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Cada licenciatura tiene sus retos, por menos “demandantes” que puedan resultar unas en comparación de otras. Shen Yuan sabía perfectamente que estudiar artes no sería tan difícil como estudiar alguna carrera relacionada a las ciencias de la salud o ingenierías, pero eso no quiere decir que sea sencillo.
Para una persona introvertida como él, este tipo de tareas obligatorias eran un martirio, un verdadero reto.
—No olviden que necesitan conseguir un modelo antes de la siguiente clase, recuerden que esta entrega es parte del proyecto final y cuenta como su pase para aprobar esta materia —sentenció la profesora apresuradamente, esperando a que sus alumnos la escucharan con atención antes de huir del aula de clases. Suspiró resignada y salió del aula ella también.
Shen Yuan resopló al escucharla. Él odiaba esta parte de las clases de dibujo, especialmente ésta: “expresión de retrato artístico”. ¿Por qué no podía dejar su profesora que se basaran de algún artista o de referencias en internet? ¿Por qué tenía que hacerlos enfrentarse a la vergüenza de decirle a algún extraño “ey, déjame dibujarte, es para un proyecto”?
—Tienes suerte de que no nos dejen dibujar amigos o familiares, dudo que puedas retratar la más pura esencia de mi ser en tus dibujos de otaku , hermano Pepino —se burló Shang Qinghua, esperando a que su amigo terminara de recoger sus cosas para poder irse a comer.
—Tú tienes suerte de que esta solo sea una clase optativa para tu carrera. —Shen Yuan no estaba de humor. —No entiendo el afán de no dejarnos trabajar con referencias en internet. ¿Por qué tenemos que molestar a extraños?
Shang Qinghua se encogió de hombros. —Es de esos profesores hippies , si le preguntas probablemente te dirá que es para ejercitar nuestro estilo artístico más allá de practicar anatomía.
Odiaba admitirlo, pero Shang Qinghua tenía razón.
Por suerte era la hora que tenían libre para ir a comer. Podría despejarse antes de su siguiente clase. Ambos compraron sus almuerzos—fideos instantáneos—en la cafetería y fueron a sentarse debajo del árbol que habitualmente era su lugar de reunión.
—¿Ya tienes a alguien en mente? —preguntó Shang Qinghua con la boca llena. Shen Yuan hizo una mueca de asco. —¿Quizás “tu musa” ?
Shen Yuan giró los ojos, harto. Desde que el tonto de su amigo ojeó uno de sus sketchbooks donde guardaba solo bocetos de cierta persona , él no dejaba de molestarlo.
—Ya te dije que dejes de hablar de él —respondió Shen Yuan con una mirada fría que poco afectó a Shang Qinghua.
—¡Hermano Pepino! ¿No lo ves? Esta es tu oportunidad de acercarte a él, ¡hasta deberías estar agradecido con la profesora! —La voz de Shang Qinghua era habitualmente alta, cosa que se agravaba por el hecho de que siempre decía cosas estúpidas en los momentos menos adecuados, tal como este:
Shen Yuan se sintió palidecer cuando unos metros detrás de su amigo estaba ni más ni menos que la persona de quien hablaban, Luo Binghe.
Debió de demostrar su pánico en su rostro, porque Shang Qinghua se giró para seguir el rumbo de su mirada. —Oh, hablando del diablo… ¿Quieres que se lo pida por ti? Tu bro puede hacer eso por ti si quieres, puedes darme las gracias luego.
¿Por qué Shen Yuan seguía juntándose con él? Son cosas que ni él mismo sabía. —¿Quién es tu bro ?
Mientras tanto, ajeno a las miradas que estaban puestas sobre él, Luo Binghe acababa de sentarse en una de las bancas cercanas a los jardines. Tenía un libro en mano, listo para sumergirse en su lectura, y estaba sentado junto a uno de sus compañeros habituales, Mobei Jun, quien jugaba con su teléfono.
Luo Binghe y Mobei Jun parecían sacados de una revista de adolescentes, destacando de la multitud sin siquiera inmutarse.
—No puedo culparte, ¡Míralos! Llaman mucho la atención —Shang Qinghua lo sacó de su ensoñación.
Como si no supiera que él babeaba por Mobei Jun.
—¿Por qué no vas tú y le dices a su amigo que sea tu modelo?
Shang Qinghua negó dramáticamente con la cabeza. —Dawang preferiría matarme. ¡¿Olvidas que es mi bully personal?! Fui su saco de boxeo personal en el bachillerato.
Este tonto en serio no sabía disimular.
Mobei Jun, que parecía tener oído supersónico, puso su fría y azul mirada sobre ellos. “Trágame tierra” pensaron los dos artistas.
—Eres imposible, Avión. Tú sí quieres que yo le diga que sea mi modelo pero tú no puedes hacer lo mismo.
Si pensó que con eso iba a dejar de presionarlo, estaba equivocado.
—Bien. Podemos arreglar esto de la manera clásica —Puso un puño frente a él, en guardia.
—¿Piedra, papel o tijeras? ¿En serio?
—Si tú ganas, yo le digo a Dawang. Si yo gano, le dices a Luo.
