Chapter Text
"Detroit: become human" fue un éxito entonces. La adaptación al libro de Gavin Kamski a las grandes pantallas se llevaron la atención de toda la ciudad y, posteriormente, de todo el condado de Wayne.
Su hermano, Elijah Kamski, era el creador y fundador de CyberLife Company que, aunque a penas llevaba unos años en el negocio del entretenimiento, ya había alcanzado a grandes compañías, tales como The Walt Disney Company.
Esto se debía, en gran parte, a su innovador uso de androides como parte de su elenco.
Si, cómo leíste, androides.
En ese entonces, ese tipo de tecnología avanzada apenas si podía verse en otros lugares que no fueran redes sociales o eventos sociales de alto estatus. Por ello, el empleo de la misma en cines resultaba algo nuevo y particularmente atractivo para los espectadores.
Gavin sitúa su libro en una visión futurista de la ciudad, en donde los androides creados para el consumo humano, desarrollarían sentimientos y emociones conocidas como propiamente humanas. Sin embargo, su libro no tuvo reconocimiento hasta después de cinco años de su publicación en 2025, cuando CyberLife Company le propone adaptar el mismo como un cortometraje para el festival de cine a mediados del verano de ese año.
El cortometraje tuvo una opinión positiva y unos años después, la película fue estrenada en los cines de Detroit. Pronto, el autor se convirtió en una celebridad, reconocido como uno de los mejores escritores del siglo XXI y aclamado por la opinión pública.
Fue entrevistado por grandes compañías e invitado a eventos internacionales de escritura. Y fue en estos en dónde conoció a lo que, en ese entonces, considero el amor de su vida: Francis.
Y todo fue perfecto...
Hasta que no lo fue.
Con el pasar del tiempo, cómo todo, fue quedándose en el olvido. Y él no pudo aceptarlo. Revisaba constantemente sus redes sociales en busca de un mensaje o siquiera algo que lo regrese a dónde estuvo, en su punto más alto de fama y gloria.
Más, como ese mensaje nunca llego, encontró alivio en drogas y el alcohol. Gasto sus inversiones en adicciones y se dejó consumir por el placer que le causaba salir de fiestas y salirse de sí mismo.
Quién considero el amor de su vida, Francis, lo dejo poco tiempo después que su vida, tanto social como económica, comenzará a caer en picada. Y Gavin estaba tan perdido que ni siquiera escucho la puerta cerrarse cuando se fue y lo dejo.
Los rumores de su dependencia a las drogas termino por acabar con su fama por completo. Los críticos fueron duros y duros con sus comentarios respecto a las decisiones de vida del autor. Y las cartas de odio se acumularon junto a los correos de deudas y mensajes de Elijah Kamski.
Para ser sincero, nada de eso le importo... Bueno, no lo hizo hasta unos meses después que, una mañana, alguien dejo algo —o más bien alguien— del otro lado de la puerta de su departamento.
Del otro lado de la puerta había un... ¿Bebé?
Gavin tuvo que fregar sus ojos y mirar de nuevo para asegurarse de que realmente estuviera allí y no fuera alguna extraña y espeluznante ilusión del red Ice que había inhalado la noche anterior.
—Hey, amigo— dijo, sentándose en sus rodillas para ver al bebé —¿Dónde están tus padres?— le preguntó cómo si este le fuese a responder, buscando por los alrededores con su mirada.
Al lado del coche de bebé había un bolso de maternidad bastante grande. Dentro encontró mamaderas, pañales, ropa de bebé y una nota. Sorprendido por esto, tomo el papel y leyó lo que decía en ella...
"Hazte cargo de tu mierda".
Gavin dejo caer el papel de sus manos. Todo el ruido del edificio se desenfocó y lo único que podía ver eran esos grandes y redondos ojos verdes, iguales a los de él, mirándolo.
—Mierda.
—Señor Reed, por lo que se me ha informado desde la cooperadora, usted se ha retrasado con el pago de la cuota mensual otra vez en dos meses— la directora de la institución lo miro sobre el marco de sus lentes, apoyando su barbilla en el dorso de su mano —. Cómo sabrá, la política de esta institución es estricta...
—Si joder, lo siento, yo...— Gavin refregó su rostro —Lo pagaré, lo juro. Solo necesito un poco más de tiempo-
—Entendemos que su condición económica es... Complicada— suspiro pesadamente —, pero, políticas son políticas. Sería injusto para las demás familias si nosotros le damos prioridades a usted.
