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La luz del sol le cegó momentáneamente y Xiao parpadeó, desubicado, intentando procesar qué había ocurrido y por qué estaba en el exterior en lugar de cayendo hacia las profundidades de la Sima. El poder para lograr eso, la sensación que había sentido, solo podía haber sido... Su línea de pensamiento se detuvo abruptamente cuando notó una sensación cálida y al mirar abajo se dio cuenta de que Lumine había llegado a su lado, alargando sus manos para aferrarse a su ropa con tanto cuidado que parecía que tenía miedo de tocarle pero le fuese imposible no intentar cerciorarse de que estaba ahí.
La primera reacción de Xiao fue alivio, realmente había funcionado y todos habían logrado salir a salvo. Miró rápidamente a su alrededor y comprobó que, efectivamente, no muy lejos de ellos, el resto se encontraban aparentemente bien. Su mirada se cruzó con la del resto y pudo ver la sorpresa y alivio mezclados en las expresiones de todos que, sin embargo no se acercaron, aparentemente dejando que fuese la viajera la primera en asegurarse de cómo estaba dado que era la que más le conocía.
Xiao miró abajo, hacia la chica que estaba aferrada a su camisa, y se sobresaltó ligeramente cuando ella le devolvió la mirada con aspecto de estar a punto de echarse a llorar. Se dio cuenta que las manos que le agarraban estaban blancas de la fuerza que estaba ejerciendo y temblaba.
—¿Lumine? —Puso sus manos sobre las de ella con suavidad, inseguro de qué estaba ocurriendo.
Ella entonces le soltó, solo para, ahora que había comprobado que no era un sueño y el Yaksha parecía encontrarse bien, abrazarlo con fuerza.
—Xiao... —su voz temblaba.
Xiao le puso las manos en los hombros, no muy seguro de cómo actuar, mientras miraba con preocupación. ¿Estaba llorando? ¿Por qué una reacción tan extrema?
—¿Ha ocurrido algo? ¿Te duele en algún lugar?
—Tú... ¡Cómo puedes ser tan... ! —la tristeza desapareció momentáneamente de las facciones de Lumine mientras se separaba un poco para dirigirle una mirada severa— ¡¿Por qué no piensas un poco más en ti mismo?! ¡O en cómo nos hace sentir lo que acabas de hacer! ¡Pensaba… pensábamos que no te íbamos a volver a ver! —sus manos se ahuecaron alrededor de su rostro, obligándole a mirarla— ¡¿Por qué te rendiste?! ¡¿Por qué siempre eres tú el que se tiene que sacrificar?!
Xiao la miró, aturdido ante el repentino estallido.
—Hice lo que debía hacer. Sé que no estabais de acuerdo, pero era la única manera de salir que había. Si no lo hubiese hecho, podríamos haber caído todos y...
Con cada palabra que decía la mirada de Lumine se iba tornando más furiosa hasta que finalmente le soltó y dio un paso atrás.
—Si hubiese sido yo la que hubiese caído, ¿habrías dicho lo mismo? No sé qué ha ocurrido y cómo estás aquí fuera con nosotros pero sé que estabas dispuesto a simplemente dejarte caer una vez nos sacaras a nosotros. ¿Estarías de acuerdo con eso si no hubieses sido tú? —Sin esperar su respuesta apretó los labios y se alejó.
El resto finalmente se acercó, dirigiéndole palabras como que se alegraban que estuviese a salvo o que aunque no aprobaban su decisión habían escapado gracias a él. Podía notar el mismo reproche que le había dirigido Lumine tras sus miradas, pero parecieron considerar que la viajera ya había dicho suficiente y no valía la pena discutir tras acabar de salir con vida de algo tan peligroso.
Xiao esperó mientras Lumine se despedía del resto. De normal habría desaparecido ya, volviendo a su deber o tratando de recuperarse de sus heridas, pero se sentía inquieto después de las palabras de la viajera.
Después de que Yelan se despidió y se quedaron realmente solos, Lumine habiendo animado a Paimon a adelantarse con el resto y disfrutar un merecido plato de comida, Lumine respiró hondo antes de girarse para mirarle.
—Ya no hay nadie más. Podemos hablar.
Xiao se quedó un momento callado.
—¿Tanto se nota que estaba esperándote?
Lumine suspiró.
—Xiao... Pensaba que iba a perderte. Que no podía hacer nada. ¿Cómo crees que eso me ha hecho sentir?
—...Lo siento. —La disculpa era sincera, incluso si seguía pensando que había hecho lo correcto.
La chica se sentó en una roca cercana, la cabeza enterrada entre sus piernas. Parecía agotada.
—Simplemente... —abrió la boca pero las palabras no salieron y sus manos, cerradas en puños, temblaron.
Xiao vaciló antes de acuclillarse enfrente de ella y cogerle las manos. Lumine alzó la vista, sorprendida ante el contacto, pero las relajó, permitiendo que el Yaksha abriese sus puños y mirase con desaprobación las marcas rojas que se había hecho al clavarse las uñas con demasiada fuerza en las palmas. La mirada de él se suavizó un poco.
