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Language:
Español
Stats:
Published:
2022-04-03
Words:
2,084
Chapters:
1/1
Comments:
3
Kudos:
44
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4
Hits:
274

Las mantas justas

Summary:

Lo de siempre, unas circunstancias gélidas y sólo queda una manta. Mayu y Mikoto tendrán que compartir. Hacen lo que pueden y al final uno de ellos pasa calor.

 

O, dos veces en las que Mikoshiba consigue dejar de lado su vergüenza, una en la que lo pueden los nervios y otra en la que es él el que hace sonrojarse a otro.

Notes:

Puede que la sinopsis me haya quedado algo sugerente... pero no hay nada así en este fanfic, lo siento jeje...
Quizá algún otro día.

Pues eso, espero que disfruten de otro fanfic sobre estos dos entrando en pánico internamente sin que llegue realmente a nada. Esta vez incluso yo diría que se me ha ido un poco de las manos 😅😅 Seguro que han leído cosas mucho mejores, pero aun así es posible que encuentren la situación más o menos tan adorable como yo me la imaginé.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Para sorpresa de nadie, Umetaro iba de nuevo al límite con las entregas del manga, y, de nuevo, se había visto obligado a recurrir a todos sus ayudantes para lograr terminarlo a tiempo. Eran ya las cinco y media de la tarde, Mikoshiba se había ofrecido voluntario para ir a la tiendita más cercana a por unas bebidas y algo de merienda, necesitaba despejarse. Después de horas dibujando, sus flores habían dejado de ser distinguibles entre sí y el estrés ya cargaba el aire en la habitación. Todo esto era normal, sin embargo, la jornada de hoy estaba siendo especialmente dura. No parecía que fuera a mejorar. Frente a la puerta del apartamento de Nozaki dudó si entrar o no, seguramente ahí fuera pasaría menos frio que dentro.


Tal y como es universalmente reconocido por la sabiduría más cotidiana del común de los mortales: en situaciones difíciles, si algo puede salir mal, saldrá mal. Pues bien, la calefacción de aquel edificio había sucumbido de forma definitiva el día anterior, viernes; no se podría solucionar el problema hasta el lunes, estaban a 26 de enero y con un frío polar. Todo consuelo en la sala era un viejo calefactor funcionando a duras penas y unas mantas que, para rematar, estaban justas.


Confirmó que efectivamente debería haberse quedado fuera cuando vio que su sitio y su manta habían sido usurpados por un Mayu que acababa de llegar. Saludó, dejó las bandejas de precocinados que cada uno había pedido en la cocina y repartió las bebidas entre sus compañeros. El integrante más joven del grupo se había limitado a mirarlo a modo de saludo y ya estaba de nuevo enfrascado en la lectura de un manga que Mikoto reconoció en seguida. Claro, era suyo. Probablemente Mayu se había leído ya más de la mitad de su colección. Éste volvió a levantar la mirada cuando sintió el leve puntapié con el que Mikoto le llamaba la atención. Se le quedó mirando, a la espera de una señal clara acerca de las expectativas que se tenían sobre él.


−¡Ey! Ese es mi sitio. ¡Y mi manta!


Tardó unos segundos en reaccionar. Entonces estiró el brazo abriendo un hueco junto a él en la manta. Instantáneamente, ante tal propuesta, Mikoshiba se puso nervioso, a pesar de repetirse a sí mismo que no tenía ningún motivo para estarlo. Miró al resto, dudando qué hacer: Sakura estaba por completo absorbida por su tarea, la cara a sólo unos centímetros del papel, se distinguía que llevaba, además de la manta, por lo menos, dos jerséis, y, con todo, todavía temblaba (no se podría saber si por el frío o porque la última de las capas de ropa se correspondía con un jersey de Umetaro, que le había prestado en un inusual acto de empatía por su parte); al otro lado de la mesa, a Wakamatsu le goteaba la nariz y la manta que tenía no llegaba a cubrirle del todo (¿cuándo iba a dejar de crecer ese chico?).


En fin, en tal situación Mikoto no tenía más que una opción, refunfuñó un poco y se sentó junto a Mayu, a la vez que dejaba en la mesa el zumo extra que había cogido por si acaso éste venía. Con un gesto remolón se acurrucó un poco más bajo la manta, lo cierto es que se agradecía el calor humano a su lado. Retomó por fin su labor con las flores, todavía le quedaba trabajo para llenar unas cuantas horas, pero, con el cuerpo más templado, pudo aprovechar la quietud que lo rodeaba. Cada uno dedicado por completo a lo suyo. Sólo algún sorbo ocasional y de vez en cuando una pregunta a Umetaro para que confirmase el progreso rompían con un entorno de absoluta concentración.


