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Summary:

Donde Kozume Kenma lleva tiempo atraído por cierto colocador, y en el campamento de práctica donde muchos equipos de voleibol de reúnen encontrará una manera de asustar a su corazón: mirando a Keiji Akaashi.

Notes:

¿Por qué he hecho esto en vez de prepararme mis exámenes finales? No lo sé, pero quería simplemente publicarlo como mi primera historia de Haikyuu!!

Sinceramente esta pareja de bobos gana mi corazón aunque no hayan interactuado tanto, así que aquí está lo que sea que es esto.

Oh, tal vez vaya un poco OOC (out of character) pero traté de mantenerme fiel a mi visión de estos personajes.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Kenma no entendía en qué momento había pasado, en qué circunstancias, ni siquiera en qué situación. Pero tenía claro que algo del colocador del Fukurodani le atraía.

Keiji Akaashi, de su misma edad, unos dos meses más joven que él. Pelo rizado desordenado que hace un intento por estar en orden, ropa algo simple aunque sólo le vio una vez fuera del uniforme de voleibol. Sus ojos eran mares más profundos que todos los que podía comparar en la realidad. Azul intenso, tal vez el tono más bello que Kenma vio en años. Aunque él no se fijaba demasiado en diferenciar colores.

Keiji era en general bello, no sólo por su rostro y nariz puntiaguda, también afectaba su cuerpo delgado y con los brazos musculosos debido a su posición como jugador. No significaba que Kozume no tuviera también brazos trabajados, Keiji debía practicar más que él. Todo en ese armador parecía atractivo, incluso su serio rostro en casi todas las horas del día.

Kenma odiaba esa expresión en los primeros meses, en la primera impresión. Fue cuando escuchó la voz relajada del pelinegro que dejó de darle tanta importancia. Y Akaashi podía ser considerado un aburrido, pero así se consideraba Kenma a sí mismo por lo cual ese chico le interesaba.

Kuroo, el mejor amigo de la infancia de Kozume, sabía de tal atracción hacia el otro colocador, conocía a Kenma lo suficiente como para no preguntarle por ese tipo de sentimientos. Era fácil notar si algo era captado en la atención del rubio, como un gato. El más parecido a la leyenda de los gatos dentro del equipo de voleibol.

Kenma, como aclarado en el principio, no entendía qué le atrajo exactamente. Pudieron ser las pequeñas peleas y momentos de tensión cuando se aproximaban a la red en los partidos. Pudieron ser las noches en las que Tetsurou le obligaba a beber junto al pelinegro y su rematador y estrella, Koutarou Bokuto. Probablemente fueron los celos nacidos de la conexión que Akaashi tenía con Bokuto.

Siempre habían sido cercanos. Confiaban en el otro más de lo que aparentaban. Y Kenma no podía evitar sustituirse por Bokuto, imaginar que Keiji le miraba con esos ojos marinos, como si lo pusiera en un pedestal a cada mínimo movimiento.

Kozume fantaseaba con el colocador demasiado como para preguntarse la razón por la que lo hacía. Simplemente pasó una noche, y continuó mientras el año iba pasando. Y en el campamento donde también se unió su equipo más rival, Karasuno, lo tuvo claro.

Keiji le gustaba.

"¿Has probado a decírselo, Ken?" le preguntó Hinata cuando supo de sus sentimientos. Claro que al pelinaranja era mejor contárselo, él sería incapaz de notarlo por sí solo.

"¿Por qué lo haría?" respondió el rubio sin siquiera mirar sus ojos. Despreciaba el contacto visual a menos que fuera necesario. Le incomodaba y hacía sentir inferior, eran hábitos incapaces de ser controlados.

"Eh... Si Aka te gusta, ¿por qué lo ocultarías por quién sabe cuánto tiempo? Es mejor decírselo y a ver si tienes suerte, ¿no?"

Shoyo tenía una mente simple, al menos no tanto como Bokuto. Pero llegó a molestar a Kenma. ¿Tan fácil era la solución? No, claro que no. No era simplemente confesarse, podría tirar a la borda una amistad recién desarrollándose, podría no ser la situación indicada y odiaba la idea de destrozar su corazón por un amor colegial.

