Chapter Text
Shigeo Kaegama se encontraba rodeado de una insondable oscuridad. No podía moverse; un cosquilleo recorría la punta de sus extremidades y no era capaz de percibir algo. Era como si de pronto se hubiera quedado ciego, pero eso no tenía sentido.
¿O acaso estaba soñando? Sí, eso era una probabilidad. Sin embargo, si eso era un sueño, entonces era bastante terrorífico y desagradable.
Y Mob quería despertar de él.
Como si fuera una especie de señal o deseo cumplido por una deidad desconocida, Mob soltó un respingo y sus ojos se abrieron de par en par.
La oscuridad había desaparecido, y ahora había sido reemplazada por los rayos de luz que se filtraban a través de una ventana.
Ah, claro, se hallaba en su habitación.
Mob parpadeó varias veces, mirando al techo y dándose cuenta que en realidad no lo reconocía. Al pasar una mano por la superficie donde se hallaba dormido, se encontró al percatarse de que no era su futón, sino una cama, y no estaba en la esquina de la habitación donde dormía, sino en un lugar opuesto a la puerta.
¿En dónde estaban los demonios?
Se incorporó en la cama, levantándose por completo unos segundos después e inspeccionando aquel cuarto que no conocía en lo absoluto. Un amargo sabor penetró su paladar y arrugó el entrecejo, jugueteando con sus pulgares en ademán nervioso y relamiendo sus labios con angustia.
Se sobresaltó al oír que la puerta se abrió de golpe detrás suyo y miró por encima de su hombro al instante.
Ahí en el umbral se encontraba un hombre de cabello castaño y lentes; lucía bastante promedio y normal, y vestía como si se hubiera levantado con grandes prisas a juzgar por su cabello desordenado y por el hecho de que aún se estaba atando su zapato.
"¡Kusuo, rápido, llévame al trabajo que llegaré tarde", chilló el hombre.
A Shigeo le costó procesar que se dirigía a él.
"¿Q-qué?", balbuceó, pestañeando con fuerza y mirándolo en incomprensión.
"¡Por favor, hazlo y te compraré la gelatina de café que quieras!", insistió el hombre.
"No entiendo de lo qué hablas… ¿Quién eres?"
"¡No seas malo, por favor!"
"Lo siento, creo que se equivoca de persona"
El hombre suspiró con frustración, arrugando el entrecejo y mirando a Shigeo con una mezcla de incomprensión y angustia.
"Vale, si no quieres llevarme solo tenías que decir eso", masculló por lo bajo, y acto seguido, finalmente dejó de pedirle que lo llevara a quién sabía dónde, y dio media vuelta mientras desaparecía de la vista de Shigeo.
Mob se quedó ahí, confundido a un nivel que no creía posible. Abandonó la habitación con paso temeroso y dubitativo, observando que al otro lado había un pequeño pasillo y que, al final, parecía haber un par de escaleras que debían dirigir al piso inferior. La casa en realidad era bastante normal, cosa que causó que Shigeo se preguntara a dónde fue a meterse y la razón por la que el misterioso y desconocido hombre parecía saber quién era.
Bajó entonces la cabeza, y se sobresaltó al ver que tenía una ropa que jamás usaría, además de que, por unos momentos, se sintió realmente alto. Miró sus manos, observando que los dedos eran largos y la piel de una tonalidad diferente a la que él reconocía como suya.
Rápidamente, esto lo hizo entrar en pánico y retrocedió un par de pasos, incrédulo.
Su espalda chocó contra una pared, y abrió sus ojos de par en par al darse cuenta de que en una de las mesitas en el pasillo había un jarrón que alcanzaba a reflejar su apariencia.
Y esa apariencia, sin lugar a dudas, no era suya.
Su cabello ya no era negro y cortado de modo uniforme y recto, sino que era de un fuerte rosa e iba hacia diferentes direcciones. Sus ojos marrones estaban ocultos detrás de un par de lentes verdes, y en su pelo había un par de peculiares antenas que le hicieron sentir como si fuera una especie de alien.
Shigeo realmente estaba asustado, sus piernas temblaban y sus pupilas estaban dilatadas en el más puro terror. No lo entendía, ¿acaso había intercambiado lugares con otra persona? Por lo general, a ese tipo de fenómenos le secundaban una trama romántica… cosa que el chico descartó enseguida por lo estúpido que sonaba.
En cambio, empezó a preguntarse si quizá había sido provocado por sus poderes.
Era una posibilidad, se dio cuenta, pasando una mano por su cabello y evitando tocar las antenas por lo extrañas que eran.
