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"Eres responsable para siempre de lo que has domesticado."
-El principito, Capitulo XXI.
Cuando tenía 10 años me enamore, su cabello era rubio y su piel blanca y sus ojos me hacían sentir especial cuando me miraba, buscaba excusas para estar con él todo el tiempo, todo lo que pudiera.
Cuando tenía 10 años a la gente no le pareció que hiciera bonita pareja con mi primer amor, así que buscaron otro niño rubio y me hicieron estar con el.
Y podía ver a la distancia a mi primer amor confundido, yo también estaba confundido.
Pero entre menos piense en ello, seria mejor, me dije.
Y me despedí de su cabello rubio, su piel blanca y sus ojos que me hacían sentir cosas que no entendía del todo. Y me esforcé por amar el cabello rubio, la piel blanca y el aroma a café del niño que escogieron para mí.
Y se que el niño a quien eligieron para mi me quería, porque lo hacía sentir capaz de hacer las cosas, yo en el fondo no lo quería pero fingía que si porque es lo que se esperaba de mi.
Cuando tenía 15 años, compartí salón con mi primer amor, sus ojos seguían haciendo cosas en mi que no entendía del todo bien aun.
El me sonrió y dijo algo de hacer equipo, así que no lo pensé y acepté.
Me gustaba su voz, aunque a veces se rompía al decir mi nombre por la pubertad, me gustaba su sonrisa, me gustaban sus pecas.
Y el no lo dijo, pero se que yo también le gustaba.
Un poco, aunque sea.
Cuando la clase terminó, se despidió de mí y yo me quedé en silencio esperando algo, cualquier cosa
Lo único que tuve fue a Tweek junto a mi preguntando si todo estaba en orden.
Le dije que si, pero no se sentía así.
Quería que otra persona me mirara y preguntara lo mismo, lo preguntara con una sonrisa y una voz que se rompe por la pubertad.
Mi corazón se estrujo porque me di cuenta que seguía siendo mi primer y único amor.
A mis 16 años tuvimos literatura juntos, debíamos elegir cualquier libro para hacer un reporte, elegí el principito, no porque me gustará o algo parecido, lo elegí porque fue el primero en el que pensé. El eligió otro, no escuche bien el nombre, la tapa era azul desgastada, se veía que no era la primera vez que lo leía –A mi no me gusta el principito— dijo cuando terminó la clase –Es injusto para el zorro— me encogí de hombros
—Solo no quiero pensar mucho para hacer el reporte— Le respondí, el sonrió, esa sonrisa también me hacía cosas –Clásico de ti.— murmuró, pasó su brazo por mi hombro, senti como mi corazón se salto un latido –¿Quieres ir a la cafetería juntos?— Quería decirle que si, pero Tweek esperaba en su salón por mi así que me rehusé –Esta bien amigo, puedo ir contigo por tu novio— El brillaba, el siempre brillaba
Cuando llegamos por Tweek el me soltó, ambos hablaban, ambos eran amigos, ambos chicos me gustaban. La diferencia es que a uno lo amaba. Desde siempre fue así, desde siempre lo ame. Amarlo era sencillo.
Me gustan las cosas sencillas, así que amarlo era la parte fácil de mi vida.
Tenía 16 años cuando el me miró con sus ojos, ojos azul cielo y me hizo temblar, tenía 16 años cuando me quedé mirando sus pecas en silencio y sus labios se movieron en una pregunta que no escuché pero dije –Seguro, sin problema— El levanto su pulgar y se fue con sus amigos, Tweek se me quedó mirando –¿Aceptaste ir con McCormick al lago después de clases?—
—¿Qué?—
Tweek rodo los ojos, divertido de mi, el sabía lo que yo sentia. El no era malo, ambos estábamos encadenados mutuamente por una obligación. Ambos nos gustábamos, ambos nos agradábamos, ambos éramos mejores amigos, pero yo no lo amaba y el no me amaba a mi.
Mis ojos fueron al chico pecoso y su sonrisa me hizo sentir cosas. –Solo será una salida de amigos— murmure –Seguro— dijo el, sabía que se burlaba, pero ya no dijimos nada.
Tenía 16 años cuando fui al lago y lo vi ahí, lanzaba piedras y se quedaba en silencio viendo a la nada. Me pare a su lado, el me noto, pero no dijo nada en ese momento.