Eso era lo que trataba de meterse en la cabeza. Sin embargo... Era Akaashi. Era ese hombre que revolvía todas sus emociones y las convertía en explosiones que debilitaban su cuerpo. Era un colocador que fielmente admiraba y quería disfrutar en toda su totalidad. Y además era su amigo, y el amigo de sus amigos. Perderle significaba perder la conexión con los demás también.

Kozume siempre se comía la cabeza con cuestiones existenciales que deseaba masticar en una gran bola y vomitarlas de su cuerpo.

"Ken, si puedo ser un poquito más personal" hizo una pausa el rematador mientras dejaba de jugar con la pelota de voley en sus manos. ", yo estoy saliendo con Kageyama y fue muy raro empezar."

"¿Por qué?" preguntó el rubio intentando ocultar el asombro por la confesión, es decir, no lo sabía. O tal vez no lo había escuchado.

"Él es muy complicado y hay que decir todo de la manera más simple del mundo porque casi nunca entiende lo que yo digo. Y me gusta desde hace un año, en un partido en el que coincidimos, y después de llevarnos bien en estos últimos partidos se lo dije sin más."

"Sin más..."

"Sin más. Un "me gustas", rápido y sencillo. El idiota me preguntó de qué manera. Le dije que quería que fuera mi novio. Me dijo "ah, vale, buena idea". Y supongo que todavía lo estamos formando aunque ahora no quiera verme... ¡Pero pensaba que me iba a rechazar o me iba a gritar más de lo que nunca lo había hecho! Fue más sencillo de lo que imaginé. Y estaba súper asustado cuando lo dije pero... Fue sencillo."

Kenma perdió el interés del relato a mitad de lo contado. No procesaba del todo las palabras pues se había quedado con lo que Hinata trataba de trasmitir: ser directo con sus sentimientos. Posiblemente iba a fastidiar las cosas pero existía la posibilidad de ser correspondido.

Kozume no dejaría que Akaashi supiera aún de sus sentimientos.

O eso pretendía hacer.

2 días más tarde a la conversación con el rematador de Karasuno, habiendo terminado todas las prácticas del día, fue sacado por Kuroo a la cafetería. Ésta se encontraba cerrada de noche, pero su mejor amigo encontraba siempre la manera de quedarse allí unas horas para hacer cualquier estupidez junto a Bokuto.

Esta vez se sumaron a la escaqueada Bokuto y Akaashi. Ese Akaashi.

Ellos 4, solos en una cafetería a oscuras, iluminados por velas aromáticas y la luna reflejada (ya que Kuroo se negaba a ser descubierto por encender las luces). Kozume podía sentir su corazón saliendo de su área cuando Keiji conectaba miradas con él.

Claro que el rubio odiaba el contacto visual, pero cuando ocurría con el de ojos azules, algo cambiaba. Era... Íntimo, al igual que aterrador. Era incómodo y placentero.

Era más molesto que nunca soportar a Bokuto, especialmente por la cercanía que tenía con su colocador. Parecían fichas de un puzzle perfectamente pegadas. Keiji hablaba lo suficiente mientras Koutarou no callaba ni debajo del mar. La pareja perfecta, asegurada por algunos del equipo Nekoma.

Incluso fue pensada por su capitán, Kuroo, pero nunca lo confesaría.

Y es que ¿cómo no pensarlo? Era especulado que Keiji sólo sonreía si se trataba de su as. Formulaba contacto físico con él (el necesario), hablaba corrientemente, parecía una persona diferente a cómo se comportaba dentro de la cancha. Kozume se quemaba de la ira que guardaba en su corazón.

—¿Por qué jugaríamos al yo nunca nunca, Kuroo? Eso es aburrido, bro —escuchó Kenma tras una disociación no intencionada. Bokuto pronunciaba las palabras mientras se colgaba del brazo de su capitán. Kenma no sabía distinguir quién de los dos era el mayor.

