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Bakugō terminó cargando a Izuku en brazos después de luchar contra los civiles que no querían que él regresara a la U.A., el rubio estuvo a punto de ir a darles un poco de su mente, si creían por un instante que ellos tenían el derecho a exigirle que se marchara iba a golpearlos, al diablo que fueran jodidos civiles, el miedo los estaba controlado y no dejaría que el pecoso siguiera sangrando por esos bastados; sin embargo, no tuvo que llegar a los golpes como ansiaba el héroe en formación, ya que fueron aplacados, por lo que una vez fuera de su alcance y en camino a los dormitorios, le lanzó sus guanteletes a Kirishima –pues no sentía la necesidad de seguir usándolos estando ya dentro de la fortaleza que era la escuela-, para tomar a Izuku en brazos al verlo tambalearse sobre sus pies, el idiota estaba cansado, destrozado e inestable, pero aún quería permanecer fuerte; no es que Bakugō lo permitiera por lo que sin importarle las débiles protestas una vez fue arrancado del suelo, siguió caminando.
La clase A seguía de cerca y en procesión a Bakugō, miraban con cautela a su compañero y amigo que había sucumbido al cansancio y dormía ahora. Los meses en vela, preguntándose si estaría alimentándose correctamente o si estaría cuidando su salud apropiadamente, eran las constantes preocupaciones que todos tenían, no podían estar más de cinco minutos sin que algo relacionado a Izuku se filtrara en las conversaciones, a veces podían reír o sonreír si el recuerdo era apropiado, pero normalmente siempre los conducía a miradas sombrías y muecas infelices; sobre todo cuando debían tratar con la señora Midoriya, se sentían culpables, pero Bakugō lo tenía aún más difícil, porque era él quien veía a la tía Inko marchitarse ante las escasas noticias de su hijo, porque si bien, el Dekusquad –Iida, Uraraka, Todoroki y Tsuyu-, hacían todo lo posible para tranquilizarla, era el rubio quien sostenía la mano de la mujer, era él en quien confiaba para traer a su hijo de vuelta, aún después de hablarle con la verdad sobre la relación accidentada y llena de malos entendidos entre ellos.
Pero ella se limitó a sonreír mientas le decía con esa voz tan suave y gentil que aún conservaba en sus memorias infantiles: Y, aun así, Izuku, te seguiría. Tráelo de vuelta, Katsuki.
Él cumplió.
Con el apoyo de la clase A, trabajando aún en contra de las sugerencias y preocupaciones de los adultos –Aizawa en realidad fue el único que les dejó seguir los pasos de su compañero perdido-, lo había traído de regreso a ellos, ahora necesitaban asegurarse que se quedará, esa sería la parte más difícil de lograr, porque Izuku era un mártir, su complejo de héroe era demasiado grande y estaba profundamente arraigada en su alma, pero Bakugō se cortaría ambos brazos antes de volver a permitir que él volviera a marcharse solo.
Si el estúpido quería volver a las calles, iría con él, joder la clase A y muchos otros lo respaldarían sin dudarlo ni un segundo, pero Izuku no lo veía, no cuando su mente los ponía como personas a las cuales proteger, culpaba a All Might y a si mismo por ello, fueron quienes lo empujaron y alentaron su estado mental hasta su punto de ruptura.
Llegaron a los dormitorios.
—Voy a tirarlo a la maldita bañera, apesta —anuncio una vez todos estuvieron dentro del lugar—, que alguien vea si tenemos los jodidos ingredientes para cocinar katsudon, regresó en 15 minutos; pelo de mierda, Icyhot vengan conmigo.
Con las manos extras lograron desvestir al adolescente, dejándolo únicamente en ropa interior, luego los despidió para que fueran por ropa limpia y tiraran la mugrienta en la lavandería, Bakugō maniobró el cuerpo para meterlo a la bañera gigante que podía contener a todos los adolescentes de la clase sin problema, se retiró su maldito traje de héroe para poder sentarse detrás del niño con una cubeta y lo necesario para lavarlo, el rubio sintió como sus pantorrillas agradecían sumergirse en agua caliente para relajar sus músculos, pero no detuvo mucho para regocijarse en la sensación de bienestar, sino que empezó a trabajar en los rizos enredados y resecos.
Tenía mucho trabajo por hacer.
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Izuku empezó a recuperar la conciencia poco a poco, sentía unos dedos rascar y frotar su cuero cabelludo con suavidad, pero firme y constante; ni siquiera le importó que su cuerpo estuviera sumergido en agua, no hasta que un chorro de agua cayó sobre su cabeza casi ahogándolo, se removió.
—Joder, quédate quieto.
No necesito más para saber quién era el que estaba ayudando a limpiarse, debería sentirse avergonzando de estar tan vulnerable, pero ni siquiera tenía la fuerza para eso, apoyó su cabeza contra el muslo de Bakugō, podía querer morir cuando recuperara sus fuerzas y la capacidad para sonrojarse, pero mientras disfrutaría la calidez y afecto que le estaba otorgando.
—Kacchan —murmuró mientras el agua lavaba el rastro de meses de soledad y miedo.
—¿Qué?
—… gracias.
Bakugō gruñó antes de tirar del cabello mojado hacia atrás, Izuku quiso quejarse del maltrató su voz quedó atrapada al ser besado profundamente, no se resistió, se inclinó para que tuviera más acceso a su boca, levantó su brazo derecho para enredar sus dedos en los rubios cabellos, no supo cuánto estuvieron así y no le importó.
Se separaron, sus ojos se encontraron con demasiadas emociones.
—Termina de bañarte, Izuku —ordenó inclinándose para besar sus mejillas—, voy a prepararte de comer y vas a tragarte hasta el último grano de arroz.
—Sí, Kacchan.
Bakugō se inclinó por última vez para besarlo y se levantó para dirigirse a las cocinas, tomaría un baño después para luego arrastrar al adolescente a su habitación, no lo dejaría fuera de su vista en lo que restara de su vida.
Izuku no volvería a escaparse de sus manos.
Ni de su jodida vida.