–Me gustas— Hablo, rompiendo el silencio después de un rato –Y se que yo te gusto— se encogió de hombros, me sonroje –…y se que Tweek y tu solo son pareja por todos los demás y se que es egoísta esto pero tenia que decírtelo— me sonrió, pero su sonrisa temblaba un poco –Me gustas.— y a mi se me rompió el corazón
—Esta bien si no dices nada, solo tenia que decírtelo.— murmuró después de un momento, tomó su mochila, el libro y se fue. Yo me quedé ahí –Me gustas— confese cuando se fue, me confese a mi primer amor y nadie lo escucho, y quería llorar.
Quería llorar muchisimo.
Tenía 16 años cuando lo vi en los pasillos de la escuela, estaba jugando con sus amigos cuando me miro, el aun así me sonrió, como si no me hubiera roto el corazón el día de ayer
En literatura el se sentaba frente a mi, me gustaba verlo prestar atención. Me gustaba como parecía esforzarse en todo. Me gustaba como decía las cosas que pensaba y me gustaba entenderle. Me gustaba como cuando algo era difícil de decir se ponía la parka y la ajustaba para hacerlo más fácil para el, me gustaba como hablaba y se movía
Y yo le gustaba a él, mierda, yo le gustaba a él. El me gustaba y yo le gustaba y no podía pedirle salir por la mierda de pueblo donde estamos.
Mierda.
Tenía 16 años cuando el leyó el reporte del libro que había elegido, tenía 16 años cuando mi corazón se quebró un poco al escucharlo y a la vez se sentía orgulloso por lo lejos que a llegado. Tenía 16 años cuando me volví a enamorar de el.
El maestro nos hizo cambiar de libros, yo lo cambié con el. –Mierda— me dijo –No me gusta el principito— sonrió mirando mi libro en sus manos, yo sonreí también con cariño.
– Porque es una historia injusta para el zorro, ya me lo habías dicho— y el se me quedó viendo antes de asentir
–Muy injusta.—
El me miro a los ojos al decir eso, pero yo no lo entendí.
Tenía 16 años y el libro de Kenny entre mis manos, sus hojas estaban rotas y desgastadas, había manchas de lo que parecía ser jugo y tinta, en el borde estaban escritas otras cosas y aun así yo no me atrevía a leer esas cosas porque lo sentía muy personal, el libro se llamaba canción nocturna. Tenía 16 años cuando comencé a pensar en que dios escribe cosas en nuestro corazones. En el mío escribió gay y alado escribió manipulado.
En el de Kenny escribió hermoso, noble, amable, lindo…
En el de Tweek escribió manipulado alado de valiente.
Y es que el era valiente, más valiente que yo.
Me sentí mal por tener algo tan importante de Kenny y que el tuviera un libro que ni me interesaba en su lugar
Tenía 16 años y medio cuando me lo encontré en el lago, el me sonrió sin dejar de lanzar piedras –Definitivamente odio al principito y la estúpida rosa— me dijo –El zorro es un idiota— lanzó otra piedra –El zorro es el peor de los tres—
Yo no dije nada, pero no hacia falta, el comenzó a llorar
Tenía 17 años cuando compartimos otra vez literatura, el me miraba y me sonreia, yo hacía mi esfuerzo por corresponder. No lo hacía muy bien.
A veces tenía ganas de leer el principito y entender porque odiaba tanto la historia.
A veces tenía ganas de irme del pueblo y olvidar todo.
A veces tenía ganas de regresar en el tiempo y decirme "Enamórate del rubio cafeinomano. Olvídate del rubio pecoso."
A veces...
Amar a Kenny era la parte sencilla, vivir con ese amor era la parte complicada.
Tweek siempre decía "Podemos fingir romper y puedes tratar salir con el" pero cuando insinuábamos que las cosas iban mal, el pueblo nos hacía volver, era un ciclo.
Odiaba ese ciclo
Encontre a Kenny alado de mi casillero, me sonrió y me dio un libro.
Era el principito –Una carta de odio— me dijo antes de irse.
Yo lo vi marchar y no dije nada, me quedé sosteniendo el libro con las manos temblorosas.
Leí el libro con atención, lo terminé de leer en una pijamada con Tweek, porque nuestros padres nos hacían tenerlas cada cierto tiempo, mientras veía su respiración lenta y calmada pensé en la rosa.
En lo egoísta que fue, en lo cruel que fue, en lo hermosa que era y en lo arrepentida que debía estar. Pensé en Tweek, pensé en el niño pidiendo que volviéramos a la farsa por un bien mayor, por su propio bien, pense en lo bonito que decían que nos veíamos, pensé en lo culpable que ahora luce cuando ve como me muero por alguien más.
