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Aunque él no quisiera reconocerlo, Izuku era un gran romántico. Por eso, las fechas como Navidad o San Valentín siempre habían sido días complicados para él.
Su amigo Tenya le decía que era una fecha meramente comercial y que no debía preocuparse por no tener pareja, pero para él era difícil no tener novio. Quizás sonaba ridículo, pero ver a tantas parejas felices lo hacía sentirse miserable. Sobre todo, cuando sus amigos tenían pareja.
Por ese motivo, su amiga Ochako le había insistido en registrarse en una página de citas para que conozca a un hombre que le dé alegría a su cuerpo. Aunque las palabras que ella había usado fueron “un sugar daddy que te saque de la miseria”.
Se había ofendido por sus palabras, pero ella solo rio ante su cara de disgusto. Cuando las risas pararon le dio un discurso de por qué no necesitaba un hombre mayor en su vida.
A pesar de la burla de su amiga, se registró en la página. No le interesaba ningún daddy, pero sí alguien de su edad. A lo largo de sus veintisiete años de vida únicamente había tenido una relación con Tsuyu, una amiga de Ochako, solo para darse cuenta de que era gay.
Su relación había terminado bien y ahora ella era novia de su amigo de la infancia.
Al registrarse en la página conoció mucha gente desagradable, otras personas que sí eran agradables, pero con las que no tenía ningún tipo de conexión; aunque charlar era divertido. Todo era muy plano, hasta que conoció a Rody.
Rody Soul era un chico de su edad, dueño de los ojos grises más bonitos que vio en su vida y de una sonrisa coqueta que enamoraría a cualquiera. Se veía muy atractivo en su foto de perfil, posando con anteojos negros en su cabeza.
Chatearon un rato por la página y luego intercambiaron números de teléfono. Izuku sintió que la conexión fue instantánea. Así pasaron las semanas conociéndose uno al otro. Rody era muy elocuente y divertido. Cuando no estaban de acuerdo en algo, la charla se daba de manera amena, cada uno exponía su punto de vista sin agredirse o enojarse.
Un mes después hablaron por teléfono por primera vez. Izuku sintió que se derretía al escuchar su voz. Aparte de atractivo, Rody era sexy. Tenía muchas ganas de conocerlo en persona.
Tiempo después comenzaron a realizar videollamadas, al principio lo hacían de forma esporádica, pero luego se convirtió en una rutina semanal. Así, Rody le había contado que tenía dos hermanos menores y que era tripulante de cabina.
En realidad, él quería ser piloto, pero la carrera era demasiado costosa, por lo que optó por ser azafato. La mayoría de los vuelos que realizaba eran nacionales, pero a veces le tocaba viajar a otro país.
Por su parte, Izuku le contó que era hijo único y que tenía una florería donde trabajaba con su madre. También mencionó su fallido romance y cómo su exnovia ahora era la novia de su amigo de toda la vida. Parecía una anécdota digna de una telenovela adolescente. Aunque Rody le había dicho que era bueno que las cosas hayan terminado bien entre ellos.
Izuku no quería admitirlo frente a la pantalla, pero Rody lo hacía sentir muchas cosas bellas.
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Cuando sus amigos se enteraron de que “andaba” por Internet con un chico que vivía en otro país lo llenaron de advertencias. Ochako y Tsuyu habían visto muchos programas de televisión donde la gente era estafada por un amorío virtual, ninguna de las dos quería que su amigo sufra de algo así.
Por lo tanto, le entregaron un cuaderno que tenía muchos consejos acerca de cómo manejarse en una relación por Internet. Ellas sabían bien que su amigo Deku era fanático de tomar apuntes de todo lo que le resultara interesante, por lo que el cuaderno era muy útil.
Izuku lo aceptó a regañadientes, diciendo que no era ningún tonto. De todos modos, leyó las notas de sus amigas. Los consejos eran variados, estaban listados uno debajo del otro, al inicio de cada oración había un dibujito de un pequeño árbol, ¿o era un brócoli? Las hojas estaban adornadas con muchos dibujos chiquitos, seguramente Tsuyu se había encargado de la decoración.
Cuando se quedó solo en su casa, Izuku comenzó a leer en voz alta los consejos.
