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Flores imprevistas

Summary:

Lan Xichen analiza la paternidad y lo que el criar a un niño significa para él. Lan Wangji recuerda a su madre y aprende a decirle que sí a su yo interior. Wei Ying descubre que la maternidad le da una nueva visión de su propia infancia.

 

▪️Fanfic original escrito por exmanhater. Como todas mis traducciones, esta cuenta con el respectivo permiso de su autora para ser traducido por mí.
Nada es mío, todo de la autora y de MXTX.

Notes:

  • A translation of [Restricted Work] by (Log in to access.)

Nota de Autora:  Esta no es una historia narrada ni sigue ninguna línea temporal específica, solo son tres escenas en la vida de LWJ, WWX y LXC y sus vivencias y pensamientos y experiencias con la crianza de sus hijos.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

1. Lan Xichen.

Lan Xichen nunca deseó tener hijos. 

Antes de la guerra, solía pensar vagamente en el matrimonio. Era más como una idea lejana, algo que no podía materializar en un deseo específico. Después de la guerra, se conformó con lo que tenía, en parte aliviado de saber que su tío nunca lo forzaría a casarse sino quería. Los Lan, a pesar de su tendencia a respetar las reglas de su clan sobre todas las cosas, no creían en el matrimonio arreglado, sino por lo que realmente era: una conexión entre dos personas que lo habían elegido. Lan Qiren y Lan Xichen tenían sus propias razones personales para adherirse a esa creencia: un matrimonio sin elección no era un matrimonio, era una prisión.

Los herederos podían conseguirse. Lan Sizhui era el hijo de Lan Wangji en todos los aspectos.

Muy oculto dentro de él y encerrado para nunca decirlo en voz alta y lastimar a su hermana, pensaba firmemente que todo su amor paternal se lo había dado a ella. Había sido forzado a tomar demasiadas responsabilidades a muy temprana edad y sin siquiera estar listo, pero también todos los que conocía. Él no era especial. Hubiera sido cruel y patético lamentarse por ello, y en su adultez, no tenía deseos de traer a un niño al mundo solo porque sí, dadas las circunstancias.

Wei Wuxian le sacó de su silencio. El amarla a ella y amar a su hermana, conociéndola de nuevo a como una vez lo hizo, revivió a Lan Xichen. En el último trimestre del embarazo de Wei Wuxian, se sorprendió por la intensidad de su emoción por el hijo que habían procreado, y el deseo de tener más después de ese. Si bien había aceptado la propuesta por amor a ellas e igual amaría a su hijo de cualquier manera, nunca había soñado con la paternidad en sí. Se sentó con el sentimiento, examinándolo de cerca; sin las sombras del duelo, ya que se permitía imaginar otros escenarios donde pudo haber tenido un hijo. Pero después de varios días de meditación donde el pasado volvió a asentarse en él, no le dejó nada más que una feliz anticipación. 

Así que fue a hablar con Lan Wangji acerca del tema.

—Wangji, yo... —dudó, y su hermana detuvo la contemplación de su té para mirarlo, con la preocupación clara en sus ojos. Lan Xichen se forzó a sí mismo a continuar—. ¿Fui buen hermano contigo cuando eras pequeña? Sé que nunca podré remplazar a nuestra madre, pero...

Lan Wangji dejó su té en la mesa y suspiró, solo un pequeño movimiento de su postura que la mayoría de gente no notaría, no como él.

—Xiongzhang —inició, sus ojos fijos en los suyos con ferocidad. La fuerza golpeó a Lan Xichen por la magnitud de su sinceridad—. Hiciste todo lo que pudiste, y te preocupaste por mí mejor que cualquiera.

—Nunca fuiste una carga —insistió, ya que sabía que Lan Wangji a veces creía que lo era—. Fuiste... eres, una bendición. Pero yo no era mucho mayor que tú, y a veces temo que no hice un buen trabajo; que no estoy preparado para la paternidad.

Lan Wangji negó con la cabeza. —Me abrazaste todas las noches hasta que me quedaba dormida, incluso cuando Shufu te lo prohibió. Te aseguraste que pudiera aprender todo lo que yo quería aprender a pesar de ser mujer. Tú igual eras un niño, y aún así te aseguraste de proveerme todo lo que necesitaba. ¿Acaso no será más fácil ahora que tienes más conocimiento y poder?