—Por favor...— susurró.
—Lo siento.
Gavin apretó los puños sobre sus piernas y se puso de pie, saliendo de la oficina con un chasquido de lengua después de mirar de mala gana a la mujer mayor.
Tenía que conseguir otro maldito trabajo, eso estaba seguro.
—¿Papá?— una pequeña voz se escuchó desde los asientos fuera de dirección.
—Hey— él se acercó a la niña, sonriéndole débilmente, arrodillándose para quedar a su altura —perdón, ¿Esperaste mucho?
—No— negó con la cabeza suavemente.
—Gracias por ser paciente bebé— acarició su cabello —¿Qué te parece si vamos al parque?
Ella jugueteó con sus dedos, dudando.
—¿Qué ocurre?— buscó su mirada —¿No quieres...?
—¡No!, ¡Si, si quiero!— gritó y rápidamente se avergonzó de esto, bajando sus hombros y ruborizandose —, pero tengo que volver al aula, papá. La maestra va a regañarme.
—No te preocupes, solo... — hizo una pausa —solo será por hoy.
Gavin desearía que así fuera, pero no lo es.
Incluso con su trabajo en la mañana en una cafetería de mala muerte, y por las noches en Jimmy's bar, apenas si conseguía juntar el dinero suficiente para comprar lo básico que necesitaba para el día a día. Como comida y pagar las cuentas de la casa al fin del mes. Por lo que pagar la cuota de ese mes para la educación de su hija le resultaba complicado e imposible.
Esa tarde fueron a un parque cerca de la institución, ese día Gavin había pedido un día libre en el trabajo para hablar con la directora en persona y pedirle un poco más de tiempo para pagar la cuota del colegio en ese mes de noviembre. Y planeaba usar lo que quedaba de esa tarde al máximo para estar con su hija al menos un poco más tiempo del que podían pasar juntos y descansar, maldita sea.
Cuando Lucy correteo para subirse a los juegos con otros niños, Gavin aprovechó el momento para encender un cigarrillo y relajarse contra la banqueta de madera. No había mucha gente en la plazoleta a esa hora, por lo que se dio el lujo de cerrar los ojos y disfrutar del silencio frío y pacífico del lugar.
...
—Hola.
Gavin pareció haberse quedado dormido por un momento, tanto que no notó cuando alguien más se sentó a su lado en la banqueta. "Oh, no", Gavin pensó con molestia, "De todas las putas banquetas del parque, este gilipollas se sienta justo en la que estoy yo. Menuda suerte de mierda tengo hoy".
Respiró profundamente e ignoró el saludo del desconocido, dejando sus ojos cerrados. A lo mejor, si le ignoraba, este se alejaría. Tenía ese... ¿Don?, o lo que fuese, para alejar a las personas en la primera impresión.
—Al parecer va a llover más tarde, el cielo se ha nublado.
Gavin abrió los ojos con pereza y miro el cielo. El brillo blanco de las nubes juntas cegó su visión por un momento, antes de dirigir sus ojos a la niña jugando en el subi-baja con otro niño. Menos mal que ese día Lucy le pidió que la ayudase a cambiarse y la abrigo correctamente.
Chasqueando su lengua, se inclinó en la banqueta, apoyando sus codos en sus piernas. Miro el camino de su brazo derecho y sus mangas desacomodadas hasta el cigarrillo entre sus dedos. Rápidamente, tiro de su manga para cubrir las cicatrices de agujas en brazo y miro por el rabillo del ojo a la otra persona. Este lo veía atentamente, con sus ojos azules abiertos con curiosidad.
Gavin golpeteó el cigarrillo entre sus dedos con su dedo pulgar, haciendo que las cenizas cayeran al césped debajo de él. Molesto por el hecho de ser observado sin descaro públicamente, arrugó su rostro. Luciendo su mejor cara de mierda para asustar al otro.
—¿Te conozco?— Gavin habló finalmente, aún sin mirarlo.
—Quizás— encogió un hombro —No lo sé, ¿Usted ve películas?
—¿Qué clase de pregunta de mierda es esa?, por supuesto que sí.
—Yo he trabajado en muchas...
—Mira tú— Gavin fingió interés, curvando sus labios hacia abajo y fijando su atención a su cigarrillo —que interesante.
