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Call It Fate, Call It Karma

Summary:

Se supone que él destino tenía preparado para unos cuantos a la persona perfecta para ellos, alguien que les entendería a la perfección y amaría como nadie más en el mundo, en otras palabras, tu alma gemela.

Mitsuya no sabía si el destino estaba jugándole una broma o si era simplemente karma. No había forma en que Taiju Shiba fuera su alma gemela aún si compartían una marca que decía lo contrario. Pero con tal de regalarle unos últimos días de felicidad a su ilusionada y enferma madre, Mitsuya haría lo que sea, incluso si eso significaba tener que convivir con Taiju.

Notes:

ADVERTENCIA: Por el bien de este fic, Taiju traía guantes cuando le dio la mano a Mitsuya al hacer el trato en el arco de los Black Dragons.

He estado pensado esta temática por mucho tiempo y finalmente me anime a empezar a escribirla capítulo a capítulo en lugar de terminar de escribirla por completo y luego publicarla, que yo sé que si hago eso nunca voy a terminarlo.

Este capítulo se lo dedico a mi amiga Eliza, quien fue la primera a la que le conté mi idea y quien siempre me ha apoyado para no dejar tirados mis AUs, te quiero muchísimo. ¡Gracias por todo!

Sin más ¡Espero les guste!

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Mitsuya sentía su omóplato derecho arder. Técnicamente, le dolía todo el cuerpo, pero esa parte en especial resaltaba por el ardor. Era como si una pequeña parte de su piel estuviera abriendonse y su cuerpo tratara de advertirle. Puso su mano sobre su hombro, tratando de alcanzar lo más que pudiera de la zona afectada y una vez sus dedos lograron rozarla por sobre la ropa lanzó un quejido acompañado de una mueca.

—Taka ¿Estás bien? — Pregunto Hakkai, quién estaba en igual de malas condiciones que él físicamente pero que para nada parecía estar pasando por la misma incomodidad.

—Si, es solo que ha sido una difícil pelea la de antes. Tu hermano sí que golpea como el demonio ¡Tch! — Soltó otro quejido y regreso su mano al manubrio antes de perder el equilibrio.

— Y jamás me he acostumbrado— Suspiró por lo bajó. — Pero eso ha quedado finalmente atrás. — Respondió con una sonrisa, como quien trata de ver las buenas nuevas que el futuro traerá consigo a pesar de apenas haber salido del infierno.

Mitsuya no expreso más sobre su dolor y le regreso la sonrisa, contagiado del entusiasmo de su amigo.

Conducían de regreso a sus hogares en medio de la noche, solo siendo alumbrados por las luces de los faros. Hacía mucho que las calles habían quedado en silencio, puesto que el momento para celebrar había pasado y ahora todos se dedicaban a tener un momento más íntimo con sus amigos y familiares.

Ambos no encajaban con la ocasión, cualquiera que los viera sin saber la fecha, jamás adivinaría que era navidad, aún con el frío y la nieve cayendo.

Después de despedirse, Mitsuya siguió su camino restante acompañado únicamente de sus pensamientos, como una forma de no prestarle atención al dolor en su omóplato. El recordar todo lo que había pasado hace unas horas le seguía pareciendo una locura.

Había vivido varias peleas desde que estaba en el mundo de las pandillas, pero ninguna como la que había tomado lugar en la iglesia hace unas horas. Recordó la batalla que tuvo con el mayor de los Shiba, pese a que la situación era grave, no había podido evitar sonreír de oreja a oreja ante la adrenalina que había sentido en aquel momento de enfrentar a un oponente que representaba un verdadero desafío. Hacía mucho que no sentía aquella intensidad en una batalla, de esas que le recordaban porque le gustaba ese mundo.

Y joder, que lo que le siguió no se quedó atrás, las palabras de Yuzuha, la valentía despertando en Hakkai y sobretodo, aquel monólogo de Takemichi, sabias palabras que habían calado en los Shiba debido a la veracidad. Si, está noche se llevaba el premio y estaba seguro de que se quedaría impresa en su memoria aún con el pasar de los años, recordándola con sus amigos una noche al beber y riendo al tomarlo todo con menos seriedad. Pero por ahora, aquellos todavía no eran largos recuerdos y el dolor punzante en su cuerpo cansado se lo recordaban.

