerca de ese sendero tan poco usado, no lleva muerto ni media hora.”
Oh Dios. ¡Oh Dios!
“Tengo que irme.” Stiles se puso de pie, sin siquiera mirar a Derek, o a Allison, o a nadie, la verdad. “Tengo que irme ahora mismo.
“Stiles, espera--”
Ignoró a Allison y salió corriendo hacia la puerta. Chocó contra otro cliente que había estado levantándose de su mesa, casi mandándoles a los dos contra el suelo, pero ni siquiera tenía la capacidad mental de disculparse. Se apartó de ellos y chocó con tanta fuerza contra la puerta para salir que casi se sorprendió de no haber roto el cristal.
Volando como una bala por el aparcamiento para llegar al Jeep, le temblaban las manos cuando intentó abrirlo, y luego se montó detrás del volante. Derek salió entonces del restaurante, llamándole a gritos, pero Stiles arrancó y dió marcha atrás, giró el volante, y pisó con fuerza en el acelerador.
Era como si no pudiera respirar, y tiraba del cuello de su camiseta, teniendo problemas para centrar la vista. Dios bendito, ¿estaba teniendo un ataque de pánico? Estaba teniendo totalmente un ataque de pánico.
“No es él'', insistió para sí, las manos apretadas con fuerza en el volante, y con el aire saliendo en jadeos rápidos y cortos. “No es él. No lo es. Él está bien. Está totalmente bien.”
Su teléfono vibró en su bolsillo, pero lo ignoró, incapaz de pensar en nada que no fuera su lobo.
Sabía que estaba yendo demasiado rápido, pero no podía desacelerar. Se saltó un semáforo en rojo, más que nada porque acababa de cambiar de ámbar a rojo, pero en parte también porque probablemente se moriría si se detenía. Tenía que llegar a la reserva.
Tenía que encontrar a su lobo ahora mismo.
Cuando llegó a su aparcamiento de siempre, pisó los frenos con tanta fuerza que el Jeep protestó ruidosamente. Le daba igual. Salió de un salto y cerró de un portazo la puerta, sin molestarse en cerrar con llave. El bosque estaba ahora oscuro, porque era más tarde de lo normal, pero sacó el móvil y encendió la linterna, respirando con fuerza y forcejeando por dejar de entrar en pánico incluso cuando vibró de nuevo en su mano.
Su lobo estaba bien. ¡Estaba bien! ¡No era él! ¡No lo era!
Dando traspiés entre los árboles, tropezó con una raíz, y el móvil salió volando. Luchó por ponerse de pie, notando como le recorría un dolor agudo en el tobillo, pero lo ignoró y volvió a coger el móvil, apresurándose a través de la zona arbolada hacia su claro de siempre.
Incluso si no era su lobo--que no era, porque su lobo estaba bien--no había ninguna garantía de que apareciera. No tenía ni idea de que Stiles le estaba buscando. Pero daba igual, ¡Stiles esperaría toda la puta noche si tenía que hacerlo! ¡No podía ir a casa sin saber si su lobo estaba sano y salvo, no podía!
Pareció una eternidad antes de que llegase al claro de siempre, y dio un giro en el sitio, iluminando toda la zona de alrededor con la linterna, intentando vislumbrar a su lobo.
“Ey,” llamó, nublándosele la vista porque definitivamente no estaba recibiendo suficiente oxígeno. “Ey, ¿estás aquí? Por favor que estés aquí. ¡Por favor! No puedo…” Stiles tropezó, luego apoyó ambas manos sobre las rodillas, luchando por respirar, con el pánico comenzando a tomar las riendas.
La última vez que había visto a su lobo había sido hacía hora y media. El lobo había estado muerto media hora, y luego lo habían encontrado media hora después. En lo que al momento se refería, sabía que podía ser su lobo. Pero no quería creerlo. ¡No podía ser su lobo! Mataría a alguien si era su lobo.
“Por favor, no puedo…” Stiles tenía problemas, aún respirando con fuerza y cerrando los ojos.
Escuchó movimiento hacia su izquierda y giró la cabeza, aún intentando respirar. Algo atravesó los árboles, y tuvo medio segundo para temer por su vida cuando dos puntos brillantes azules brillaron en la oscuridad y sus pulmones se abrieron.
“¡Me cago en la puta!” Stiles corrió hacia su lobo mientras el otro reducía el trote. Se puso de rodillas y echó los brazos alrededor del cuello del otro. Podía notar el corazón de su lobo galopando contra su pecho, los jadeos del Hombre lobo contra su piel como si hubiera recorrido una gran distancia lo más rápido que podía.
Stiles le apretó más, intentando calmar su respiración, puesto que aún estaba bastante agitada, pero ahora que tenía a su lobo enfrente suyo se encontraba mejor. Vivito y coleando.
Podía escuchar cómo vibraba de nuevo su móvil detrás de él en el suelo en donde lo había tirado, pero lo ignoró y siguió aferrándose a su lobo como si le fuera la vida en ello. No sabía qué era lo que había pensado su lobo que había ocurrido, pero era obvio que sabía que había pasado algo. Estaba frotando su hocico contra la nuca de Stiles, lamiendo la piel que podía y presionándose contra él.
Le llevó un rato calmarse a Stiles, pero finalmente consiguió controlar su respiración, y se sentó sobre su trasero, con su lobo casi subiéndose encima de su regazo intentando acercarse más. Stiles se tumbó obedientemente y su lobo se arrastró hasta tumbarse encima suyo, apoyando su cabeza sobre el pecho de Stiles.
Stiles movió una mano y comenzó a acariciarle la cabeza, mirando al cielo, y sorprendiéndose un poco al descubrir que se parecía al cuadro de Cora Hale desde este sitio. Igual Cora había estado en este claro cuando había encontrado la inspiración para pintarlo.
“Lo siento,” dijo Stiles. “No pretendía asustarte de esa manera.”
Su lobo bufó, como si estuviera más preocupado por él que por otra cosa. Stiles sonrió.
“Dijeron que habían encontrado a un lobo muerto no hace mucho,” dijo en voz baja, y su corazón dio un vuelco en su pecho con solo pensarlo. “Tenía miedo. Pensé que eras tú.”
Otro bufido, como si su lobo se sintiera insultado porque Stiles había pensado que era tan fácil acabar con él.
“Yo solo…” Notó como le quemaban los ojos y dejó salir el aire lentamente. Lo último que quería era llorar delante de su lobo. “Significas mucho para mí. Mucho. No quiero perderte. Yo solo…tenía tanto miedo. No sé como contactar contigo, no hubiera sabido si eras tú o no no hubieras estado en el pueblo o algo así. No podía…” Movió una mano para tirar del cuello de su camiseta, encontrándose otra vez con que era difícil respirar. “Gracias. Me alegro de que estuvieras aquí.”
Su lobo se subió un poco más y le lamió la barbilla. Stiles sonrió un poco y le envolvió entre sus brazos, pese al hecho de que estaba siendo aplastado. El lobo normalmente no se subía entero, y no pesaba precisamente poco. Era una bestia parda de Hombre lobo, pesaba una puta barbaridad.
Hubo más zumbidos desde su izquierda y se giró para ver su móvil. Finalmente se acordó de que había salido corriendo sin pagar, lo cual no era algo que debiera hacer el hijo de un sheriff, así que maldijo y estiró una mano para coger su móvil, la otra todavía alrededor de su lobo. Requirió algo de esfuerzo, pero finalmente lo agarró y lo acercó, viendo el nombre de Allison en la pantalla.
