Chapter Text
La historia comienza con un joven discípulo de un templo dedicado a un dios olvidado. En aquel entonces, el mundo era lo suficientemente nuevo e inexplorado, por lo que las personas dependían de adivinos para conocer su futuro y de extraños forasteros para saber de los cambios que había en el mundo más allá de sus hogares.
Shang Qinghua había nacido en un pueblo lejano al templo en que actualmente residía; con grandes expectativas sobre sus pequeños hombros durante su niñez, se esperaba de él que se convirtiera en un hombre sabio y desempeñara un alto puesto entre los funcionarios. Sin embargo, estaba escrito en las estrellas, incluso si él no lo supiera, que su papel en la vida iba más allá.
Cuando llegó a la tierna edad de siete años y no demostró interés alguno en el camino que su familia había trazado para él, sus padres le despreciaron y le enviaron para servir en un templo como solía ser la costumbre. Aquel templo en particular, era supervisado por Yue Qi, un hombre de carácter tranquilo que actuaba como protector de todos aquellos jóvenes y que más que un templo para rendir oraciones, había convertido, con ayuda de su compañero Shen Jiu, aquel lugar en un refugio para todos los niños cuyas familias habían elegido abandonar.
Allí se les instruyó en las cuatro artes y aprendieron un oficio con el que pudieran subsistir una vez que abandonaran el lugar. No había grandes lujos o comodidades de las que disfrutar, pero el lugar exudaba paz y hacía a cualquiera sentirse seguro de cualquier peligro. Era curioso entonces, como a Shang Qinghua todo aquello le sentaba mal, sin embargo, no podía quejarse realmente, por lo que se limitaba a disfrutar con lo poco que tenía y se esforzaba por hacerse de un lugar.
Fue durante su quinceavo año en aquel sitio que el cambio que había esperado en su vida tuvo lugar. En un día de fuerte lluvia, al templo llegó una mujer joven y de extraordinaria belleza, de sonrisa pícara y con una lengua afilada, les había pedido refugio hasta que la lluvia amainara, solo deseaba dar un pequeño descanso y alimentarse hasta saciar antes de continuar con su largo camino. El maestro Yue, no viendo peligro en ello accedió, después de todo, la cortesía aún era un rasgo importante por aquel entonces.
La mujer se había cambiado por ropas secas y sentada a la mesa se habían presentado ante ella platos llenos de comida recién hecha. Fideos y pasteles, vegetales y trozos de carne bien cocida, la mujer lo había devorado todo con la misma fiereza con que lo haría un tigre que ha atrapado a su primera presa en semanas. Acompañado de un vino ligero, la mujer suspiró satisfecha una vez que terminó con todo y sentándose para meditar en silencio, se mantuvo inmóvil hasta que Shang Qinghua se hubo acercado para rellenar su copa con más vino.
Apenas y hubo inclinado la jarra cuando la mujer se movió con la velocidad de una serpiente y sujetó con fuerza el brazo de Shang Qinghua, quien sorprendido se quedó inmóvil en su lugar. Los ojos nublados de la mujer, que delataban una completa ceguera, se clavaban con intensidad en el joven discípulo y su ceño se fruncía en una profunda concentración. Los otros discípulos en la sala miraban curiosos, incapaces de decidir si continuar al margen o intervenir, al final, la mujer habló ahorrándoles la necesidad de tomar una decisión.
—La muerte está escrita en cada parte de tu alma muchacho y el destino ha pintado un curioso camino para ti.
Shang Qinghua no se atrevió a contestar, turbado por las palabras aciagas que la mujer acababa de pronunciar. Shen Jiu, que hasta entonces se había mantenido al margen al otro lado de la habitación, decidió intervenir.
—Mis jóvenes discípulos aún son fácilmente influenciables —explicó como quien habla a alguien que se sabe es particularmente estúpido— le pido a la señora que se abstenga de atraer la mala fortuna sobre ellos y de lanzar comentarios que puedan causarles angustia alguna en el corazón.
—Sin embargo, no son solo palabras al viento —la mujer sonrió con malicia y soltó al fin la mano de Qinghua, quien se alejó de ella tanto como pudo.
—Me disculpo por no presentarme antes, pero no pensé que llegaría a ser relevante. En todas partes se me conoce como Madam Meiyin y si alguna vez escuchó mi nombre, sabe que nada más que la verdad es lo que he de decir.
La cara Shang Qinghua se drenó de todo color al escuchar el nombre de la mujer frente a ellos. Por supuesto que había escuchado de ella antes; Madam Meiyin no solo era conocida en el mundo por su habilidad como casamentera, sino que su fama se remontaba a su amplia habilidad de predicción. Ciega al mundo que la rodeaba, poseía el don de mirar al futuro que para las personas había sido escrito; tal era la certeza de sus predicciones que reyes de todas partes acudían en busca de su consejo.
—Curioso, verdaderamente curioso el cómo terminaste aquí —dijo en dirección a Qinghua. —Señor Shen, es un plácido lugar el que ha creado aquí, una verdadera maravilla en este mundo lleno de ambición y malicia, pero dado que ha sido un anfitrión tan atento, es mi responsabilidad devolver su amabilidad.
Los otros jóvenes en la sala miraban inseguros a Shen Jiu y a Shang Qinghua, quienes permanecían a la espera de que la mujer en la mesa continuara. Madam Meiyin se tomó su tiempo, girando una copa de vino en sus manos, esparció el vino en la mesa formando un ligero chaco al que dirigió la mirada, viendo algo que los demás no podían. Cuando habló, su voz era ligeramente ronca.
—Shang Qinghua, cuyo destino ya ha sido escrito, traerá la miseria a este templo. El fuego consumirá los pilares y hará cenizas de cada altar, sus compañeros morirán uno a uno y ni siquiera sus maestros se salvarán.
Hubo una pausa y cierta vacilación en la voz profeta, mientras Shang Qinghua sentía la angustia crecer en su interior, con cada latido de su agitado corazón, un temor naciente de que el resto de la predicción pudiera ser aun peor.
—Pero, todavía existe una forma de evitar tal desgracia. Con ropajes de boda le han de vestir y en lo profundo del bosque le han de abandonar, un velo de novia blanco en señal de luto debe de usar, puesto que habrá muerto para todos aquellos que conoce tan pronto como deje este lugar. Nunca perteneció a este sitio y hasta que no se marche no podrá encontrar el verdadero hogar. Un monstruo de corazón frío está destinado a ser tu marido y a menos que aprendas a evitar el peligro, solo una muerte temprana has de esperar. Puesto que un demonio helado puede salvar tu vida, un demonio helado puede terminar con ella también.
Una vez que las últimas palabras hubieron abandonado su boca, Madam Meiyin se derrumbó exhausta y sus ojos parpadearon como si hubiera salido de un trance. De la mesa chorreaba vino y el silencio en la sala se sentía como si les pudiera asfixiar.
Cuando la lluvia se detuvo horas más tarde y la adivina abandonó el templo, Shen Jiu se reunió con Yue Qi para hablar del altercado. Por tres largas horas se encerraron para deliberar el asunto y aunque la decisión final era obvia, todavía inquietó a Shang Qinghua cuando Yue Qi lo llamó para hablar a solas. Se comportó tan amable como siempre y en un inicio evitó a toda costa mencionar lo que había pasado con la adivina más temprano ese mismo día, pero cansado de fingir que nada ocurría, Shang Qinghua le hizo saber que se iría por su propia voluntad.
Yue Qi no trató de convencerle una vez que le informó de su decisión, y aunque detestaba admitirlo, aquello le había dolido un poco. Aquel templo nunca había sido su hogar, no realmente. Pero todavía había esperado, quizá tontamente, que llegaría a serlo. Aun así no podía culparles, un montón de jovenes a su cargo dependían de él y aunque una vida a cambio de muchas no era un trato exactamente justo, era mejor que la otra posibilidad.
Así, días más tarde Shang Qinghua se encontró solo en lo profundo del bosque de bambú que se extendía por kilómetros a cierta distancia del templo. Un hanfu en rojo y oro vestía su cuerpo y cubriendo su rostro un delgado velo blanco ondeaba con el escaso viento. Su cabello había sido sujetado con una delicada horquilla de jade, él único tesoro que el templo había poseído, ahora un regalo de bodas y también una manera de aliviar las culpas de sus ahora ex compañeros.
Resistió valientemente las primeras horas, sus manos no temblaban pese a la inquietud que sentía y su mente divagó en el sonido de las aves cantando o de los juncos que se agitaban a las orillas de un lago cercano. Estaba completamente solo. La luz del día se extinguió de a poco y una vez llegada la noche e incapaz de resistir más, el hambre y el frío hicieron mella en su determinación.