·


No se percató de cómo Mayu había ido recogiéndose poco a poco hacia él y, finalmente, como por inercia, había acabado recostado en su regazo. Sólo reaccionó cuando este movimiento, para el otro tan natural, culminó con la cabeza del chico posándose suavemente sobre él y robándole por un momento su atención a las flores; y es que no pudo evitar un pequeño sobresalto.


−Mayu, ¿qué haces?− Lo dijo en voz baja para no molestar al resto.


−Siesta.


Eso fue todo lo que obtuvo por respuesta. Ya notaba algo calientes sus mejillas. En serio, odiaba esa parte de sí mismo. Y le exasperaba la total templanza ante la vida de Mayu. Ahí estaba, sin importarle nada. Por supuesto, ¿qué era exactamente lo que le tenía que importar? Era algo normal: estar sentado junto a su amigo, Mayu durmiéndose allí donde le entrara el sueño... ni siquiera era la primera vez que lo usaba a él como almohada humana. Pero daba igual, los nervios de Mikoshiba nunca resistían con facilidad la invasión de su espacio personal.


−¿Y no tienes otro sitio en el tumbarte?− Increpó, algo alterado.


Mayu no gastó palabras para darle una respuesta, pero con un quejido caprichoso y un escalofrío fingido intentó dejarle claro que ahí estaba el único lugar seguro si es que no quería morir de frío. Le recordó entonces a su gato: misma actitud antojadiza, misma holgazanería y ahora incluso misma postura, durmiendo sobre sus piernas hecho un ovillo. Verlo de este modo le tranquilizó un poco, y, en fin, tan débil era Mikoto ante el joven Nozaki como ante su gatito consentido. Como siempre, se resignó y lo dejó hacer su voluntad, ver que Mayu no le daba ninguna importancia a aquello (ni a nada) le facilitaba dejar de lado todos ese miedo al ridículo.


−Mikoto, ¿tienes alguna duda con las flores?− La voz de Umetaro volvió a poner el foco en la tarea y Mikoshiba abandonó la corriente de sus propios pensamientos para volverse hacia la página que debía acabar.


·


Mayu no podía dormir. Era misión imposible estando en tal tesitura. Por lo concentrado y tranquilo que estaba, Mikoto no parecía ser consciente de lo que estaba haciendo. Así, como un acto reflejo, había empezado a jugar con el pelo de su nuevo gato. Lejos de relajarse, Mayu se encontraba poniendo a prueba los límites de su estoicismo. Había permanecido inmóvil y con los ojos cerrados hasta ahora, esperando que su amigo se diera cuenta y parase; pero estaba demasiado absorto en lo suyo. Después de más de media hora, Mayu estaba desesperado. No estaba acostumbrado a esa sensación, ni al estrés de su cuerpo, ni mucho menos a algún tipo de conflicto interno que no fuera debatirse entre saciar el hambre o el sueño. Ahora se esforzaba por no albergar esperanzas de más, por convencerse de que aquellas caricias no significaban que Mikoto le estuviera abriendo espacio alguno donde tuvieran cabida sus sentimientos. ¿Era aquello lo que se llamaba una "dulce tortura"? Irrelevante, tenía que pararlo ya.


·


Estaba rematando una peonia bajo una de las viñetas más emotivas del capítulo cuando notó que Mayu se revolvía en su regazo. Miró hacia abajo. Mayu tenía la vista clavada en él, la apartó cuando sus ojos se encontraron y a Mikoto le pareció percibir un sutil cambio en la expresión de aquel. Y entonces se dio cuenta. Reparó en sus dedos sobre el pelo del chico, enredados entre mechones negros. ¿Cuánto tiempo llevaba así? No podría recordarlo ni con la mente clara. Empezó a invadirlo una familiar sensación de angustia. ¿Por qué Mayu había puesto esa cara? Pensaría que era un raro; por lo menos, estaba claro que lo había incomodado. Más de lo que el pobre Mikoto podía soportar. Apartó la mano rápidamente y empezó a notar cómo los mofletes le ardían, se podía imaginar el tono que tendrían en ese momento.


−¿Estás bien, senpai?− Preguntó Waka, alarmado por el gesto brusco.


Genial, ahora todos lo miraban.


−Sí, sí, sí. ¡Tengo que ir al baño!