“Bueno.” Suspiró. “Me lo voy a pasar bien explicando esto.” Respondió la llamada y lo acercó a la oreja. “¿Hola?”
“¡Stiles! ¿Dónde estás? ¿Estás bien? ¡¿Qué ha pasado?!”
“Ey,” dijo lentamente, alargando la palabra. “Allison. Hola. Si. Estoy bien. Bien. ¿Tú que tal?”
“¡Stiles!”
“Lo siento, yo solo--tuve un ataque de pánico. No quería que me vieran así que me…fui.” Hizo una mueca. “Uh, cuando vuelva a casa me pasaré por allí para pagar mi parte de la cuenta.”
“Olvídate de la cuenta, ¿dónde estás? ¿Estás bien? Derek ha ido a buscarte.”
“Mierda, lo siento.” Levantó la otra mano para frotarse la cara. “Joder. Probablemente piensa que soy un capullo integral. No pretendía dejaros así tirados, yo solo--me gustan muchísimo los lobo, y…” No sabía qué más decir. “Pero ahora todo está bien. Ahora estoy bien, te lo prometo.”
Allison parecía estar calmándose al otro lado, como si hubiera dicho algo que fuera un alivio para ella.
“Me has asustado de verdad, ¿sabes? Has actuado como si hubieras creído que se había muerto alguien.” Ella dejó salir otro suspiro. “¿Seguro que estás bien?”
“Estoy bien, te lo prometo. Dile a Derek que puede volver al restaurante, no necesita buscarme.”
“Vale.” Otro suspiro. “Aparte, era un coyote.”
“¿Qué?” frunció el ceño.
“¿El animal muerto? El turista estaba equivocado. Algunos pensaban que era un lobo, pero era un coyote. Parece que lo han atropellado, y el conductor lo tiró a la cuneta.”
Stiles quería pegarle un puñetazo a ese estúpido turista por asustarle de ese modo. ¡Había pensado que su lobo había muerto!
“Oh. Bueno, eso es un alivio, pero tampoco mola nada. El coyote no merecía que lo tratasen así.”
“Si.”
“Lo siento.”
“No pasa nada, Stiles. Siempre y cuando estés bien, eso es todo lo que me importa.”
“Estoy bien, en serio.” Sonrió, realmente agradecido de que tuviera una amiga tan buena como Allison.
Y a su lobo.
Y aparentemente también a Derek Hale. Lo cual era raro, pero bonito.
“Te prometo que cuando vuelva a casa me paso a pagar lo mío.”
“No te preocupes por eso, Derek pagó la cuenta antes de ir a buscarte. Ya está todo pagado.”
“Oh. Bueno, vaya mierda. Ahora me siento el doble de mal.”
“No pasa nada, devuélveselo en otra ocasión.” Hubo una voz al fondo y ella cubrió el micrófono para hablar con alguien. “Escucha, tengo que irme,” le dijo a Stiles. “¿Seguro que estás bien?”
“Segurísimo.”
“Vale. Se lo haré saber a Derek. Más tarde te llamo.”
“Claro. Adiós.”
Colgó y dejó caer la mano sobre su cabeza, con el móvil en un flojo agarre. Suspiró y enterró la otra mano en el pelaje del lobo de nuevo, cerrando los ojos y respirando lentamente. Podía notar como los latidos de su lobo también se ralentizaban. No sabía de dónde había venido, pero parecía ser de muy lejos, porque nunca antes había visto a su lobo sin aire como cuando había entrado antes al claro.
“Tienes que darme algún móvil o algo.” Insistió quedamente Stiles, rascando de manera inconsciente el hombro del lobo, que es donde estaba su mano. “De verdad que no puedo tener un ataque como este de nuevo. No ha sido divertido.”
Su lobo le lamió la barbilla, como disculpándose, y Stiles suspiró, escuchando los ruidos del bosque a su alrededor. Iba a pasarlas canutas para encontrar el camino de vuelta en la oscuridad, pero su lobo estaba con él, así que dudaba que tuviera que preocuparse por ello.
Abrió los ojos de nuevo para mirar al cielo, disfrutando del modo en el que se veían las estrellas sin la contaminación lumínica del pueblo. Después de unos minutos, los volvió a cerrar, moviendo aún la mano sobre el pelaje del lobo.
Stiles no tenía ni idea de cuánto tiempo habían estado en el claro, pero se despertó de golpe por un ruido fuerte hacia su derecha y se giró para ver a su padre mirándole confuso.
“Stiles. ¿Qué haces?”
Parpadeando cansado, Stiles miró hacia delante y vio que estaba enfrente de su casa. Estaba sentado en el asiento del conductor del Jeep con el asiento parcialmente reclinado y con la ventanilla agrietada. Se frotó la cara con ambas manos y se aclaró la garganta, abriendo la puerta y obligando a su padre a retroceder.
“Ey papá.”
“¿Por qué estabas durmiendo en el Jeep enfrente de casa?”
“¿Qué?” Stiles dejó salir una breve risa. “No lo hacía. Estaba preparándome para ir a algún lado y me debo de haber quedado grogui.”
“¿Preparándote para ir a algún lado?”
“Si.”
“Stiles, son las cuatro de la mañana.”
Abrió la boca, pensó en alguna excusa, luego dijo, “Bueno, no uh, no lo eran cuando me subí al Jeep, ¿eh? No, no lo eran.”
Salió de un salto del asiento, y tropezó cuando su tobillo protestó de dolor, pero frunció el ceño al notar presión en la zona. Se agachó y se subió los vaqueros, luego bajó el calcetín y se quedó mirando.
Tenía un vendaje alrededor de su pie y tobillo. No podía verlo todo, pero podía notarlo ahora que sabía que estaba ahí. Sus ojos se abrieron como platos y se giró para mirar su Jeep, dándose cuenta de lo que había pasado.
Stiles se había quedado dormido. Se había quedado frito en el claro con su lobo, y le habían llevado a casa y se habían vendado el tobillo. ¡Había estado en presencia de su lobo cuando este era humano, pera había estado durmiendo como un gilipollas!
“Oh, que cruel,” insistió Stiles, fulminando al Jeep con la mirada, como si su lobo aún estuviera allí.
“¿Stiles?”
Miró a su padre, luego se puso de pie y cerró la puerta del Jeep. Se aclaró la garganta, luego señaló hacia la casa. El sheriff parecía sospechar, pero no dijo nada y encaminó la marcha hacia los escalones de la entrada. Entraron juntos y Stiles fue arriba, frotándose la nuca. Había pensado que le dolería el cuello por la siesta que se había echado en el coche, pero se ve que tener el asiento reclinado le había librado un poco de eso.
Cuando entró a su cuarto, se quitó primero las zapatillas y los calcetines, mirando al vendaje que envolvía su pie y tobillo. No sabía cómo había sabido su lobo que se había hecho daño, pero se sintió realmente privilegiado. Además, no había garantía de que Stiles no se hubiera despertado cuando le estaba moviendo, pero su lobo se había arriesgado igual porque no quería que Stiles durmiera toda la noche en el bosque. En vez de despertarlo, le había traído a casa.
“Es que eres tan genial, y te juro por Dios que necesito que me digas quien eres.”
Se quitó el resto de la ropa, y cuando fue a sacar el móvil del bolsillo, encontró también un trozo de papel dentro. Abriéndolo, vio que era una nota, y sonrió cuando se dio cuenta de que era de su lobo.