Lan Xichen a veces pensaba que, era el poder lo que más le asustaba. Con su hermana había hecho lo que podía, a pesar de que muy pocas cosas habían estado bajo su control. Ahora... ahora era un Líder de Secta. Ahora tenía muy pocos límites de lo que podía hacer por sus hijos.

—Tengo miedo de tomar malas decisiones —admitió en voz baja—. De volver a confiar en la persona equivocada, que dejaré entrar a la gente equivocada en nuestras vidas.

Lan Wangji se movió con rapidez, arrodillándose en el suelo frente a él, sus manos tocando sus rodillas. 

—Has aprendido de tus errores —le dijo con urgencia—. Confío en ti, xiongzhang. Y Wei Ying también.

Lan Xichen le tomó las manos y se forzó a mirarla a los ojos. 

—Necesitaré que creas eso por mí hasta que yo pueda creérmelo —admitió—. Wangji, necesito de tu sabiduría. Por favor déjame usarla por un tiempo, ¿sí? Confío en ti.

Lan Wangji parpadeó para ahuyentar las lágrimas y le apretó las manos. Asintió. Estuvo a punto de hablar otra vez cuando el terremoto conocido como Wei Wuxian irrumpió en el jingshi.

—¡Mis pies me están matando! —exclamó Wei Wuxian—. ¡Lan Zhan! ¡Xichen-ge! ¡Ustedes me hicieron esto, háganse responsables! —Tomó una pausa cuando vio sus expresiones y sus manos unidas—. ¿Está todo bien?

Lan Wangji se puso de pie y asintió, tomando a Wei Wuxian entre sus brazos, abrazándola. —Xiongzhang necesitaba saber que será un excelente padre.

Wei Wuxian asintió entusiasta. —¡El mejor! Pero, Xichen-ge, ¿sabes qué te ayudará a practicar?

Lan Xichen se puso de pie y le sonrió, la duda y miedo desapareciendo por ahora, opacado por el amor de la pequeña familia que han construido. 

—Masajeando tus pobres pies —dijo, ya acostumbrado por haber sido requerido por el mismo servicio con el mismo razonamiento antes.

—¡Correcto! Lan Zhan, qué padre más inteligente tendrá nuestro bebé.

Wei Wuxian pronto se encontró gimiendo de alivio al sentir sus hinchados pies ser atendidos mientras Lan Wangji le masajeaba los hombros, y Lan Xichen no podía esperar para conocer a su hijo.

Sostuvo a Xiuyin por primera vez el día que nació, tomándola en brazos mientras Lan Wangji se la pasaba con cuidado, Wei Wuxian les observaba desde la cama con el agotamiento escrito en su cara. Xiuyin sonreía, y cuando Lan Xichen encontró sus ojos, ella suavizó su sonrisa a una más pequeña.

—¿Es lo que querías, Xichen-ge? —preguntó Wei Wuxian, y a pesar de su tono burlón la pregunta iba en serio. Lan Xichen aún no podía leerla a como lo hacía Lan Wangji, no aún, pero seguía aprendiendo.

—Ella es perfecta —respondió inmediatamente, y miró a Lan Wangji con su propia sonrisa suave, recordando el pasado—. Se parece a ti, Wangji. Aunque hasta el momento ella es más tranquila.

Las orejas de Lan Wangji se sonrojaron y Lan Xichen sintió el orgullo y amor llenándole de igual manera.

—Apenas tiene unas pocas horas de nacida —protestó Wei Wuxian—. Dale tiempo, estoy segura que pronto llegará al nivel de la bebé Lan Zhan.

Lan Xichen se rió y Lan Wangji hizo un pequeño puchero. Alzó una mano para recorrer la peluda cabecita de su hija y observó su rostro aún rojo, arrugado y suave.

El pasado nunca dejaría de dolerle, pero el futuro ya no le deparaba en una nube borrosa sin fin de responsabilidades sin alegría. Ahora, las responsabilidades eran su propia alegría y, sosteniendo a su hija, Lan Xichen ya no temía del poder que poseía para cambiar y amoldar el mundo a las necesidades de su hija.