Apenas llegó a casa, entro haciendo el menor ruido posible al dirigirse a su habitación. Les dio una mirada a sus hermanas, asegurándose que estuvieran bien y tomo sus cosas para dirigirse al baño, tambaleándose en el camino gracias al dolor y ardor creciente en su piel. Encendió el agua caliente y comenzó a despojarse de su uniforme, teniendo cuidado en no rozar la herida para no hacer ningún quejido que pudiera despertar a las más pequeñas. Una vez su torso estuvo libre, se volteo frente al espejo y regreso su mirada a él, intentando ver qué era lo que tanto ardor e incomodidad le causaba.

Y entonces le vio.

Intento convencerse de que el vapor del agua y el espejo que comenzaba a empañarse le estaban jugando una mala broma, o que tal vez su cansancio le había hecho ver cosas que no eran. Pero una vez que pasó sus dedos y sintió el leve relieve en su piel acompañado de un dolor agudo, supo que no había truco alguno en aquel espejo y se dejó de engaños, lo que estaba viendo era real. En su omoplato derecho, arriba cerca de su hombro, se encontraba una marca en su piel hinchada y rojiza, o al menos el despertar de una.

Y toda esa adrenalina y emoción de victoria se derrumbó en un instante, remplazándola por ansiedad. Sentía que las paredes se cerraban y el aire comenzaba a faltar, pronto el vapor del agua caliente comenzó a asfixiarle.

Mitsuya se sentó en el piso y se recargo en la pared al perder el equilibrio, aturdido y con miedo, se llevó las manos a la cara. No podía ser, esto no podía ser correcto ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿En qué momento...? Y sobre todo ¿Quién? ¿Quién era el culpable? ¿Quién tenía la marca gemela?

En cualquier otro momento, esto habría sido una grata sorpresa para él. Saber que había una persona que había sido diseñada solo para él, alguien que le comprendería mejor que el resto y con quién jamás se sentiría solo otra vez no era para nada una mala noticia. De hecho, debido a las pocas personas que contaban con una marca, Mitsuya jamás pensó que sería una de ellas ¿Cuáles eran las posibilidades? Pero por supuesto que eso jamás le impidió el imaginar ¿Si yo tuviera una...? ¿Cómo sería mi alma gemela? Claro que todos aquellos lindos pensamientos se vieron desquebrajados ahora, que debido a lo que había pasado el día de hoy y quiénes habían tenido contacto físico con él, no podía ser nadie bueno.

Las únicas personas que habían tenido contacto directo en esa pelea con él habían sido los tres miembros de Black Dragons. El pelinegro de ojos rasgados no se había acercado tanto como para tocar su piel y ahora que lo recuerda, el rubio con una cicatriz en el rostro le había golpeado con un tubo en la nuca, no exactamente lo que se considera "contacto directo". "¡Yuzuha!" Rápidamente grito su mente tratando de salvarlo, pero no, ya había tomado la mano o acariciado la cabeza de la chica antes y jamás había tenido este efecto. Una última esperanza apareció en él sugiriéndole los nombres de Hakkai o Takemichi, pero no había manera en que pudieran ser los portadores de la marca gemela, ya había tenido algún tipo de contacto directo con su piel en diferentes ocasiones, estaban en una pandilla de peleas después de todo.

Solo quedaba una persona restante, una persona en la que no había querido pensar y en la que su mente le daba la vuelta cada que se acercaba a aparecer en su cabeza desde que se vio en el espejo, aún si él mismo sabía desde el principio que era el más probable de compartir la marca.

Taiju Shiba.

Era obvio, él sí que le había tocado si tomaba en cuenta los golpes que ambos se habían propinado, había sido un roce directo de piel con piel. Y ahora que lo piensa con más detalle, el ardor en su piel había comenzado desde la pelea con el mayor, aunque claro que lo había confundido con el dolor que su cuerpo estaba resintiendo ante los golpes.