Shen Yuan giró los ojos con enfado. —Podría simplemente ignorarte.
Shang Qinghua le sonrió. —Sí, podrías.
Su mano seguía ahí, esperando tener un duelo con él. Shen Yuan suspiró resignado, no sabía por qué seguía haciéndole caso. Ambos dejaron de lado sus almuerzos y se prepararon para la batalla.
—Bien.
Uno. Dos. Tres.
Shen Yuan sacó piedra. Shang Qinghua sacó papel, pero el gesto parecía más como si hubiera sacado tijeras.
—¡Ja! —se burló Shen Yuan.
—¡Dos de tres! ¡La primera no cuenta!
Shen Yuan sintió alegría de ganar, pero también sabía que dentro, muy dentro de él esperaba perder. No sabía si tenía sentido. Una mirada rápida hacia " su musa " lo hizo sentir que sí.
—Bien. Dos de tres.
Shang Qinghua sacó papel y Shen Yuan piedra. Después de ese desastroso empate, Shang Qinghua atacó con tijeras y Shen Yuan con papel.
—Si te hubieras quedado con la buena piedra habrías ganado, Hermano Pepino. Ahora, ve.
Ambos miraron de nuevo hacia Luo Binghe y Mobei Jun, ellos les devolvieron la mirada.
El corazón de Shen Yuan dió un vuelco. —Mejor mañana.
Shang Qinghua se puso de pie frente a él y le extendió su mano para ayudarlo a pararse. —Mientras más rápido mejor, la primera entrega es la próxima semana. Además, luego puede ganártelo alguna de sus muchas fans.
Miró contemplativo la mano de Shang Qinghua. Desde que era su amigo él lo empujaba a hacer cosas que, la mayoría de las veces, no quería; pero también le daba constantemente el empujón necesario para atreverse a actuar y dejar su miedo de lado. Suspiró, resignado, y la tomó.
Se sacudió la ropa y acomodó su cabello. Shang Qinghua giró los ojos ante la vanidad de su amigo.
—Tú puedes, ve por él, tigre.
Tomó su mochila, pero luego se la dejó a Shang Qinghua porque decidió que los botones de anime en ella no le darían mucha cara que digamos. Caminó los pasos hacia Luo Binghe de manera lenta pero firme, con la mirada fija en sus pies. Justo entonces Mobei Jun se estaba despidiendo de Luo y yéndose hacia la cafetería.
—Um, hola —dijo tímidamente una vez que estuvo frente a Luo Binghe.
Debió haber adivinado que Luo Binghe sería mucho más hermoso e impresionante desde cerca. Dejó su libro y lo miró con sus ojos negros, profundos y brillantes como estrellas en la oscuridad de la noche.
—Hola —le dijo con una sonrisa. Una bella y brillante sonrisa.
—Yo, um… —pasó saliva para envalentonarse. —Mi nombre es Shen Yuan, estoy en el segundo año de artes. Una de mis profesoras de este semestre dejó de tarea hacer un portafolio con un modelo nuevo… Y me preguntaba si quisieras ser mi modelo… —dijo con los ojos cerrados; su voz fue haciéndose más y más pequeña al hablar a causa de su timidez.
—¡Seguro! —respondió Luo inmediatamente después. Si Shen Yuan fuera más ingenuo pensaría que estaba escuchando alegría en su voz.
Abrió los ojos sorprendido. —¿En serio?
Luo Binghe asintió con la cabeza. Su sonrisa seguía ahí. —Claro, me encantaría.
—Genial —Un peso gigante había desaparecido de sus hombros.
—Entonces… ¿deberíamos reunirnos después? Puedo darte mi contacto —la voz de Luo Binghe era melodiosa y hermosa. Su corazón seguramente estaba latiendo más y más deprisa.
Las manos de Shen Yuan sudaban. —Sí, muchas gracias —. Luo le pasó su teléfono, y él anotó su número con manos temblorosas para guardar el contacto. —Gracias, Binghe —dijo al entregarle su teléfono de regreso.
Él le respondió con una mirada sorprendida. —¿Sabes mi nombre?
Shen Yuan sintió que el color se le iba del rostro. —Yo, em…
Entonces Binghe comenzó a reírse. Una hermosa y alegre risa. El color regresó a su rostro, pero esta vez estaba más que sonrojado. —Me alegra que Gege sepa mi nombre —. Gege. Gege . Definitivamente estaba sonrojado. —Te llamaré después de clases, entonces podremos ponernos de acuerdo.
—Seguro. ¡Muchas gracias! —hizo una educada reverencia ante él.
Luo asintió, tomó su libro y se puso de pie. —Nos vemos entonces, Gege.
Una vez que Luo se fue, Shang Qinghua corrió a reunirse con él, emocionado. —¿Qué te dijo?
Una leve sonrisa adornó su cara. —Dijo que sí.
[...]
Las horas pasaron lentamente, y Shen Yuan no podía dejar de preguntarse cuándo sonaría su teléfono. Después de lo que le pareció una eternidad, sus clases terminaron. Shang Qinghua estaba a su lado cuando su teléfono recibió el mensaje que tanto esperaba:
“ Gege, soy Binghe. Te espero en el lugar de esta mañana :) ”.
