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Sí, lo sabía, esa situación no era tan buena ahora que lo pensaba.
Estaba de rodillas, amarrado y con los ojos cubiertos por algunos desafortunados que pensaron que secuestrarlo era buena idea.
No era su culpa, su parecido con su hermano era innegable, cualquiera con menos de dos dedos de frente caería en el error de llevárselo a él en lugar de Sukuna, pero, ¡Vamos! Secuestrarlo cuando lo que deseaban era ser intimidantes incluso con el "jefe" entre sus garras y terminar actuando de esa manera era de todo menos aterrador.
Claro, que Yūji no era el jefe y ellos no parecían saberlo.
—¿Crees que con esto seamos respetados? —sí, seguro. No es como si se hubieran metido en un problema por tener al chico incorrecto—. Solo debemos entregarlo al jefe. Seguro nos promoverá de perros a armas.
Itadori quiso reír, pero se suponía debía estar muerto de miedo, aunque... ¿Sukuna tendría miedo de estar ahí? No, seguro no.
—¿P-Por qué ríes? — dijo sujeto uno, el que tenía la voz tan asustada que empezaba a tartamudear a la mínima provocación. ¿Ese sujeto debería ser un perro faldero de la mafia? Si era capaz de meterse con la pandilla más famosa luego del clan Gojo, el miedo no debería estar ahí.
Ay, Dios, los chicos cada vez tenían menos agallas.
— No, nada— lo que menos deseaba era meterse con el orgullo de esos pobres tipos. Yūji no era conocido por ser una persona cruel, un poco tonto sí, pero malvado jamás—. Por casualidad… ¿No les molesta decirme sus nombres? No está de más hacer una buena presentación, verán yo soy…
Al parecer sus palabras no fueron de su agrado pues le tomaron de la barbilla obligándole a dirigir la cabeza al sujeto en cuestión.
¿Siquiera sabían que, aunque no era el jefe si le tocaban de más acabarían más que muertos? Sukuna no era un pan de Dios, y más de una vez un desafortunado había sufrido las consecuencias de chocar con Yūji en el centro comercial, que no era tan grave, pero su hermano no lo veía así y acabó siendo desfigurado hasta que ya no podía decir su nombre. No quería que esas pobres almas sufrieran ese destino, pero ellos mismo no querían cooperar.
—Ni creas que podrás intimidarnos, jefecillo— ¿Acaso había usado ese apodo cutre con él? Las ganas de reír volvieron a aparecer. Sujeto dos estaba agarrando valor de donde no lo había, era una lástima que Sukuna estaría allí en cuanto menos se lo esperaran. Sujeto dos tembló—. Secuestrarte fue demasiado fácil, me sorprende que no tuvieras guardaespaldas siendo un jefe de la yakuza— no los tenía en ese momento porque justo ese día Yūji decidió que quería tener una tarde libre, que lo hayan tomado por sorpresa es otra cosa—. ¿Quién lo diría? A pesar de todo no eres más que un perro.
Ay Dios, si Sukuna se enteraba… ya esos dos estaban cavando sus tumbas.
El menor de los Itadori se encogió de hombros, se tragó la carcajada que se había instaurado en lo profundo de su garganta para que no lo trataran peor, pero ese jodido sujeto dos era más idiota de lo que pensó. Recibió una patada en el estómago.
—Hey, ya basta, si lo entregamos en mal estado…
—Nos van a vanagloriar como putos héroes, ¿Te imaginas? Dos chicos que ni siquiera son armas acaban con el jefe de la mafia Ryomen. Suena bien para mí.
Ilusos, ni siquiera había amarrado bien las manos de Yūji y ya estaban soñando a lo grande. En el fondo Itadori creyó que si merecían lo que les pasaría.
—¡¿D-De qué te ríes?!— rayos, ¿Se había reído? No era su culpa que la expresión temerosa de sujeto dos fuera tan… graciosa.
No, debía concentrarse. No era momento de reírse.
—De nada—Era obvio que sujeto dos estaba enojado, no era su culpa, pero aun así lo alzó de la corbata para remarcar su posición. Deseó tantear su suerte—. Diablos, ¿Saben lo que les va a hacer Sukuna si me ve con la ropa así?
—P-pero si tú eres Sukuna— sujeto uno siendo tan inteligente.
—¿Lo soy? Soy un Itadori, pero compararme con Sukuna es… ¿Me veo tan malvado? Rayos, ese es un nivel de crueldad que sobrepasa mis límites. Deberían disculparse antes de que Nissan se entere.
—¿Nissan? ¿Qu…?
Una explosión se oyó en una parte de la casa, las paredes retumbaron con gran fuerza y sujeto uno se terminó por esconder detrás de unas cajas. Cobarde, no iba a durar nada contra…
—¿¡Dónde está mi bebé?! Les juro que voy a matar a quién le haya puesto un dedo a mi hermanito menor.
Oh, no. Choso no los iba a perdonar, ¿Debería ayudarlos a hui?
Miró a sujeto dos.
Nah.
—¿Qué caraj…? — se escuchó un disparo y sujeto dos cayó al suelo con una bala en la cabeza. Pobre hombre.
Itadori observó el caos, su hermano gemelo estaba respirando iracundo justo frente al cadáver del pobre incauto que creyó ser lo suficientemente valiente para retarlo. Sujeto uno estaba temblando detrás de las cajas.
—¡Nissan! —dijo con una expresión soñadora, su lindo Sukuna cambió su expresión aterradora por una más calmada en cuanto le oyó hablar. Yūji le dirigió una mirada a sujeto uno y este con lo poco que le quedaba de su dignidad le rogaba que no dijera donde estaba—. ¿Fue un viaje muy largo hacia Kyoto? Me aburrí sin ti.
—¿Sabes quién está implicado con este secuestro? —Sukuna se agachó para ayudarle, pero Yūji mostró sus manos desamarradas, sujeto uno tembló con más fuerza.
—Creo que sí, sabes que Mahito no tiene la decencia de mandar a gente de calidad para esto. Solo son niños sin experiencia, ¿No es así…? Oh, no me dijiste tu nombre— dijo mirando al hombre tras las cajas, Sukuna miró en esa dirección—. ¿Ahora sí quieres presentarte?
Sujeto uno tembló mucho más, si es que eso era posible, y Yūji ahora sí pudo soltar la risa que tanto estuvo reteniendo. Era obvio que ese tipo no saldría vivo de ahí, no cuando se metió con el tesoro de la mafia.
—Nissan… ¿Tú me extrañaste?
Sukuna devolvió la mirada.
—Como nunca.
Yūji sonrió y sujeto uno se desmayó de los nervios.