Te habría metido dentro, pero no puedo entrar a tu casa.
Gracias por preocuparte por mi.
Estaba firmado con la huella de siempre y Stiles sonrió antes de posarlo en el borde de su escritorio y moviéndose para encontrar su pijama.
**********
El trabajo fue lento de cojones al día siguiente, y Stiles no podía decir por qué. Tenían previstas una serie de recogidas y entregas de coches, pero no se presentaron ninguno de los que tenían que venir a por el coche, y todos los que tenían que devolverlo llegaron tarde. Se preguntó si estaba pasando algo en el pueblo de lo que no fuera consciente, pero tanto él como Erica estaban tan aburridos como ostras.
Tan aburridos, de hecho, que estaban jugando al tres en raya usando celo y post-its. De momento ganaba Stiles, pero más que nada porque Erica no estaba prestando atención. Estaba más interesada en lo que quiera que estuviera pasando en su móvil, y Stiles sospechaba que ella y Boyd estaban teniendo sexo telefónico.
Técnicamente hablando, ella y Boyd no tenían permitido salir porque él era uno de los encargados, pero Stiles no era un soplón y nunca les había visto comportarse como una pareja, así que no podía decir con sinceridad que estuvieran saliendo juntos.
Pero sí que sabía que estaban saliendo. Ella no era precisamente sutil en su Instagram. Pero aún así. Semántica.
Cuando entró un cliente, ambos se enderezaron inmediatamente y pusieron su mejor cara de profesionales, pero Stiles frunció el ceño cuando se dio cuenta de que era Derek. Dudaba de que Derek estuviera aquí para alquilar un coche, dado el magnífico Camaro que estaba aparcado afuera.
Stiles podía verlo. Estaba justo ahí.
Y tan magnífico.
“Ey Derek,” dijo Stiles, luego se dió cuenta de que eso igual era borde. “Uh, ¿Sr. Hale?”
“El Sr. Hale es mi padre,” insistió, acercándose al mostrador. “Ya me has llamado Derek antes.”
“Cierto.” Stiles se le quedó mirando, luego se dio cuenta de que le debía dinero. “¡Cierto! ¡Te debo dinero!” Probablemente por eso estaba aquí y Stiles había empezado a sacar la cartera de su bolsillo.
“No estoy aquí por tu dinero, Stiles.”
Stiles le miró, la mano aún metida en el bolsillo. “Oh. ¿Estás seguro? No pretendía huir del restaurante ni nada, yo solo--”
“Lo he oído. Allison me lo dijo.” Los ojos de Derek se movieron hacia Erica y Stiles se dio cuenta de que ella todavía estaba ahí, mirándoles como si esto fuera lo más entretenido que le había pasado en todo el día.
Considerando el día que habían tenido, probablemente era lo más entretenido que le había pasado en todo el día.
“¿Podemos hablar?” preguntó Derek. “¿En privado?”
Erica hizo un ruido a su lado y Stiles se giró para fulminarla con la mirada. Ella sonrió mostrando todos los dientes y movió las cejas, pero calmó su expresión cuando Derek le lanzó una mirada.
“Um, claro. Podemos ir a mi oficina.” Stiles señaló a Derek para que le siguiera, luego se giró para señalar a Erica con el dedo. “Tengo cámaras. Ahí quieta.”
“Aguafiestas.” Sonrió ella.
Stiles se movió para abrir la puerta de la oficina e indicó a Derek que entrara, luego le siguió adentro. Stiles se sentó en su silla, Derek miró todo alrededor antes de sentarse enfrente suyo.
“¿Qué pasa? ¿Seguro que no quieres que te pague? No pretendía salir corriendo de esa manera, lo siento muchísimo, en serio.”
“No pasa nada.” Derek se lamió los labios, mirando al escritorio. Frunció el ceño un segundo, luego asintió con la cabeza y volvió a mirar a Stiles. “La verdad, la razón por la que estoy aquí…” Sus ojos bajaron hacia la boca de Stiles cuando este se lamió los labios.
Stiles los presionó inmediatamente después, no habiendo querido hacer eso, y los ojos de Derek volvieron a los suyos.
“Me estaba preguntando si…” se cayó, y Stiles sentía que parecía nervioso. O incómodo. ¿Por qué narices iba a estar Derek Hale nervioso o incómodo? “Esperaba que pudiera-que pudiera ir a cenar contigo algún día,” dijo rápidamente.
A Stiles se le atascó el aire en la garganta y casi dejó salir un ‘si, ¡tómame!’ antes de detenerse.
¿Era Derek Hale jodidamente atractivo? Joder si, ya te digo que si. Pero Stiles no le conocía, y aunque en realidad no conocía a su lobo, tampoco, de algún modo sí que lo hacía. Salir con Derek se sentía…mal.
Se sentía como una traición.
No podía hacerle eso a su lobo.
Dejando salir el aire lentamente, Stiles se echó hacia delante, apoyando ambas manos sobre el escritorio y alisando un folio que había cerca, mirándolo para no tener que mirar a Derek.
“Sabes, me encantaría. En serio.” Hizo una mueca de dolor. “Pero no puedo.”
“¿No puedes?” inquirió Derek, y Stiles levantó la mirada por el tono medio severo de su voz. Su rostro era una máscara sin emociones, pero su tono dejaba ver como se sentía en realidad.
Esto es: confuso, enfadado, humillado y herido.
Derek Hale tenía muchos sentimientos embotados, aparentemente.
“La verdad es que yo…” Stiles se rascó la mejilla, sintiéndose incómodo. La gente simplemente no rechazaba a Derek Hale, y aún así, ¡aquí estaba él! Y además por un Hombre lobo que no había conocido. Qué irónico. “La verdad es que estoy viendo ya a alguien”
Stiles notó como todo el cuerpo de Derek se tensaba ante esas palabras. Sus ojos parecieron brillar durante un segundo, ya fuera por furia o dolor, Stiles no estaba seguro. Vio como las manos del otro se cerraban en puños sobre sus muslos, y cuando habló, su tono de voz era severo, como si Stiles le hubiera ofendido personalmente por no caer de rodillas y rogar por tener una cita.
“¿En serio?” inquirió, la voz afilada como una navaja. “¿Es así? Tenía la impresión de que estabas soltero,” escupió entre dientes apretados.
Esta conversación se estaba volviendo realmente incómoda.
“Si, no, yo uh, lo estaba. Es…complicado.”
“Complicado,” dijo amargamente Derek, resoplando y cruzando los brazos. “¿Y quien es la persona afortunada, entonces?”
Stiles se le quedó mirando. No había esperado esa pregunta, y ahora no tenía ni idea de cómo describir a su lobo sin admitir que era un Hombre lobo al que todavía no había conocido en forma humana.
Improvisó.
“Uh, él es uh…un tio super amable,” dijo lentamente. “Amabilísimo. Peludo.”
Derek frunció el ceño. “¿Peludo?”
“¡No, no, no!” Stiles movió ambas manos, deseando que pudiera retractarse de esa descripción. “Más bien, um, ¿suave?” No lo estaba haciendo bien.
“¿Suave?” repitió lentamente Derek, sonando un poco confundido.
“Si, ya sabes…suave.” Stiles hizo una mueca de dolor. “Uh, me regala cosas. Ya sabes, para demostrar que le importo. A veces son uh, son guays. útiles. Otras veces son, uh, menos guays. ¡Pero aún así son cosas bien pensadas!” Insistió Stiles, no queriendo que Derek pensara que no estaba apreciando a esta increíble y amable persona con la que estaba saliendo de una manera un tanto complicada. “Y comida. Me trae mucha comida. Probablemente por eso me anima tanto cuando voy a correr. Por toda la comida.”