—No, ¡será divertido! Déjame que busque algunas cuestiones... —El bloqueador sacó su móvil, escribiendo en Google rápidamente lo que buscaba. Kenma, desinteresado, se movió cerca de donde se encontraba el colocador. Éste le miró con curiosidad; el rubio suspiró cortamente. Kuroo no le había dejado tomar ninguno de sus aparatos electrónicos, y sin ellos, no había juego que pudiera distraerle de estar tan cerca de su amor escondido.

Akaashi ofreció su hombro para acomodarse y Kenma gustosamente apoyó su cabeza en él. El cuerpo del colocador de Fukurodani siempre había ofrecido calor, era tan cálido como un baño caliente en la época de invierno. Mientras Kozume juraba ser lo contrario; el baño más frío del mar en la playa durante verano. Era algo gracioso de imaginar, dos opuestos tan cercanos.

Otra razón más para tachar de tonto su enamoramiento por Akaashi.

—Empezamos, ñoños —espetó Tetsurou en un tono cómico, el cual sólo sacó una sonrisa al otro capitán —. Yo nunca nunca me he emborrachado.

Las reglas anteriores al juego habían sido tomar un trago de vodka cada vez que lo dicho había sido hecho por esa persona. Eran vasos pequeños, de pequeñas cantidades. Los 4 querían manejar con el alcohol debido al día que les esperaba tras unas horas.

Por lo cual, todos bebieron en aquella cuestión. Eso causó una risa en el capitán de Nekoma, una triunfante y escalofriante sonrisa. Kozume esperaba lo peor de su mejor amigo.

—Yo nunca he besado a alguien de mi género opuesto.

La cuestión de Bokuto sólo llevó a Kuroo a beber, para después quejarse.

—¡Vamos! ¿Ninguno más? ¿Soy el único al que le gustan las mujeres?

—A todos aquí nos gustan los tíos... —suspiró Kozume tras hablar.

—¡Y a mí también las tías! Pero me da cosa besar a alguna, o sea, no quiero hacerlo aún —respondió el de pelo platino.

—Bueno, bueno, sigamos sin deprimirnos. Yo nunca nunca...

El juego improvisado continuó por media hora donde el que peor iba era Bokuto, y Kuroo no se quedaba atrás. Keiji había comenzado a sonreír de vez en cuando, cosa que no pasaba desapercibida a los ojos felinos del colocador de Nekoma. Él también sonreía cada vez que le observaba.

—Vale, tengo una pensada —se ofreció el capitán pelinegro —, yo nunca nunca me he enamorado de alguien que está en este campamento.

Kozume quiso enterrarse por varios segundos. Bokuto fue deprisa a tomar su vaso con alcohol. Lentamente, el hombro del pelinegro de Fukurodani se movió, y la mano tomó el vaso, llevándolo a sus húmedos labios y tomando más cantidad de la anterior.

Ellos dos... Habían tomado. ¿Era ésta demasiada casualidad? ¿Quedaban esperanzas para el machacado corazón del rubio?

Con una mirada cabizbaja, Kenma tomó su propio vaso y bebió todo sin parar. Kuroo comprendió que tal vez lo había fastidiado con esa pregunta, mas no era el momento para pedir perdón.

—Wow, qué gays somos —se burló Bokuto.

—No ha quedado muy bien eso, Bokuto.

—Vamos Akaashi —comenzó a alargar la frase cómicamente el as —, ya va siendo hora de que me digas quién te gusta. Siempre evades el tema pero ahora te tengo aquí, con un poco de alcohol. Sé sincero.

El hombro de Keiji se alejó del rostro de Kenma, haciéndose caer levemente antes de recuperarse. No podía creer lo que escuchaba. Y menos podía creer la manera en la que dolía su corazón.

El colocador pelinegro giró su mirada a Kozume, reteniendo un suspiro. Éste controló su mirada cristalizada y por primera vez, mantuvo su mirada fija en el chico.

Por más que odiase ver a la gente, su corazón necesitaba oír la respuesta. Necesitaba destrozarse para volver a construirse.