Bajó por las escaleras con paso tambaleante, queriendo descubrir más cosas sobre el porqué ahora estaba en el cuerpo de un chico que nunca en su vida había conocido… Honestamente, Mob se estaba tomando aquello demasiado bien, quizá porque estaba acostumbrado a los sucesos sobrenaturales (aunque causados por espectros y fantasmas, cabe señalar), o porque todavía no procesaba del todo lo que estaba pasando y en el fondo tenía la falsa esperanza de que todo se tratara de un mal sueño.
Llegó al piso inferior, observando una linda y hogareña sala y sintiendo un nudo formarse en su garganta.
"Ku, ¿estás bien?", preguntó una voz femenina, sobresaltando a Shigeo.
Él se dio la vuelta de inmediato, observando que ahí, de pie y mirándolo con confusión, se hallaba una mujer de cabello negro y ojos amables, que vestía un delantal rosado y tenía un cucharón en sus manos.
Ah, cierto. Al parecer el nombre del chico en cuyo cuerpo ahora Shigeo se encontraba era Kusuo. Parpadeó varias veces, sin estar seguro de si debía confesarle a la mujer que él no era ese tal Kusuo o si era mejor seguirle la corriente hasta que regresara a su cuerpo.
Sin embargo, sus cuerdas vocales no se coordinaron con sus pensamientos, y al final solo acabó balbuceando como un bebé de un año y boqueando cual pez fuera del agua.
"¿Quién eres y qué le has hecho a Kusuo?", habló entonces una voz diferente, de mayor autoridad y algo más juvenil a diferencia de la del hombre de cabello castaño con el que Shigeo se topó al inicio.
Al girar su cabeza en aquella dirección, Mob observó que ahora estaba allí un joven de cabello rubio y con una peculiar diadema con una sola antena… ¿Es qué acaso aquella familia tenía algo con las antenas?
Shigeo, pensando que había sido descubierto, abrió sus ojos de par en par, asustado.
"L-lo siento mucho. No sé en dónde estoy", confesó él con rapidez, tartamudeando al hablar y tropezando con sus palabras de forma torpe, "Mi nombre es Shigeo y no sé cómo llegué aquí…"
En realidad, el chico rubio parecía asombrado por aquella revelación, lo que le hizo pensar a Mob que quizá no había soltado aquel comentario con una verdadera naturaleza acusatoria.
"¿Hablas en serio?", cuestionó el rubio, desconcertado.
"Ku, ¿estás bien?", inquirió la mujer a su lado, viéndole con preocupación.
"Hablo en serio", confirmó Shigeo, jugueteando con sus pulgares en ademán nervioso, "Yo solo recuerdo que me fui a dormir y cuando desperté ya no era yo… No soy Kusuo, lo siento".
"Eso es increíble", murmuró el rubio para sí mismo mientras una sonrisa trepaba por sus labios, "Y podemos decir que es verdadero, porque evidentemente Kusuo no tiene el sentido del humor para una broma como esta… Entonces, es posible que si tú has tomado el lugar de mi hermano, él haya tomado el tuyo. ¿Cómo dijiste que te llamas?".
"Shigeo… Shigeo Kageyama".
"No entiendo", interrumpió la mujer, parpadeando varias veces, "¿Eso significa que Ku no es Ku? ¿En dónde está él?"
"Ese es el problema", respondió el rubio, soltando un suspiro, y luego dirigió sus inquisitivos ojos hacia Shigeo, "Pero antes de ir a ese puente, antes debemos cruzar otro. Kageyama, ¿puedes oír… voces? Como si estuvieras en medio del tráfico y no pudieras detenerlo.
Por unos momentos, Shigeo se quedó callado. Su expresión neutral pasó a ser una sorprendida, luego mortificada y finalmente confundida.
Honestamente, no lo había notado hasta que el supuesto hermano de Kusuo lo mencionó. Sí, en realidad, podía oír con claridad ese tráfico… lo había hecho desde que se despertó, pero era como ese silbido en el que uno no reparaba hasta que alguien lo mencionaba. Además, al despertar la mente de Shigeo rápidamente pensó de forma inconsciente que se trataba de un par de vecinos haciendo bastante ruido o algo similar.
Sin embargo, el que el chico rubio lo mencionara ahora lo hizo sospechar que no se trataba de solo eso.
"Yo… Sí. Creo que puedo oírlo", admitió él, parpadeando varias veces y empezando a sentir un dolor de cabeza al comprender que ese ruido estaba siendo realmente molesto e inquietante, en especial porque no era capaz de separar los sonidos para entenderlos, y solo se sentía estar en el centro de un ruidoso mercado donde todos hablaban al unísono.
"Ya me lo temía", murmuró el chico rubio para sí mismo de mala gana, arrugando la nariz.
"¿Puedo saber qué significa ese… ruido?", preguntó Shigeo, vacilante.
"Oh, debe ser la telepatía de Ku", comentó la mujer con tono curioso, ladeando la cabeza.