 

2. Lan Wangji.

Lan Wangji no podía recordar muchas cosas sobre su madre, y lo que recordaba estaba influenciado por su razonamiento adulto de las anécdotas e impresiones de Lan Xichen. Era difícil recordar más y saber qué sentía cuando era niña y qué experiencias había tenido con su madre.

Xiuyin le devolvió algunos de esos recuerdos. Desde hace años Lan Wangji estaba determinada a criar a sus hijos diferente a como la criaron a ella, pero nunca pudo hacerlo por completo con Sizhui. Había estado de luto y sufriendo, tanto física como mentalmente, en sus primeros años bajo su cuidado. Aunque él siempre le aseguraba que había tenido todo lo que necesitaba y más. Lan Xichen lo había criado también, y su constante influencia era notable en el hombre que Sizhui se había convertido. 

Sin embargo, Lan Wangji aún tenía remordimientos.

A-Yin era una oportunidad para Lan Wangji de ser libre. Se dio cuenta de ello lentamente, con el paso de los días y semanas después del nacimiento de A-Yin. Cuando veía a A-Yin dormir feliz en sus brazos, sentía la salvaje urgencia de protegerla. Se preguntaba si su madre habría sentido lo mismo, y esperaba que así fuera. Creía que sí. Su madre no había sido libre para criarlos a su gusto, pero lo intentaba cuando podían visitarla. Lan Wangji se juró a sí misma, observando las suaves respiraciones de A-Yin y la forma en la que su pechito se movía de arriba hacia abajo en sus brazos, que nunca permitirá que nadie le arrebatara a su hija.

Esa noche, cuando A-Yin estaba dormida en su cuna y Wei Ying acurrucada en sus brazos, Lan Wangji lloró. Ella tenía el poder de mantener su promesa, de mantener a A-Yin a su lado. Su madre no lo tuvo. Ahora, tenía una comprensión más clara de lo que debió haber sido para ella y el dolor la invadió, un dolor que palpitaba con anhelo: su madre había sido tan buena y gentil, tan amorosa, pero igual debió haber sentido ese dolor también, sin poder aliviarlo. Lan Wangji lloró por ella, por su madre y por su hermano; tres vidas que fueron forzadas a separarse y el cómo pudieron haber estado juntos si las circunstancias hubiesen sido diferentes.

Wei Ying se removió en sus brazos y alzó la mirada, el sueño desapareciendo de sus facciones al ver las lágrimas silenciosas de su esposa.

—¿Amor? —llamó, y se volteó en los brazos de Lan Wangji para levantar una mano y apartar las lágrimas de sus ojos.

Lan Wangji no podía hablar, se encontraba demasiado lejos de sí misma y esta nueva conexión con su madre, recordando tantos sentimientos, calidez y dolor que no había sido capaz de entender de niña. Acercó a Wei Ying hacia sí, enterrando el rostro en el cuello de su esposa.

Wei Ying comenzó a consolarla, acariciándole el cabello y besándole la frente. 

—Está bien, amor, puedes llorar —susurró—. Estoy aquí, estoy aquí.

Pasó bastante tiempo mientras Lan Wangji lloraba en los brazos de Wei Wuxian. Se sentía casi desintoxicante en una forma en la que Lan Wangji no acostumbraba a lidiar con su dolor; ella siempre había entendido y analizado su propio dolor en el pasado a través de su experiencia con Wei Ying: ayudándola, fallándole y por consecuencia, perdiéndola. Esto era diferente. Ella nunca le falló a su madre y no había ninguna mota de culpa en el luto que le guardaba. Simplemente se sentía triste.

Pudo haber sido diferente, debió haber sido diferente. Lan Wangji exhaló e inhaló la esencia a limpio (gracias al baño) de su esposa. Sería diferente para ellos ahora, se juró así misma. Sus hijos nunca tendrán que batallar para recordar a sus padres, y nada los apartará de ellos. Tenía poder ahora, y el simple hecho le revolvió el corazón. Su llanto disminuyó y luego se detuvo, dejando que Wei Ying la siguiera abrazando hasta calmarse. El dolor nunca se iría (ella sabía de primera mano cómo el dolor se aferraba a uno, invadiendo el cuerpo y la mente incluso cuando no estaba activo) pero ya no la definiría.

