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Ashes to ashes

Summary:

Atrás quedan ya los días de los encuentros furtivos; de las capuchas y las gafas de sol y los callejones discretos. Touya ya no tiene motivos para ocultarse, si es que alguna vez los tuvo. La sociedad de los héroes ha caído, ¿por qué iba a ocultar su rostro a la luz del día?

A pesar de las nubes, Touya mira al cielo y sonríe como quien recibe un cálido rayo de sol.

—¿No es curioso? —Un girón de humo escapa de sus labios al hablar—. Como una misma persona puede cambiar el curso de las vidas de tantas otras…

Notes:

Parece ser que no puedo dejar de escribir a estos dos hablando sobre sus infancias de mierda... Qué le voy a hacer. Este shot está inspirado por varias canciones de The Black Parade, concretamente The End., Dead!, House of Wolves, Mama y, sobre todo, Sleep. ¡Espero que os guste!

Miles de gracias a Karen por hacer de beta reader y apoyarme siempre con tanto entusiasmo <3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

A drink

For the horror that I'm in

For the good guys, and the bad guys

For the monsters that I've been

Three cheers for tyranny

Unapologetic apathy

'Cause there ain't no way that I'm coming back again

Sleep — My Chemical Romance

 

El cielo encapotado anuncia tormenta cuando Hawks aterriza sobre la azotea. 

Recuperar el equilibrio no es tan fácil como solía serlo, pero al menos sus alas ya le permiten volver a volar. Algo es algo. Estar restringido al suelo es antinatural para alguien como él. La recuperación ha sido lenta y costosa. Está siéndolo. Cada pluma brota a su propio ritmo, escuece, y es molesto. 

Lo peor fue regenerar la estructura ósea que soporta las alas. Tuvo que hacerlo desde cero, rompiendo el tejido quemado y cicatrizado que cubre su espalda y que solía ser solo piel. El recuerdo de las noches en vela es tan reciente que le remueve el estómago. Cubierto en sudores fríos, noches en las que ni siquiera los analgésicos más potentes hacían efecto. Con el pecho contra la camilla del hospital para evitar que las sábanas tocasen su espalda y apretando los dientes para no gritar hasta que se le entumecía la mandíbula.

Un escalofrío lo recorre de pies a cabeza cuando llega a su nariz el olor a quemado. ¿Es también por lo que recuerda?

Dabi lo espera apoyado contra la barandilla, al borde de la azotea.

No, no es Dabi. Es Touya. 

Con el pelo blanco, y ese brillo febril en la mirada que Hawks no recordaba haber visto antes. La mirada de quien ha perdido el norte, de quien no ve más allá del objetivo. 

Atrás quedan ya los días de los encuentros furtivos; de las capuchas y las gafas de sol y los callejones discretos. Touya ya no tiene motivos para ocultarse, si es que alguna vez los tuvo. La sociedad de los héroes ha caído, ¿por qué iba a ocultar su rostro a la luz del día?

A pesar de las nubes, Touya mira al cielo y sonríe como quien recibe un cálido rayo de sol.

—¿No es curioso? —Un girón de humo escapa de sus labios al hablar—. Como una misma persona puede cambiar el curso de las vidas de tantas otras…

Hawks avanza hasta la barandilla y se detiene a una distancia prudente. A su espalda, las alas se estremecen como si ellas también reconocieran las manos que las calcinaron.

—¿A qué te refieres?

Touya se incorpora, dejando que su mirada se encuentre con la contraria. Al curvar sus labios en una sonrisa, la piel quemada se tensa en sus mejillas. Hawks no recordaba que hubiera tanta la última vez que se vieron. Las cicatrices bajan por su pecho, formando surcos entre las cada vez más exiguas vetas de piel sana, pero no parece que Touya esté dispuesto a taparse más.

—¿Por qué te hiciste héroe, Keigo?

Hawks traga saliva al oír su propio nombre, desvía la mirada y resopla.

—Ve al grano, Touya, ¿por qué querías verme?

Al no recibir respuesta, Hawks vuelve a alzar la mirada. Touya todavía sonríe, aunque esta no se refleje en su mirada. El azul de sus ojos se desvía hacia los edificios destrozados que plagan lo que una vez fue un barrio residencial como otro cualquiera.

—Te hiciste héroe porque, al igual que yo, también tuviste un padre de mierda —dice, dejando la pregunta de Hawks huérfana de respuesta—. No fuiste un hijo deseado. Tu padre era un desgraciado, y un maltratador, y tu madre nunca movió un dedo para proteger a quien la había encadenado a ese hombre. Y fue mi padre de mierda el que te salvó de esa vida, ¿a que sí? —La sonrisa vuelve a sus labios momentáneamente—. Es irónico, cómo el hombre que no supo cuidar de su familia salvó a la de otros. Yo soy un villano por el mismo motivo por el que tú eres un héroe…

Una fría brisa barre del suelo un par de hojas secas. La voz de Touya es apenas un susurro, pero los oídos de Hawks están condenados a escucharlo todo, siempre.