Shang Qinghua estiró su cuello para espiar lo que decía. —Felicidades, Hermano Pepino. Ahora tendrás un cien asegurado en la clase.
Estaba tan nerviosamente feliz que poco le importaban las burlas de su amigo. —¿Y tú? ¿Ya pensaste en otro modelo? Considerando que te acobardaste y no se lo dijiste a tu “Dawang”, no tengo idea de a quién le vayas a pedir ser tu víctima.
Shang Qinghua se encogió de hombros. —Ya lo veremos.
Entonces se despidieron, y Shen Yuan se puso en marcha. Después de recorrer la mitad del campus, llegó a su destino. Luo Binghe ya estaba ahí, luciendo tan hermoso como siempre.
—¡Shen Gege! —saludó con una enorme sonrisa. Casi parecía poder ver una gran y esponjosa colita de cachorro agitarse contenta detrás de él. ¡Tan lindo!
Shen Yuan escondió sus manos en los bolsillos de su sudadera, queriendo lucir un poco menos nervioso de lo que se sentía. —Hola.
Luo Binghe se puso de pie. —Si a Gege le parece bien, podemos ir a mi casa. Nunca he sido modelo de nadie, así que no sé qué se deba hacer… es decir, si Gege está bien con eso.
Este chico iba a ser su ruina.
—No quiero molestar a Binghe —dijo, mirando a cualquier cosa que no fuera él.
—¡No es ninguna molestia! —contestó rápidamente a la par que negaba con la cabeza. —Será un honor poder ayudar a Yuan-Ge con su proyecto.
Entonces no pudo seguirse negando.
El camino fue corto, llegaron caminando al cabo de un par de minutos en los que Shen Yuan solo pudo admirar la belleza del hermoso cabello de Luo Binghe bajo los rayos de sol del atardecer.
Resultaba que Luo Binghe vivía en un departamento cercano a la universidad que su padre rentaba para él. De alguna manera Shen Yuan agradecía poder tener privacidad en ese aspecto, estaba seguro de que moriría de vergüenza si Luo le presentara a sus padres ese mismo día… Aunque, pensándolo bien, la idea de estar a solas con él era todavía peor.
—¿A Gege le gustaría tomar algo? —preguntó Luo Binghe una vez que llegaron. El espacio era amplio a pesar de ser uno de los pequeños departamentos destinados a universitarios. Todo estaba limpio y en orden, pero con un toque hogareño.
—No quiero molestar a Binghe.
Luo Binghe dejó su mochila en la encimera de la cocina. Invitó a Shen Yuan a sentarse en una de las sillas frente al comedor y él obedeció. —Yuan-Ge nunca podría molestarme con nada que pidiera.
El calor subió a su rostro y de nuevo estaba sonrojado. Luo Binghe le dedicó otra bonita sonrisa antes de ir a la cocina.
Vió que Luo encendía su estufa y calentaba agua, para después servirla en una taza y prepararle té. Poco después dejó una humeante y aromática taza frente a él. —Gracias, Binghe.
Él se encogió de hombros. —Así que… ¿cómo puedo ayudarte con tu proyecto? —preguntó, apoyando sus codos sobre la mesa y descansando su barbilla en sus manos. —Tu di qué debo hacer y yo lo haré.
—Lamento no haberte explicado bien antes —dijo rascándose la nuca, nervioso. —Mi profesora de "expresión de retrato artístico" nos pidió hacer un portafolio de dibujos en distintos estilos, y para eso necesitamos el mismo modelo durante todo el ciclo. Nos pidió también que nuestro modelo fuera alguien a quien no conociéramos. Para la primera entrega debemos hacer un boceto a lápiz.
—Qué interesante proyecto, estoy seguro de que Gege obtendrá una nota sobresaliente —. La amabilidad de Luo Binghe era algo de otro mundo. Después de un minuto de silencio en el que Binghe veía fijamente las manos de Shen Yuan y de que éste sintiera la lengua pegada al paladar, volvió a hablar: —¿Necesitas que pose de alguna manera?
Una imagen salvaje de Luo Binghe posando para él imitando la famosa escena de Titanic apareció en su mente. Justo le daba un sorbo a su té, y se atragantó ante la idea de tener a Luo Binghe posando para él con nada más que el bello collar de jade que usaba siempre. Habló después de toser y recomponer su voz. —No. Es decir, creo que es mejor si haces algo mientras tanto… es mejor si estás cómodo.
Luo Binghe pareció meditarlo. —¿Qué le parece a Gege si cocino mientras tanto? Soy estudiante de gastronomía. No me moveré mucho, así hacemos la tarea juntos.
Nunca esperó tener la suerte de ver a Luo cocinar. Gracias, Avión. Gracias, maestra. —Es una idea excelente.
[...]
—Wow, estos son más hermosos que los anteriores —dijo Shang Qinghua después de ver las dos versiones de los retratos a lápiz que había hecho Shen Yuan para la entrega de esa clase. Sus bocetos de Luo Binghe habían carecido de detalles hasta entonces, pero los que tenía en sus manos Shang Qinghua eran tan realistas que parecían fotografías a blanco y negro: el cabello ondulado, sus largas pestañas, los detalles de su blanco delantal, su collar de jade, sus manos amasando una porción de masa...