—¿Te sientes mejor después de esto? —preguntó Wei Ying, su barbilla enterrándose en la parte superior de la cabeza de Lan Wangji.

Lan Wangji asintió contra el cuello de Wei Ying y besó la piel frente a ella, húmeda por sus lágrimas. Se recompuso y finalmente habló. —Recordé a mi madre.

Wei Wuxian le acarició la espalda. 

—La maternidad le hace cosas raras a la mente —habló, asumiendo correctamente el porqué había surgido el tema—. Soñé con mis padres varias semanas antes que naciera A-Yin. Solo me queda un recuerdo de ellos, pero es uno hermoso. Xiuyin tendrá muchísimos más, tantos que ni siquiera los necesitará, porque siempre estaremos aquí para ella.

Lan Wangji asintió de nuevo. Como siempre, Wei Ying entendía sus necesidades y pensamientos más profundos.

Después de ello, Lan Wangji creó una nueva y simple filosofía: Si Xiuyin quería algo, lo tendría. Si Lan Wangji quería darle algo a Xiuyin, se lo daría sin rechistar. Xiuyin siempre sabría cuánto la amaba, y nunca estará triste. Hacerla feliz sería su propia razón de vivir. No había nada malo en ello.

Wei Ying se rió ante ello cuando Lan Wangji se lo contó. 

—¡Por supuesto que hay algo malo! —exclamó—. A-Yin será una Joven Ama mimada, ¡incluso peor que mi sobrino! No siempre podrá tener todo lo que quiera.

Ella y Lan Wangji tomaban un pequeño descanso después de preparar una sencilla cena para ellas y Lan Xichen. Han estado usando la pequeña cocina en su nuevo hogar bastante seguido por la privacidad que les daba, y hoy era uno de esos raros días donde los tres tenían la tarde libre y podían estar en casa, sin obligaciones que atender.

Lan Wangji sintió su barbilla alzarse, aunque trató de contenerse. —Claro que habrán cosas que ella pueda querer que la van a lastimar. Por ejemplo: no le permitiré que juegue con espadas reales hasta que tenga la edad suficiente.

La falsa indignación en el rostro de Wei Ying se transformó en varias expresiones hasta quedarse en una divertida expresión amorosa. 

—¡Xichen-ge! —alzó la voz, llamando a Lan Xichen, quién estaba alimentando a A-Yin en la otra sala—. ¡Tu hermana está siendo rebelde! Ven y termina este debate.

Lan Xichen entró a la habitación, cargando a Xiuyin, luciendo confundido. —Wangji nunca es rebelde. Temo que necesitaré escuchar ambas versiones antes de dar mi veredicto.

Wei Ying hizo un puchero. 

—Más vale que estés de mi lado esta vez —le advirtió—. ¡Ustedes los Lan son demasiado indulgentes! Dile a Lan Zhan que tenemos que asegurarnos que A-Yin no se vuelva en una niña mimada.

—¿Acaso hay algo noble en negarle a nuestra única hija su felicidad? —dijo Lan Wangji medio bromeando, solo por el placer de molestar a su esposa. La mandíbula de Wei Ying cayó.

—¡Ya viste! —chilló Wei Ying—. ¡¿Ya viste con lo que tengo que lidiar, Xichen-ge?! Claro que tenemos que hacer feliz a Xiuyin, pero ella necesita tener límites también. Así es como sabrá que nos preocupamos por ella.

Lan Wangji entendió de inmediato el porqué Wei Ying insistía con el tema, incluso si lo hacía a su manera juguetona. En su niñez, el ser independiente y responsable de sí misma había sido una carga solitaria para ella, a pesar que lo disfrazaba con una fachada de libertad. 

—Lo sé —dijo, jalando a Wei Ying para besarle la frente—. Y estoy de acuerdo. Solo me refería a que no me negaré a mí misma el placer de ser ese tipo de madre.

Wei Ying se calmó. —Ok. Me retracto. Puedes mimarla todo lo que quieras amor, y yo seré quién pondrá los límites. Así ambas seremos felices y Xiuyin no será un ser humano terrible. ¿Trato?

Lan Wangji asintió. Lan Xichen les sonrió a ambas. 

—Trato —habló Lan Xichen—. Somos tres después de todo. Xiuyin tendrá todos los tipos de padres que necesita.