Necesitaba saber que no era correspondido.

—¿Te gusto, Akaashi? —Kenma dejó de respirar mientras nadie le miraba. Bokuto debía ser tan... Directo. Tan directo como él nunca podría ser. Tanto como Hinata le había aconsejado. Debía ser directo con los sentimientos, lanzando una flecha envenenada directo al corazón. Siendo así incapaz de actuar como si esa pregunta nunca hubiera sido dicha.

—Bokuto —contestó indiferente el colocador. Sus manos apretaban su propio pantalón, Kenma no descifraba el sentimiento tras esa acción. Lo que sabía era que Keiji se sentía impotente por algo.

—Dime que sí, Akaashi, por favor, dímelo.

—Bokuto, no.

¿Cómo? ¿Akaashi no correspondía al as? Kenma volvió a respirar con los ojos más abiertos de lo normal. Sus pupilas dilatadas, sus manos secas y sudado una gota fría por su nuca. Akaashi había negado la petición de Bokuto, ¿y si no era lo que parecía? ¿Y si le correspondía pero era incapaz de mantener una relación? ¿O no correspondía y estaba enamorado de alguien de Karasuno? ¿O de los otros equipos? ¿O incluso de Nekoma?

Kenma tenía la respiración acelerada y lágrimas traicioneras cristalizadas por sus ojos. Nadie lo había notado. Ni siquiera él mismo. Necesitaba respuestas claras.

—¿Por qué? ¿Qué es lo que no te gusta de mí? ¿Cómo puedo gustarte? —preguntaba vagamente el rematador. Kenma empezaba a sentir compasión por él. Cualquiera podría si se pusiera en sus pies.

—Bokuto, no te puedo corresponder, no me gustas. Por favor, no continúes.

Kuroo se había dormido en su asiento del cansancio. Kozume deseaba ser así, ser capaz de no escuchar la conversación para provocar nuevas esperanzas inútiles en su corazón. ¿Qué tan complicado era el amor?

—¿Y quién te gusta, Kaashi? Yo puedo ayudarte con esa persona, ya sabes, puedo contar maravillas sobre ti. Puedo contarle lo mejor de mi alma gemela- de- no de forma romántica, sabes-

—Platónica, lo entiendo. Gracias Bokuto, no creo que haga falta.

—Quiero que te ame incluso más de lo que yo te amo, ¿vale? Si no es así no te merece ni muerto.

Kenma, después de suspirar y comprender la situación mejor, sonrió de forma inconsciente a esos comentarios. Ellos dos eran almas gemelas, conectados, destinados a encontrarse probablemente. Pero nada más, no para Akaashi. Lo empezaba a entender. Y se moría de ganas de ser el indicado para Akaashi, para pasar la prueba de Bokuto y amarle como la estrella de Fukurodani decía hacer, aunque en el fondo Kenma pensase que él nunca sería digno de ser el amante de tal perfección de persona como Keiji.

—Bien, Bokuto... Vamos a dormir. Ya es hora, ¿verdad, Kozume?

El llamado volvió a sentir esas tontas mariposas comiendo su estómago por lo satisfactorio que fue oír su propio nombre en la cálida voz de Keiji. Una sonrisa tímida se formó en su rostro, la cual fue correspondida por otra pequeña por parte del otro colocador.

—Ya me... Llevo... A Kuroo y tal... Eso, ¿vale? —Sin querer empezó a divagar el rubio, incapaz de romper la competencia de miradas que ocurría contra el pelinegro. Fue Akaashi quien apartó la mirada primero, y Kenma se dirigió al dormido capitán para llevarlo con dificultad a la puerta. A medio camino, Koutaro le paró y tomó el brazo de Tetsurou para llevarlo a la habitación de los Nekoma. Así, los dos capitanes se adelantaron, dejando a los armadores solos y ruborizados.

Keiji se acercó a Kenma, sus ojos eran algo difíciles de distinguir entre la oscuridad, mientras los de Kozume eran fáciles de notar. Ese tono miel derretía cualquier frío en el ambiente.