Se levantó corriendo y se encerró en el baño. "Perfecto. Magistral actuación: para nada exagerado. ¡Eres un idiota!" Se regañó a sí mismo con sarcasmo una vez estuvo a salvo. Calmarse le costó unos minutos. Se esforzó por controlar su respiración, y, cuando el tono de su piel volvió a distinguirse con claridad del de su pelo, se refrescó la cara con agua y salió del baño de regreso a su puesto. Deseó para sí que Mayu estuviera dormido. Su deseo se cumplió, más o menos. Al volver se encontró con que el muchacho se había transformado en una oruguita encogida junto a la mesa, enrollado en la manta, de la que sólo escapaban sus pies. Presumiblemente dormido, a Mikoto le valía.


Como resultado de un efecto dominó, después de su huída marcha, todos se habían movido. Ahora Wakamatsu estaba de pie y poniéndose el abrigo, se disculpaba apenado a Nozaki, excusándose porque tuviera que irse tan pronto (en realidad, no era para nada "pronto", serían ya las 7 y se estaba poniendo oscuro afuera).


−No te preocupes. Gracias por tu trabajo, otra vez−. Umetaro estaba sinceramente agradecido, pero su expresión desesperada y de cansancio por la urgencia de acabar el capítulo no conseguían tranquilizar a su kohai.


−¡Venga, venga! Lo conseguiremos, como siempre. Pero hay que ser eficientes, que tú y Mikoto estáis muy nerviosos hoy−. Sakura, tan sincera y directa como solía ser, acabó con la despedida. Se había levantado para preparar té, que ahora traía de la concina junto a tres tazas. Mikoshiba sonrió cuando vio cómo la reprimenda devolvía el ánimo a Umetaro, quien encontraba en las severas palabras de la chica la fuerza necesaria para volver a centrarse. Lo mismo hizo él en cuanto Waka salió por la puerta, se cubrió con la manta que éste había dejado, ignoró todas las inseguridades que lo habían estado distrayendo y, reconfortadas sus entrañas con un sorbo de té hirviendo, se dispuso a terminar las pocas páginas que ya le quedaban.


·


Poco antes de las nueve Sakura había terminado, así que, durante los veinticinco minutos que todavía se demoró Mikoto con los últimos detalles, estuvo rondando a Umetaro, que, para variar, ni cerca estuvo de notar que en la mirada de ella había algo más que la admiración de una fan.


−Sakura, yo ya estoy, si quieres te acompaño a casa, que ya es de noche.


La chica aceptó de buen grado el ofrecimiento de Mikoto, quien recogió los útiles de la mesa y dobló las mantas. Por fin, cogiendo sus cosas, abrigo, bufanda y guantes, los asistentes se dispusieron a marcharse y dejar solos a los dos hermanos, uno profundamente dormido, el otro con una larga noche por delante.


Justo antes de cerrar la puerta por fuera, Mikoto se acordó de súbito de algo. Le pidió a Sakura que lo esperara un segundo y volvió a entrar rápido. Había traído consigo los siguientes números de la serie de mangas que le estaba prestando a Mayu, pero con todo el trabajo se le había olvidado dárselos. Seguía allí, hecho un revoltijo en la manta. En la última hora había ido acortando el espacio que mediaba entre él y la pierna de Mikoto, atraído instintivamente hacia el calor. Éste último sonrió para sí al recordarlo, al final eso le había permitido confiar en que Mayu no había pensado mal de él, era demasiado perezoso para eso. Colocó los tomos encima de la mesa y en uno de los recortes que quedaban por allí escribió: "Espero que te gusten, la historia se sigue poniendo interesante. Cuidalos!!". Dejó la nota bajo la solapa del primer manga. Iba a marcharse en seguida, pero, fijándose por un momento en el miserable calefactor del que se valía la sala, no pudo resistirse a cubrir a Mayu-oruga con las mantas que ahora quedaban libres. Su cabeza sobresalía parcialmente, Mikoto se asomó. En efecto, le pareció que estaba bien dormido. Contento al dejar todo resuelto en el apartamento Nozaki, revolvió con ternura el cabello de Mayu a modo de tácita despedida y se fue al encuentro de Sakura.


·


El sonido de la puerta al cerrarse dejó tras de sí un espacio sereno, habitado por dos hermanos más bien inquietos. A Umetaro le quedaban todavía seis páginas por resolver para terminar el manuscrito. Mayu hubo de quitarse de encima hasta la última de las mantas, ya que cierta caricia le había devuelto toda la temperatura corporal que necesitaba para mantenerse a gusto, y más. Al margen del frío que hiciera fuera, su corazón parecía estar bombeando fuego en lugar de sangre a una velocidad que su cuerpo, que sólia afrontar una actividad bastante por debajo de la media, no estaba preparado para aguantar.

Notes:

¡Gracias por leer!

PD: Después de tantas emociones Mayu tuvo que descansar durante todo el fin de semana, que pasó en el más absoluto reposo.