La tensión de los hombros de Derek parecía desaparecer conforme hablaba Stiles, y su cara se suavizó, como si se estuviera dando cuenta de algo. Stiles no sabía de qué se estaba dando cuenta, pero desde luego esperaba que nadie fuera a averiguar que estaba saliendo con un puto Hombre lobo al que todavía tenía que conocer como humano. A Stiles no le ponía la bestialidad, así que iban a tener que sostener una conversación seria sobre eso antes de que él y su lobo fueran más allá.
Si es que siquiera iban más allá, considerando que aún no había admitido quien era.
“Parece que te gusta mucho este tío,” dijo quedamente Derek con una pequeña sonrisa.
Bueno, al menos ya no parecía estar a punto de arrancarle la cara a Stiles. Eso era bueno.
“Si,” admitió Stiles. “Ya sabes, él es…él es fantástico. Por lo que sé de él, al menos. Es un buen tio. Quiero pasar más tiempo con él.”
Derek le ofreció otra pequeña sonrisa y Stiles hizo una mueca de dolor.
“Así que, uh…” Stiles vaciló. “¿Estamos bien? Lo siento mucho, yo no quería--no pretendía hacer parecer que estaba disponible o algo así. Ni siquiera sabía que estabas interesado.”
“Sobreviviré.” Derek se puso de pie. “No quiero hacer que las cosas se compliquen para Allison.”
“Ya.” Stiles se sintió aliviado. “Y en serio, te puedo pagar lo de la cena.”
“No te preocupes por eso.” Derek le ofreció otra pequeña sonrisa. “Yo invito.” Se dirigió hacia la puerta y la abrió, pero se detuvo antes de irse. “Allison y yo vamos a ir a jugar a los bolos más tarde con Jackson y Lydia. ¿Quieres venir? Puedes traer a tu otro amigo, si quieres. ¿Scott?”
Stiles no recordaba haberle hablado de Scott a Derek, pero se supuso que debería de haber salido a colación en algún momento. Scott era su hermano de otra madre, incluso si era un capullo egoísta a veces.
“Claro. Si, eso suena guay.”
“Nos reuniremos en la bolera sobre las seis. Nos vemos luego.”
“Sip. Gracias.”
Derek asintió, luego se dio media vuelta y salió de la oficina, cerrando la puerta detrás de él.
Cuando se aseguró de que Derek se había ido del confesionario, Stiles dejó salir el aire de forma larga y aterrada y dejó que su frente golpease el escritorio. No podía creerse que acabase de rechazar al puto Derek Hale por su lobo. ¿Estaba ido de la olla?
No, probablemente no. Simplemente sabía lo que quería, y aunque Derek era super divertido y majo, no le conocía como a su lobo. Y de verdad, de verdad que le gustaba su lobo. Esperaba poder hablar con él como humano pronto.
Una hora más tarde recibió un envío del restaurante, sonriendo cuando encontró un batido, el burrito de pollo barbacoa que tanto le gustaba, y patatas fritas rizadas.
Esta vez, había una nota.
Nos vemos luego :)
Estaba firmado con la huella de siempre.
Stiles sonrió, sabiendo que su lobo se estaba refiriendo a cuando fueran a correr luego.
La verdad es que estaba más ansioso por verle hoy que nunca, porque era agradable saber que le gustaba alguien que realmente se preocupaba por él tanto como él se preocupaba por su lobo.
**********
Su lobo estuvo más cerca de lo normal durante los siguientes días. Stiles a veces le veía en el jardín trasero, incluso cuando su padre estaba en casa, lo cual le provocó varios infartos. Pero siempre parecía muy feliz, y a Stiles le resultaba difícil enfadarse con él cuando parecía tan extasiado de verle siempre que Stiles salía de casa para echarle la bronca.
Aún iban a correr por el claro o el sendero apartado, pero Stiles estaba preocupado por lo que pasaría cuando cayera el invierno. Ya se estaba aproximando el otoño, y cuando empezara a hacer frío, no querría ir a correr. No quería ponerse enfermo, como la última vez. Un problema para cuando el invierno llamara a su puerta, supuso. Estaba esperando saber quien era su lobo para entonces, pero de momento, los labios del otro estaban sellados sobre ese tema como siempre.
Aún quedaba a veces con Derek, pero nunca a solas. Derek se presentaba a veces cuando estaba con Allison, y la verdad es que parecía muy feliz. Sonreía y reía, y era un encantador caballero, pero de vez en cuando Stiles le pillaba mirándole a él.
Estaba bien, eso de que le ojearan, pero también incomodaba un poco porque Derek ya sabía que estaba saliendo más o menos con alguien. Cuando le mencionó esto a Allison una noche mientras la llevaba a casa, ella se rió histéricamente y le dio las buenas noches cuando aparcó frente a su casa. No tenía ni idea de por qué ella encontraba el hecho de que Derek le estuviera mirando de pies a cabeza cuando Stiles ya estaba pillado por alguien más tan jodidamente divertido.
Intentaba no pensar mucho en la extraña relación que tenía con Derek ahora mismo, y en vez de eso se concentró en la relación con su lobo. Eso era lo más importante para él ahora mismo, de todos modos, y le daban buenas vibraciones respecto a saber quien era pronto. No sabía por qué, pero era un presentimiento que tenía.
Cuando llegó a casa un día más pronto de lo normal porque el jefazo se había presentado para actualizar los sistemas, se vistió ansiosamente para su usual carrera por los bosques y justo se acaba de atar los cordones cuando sonó el timbre.
Frunciendo el ceño, se levantó de la cama y se dirigió hacia la puerta, bajando las escaleras rápidamente y saltando los últimos escalones, aterrizando con un sonoro ‘pum’. Casi paró de caminar cuando fue hacia la puerta principal y vio a través de la ventana a Derek Hale en el porche.
Estaba bastante claro que Allison no estaba con él, lo que tenía sentido, porque ella estaba trabajando. ¿Así que por qué estaba él aquí?
“Esto va a ser incómodo.” Masculló para sí Stiles, pero plasmó una sonrisa en su rostro y abrió la puerta. “Ey Derek. ¿Qué pasa?”
Sus ojos fueron inmediatamente hacia el gran paquete que Derek llevaba en las manos, y sabía que esta iba a ser la peor conversación de la historia. Porque parecía un cuadro. Estaba envuelto, del mismo modo en que todos los cuadros se enviaban, pero sabía que iba a ser uno de los de Cora Hale. Era su hermana, y Stiles había balbuceado con entusiasmo--o a Allison cuando estaba él presente--muchas veces de lo mucho que le gustaban sus pinturas.
La verdad es que había estado babeando por un nuevo cuadro suyo, otro cielo nocturno, pero se había asegurado de no decírselo a su lobo no fuera que le diera por malcriarle más.
Derek Hale solamente tenía que llamar a su hermana y pedirla un cuadro y ella probablemente se lo daría.
“Hola,” dijo Derek, sonando una vez más nervioso. “Siento presentarme así sin avisar, pero no tenía tu número y Allison no me lo daba.”
“No pasa nada. La verdad es que iba a salir en nada, así que…” Alargó la última palabra, y notó como Derek le ojeaba. Una pequeña sonrisa tiraba de la comisura de sus labios, pero parecía que la estaba haciendo desaparecer, devolviendo los ojos a la cara de Stiles.