—¿Serás indulgente también, esposo? —le preguntó Wei Ying, mirándole socarrona—. ¿O serás estricto, como cuando tú y tu hermana me torturan para su propio entretenimiento?

Lan Wangji sofocó una pequeña risa, observando la expresión de su hermano mientras trataba de responder a las bromas de Wei Ying antes de recordar que estaba sosteniendo a su hija. Lan Wangji se apiadó de él y abrazó a Wei Ying, colocándola entre ellos, Xiuyin siendo un pequeño bulto entre los pechos de Lan Xichen y Wei Ying. 

—No tendríamos que ser estrictos si Wei Ying se comportara igual de bien que A-Yin —dijo Lan Wangji.

Lan Xichen se inclinó para besar la frente de A-Yin, y luego la de Wei Ying. 

—Debo admitir que probablemente seré terrible para disciplinarla —confesó—. No podía soportar decirle que no a Wangji cuando era pequeña.

—Y no soy mimada —estableció Lan Wangji, como clara evidencia.

La cabeza de Wei Ying se balanceó de un lado a otro para verlos a ambos. 

—Eres demasiado mimada, Lan Zhan —soltó gruñona, y luego se inclinó contra Lan Wangji, acomodando su cabeza contra el pecho de su esposa—. Y mereces serlo —añadió con un suspiro—. Seamos todos mimados por un rato.

Lan Xichen compartió una suave y gentil mirada con Lan Wangji. 

—Lo merecen —les dijo a ambas, y el corazón de Lan Wangji se apretó con todo el amor dentro de ella, enredado, desastroso e incontrolable. Siempre había sido así para ella, y ya no tenía miedo por ello.

El amor de su madre había formado su corazón antes que su muerte lo cerrara. Lan Xichen y Wei Ying la habían alimentado de diferentes maneras cuando eran jóvenes, forzando pequeñas fisuras que permitieron que la luz regresara antes que Lan Wangji supiera que era posible. Sizhui lo había abierto aún más y le había enseñado cómo vivir dentro de él nuevamente, cómo ser alguien que sentía y amaba.

Xiuyin había abierto completamente su corazón, volviéndose tan lleno y ligero que ni siquiera podía recordar cuán pesado se había sentido por tanto tiempo.

—¿Wangji? —le llamó Lan Xichen, con voz preocupada. Lan Wangji abrió los ojos, sin darse cuenta que los había cerrado.

—Seamos todos mimados y felices —dijo, observando a Xiuyin terminándose su biberón, completamente feliz.

Lan Wangji viviría el resto de su vida sin remordimientos.

 

3. Wei Wuxian.

A-Yin cambió todo lo que Wei Ying pensaba que entendía sobre sí misma y su vida. La primera vez que sostuvo a A-Yin, siendo un pequeño bultito con el rostro más perfecto que ha visto, los pensamientos de Wei Ying se disiparon a una perfecta claridad que nunca había experimentado antes: nunca, jamás dejaría que alguien lastimara a su hija. La avalancha de protección que la invadió fue abrumadora, sin embargo, la reconoció. Era la misma que había sentido con A-Yuan, a pesar que en ese entonces no tenía el poder que tenía ahora para protegerlo. Parpadeó para contener las lágrimas, aún con el cuerpo adolorido y cansado después del parto, se juró hacerlo mejor ahora. Ahora tenía ayuda.

Cuando les contó la situación a Lan Xichen y Lan Zhan, ambos estuvieron de acuerdo. Los tres tenían sus propias experiencias en ser lastimados cuando eran niños, de diferentes modos.

Era fácil proteger a A-Yin cuando era una bebé. Todo mundo la adoraba y era una bebé tranquila, llena de amor para todos. Tenía a Lan Qiren envuelto en su pequeño meñique antes de siquiera cumplir su primer año de edad, e incluso los ancianos que odiaban abiertamente a Wei Ying no se podían resistir al encanto de A-Yin.

Sin embargo, se volvió más complicado conforme A-Yin iba creciendo. Era una niña curiosa e inteligente que quería entender el por qué de todo, al igual que lo fue Wei Ying. A-Yin era consentida por sus padres y la mayoría de la Secta Lan con sus preguntas y su deseo de conocer su alrededor. Wei Ying la observaba con orgullo y felicidad, pero una pequeña parte de ella temía por su hija. ¿Qué pasará cuando esa curiosidad sea malinterpretada por insolencia? ¿Cuándo su energía vivaz sea tomada como irrespeto?