—Usted preguntó.
—No, te equivocas— negó, dándose la vuelta para mirarlo—, yo te pregunté "si nos conocíamos", no tu puta vida.
—Si usted ve películas como dice, seguramente me conoce— respondió con obviedad, apartando su mirada al parque.
—Estás un poco lleno de ti, ¿no es así?...— Gavin alzó una ceja y continuo: —y para serte sincero, me interesa muy poco esto. Estoy disfrutando de mi día libre, hombre, no me toques los cojones.
El otro inclinó su cabeza y lo miró directamente a los ojos.
—Lo lamento, mi intención no era molestarlo señor Kamski, solo... quería hablar con usted.
Gavin se quedó inmóvil en el asiento. Hace años no escuchaba ese apellido. Lo había cambiado por el de su madre después de que ningún trabajo lo aceptase, por su pasado en la farándula y drogas, y él tuviera que arreglársela para conseguir uno y mantener a su hija como padre soltero y sin ningún tipo de apoyo de su familia. Porque, al igual que la opinión pública, esta le dio la espalda al enterarse de que era padre. ¿O fue porque se drogaba?, bueno, quién sabe.
Habían pasado años de entonces y creyó que nunca volverían a reconocerlo: incluso su apariencia había cambiado, ahora tenía una cicatriz en el puente de su nariz, que consiguió echando a un borracho violento del bar en dónde trabajaba por las noches, se corto el pelo, descuido su barba y ahora tenía ojeras profundas debajo de sus ojos.
—Amigo, ¿Qué es eso de Kamski?, soy Reed— corrigió, marcando la pronunciación —. Te has confundido de persona como un verdadero gilipollas.
—No, estoy seguro. Usted es Gavin, Gavin Kamski.
—¿Estás mal de la cabeza?, inútil, te estoy diciendo que soy...
Un destello dio en el rabillo de su ojo y gracias a esto, Gavin notó un círculo de luz en la sien de la otra persona. Ante esto, sus palabras se quedaron en la punta de su lengua y un jadeo de confusión escapo, en cambio. El otro se quedó esperando que Gavin terminará la oración, pero este estaba lo suficientemente sorprendido como para continuar.
No. Ese no era un hombre común, era una máquina.
—¿Una máquina?— lo miro despectivamente —, ¿Eres una maldita máquina?
—Androide, y si— él le confirmó —, ¿Hay un problema con eso?
—Joder, si. Por supuesto que si amigo— resopló —no me gustan los de tú... clase.
Gavin aplastó la colilla contra la banqueta y se puso de pie, alejándose. Y el androide lo siguió detrás.
—¡Espera, por favor!— le pidió, alcanzándolo —Te he buscado por mucho tiempo... he leído todas tus historias, tus guiones y libros. Me han sido de inspiración y siempre me he preguntado por qué dejaste de escribir...
Gavin detuvo sus pasos de a poco y dejo escapar una risa incrédula.
—¿"Buscándome"?, hijo de puta, ¿Me estás... acosando?— gruñó, apretando sus puños.
—No, esto fue una casualidad, lo juro— apoyó su palma en su pecho —, no esperaba encontrarme contigo, Kamski. Pero para ser sincero, estoy feliz de hacerlo. He esperado encontrarte por mucho tiempo.
—Es Reed— corrigió molesto —. Y me importa una mierda lo que digas, porque yo NO soy la persona que estás buscando— se acercó al androide pisando con fuerza —. Pero te daré un puñetazo en su puto nombre si no te vas de aquí y me dejas en paz.
El androide parecía lastimado por las palabras del humano.
—Pero eres tú...
—¿Papá?— Lucy se acercó a ellos, preocupada.
—¡Mi chica!— Gavin relajó su postura y le sonrió a la niña, dándole la espalda al androide para subir a la pequeña a sus brazos —¿Qué ocurre?
—No es nada— negó con la cabeza—, creí que estabas peleando... Me prometiste que no lo harías.
—¿Tienes una hija?— el androide parpadeo, mirando a la niña.
Gavin apretó su mandíbula, borrando su sonrisa. Esa frase de mierda la escuchó en los últimos SEIS años de su vida y siempre venía acompañada de más mierda. Dando un paso atrás, acercó a su hija a su pecho protectoramente.
—Hola, pequeña— RK900 le sonrió a la niña, agitando su mano suavemente—no te preocupes, tu papá es un buen hombre.