“Solamente quería pasarme a ver si podíamos pensar en algo. Para la cita.”
Oh Dios, ¿va a empezar a acosarme Derek Hale? Stiles no tenía la energía para lidiar con esto, no quería decir que no, ¡coño! ¡Tenía a su lobo, estaba feliz!
“Mira Derek,” dijo incómodamente, jugando con la puerta. “De verdad que eres un tío muy majo, y me gustas de verdad, en serio, pero yo--”
Casi dio un paso atrás cuando Derek empujó el cuadro hacia él.
“Antes de que digas nada, puedes--por favor coger esto.”
“Derek, no quiero--”
“Por favor.”
Parecía tan nervioso que Stiles no pudo evitar suspirar y le cogió el cuadro. Dió un paso atrás y señaló hacia dentro de la casa. “¿Quieres entrar?”
Derek le miró durante un segundo, luego dijo, “Deberías de abrir el cuadro primero.”
Frunciendo el ceño, Stiles intentó que su incomodidad fuera demasiado obvia, pero se encogió de hombros y fue al pasillo en donde podía apoyar el cuadro contra la pared sin que nada bloqueada sus movimientos.
Miró a Derek a través de la puerta, luego al cuadro envuelto, suspirando una vez. Este iba a ser un cuadro precioso, de eso estaba seguro, pero no iba a quedárselo. Si lo hacía, haría que el que le había regalado su lobo pareciera algo sin valor. Derek Hale podía permitirse todos los cuadros de su hermana que quisiera. Su lobo lo había comprado para él, significaba algo.
Suspirando de nuevo, Stiles agarró una de las esquinas envueltas, y comenzó a arrancar el papel marrón que cubría el cuadro. Se dió cuenta bastante rápido que el cuadro estaba del revés, pero acababa de arrancarlo por detrás, luego lo apartó un poco de la pared para poder bajar el papel.
Una vez estuvo desenvuelto, le dio la vuelta para mirarlo, y se quedó seco.
Probablemente era el cuadro más arrebatador que había visto en su vida, mil veces mejor que el del cielo nocturno en su cuarto, y del que estaba actualmente enamorado.
Tenía un bosque oscuro de fondo, en distintos tonos de verde y azul, con una luna llena en la esquina y hierba que parecía moverse con una ligera brisa.
Pero no había sido eso lo que le había llamado primero la atención.
Lo que más ocupaba el cuadro era un lobo negro, con brillantes ojos azules y un apareciencia familiar. Era un lobo que conocía desde hacía meses uno que reconocería en cualquier parte, sin importar el qué.
Ver a ese lobo en este cuadro solamente podía significar una cosa.
Stiles se giró para mirar a Derek, que estaba de pie de manera incómoda en la puerta. El otro hombre le miró, luego miró lentamente abajo. Stiles también miró inmediatamente abajo. A la fina línea de ceniza de montaña que seguía dentro del umbral de la puerta. Lo que su lobo no era capaz de cruzar.
Derek nunca había metido ni siquiera un pie dentro de su casa, y siempre que había venido, había fulminado con la mirada lo que Stiles había pensado que era el porche, pero ahora…
“Eres tú,” dijo sin aliento Stiles, los ojos volviendo a la cara de Derek. “Mi lobo. Eres tú.”
“Si,” dijo en voz baja Derek, casi tímidamente. “Soy yo. Te lo iba a decir en nuestra cita, pero me rechazaste. Por mi mismo, irónicamente.” Medio sonrió y Stiles dejó salir una risa, casi por la sorpresa.
Luego se dio cuenta de que Derek aún estaba en el porche.
“¡Mierda, es verdad!” Apoyó el cuadro contra la pared y se apresuró hacia la puerta principal, agachándose y apartando la ceniza de montaña a un lado. Cuando volvió a enderezarse, abrió la boca para invitar a entrar a casa a Derek pero las manos del otro ya estaban en su cara, echándola hacia delante, y una boca cálida se presionó contra la suya.
Stiles dio un traspiés hacia atrás, pero Derek avanzó con él, sosteniendo su cara y besándole como si fuera un hombre al que le faltara el aire. Su lengua estaba en la boca de Stiles, y su barba le estaba rascando la mejilla y la barbilla.
Era el beso más apasionado que Stiles había tenido en la vida y su cerebro estaba necesitando de un segundo para ponerse al día.
Este era su lobo. ¡Su lobo! Había estado pasando tiempo con él en forma humana durante semanas, ¡y no había tenido ni idea!
En realidad, ahora estaba algo molesto por ello, porque lo había pasado bastante mal intentando discernir cuales eran sus sentimientos teniendo en cuenta que Derek estaba muy interesado, y era majo y atractivo, pero Stiles estaba demasiado concentrado en su lobo como para prestarle demasiada atención.
Pero por ahora, forzó a su cerebro a detenerse y echó sus brazos alrededor del cuello de Derek, succionando lascivamente su lengua y escuchando como el otro hombre gemía.
Cuando finalmente se separaron, las manos de Derek se habían desplazado hasta la cintura de Stiles, pegándole contra él. Sus frentes estaban pegadas, y cada respiración que Stiles tomaba estaba mezclada con las exhalaciones de Derek.
“De verdad eres tú.”
“De verdad que soy yo,” prometió Derek. “Tuve que quedarme quieto durante seis horas para ese cuadro. Cora no hace fotos, dice que tiene que provenir del corazón, así que me hizo quedarme ahí quieto.”
“¿Cuándo has encontrado el tiempo para hacer esto?” preguntó Stiles, ambos aún en el umbral de la puerta.
“Cora está en el pueblo. No sale mucho, así que nadie sabía que estaba aquí.”
Por alguna razón, escuchar eso hizo que se le pasase otro pensamiento por la cabeza y Stiles espetó, “Hostia puta, ¿toda tu familias sois así?”
Derek se rió. “La verdad es que si, si.”
“Hostia puta.” Sus ojos se pusieron como platos. “Oh Dios mio, ¿¡fue a tu padre al que conocí!? ¡¿El que pensé que me iba a comer?! ¡Oh Dios!” Enterró la cara en la camisa de Derek, avergonzado.
Derek se carcajeó, como un capullo. “No, no fue mi padre.”
“Oh, menos mal,” dijo Stiles, aliviado.
“Era mi madre. Mi padre es humano.”
“¡Oh Dios!” gimoteó Stiles en su camisa, aún agarrándole con fuerza. No quería soltarle. ¡Era jodidamente increíble que su lobo fuera Derek Hale! Aún estaba reconciliar eso en su cabeza, y quería una demostración para estar absolutamente seguro.
Stiles se quedó en la entrada abrazando a Derek, intentando calmarse, durante unos buenos diez minutos. A Derek no pareció importarle, le estaba abrazando con fuerza y seguía frotando su barba contra la cara de Stiles y la parte superior de su cabeza. Era algo muy lobuno por su parte, pensó Stiles.
“Vale.” Stiles se aclaró la garganta y retrocedió un paso, apartando las manos de Derek y frotándose la cara. “Vale, tenemos que hablar. Uh,” Stiles miró detrás de él. “Si. Um, ¿podemos hablar?”
“Tengo tiempo. Se suponía que iba a ir a correr con un amigo, pero creo que me ha dado plantón.” Derek sonrió de medio lado.