—No entregar contraseñas ni datos personales o bancarios. No soy tan tonto, pero gracias. No asistir a lugares poco concurridos o desolados. ¿Es que piensan que Rody me va a sacar los órganos? No tener relaciones íntimas sin… —Su cara se puso roja—. Suficiente. Creo que voy a salir a comprar té.
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Llevaban tres meses entre videollamadas y chats cuando Rody se confesó.
—Entonces, cuando abrí la canilla —contaba Izuku de manera muy expresiva— el agua salió por arriba y me mojé todo. —Rody reía sin poder controlarse—. Estuve toda la mañana con el uniforme mojado. —Hizo una pausa, habían pasado muchas horas de ese evento, pero seguía indignado—. ¿Por qué te reís tanto? ¡No fue gracioso!
Rody paró con su carcajada, apoyó el codo en la mesa y su cabeza en la mano. Miró a Izuku con mucha ternura y habló.
—Es que sos muy lindo y verte me hace feliz. —El corazón de Deku amenazó son salirse de su pecho y su rostro se puso rojo de repente—. Me gustás mucho Izu.
Un jadeo escapó de los labios de Izuku, se tapó la boca cuando se dio cuenta. Rody sonreía en el monitor de su computadora.
—También me gustás mucho —respondió cuando pudo tranquilizarse un poquito. Rody sonrió más grande aún y luego escondió su cara tras sus manos.
—De enserio me hacés muy feliz Izu.
—Quisiera poder verte ahora mismo. Quiero abrazarte.
—Yo también. Algún día nos vamos a ver en persona y ese día no voy a soltarte —prometió Rody con mucha determinación en su mirada. Izuku sintió que iba a morir en ese mismo momento.
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El tiempo avanzó muy lentamente para los dos enamorados, habían pasado cuatro meses más. El clima había cambiado, las temperaturas habían descendido bastante y las calles habían comenzado a ser decoradas con colores navideños.
En Japón era común que las parejas pasaran juntas la Navidad. Izuku no tenía pareja, pero deseaba con todas sus fuerzas pasar ese día con Rody. Desde que se habían confesado no había un día en que no hablaran, sus videollamadas semanales no se suspendían por nada. A veces Rody tenía vuelos programados, pero siempre se hacía un tiempo para ver a su “pelusita” aunque sea un rato.
A pesar de que no habían pasado la Navidad juntos, Izuku pensó que había tenido el mejor regalo de todos cuando Rody le comunicó que volaría a Japón en febrero. Desde ese momento comenzaron los planes para el día en que pudieran verse en persona.
Rody llegaría al aeropuerto de Kansai el 14 de febrero y se quedaría todo un fin de semana. Izuku sentía que la felicidad no cabía en su cuerpo. Poder estar juntos el día de San Valentín era como si el destino les hiciera un regalo.
Luego de la videollamada, reservó un hotel para él para ese fin de semana. Lo mejor era hacer las cosas con tiempo, dado que era una fecha con mucha demanda. También buscó información sobre atracciones turísticas en dicha región. Lo mejor hubiese sido que llegue a Osaka, pero lo importante era que iban a poder estar juntos.
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Tras una larga espera, el día había llegado. Izuku había comprado chocolates y un peluche de un pajarito rosado para obsequiarle. Viajó mucho hasta la región de Kansai, incluso fue hasta el aeropuerto.
Estaba muy ansioso, el momento por fin había llegado. ¿Y si resultaba que no era tan lindo como se veía en la pantalla? ¿Qué pasaba si Rody pensaba que el feo era él? Después de todo no era tan alto como Kacchan o Shoto.
Su cabeza había entrado en un espiral de pensamientos negativos, faltaba poco para que comience a morderse las uñas. Por suerte, su celular sonando lo rescató.
Un mensaje de Rody le decía que lo esperaba en la zona de taxis. En ese instante ya no pudo pensar en nada más. Sus piernas se movieron como si no necesitaran una orden de su cerebro para hacerlo.
No le costó mucho encontrarlo en la zona acordada. Lo vio parado escribiendo algo en su celular. Vestía el uniforme de azafato, su pelo largo estaba atado en un rodete bajo y su rostro no tenía ni el más mínimo rastro de barba. Era alto y esbelto. Mucho más lindo de lo que se podía apreciar en las videollamadas.