Mitsuya se paró y como pudo se dirigió de nuevo al espejo completamente empañado, limpiándolo con su mano para ver la marca una vez más, esperando que ya no estuviera ahí ilusamente. Y como si el destino se riera de él aconteciéndole lo que el futuro le traería, alrededor de esta, se encontraban grandes moretones morados, proporcionados por la misma persona.

Su “alma gemela”.

Realmente lo demás estaba en blanco, para cuando se dio cuenta, ya se encontraba acostado en su futón mirando hacia el techo, intentando procesar lo que acababa de descubrir.

Taiju Shiba, el hombre que había torturado por años a uno de sus amigos más cercanos, que había destruido a su propia familia e intentado acabar con la vida de todos hace un par de horas… era su alma gemela.

¡Maldita sea! Incluso había ordenado a uno de sus hombres golpearlo letalmente en la cabeza ¿Qué clase de persona haría algo así? Definitivamente no la que se supone que te amaría sobre todas las cosas. 

Alguien como él no podía ser su alma gemela ¡Alguien como él no podía ser el alma gemela de nadie!

Aun así, intentaba mantener la cordura, esto podía solucionarse. Si, tal vez la marca dolería hasta que se completase, pero no era nada que no pudiera soportar cuando se acostumbrase a la incomodidad. Aparte, estaba en un lugar que podía esconder fácilmente, nadie lo notaria y, por ende, no tendría que dar respuestas al respecto. Ni siquiera había razón alguna por la que tuviera que ver al idiota del hermano mayor de Hakkai otra vez, todo estaría bien, podía seguir llevando su vida como siempre.

Sin embargo, no podía creer que incluso habiendo vencido al Shiba mayor, este se las hubiera arreglado para dejarle un último mal sabor de boca, arruinando algo que alguna vez fue importante para él. Pero ya no, ahora lo que pudo haber significado algo bueno y especial en su vida era solo una marca, una marca sin valor alguno.

____________________

— Mitsuya, tan puntual como siempre. — Dijo la recepcionista que ya estaba acostumbrada a verle. — Qué flores más hermosas, estoy segura de que le encantarán.

El aludido solo le devolvió la sonrisa y asintió, siguiendo el ya tan conocido camino que se sabía de memoria junto a sus hermanas.

Una vez estuvo frente a la puerta de la habitación se detuvo por unos momentos, conteniendo la respiración. No importaba cuántas veces viniera, nunca era fácil para él cruzar esa puerta. Este era el único momento donde Mitsuya se permitía dejar de fingir su sonrisa segura ante la situación, aunque fuese por solo un par de segundos.

Uno.

Dos.

Y la sonrisa estaba de nuevo en sus labios.

Apenas abrió la puerta, se encontró con una vista cansada y ojerosa junto a unos sonrientes labios resecos y pálidos que le saludaron. — Takashi.

— ¡Mami! — las niñas soltaron la mano de su hermano para correr directo a la cama, una en cada lado.

— ¡Niñas, esta vez vinieron! ¿Tan rápido es finales de mes? — Respondió la madre acariciando la cabeza de ambas niñas para después agacharse con cuidado y besar sus frentes. 

Mitsuya se ocupó en cambiar las flores del florero con las nuevas que había traído entre lo que su madre y hermanas se saludaban. Una vez terminó de ponerles agua fresca se acercó a la cama.

— Takashi, te he dicho que no es necesario que me compres flores tan a menudo, las que me trajiste hace dos días estaban aún en perfecto estado.

Mitsuya solo río, dejándose abrazar por su madre y disfrutando de sus mimos — ¿No te gustan? Quiero que tengas un recuerdo de nosotros para cuándo no estemos aquí.

— Me encantan, gracias. — Sonrió dulcemente, pasando sus huesudos dedos por los cortos cabellos de su hijo.