La rosa es una rosa única, aun si existen miles.
Tweek es unico para mí, cuidarlo es mi trabajo, ayudarlo, quererlo, decirle lo especial que es y hacer que nuestra relación funcione. Quiero a Tweek. Pero no puedo amarlo.
Pensé en el principito, en lo odioso que es, en lo inmaduro que fue, en cómo se cuestionó de la vida y cuestiono a los demás solo porque el no lo entendía
Y pensé en el zorro
El zorro que quería ser domesticado, aun si también tenía miedo a pertenecerle a alguien y salir herido, a estar atrapado en no poder ver a alguien más como alguien único, en lo egoísta que fue consigo mismo al no pedirle al principito que se quedara. Y en lo solo y triste que debió sentirse después.
En lo tonto que se debió sentir.
En lo mucho que se debió odiar.
El quería alguien para poder ver las cosas que le rodeaban de una manera especial, quería emocionarse, quería ser leal. ¿De que sirvió? El principito se fue al final.
Y pensé en que mi rosa, en que cada que la tomaba, era clavarme las espinas pero aún así aferrarme a un amor doloroso y cruel, pensé en el zorro, en como los demás parecían temerle pero que el tenia un pelaje suave y jamás te morderia. El zorro sería incapaz de lastimar a alguien por error o placer. Y pensé en mi y en ellos y en como quería arrancarme el corazón.
Y pensé en Kenny, "Una carta de odio" el lo llamo así, y es que el zorro a pesar de todo, seguiría esperando por siempre al principito, aun si sabía que era inútil, porque es leal.
...
Mierda.
Tenía 18 años cuando me anime a caminar a Kenny y decirle –El zorro no está obligado a esperar al principito, aun más si es una espera inútil.— El me miró con sus ojos azules que aún hacían cosas en mi y se río –Supongo que no.— me dijo y tomó su mochila para irse. Me quedé viendo como se iba. Una parte de mi quería detenerlo y decirle "Por favor sigue esperando por mi" otra parte de mi, quería que el me dijera "Supongo que me gusta esperarte" y la última, la más pequeña, quería que se burlara y me ofreciera ir juntos al salón de clases. Pero nada de eso pasó, el se fue y yo solo me quedé viendo como se alejaba.
Tenía 18 años y medio, cuando volví a verlo en el lago. Me sente a su lado.
–Tweek y yo terminamos.— Le dije y el me miró, sus ojos brillaron y su sonrisa creció
– Tweek y yo terminamos y tu me gustas— y no respondió, solo me beso.
Y yo fui tan feliz.
Tenía 18 años y medio, cuando la gente comenzó a culparlo, como si el fuera el ser más horrible del mundo, el causante de que yo terminará con la rosa.
Y el se mantuvo firme, se mantuvo sereno, cuando me miraba, cuando decía mi nombre, cuando me sonreia.
Mierda.
Enloquecía.
Era feliz.
Era donde debía estar.
Era donde quería estar.
Tenía 19 años, cuando la rosa me pidió regresar. Porque las cosas estaban empeorando para todos, y el zorro escucho desde mi habitación.
A la rosa no le di respuesta inmediata, pero la respuesta era obvia.
Cuando llegue a mi cuarto, la ventana estaba abierta y el zorro se había marchado.
Tenía 19 años, cuando lo encontré en el lago. Tenía los ojos rojos y la mirada clavada en el horizonte.
Me sente a su lado, pero el no me miró.
—Si pudiera elegir, elegiría quedarme contigo. — le dije, no pude mirar su reacción, así que mire mis manos
—Puedes hacerlo. No te estoy pidiendo que te marches, puedes quedarte.— el me dijo, su voz temblaba
—Pero tampoco me pides que me quede— murmure, y es que quería eso, quería una excusa para quedarme.
Si el me lo pidiera...
–Porque así no funciona mi amor, mi amor es darte libertad, por más que sepa que no harás lo que quiero. Puedes quedarte o irte. Y se que te iras, se que me dolerá, se que te odiare un poco. Por eso odio esa historia. El único que pierde es el zorro que fue domesticado, pero el quería tanto ser domesticado porque quería saber que era ser especial y tener a alguien especial…estúpido zorro.— sabía de que historia hablaba, sabía a que se refería.