—Yo también lo creo —dijo orgulloso. —Y también los de tu Dawang están bastante bien. Me alegra ver que te atrevieras.
Shang Qinghua se encogió de hombros. Él reconocía que sus dibujos no eran tan hermosos como los de Shen Yuan, después de todo él era escritor y solo tomaba esta clase optativa para pasar más tiempo con su definitivamente-no-mejor-amigo. —A decir verdad fue él quien vino a mí, jaja. Si supiera que es mi musa al escribir y ahora en esto seguramente me patearía de nuevo.
A Shen Yuan le dió gracia el comentario.
Esperaba escuchar la historia completa detrás del retrato de Mobei Jun sentado sobre su motocicleta, luciendo como todo un rockstar.
[...]
Pronto había pasado una semana más y era momento de entregar otro retrato, esta vez con la técnica de la acuarela. Luo Binghe le mandó más emoticones de los necesarios cuando le mandó un mensaje para ver si estaba disponible; su respuesta llegó rápido y expresó su alegría con tantos stickers como pudo. Algo en el pecho de Shen Yuan se calentó al saber que Luo Binghe estaba feliz por verlo a él.
Por verlo a él.
Desde hacía meses él se sentía de esa manera por Luo Binghe. Al principio comenzó porque había un chico bastante bien parecido que leía libros viejos en los jardines de la universidad, después fue porque escuchó su voz suave y profunda, y al final porque, desde la distancia, fue recolectando más y más detalles acerca de él (así como los sketchbooks que poco a poco iban llenando sus páginas con ciertos ojos oscuros y brillantes).
Era algo nuevo sentir que el otro compartía los mismos sentimientos que él.
De nueva cuenta, lo esperó en aquella banca y caminaron hasta el departamento de Luo Binghe.
Replicando la rutina anterior, Luo Binghe le sirvió té, lo invitó a sentarse, cocinó mientras Shen Yuan lo dibujaba y una vez que él terminó, le ofreció amablemente la deliciosa comida que había coconado: aquella tarde había preparado tiramisú con fresas, a Shen Yuan se le hizo agua la boca.
Aceptó comer con él mientras esperaba a que su dibujo se secara por completo.
—¿Entonces dices que Mobei Jun fue quien se ofreció a ser el modelo de mi amigo? —preguntó Shen Yuan después de tomar un bocado del dulce postre. Estaba seguro de que aquel era el mejor tiramisú que había probado en su vida.
Luo Binghe se rió un poco. —Es correcto.
—¿Por qué?
Una sonrisa apareció en los bonitos labios de Binghe. —Le conté que sería tu modelo, y de pronto llegó al día siguiente diciendo que él también quería intentar ser el modelo de alguien. Más tarde Sha Hualing me dijo que él acorraló a tu amigo y le exigió que le dijera por qué no lo había escogido aún.
Shen Yuan no pudo evitar soltar una carcajada al imaginarse semejante escena: el imponente Mobei Jun acorralando contra una pared al enclenque Shang Qinghua, quien muy probablemente temblaría como una hoja y accedería a cualquier petición que “su hombre ideal” le hiciera.
Su risa contagió a Luo Binghe, quien reía con él con esa voz que tanto le gustaba escuchar a Shen Yuan.
Era tan agradable pasar el rato con Binghe.
Lo hacía sentir cálido y feliz.
[...]
Las semanas pasaron volando y ya estaban a la mitad del semestre. Shen Yuan se sentía animado y feliz: sus clases le gustaban, estaba progresando en sus proyectos finales y tenía una bonita rutina semanal de verse con Luo Binghe para dibujarlo. Todo marchaba de maravilla.
Aquel día su profesora de expresión de retrato artístico entró al salón de clases con una sonrisa maliciosa. —Como sabrán, ya estamos a la mitad del curso… —comenzó. Sus alumnos se miraban unos a otros, temiendo que aquella mujer fuera a torturarlos con más tareas o revisiones sorpresa. —Ahora es cuando hace sentido la especificación que les dí al principio del curso: no conocidos o amigos. Deberán escribir un ensayo de cuáles son las emociones que han sentido hasta ahora en cada uno de sus dibujos, y su experiencia; no debe ser muy largo, solo su experiencia. Esto lo van a integrar a su portafolio y lo entregarán al final del curso.
Los murmullos de queja hicieron eco en el salón de clases. La maestra procedió a explicarles la importancia de las emociones en las expresiones artísticas y cómo serán cada vez más visibles en sus retratos, pues irían conociendo paulatinamente a las personas que estarían retratando.
Pensar en sus emociones no era algo que Shen Yuan hiciera a menudo. Y tener que hacer un ensayo de ellas… La motivación que sintió al principio poco a poco fue dejándolo.
[...]
—¿A Gege le gustaría probar lo que hice hoy? —preguntó Luo Binghe, ofreciendo un plato con galletas pequeñas con mermelada casera. ¿Por qué Luo Binghe siempre parecía brillar cuando estaba junto a él? ¿Por qué se sentía brillar él también al estar cerca de Binghe?