Así eran las visitas a su madre desde hace unos años desde que su enfermedad había empeorado al punto en el que necesitaba estar en el hospital en todo momento. Aquellas paredes blancas y pulcras de la habitación eran casi como un segundo hogar para Mitsuya, quien venía varias veces a la semana a visitas cortas, a diferencia de sus hermanas a las que por su edad solo se les permitía entrar a la habitación de cuidados intensivos unas cuantas veces al mes.

Cuando podían venir los tres pasaban toda la tarde ahí, comían y merendaban juntos mientras platicaban de todo lo que ocurría en su día a día y después veían alguna película juntos, tal y como sus hermanas lo estaban haciendo ahora mientras él seguía conversando con su madre.

— ¿Cómo va todo en tu club de costura?

— Bien, sigo trabajando en el diseño que te mostré la última vez. Hace unos días Draken me acompaño a comprar la tela para la parte de abajo, así que creo que debería poder terminarlo la semana que viene.

— Me encantaría verlo terminado, toma una foto de él para mí la próxima vez que vengas. A propósito, ahora que lo mencionas ¿Cómo ha estado Draken y el resto de tus amigos?

— Bastante bien, su herida ya casi cicatriza por completo y el resto también está bien, Toman cada vez va creciendo más.

— Y qué hay de tu amigo Keisuke ¿Sigue batallando con los estudios?

— ¿Baji? Él… ¡Él está bien! Chifuyu le ayuda a estudiar entonces ahora le va mucho mejor, definitivamente pasará de grado está vez.

— Me alegro por él. Hace tiempo que no hablo con su madre, pero recuerdo que se preocupaba mucho por las calificaciones de su hijo. Qué bueno que todo esté mejorando para él.

Mitsuya le sonrió y volteo a la ventana, notando como el sol ya casi se había metido por completo. Ya casi terminaba la hora de visita del hospital.

Su madre apretó su mano, entendiéndolo también.

— Vendré pasado mañana otra vez.

— No tienes que hacerlo.

— Pero yo quiero hacerlo. — Una sonrisa sincera se dibujó en sus labios. — ¡Luna, Mana, vengan a despedirse! 

Las niñas corrieron a abrazar a su madre, preguntando cuando podría volver a casa. Momentos así nunca fallaban en estrujar el corazón de Mitsuya, ellas eran aún muy pequeñas como para entender del todo lo que estaba pasando.

Una vez sus hermanas terminaron de despedirse, se inclinó para abrazarla también.

— Gracias por todo. — Le susurro su madre.

— No es nada, en serio.

Su madre lo abrazo con la poca fuerza que tenía, sobando su espalda con sus manos. Fue a casi nada de soltarse que pasó su mano por su omóplato, acariciando accidentalmente la aún sensible y adolorida marca.

Mitsuya no pudo evitar hacer una mueca y soltar un pequeño grito ahogado por el dolor.

— ¿Estás bien? ¿Qué fue eso?

— No es nada, solo me caí hace unos días y me lastimé.

— ¿Seguro? Juzgando por tu reacción, no parece ser un golpe normal. Déjame ver.

— No, te juro que no es nada.

— Takashi. — Dijo en forma de regaño.

— En serio estoy bien.

De tanto ruido que hacían, las niñas no pudieron evitar voltear a escuchar la conversación.

— ¿Eh? ¿Hablan de la marca que tiene mi hermano?

— ¡¿Marca?!

Mitsuya suspiro derrotado.  — Mana, Luna ¿Podrían esperar en la sala afuera de la habitación? Voy en un momento. Y no se vayan a mover de ahí ¿Está bien?

Las niñas obedecieron, despidiéndose por última vez de su madre antes de cerrar la puerta, dejando a ambos en silencio.

— Takashi ¿Qué está sucediendo?

— Esto…— dijo tomando una manga de su suéter y bajándola lo suficiente para que la marca pudiera ser apreciada. — apareció en mi piel hace unos días.

— ¡No puedo creerlo! ¡Mi propio hijo tiene una marca! — Dijo emocionada.