—Si es que puede decirse que eres un héroe.

Touya ríe por lo bajo, devolviendo su atención a Hawks. Es una risa seca, carente de emoción. Puede que en otro momento Hawks hubiera compartido ese sentido del humor ácido, oscuro, pero ahora no puede parecerle más lejano ni más hiriente. Porque, en el fondo, sabe que no hay broma, no hay chiste ni remate. Lo que dice Touya es, sencillamente, verdad.

—¿Cómo sabes-?

—Cuando la Comisión se fue al garete no fue difícil recuperar parte de su información —contesta Touya, encogiéndose de hombros, sin necesidad de que Hawks formule la pregunta—. Y de ti tenían una barbaridad. Todo. Desde tu más tierna infancia hasta el día anterior a su caída. Fuiste un experimento muy querido.

Esta vez es a Hawks a quien casi se le escapa una carcajada amarga.

—¿Me has hecho venir hasta aquí para hablar de que “papi no te quiere”? —replica Hawks, porque la mordacidad es mejor máscara que la ofensa—. No me hagas perder el tiempo.

—¿Por qué? ¿Te da miedo perderlo? —Responde Touya, y esta vez Hawks no sabe si bromea o no—. Soy yo al que no le queda mucho de eso, no tú.

A lo lejos, en el horizonte, las nubes comienzan a oscurecerse. Hawks deja que el silencio se prolongue, que hable por él. Porque no tiene nada más que decir. No cree que haya nada más que decir.

Y, sin embargo, no para a su propia voz cuando esta dice:

—Estás dejando que esto te consuma.

—“Esto” me iba a consumir de todas formas. —Touya alza una mano, herida casi hasta la palma y la examina como si la viera por primera vez—. Desde el momento en el que nací estuve condenado… Solo que nadie lo sabía. Y, cuando ya fue evidente, era demasiado tarde. Mi padre creyó poder hacer un héroe de mí, ¡y mírame! No soy ningún héroe, pero visto lo visto, tampoco creo que sea el peor de los villanos. Todos mentimos y todos hacemos daño por perseguir nuestra meta, da igual que esta sea honorable o no.

—La tuya no tiene nada de honorable.

—¿Cómo que no? —sisea, con una ironía afilada como el borde de una cuchilla—. Solo quiero honrar mi apellido, ¿no es eso honorable?

Hawks aprieta los dientes, incapaz de resistirse a la provocación.

—¿Matando a inocentes por el camino?

—¿Quieres que hablemos de matar? —El silencio cae como un mazazo, y Touya deja que se prolongue, sabiendo que ha tirado a dar—. Lo suponía… ¿Ves? No somos tan diferentes, al fin y al cabo.

Las alas de Hawks se extienden ante la insinuación como si fueran ellas las ofendidas.

—Te equivocas. —Hablando por encima del nudo en su garganta, Hawks consigue a duras penas articular un puñado de palabras. Es ese maldito tiempo, y las medicinas, y el cansancio. No le dejan pensar con claridad—. A ti te da igual matar.

Su mente se nubla, se vuelve espesa y maleable, y algo bulle dentro de su cráneo, pugna por tomar el control por encima de su raciocinio.

—Es cierto. —Sin embargo, Touya no parece asustado. Al contrario, lo observa con una diversión analítica, casi curiosa—. No me arrepiento. No siento remordimientos, ni me he pasado una sola noche en vela pensando en las vidas que he arrebatado. Pero, ¿sabes qué? Me apuesto lo que sea a que tú tampoco. Dices sentirte muy mal y arrepentirte, pero, ¿lo haces? ¿Realmente has dedicado un solo minuto de tu vida a pensar en quienes has matado, número dos ? —La sonrisa muere en los labios de Touya, pero ya se sabe vencedor—. Sé que no, y sé que te gustaría que no fuera así, pero que tampoco lo puedes evitar. Es lo que es. Hay quien vive y hay quien muere, pero a nosotros no nos importa.

Las plumas se erizan en sus alas cuando Hawks se impulsa hacia adelante, con la ira hirviendo bajo su piel. Incapaz de contenerse, arranca una de ellas y la endurece al tacto con su piel para darle filo.

—¡Cállate! —exclama, arrinconado a Touya contra la barandilla—. ¿Qué sabes tú sobre lo que pienso, eh? No sabes nada, tú no… No eres capaz…

—¿De sentir? —Touya, impasible, tan solo se limita a alzar un antebrazo para detener su muñeca . No es que no le intimide el brillo depredador en los ojos de Keigo; sabe de sobra de lo que es capaz. Pero también sabe que Keigo no va a matarlo por una provocación. Al menos no el Keigo que había conocido hasta entonces—. Guarda eso, anda. No vayas a matarme antes de tiempo.