—¿Tienes sueño, Kozume? —De nuevo su nombre. El rubio subió sus hombros un poco en respuesta repentina. No sabía si tratar al otro de la misma manera, ¿sería demasiado íntimo?

Al fin y al cabo, Akaashi fue quién hizo ese movimiento. No podía culparle.

—No mucho, Keiji —pronunció con timidez el armador de Nekoma, llevándose una sonrisa sutil contraria. Moriría si recibiera ese tipo de sonrisas cada vez que llamase su nombre.

—¿Y qué vas a hacer ahora?

—Definitivamente no estaré con Kuroo... Aparte de eso, iré a algún rincón a jugar algún juego —Esa indecisión característica de Kenma hizo reír al pelinegro. Kozume era divertido incluso sin intentarlo —. ¿Tú tienes sueño?

—No lo suficiente ahora. ¿Jugamos juntos?

Kenma sintió algo en su cuerpo pararse. Esperaba que fuera su corazón.

—Yo... Eh... —Parecía una propuesta de matrimonio. Algo tan personal como los videojuegos de Kenma era difícil de compartir y era Akaashi quien se había ofrecido. Era un sueño hecho realidad —. Si quieres...

—Claro.

Sin mucho más que comentar, Kenma pasó por el cuarto de los Nekoma. Kuroo ya estaba arropado en su cama, roncando y disfrutando como un bebé. Eso daba a entender que Bokuto había llegado al cuarto de los Fukurodani en condiciones también, y conociéndolo ya estaría durmiendo la siesta del siglo. Sin preocuparse mucho, Kozume tomó más juegos de los necesarios de diferentes dispositivos para jugar y se reunió con Keiji en una sala cercana a la cafetería. Simple con colores marrones, con lo necesario para aquella noche: una mesa y un televisor donde poder conectar los aparatos. Esa sala solía ser usada por los profesores y entrenadores para ver partidos y tomarse un tiempo libre de los adolescentes. Ya que era tarde y todos se encontraban plácidamente durmiendo, el lugar estaba vacío. Idóneo para los 2 colocadores.

Jugaron irregularmente, a veces tomando descansos y otras veces en modo speedrun. Algunas veces en contra, otras veces en equipo. A veces separados en la mesa, al final Kenma acurrucado en el pecho del pelinegro.

Keiji aprendió que Kozume se vuelve extremadamente cariñoso cuando se concentra en los videojuegos. Se mete a otra realidad, con más libertad, y el contacto físico se duplica a cada rato. Incluso en la posición de aquel momento, con Kozume entre sus piernas y los brazos del pelinegro abrazando distraídamente su tripa; Kenma soltaba pequeños comentarios coquetos.

Se sentía más íntimo de lo que debía ser.

—No esperaba que fueras tan bueno, Keiji...

—No sabes mucho de mí, en verdad.

—Nunca he tenido la oportunidad de preguntarte. No significa que no sepa de ti.

Stalker.

—Ya quisieras, cielo... —Algo en Keiji se paró, y esperó que fuera su corazón.

Akaashi no era fan de los apodos cariñosos. No eran comunes en él, los diminutivos con su nombre o apellidos se sentía más bonito o más personal. Pero Kozume llamándole así, de esa manera tan pausada y especial...

—Kozume.

—Dime, Keiji.

—¿A ti quién te gusta del campamento?

Kenma agradeció que estuvieran decidiendo un juego en ese momento, si no, probablemente hubiera muerto en cualquier circunstancia. El rubio se elevó poco y giró su cabeza, siendo capaz de empezar el contacto visual que tan nervioso lograba ponerle.

—¿A qué viene esa pregunta?

—A nada en especial.

El de ojos miel se acomodó para dirigir su cuerpo hacia el pelinegro. Sus piernas lascivamente separadas, encima de las piernas contrarias, y sus manos apoyadas entre el espacio que separaba a ambos cuerpos de juntarse hacían ver a Kenma... Mucho más sensual de lo que normalmente era.