Una carta de odio.
—Entonces pídeme que me quedé— le supliqué
—No. Jamás haría eso. Jamás te haría eso.— y su voz se quebró, se quebró antes de romper en llanto
Y esa noche.
Yo volví a mi pequeño planeta con mi rosa y el zorro se quedó atrás, en el lago, con el corazón destrozado.
Tenía 19 años cuando el zorro se alejo. No le dijo nada a nadie, más que a sus amigos cercanos y desapareció.
Una beca, dijeron.
Ganó una beca para estudiar en el extranjero.
Y supe que esa noche, debí ser yo el que le pidiera que se quedara.
Pero no lo hice.
Y el tampoco.
Y la rosa me tomo la mano.
Me intenta consolar.
Pero yo soy egoísta.
Porque quiero seguir siendo especial para el zorro.
Lo quiero para mi…
Tenía 24 años cuando regreso, regreso sonriendo y con regalos y regreso como si el tiempo se hubiera congelado. Sus ojos aún hacían cosas en mi, su sonrisa, su voz, su piel y sus pecas.
El aún así, me sonrió y me habló como si fuera un viejo amigo en vez de un viejo amor.
Y no se si eso me dolió o me encanto.
Tengo 27 años y lo veo fumando frente al lago, se que es un loco científico excéntrico y yo solo soy un hombre de un pequeño pueblo.
Me sente a su lado.
—¿Que estas pensando?— le pregunte
–Justo pensaba en ti— Me respondió –Los hijos de Kyle, tienen esta nueva obsesión con el libro del principito. Dios, como odio ese libro.— hace unas muecas graciosas y se gana mi risa, reír con el siempre fue sencillo.
El ánimo bajo con el pasar del silencio que crece entre ambos –Esa noche...— habla el –...queria pedirte tanto que te quedaras. Quería ser egoísta y suplicar que me eligieras a mi. Quería tenerte para mi.— su voz se quiebra –Me jure nunca volver a ser domesticado. Porque si mi más grande amor no podía elegirme, ¿Quien más lo haría? Y después, me cansé de esperar y me fui.— toma unas piedras y las comienza a tirar
—Quería odiarte, quería borrarte, quería enojarme. Quería tantas cosas, pero sobre todas las demás cosas, quería que te quedaras.—
Mi respiración se corta, la garganta se me cierra y la boca se me seca –Y yo quería quedarme. — logró decir
Y el me mira, me da una sonrisa, una muy triste –Pero no lo hiciste. —
Y tiene razón.
No lo hice.
El me espero, el se confeso, el me dijo que me amaba y que nunca me pediría hacer algo porque esperaría mi decisión y la respetaría.
...
Yo solo debí quedarme.
Y no lo hice.
Nos quedamos viendo —Es tarde— me dice el, mirando mis manos.
—Es tarde— digo yo y le muestro el anillo de oro que adorna mi mano como una broma, como la corona a ese teatro –El pueblo decidió hacerlo toda una celebración.— se ríe, me encanta su risa
—Te amo desde que tenemos 10 años.— le digo y el asiente –Lo se, yo también te amo desde los 10 años.— sigue tirando piedritas –Enserió, odio ese puto cuento.— y yo me río de sus palabras.
–Adiós Craig.— dice, cuando las piedras se acaban y la luna aparece
—Hasta luego, Kenny— pero el niega, y se por su mirada, se perfectamente que es definitivo
—Elegiste la rosa, estoy bien con eso. Adiós, Craig.—
Y yo no puedo hablar.
Quédate quiero decir –Adiós, Kenny— digo en su lugar y lo veo irse.
Camina lento, algo encorvado, algo triste.
Cierro los ojos.
Y comienzo a despedirme de todos esos años que pase amándolo en silencio.
El libro de Kenny, decia, que había palabras en nuestros corazones que dios escribía.
Y creo que nosotros agregamos algunas, algunas que nunca decimos.
Quédate es una de ellas.
Y también Te elijo a ti
Tenía 10 años cuando me enamore de un niño rubio con pecas y una sonrisa linda. A mis 27 años esa historia de amor se acabó.
Y jamás fue una historia de amor romántica o linda.
Fue la maldita encarnación del manipulable príncipe, la egoísta rosa y el estúpido zorro.
Solo que aquí, el zorro se cansó de esperar.
Nota:
Esta historia también esta en Wattpad, pero recuerden dejar su comentario que eso siempre motiva mucho a escribir.
