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Our secret

Summary:

Serie de cortos Style (Stan x Kyle) ambientado en el mundo mágico de Stick Of Truth. Son aleatorios los capítulos así que no se preocupen por la línea temporal. Kyle es un rey elfo y Stan su destacado paladín.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Contigo

Chapter Text

“Usted es lo más hermoso que he visto, su majestad”, afirmó el joven paladín observando los verdosos ojos del rey elfo, la admiración que sentía hacia su rey era inmensa, era como ver un milagro en esta tierra de guerras y sufrimiento, sin embargo, dentro de las grandes 4 paredes de la habitación del rey podían aislarse del resto del mundo y amarse sin las miradas de los demás.
“Querido Stan, no son necesarias las formalidades aquí”, el rey tomó entre sus largas y finas manos el rostro de su valiente caballero, observó a quién le confiaba su vida entera con ternura. Tiene la piel bronceada debido al duro entrenamiento bajo el ardiente sol que hizo su vida entera y cicatrices hechas por espadas de guerra, luchando por el reino y su pueblo. El elfo observó sus ojos, ya no eran tan brillantes como en su juventud, las crueldades que vió mientras crecía en medio de una guerra son culpables de ello y aún así, a pesar de que sus ojos se iban tornando en un azul marino turbulento, seguía mirando a su rey con la misma admiración y pasión de siempre. Besó los tibios labios de su amado paladín, los cuales le recibieron con cariño y leves caricias en su cadera descubierta.