“Ey, el listillo aquí soy yo. Si vamos a hacer que esta relación funcione, el listillo voy a ser yo,” insistió Stiles, señalándose. Derek le sonrió radiante y dio un paso al frente para que pudiera cerrar la puerta.
Stiles cogió el cuadro y señaló hacia el salón mientras subía corriendo las escaleras para dejarlo en su habitación. Lo posó contra la puerta, luego volvió abajo; Derek estaba de pie junto a la chimenea y miraba todas las fotos. Se giró cuando Stiles se acercó, luego señaló a una.
“¿Es esa tu madre?”
“Si,” dijo quedamente Stiles.
“Era preciosa,” dijo Derek, los ojos inspeccionando cada centímetro de la foto. “Como tú.”
“Oh Dios.” Stiles se cubrió la cara con ambas manos. “Esto es, en plan, ¿una cosa ahora? ¿Ahora me vas a decir cosas romanticonas?”
“Antes no podía,” insistió Derek con una pequeña sonrisa burlona.
Rodando los ojos, Stiles le dijo que se sentara en el sofá y fue a por bebidas. Solamente tenía agua, pero Derek dijo que le parecía bien. Antes de que avanzaran mucho con la conversación, Derek recomendó que pidieran algo de comida así que Stiles pidió pizza antes de acomodarse en el sofá al lado de Derek, mirándolo.
“Se que tienes muchas preguntas,” le dijo Derek antes de que pudiera abrir la boca para hacer cualquiera de ellas. “Y las voy a responder todas, pero para que sea justo, me gustaría hacer algunas, si te parece bien.”
“Oh,” dijo Stiles sorprendido. “Si, claro. Quiero decir, no sé si hay algo que no te haya dicho ya, pero vale.”
Derek asintió, luego indicó a Stiles que empezara.
“Claro, vale, entonces, primera pregunta: ¿por qué no me mataste?” Derek alzó una ceja ante eso y Stiles movió una mano impacientemente. “Ya sabes a qué me refiero. Ese primer día, cuando te vi transformarte, sabías que estaba ahí, me viste, pero no me seguiste. Confiaste en mí para guardarte el secreto. ¿Por qué?”
“Al principio no,” admitió Derek, sonriendo un poco. “Sabía quién eras cuando me giré y te vi. Te reconocí como el hijo del sheriff. Quería ir detrás tuyo, pero me imaginé que tener un animal enorme persiguiéndote por el bosque igual sería motivo de alarma, especialmente teniendo en cuenta el motivo por el que había venido. Así que volví a convertirme en humano y volví a mi coche. Cuando te seguí hasta donde Deaton, me sentí algo mejor, porque trabaja para mi madre y sabía que arreglaría las cosas.”
Bueno, eso explicaba cómo Deaton sabía sobre los Hombres lobo. Stiles se preguntó si él también era uno.
“No es un Hombre lobo, es un Druida.”
Y ahora se preguntaba si los Hombres lobo podían leer la mente.
“Y no, no podemos leer la mente,” dijo Derek, con aspecto divertido. “Me he imaginado que estarías pensando en Deaton. Él es un Druida, así que es Sobrenatural, pero no es lo mismo. Desgraciadamente,” continuó con un suspiro, “ cuando entraste, fuiste a ver a tu amigo Scott. Estaba a punto de salir del coche y hacer algo, pero mantuviste tu palabra. Tenías miedo, y podía oír como te martilleaba el corazón contra el pecho, pero no dijiste nada y te fuiste de la clínica.”
“Esa tarde te seguí, y aunque podía notar que estabas aterrorizado, fuiste a muchos sitios, hablaste con mucha gente, pero ni una vez dijiste nada sobre lo que viste. Después de eso, cuando comenzaste a calmarte, parecía que no te importaba tanto todo esto de los licántropos. Que sí, a veces te pasabas tres pueblos, como cuando viste a mi madre y pensaste que te estaba sirviendo en bandeja para cenar, o cuando te traje el siervo, pero mayormente, cuando te diste cuenta de que no estaba interesado en hacerte daño, no te importó. La verdad es que lo llevaste casi demasiado bien. Fue…agradable.”
Stiles sonrió un poco, gustándole eso de que haya hecho sentirse a Derek tan a gusto con su relación como él había hecho sentirse a Stiles.
“Me toca,” dijo Derek, después de un breve silencio. “Lo de la ceniza de montaña. ¿Por qué la compraste?”
“Oh.” Stiles miró a la puerta. “Es que yo…fue al principio. En plan, antes de que fuéramos amigos. Yo me--¿asusté? Pensaba que ibas a venir a comerme de noche o algo, así que busqué cosas online y lo compré, luego rodeé toda la propiedad con ello lo mejor que pude para estar a salvo. La verdad es que no caí en la cuenta de quitarlo una vez fuimos amigos, pero más que nada me hacía sentirme más seguro saber que podía mantener fuera a los Hombres lobo. No a ti, pero, ya sabes, a otros.”
Derek asintió, pareciendo que esa respuesta le parecía bien.
Pasaron a otros temas después, Stiles preguntó si Allison lo sabía porque ella parecía un poco demasiado interesada en su relación. Derek admitió que sí, y que ella había estado presionando para ver si acababan juntos y así obligar a Derek a decirle la verdad a Stiles.
Admitió que no había querido porque le había gustado como era Stiles con el lobo. Por eso había estado tan contento el día en el que Stiles había dejado tirado a Derek en el sendero cuando se habían encontrado corriendo y se había ido a casa a esperar a su lobo. La mayoría de la gente veía a Derek y no pasaba de su apariencia, o de su dinero, o del poder que tenía sobre el pueblo. Nadie había pensado en Derek como una persona, y Stiles había sido el único que había rechazado a Derek en favor de alguien a quien ni siquiera conocía.
“Sabía que te importaba por cómo era, aunque no sabías mucho de mí siendo lobo,” dijo Derek. “Simplemente me apreciabas, y eso significaba mucho para mí. No era por mi apariencia, o por lo rico que fuera. Coño, te cabreaste conmigo por lo del cuadro,” si rió.
“Y todavía estaría cabreado si no te lo hubiera dado Cora,” insistió Stiles, dándole un codazo.
“No me lo ha dado, ¡se lo he tenido que comprar!”
Stiles farfulló. “¡¿Qué?! ¿En serio?”
“Oh si, ese cuadro no lo iba a dar así como así. Tuve que pagarle también el segundo.” Derek señaló por encima del hombro de Stiles, hacia las escaleras. “Mi hermana es una perra avariciosa. Pero ha hecho esto por mi cuando estaba disfrutando de su tiempo libre, así que no me puedo enfadar mucho.”
“Oh,” dijo Stiles, notando que estaba un poco en shock. “Vale. Wow. Gracias.”
“Estaba encantado de poder darte algo que querías.”
Volvieron al tema de la amistad de Allison y Derek, y Stiles insistió con vehemencia de que tenían que asegurarse de seguir quedando con ella, porque no quería ser un hipócrita y convertirse en Scott y Lydia. A Derek pareció divertirle, pero le confirmó que no tenía problemas en pasar tiempo con su mejor amiga de manera regular, y Stiles se sintió mejor respecto a ese tema.
No sería justo dejar tirada a Allison solamente porque ahora Stiles también podía estar con su lobo en forma humana.
Entonces llegó la pizza y Stiles se puso de pie y tuvo que amenazar a Derek para poder pagar él la pizza. Derek acababa de darle dos cuadros valorados en cien mil dólares, Stiles podía pagar cuarenta pavos en pizzas y algunos refrescos.