Tal vez a esto se refería la adivina, pensó, cuando dijo que en mi destino estaba escrita la muerte.
Acostado en el suelo irregular y cubierto de hierba, Shang Qinghua cerró los ojos y esperó. No lo hizo por mucho tiempo, pues ni media varilla de incienso más tarde, sintió a sus espaldas la presencia de alguien más. Podía ver su sombra proyectada sobre el irregular suelo, pero Qinghua no se atrevió a darse la vuelta para verle el rostro.
Le sintió arrodillarse a su lado y escuchó su tranquila respiración. Shang Qinghua estaba cansado y todo lo que deseaba era dormir, pero sabiendo lo que debía hacer, todavía reunió las fuerzas suficientes para hacer las tres reverencias y tomar un trago de una copa de vino (el único alimento, si podía llamársele así, que se le permitió traer). Cuando el acuerdo de matrimonio pudo declararse como hecho, fue que finalmente se desmayó exhausto.
------
Al abrir los ojos, lo primero que notó fue el dosel que cubría la cómoda cama en que se encontraba; una cosa de lo más extraña, pues estaba seguro de que la noche anterior al irse a dormir, lo había hecho estando sobre el duro suelo del bosque de bambú.
Una mesilla al lado de la cama tenía sobre ella un cuenco con agua tibia y una toalla había sido dejada al lado, doblada con extrema delicadeza; Shang Qinghua usó ambas para lavar su rostro y fue cuando notó que su hanfu de boda había sido retirado de su cuerpo, nada más que las túnicas ligeras para dormir le cubrían. Un vistazo más a fondo reveló que tanto el velo como el hanfu habían sido arrojados sin cuidado sobre un escabel y la horquilla que había sujetado su pelo, permanecía intacta en la misma mesilla que el cuenco de agua, que anteriormente había servido para ocultarla.
Podría haberse sentido angustiado por la posibilidad de su virtud robada durante su momento de inconsciencia, pero la falta de marcas de algún toque ajeno sobre su cuerpo lo tranquilizaba.
La habitación en que se encontraba era grande, casi demasiado para una sola persona; de techos altos y con un intrincado mosaico que daba la impresión de formar copos de nieve, las paredes eran de un pálido color turquesa y estaban vacías de todo adorno, sin embargo, la vacuidad de esto se veía compensado por el gran gabinete de madera rojiza al otro lado de la habitación, un biombo se alzaba no muy lejos del mismo y, sobre una mesa de estudio, una bonita caja hecha de plata, bronce e incrustaciones de ágata, contenía pinceles y hojas de papel de excelente calidad. Al asomarse por la ventana, notó que ésta poseía vistas a lo que lucía como un pequeño jardín lleno de rosas que parecían estar hechas de… ¿hielo y cristal?
Shang Qinghua se encontraba pensando en este último hecho, cuando desde afuera de la puerta se oyó a alguien tocar firmemente antes de entrar.
La figura de la nueva persona en la habitación era imponente y un aura helada le seguía, no era que su expresión fuera cruel, sino que derrochaba indiferencia y eso, Shang Qinghua lo sabía, podía ser tan peligroso como un odio profundo. El demonio, porque solo podía ser eso, se acercó a él con la confianza de quien estaba acostumbrado a ordenar y ser obedecido, su cabellera negra sin agitarse ni un poco y el sonido de sus pasos tan sigilosos que nos los habría oído si no hubiera estado guardando silencio.
Este es el hombre que está destinado a ser su esposo, tan orgulloso como atractivo, Shang Qinghua supo quién era al instante, había oído las historias y ahora comprendía las palabras de Madam Meiyin; “un monstruo de corazón frío está destinado a ser tu marido”, había dicho. ¿Quién más, sino el rey del norte, Mobei Jun, podría ser? Es el rey (no, príncipe) a quien los pueblos llaman monstruo, debido a su sangre de demonio, heredada tanto por el padre como por la madre; era también el mismo hombre cuya ascendencia tenía tras de sí una larga lista de sanguinarios enfrentamientos con los humanos.
Sabiendo todo esto, ¿cómo podría Qinghua no sentir temor? Sus alarmas internas le animaron a alejarse cuanto más se acercaba el demonio, pero tan grande como era la habitación, no bastaría para poner una distancia real entre los dos. Cuando Mobei Jun finalmente se paró frente a él y no hubo mayor escapatoria, Shang Qinghua se resignó a una vida de miseria y de dolor.
Mobei Jun pareció notar su amarga expresión y pese a que su mano se había extendido para tocar el rostro de Shang Qinghua, se detuvo a medio camino. Shang Qinghua no se relajó ni un poco, su instinto de supervivencia gritándole como loco para que huyera de aquel sitio de inmediato; pero no podía, porque la única salida aceptable era esa puerta, misma que se encontraba detrás de la imponente figura de Mobei Jun.
El demonio, por su parte, se limitaba a mirarle, había cierta intensidad en sus ojos al observar el rostro aterrado de Qinghua, como si buscara algo allí, algo que sabía que no encontraría, pero que había tenido la esperanza de ver igual.
Habría sido desgarrador, si Shang Qinghua no estuviera tan asustado.
—No hay necesidad de tener miedo, nadie aquí te hará daño y yo no me forzaré sobre ti.
Mobei Jun se alejó unos cuantos pasos y Shang Qinghua agradeció el gesto, la cercanía de aquel extraño le ponía nervioso; tal vez estuvieran casados, pero no había confianza o familiaridad alguna entre ellos.
—Esta será tu habitación a partir de ahora, puedes recorrer el lugar a tu gusto y lo que sea que necesites, los sirvientes estarán a tu entera disposición. Como mi marido, son pocas las responsabilidades que debes cumplir, pero te haré saber con anticipación de cada una, así puedes prepararte para ellas.
Cuando todo estuvo dicho, Shang Qinghua todavía no se atrevió a dar una respuesta verbal, con solo un asentimiento de cabeza, Mobei Jun finalmente abandonó la habitación y Shang Qinghua quedó solo otra vez, un extraño alivio por haber sobrevivido a su primer encuentro ya filtrándose a través de su cuerpo.
..
Tal y como lo había dicho Mobei Jun, Shang Qinghua gozaba de una completa libertad para moverse por todo el palacio a su gusto, aquello lo descubrió lentamente y de a poco. Al inicio abandonaba la habitación solo por las mañanas cuando los pasillos eran más solitarios y los recorría con cuidado de no hacer ruido para no atraer la atención indeseada del algún demonio poco agradable. Sin embargo, luego quedó claro que ni los sirvientes ni ninguno de los cortesanos le harían daño, no porque lo respetaran o algo por el estilo, era simplemente que ni siquiera les importaba, apenas y le prestaban atención al verlo, considerándolo inferior por ser un humano.
Sus limitadas interacciones habían sido más groseras que amenazantes, lo que le dio la confianza para pasearse por el lugar a su gusto. Un sirviente personal, él único que le daba un trato mínimamente agradable, se le había asignado para cumplir con todos sus caprichos, que a menudo se limitaban a pedir explicaciones sobre el funcionamiento del lugar
A Shang Qinghua le gustaban particularmente los jardines, casi nada estaba realmente vivo allí, puesto que eran pocas las flores que podían adaptarse a un clima tan helado, menos aun con tan pocos cuidados (pues los demonios no eran grandes partidarios de la jardinería en primer lugar). Pero había cierta belleza aun en aquella vegetación artificial que le daba una extraña sensación de tranquilidad, él mismo no era una persona que disfrutara de aquel tipo de clima; pero si incluso aquellas flores eran capaces de sobrevivir en tal ambiente, había una pequeña posibilidad de que él pudiera lograrlo también.
Sospechaba que Mobei Jun sabía de su preferencia por aquel lugar, porque cada mañana a su habitación los sirvientes presentaban un arreglo hecho con flores de hielo y escarcha. A veces, en lugar de flores, recibía charolas llenas de dulces y fruta confitada.
Shang Qinghua no confiaba en sus intenciones; la vida le había enseñado que las cosas buenas rara vez son gratis. Sin embargo, todavía se encontraba sonriendo ante la vista de tales regalos, conmovido en secreto por el amable gesto del demonio a quien no veía a menudo, puesto que éste trataba de darle su espacio.
A veces, Mobei Jun era lo suficiente audaz como para invitarlo a dar un paseo por los jardines del palacio. Shang Qinghua no era un gran entusiasta de esto, pero asustado de negarse, lo complacía con su compañía durante sus caminatas. Las primeras veces habían sido incómodas para ambos, caminando en silencio y evitando sus miradas; aquellos días Qinghua solo deseaba que apresuraran el paso para terminar cuanto antes y regresar a la comodidad de su habitación.