Tomó una de las pequeñas galletas que le ofrecía Luo Binghe y la degustó. Sus papilas gustativas se sentían bendecidas con cada comida que hacía Luo Binghe para él. —Está delicioso, Binghe.
Él pareció alegrarse aún más por la retroalimentación. —Yo también lo pensé. ¿Yuan-Ge puede distinguir los sabores?
Shen Yuan había percibido el dulce y fresco sabor del lichi, pero había algo más… tuvo que comer otra galleta para confirmar. —¿Lichi y flores?
Luo Binghe asintió animadamente. —Lichi y rosas. ¡Gege es tan listo!
¿Por qué Luo Binghe siempre lo hacía sonrojarse?
—Es para mi clase de conservas, pero estoy experimentando un poco —explicó. —A mi madre adoptiva le gustaban las infusiones de rosas, siempre que cocino con ellas me acuerdo de cuando era pequeño.
Por un momento pudo distinguir una mirada triste en los ojos de Binghe. Tímidamente puso su mano sobre la de él, que descansaba encima de la mesa. No sabía la historia detrás de esa tristeza, pero concluyó que quería reconfortarlo todo lo que pudiera. —Tenía muy buen gusto entonces.
Luo Binghe sonrió tristemente. —Ella me enseñó todo lo que sé de cocina. Mi parte favorita del día era cocinar con ella. —Después de un rato en silencio, sus ojos se inundaron. Añadió en un susurro triste— La extraño mucho.
—Estoy seguro de que estaría orgullosa de ti, Binghe.
Una lágrima se derramó sobre la mejilla de Luo Binghe. Shen Yuan tuvo el impulso de abrazarlo, así que eso hizo. A pesar de que él era más bajito que Binghe, sintió que podía reconfortarlo con sus brazos alrededor de su espalda, con una de sus manos acariciando su suave y esponjoso cabello.
Iba a dejarlo ir, cuando sintió que Luo le correspondía y se aferraba a su abrazo, sosteniendo su espalda y descansando su cabeza en su hombro, sin importar si lo empapaba de lágrimas.
A ninguno le importaba.
Mientras estaban abrazados no pudo pensar en nada más que en la calidez de Binghe, en lo cómodo que se sentía al tenerlo entre sus brazos. No pensó más allá en qué significaba todo aquello, eso sería trabajo para el Shen Yuan del futuro.
Más tarde podría cuestionar el calor que sentía en el pecho, las mariposas en su estómago e intentar convencerse de que lo que sentía era familiaridad, gratitud, cariño… ¿Amor?
[...]
Shen Yuan no había mostrado sus dibujos a nadie más que a Shang Qinghua y a su profesora. Ella era recomendada entre los estudiantes de su carrera por dar retroalimentación al trabajo de sus alumnos; se le agradecía no dejarles a la deriva y dedicar tiempo a cada uno de ellos.
Estaban en la segunda mitad del semestre y era tiempo de las asesorías individuales.
La mujer colocó con cuidado cada uno de los dibujos de Shen Yuan sobre su escritorio. Miró cada uno de ellos con atención y una suave sonrisa en sus labios.
—Estoy impresionada con tu progreso hasta ahora, Shen Yuan; tu estilo es mucho más definido ahora que al principio del curso. Estoy ansiosa por leer tu ensayo final, estoy segura de que esta persona es muy especial para ti, se puede ver en tu obra.
Shen Yuan recogió sus dibujos y le agradeció a la profesora.
Salió del salón las mismas preguntas que se hacía antes de dormir por las noches, “¿Qué siento por Binghe? ¿Desde cuándo? ¿Es tan transparente?”.
[...]
Aquel día Binghe no estaba cocinando aquel día, en su lugar estaba haciendo tarea en su computadora, sentado frente a Shen Yuan, quien comía un helado de té de jazmín y limón que Binghe había hecho el día anterior.
Shen Yuan dibujaba un retrato con carboncillo.
—... Y entonces el maestro Meng Mo apuñaló la mesa con el cuchillo de filetear y le gritó a Gongyi Xiao que… Oh, Gege, quédate quieto —dijo Binghe, acercando una mano hasta su mejilla. Shen Yuan se quedó quieto, su corazón latiendo cada vez más rápido al presentir el toque de Binghe. Su pulgar se frotó en su mejilla suavemente. —Tenías una mancha aquí —dijo cuando terminó.
Luo Binghe continuó con lo que estaba diciendo antes, pero Shen Yuan no pudo escucharlo.
En su mente se repetía una palabra una y otra vez: Amor.
Amor.
Amor.
Deseó que esa calidez no se fuera nunca, incluso si lo hacía sentirse confundido.
[...]
El final del semestre estaba en la mira, por lo tanto se vió obligado a empezar el ensayo.
Para ayudarse en su proceso creativo, puso todos sus dibujos sobre su cama, y se quedó mirándolos durante minutos enteros.
Recordaba cada uno de ellos.
Recordaba lo que había cocinado Luo Binghe cada uno de esos días y casi podía sentir el sabor de dichos platillos en su lengua, recordaba cada uno de sus temas de conversación y casi podía escuchar la voz de Binghe en su oído.