Cuando se volvió a acomodar en el sofá con una porción de pizza en ambas manos, Derek se había acercado un poco más, y Stiles le sonrió antes de meterle la comida en la boca. No se sentía tan incómodo como había pensado, porque Derek ya le había visto comer antes. Se hubiera sentido más nervioso si su lobo hubiera sido otra persona, pero ya había quedado como en culo delante de Derek en numerosas ocasiones, así que esto no era para tanto.
Siguieron hablando de cosas relacionadas con el licantropismo de Derek, tales como los ciclos lunares y de si el acónito era o no mortal para él. Se disculpó ante Stiles por los animales muertos, y mencionó que su madre la había estado dando consejos de cuando había estado interesada en su padre.
Admitió que, en retrospectiva, debería de haberle preguntado a su padre humano, considerando que lo primero que le había dicho su padre cuando llamó después de que Stiles le pidiera que no trajera más animales muertos fue, “No le lleves animales muertos.”
Estaba en su naturaleza al ser en parte un lobo, y Stiles lo entendía, era simplemente que…lo apreció mucho más cuando empezó a llevarle hamburguesas y galletas.
Derek también le informó de todo lo que tuvo que correr aquella noche en la que Stiles había salido escopetado del restaurante, puesto que había estado preocupado de que hubiera estado herido en el bosque, solo. Stiles se sintió avergonzado de nuevo por todo aquello, y Derek le dijo que estaba mono cuando roncaba.
Stiles le pegó un puñetazo.
Lentamente se fueron quedando sin temas de las que Stiles necesitase respuesta, pero estaba mordisqueando una orilla cuando recordó algo y señaló a Derek con el pedazo sin comer.
“Espera. Estoy confuso. Me diste gencianas.”
“Si,” coincidió Derek, pegando un sorbo a su Coca-Cola.
“Pero después me llevaste más a la comisaría. ¿Por qué?”
Derek se encogió de hombros y fue a coger un trozo de pizza. Ya se había comido toda su pizza y ahora estaba comiendo los pedazos que Stiles había dejado.
Aparentemente los Hombres lobo comían mucho.
“Me dí cuenta después de llevártelas siendo lobo que igual empezabas a unir las piezas y te darías cuenta de quién era. Después de todo, yo era la única persona a la que le habías dicho lo de las flores, así que mejor prevenir que curar. Si te llevaba también las flores como Derek Hale, asumirías que el lobo habría estado cerca cuando me lo dijiste y que habría escuchado la conversación.”
“Sabes, ya había pensado eso incluso antes de que me dijeran que me habías llevado las flores, y ahora me siento como un tonto por no haberme dado cuenta de que habías sido tú desde el principio. La verdad, me siento estúpido en general porque no eras sutil, es que yo soy idiota.”
Derek se carcajeó y se inclinó hacia delante. Stiles había notado que se había estado acercando durante todo el tiempo en el que habían estado hablando. Tenía la sensación de que al ritmo que iba, Derek acabaría subido a su regazo.
“¿Puedo hacerte una pregunta más?”
“Me sorprende que todavía te quede alguna,” admitió Derek con una sonrisa ladeada, pegando un mordisco al trozo de pizza que sujetaba. “Pero dale.”
Stiles pensó en cómo hacer esta pregunta antes de acabar diciendo,” ¿Por qué decidiste que yo era una pareja adecuada?”
Derek paró de morder, y tenía pinta de que no había esperado que Stiles supiera lo que había estado haciendo. Pues claro que Stiles lo sabía, ¡ha estado investigando toda esta mierda desde hace meses! Igual era más por el término que había usado, porque ya habían hablado de todo esto del cortejo. Igual Derek no había esperado que la palabra ‘pareja’ se le escapara de la boca.
“Fuiste sincero,” dijo Derek después de un breve silencio. “Mantuviste tu palabra. Fuiste amable, y pese a ser un liante, todo el mundo decía que eras una gran persona. Hacías cosas por tu amigo Scott, aunque no siempre lo apreciaba o era comprensible contigo. Ayudabas a la gente, te preocupabas por otros, por mi. Creo que he elegido bastante bien, ¿no te parece?”
“Pero yo no soy…” Stiles no estaba seguro de cómo expresar esto. “Quiero decir, ¿no te aburrirás? No soy como tú.”
“Ni tampoco mi padre,” le recordó Derek. “No es por lo que eres, es por cómo eres.”
“¿Y te parezco bien?”
Derek sonrió y alargó una mano hacia él, apoyándola contra un lado del cuello de Stiles y rozando su pulgar por su mandíbula. “No querría a nadie más.”
Stiles le devolvió la sonrisa, inclinándose para besarle. Sabía a Coca-Cola y a pizza, pero a Stiles le daba igual. Intentó profundizar el beso, pero Derek le empujó de los hombros hasta que se separaron.
“Tu padre está en casa.”
“¿Qué?” Stiles dió media vuelta, pero no había nadie allí, y Derek se rió.
“Me refiero a que viene. Está por el final de la calle.”
Stiles le miró con suspicacia. “¿Cómo de lejos eres capaz de oír, decías?”
“Lo bastante lejos.” Se puso de pie. “¿Quieres que me vaya?”
“¿Qué? ¿Por qué?” Stiles le agarró de la mano para evitar que se fuera. “¿No quieres conocer a mi padre?”
“Ya he conocido a tu padre,” le recordó. “Le has dicho hace nada que el amigo con el que vas a correr no era Derek Hale. No estaba seguro de cómo querías proceder.”
“No pasa nada.” Stiles movió por el aire su mano libre, escuchando como el coche policial aparcaba junto al bordillo. “Simplemente le diré que por entonces todavía no íbamos en serio, y que valoras tu privacidad. Quiero decir, ¿la gente sabe que eres bisexual?”
“Mucha, si, lo han criticado severamente cada vez que mis padres dan una entrevista.”
“Oh.” Stiles no había sabido eso. “No pasa nada, no te preocupes. Ya pensaré en algo.” Volvió a tirar de su mano y Derek se sentó. Parecía un poco tenso, como si quisiera causar una buena impresión, pero Stiles sabía que a su padre le daría igual.
Estaría más molesto porque Stiles no había confesado con quien estaba saliendo, aunque Stiles sí que notó que Derek no había dicho nada con lo del comentario de ‘por entonces no íbamos en serio’. Eso le hacía bastante feliz.”
Stiles dejó salir el aire lentamente cuando su padre abrió la puerta principal, luego sonrió con todos los dientes y se puso de pie para saludarlo en el pasillo, preguntándole si ya había conocido a su novio Derek Hale.
Fue bastante exhilarate cuando Derek no le corrigió cuando dijo lo de novio.
Stiles se imaginaba que lo de ‘pareja’ era algo más, y si Derek había decidido que lo era, bueno, tenía sentido que no le importase ser su novio.
**********
Stiles se quedó de pie en la entrada de la reserva, estirando las piernas y girando el cuello. Sacudió sus brazos, luego se puso los auriculares y comenzó a correr lentamente. Saludó con la cabeza y sonrió a la gente con la que se cruzaba, pero no les dedicó mucho tiempo. Fue por el sendero de siempre, luego se detuvo a media curva.
Mirando alrededor para asegurarse de que estaba solo, se metió entre los árboles y fue en la dirección de siempre de estas últimas semanas. Solamente le llevó diez minutos llegar al claro, y sonrió, cruzándolo corriendo para llegar al sendero.