"¿Qué mierda se supone que significa eso?", Gavin pensó, frunciendo el ceño.
—Um, ¡Hola!— ella sonrió también —¿Eres amigo de mi papá?— le preguntó, curiosa, tirando de la campera de cuero de su padre.
—Absolutamente no— Gavin se apresuró a decir—, ni siquiera sé cómo se llama, jésus.
—Oh, mi error. No me he presentado, lo siento — se inclinó, buscando rápidamente algo en sus bolsillos —. Soy RK900, pero soy más conocido como Richard Stern. Trabajo para CyberLife como actor principal/director, esta es mi tarjeta.
El androide le extendió una tarjeta de presentación y Gavin abofeteo su mano, haciendo que la misma cayera al suelo entre sus pies.
—Ya te lo dije, ¡Me importa una mierda quién seas! — repitió —, vete de aquí antes de que llame a la puta policía— sacó su celular del bolsillo y marco al 911.
—¿Vas a llamar al tío Hank?— Lucy le susurró y ladeo su cabeza.
RK900 suspiró y bajo sus hombros.
—Esta bien, disculpe las molestia. No quería incomodarlo a usted ni a su hija.
El androide se inclinó y saludo a la niña, para luego irse del parque. Gavin relajo su postura, respirando profundamente. Bajo su mirada a la tarjeta y chasqueo la lengua.
—Maldición.
—Papá...— Lucy se cruzó de brazos frunciendo el ceño, regañando a su padre.
—Uh, perdón— le sonrió traviesamente.
Gavin miró la tarjeta en su mano, completamente perdido en sus pensamientos.
El logo de CyberLife Company tenía un efecto tornasolar debajo de las luces de la cafetería. Gavin notó que el diseño había cambiado desde la última vez que lo vio. Este era mucho más limpio y simétrico que el anterior. Supuso que esto tenía que ver con el reciente acercamiento de los androides a la humanidad como conciencia.
Por eso el hecho de que RK900 estuviera en la plaza ese día no le resultó del todo sorprendente. Las primeras máquinas que se declararon consciente de sí y libre albedrío fueron, irónicamente, los mismos que formaron parte del elenco de la película "Detroit: Become Human". Las primeras teorías del porqué de esto se basaban en que fueron las mismas narrativas de la historia, y posteriormente los recuerdos de los papeles anteriores, lo que ayudaron a las mismas a alcanzar la conciencia. Pero nadie supo bien por qué.
De todas formas, ahora las máquinas tenían más derechos que los mismos humanos en años. Y Gavin no podía evitar resentirse. Después de todo, era gracias al odio de sus jefes por las máquinas que continuaba teniendo trabajo, porque si no fuera por eso, ya lo hubieran despedido. No era algo raro de ver, de todas maneras.
De ahí las marchas contra los androides en las plazas centrales de Detroit. Gavin hubiese asistido alguna si no fuera porque el poco tiempo que tenía libre, lo usaba para estar con Lucy, acariciar gatos callejeros o anotar palabras en una libreta manchada de café. El resto del día lo gastaba trabajando.
Como ese momento, por ejemplo. Solo que ese día era calmo. Los clientes pidieron lo mismo de siempre, con un poco más o menos de azúcar que la vez anterior. Y él continuaba igual. Solamente que ahora tenía la mirada fija en esa tarjeta que recogió del césped luego de que el androide se desvaneciera en el paisaje de los árboles.
—Hola.
Gavin dio un salto en el lugar. La tarjeta de presentación negra brinco de sus manos e intento arduamente atraparla para guardarla dentro del bolsillo de su delantal.
—Uh, buenas tardes— saludó, logrando atrapar el cartón y guardarlo —, bienvenido a...— levantó su mirada y se encontró con la de RK900 —Oh, solo eres tú— borró su sonrisa de cortesía, apoyando su mano en su cintura —¿Qué se supone que haces aquí?, eres un maldito acosador.
—Es una cafetería, pública, Gavin... ¿No puedo simplemente tener deseo de beber un café?
—Si, mierda, pero tú no necesitas "beber un café"— rodó los ojos —. Mira, estoy trabajando y no puedo darme el lujo de perder este trabajo por golpearte, por más que desearía hacerlo, así que hazle un favor a los dos y vete a la mierda.
—Ya se lo dije, estoy aquí por el café. He escuchado que aquí prepararan uno bueno...— le guiñó el ojo.