¿Telepatía?
Shigeo miró al chico rubio, ansioso.
"¿Kusuo es un psíquico?", interrogó él, sin poder ocultar su entusiasmo.
En cambio, el chico rubio lo miró, confundido.
"Sí, en realidad lo es", contestó, arqueando una ceja, "¿Cómo lo sabes?"
"Porque… yo también lo soy".
.
Cuando Kusuo despertó, lo primero que pensó fue que finalmente se había deshecho de sus poderes.
Su mente era completo silencio, ni un alma perturbaba su cabeza y eso se sentía tan bien como todas las veces que se colocaba el anillo de germanio… Lo que le llevó a pensar: ¿y si se lo había colocado por accidente e.ido a dormir con él?
Quizá, después de todo, se estaba ilusionando en vano.
Así que abrió sus ojos de golpe y se incorporó en la cama… solo que no estaba en una cama, sino en un futón.
¿Pero qué rayos?
Saiki parpadeó varias veces, restregando sus ojos y rápidamente entendiendo que aquel cuarto no era el suyo. ¿Es que acaso lo habían secuestrado o algo como eso? No, definitivamente no podrían secuestrarlo sin que él lo supiera o al menos tuvieran una premonición al respecto.
Sin embargo, no podía negar que todo eso era bastante raro.
Se puso de pie, mirando su mano y observando que en realidad no tenía su anillo. Su cabeza estaba en silencio por naturaleza. Realmente raro.
Y lo fue aún más cuando observó que aquel cuerpo no era suyo.
Siendo honesto, no le sorprendió, y tampoco le costó darse cuenta. Vestía un pijama que definitivamente no usaría, y su campo de visión era más bajo de lo usual. No obstante, lo que verdaderamente lo confirmó fue el hecho de acercarse a un espejo colgado en una de las paredes de la habitación y ver en el reflejo a una persona que Kusuo nunca había visto.
Se trataba de un chico con un peinado de hongo, un par de ojos marrones y un rostro bastante… normal. Sí, realmente lucía de lo más promedio, como Satou, aunque diferente de alguna manera.
Y era absurdamente desconcertante.
¿Sería que sus poderes lo habían causado? Existía la teoría (y la única que podía formular con sentido) de que Kusuo hubiera despertado un nuevo poder mientras dormía… el poder de saltar a otros cuerpos, aparentemente.
Pero, ¿eso significaba que el intercambio era bilateral? ¿El chico que veía en el espejo ahora estaba en su cuerpo?
Siendo honesto, el pensamiento lo enfermó, y más porque no se le ocurría cómo podrían reaccionar sus padres… y oh, era verdad. Lo olvidó por completo.
Se suponía que Kusuke iba a visitarlos hoy.
¿Qué haría el desquiciado de su hermano al darse cuenta de que Kusuo no era realmente Kusuo?
Vaya. Esa situación apestaba.
Y lo único positivo de eso era el hecho de que la telepatía de Saiki parecía haberse esfumado, tal vez porque había entrado al cuerpo de un joven promedio sin poderes… No podía negar que aquella experiencia era gratificante aun si no tenía idea de cómo iba a regresar.
"Mob, llegaremos tarde a la escuela", advirtió de pronto una voz, y Kusuo se sorprendió (realmente lo hizo), mirando por encima de su hombro y observando a un chico asomarse a la habitación.
Rápidamente concluyó que se trataba de su hermano o algún familiar cercano al cuerpo que ahora Kusuo ocupaba (cuyo nombre al parecer era Mob, extraño nombre; nada promedio), pues el parecido con él era remarcable.
Kusuo se le quedó mirando, y se preguntó si sería conveniente expresar que no era el Mob que el chico conocía, pues probablemente se delataría a sí mismo en un desliz, dado que no tenía idea de quién era Mob ni tampoco cómo era su personalidad.
"¿Qué sucede?", cuestionó el chico al no obtener una respuesta por parte de Saiki.
Él solo parpadeó varias veces, titubeando de forma interna. No podía leer los pensamientos del chico, ergo, ahora mismo estaba caminando a ciegas en el cuerpo de un desconocido y en un lugar del que ni siquiera sabía nada.
"Creo que hoy faltaré. Me siento mal", mintió Kusuo sin problemas, y acto seguido, fingió un estornudo. Se sentía raro hablar sin su telepatía, pero no era la primera vez que lo hacía gracias a su anillo de germanio, y por lo tanto, podía ser peor.
El chico le miró con deje de recelo, echando un vistazo al interior de su habitación y volviendo a enfocar sus ojos en él. Kusuo no se sintió del todo incómodo, pero tampoco fue agradable estar siendo puesto a prueba de esa forma.