Derek aún no estaba ahí, pero Stiles le esperó, quitándose la música, estirando un poco más, y corriendo en el sitio. Sacó el móvil para ver si Derek llegaba tarde, pero levantó la mirada cuando notó movimiento.
Un lobo estaba caminando hacia él por el sendero y él rodó los ojos.
“¿En serio? ¿Otra vez con esto? Te das cuenta de que es más fácil que corramos juntos si estás--” Stiles se calló, porque acababa de ver bien al lobo, y no era su lobo.
No era Derek.
Su repentino silencio hizo que el lobo hiciera brillar sus ojos, y en vez del azul brillante al que estaba acostumbrado, estos eran dorados. No era el rojo Alfa que había visto una vez, o el tinte azul de Derek, sino algo completamente diferente, y ahora no estaba seguro de si debería de echar a correr o mantenerse firme.
De repente el lobo echó a correr y Stiles maldijo y retrocedió rápidamente, tropezando con sus propios pies y chocando contra con cuerpo duro, mientras unas manos se movían para agarrarle de los brazos y evitar que cayera.
“¡Cora!” Dijo la voz de Derek detrás de él. “¡No seas una perra!”
Stiles se giró de golpe, su novio fulminando hacia el sendero, luego volvió a girarse hacia el lobo, que había reducido la marcha conforme salía del bosque. Stiles no estaba seguro, pero creía que igual estaba carcajeándose, si los ruidos que se le escapaban eran indicación alguna.
“¿Cora? ¿En plan--en plan, tu hermana Cora?”
“Si,” murmuró Derek. “Tiene un sentido del humor un tanto macabro.”
El lobo enfrente suyo se detuvo y de repente comenzó a retorcerse, y Stiles miró con asombro porque Derek todavía no se había transformado delante suyo. Más que nada había sido por decisión de Derek, porque no estaba seguro de poder soportar todavía a un Derek desnudo. Era fuerte hasta cierto punto, y estaba preocupado de que fuera a saltarle encima como si fuera un árbol.
Fue entones cuando se acordó de que los lobos estaban desnudos, y miró hacia el cielo cuando se encontró con una muy desnuda Cora Hale frente a sus narices, sonriendo de oreja a oreja.
“Vale, pues, lo de que la gente esté desnuda es una cosa a la que voy a tener que acostumbrarme,” comentó Stiles.
Cora se rió, pero estaba mirando a su hermano cuando dijo, “No te pongas así, Der-Bear. Solamente le estaba tomando el pelo.”
“¿Der-Bear?” preguntó Stiles, girándose para mirarle, con una sonrisa burlona en sus labios.
“Una vez maté a uno oso cuando nuestra madre nos dijo que lo dejáramos en paz,” masculló Derek. “Mamá se cabreó, me gritó durante casi dos horas. Cora y Laura aún no me han dejado olvidarlo.”
“Tú debes de ser Stiles.” Cora se acercó a él y lo envolvió en un abrazo tan fuerte que notó como le sonaba cada vértebra. “Oh, ¡me alegro tanto de conocerte!”
“Lo mismo te digo, ¿tienes ropa?” preguntó Stiles, la voz un poco más chillona de lo normal. Era humano, al fin y al cabo, y Cora Hale era tan atractiva como su hermano. Y su cuerpo desnudo estaba presionado contra el suyo.
Tenía que recordarse de que ya estaba en una relación con un hombre muy pero que muy atractivo que estaba presionado a su espalda.
En realidad, eso lo empeoraba, porque ahora estaba en medio de un sandwich con dos despampanantes Hales, una de los cuales estaba desnuda, y wow, anda que no era eso algo super raro en la que ni siquier había pensado que podía pasar.
“Mamá quiere saber por qué tardáis tanto.”
“Acabo de llegar,” insistió Derek, poniendo su mano contra la cara de Cora y obligándola a retroceder. “Iba a hablar con él.”
“¿Hablar con quién sobre qué de algo que involucra a tu muy aterradora madre Alfa?” demandó Stiles, girándose para mirar a Derek.
“Nuestros padres quieren que vayas a cenar,” dijo entusiasmada Cora, sonriendo y brincando ligeramente en el sitio. Stiles muy diligentemente mantuvo los ojos en su cara. “Laura también está aquí.”
“Oh,” dijo Stiles, un poco demasiado alto. “Así que voy a conocer a toda la familia. Ahora mismo. Y con mi chándal, mientras estoy todo sudado.”
“Eso ya lo saben,” gruñó Derek. “Estaban preocupados de que tuvieras demasiado miedo como para ir si te avisaba con antelación. Quieren conocerte oficialmente, y me imaginé que una barbacoa era lo menos intimidante que había.”
“Oh,” dijo Stiles de nuevo. “Así que es--es para cenar. Voy a ir a cenar.” Hizo una pausa. “No soy la cena, ¿verdad?”
“¿Por qué, eres sabroso?” preguntó Cora con una sonrisa salvaje.
“Cora,” advirtió Derek.
Ella se carcajeó y chasqueó los dientes hacia Stiles antes de girar y transformarse de nuevo, corriendo por el sendero y doblando la curva del final.
Stiles se giró inmediatamente, sujetando a Derek por la camiseta y sacudiéndole con fuerza.
“¡¿Como has podido no decirme que me estabas lobo-secuestrando para ir a cenar?!”
“Estoy bastante seguro de que en tu caso sería un secuestro sin más, dado que no eres un lobo,” dijo Derek, divertido.
“¡Derek! ¡¿Cómo has podido no decírmelo?!” Le dio otra sacudida que apenas le movió. “¡¿Y si me odian?!”
“No te odiarán,” insistió Derek, rodando los ojos.
“¡No reciclo!”
“Bueno, deberías hacerlo,” dijo Derek.
“¡O hago abono natural con los deshechos!”
“También deberías de hacerlo,” dijo Derek.
“Oh Dios, ¡me van a odiar!” Stiles se cubrió la cara con ambas manos y se agachó enfrente de Derek, deseando que se le tragara la tierra.
Derek se rió y se agachó enfrente suyo, frotando su hombro con una mano y luego inclinándose para besarle la frente.
“Mi madre ya te ha vetado, y mis padres te adorarán. Y a Cora ya le gustas, eso puedo notarlo. Laura es muy parecida a ella, así que si a Cora le gustas, a Laura también. Estarás bien.”
“¿Puedo seguir siendo tu pareja si no les gusto?” preguntó Stiles, apartando las manos y alzando los ojos para mirarle.
Derek sonrió y le besó suavemente antes de ponerse en pie y tirando de Stiles con una mano, entrelazando sus dedos.
“Stiles, siempre serás mi pareja. Porque tú me has elegido tanto como yo a ti.” Le besó la sien, luego tiró de sus manos entrelazadas, yendo hacia el sendero. “Venga, mi madre está intentando recrear el burrito de pollo barbacoa que tanto te gusta, y no puedo esperar a verla fracasar.”
“Eres un hijo horrible,” insistió Stiles.
“Pero una pareja estelar.”
“Eso no puedo discutírtelo.” Stiles sonrió y besó la mejilla de Derek. Derek le besó de nuevo en la sien, sus dedos se aflojaron, y luego se movió para envolver los hombros de Stiles.
Stiles se apoyó contra él, e intentó no ponerse nervioso por lo de conocer a la familia de Derek.
Después de todo, había sobrevivido a conocer un Hombre lobo auténtico.
En comparación, el resto de las cosas en la vida eran fáciles.