Pero no importa cuán incómodos fueran aquellos momentos, Mobei Jun continuó insistiendo en ellos. Entonces, una tarde cerca del final de su aburrido recorrido, un sirviente había llegado corriendo con una delicada caja en sus manos. Se había detenido a unos metros de distancia de donde ellos estaban parados y no avanzó de nuevo hasta que Mobei Jun asintió con aprobación. El sirviente era joven, más joven que la mayoría de todos modos, y al parecer también se encontraba nervioso.
Más tarde descubriría que el contenido de la caja era un regalo que Mobei Jun había encargado a un artesano famoso en el reino humano, lo había pedido con meses de antelación y había ordenado explícitamente que se tratara al objeto con delicadeza al momento de entregarlo. El pobre sirviente, conocedor de la responsabilidad que implicaba, no pudo evitar preocuparse y aunque llegó con facilidad a su encuentro, cometió un error en la recta final.
Cuando dio un último paso adelante, su pie perdió fuerza y tropezó. La caja que contenía el valioso regalo salió volando de sus manos sin que pudiera atraparla, se estrelló con estrépito contra el piso y debido al impacto, el set de pinceles de punta fina y mango de ébano tallado a mano que contenía la caja, se deslizó al exterior. El silencio se hizo incluso más pesado entonces, el sirviente estaba pálido y parecía como si fuese a comenzar a llorar en cualquier momento, más con un autocontrol digno de admiración; el sirviente se acercó para recoger los pinceles del lugar donde habían caído en el suelo, afortunadamente aun intactos.
Con prisas, el sirviente había recogido la caja también y colocó los pinceles en su interior, luego, fingiendo que nada pasaba había ofrecido la caja con el regalo a Mobei Jun. Pero cuando hizo la correspondiente reverencia, caja aun en mano, fue demasiado distraído con la distancia a la que sostenía el regalo en sus manos y terminó golpeando con ella en la cara a Mobei Jun.
La cara del sirviente se puso incluso más pálida que antes, manos temblorosas y ojos llorosos. Shang Qinghua sabía que era algo muy grosero de hacer, pero todavía no pudo evitar reír por su expresión y lo ridículo de la situación. Era la primera vez que reía desde que estaba en aquel lugar, sonaba alegre y despreocupado; Mobei Jun lo notó al instante, sorpresa en sus ojos y felicidad en su corazón.
Mobei Jun había despedido al sirviente para que regresara a su puesto y había entregado él mismo el regalo. Cuando lo tomó en sus manos, Shang Qinghua no reía, pero el rastro de su anterior sonrisa aún permanecía. Aquello le había dado a Mobei Jun el valor para hablar; le contó sobre el regalo y lo que había hecho para conseguirlo, le preguntó a Qinghua si le gustaba y sobre cómo había sido su día. Eran charlas sin mucha importancia, pero seguían siendo mejor que el anterior silencio, Shang Qinghua habló poco al inicio, pero conforme las preguntas continuaban y el interés en los ojos de Mobei Jun permanecía, se sintió alentado a hablar más.
Aquello marcó la pauta que daría inicio a su verdadera relación. Habían estado casados por un tiempo, pero fue hasta ese momento que comenzaron a intentar conocerse de verdad. Fue un proceso lento, el descubrirse y aprender a confiar de a poco el uno en el otro. Sus paseos conjuntos les proporcionaron la excusa perfecta para ello, y luego un día y sin saberlo, Shang Qinghua se encontró esperando por ellos con entusiasmo.
..
La primera verdadera responsabilidad como cónyuge se le presentó a Qinghua dos meses más tarde, en la forma de un elegante baile en honor a Mobei Jun. El baile sería una celebración por el cumpleaños de Mobei, y como su consorte, era deber de Qinghua de organizar el evento y asegurar que nada saliera mal. Para ayudarle, Mobei Jun había puesto a su disposición a todos los sirvientes que quisiera, pero Qinghua solo había recurrido a la ayuda de uno; después de todo, si había alguien que supiera como manejar grandes asuntos que requirieran de una detallada organización, ese era Shang Qinghua, quien en su niñez había sido instruido en tal negocio.
—Cuantos menos sean mejor —le aconsejó el sirviente al ver la lista de invitados—a Junshang no le gustan los grandes eventos.
— ¿Eh? ¿Entonces por qué celebra uno en primer lugar?
—Política.
Y luego, porque los chismes no eran únicamente inherentes a los humanos, el sirviente agregó en voz baja:
—A Junshang no le gustan las celebraciones de este tipo, pero la etiqueta dicta que aun así debe ofrecer un baile en honor a la fecha.
— ¿Por qué no le gustan?
—Éste duda que alguien aquí lo sepa, parece que es solo algo que siempre ha sido así.
—Entonces, ¿le desagradan las grandes multitudes o es que no disfruta de las fiestas en general?
—A Junshang le agradan muy pocas cosas. Es bueno que el matrimonio no parezca molestarle más.
Ante eso, Shang Qinghua, quien solo había tenido la mitad de su concentración en la conversación, finalmente prestó atención.
— ¿Qué quieres decir? ¿Él no… no de deseaba casarse?
— ¿Junshang? Ésta sirviente lo duda. Junshang nunca mostró interés en los candidatos que se le presentaron antes, pero debido a las tradiciones era natural que al final ocurriría de igual forma.
— ¿Qué tradiciones?
—Éste se disculpa, a veces olvida que el consorte real no creció aquí. La ley dicta que para poder heredar el trono, Junshang debe casarse primero.
—Entonces… ¿debe de estar casado para poder ser rey?
—No necesariamente. Basta con que haya contraído matrimonio al menos previamente a la coronación, una vez declarado rey, Junshang puede disolver el matrimonio si así lo desea.
—Si se disolverá igualmente, ¿no es inútil casarse siquiera?
—Es simbólico y una tradición ya obsoleta, se supone que si el heredero de la corona puede asumir un compromiso tan serio como el matrimonio, significa que será igualmente comprometido con su reino. A veces los matrimonios perduran incluso luego de la coronación y otros terminan ese mismo día.
El sirviente miró a ambos lados, antes de acercarse más a Shang Qinghua para continuar en voz baja.
—En aquel entonces, el padre de Junshang robó a la esposa de su hermano, Linguang Jun, días antes de la coronación. El título de rey le correspondía por derecho, pero dado que no estaba casado, sería su hermano, quien ya tenía una esposa, el que se volvería rey.
— ¿Y entonces?
—Bueno, una vez que robó la esposa de su hermano, y hubo cumplido con el requisito, el padre de Junshang pudo volverse rey sin problemas; sin embargo, esto fue mal visto por todos, ¿sabe?
Shang Qinghua asintió en silencio y animándole a continuar; esta clase de chisme dentro de la corte, era lo más interesante que había oído en días.
—Luego, los padres de Junshang permanecieron juntos hasta su muerte, eso fue lo único que aplacó el descontento de los pobladores —el sirviente hizo una mueca de disgusto—, la ley no obliga a los reyes a continuar con su matrimonio, pero si no respetan incluso eso, ¿cómo puede su pueblo esperar que se preocupen por ellos?
— ¿Así que… deben mantener las apariencias?
—Por supuesto, al pueblo le gusta ver que sus gobernantes mantienen una buena relación. Si hay armonía en el palacio, habrá paz para el pueblo.
—Ya veo.
Sabía desde su primer día en ese lugar que su presencia allí solo podía tener alguna razón subyacente, pero no había esperado una de tal calibre. Los demonios tenían una y mil costumbres extrañas a las que todavía se estaba acostumbrando, sus leyes y su política eran ineludibles pero fácilmente manipulables si se sabía cómo usarlas en favor propio.
Debido a que Shang Qinghua cumplía con los requisitos mínimos necesarios para ser el consorte del rey, Mobei Jun lo había llevado allí para obtener la corona, eso estaba claro. Lo que no podía comprender, era por qué de entre todas las opciones disponibles lo habría elegido a él. No tenía títulos o alguna posición envidiable que resultara ventajosa a Mobei Jun, tampoco tenía dinero y aunque era consciente de que su rostro era agradable a la vista, no era ni de cerca el más agraciado en el reino.
Lo que sólo podía significar que estaba allí porque Mobei Jun necesitaba a alguien fácilmente desechable, del que pudiera deshacerse tan pronto como la corona hubiera sido puesta en su cabeza. Aquella vida cómoda en la que fácilmente se había deslizado en las últimas semanas tenía fecha de caducidad y tan pronto como cumpliera su plazo, sería echado a la calle sin ninguna consideración.