Los músculos de Hawks se destensan abruptamente y retrocede, con la pluma rígida todavía en su mano, pero sin que esta ponga fuerza alguna en sostenerla. El oro líquido de sus ojos parece ensombrecerse cuando se desvían, evitando a Touya. ¿Vergüenza, tal vez? Touya sonríe para sí y siente la tentación de puntualizar lo rápido que ha cedido a la presión, lo impropio que es en él. Keigo, que siempre mantenía la cabeza fría. Que llevó su tapadera hasta el mismísimo final. El espía perfecto, el mentiroso innato.

Sin embargo, Touya decide callar. Darle tregua, aunque no quiera admitir el motivo por el cual decide concedérsela.

—Estás obsesionado… —La voz de Hawks suena ronca, como si cada sílaba se arrastrara por su garganta—. Sabes que estás yendo de cabeza a tu propia muerte, ¿y ni siquiera intentas buscar otra salida? —Cuando se alzan, Touya ve un deje de lástima en sus ojos—. Es una guerra que no puedes ganar. Lo sabes.

Pero su compasión, falsa o verdadera, no surte ningún efecto. Touya se encoge de hombros, indiferente, aunque su voz se suavice al responder.

—No busco ganar esta guerra —confiesa Touya, con voz queda, y Hawks busca en su mirada azul un rastro de sinceridad, de emoción, la que sea—. Voy a matar a Endeavor; lo que suceda después me es indiferente. 

—¿Incluso si mueres?

Touya asiente.

—Ya te he dicho que no busco ganar. —La única emoción que refleja su mirada es la determinación férrea de quien no concibe otro final—. Su derrota es más satisfactoria que mi victoria.

El silencio cae en la azotea, tan solo roto por un trueno lejano.

En el fondo, Hawks sabía de las ideas de Touya. Sabía que no iba a haber otro final, que era imposible hacerlo cambiar de opinión. Esa sí que era una batalla perdida antes de empezar. Y, sin embargo, había albergado una pizca de esperanza, tan solo sostenida por un hilo. Pero Touya la había fulminado sin dejarla siquiera florecer. No hay otra salida. No hay otro final posible.

“Siempre supimos cómo acabaría esto” se dice, sin que sirva de consuelo. Y, sin embargo, Touya no parecía arrepentido. No parecía temer su final, por cercano y violento que fuera. Incluso cuando su carne quemada era presagio de eso. Hawks vuelve a recordar sus noches de hospital y, sin quererlo, piensa en las quemaduras de Touya, en su tirantez, sus bordes sangrantes, los puntos de sutura, las grapas. Piensa en un dolor lacerante, continuo, imparable, inevitable. Un dolor inherente a uno mismo. 

Tal vez, en el fondo, el propio Touya esté esperando la llegada de ese final. Tal vez lleve mucho tiempo esperándolo. 

Cenizas a las cenizas, polvo al polvo. ¿Acaso no compartían todos el mismo destino?

Así que Hawks se limita a asentir. No insiste, ni replica, ni ruega. ¿De qué serviría? No se puede negociar con quien no concibe la posibilidad de cambiar de parecer. No merece la pena invertir esfuerzo en ello.

Y, sin embargo, una pequeña parte de sí mismo se compadece. Al fin y al cabo, Touya tiene razón: no son tan distintos, Keigo y él. ¿Qué hubiera sido de Touya Todoroki si su infancia hubiese sido distinta? Al tratar de convertirlo en un héroe, su propio padre le arrebató una vida que nunca pudo vivir. Touya había heredado un don envidiable… Y un cuerpo que no podía soportarlo. Era dolorosamente irónico.

La misma suerte que había sonreído a Keigo y lo había propulsado a la cima, había evitado a Touya por todos los medios.

—En ese caso —dice Hawks, y sus ojos de halcón escudriñan en un horizonte cada vez más aciago—, debería marcharme. No quiero que me pille un chaparrón; me jode que se me mojen las plumas.

Touya vuelve a dejarse caer contra la barandilla y ríe. De nuevo esa risa hueca. Hawks extiende las alas y las flexiona un par de veces, levantando el aire a su alrededor al batirlas, pero justo cuando se dispone a tomar impulso, la voz de Touya lo ancla al suelo.

—Ah, sí, una advertencia —dice, sin previo aviso, y Hawks mira por encima del hombro, pero Touya ni siquiera lo está mirando. Sus ojos turquesa se pierden en el cielo—: se avecina una tormenta, pajarito. Yo en tú lugar me pondría a cubierto antes de que empiece a llover —Sus ojos oscilan lentamente hacia Hawks, trepando por sus pies hacia arriba, hasta encontrar su mirada. Vuelve a estar ahí, en los ojos de Touya, ese brillo febril. Desquiciado—. Porque esta vez nos barrerá a todos, sin excepciones.

Notes:

¡Gracias por leer! <3
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