—En todo caso —respondió el armador de Nekoma —, debería preguntar yo primero. Imaginaba que te gustaba Bokuto.

—Le considero mi alma gemela pero no podríamos funcionar como pareja. Acabaría con mi paciencia, de una mala manera... —El comentario provocó una risa en el rubio —. ¿Quieres saber de quién me he enamorado?

En verdad, Kenma no quería saberlo. Casi todos los miembros del campamento habían sido barajeados en la mente del apodado felino mientras jugaban a los videojuegos anteriores, quedándose con pocas opciones para juntar al otro armador. Quién sabe, probablemente el destino le daba la vuelta a las cartas, pero en sentido de compatibilidad acababa con pocos candidatos para Akaashi.

Pero los efectos leves del alcohol hacían la situación inevitable de alejar.

—¿Lo puedo adivinar?

—A ver si puedes —le retó Akaashi, y fue suficiente para despertar al espíritu competitivo del mayor.

—Primero de nada, ¿es una mujer?

—No —Akaashi percibía que se iba a divertir con ese «Quién es quién» improvisado.

—¿Hombre entonces?

—Sí —Kenma sonrió, eliminando así a bastantes personas en su tablero.

—¿De qué equipo es?

— Vamos —Keiji rió, cerrando sus ojos —, ¿pretendes que te lo diga sin más? Tendrás que probar con todas las posibilidades.

Kozume frunció su ceño con esa pregunta fallida.

—¿Fukurodani?

—Menos mal que no —se burló Akaashi.

—Cruel. ¿Karasuno? —Akaashi negó con la cabeza mientras su mirada se paseaba disimuladamente por el cuerpo contrario. Kozume respiraba calmadamente aunque parecía muy nervioso. Ese chico tenía un don para mantener la tranquilidad exterior increíble —. ¿Nekoma?

—Podría ser.

—Dime que no es el entrenador Nekomata, Keiji, por favor.

El pelinegro rió descaradamente por unos buenos 3 minutos, acompañado también de Kenma, mientras negaba intensamente con la cabeza y retiraba pequeñas lágrimas por sus ojos.

—Dios santo Kozu, casi me descubres. —Fue sarcástico el armador, sin dejar pasar desapercibida la oportunidad de atraer al rubio hacia él. Kenma, por su parte, no se fijó en tal detalle. Estaba demasiado sumido en su propio chiste como para pensarlo.

—Te hubiera dejado en muy mala posición haber afirmado, en secreto ambos lo sabemos —siguió con la broma el rubio, con la más sincera de las sonrisas. Kenma atrajo al chico agarrando el cuello de la camiseta con su mano —. Ni se te ocurra decir que es Kuroo.

— Tranquilo... —Akaashi sonrió a la par que rodaba sus ojos —. No, Kozume, no es él...

La timidez de ambos al principio parecía ahora un mito, el rubio podía casi respirar los suspiros del contrario mientras sus piernas tocaban provocativamente las caderas ajenas. Keiji quería culpar al alcohol por lo que estaba ocurriendo.

—Taketora es demasiado para ti... —especuló Kenma. La mano descansando sobre su camiseta bajó por sus pechos, algo marcados aún dentro de la tela. Cómo le gustaba a Kenma, que fuera fuerte pero no musculoso —, al igual que Lev y tal vez Inuoka... —La mano del rubio tocó el cinturón contrario —. Kai es demasiado poco al igual que Shibayama... —Kenma lentamente se alzaba, arrinconando así a Akaashi, que estaba más ruborizado que antes —. Yaku no te interesa por cómo le miras y Fukunaga menos, aunque es el que más posibilidad tiene... —Kozume se había sentado sobre la intimidad del otro armador. Pronto sus respiraciones se conectaron, no sabían cuál de los dos se estaba acercando más —. ¿Significa que te gusto yo, Keiji...?

El nombrado tomó el labio del rubio entre sus dientes. Un sutil tirón, sus labios no se habían rozado todavía, y Kenma se descompuso en ese mismo instante.