Una mueca de preocupación fue pintada en su rostro al pensar en ello y el sirviente al notarlo rápidamente trató de consolarlo.
—El consorte real no debe preocuparse, es obvio para cualquiera que Junshang le adora, por lo que incluso cuando consiga la corona, no hay posibilidad de que termine su matrimonio.
—Seguro que no —sonrío Qinghua, pero en su mente mil ideas ya comenzaban a dar vueltas.
Más tarde ese mismo día, luego de una comida ligera acompañada con los habituales dulces que Mobei Jun había enviado; Shang Qinghua habló con un montón de personas que requerían de su instrucción.
Los demonios eran criaturas sencillas, poco interesadas en la etiqueta o las reglas básicas de la cortesía, pero dentro de la nobleza, esto cobraba mayor importancia. Qinghua eligió los platillos que se servirían y las decoraciones para el gran salón del palacio, revisó personalmente el presupuesto asignado al evento y comprobó los materiales que habrían de conseguir.
Para cuando la tarde dio paso a la noche, con cansancio en sus huesos se dirigió al salón donde un plato de comida le esperaría seguro. En cambio, se encontró con otro sirviente esperando por él.
—Junshang solicita su presencia —le informó, antes de darse la vuelta comenzar a caminar, confiado en que Qinghua le seguiría.
A través de los largos pasillos, Shang Qinghua caminó con desgana y una cara de molestia, todo lo que deseaba era comer algo y luego ir a dormir. En cambio, se había ganado una audiencia con Mobei Jun para tratar quién sabe qué. Honestamente hablando, Shang Qinghua dudaba que fuera algo tan urgente que no podría esperar hasta el día siguiente, pero sabiamente mantuvo la boca cerrada y siguió al demonio.
El sirviente le llevó hasta las puertas de una de las salas privadas de Mobei Jun, donde sabía que solía reunirse ocasionalmente con sus subordinados para tratar asuntos del reino. Incluso si aún no era oficialmente el rey, actuaba como uno y se aseguraba de administrarlo todo responsablemente, a Shang Qinghua le gustaba aquello de Mobei Jun.
Cuando entraron al salón, seis demonios además del propio Mobei Jun, ya se encontraban allí, tres de ellos enfrascados en una acalorada discusión. Solo Mobei Jun reconoció su presencia y le hizo un gesto para que tomara asiento a su lado, luego indicó al mismo sirviente que lo había guiado hasta allí que colocara un plato con comida frente a Shang Qinghua.
Mientras disfrutaba del delicioso platillo, Mobei Jun se encargó de comunicarle la razón de la reunión. Había disturbios en el reino y aunque los demás demonios presentes no estaban exactamente de acuerdo, Mobei Jun, quien le había visto cumplir con cada uno de sus trabajos con diligencia, quería escuchar lo que Shang Qinghua opinaba al respecto.
Con la conversación que había tenido con el sirviente sobre la coronación de Mobei Jun, aun fresca en su memoria; Shang Qinghua consideró bien su respuesta antes de compartirla. Esta era una oportunidad que no podía desperdiciar. Lo había decidido, iba a demostrarle a Mobei Jun que podía serle útil, incluso si no lo era como consorte, así una vez terminado su plazo, tal vez, podría convencerle de permitirle quedarse como un consejero o como su asistente personal. No era una mala perspectiva en comparación con la de ser echado a la calle y abandonado a su suerte.
—Es necesario distribuir más comida a las regiones bajas y enviar patrullas para controlar los enfrentamientos en la frontera con el reino del sur.
—No hay muchas provisiones para enviar.
Los consejeros presentes no tardaron en encontrar oposiciones a su idea, disgustados por su mera presencia, no tenían intenciones de acatar sus órdenes. Shang Qinghua había lidiado con personas así antes y no planeaba rendirse tan fácilmente, no cuando su futuro dependía de ello.
—Los nobles de la región podrían proporcionarlo, han estado despilfarrando recursos sin medida, dado que fue su mala administración la que provocó el problema, bien podrían arreglarlo también.
—No estarán contentos.
—Son súbditos leales del próximo rey, no es necesario que se alegren con cada orden, basta con que las acaten.
—Eres un simple humano, ¿qué sabes tú de administrar un reino?
—Sé que di una posible solución —respondió envalentonado— que es más de lo que han hecho hasta ahora.
A su lado Mobei Jun pareció complacido y Shang Qinghua se emocionó. Conforme la noche avanzaba y la comida se agotaba, continuó dando su consejo, regocijándose en el conocimiento, de que de hecho, era bueno para esto, y absolutamente seguro de que bajo el escudo de Mobei Jun, ninguna de sus palabras tendría retribución negativa.
Tal vez lograría hacerse un lugar allí en verdad.
A partir de entonces el trabajo de Shang Qinghua aumentó, su opinión cobró importancia en los asuntos de Estado y aunque no siempre tenía una solución para todo, era un buen aprendiz, sabía cómo buscar respuestas donde los demás consejeros eran perezosos para verlas. Aquello limitó sus horas libres e incrementó las que tenía que compartir junto a Mobei Jun, no le molestó; estar más tiempo con su marido significaba más tiempo para demostrarle lo útil que era y para intentar ganarse su simpatía.
Conforme los días pasaban, descubrió que ni siquiera era tan difícil, tan estoico como podía ser en ocasiones, Shang Qinghua encontró que disfrutaba de la compañía de Mobei Jun. Hablaba poco, sí, pero su lenguaje corporal era fácil de leer una vez que te familiarizabas con él, y de todas formas, parecía que no le molestaba escuchar las divagaciones de Shang Qinghua. Incluso le respondería a veces y serían capaces de mantener una conversación más bilateral.
Otra buena ventaja de todo aquel asunto fue el repentino poder que Shang Qinghua pareció ganar. Los demonios, que lo habían considerado más como un juguete del que su futuro rey se aburriría pronto, le trataban ahora con mayor respeto. Lento pero seguro, había comenzado a demostrar su valor y con la seguridad de que a su marido le agradaba lo suficiente como para hacerlo parte de las decisiones del reino, Shang Qinghua finalmente pudo moverse por entre las paredes del castillo con la confianza de que, al menos de momento, todo aquello también era suyo.
..
Cuando el día del baile llegó al fin, Shang Qinghua se encontró respirando tranquilo y con la confianza de que todo estaba destinado a salir bien, bastaba con dar un vistazo al lugar para notarlo. A su alrededor los invitados reían y bebían, mientras disfrutaban del entretenimiento que había preparado. Los sirvientes eran eficientes en su trabajo y se ocupaban de seguir rellenando las copas.
Mobei Jun aun no aparecía, pero probablemente no tardaría mucho en hacerlo. Viendo que todo marchaba bien y que había cumplido con la tarea que se le había encomendado con éxito, sintió que podía darse el lujo de descansar un minuto y unirse a la celebración para divertirse al igual que los demás.
Con paso decisivo avanzó hacia la mesa en que residían los postres, cuando una mano en su hombro le retuvo y le hizo volverse de golpe. Allí, el tío de Mobei Jun le miraba con interés. Aquello le incomodó, Linguang Jun tenía una particular habilidad para inquietarlo incluso sin la necesidad de interactuar con él.
— ¿Vino? —le ofreció el demonio una copa.
Shang Qinghua la aceptó curioso, no se había relacionado mucho con Linguang Jun desde su llegada al reino del norte, pero era consciente de la tensión existente entre el hombre y su sobrino. Más importante aún, conocía la disputa no tan secreta que mantenían por el derecho al trono, así que no sería una mentira decir que Shang Qinghua sospechaba de sus intenciones.
Agradeció la copa de todas formas, lo último que necesitaba aquella noche era ofender al hombre y causar un alboroto. Linguang Jun asintió por toda respuesta y luego se fue igual que como había llegado, discreto y en silencio. Shang Qinghua, poco interesado en analizar sus acciones en ese momento, se decidió a ignorarlo y llevó la copa a sus labios para dar un trago, o lo habría hecho, si una mano no hubiera salido de la nada para arrebatárselo.
—No bebas eso.
— ¿Eh?
Mobei Jun, de pronto a su lado, intercambió la copa por otra que arrebató a uno de los sirvientes y la ofreció a Qinghua. —No aceptes nada de nadie que no sea yo, ¿entendiste?
Ligeramente confundido, pero no dispuesto a contrariarlo en su celebración, Shang Qinghua aceptó sin discutir. La mirada de Mobei Jun se mantuvo sobre Shang Qinghua todo el tiempo mientras bebió el vino, e incluso después como si estuviera esperando por algo.