"Hum, bien, hablaré con tus maestros para que justifiquen tu falta. Mamá y papá saldrán por la mañana, así que si te sientes mal puedes llamar a la escuela y vendré a verte", respondió el chico, claramente sin estar convencido, pero siendo lo suficiente serio como para hacer notar su preocupación.
Kusuo supuso que Mob era alguien que no tendía a faltar a clases, pues de otra forma, el desconocido no le habría creído con tanta facilidad.
Finalmente, el chico desapareció por la puerta, dejándolo solo.
Soltando un suspiro, Saiki pasó una mano por su cabello, frunciendo el ceño y preguntándose qué debía hacer ahora que tenía la mañana libre… Miró sus manos, y acto seguido, se dispuso a intentar ver si realmente había perdido todos sus poderes con el cambio de cuerpo.
La telepatía y la petrificación no funcionaban, eso ya era un hecho y, al acercarse a un mueble para tratar de levantarlo, supo que la superfuerza también estaba fuera de caso (y hasta se preguntó de forma vaga por qué el cuerpo de Mob era tan débil). Poco a poco, empezó a tachar poderes: no podía usar la levitación, la teletransportación, la piroquinesis, la…
"¿Pero qué estás haciendo?"
Una voz detrás de él lo sobresaltó (eso de asustarse empezaba a ser un problema) y Kusuo miró por encima de su hombro, quedándose perplejo al ver a una especie de globo verde flotar cerca de él.
¿Qué?
Parpadeó varias veces, retrocediendo con confusión y duda de forma inconsciente y mirando al globo verde con sus ojos abiertos de par en par. De acuerdo, Saiki no solía asustarse con tanta facilidad… pero, ¿quién no se asustaría estando en su situación? No era peor que las cucharas, mas sí era bastante malo.
"Oh, ¿qué sucede? Fui a ver a Ritsu y me dijo que estabas enfermo, ¿tan mal estás?", volvió a hablar el globo.
¿Ritsu? ¿Se refería al chico con quien Kusuo se había encontrado al principio? Pensándolo mejor, ¿por qué el globo podía hablar?
"Me ves como si no me conocieras, ¿acaso tienes fiebre?", insistió el globo. Realmente tenía ojos y una boca, así como un par de pequeños brazos y piernas… sin duda, era una locura.
Kusuo se dio cuenta de que en realidad no podía seguir con esa estafa de pretender que era Mob… y siendo sincero, tampoco quería. Podría hacerlo si tan solo tuviera su telepatía y pudiera ver en qué estaba pensando ese globo verde, pero no era así.
En otras palabras, la incertidumbre e ignorancia en la que Kusuo estaba envuelto eran tan peligrosas como delatar su identidad en sí.
Así que inhaló una bocanada de aire, mientras decía:
"Lo siento. En realidad no soy Mob o quién sea el chico con quién crees que estás hablando".
El globo verde lo miró, atónito.
"No me digas que algún espíritu estúpido te ha poseído", exhaló él, pasmado.
Kusuo se sintió aún más confundido. ¿Desde cuándo los espíritus poseían personas?
"Vaya, vaya… No, no soy un espíritu", le corrigió él con rapidez, manteniendo la calma tanto como le era posible, "Mi nombre es Saiki Kusuo, y sospecho que intercambié mi cuerpo con el de Mob de forma accidental…"
El globo verde parpadeó varias veces.
"Wow, ve más despacio… ¿Cómo se intercambia cuerpos con alguien accidentalmente?".
"Bueno, supongo que no hace daño decirlo considerando mi desventajosa situación… Soy un psíquico, y aunque por lo general tengo contados mis poderes, en ocasiones descubro uno nuevo de la peor forma; en este caso, es posible que haya descubrir el poder de intercambiar cuerpos y lo haya hecho de forma accidental con Mob".
El globo verde permaneció en silencio, pensando.
"No pareces mentir, y definitivamente Shigeo no podría crear una broma tan elaborada como esta", suspiró él, asintiendo con la cabeza como si eso lo decidiera todo, "Bien, lo creo".
Kusuo lo miró, sorprendido.
"¿En serio?", inquirió, sin poder evitar sentirse vacilante.
"Pues sí, Shigeo también es un esper como tú, así que es creíble que haya algunos demasiado dotados que puedan hacer este tipo de cosas".
"¿Qué significa 'Esper'?"
"Es lo mismo que ser un psíquico, como tú dices que eres".
Saiki se quedó desconcertado. Vaya, ¿estaba en el cuerpo de otro psíquico? Eso podría explicar el porqué había intercambiado cuerpos con Mob (o Shigeo, como el globo verde le había llamado), y lo primero que llegó a su mente fue el cómo un psíquico podía verse tan común y normal.
Sinceramente, Kusuo no había estado realmente con la envidia hasta ese momento.