Y ahí estaba, frente a él, la razón por la cual las marcas y almas gemelas tenían un significado importante para él. Porque para su madre lo eran. Desde niños, ella siempre les habló y contó lo hermoso que era tener a alguien diseñado especialmente para ti, tu otra mitad. Cómo un amor tan grande podía existir entre dos personas como para crear un lazo y marcarse por el resto de sus vidas. Aún si ella no tenía una.

Mitsuya por supuesto que se lo creyó. Toda su vida pensó que lo que le decía su madre era cierto, que todo eso de almas gemelas y amor eterno era real como si fuera un cuento de hadas. Claro que eso fue hasta hace unos días, cuando le sucedió a él. Tal vez solo había ocurrido un error con él, tal vez todo seguía siendo real, solo él no entraba en esa categoría. No lo sabía y tampoco quería pensar en eso. Él solo hecho de que lo que siempre conoció e imagino fuera destrozado de tal manera lo hacía marearse.

— ¿Por qué no me lo dijiste? 

— Iba a hacerlo, solo estaba esperando el momento adecuado. — Respondió rascando su nuca.

Su madre pasó con cuidado sus dedos alrededor de la marca. Mitsuya agradecía al cielo de que los moretones de antes hayan sanado tan rápido.

— Es hermosa…y por lo que veo, reciente ¿Quién es la persona que comparte tu marca? ¿Le conozco?

— No exactamente…

— ¿Acabas de conocerle? ¿Cómo es? ¿Puedo verle? ¡Tienes que contarme todo! No puedo esperar a ver tu marca terminada.

Mitsuya se removió nervioso ante tantas preguntas siendo bombardeadas ante él.

— Lo siento, es solo qué realmente estoy emocionada. No solo estoy conociendo una parte nueva de ti, sino que…— Su madre lo miró a los ojos. —Takashi, tú sabes bien que tal vez no me quedé mucho tiempo. Saber que no te dejo solo, sino con alguien que te va a cuidar y amar como ninguno otro, me hace sentir que te dejo en buenas manos…

” No, no sabes de lo que hablas, él no es así. Él es un monstruo." Pensó.

— Mamá, sabes que no estoy solo, tengo a Luna, Mana y mis amigos.

— Tú sabes a qué me refiero…

Un silencio se hizo presente entre los dos.

— Está bien, si no quieres que me meta en tus asuntos o es demasiado pronto para ti como para presentarmele lo entiendo, pero por favor, aunque sea permíteme ver tu marca completarse cada vez que vengas, no puedes imaginar lo feliz que eso me haría.

Y Mitsuya no tenía que imaginarlo si con solo ver el rostro de su madre era más que obvio. Hace tanto que no la veía tan radiante, tan emocionada y esperanzada, tan feliz.

No podía destruir esto para ella y quitarle esa ilusión, menos con los pronósticos de su salud cada vez peores. No quería quitarle esa sonrisa que acababa de recuperar, quería verla para siempre.

— De acuerdo. Lo haré.

— ¿En serio? — Le respondió emocionada.

— Si. — Le dijo sonriendo dulcemente, contagiado de la felicidad de su madre.

Se despidieron cuando la enfermera tocó a la habitación, avisando que la hora de visitas había terminado. Y una vez llegó a casa no tuvo tiempo de descansar de todas aquellas emociones. De por sí siempre terminaba agotado mentalmente de ver a su madre en ese estado y ahora que le había prometido algo que ni siquiera estaba seguro si podría cumplir solo lo empeoraba. 

No podía echarse para atrás ahora ¿Qué explicación le daría a su madre? ¿Qué su alma gemela era un psicópata? ¿Cómo su madre podría partir en paz con eso?

Lo único que quería era acostarse y no saber de nada y nadie hasta el día siguiente, pero no podía, tenía que preparar la cena, lavar los platos, revisar que Luna y Mana se limpiaran correctamente los dientes y leerles algo antes de dormir.

Con pesadez se movió hasta la cocina y prendió la estufa.

Tal parece que sí tendría que volver a ver a Taiju Shiba después de todo.