Parecía inquieto, o tal vez molesto, ¿quizá estaba aburrido con el bullicio del lugar? Incluso si acababa de llegar, no sería sorprendente, después de todo, Shang Qinghua ya había sido advertido de que a su marido no le gustaban aquel tipo de eventos. Al final, nervioso por todo el asunto, Shang Qinghua dejó la copa, ahora vacía, a un lado e hizo un gesto hacia la salida.
—Tal vez… ¿podemos salir un momento?
—Mm.
Afuera del salón el aire era más frío, pero la tranquilidad que venía con alejarse del bullicio le sirvió para aclarar la mente. Mobei Jun lo condujo por entre los enrevesados caminos del jardín y hasta detenerse junto a una fuente hecha de piedra caliza. Aunque era la primera vez que estaba en aquel lugar, algo todavía le hizo detenerse en seco para observar con mayor cuidado.
—Es curioso, esto se siente familiar.
— ¿El jardín?
—No solo el jardín.
Había esa extraña sensación, como una memoria olvidada, un recuerdo viejo de haber estado allí con anterioridad. Podría fácilmente atribuirlo a sus ocasionales paseos diurnos a los alrededores del lugar, pero había algo diferente en ello. Trató de aferrarse a la imagen que su cerebro intentaba crear, pero tan pronto como parecía que cobraría sentido, la idea se fragmentaba y no lograba recordar la razón por la que le resultaba tan ordinario.
—Estar aquí juntos, se siente como si fuera algo habitual, ¿tiene sentido?
—Sí.
Shang Qinghua pensó que solo le estaba dando la razón para hacerle feliz y sonrió divertido, el sentimiento de familiaridad olvidado. —Oye Dawang, aún falta mucho para que la celebración termine, ¿por qué no nos quedamos aquí hasta entonces?
Sé que no lo estás disfrutando igual, fue lo que no se dijo, pero Mobei Jun lo entendió de todas formas. Shang Qinghua se sentó en la fuente y animó a Mobei a hacer lo mismo; solo ahora Qinghua lamentó haber dejado el vino atrás, pero sabía que estaría bien sin él igual.
Mirando a sus alrededores en busca de algo que le ayudara a iniciar una nueva conversación, sonrió cuando encontró uno al que se podía aferrar.
—Esa constelación de allí, ¿la conoces Dawang? —Preguntó hablándole por el título con que tan fácilmente se había acostumbrado a llamarle. — Solo puede verse en el invierno. Y esa otra, justo allí, esa puede verse en cualquier época del año.
Si Mobei Jun era consciente de todo aquello, no lo mencionó, permaneció en silencio mientras Qinghua señalaba al cielo y le contaba lo que sabía acerca de las constelaciones.
Le habló de héroes caídos y amantes separados, de hermanos perdidos y de las grandes tragedias que les ganaron un lugar en el cielo nocturno. No tenía grandes conocimientos sobre los astros, pero tenía talento para narrar historias y eso le valió la atención de Mobei Jun por las horas que le tomó acabar. Ni siquiera la temperatura cada vez más baja le impidió hablar, no con las muchas capas de ropa que se había acostumbrado a vestir allí, e incluso si no fuera así, cuando dio el mínimo indicio de tener escalofríos, Mobei Jun se aseguró de compartir su capa de piel de zorro con él.
Aquello les obligó a sentarse más juntos e hizo a Shang Qinghua más consciente de su compañía también. Mobei Jun no pareció incómodo con la situación y aquello solo lo alentó. Se relajó en la compañía del hombre y disfrutó de aquella rara sensación de familiaridad que compartían, no le tomó mucho tiempo sentirse con la libertad de buscar una posición más cómoda y cuando recargó su cuerpo contra uno de los hombros de Mobei Jun, ni siquiera sintió que fuera un gesto extraño.
Hombro con hombro, en la seguridad de la escasa luz y rodeados del calor de la capa de piel, sobre la superficie de piedra de la fuente, una de las manos de Mobei Jun encontró la fácilmente suya y la sostuvo. Parecía una acción tan natural, que ni siquiera se les ocurrió comentar al respecto.
Para cuando el baile dentro del palacio hubo terminado y todos los invitados se habían marchado, Mobei Jun aun escuchaba atento a todo lo que Shang Qinghua tenía para decir, manos entrelazadas, se sintió feliz.
..
La próxima vez que las responsabilidades de Shang Qinghua como consorte real tomaron un camino diferente del originalmente planeado, aunque en un mal sentido en esta ocasión, fue durante una procesión. De todos sus trabajos como consorte, el que Shang Qinghua más odiaba era el de asistir a las procesiones reales. Las horas interminables de montar a caballo en un camino cubierto de nieve y soportando el viento frío en el rostro, le hacían querer romperse una pierna solo para tener una excusa para no asistir.
Como si eso no fuera suficiente, Linguang Jun había elegido aquel día para expresar sus deseos de acompañarles. Mobei se había negado bajo la excusa de que el viaje ni siquiera era muy relevante, solo un paseo a las ciudades bajas para asegurarse de que todo marchaba bien entre su gente. Su tío había insistido igualmente, pero al final el deseo de Mobei Jun prevaleció y el hombre fue dejado atrás, lo que debería haber puesto fin al asunto, pero en realidad solo había dejado a Mobei Jun en un estado de intranquilidad y tensión.
Shang Qinghua había intentado hablar con él para preguntar que estaba mal, pero el demonio solo negó con la cabeza y siguió adelante. Incapaz de hacer algo para ayudar si no se lo permitían, Shang Qinghua buscó algo (que no fuera hablar con Mobei Jun, como usualmente hacía) para distraerse, no había muchas opciones en realidad.
La caravana era pequeña, apenas seis guardias además de Mobei Jun y él mismo, por lo que un carruaje era innecesario y todos estaban obligados a montar su propio caballo. Shang Qinghua ni siquiera tenía que dirigir al suyo, el animal era lo suficiente listo como para seguir al de Mobei Jun, que estaba a solo un metro por delante de él; lo que le daba la oportunidad de mirar el escaso paisaje que les rodeaba.
Solo árboles se observaban en la lejanía, altos y con las copas cubiertas de nieve, carámbanos de hielo se aferraban precariamente a algunas de las ramas más ralas y de vez en cuando algún animal se asomaba por entre los trocos en busca de comida. Shang Qinghua había estado siguiendo con la vista a un pequeño zorro alce de blanco pelaje que parecía correr a la par de sus caballos y que de vez en cuando tallaba sus cortas astas contra los troncos de los árboles dejando una marca en estos, marcando el territorio como suyo.
Fue solo porque estaba tan absorto en mirar al zorro, manteniendo con el animal una especie de juego de escondidillas del que solo Qinghua era consciente, que lo notó en primer lugar. Un centelleo de algo brillante que se movía por entre los árboles. O más bien, ocultándose tras de ellos. Cuando el destello de lo que solo podía ser metal pulido pareció comenzar a acercarse, Shang Qinghua entró en pánico y apeó su caballo para alcanzar a Mobei Jun.
— ¡Dawang, cuidado!
Ni siquiera pensó mucho en ello antes de actuar, todo lo que sabía era que debía hacer algo antes de que fuera tarde. Estando a tan solo centímetros del caballo de Mobei Jun, Shang Qinghua se las arregló para saltar de su propio caballo y estrellarse contra Mobei Jun, tirándolos a ambos al suelo. El silbido de una flecha cortó el viento tan solo unos segundos después y Shang Qinghua sintió un ligero escozor comenzar a crecer a lo largo de su mejilla derecha.
Los caballos se encabritaron asustados entonces y todavía en el suelo, Mobei Jun rápidamente se movió para cubrir con su cuerpo al de Qinghua cuando una lluvia de flechas llegó tras la primera. Ninguna logró alcanzarles, ocultos parcialmente por uno de los caballos (que recibió una flecha en la grupa) y medio hundidos en la nieve como estaban; tras esa primera oleada no hubo más flechas. De los guardias que les acompañaban, tres cabalgaron con prisas al lugar del que habían sido disparadas. Uno más se encargó de calmar a los caballos de Qinghua y Mobei, mientras que los últimos dos se apiñaban a su alrededor en un intento de escudarles.
Durante todo ello, Mobei Jun los puso de pie a ambos y continuó con su cuidadoso examen visual a Shang Qinghua, en busca de alguna otra herida a parte de la que había en su mejilla. — ¿Estás bien?
Shang Qinghua lo consideró bien antes de responder, la flecha parecía no haber estado envenenada y dado que había caído parcialmente sobre Mobei Jun hace un momento, tampoco tenía ningún golpe grave. Casi pudo sentir la tensión de Mobei Jun desaparecer de sus hombros al recibir la confirmación de su bienestar.