Wei Ying se guardó ese miedo por bastante tiempo antes de entenderlo completamente. El criar a esa pequeña personita que era tan parecida a ella le trajo el incómodo descubrimiento que quizás, ella no mereció el trato que recibió de niña. La primera vez que lo pensó, fue demasiado impactante e insoportable. 

Xiuyin ya tenía la edad suficiente para iniciar con sus lecciones, y las tomaba contenta. Sus maestros reportaban que estaba aprendiendo bien y que obedecía las reglas. Wei Ying espiaba sus clases a veces, escondida en su talismán de hombre de papel. No le dijo a nadie, siendo consciente que dicha acción revelaba más de ella de lo que quería demostrar, incluso a Lan Zhan y Lan Wangji.

Lo que veía era bueno: A-Yin hacía preguntas con respeto y era tratada bien por sus profesores. Sin embargo, trataba de vigilarla al menos una vez por semana, cuando podía dejar su cuerpo seguro en la casa, cuando los gemelos estaban en la guardería y Lan Zhan y Lan Xichen trabajaban.

Entonces, un día Xiuyin cuestionó a su maestra. El tema ni siquiera era importante: Xiuyin no entendía la lógica de las palabras de su maestra y dio su opinión sin miedo. Wei Ying, oculta detrás de un pilar, sintió un pánico repentino e irracional. Se salió del hombre de papel y volvió a su cuerpo de nuevo, abrumada por el miedo. Corrió hasta el aula de clases y entró de golpe, lista para defender a su hija de cualquier castigo. Sin embargo, fue recibida por una ola de pequeñas y sorprendidas caras y una adulta que lucía confundida.

—¿Wei Wuxian? —habló la maestra, reverenciándole con respeto—. ¿Ocurre algo?

Wei Ying jadeó, de pie en la entrada e intentando calmarse. "Xiuyin está bien. No está llorando y no la están castigando. Xichen-ge prohibió los castigos físicos para cualquier discípulo que sea menor de edad, y aunque no lo fuera, dicho castigo debía ser aprobado por él personalmente". Wei Ying sintió las lágrimas formarse en sus ojos y parpadeó para ahuyentarlas.

—No —respondió, tratando de forzar una sonrisa—. No, para nada. Mis disculpas, Lan-laoshi. Solo estaba demasiado desesperada por ver el hermoso rostro de mi hija.

Xiuyin se sonrojó y desvió la mirada para ver a sus compañeros, todos aún eran lo bastante jóvenes para querer a Wei Wuxian y pensar que era cool, y Xiuyin se relajó cuando vio que nadie se estaba burlando de ella por tener una madre tan empalagosa.

—¡Y ahora que la vi, ya me voy! —dijo Wei Ying, despidiéndose de la clase antes de correr de vuelta a casa.

Se dejó caer en el piso y lloró, soltando sollozos profundos y pesados que no sabía que podía hacer. Aún faltaba una hora para que los gemelos regresaran de la guardería, y no quería seguir llorando, pero su cuerpo no se detenía. El miedo y la adrenalina del pánico le hizo romper en llanto, y no supo cuánto tiempo había pasado cuando finalmente comenzó a tranquilizarse.

Recordó un evento similar en su infancia. Ella había cuestionado a Madam Yu sobre algo, con curiosidad. No recordaba qué era, pero sí recordaba el golpe y el sermón que recibió por su "insolencia". Wei Ying intentó imaginarse a sí misma golpeando a Xiuyin, y se sintió tan enferma ante la idea que su cuerpo entero se estremeció. Intentó imaginarse golpeando a cualquier niño, quizás a Jin Chan cuando era niño, ese horrible mocoso, y no podía. Era inimaginable. Entonces intentó imaginarse en la posición de Madam Yu. ¿Qué pasaría si... si Lan Xichen de la nada traía a casa a algún hijo de Jin Guangyao? ¿Y si ese niño era demasiado insolente y rebelde y era mejor que Xiuyin en todo?

