Work Text:
❝𝘌𝘴 𝘦𝘷𝘪𝘥𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘵𝘶 𝘤𝘰𝘯𝘦𝘹𝘪ó𝘯 𝘤𝘰𝘯 𝘦𝘭 𝘶𝘯𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘰, 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘵𝘰𝘤𝘢𝘴, 𝘣𝘳𝘪𝘭𝘭𝘢.❞
En días cómo hoy, Dean tiene la certeza de que, incluso si Cas mismo no se lo hubiera dicho esa primera noche en el granero, más temprano que tarde habría descubierto que era un ángel.
Una vez más, está herido, gracias a que omitió la regla número uno sobre los nidos de vampiros. No es que pudiera pedirle ayuda a nadie más, no con Sam por su cuenta hasta que se reconciliaran.
Acorralado en una de las habitaciones del último piso en hotel abandonado, es una de las tantas veces en que cree que podría ser el fin. Sólo queda un vampiro, el asunto es que perdió su machete al correr hacia el elevador de servicio y tiene una herida sangrante en la parte baja del abdomen, provocada por las uñas del penúltimo vampiro en caer.
Apoyado contra la puerta, está seguro que no sería una exageración decir que sus entrañas podrían derramarse por el suelo si el vampiro sigue golpeando así para entrar.
Por un momento, se permite pensar en que, si este es el fin, sólo puede desear dos cosas. Que Sam tenga una larga y feliz vida, la que siempre deseo. Y que Cas lo visite en su cielo.
Está pensando en cómo sería, le gustaría una carretera infinita en la que Cas ocupe el asiento del copiloto. Acompañarse, más allá de compartir misiones por cumplir. Estar juntos, simplemente porque quieren estarlo.
Quizá muerto pueda ver, de verdad, las alas de Cas. Es algo que siempre le ha intrigado, imagina que deben desprender el mismo brillo que la gracia de Cas. Tienen que hacerlo, deben brillar como todo en Cas, desde los ojos que sabe que brillan diferente a cuando le pertenecían a Jimmy Novak hasta la manera en que su sonrisa parece iluminar una habitación entera.
El brillo de Cas. Es aún más hermoso que el breve resplandor que ha visto ocasionalmente al estar al borde de la muerte. Cómo si impregnara de luz misma todo lo que en ángel toca. Dean mismo siente que dejó un poco de esa luz celestial en él cuando lo sacó del infierno, eso explicaría cómo es que su alma es tan hermosa cómo le ha dicho Cas.
Su vista comienza a nublarse y su cuerpo se adormece mientras envía una plegaria silenciosa a Cas, pidiéndole que lo visite alguna vez.
Entonces, escucha alas y ve una luz azulada a través de sus párpados.
—Debiste llamar antes, Dean.— escucha, al tiempo que siente una mano sobre su herida.
Sus párpados ya no pesan tanto, abre los ojos para maravillarse del pequeño milagro de Cas, no por lo que hace, sino por su mera existencia.
—Hola a ti también, Cas.— dice, con una sonrisa.
Y, si se demora demasiado en busca de los matices azules en los ojos de Cas, no es asunto de nadie.