Y recordaba la sensación de mirarlo con atención para plasmar en papel todos los detalles de él como pudiera. Por muy buenos que fueran sus dibujos, sentía que no eran nada comparados con la belleza real de Binghe.
Con su ternura.
Era imposible no sonreír como bobo ante sus obras.
Después del tiempo que consideró pertinente, se enfrentó a la hoja en blanco del procesador de texto. ¿Por dónde empezar? ¿Cómo poner en palabras lo que sentía? ¿Qué etiquetas darle?
Por un momento sintió deseos de tener las habilidades de Shang Qinghua para expresar cosas tan complejas con palabras. Seguro a él le estaría yendo mejor con esta parte del proyecto.
[...]
No iba a admitirlo en voz alta, pero estaba feliz de que Shang Qinghua compartiera esta clase con él. Después de años de amistad, ambos habían llegado al punto de pasar de ser haters mutuos a ser admiradores del trabajo artístico del otro. Sentir su apoyo era muy importante para él, aunque nunca le diera a su amigo el gusto de saberlo.
—¿No lo has dejado ver tus dibujos? —preguntó asombrado el escritor. —Tienes suerte, Dawang roba mis dibujos en cuanto los termino. Tuve que pedírselos prestados para la asesoría, ¡prestados, hermano Pepino! Menos mal no sabe del ensayo, si no perdería toda la cara que me queda.
Hablar con Shang Qinghua siempre lo ayudaba a distraerse de sus problemas. Lo reconfortaba sin saberlo.
—A tí no te queda más cara por perder por las cosas que escribes, Avión . Ya puedo imaginar “ la oda a la belleza de tu hombre ideal” que escribiste.
—Cruel como siempre, hermano Pepino —Fingió limpiar una lágrima imaginaria de sus ojos.
Iba a seguir molestando a su amigo cuando fueron interrumpidos por la llegada de la profesora. Ella estaba sonriendo maliciosamente. Todos sus alumnos la miraron a la expectativa de saber con qué saldría esta vez.
—Tengo una noticia para ustedes —dijo sin rodeos. —Reservé uno de los auditorios de la escuela para hacer la galería de sus obras. Han hecho un excelente trabajo y me parece una buena forma de reconocerles su esfuerzo—. Muchos de sus alumnos se miraron entre sí, emocionados; otros no tanto. —Así que, les pediré que hagan un retrato adicional para la exhibición. El retrato de la exhibición debe ser en un lienzo de setenta por ciento cinco centímetros. Pueden usar la técnica con la que se hayan sentido más cómodos.
Una exhibición.
No es que no le emocionara la idea, Shen Yuan siempre había sentido orgullo por sus obras… la cuestión era que temía que ese recién-descubierto-amor se manifestara en el retrato, gritando así a todo el mundo que se estaba enamorando perdidamente de Luo Binghe.
Temía, sobre todo, por la reacción de Binghe.
[...]
—Me encantó el boceto que hiciste del pastel que cociné el otro día —dijo Luo Binghe, sentándose frente a Shen Yuan y dejando un plato con kimbap para él.
Incluso algo tan sencillo como un rollo de kimbap sabía mágico si era preparado por Binghe. Shen Yuan estaba seguro de que llegaría a ser uno de los mejores chefs de China. O del mundo entero.
—Me pregunto cuándo Gege me dejará ver los retratos que hace de mí —dijo tímidamente.
Un escalofrío recorrió su espalda.
Si Luo Binghe pudiera verlos ¿se daría cuenta de lo que Shen Yuan sentía por él?
¿Se habría dado cuenta ya?
Él era alguien tan perceptivo, Shen Yuan no estaba seguro de poder esconder nada de él.
¿Qué diría?
Por una parte sentía miedo. Pero por otra… ¿esperanza?
Además, él tenía derecho a ver esos dibujos. Después de todo, para eso se reunían todas las semanas, ¿no? ¿Para qué más?
Su corazón se estrujó ante la idea de que el semestre terminara, de perderse de la compañía semanal de Luo Binghe, de perder la calidez que sentía a su lado.
Al notar su silencio y la duda en sus ojos, Luo Binghe tomó su mano. Estaba preparándose para decir “no te preocupes, Gege no tiene por qué mostrarmelos si no quiere”, pero Shen Yuan habló antes:
El toque en su mano lo hizo decidir a arriesgarse, lo hizo tener esperanza. —Habrá una exhibición. Me gustaría que fueras, entonces podrás verlos.
Luo Binghe lo miró sorprendido y una enorme sonrisa iluminó su rostro. —Wow. Estaré muy feliz de poder acompañar a Yuan-Ge en la exhibición. Me pregunto cuál de todos se presentará.
Shen Yuan estuvo pensando lo mismo días antes. Quiso intentar algo nuevo. —De hecho, no sé si sea mucho pedir para Binghe… —se detuvo para organizar su propuesta, y continuó después del leve apretón que le dió Luo Binghe a su mano. —Quiero presentar un retrato de pintura al óleo, pero me temo que pueda ensuciar la casa de Binghe o que sea difícil transportar el caballete y el cuadro… por eso me gustaría invitar a Binghe a mi casa. ¡Claro, si tú quieres y estás libre!