—Llévatelo y mantenlo a salvo —le ordenó Mobei Jun a uno de los guardias luego de ponerse en pie— y si algo le pasa, mejor que sea porque has muerto.
El guardia asintió ante la orden y Mobei Jun apresuró a Qinghua para montar en su caballo de nuevo.
—Dawang, espera…
Pero Mobei Jun ya había montado en su caballo y se había alejado, por lo que ante la mirada inquieta del guardia, solo pudo hacer lo mismo y cabalgar lejos de aquel lugar.
La herida en su mejilla era bastante superficial y tan solo hizo falta limpiarla al regresar, ni siquiera dolía y era poco probable que dejara una cicatriz, lo que Qinghua agradeció en secreto. Mobei Jun no regresó hasta horas más tarde, había ido directo de los establos a la habitación de Shang Qinghua para asegurarse de nueva cuenta que estuviera bien, algo que Shang Qinghua consideró que era innecesario, él sabía cuidarse bien, pero todavía apreció el gesto.
— ¿Encontraron al culpable?
—No.
Su voz estaba carente de emociones, pese a que Shang Qinghua sabía que aquella trampa los había tomado por sorpresa a los dos y que si no la hubiera detectado a tiempo, era probable que ambos hubieran muerto. Lo que consideró que debería preocuparle al menos un poco.
—Lo resolveré.
Y Shang Qinghua sabía que lo haría, porque era Mobei Jun, a estas alturas ni siquiera necesitaba una razón para dudar de su palabra. Pensando en su reacción durante el ataque en el camino, se le ocurrió que incluso si Mobei Jun no le quería, todavía era importante para él que Shang Qinghua continuara vivo, al menos hasta el día de la coronación. La idea le generaba un sentimiento incómodo al que no podía nombrar del todo, pero se obligó a ignorarlo todo lo que pudo.
Sabía desde el inicio que Mobei solo se preocupaba por el en la medida en que lo necesitaba para asegurar su corona y eso estaba bien. De verdad que sí, Shang Qinghua quería ayudarle a lograrlo, si después de eso, era echado a la calle cual producto que ha perdido su utilidad… bueno, ya lo resolvería cuando llegara el momento.
Mobei Jun se quedó el resto de la tarde haciéndole compañía y cuando la hora de la cena llegó, mandó a los sirvientes a que llevaran la comida a la habitación para que no tuvieran que salir. La atmósfera se tornó más tranquila pasadas las primeras horas y Shang Qinghua se encontró cómodo con la presencia del demonio a su lado, algo que en sus primeros días de conocerse habría resultado inconcebible.
No hablaron mucho, pero sostuvieron sus manos entrelazadas en un gesto de complicidad que hablaba de lo mucho que deseaban que él otro confiara en que todo estaría bien y si no, bueno, todavía estarían allí para resolverlo juntos.
Excepto que no fue así, no del todo al menos. La actual rutina de su día a día se mantuvo tal cual había sido, Mobei Jun aun le invitaba a dar paseos por los jardines y enviaba regalos a su habitación, compartían comidas y opiniones políticas. Pero todo el tiempo, Mobei Jun se mantuvo tenso y de mal humor, no con Qinghua por supuesto, pero Shang Qinghua todavía pudo ver la chispa de alerta que nunca abandonaba sus ojos en esos días y la forma en que los sirvientes rehuían a su alrededor, nadie excepto su tío parecía estar tranquilo en palacio.
Shang Qinghua supuso que se trataba del intento de asesinato que pese a sus esfuerzos no habían logrado resolver aún. Intentó hablar con Mobei Jun al respecto, para que le contara lo que había descubierto al respecto (porque estaba claro que algo sabía) y de esa forma trabajar juntos para arreglarlo. Pero Mobei Jun insistió en que todo estaba bien, cada vez sin importar cuanto Shang Qinghua insistiera, todavía le miraría a la cara con esos pálidos ojos azules que había llegado a conocer tan de cerca y le diría que todo estaba bien. Lo que Shang Qinghua supo que era verdad, pero no toda la verdad, era lo suficientemente listo como para notarlo.
Eso no le había impedido seguir preguntando; ni siquiera era porque creyera que aquello le abriría otra oportunidad de mostrar sus dotes como buen empleado o consorte, sino que Shang Qinghua se encontraba genuinamente interesado. Su tiempo juntos había llegado a unirles de una forma en que su ceremonia de matrimonio no lo había hecho.
Lentamente y sin saberlo, Shang Qinghua había llegado a considerar al hombre, primero como a un amigo y luego… ¿y luego qué? No estaba seguro, pero sabía que había una sensación de calidez en su pecho siempre que estaban juntos, que una chispa de orgullo se encendía en su interior cada vez que lograba arrancarle una sonrisa, que la complicidad que compartían al debatir sobre la mejor forma de dirigir el reino era una que solo ellos poseían y estaba también el conocimiento, de que si le dieran a escoger un lugar para estar por el resto de su vida, todavía elegiría quedarse junto a él, tanto tiempo como pudiera.
Creyó que su relación había crecido para cultivar la mutua confianza, pero quizás todo había sido un sentimiento unilateral. No es que esperara que Mobei Jun le amara (amar era una palabra demasiado grande), pero había creído que si no como a un digno consorte, había llegado a reconocerlo como a un igual y quizá, como a un amigo cercano. Sin embargo, pese a lo mucho que se habían acercado entre sí, pese a lo mucho o poco que habían compartido en el tiempo que llevaban de conocerse; Mobei Jun todavía no confió en él lo suficiente como para contarle la razón exacta de su preocupación.
Si Mobei Jun notó la capa de tristeza que envolvía a Qinghua por ese hecho, no lo mencionó. En su lugar, tan solo unas cuantas semanas más tarde, declaró ante todos que la fecha de su coronación se adelantaría. La noticia sorprendió a todos por igual, algunos se mostraron de acuerdo, otros tantos no expresaron interés alguno. Pero de entre todos los presentes al momento de compartir la noticia, hubo dos reacciones que se destacaron por no encajar con las demás. Una fue de furia ciega, rencor y pérfidos pensamientos; la otra, que pertenecía a Shang Qinghua, encajaba más en la categoría de consternación. Porque su tiempo límite se acercaba a su fin y una vez que la corona estuviera en la cabeza de Mobei Jun, una vez que no le necesitara más, estaba inseguro de si todavía se le permitiría quedarse junto a él.
Sea como fuere, los días siguientes pasaron uno tras otro a una velocidad vertiginosa y Shang Qinghua, pese a su desgana, fue quien se encargó de organizar cada ínfimo detalle de lo que sería dicha ceremonia. Dado que era un evento solemne, no había lugar para la opulencia, lo significó que solo unas cuantas personas selectas tendrían el honor de presenciarlo.
No representó un problema para Qinghua planear el asunto, era bueno con los números y lo suficientemente perceptivo para asegurar la mejor manera de ordenarlo todo. Todavía, cuando el gran día llegó, a tan solo minutos de comenzar, ya se sentía cansado y con deseos de comer algo, tal vez un plato de fideos. Desechó la idea debido su estado de ánimo decaído, que igualmente no le permitiría disfrutar del platillo como era debido.
En su lugar se preparó él mismo con la vestimenta adecuada para el consorte real y se aseguró de estar puntualmente presente al momento en que dio inicio la coronación.
Comenzó bastante sencillo, con un discurso aburrido de parte del funcionario a cargo de tal tarea. Mobei Jun esperaba impaciente a que las formalidades terminaran para que la corona le fuera entregada, mientras mantenía una cautelosa mirada al resto del gran salón donde se encontraban. A tan solo unos pasos más atrás, los nobles que habían asistido, permanecían de pie y atentos a todo el asunto; Shang Qinghua por otro lado, jugaba trazando los patrones de hojas dibujados en su hanfu, en un intento de mantenerse distraído para no aburrirse.
Cuando la corona finalmente apareció en manos del funcionario que oficiaría la coronación, Mobei Jun dio un paso al frente, listo para permitir que fuera colocada en su cabeza. Sin embargo, su tío, Linguang Jun, eligió ese momento para moverse y antes de que nadie pudiera hacer nada, el demonio atrapó a Shang Qinghua en uno de sus brazos a la vez que usaba la mano libre para apuntarle con una daga a la garganta.
Por un segundo, todos parecieron demasiado sorprendidos para reaccionar debidamente. Shang Qinghua específicamente, se hallaba desconcertado por el giro de los eventos, no pensó que le agradara al hombre, pero jamás se le ocurrió que su desprecio llegaría a tal grado.