Keiji acercó sus rostros peligrosamente, por fin descubrieron cuánto deseaban por ambas partes aquello. Kenma se lanzó a besarle pero Akaashi fue un poco más rápido para apartarse del intento de beso, haciendo enfadar a Kozume. Sin tardar, el pelinegro suspiró sobre uno de los oídos del chico, provocando cosquilleos por todo su cuerpo.

—Kozume... Chico listo.

El beso que continuó la frase fue empezado por el de ojos azules. Era tan apasionante como la danza de ambos cuerpos, el deseo creciente de unirse y no dejarse ir por más tiempo.

No había tiempo para pensar, no cuando quedaban pocas horas para el amanecer y debían tener cuidado de no hacer demasiado ruido. Claro que Kenma dejó escapar un gemido tal vez demasiado alto cuando Akaashi encontró la mejor manera de llevarlo al límite.

Cada embestida era más placentera que la anterior, las palabras sobraban como siempre había pasado entre ellos. En cambio, todos los besos eran correspondidos y alargados. No querían acabar ese momento de éxtasis por ningún suceso del mundo.

Keiji quería a Kenma más de lo que había podido comprobar en el tiempo anterior a esa noche. Y Kozume sabía lo enamorado que se encontraba del pelinegro, pero fue ahí donde entendió qué le gustaba tanto.

Akaashi era un hombre serio, decidido, leal, que cuidaba su entorno y el entorno de la gente, un tipo sincero y apasionado por el amor. Era justo lo que el rubio necesitaba; un compañero de mando y un amante que no fuera a dejarle sin razón.

Sus miradas conectadas nunca pudieron coincidir más en un pensamiento:

«Te amo».

Y al terminar el acto que tan cansados les dejó, se acomodaron juntando el frío con el calor.

Invierno y verano habían creado la explosión de la atmósfera en esa habitación. Pero estaban más felices que nunca.

—¿Sabes, Kozume...? —murmuró el pelinegro de forma baja sobre el oído del chico. Esta vez sin significar nada sexual pues ambos se encontraban cansados de lo ocurrido.

—Dime, Keiji...

—Te pareces al entrenador Nekomata, gracias por la experien- —Kaashi no pudo terminar la oración debido a las alteradas carcajadas que ambos compartieron junto con un puñetazo en el hombro del rubio. Debían estar cansados pero el humor no podía irse a esas horas.

—Estaba seguro de que sacarías el tema —confesó en broma Kenma, sin poder controlar del todo su risa.

—Vale, vale, ahora quiero decir algo serio... —Calmó la situación el armador de Fukurodani, arropando a Kozume en sus brazos —. Ha sido mucho mejor de lo que me imaginé.

— Mm... —El rubio se mordió el labio —. ¿Qué te imaginaste que pueda ser superado por esto, que ha sido tan repentino?

—Me imaginé que sería contigo... Pero esta vez ha sido verdaderamente contigo, con tus besos y tu cuerpo de verdad. Has sido tú y no mi imaginación. —Kenma besó sus labios con calidez y un deseo potente por demostrarle que pensaba igual. Habían unido sus corazones de la manera más tierna y pura que sabían.

La madrugada llegó rápidamente, y con ello las infernales jugadas de ambos armadores en las prácticas de aquel día. Pero algo era cierto.

Las marcas en el cuello de Kenma no dejaban mucho que imaginar, al igual que el cabello de Akaashi, más desordenado de lo normal.

Fue impactante para Bokuto saberlo, sin embargo fue el primero en apoyarlo y en dar un fuerte abrazo a sus mejores amigos. Kuroo se enorgullecía considerablemente del rubio.

Hinata seguía detrás de Kageyama, rogando en silencio por su atención.

Por lo cual fue un alocado comienzo para la relación de ambos armadores, pero que poco a poco tomó estructura.

Aun así, no se permitieron más encuentros sexuales en el campamento. Lo decidieron los entrenadores.

Notes:

¡Gracias por leer lo que sea que haya sido esta historia! Los comentarios siempre se agradecen mucho. <33