—Puedes continuar. Escucharé —Xiao pasó los dedos sobre las heridas de sus palmas, como si de esa manera pudiera hacerlas desaparecer, y volvió a fijar la mirada en la suya—. Sé que no te gusta la idea de yo sacrificándome. Lo siento.
Lo siento. No era ninguna promesa sobre el futuro, tampoco era él diciendo que debería haber hecho las cosas de otra manera, y ambos eran conscientes. Pero escucharía. Oiría lo que ella pensaba. Y, al menos, lamentaría haberla hecho sufrir. No era lo que ella quería pero por el momento tendría que servir.
—Yo... Cuando vi tu mirada en ese instante... Supe lo que ibas a hacer. Pensé en saltar. Agarrarte. Pero... —sus manos empezaron a temblar de nuevo— Me acordé de mi hermano. De que tengo que encontrarlo. De lo que me mostró el dominio. Pensé en qué pasaría si caíamos y tú estabas demasiado débil y no podíamos volver y yo... me quedaba sola. Sola ahí abajo hasta enloquecer.
Todo su cuerpo había comenzado a temblar, como si estuviese en medio de una ventisca, y sus manos agarraron las de Xiao con fuerza, como si tuviese miedo de que fuese a desaparecer.
—Mi cuerpo es resistente para los estándares de este mundo, sabes. Habría estado... tanto tiempo ahí abajo.... sola. Y Aether... Mi hermano, no puedo morir antes de volver a encontrarlo. No puedo morir antes —sus ojos habían comenzado a humedecerse mientras le miraba casi suplicante, como buscando un perdón que sabría que no encontraría—. No puedo. Y... Mientras pensaba esto... Era demasiado tarde para agarrarte. Yo... En el momento más importante no pude hacer nada. Y supe que te había perdido sin haber hecho nada para impedirlo —Xiao le secó las lágrimas con cuidado, pero con cada palabra brotaban más rápido—. Y sé... Que para ti tú ya no tenías salvación y que incluso si hubieses muerto habrías considerado que era el mejor resultado si el resto estábamos bien. Sé que lo hiciste porque realmente pensabas que era la única opción. Sé que tal vez tu decisión no sea tan descabellada dada la situación en la que estábamos. Pero no puedo aceptarlo. Y aún así, en el último momento, fui incapaz de alargar la mano a tiempo. ¿Acaso no es egoísta? Estoy enfadada contigo porque fuiste el primero en rendirte, y aún así con quién estoy más furiosa ahora mismo es conmigo misma por haber dudado incluso por un instante. Estaba tan asustada de la soledad que dejé que fueses tú el que se quedaba solo de nuevo.
La chica, incapaz de seguir mirándole a los ojos, volvió a hundir su cabeza entre las piernas, los sollozos sacudiendo su cuerpo. De pronto sintió los brazos del chico rodeándola, unos labios en su pelo susurrando cosas que no entendía entre los llantos con tono gentil y tranquilizador. En cierta manera eso le hacía querer llorar aún más, pero la sensación de calidez y seguridad que le transmitía acabó calmandola hasta que las lágrimas cesaron y dejó de temblar.
—...Lo siento. —dijo ella en voz baja, ahora sintiéndose demasiado avergonzada para mirarle después de haberle dicho todo.
Esta vez fue Xiao el que puso con suavidad sus manos en la cara de ella para que le mirase.
—Gracias. Por preocuparte por mí. Puedo entender que es sincero. Gracias por querer que viva. Gracias por pensar en salvarme cuando aún tienes que hacer tantas cosas. Gracias por no querer que esté solo. Saber que lo pensaste tanto me alegra. Lumine... Gracias.
La chica se secó las lágrimas con el dorso de la mano, una pequeña sonrisa por fin en sus labios que hizo que Xiao inconscientemente se relajase.
—No es algo por lo que debas darme las gracias, Xiao. Todos estábamos preocupados, no solo yo. Hay más gente de la que piensas que te aprecia. Gente a la que has salvado. Gente que sabe lo duro que trabajas por el resto. Gente que aún no lo sabe pero lo comprenderá cuando pasen tiempo contigo.
Acercó su rostro al de él y, si no fuese por el rubor en su cara y que sus rostros se habían quedado extremadamente cerca, el Yaksha podría haber llegado a pensar que el fugaz contacto de sus labios sobre los suyos había sido un espejismo.
—Gracias. Ojalá pudieses verte de la misma forma en que yo te veo. Yo… de verdad me alegro que estés a salvo, Xiao. Así que aunque sea por mí, aunque aún no consigas creerlo, ¿podrías pensar en ello antes de aceptar alegremente el peligro?
Xiao tragó saliva.
—Realmente… no hay una pizca de timidez en tí —murmuró, asintiendo de forma casi imperceptible.
¿Cómo no hacerlo? Realmente no podía entenderla… pero quería hacerlo. Y tal vez ese era el primer paso para aceptar lo que le estaba intentando decir.