—Maldita sea, ¿Acabas de jodidamente guiñarme un ojo?— Gavin escondió su rostro con sus dedos avergonzado, mirando hacia los costados para ver si alguien los había visto. A lo mejor creían que coqueteaba con él y su jefe lo despediría.
—No sé dé que me habla...
Gavin refregó su rostro con fuerza.
—Bien, jodidamente bien— suspiro, sacando la libreta manchada de café para anotar el pedido —, un café de "mierda", anotado, ¿Algo más que se le antoje a su majestad?— anotó bruscamente.
—Oh, no, solo eso...— sonrió.
—Son 2.60 dólares.
Richard sacó los dólares de su billetera y le pago. Gavin le indicó que se sentara dónde "putas se le antojara" y le preparó un café de mala gana. El androide sonrió suavemente, viéndolo desde su silla mientras el humano peleaba con la cafetera.
Al poco tiempo, el humano le llevó el pocillo de café y este le agradeció, pero no bebió ni un solo sorbo de este...
En verdad, él no necesitaba comer, mucho menos beber. Gavin tenía razón, pero ninguno de los dos dijo nada. Nada más se miraron provocativamente. El humano atendía amablemente a otras personas y podía ver claramente por el rabillo del ojo la sonrisa burlona del androide. A lo que respondía rodando los ojos y mostrandole su dedo medio.
En cierto punto fue... divertido. Pero el tiempo no se detenía y Gavin continuaba trabajando hasta la hora de cerrar la cafetería, con mil cosas en la cabeza. Con la llegada de los días fríos, este cerraba cada vez más temprano y él odiaba eso. Porque menos horas de trabajo significaba menos dinero...
Y dinero es justamente lo que más necesitaba ahora si quería que su hija continuara con sus estudios y tuviera una niñez completa y feliz.
Agradecía que Tina Chen, su amiga, se haya ofrecido a cuidar a Lucy mientras él trabajaba. A su jefe, cuando tenía un mal día, le gustaba gritarle y humillarlo frente a los clientes y Gavin no quería que ella viera eso... y no es como si su sueldo por debajo de la media le permitiese dejar a su hija con una niñera de 20 dólares la hora tampoco.
Gavin jadeo pesadamente, dejando caer las bolsas de basura fuera del café.
El amanecer había acabado hace unos minutos y las estrellas dejaron de esconderse entre las nubes para mostrarse de a poco. Pero ni siquiera tenía tiempo de mirarlas. El turno en Jimmy's bar comenzaba dentro de unas horas y tenía media hora en bus hasta allí. Por lo que perder el tiempo en mirar las estrellas no era una opción.
—Deberías descansar, Gavin...
Gavin volteo hacía la voz y rodó los ojos con molestia al reconocer la silueta de RK900 acercarse en la oscuridad, con la luz de la cafetería iluminando la mitad de su cuerpo.
—Y tu deberías terminar tu café— encogió un hombro —, encárgate de tu mierda y yo me encargare de la mía.
—¿Por cuanto tiempo piensas seguir así?— le preguntó.
Gavin lo miro fijamente.
—¿Y eso a ti que mierda te importa?— gruño —, vienes aquí escupiendo mierda... como si me conocieras— apretó sus dientes —, ¿Qué quieres de te diga?, "¡Oh, gracias RK900, tu comentario (que nadie pidio, por cierto) me ha ayudado a resolver mis putos problemas!".
—No necesita ser sarcástico conmigo, soy serio con usted— frunció el ceño —, quiero ayudarle.
—¿Sarcástico?, oh no, te equivocas, "soy serio con usted"— él se burló —imbécil, yo no te pedí ayuda.
Richard lo miró severamente y su LED parpadeo en rojo. Parecía haberlo ofendido y lejos de sentirse mal por eso, se alegraba como la mierda. Creyó que le diría algo o que al menos lo insultaría, pero el androide simplemente se inclinó y se retiró.
Bueno, no podía esperar mucho de todas maneras. Un androide como él no tenía por qué estar en una cafetería de mala muerte como esa, esperando a un humano como él: bueno para nada, sin dinero y con una hija a la que ni siquiera podía darle todo lo que ella necesitaba. A la mierda con RK900, Gavin tenía otras cosas de las que preocuparse.
Gavin sobó su nariz y encogió un hombro, continuando con su trabajo...