La sonrisa que le ofreció le recordó a aquella que le dedicó cuando aceptó ser su modelo. —Claro, me encantaría.
[...]
Quedaron de verse el fin de semana, y los días pasaron casi volando. Shen Yuan, siendo el niño rico que era, le pidió al chofer de la familia que lo llevara por Binghe a su departamento. Luo Binghe se notaba tímido, pero su sonrisa amable no desapareció en ningún momento.
Al llegar a la casa de Shen Yuan, invitó a Luo Binghe a comer por primera vez. Eran solo ellos, agradeció a los cielos que la casa estuviera vacía, así Binghe no se sentiría más incómodo. El cocinero había preparado wontons y deliciosos acompañamientos. Luo Binghe le obsequió un paquete de té orgánico, dijo “no es bueno llegar a una casa de visita con las manos vacías”.
Después pasaron a la habitación que estaba destinada para ser el estudio de Shen Yuan.
Luo Binghe miró maravillado cada detalle de la habitación: los estantes, las herramientas de dibujo, los sillones y la enorme ventana de piso a techo que estaba al fondo y que dejaba entrar toda la luz natural posible.
—Es un lugar precioso, Gege —halagó Luo Binghe.
—Gracias —. Shen Yuan estaba orgulloso de su estudio, y se alegró al saber que a Luo también le gustaba. Recién entonces se preguntó por qué no lo había invitado antes.
Luo Binghe se asomó por la ventana, y mientras él admiraba la vista hacia los jardines de su casa, Shen Yuan sacó sus óleos y acomodó su caballete. No se percató de en qué momento Luo se acercó a él hasta estar realmente cerca de su espalda.
—Increíble, pintura al óleo. Nunca había visto éstas así.
Shen Yuan podía oler el perfume de Luo Binghe, y su voz sonaba tan cerca de su oído que sintió un escalofrío. Luo Binghe notó que Shen Yuan se quedó quieto, así que se alejó un poco, apenado. Él hubiera deseado que se quedaran así más tiempo.
—Oh, antes de que lo olvide… —Luo Binghe buscó en su mochila y sacó de ella una pequeña cajita de comida. —Cociné esto para ti. Es la receta del video que estabas viendo el otro día, pensé que te gustaría.
Tomó la cajita y adentro de ella había una media docena de bollitos Tom Yuen. Se le hizo agua la boca, así que probó uno de ellos. El dulce sabor del mango se sintió celestial en su boca. —Como siempre, la comida de Binghe es la mejor del mundo —dijo conmovido.
—Éste está feliz de que a Gege le guste —dijo con una gran sonrisa. —Ahora, ¿qué debería hacer?
Shen Yuan había tenido tiempo para pensar en los detalles de su retrato: se había imaginado a Binghe de perfil, iluminado por la cálida luz del atardecer.
—¿Te gustaría leer algo?
Él volvió su atención a los estantes de libros en el estudio. —Seguro. Gege tiene tantos libros, estoy seguro de que encontraré alguna joya. Oh…
Luo Binghe tomó entre sus manos un delgado y antiguo libro azul. —¿Conoces ese libro?
Él asintió con la cabeza. —Son las poesías de Lan An. A mi padre le encantan este tipo de libros. Me dijo que enamoró a Mamá leyendo un poema de él… me alegra saber que a Yuan-Ge también le gustan.
Tomó el libro con tanto cariño que de pronto le hizo ilusión poder compartirlo con él. —¿Quieres leer este?
Le sonrió nuevamente. —Si soy honesto, nunca lo he leído completo. A mi padre le alegrará saber que al fin lo hice. Te amará por hacerme leer algo decente sin que él tenga que obligarme—dijo con una risa.
Si tan solo supiera que el único amor que quería era el suyo.
Luo Binghe tomó asiento en el pequeño sillón cercano a la ventana y comenzó a leer el libro de poesía. Lo leía con tanta atención y cariño que Shen Yuan se sintió alegre por tener aquella reliquia familiar en su estudio.
Él pintaba con maestría la bella imagen frente a él: La luz del sol besaba su perfil, los tonos cálidos le daban un color más hermoso al ya precioso rostro de Binghe. Deseó poder plasmar lo perfecta que era la escena, con Luo Binghe tomando el viejo libro con tanta ternura, como si temiera dañar las viejas hojas con sus dedos.
Shen Yuan se sintió orgulloso de sí mismo, pues con sus manos podía capturar la belleza de aquel chico.
Pasó el tiempo sin que él se percatara, tan absorto estaba en el dibujo que solo fue interrumpido al notar algo fuera de lugar: Lágrimas plateadas adornaban su rostro. Fue imposible no mirarlo con atención.
Incluso cuando lloraba era hermoso.