—La corona, dámela o lo mataré.
Las palabras apenas hicieron efecto en Mobei Jun, quien mantuvo su mirada puesta en Shang Qinghua. Aunque se hallaba molesto por su descuido, todavía no estaba realmente sorprendido por las acciones de su tío, de quien ya esperaba aquel tipo de traición.
Cuando la demanda del hombre finalmente se registró en el cerebro de Shang Qinghua, éste no pudo evitar protestar, lo que hizo que el filo del arma le acariciara suavemente la garganta. — ¡No lo escuches Dawang!
—Es humano, morirá en segundos y lo sabes, así que será mejor que me des la corona. Una vez que sea rey, consideraré seriamente dejarlos ir.
La primera parte de su oración, era realmente verdad, en cuanto a la segunda parte, cualquiera podía ver que mentía. Sin embargo, Shang Qinghua no podía permitir que la corona le fuera entregada. El problema con los demonios y con la raleza en general, es que eran demasiado desconfiados incluso entre personas con las que compartían lazos sanguíneos; por lo que ponían un montón de trabas para proteger lo que les pertenecía, lo mismo aplicaba allí.
La corona, una vez puesta, reconocería a un solo dueño, cualquier otro que intentara usarla moriría y los mismo para cualquiera que no perteneciera al linaje real. La única razón de que Linguang Jun no hubiera intentado robarla antes, probablemente se debía a que una coronación solo se consideraría legítima si se realizaba ante otros nobles y en una ceremonia oficial que marcara su ascenso al trono, cosa que nadie autorizaría hasta que Mobei Jun, el legítimo heredero, fuera considerado como listo para tomar el trono.
Técnicamente hablando, Linguang Jun había estado casado una vez, incluso si su consorte fue robada por su hermano, aquel requisito podía considerarse cumplido. Y ahora que todos los demás requerimientos para obtener la corona se presentaban tan fácilmente ante él, ¿cómo podría desperdiciar la oportunidad?
—Qinghua.
Shang Qinghua escuchó a Mobei Jun llamarlo y al ver su expresión tensa supo que pensaba ceder, su rostro se mantenía tan sereno como siempre, pero en sus ojos chispeaba un sentimiento de inquietud. La idea de que Mobei Jun le apreciara tanto como para arriesgar su corona, calentó su corazón. Los otros nobles en la habitación se movían con cautela a espaldas de Qinghua y Linguang Jun, parecían esperar por algo antes de poder actuar, pero nunca tuvieron la oportunidad, puesto que Shang Qinghua se les adelantó.
Lo que ocurrió a continuación no fue una decisión del todo consciente, Shang Qinghua solo sabía que no podía permitir que Mobei Jun perdiera la corona, así que cuando creyó que Linguang Jun estaba lo suficientemente distraído, empujó su brazo para alejar el arma de su cuello. Atrapado con la guardia baja, Linguang Jun lo permitió, aunque aquello solo funcionó por unos cuantos segundos.
Linguang Jun no era ningún tonto, por lo que no le tomó mucho antes de reaccionar e intentar atacar a Shang Qinghua. En medio de su pequeña y desordenada lucha para escapar del demonio, el filo del arma terminó clavándosele a Qinghua en el lado izquierdo del abdomen, haciéndole perder fuerza al instante y deteniendo su lucha con el otro hombre.
— ¡Ahora Dawang! —gritó en medio del dolor y como despertando de un sueño, Mobei Jun, que había contemplado la escena frente a él horrorizado, finalmente se movió hacia adelante para empujar a Linguang Jun lejos de Shang Qinghua.
Una vez libre del demonio, los nobles se apresuraron a atrapar a Linguang Jun, mientras que Mobei se arrodillaba junto a Shang Qinghua, quien había caído y se acurrucaba en el suelo tratando de hacer presión en la herida que sangraba. Cuando notó a Mobei Jun mirándole con nada más que preocupación escrita en sus ojos, Shang Qinghua trató de consolarlo.
—Está bien, no es tan grave. Solo duele si me muevo —una pausa mientras Mobei Jun hacía colocaba sus manos en la herida— mierda, también duele si lo tocas y un poco cuando respiro, pero estaré bien.
—No te muevas.
—Puedes contar con eso Dawang. Debí comer ese tazón de fideos cuando pude.
Mobei Jun ordenó a uno de los nobles que llamara a un médico, mientras sostenía a Qinghua en sus brazos en un intento de mantenerlo cerca de sí.
—Dawang —llamó Qinghua— probablemente deberías coronarte ahora, ya sabes, con la corona aun disponible justo allí.
—La corona es falsa.
— ¿Qué? —un sorprendido Shang Qinghua se retorció en sus brazos en un intento de verle a la cara, lo que le provocó más dolor.
—No importa, quédate quieto.
Shang Qinghua hizo su mejor intento, pero le dolía la herida. El médico llegó no mucho después e hizo un vendaje improvisado para detener el sangrado, de forma que fuera más seguro transportarlo hasta una habitación donde pudieran examinar y tratar la herida con mayor cuidado. Tristemente, Shang Qinghua se mantuvo despierto durante todo el proceso, por lo que sus quejas de dolor se continuaron escuchando durante todo el procedimiento de curación.
El médico le había dado un pequeño frasco con un líquido amarillo para aliviar el dolor, pero todavía tardó un poco en hacer efecto y luego aun podía sentir una ligera punzada, cada que el médico le pinchaba la piel con una aguja al coser la herida. No había sido grave, por suerte el arma no golpeó ningún órgano o vaso importante, por lo que el médico determinó que estaría bien dentro de poco.
Más tarde ese mismo día, cuando el ambiente se hubo calmado, Mobei Jun, que había tenido que irse por unas horas, regresó al lado de Shang Qinghua, quien comía un congee suave que calmaría su hambre y le proveería los nutrientes necesarios para su recuperación. Tan pronto como le vio llegar, Shang Qinghua dejó el tazón de comida a un lado y sonrió a Mobei Jun, que se acercó para sentarse a su lado.
—Me alegra que regresaras Dawang, ¿está todo bien?, ¿ya fuiste coronado?, ¿qué pasó con Linguang Jun?
—Está en prisión y la coronación tardará un poco más —hubo una pequeña pausa en la que Mobei Jun pareció considerar su palabras antes de continuar— no debiste hacer eso.
—No podía permitir que le dieras la corona.
—Era una corona falsa, sabía que intentaría algo así, por lo que ordené que prepararan una falsa para entregarla y finalmente tener una razón para encarcelarlo por traición —le explicó Mobei Jun— los nobles en el salón en realidad eran guardias disfrazados que dispuse de antemano. La verdadera coronación no será hasta dentro de unas semanas.
Cierto, Shang Qinghua recordaba que Mobei Jun había dicho eso sobre la corona antes, lo que significaba que su reclamo al trono nunca estuvo realmente en peligro. Aquello quería decir también que Shang Qinghua simplemente se interpuso en sus planes y además resultó herido sin razón. Luego de pensarlo seriamente, Shang Qinghua sintió que sus mejillas ardían de vergüenza, por supuesto que Mobei Jun no arriesgaría su corona por un simple consorte del que igual se desharía pronto.
—Lamento haberlo arruinado todo Dawang, es solo que… —Shang Qinghua trató de pensar en una buena excusa y cuando no encontró una consideró que, ya que probablemente sería echado a la calle pronto de todas formas, bien podría decir la verdad antes de irse. —Es solo que, creo que podría estar enamorado de ti y eso me hizo actuar de forma estúpida antes.
Pareció como si un rayo le hubiera golpeado de pronto, Mobei Jun saltó un poco en su lugar, siendo tomado con la guardia baja por las palabras de Shang Qinghua.
— ¿Qué dijiste?
Arrojando toda la vergüenza que tenía (la cual no era mucha), por la borda, Shang Qinghua se armó de valor y repitió sus palabras.
—Creo que podría estar enamorado de ti Dawang —estaba bastante seguro en realidad.
Había estado pensando sobre ello mientras asistía a la falsa coronación, creyendo que aquello marcaba el fin de su tiempo juntos, y luego más tarde, mientras se retorcía de dolor en aquella sala luego de ser apuñalado; después de todo, si no fuera porque realmente le gusta Mobei Jun, ¿qué otra razón tendría para casi recibir una flecha por él y luego para ser apuñalado en un intento de ayudarle?