Wei Ying se sentó y volvió a romper en llanto, sin poder imaginarse siquiera el ser capaz golpear a un niño, nunca. Sin poder imaginarse cargar al hipotético hijo de Jin Guangyao con la responsabilidad de mantener a Xiuyin segura a toda costa, incluso de su propia vida. Ya no podía seguir convenciéndose a sí misma que había merecido esos tratos en su niñez, que fue afortunada de tener lo que tuvo. No podía conciliar la crianza que Jiang Fengmian y Madam Yu les dieron a los tres con lo que sentía hacia sus propios hijos. Sintió, muy al fondo de su corazón, una furia repentina hacia sus propios padres por haberla dejado sola.

De repente, sintió la necesidad de ver a Jiang Cheng. Las cosas aún seguían tensas entre ellos, a pesar de su genuina disposición en ayudarla con Xiuyin cuando salió embarazada. Le ha visitado varias veces y sus hijos lo adoraban. Wei Ying casi siempre sacaba el tema de la crianza de los niños cuando se veían ya que era un punto seguro y porque adoraba escuchar las historias de cuando Jin Ling era bebé.

Pero tal vez... tal vez era tiempo de tener la plática que más temía. La brecha entre ellos no era solo culpa de ellos, y quizás era tiempo que ambos lo reconocieran. Quizás eso les ayudaría a encontrar un camino de vuelta hacia su antigua hermandad.

Cuando los gemelos llegaron de la guardería acompañados de Lan Xichen, Wei Ying ya estaba más tranquila.

—¡Xiao mama! —gritó A-Xiang, tratando de zafarse de los brazos de su padre—. ¡Mira, hice esto para ti! 

Wei Ying tomó con cuidado el arrugado pedazo de papel y casi se echó a llorar de nuevo ante el dibujo de su familia, hecho por A-Xiang. De sus hijos, él era el que más interés mostraba en la caligrafía y el arte, y a pesar de ser bastante joven para iniciarse en ese rumbo, ya mostraba bastantes aptitudes.

—Esa es Mamá y ese es Baba y esa es jiejie, y esa es A-Ming y ese soy yo —dijo A-Xiang, apuntando a las diferentes figuras en el papel—. Y esa eres tú —continuó, apuntando a una figura más grande que parecía tener una sandía pegada al estómago—, ¡con un nuevo bebé!

Lan Xichen y Wei Ying se vieron sorprendidos. Aún no les habían dicho a los niños que Wei Ying estaba embarazada de nuevo.

—¿Un nuevo bebé? —preguntó Lan Xichen.

—Sí —respondió A-Xiang—. ¡Así me convertiré en gege! ¿Por favor?

Wei Ying rió y lo agarró en brazos. —¡Claro que sí! Trataré de darte un didi o una meimei.

—Quiero una meimei —habló A-Ming, quién seguía acurrucada en los brazos de su padre.

—No, un didi —dijo A-Xiang.

—Será una sorpresa —dijo Wei Ying con firmeza—. Pero amaremos al nuevo bebé de cualquier forma, ¿verdad?

Ambos gemelos asintieron y luego llegaron Xiuyin y Lan Zhan, y el ruido en su pequeño hogar aumentó, envolviendo a Wei Ying, dejándola feliz y contenta y afligida al mismo tiempo.

El pasado ya estaba atrás, ya no podía lastimarla más. El futuro estaba aquí, en la nueva chispa de vida en su vientre, en su familia creciendo sanos y felices, en la posibilidad de arreglar su relación con su hermano. Así que simplemente dejó ir el resto.

Notes:

Nota de traductora: 

¡Hola de nuevo! ¿Cómo van? Esta vez no tardé mucho, ¿eh? Así que no acepto reclamos uwu nah, mentira. Ahora sí, este es el final definitivo de esta serie, ¡y lo que me encantó traducirla! Fue algo complicado por el cambio de perspectivas en las escenas de sexo, pero nada que no pueda resolver😎. En en cuanto vi esta serie en ao3 me dije que sí o sí tenía que traducirla, ocupamos más wangxixian en en fandom en español y lesbian wangxian también, así que heme aquí aportando mi granito de arena uwu.

Espero en serio que les haya gustado, muchísimas gracias por leer, comentar y votar, en serio lo aprecio uwu y nos vemos en la siguiente traducción. 

¡Que tengan bonito día/tarde/noche!

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