Luo Binghe notó que Shen Yuan había dejado de pintar y ahora lo miraba. Sostuvo el libro con una mano y con la otra limpió algunas de sus lágrimas con la manga de su sudadera. —Lo siento mucho, Gege. No sé qué me pasa… Yo…
No entendía por qué se disculpaba. —Binghe no tiene nada de qué apenarse —. Tuvo la necesidad de acercarse a él e impedir que limpiara sus lágrimas con aquella manga que solo enrojecía su piel al rasparse sobre ella. Tomó uno de los pañuelos que tenía a la mano (gracias al cielo por sus alergias) y se lo dió a Binghe. Él lo tomó de sus manos y se limpió el resto. Mientras tanto, Shen Yuan dirigió su mirada al poema que estaba leyendo Binghe y que lo conmovió hasta las lágrimas. —Ese es uno de mis favoritos.
Luo Binghe sonrió tímidamente. —Imaginé que sí —. El silencio duró poco antes de que Luo volviera a hablar, sintiendo que debía una explicación. —Es solo que… habla de la pérdida del ser amado… pienso que Papá se sintió así al perder a mi madre —su voz era suave, como si tuviera pena de decir aquello. — Es la profunda soledad que él disfraza con la tranquilidad de un estanque en calma —citó.
Shen Yuan asintió.
—Lamento darle esta fea vista a Gege.
Shen Yuan se agachó hasta estar a la misma altura que él. Estaba agradecido de no tener las manos sucias por el óleo, de lo contrario no se permitiría posar su mano sobre la mejilla de Luo Binghe tal y como lo estaba haciendo. —Está bien si Binghe llora. —No sabía por qué, pero se sentía en una especie de sueño, donde podía sincerarse tanto como Binghe lo había hecho. —Eres tan hermoso incluso así —. Esperaba que el otro entendiera que no hablaba solo de lo físico.
Aquella sensación de ensoñación estaba tan presente que no le permitió identificar quién de los dos se había acercado primero, quién de los dos había empezado aquel beso.
Su cerebro estaba ahogándose en oxitocina y endorfinas. Todo se redujo a nada y solo alcanzó a registrar el dulce sabor de los labios de Binghe, su toque suave, su calidez y la preciosa sonrisa que le dió al final.
Amor.
Definitivamente era amor.
[...]
Aquella noche, en la oscuridad de su habitación, Shen Yuan sintió la inspiración necesaria para terminar el ensayo.
Días después, cuando entregó el ensayo a su profesora, ella leyó la palabra amor , asintió y le sonrió conmovida. —Yo también lo pensé desde la primera vez que ví tus retratos. Espero que él también pueda verlo y pueda corresponderte.
Shen Yuan recordó la calidez en sus labios cuando besó a Luo Binghe. —Yo también espero.
[...]
La exhibición había sido un éxito. Shen Yuan estaba feliz por recibir tantos halagos, pero en realidad solo había una opinión que realmente le importaba.
Citó a Luo Binghe en aquella banca donde siempre se quedaban de ver. Al llegar, él ya estaba ahí, esperándolo como siempre con una gran sonrisa.
Le entregó el cuadro que había pintado aquella tarde en su estudio, y después el portafolio con todos los dibujos de las semanas que pasaron juntos.
Ninguno de los dos dijo nada mientras Luo Binghe los miraba. Ambos estaban sumidos en una sensación de complicidad mientras tanto.
Al terminar, Luo Binghe recogió los dibujos con cuidado y los abrazó contra su pecho. —Es hermoso cómo me ve Yuan-Ge—dijo con una leve sonrisa, pero con un semblante triste.
¿Él en serio creía que esos retratos no le hacían justicia?—¿De qué hablas? Tú eres el chico más perfecto…
—Yo no creo serlo —lo interrumpió. —Le he mostrado a Gege partes de mi que son tan imperfectas.
Shen Yuan tomó sus mejillas entre sus palmas y lo obligó a devolverle la mirada. —Para mi eres perfecto. Todo tú —. Shen Yuan estaba seguro de que él podía ver su amor impregnado en sus dibujos, pero en un impulso de valentía decidió ir más allá para que no le quedaran dudas. —¿Puedo besarte otra vez? —preguntó tímidamente.
Luo Binghe miró sus labios, y después sus ojos. Asintió con la cabeza y se acercó a él para cerrar la distancia entre ellos.
Shen Yuan lo besó lo más cariñosamente que pudo, esperando transmitirle todo lo que sentía por él en aquel beso.
A pesar de que el contacto no fue breve, decidieron separarse antes de quererlo ya que estaban en un espacio público y no querían llamar demasiado la atención. Eso no evitó que Luo Binghe sonriera enormemente y dejara fluir lágrimas de alegría por su rostro.
Shen Yuan se acercó para abrazarlo, sin importarle aplastar sus dibujos. Luo Binghe se apresuró para quitarlos del camino y estrechar a Shen Yuan entre sus brazos.
—Estoy feliz. A-Yuan es tan bueno conmigo —dijo Luo Binghe a su oído, causándole cosquillas.
A-Yuan.
—Ojalá pudieras verte como yo te veo —. Deseó en serio seguir retratando la belleza de Luo Binghe con sus manos todas las veces necesarias hasta que él mismo pudiera admirarse tal cual era.
—Entonces no dejes de mirarme... Solo necesito tu mirada en mi.
—Nunca —prometió.
Sí, se sentía bien hacer este tipo de promesas por amor.