—Pienso que es un buen momento para que lo sepas, ya sabes, antes de que alguien intente matarnos de nuevo y consiga una nueva puñalada —cuando Mobei Jun no dijo nada, Shang Qinghua creyó que tal vez lo había incomodado. —Sé que quieres que me vaya tan pronto como consigas la corona, pero verdad me gustaría quedarme a tu lado, no como consorte por supuesto, puedo actuar como tu secretario o como un consejero, sabes que soy útil en eso. Y sé que no correspondes mis sentimientos, lo que está bien, lo superaré eventualmente, espero; pero prometo que eso no afectará mi eficiencia en el trabajo.
Luego de su pequeño discurso, Shang Qinghua solo podía esperar nervioso por una respuesta. Mobei Jun que le miraba tan confundido como si le estuviera hablando en un idioma extraño, solo atinó a decir:
—No quiero que te vayas.
— ¿No?
—No, ¿qué te dio esa idea? —Mobei Jun estaba genuinamente confundido, había estado todos esos meses cortejando a Shang Qinghua, intentando ganarse su cariño, creyendo que finalmente lo había ganado y que el hombre frente a él sabía de ello. —Eres mi esposo, no puedes irte, no te dejaré.
—Pero… pero creí que Dawang…
Shang Qinghua no pudo terminar su oración antes de que unas manos le tomaran del rostro y unos labios posándose sobre los suyos le hicieran guardar silencio. El toque de Mobei Jun fue gentil, pero su boca contra la suya mantuvo un ritmo más dominante, besándole hasta robarle el aliento. Como si quisiera eliminar cualquier duda que Shang Qinghua pudiera tener; hacía frío en la habitación, pero Shang Qinghua sentía como si estuviera ardiendo y cuando Mobei Jun finalmente se apartó, sus pulmones se contrajeron exigiéndole que volviera a respirar.
—El consorte real no tiene permitido irse.
Ante aquella declaración tan contundente, Shang Qinghua no pudo sino asentir en acuerdo, una sonrisa tonta grabada en toda su cara. La sonrisa se mantuvo incluso cuando tiró de Mobei Jun hacia él para otra ronda de besos.
------
— ¿Entonces vivieron felices para siempre? —preguntó el menor de los dos niños.
—Así es —respondió Qinghua a sus hijos con una sonrisa— ahora, ustedes dos, a dormir.
—Pero aún no tenemos sueño —protestó el menor.
—Cuéntanos otra historia.
— ¡Sí! Solo una más, por favooooor.
Shang Qingua fingió pensarlo por un momento, pero ya se estaba levantando de la cama, listo para ir a su propia habitación.
—No, hicimos un trato, una historia y a la cama.
—Pero…
Una nueva figura se unió al pequeño grupo y el mayor de los niños, al notar la llegada de su padre, se apresuró a pedir su ayuda, interrumpiendo las palabras de su hermano.
—Papá, ayúdanos —un adorable puchero se pintó en su boca y unos ojos de cachorro fueron lanzados en dirección a Mobei Jun.
Mobei Jun miró todo desde su lugar en la puerta, algo divertido con la escena, pero no dispuesto a ayudar.
—Es hora de dormir.
El tono con que lo dijo era suave, pero firme, sin dar lugar a negaciones y los dos niños, viendo que no habría forma de negociar por más tiempo esa noche, dejaron caer los hombros derrotados.
—Está bien.
—Esos son mis niños —les aplaudió Shang Qinghua, antes de arroparlos a ambos, uno por uno se aseguró de meterlos a la cama.
La luz del foco fue apagada, dejando la habitación con solo la iluminación de una pequeña lámpara en forma de pez en la mesilla de noche. Shang Qinghua avanzó hasta la puerta donde su esposo le esperaba y una vez allí se dio la vuelta para ver a sus hijos una vez más. —Descansen bien, los amamos.
Una vez arreglado ese asunto, ambos adultos se encaminaron para llegar a su propia habitación, donde una cómoda cama les esperaba. Shang Qinghua se adelantó para reacomodar el montón de almohadas sin las que no podía dormir y rompiendo el cómodo silencio, hizo el comentario que había pasado toda la noche queriendo decir.
—Entonces, la historia.
— ¿Mm?
—No sabía que lo tenías en ti, creí que el escritor en esta familia era yo, pero esposo, hay que aplaudir a tu imaginación —Shang Qinghua hizo una pausa en su tarea para mirar a su esposo antes de continuar— ¿cómo se te ocurrió todo eso?
Mobei ni siquiera titubeó en su respuesta.
—Internet.
—Claro y supongo que el tío malvado de la historia también surgió de allí. Honestamente esposo, sé que no te agrada tu tío pero, ¿usarlo como villano en tu historia? Es demasiado rencoroso incluso para ti.
—No sé de qué hablas.
Qinghua rió, no creyendo las palabras de su esposo en absoluto. Retiró el edredón que cubría la cama y colocó una manta delgada, cuidando que cubriera solo su lado de la cama, sabiendo que a Mobei le disgustaba el calor que podía hacer por las noches a veces.
—Por cierto —y su voz se cubrió con un tinte de burla— ¿Dawang?
Aquello finalmente le consiguió una reacción de parte de Mobei Jun, quien giró el rostro tan pronto como pudo para ocultarlo. Fue un poco demasiado tarde, Shang Qinghua lo había visto, la sorpresa en los ojos de su esposo y la consiguiente satisfacción.
— ¿Te gustaría que te llamara así? —Qinghua no pudo evitar bromear con él—. Porque si Dawang así lo ordena, este sirviente lo hará con gusto, Dawang.
Mobei continuó evitando su mirada, sus movimientos al meterse en la cama volviéndose apresurados.
—Es tarde, vamos a dormir.
—Ah, Dawang, te estás sonrojando —apenas podía llamarse sonrojo a la ligera pincelada de rosa en las mejillas de Mobei Jun, pero Shang Qinghua insistió en señalarlo igualmente. —Tranquilo Dawang, este sirviente lo mantendrá en secreto.
—Qinghua, no.
Al escuchar el tono seco de su esposo que solo podía significar que comenzaba a sentirse avergonzado, Shang Qinghua decidió apiadarse de él y con una última sonrisa cargada de afecto en dirección a Mobei Jun, abandonó el tema.
—Está bien, Dawang.
Esa noche al irse a la cama, Mobei Jun se preparó para una larga noche de sueño y en cambio, se encontró a sí mismo recordando viejos sucesos de cientos de años atrás. A su lado, Shang Qinghua roncaba levemente, sumido en un plácido sueño lleno de lo que parecían paletas heladas, si sus ocasionales comentarios sobre “un helado de limón gigante” significaban algo.
El afecto en su mirada a contemplar al hombre dormido a su lado era algo que no se podía ocultar. A Mobei Jun le gustaba mirar a su esposo siempre que pudiera, era la mejor forma de asegurar su seguridad, desde que Qinghua era propenso a meterse en problemas. Eso era algo que ni siquiera el tiempo había podido cambiar.
Al menos, los peligros a lo que se enfrentaba actualmente, no eran tan amenazadores como lo habían sido hace años. En esta vida y en este tiempo, protegerse de Linguang Jun era algo más sencillo de lograr. Aquello le daba a Mobei algo de tranquilidad, ya había fallado antes, solo una vez, pero había sido suficiente. Luego de ello, no se había permitido volver a fracasar.
Esa noche, las palabras que su tío le había dicho hace siglos se repetían en espiral en su mente, ahogando cualquier otro pensamiento.
“Lo sabías, ¿no es así sobrino?”
Cientos de vidas más tarde, era una conversación que aún le molestaba recordar.
—Puedo verlo incluso ahora —le había dicho con burla desde su celda en el palacio—, pero pese a toda esa desconfianza que guardas contra mí, no había realmente una forma de que lo supieras.
No debería haberla, recuerda que pensó en aquel entonces, pero todavía había encontrado la manera de conseguirlo.
—Así que mi pregunta es, ¿qué me delató?
Todo. Nada. Mobei Jun se había mantenido en silencio aquella vez, la explicación que su tío deseaba era una que se negaba a compartir. No le debía nada. Había sido un rey en ese entonces, pocas cosas habían estado por encima de él, y su tío, ciertamente no era una de ellas.
—Podría ser que… ¿también lo recuerdas?
Una oración, seis palabras. Era lo que había bastado para paralizarlo en su lugar, con la confusión destrozando sus pensamientos y la sorpresa enmarcando su rostro. Porque de todas las personas que pudieron estar al tanto de lo que había pasado, su tío era la última que había esperado, más aun, la última que hubiera querido, que fuera capaz de recordar.
Linguang Jun lo había mirado a los ojos y visto la verdad en ellos. No había arrepentimiento en su voz cuando habló de nuevo. No había nada, más que una gran amargura.
—Eso lo explica todo entonces.
Lo hacía, de más formas de las que él pudiera imaginar.