Nadie sabía lo que había entre ellos, pues no era culturalmente correcto que un humano y un elfo se amara, a pesar que el rey elfo no era lo en su totalidad debido a que sus padres cometieron aquel delito y su sangre terminó manchada, siendo él un elfo-humano. Su magia era menor a la de su madre Sheila en su juventud, una elfa pura y querida por su rigidez en la monarquía, pero su poder disminuyó a medida que se enamoró y perdió el rumbo junto al humano que fue el padre de Kyle. El momento más crítico de su magia fue cuando sufrió la pérdida de su amante plebeyo a manos de la guerra. Es por esto que los elfos vivían separados de los humanos pero en paz para unirse contra los males mayores, como el rey mago que atenta cada año con robar su prosperidad. La reina Sheila decidió poner a un humano como guardaespaldas de su hijo, pero estos se criarían juntos marcando sus diferencias y así no surgiera algo más allá de la unión rey-paladín. Sin embargo, esto no salió como esperaba la reina Sheila, el paladín Stanley cayó profundamente enamorado de su protegido como si hubiera sido encantado por éste mismo. Peleó por él en su adolescencia en las primeras líneas de la guerra para demostrarle que era capaz de defenderlo ante cualquier amenaza. Kyle, el príncipe en ese tiempo, le recibía en su alcoba después de cada batalla para limpiar las heridas de su paladín, mientras éste le contaba las numerosas historias que vivió en semanas de combate. Su amistad creció con los años, convirtiéndose en fieles confidentes y amigos. No pasó mucho tiempo hasta que Kyle llegó a su adultez y se convirtió en rey, junto con esto el estallido del inevitable romance entre ambos. Todo comenzó con el aumento de poder de Kyle, gracias a sus años de estudio y prácticas mágicas con los viejos elfos puros, su poder había traído consigo grandes ganancias en la flora y fauna, sobre todo en la agricultura, los humanos de su reino estaban contentos por ello y no tardó en correrse la voz del buen estado económico del reino. El rey mago se enteró de ésto y proclamó la guerra con todo lo que tenían, pues envidiaba la magia natural y buen manejo del joven rey Kyle. Como su madre, el rey elfo no dudó en poner mano dura y fortalecer las fuerzas milicias de su reino, sus pobladores estaban encantados de pelear por él porque creían en su poder y paz. Sin embargo, el rey Kyle quería estar en el frente junto con sus soldados y su amigo Stanley, que fue puesto en la primera línea por su agilidad y brutalidad para pelear. Le fue prohibido ir, no porque era débil, sino porque cargaba un gran peso de vidas y responsabilidad en sus hombros, si moría todo su reino estaba acabado.
La guerra comenzó y con ello la despedida de los grandes amigos, Stanley le prometió volver con la cabeza del rey mago y gloria a su reino. A Kyle en el fondo eso no le importaba, sólo quería que volviera sano y salvo. Los siguientes 8 meses fueron un martirio para él, sin la compañía de su confidente, el castillo era solitario y aburrido, las noches pensaba durante horas si realmente su amigo volvería, si es que seguía vivo… El rey Kyle ahogó esos pensamientos negativos visitando el pueblo y ayudando a los plebeyos. Fue un día de invierno nevado, donde el rey elfo estaba tratando que los huertos aguanten la nevada con un poco de su magia, fue en ese momento cuando una turba de gente se juntó en la calle principal. “¡Los guerreros han llegado!”, exclamó un anciano feliz. Mujeres, hombres, niños y niñas fueron a buscar a sus seres queridos que habían llegado victoriosamente. Muchos lloraban de felicidad, otros de tristeza por la muerte de algunos de ellos, en ese momento al rey se le apretó el pecho. Recibió a las guerreras y guerreros, les ofreció asilo en su castillo y un equipo médico para los heridos, cuando de pronto un soldado llegó a su lado bastante agitado, “¡Rey, el paladín Marsh está herido de gravedad, necesitamos su ayuda urgente!”
Horas más tarde, Stanley recuperó la conciencia en una cama espaciosa, en su confusión trató de observar la habitación y la reconoció, miró a su lado derecho emocionado y encontró al rey dormido entre libros de medicina y anatomía humana. Sonrió, la apariencia de su amigo el rey había madurado bastante estos meses, sus facciones más marcadas, cejas pobladas pero ordenadas, hombros más anchos, incluso le estaban saliendo unas pelusas color cobre en la barbilla. Movió su brazo para pellizcar una de sus mejillas pero el dolor de ésta le hizo soltar un gemido que despertó al rey. Había olvidado completamente que su brazo tenía un gran corte, en general su cuerpo estaba lleno de cortes, excepto su pierna que tenía una fractura tibial. El rey le miró sorprendido, quería darle un gran abrazo pero en vez de eso lleno de preguntas y sermones al paladín, éste sólo rodó los ojos y respondía con un “al menos estoy vivo, rey”. Kyle siguió curando sus heridas con una expresión de enojo, aunque en el fondo estaba tan feliz de que su amigo estuviera sano y en la seguridad de su habitación. Limpiaba con un paño húmedo uno de los cortes profundos en el pómulo del paladín, éste ni parpadeó del dolor, se limitaba a adorar el concentrado rostro de su rey y fue cuando entonces dejó de sentir el paño, y en cambio sintió la suave palma del rey, el pulgar le acariciaba el rostro de una manera tan íntima y supo en ese mismo momento que no podía seguir ocultandolo más. Se acercó al rostro del rey, quedando a centímetros de sus labios, su respiración se mezclaba con la ajena y en un segundo rompieron la tensión. Fue un beso apasionado, ambos se necesitaban hace bastante tiempo y al sentir la muerte tan cerca del otro hizo que explotaran los sentimientos reprimidos. Kyle tuvo cuidado con las heridas de su amigo, mientras que el otro simplemente saboreaba la boca de su amor prohibido, sus cuerpos inconscientemente se apegaban más dejando al rey sentado en el regazo del paladín. No pasó mucho tiempo hasta que golpearon la puerta y se separaron de un salto, eran los soldados preocupados que venían a ver el estado de Stanley. El elfo arregló sus apariencia desaliñada y los hizo pasar, no sin antes sonreírle al hombre que se encontraba en su cama aún con el rostro ruborizado. Y así con el paso de los meses, su amorío se hizo más fuerte, compartiendo comidas, paseos, mañanas y noches.

Hoy era una de esas noches donde Stanley se escabulle de su habitación en el subterráneo del castillo para ir a su encuentro nocturno con su amante. “Te amo, Kyle, no voy a cansarme de repetirlo”, el paladín murmuró contra la piel marmórea del cuello ajeno, dejó delicados besos en la zona, encantado por el olor de su rey y los rizos color cobre que le hacían cosquillas en los párpados. Kyle gimió suave ante las palabras y estímulos en su cuello, alzó las caderas para rozarlas con las ajenas y retorció sus dedos entre los mechones oscuros en la nuca del paladín ante las exquisitas sensaciones que siempre le brindaba su pareja. “Quiero estar aquí para siempre…”, Kyle besó los cabellos oscuros del paladín y agregó: “Contigo”. Stan subió la mirada para encontrarse con los ojos verdosos que más apreciaba, lo miraban con amor. Sujetó suavemente la barbilla del elfo con una mano y lo acercó a sus labios, Kyle recibió el tierno beso y rodeó el cuello de su amante con los brazos.