Se acercó sintiendo que estaba hipnotizado por ese chico tan hermoso, podría haber sido modelo si hubiera querido.
El muchacho estaba concentrado en su celular, enviando un mensaje al grupo de chat que tenía con sus hermanos. No prestaba atención a la gente que pasaba a su alrededor, pero cuando un par de zapatillas rojas apareció en su campo de visión, levantó la cabeza con rapidez.
Izuku estaba frente a él por fin. Sus ojos verdes eran mucho más grandes y brillantes de lo que recordaba, su cabello se veía igual de alborotado que en las videollamadas. Era muy hermoso.
—Hola Izuku —saludó sonriendo como bobo con los ojos brillando de felicidad.
—Hola. Estás muy lindo. —Rody emitió una risa corta por la voz robótica del chico frente a él. Sin querer contenerse más tiempo se acercó a él y lo abrazó.
—Tenía muchas ganas de verte y abrazarte.
—Yo también —respondió Izuku devolviendo el abrazo. Se sentía muy cómodo estando así.
Se separaron, pero se quedaron muy cerca, mirándose a los ojos.
—Tengo que ir al hotel —habló Rody—. Después de eso soy todo tuyo.
Izuku sonrió con las mejillas rojas. Asintió con la cabeza. Los dos abordaron un taxi para ir hasta el hotel designado.
Una vez que el check in fue realizado, Rody subió para dejar sus cosas y cambiarse por un atuendo más cómodo para pasear por la ciudad en la que estarían juntos todo un fin de semana.
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Para la cena asistieron a un restaurante que ofrecía una cena especial para parejas dada la fecha.
—Gracias por pasar este día conmigo —comentó Rody una vez que el mozo les trajo la comida. Izuku negó con la cabeza.
—Gracias a vos por darme tu fin de semana de descanso. —Tomó su mano por encima de la mesa—. Estaba pensando que hace casi un año que nos conocemos y los dos nos gustamos, ¿no sería lindo iniciar una relación, aunque sea a distancia?
—Me preguntaba cuándo me ibas a hacer la propuesta. Si no te apurabas iba a proponértelo yo. —Le sonrió de esa manera coqueta que a Izuku le enamoraba.
—Ay no —Se lamentó Izuku—. Perdí mi oportunidad de verte arrodillado.
—Todavía puedo proponerte matrimonio mi amor. —La cara de Izuku se puso roja de repente. Su plan de ver a Rody sonrojado fracasó.
—¡Ah! ¡Rody! No es justo. —El aludido solo rio en respuesta. Siempre era muy divertido pasar el tiempo con Izuku.
La cena especial consistía en un plato muy grande de pasta con carne. Tardaron mucho en comer porque se distraían charlando y mirándose.
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Cuando por fin terminaron de comer, decidieron recorrer las calles de la ciudad, aprovechando que todavía había gente paseando y varios comercios estaban abiertos.
A esa hora estaba bastante frío, pero a ellos no les importaba. Rody se animó a tomar la mano de Izuku y caminaron varias cuadras.
—Te traje un regalo por San Valentín —comentó Izuku. Antes de recibir respuesta, entregó los dos paquetes
Rody los tomó y abrió primero el más grande. Resultó ser un peluche de un pájaro rosado con un antifaz azul.
—Es muy lindo —dijo un poco emocionado—. Creo que le voy a poner Izu.
—No creo que sea buena idea que le pongas el mismo nombre de tu novio —respondió fingiendo molestia.
—Me encanta como suena —Se acercó y lo abrazó por la cintura. Izuku le sostuvo la mirada sintiéndose expectante—. Mi novio.
Sus labios se juntaron con timidez al principio, solo se tocaban con delicadeza. Pero cuando Izuku abrazó a Rody, buscando más contacto, el beso se volvió más atrevido sin perder la delicadeza.
Soltando un suspiro se separaron, pero sin romper el abrazo. Se miraron a los ojos y volvieron a besarse.
Más tarde, en su habitación de hotel, Izuku pensaba que había tenido el mejor San Valentín de su vida mientras hacía planes mentales para su próximo encuentro con Rody.
