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Por alguna razón, después del asesinato de su hermano marcial, Liu Qingge, las desviaciones de Qi se volvieron más frecuentes; pero no es como si fuera algo raro, viniendo de él. Al fin y al cabo, le habían destrozado los meridianos y la misma alma. Ya era un logro haber llegado a su nivel con todos esos impedimentos a la hora de cultivar.
Así que ya era normal ir a hacerse una inspección en Qian Cao, o recibir una visita de Mu Qingfang. Pero siempre lograba, de una u otra forma, evitar todo eso.
Al levantarse, Shen ignora la botella que yace sobre la mesa. Recuerda a Mu Qingfang explicándole sobre para qué era y cómo tenía que tomarlo. También recalcó que tenía que tomárselo una vez al día, pero no le prestó especial atención.
Shen Qingqiu estaba cansado.
Shen Jiu también.
A Xiao Jiu, ni preguntarle, podías.
Uno ya no soportaba la pesada máscara que se ponía hasta al dormir. El otro Sus pesadillas. Sino, era su podrido corazón que no aguantaba
Ninguno no querían soportarlo más.
No podían.
Sabían que si esperaban más, se iban a derrumbar; al menos más de lo que ya estaban.
Golpe, golpe.
Sintió a alguien llamando a la puerta de la casa de bambú. Yue Qingyuan, pensó. Siempre venía a verlo cuando se enteraba de una nueva desviación de Qi, como si quisiera consolarlo. Cuando se iba, era él quién necesitaba consuelo.
Sin pensárselo mucho, se paró frente a la puerta, mientras afuera se oía a alguien llamándolo. Pero para Shen Qingqiu solo eran susurros en el viento, como un pasajero pensamiento.
Sin embargo, no contestó. Esperó a que el invitado no deseado se fuera.
Escuchó un suspiro, y pasos alejándose lenta y dolorosamente. Un sonido que le hacía doler los tímpanos y corazón.
Ya no más.
Tiró al suelo la mesa más cercana.
No se había dado cuenta cuando su Qi había empezado a desequilibrarse.
Solo... no quería ver a nadie.
Ni a sí mismo.
Rompió todo lo que estaba a su alcance. Llamó la atención del líder de Secta, que todavía estaba cerca; y a distintos discípulos.
No sabía cuándo, estaba rodeado de discípulos y Señores de Picos.
Sacó la espada, como si quisiera pelear. Pero, en contra de lo que otros pensaran, solo quería defenderse; no usaría esta para atacar a un hermano marcial.
No otra vez.
El reflejo de Xiu Ya le asusta.
Su propio rostro lo asusta.
No sabe quién está asustado: Si el señor del pico, Shen Qingqiu; el niño esclavo, Shen Jiu; o el único que no perdió la esperanza, Xiao Jiu.
Solo sabe que está asustado.
Asustado de él mismo.
Tira el arma bien lejos de él, para no poder volver a ver su reflejo.
Para no verse a sí mismo.
Y cae.
Cae.
Cae al suelo.
También cae en el abismo, del mismo del que nunca salió.
Cae al negro. Al vacío.
Solo sabe que cae, cae cae.
Solo sabe que nunca dejará de caer.
Nunca.
Igual que nunca dejará de ser una escoria.
Nunca dejará de ser un asesino.
Nunca dejará de ser un esclavo.
Esclavo.
Esclavo de la vida.
Esclavo de la miseria.
Esclavo del destino.
Esclavo del pasado.
Esclavo de todo.
Pues nunca fue libre.
Y cae.
Cada vez más profundo.
Sabe que nunca podrá salir.
Quiere llorar.
Necesita llorar, desahogarse.
Pero no puede. No le salen las lágrimas.
Está seco, pero hundido a la vez.
Seco de alegría, cariño, compasión.. .
Hundido en tristeza, desesperación, dolor...
Porque cuando hasta su Qi-ge lo abandonó, la soledad fue su fiel aliada y compañía, y nunca lo traicionaba. Nunca se iba, ni cuando la quería echar.
Tampoco era digno de deshacerse de ella.
✯✵✯
Estaba en medio de negro. Todo lo que lograba ver era eso: nada.
La tranquilidad del vacío era acogedora para alguien como él. Era perfecto, pues un asesino como él, ni sonido se merecía.
Pero sabía que no duraría mucho.
Yue Qingyuan lograría sacarlo de ahí, pero todavía no le diría el por qué no volvió.
Mu Qingfang lo ayudaría, no dejaría que una escoria como él manchara su expediente.
Los demás Peak Lords, si hicieran algo, sería de mala gana. Lo sabe, y lo hace sentir mejor. Al final, él no es digno ni de sus miradas.
No es digno de nada más que sufrimiento.
Pero hay demasiadas cosas de las cual no es digno. Pero, a veces, solo... Quiere, aunque no se lo merezca, un poco de compasión... Alguien que lo entienda.
Pero sabe que es imposible.
Unos se hacen los mudos, otros los sordos. Quién no, se hace el ciego. Sino el tonto.
Siempre se niegan a entender más allá de ellos mismos y su círculo.
Pero, pero, pero. Demasiados peros. No vale la pena contarlos. Siempre habrá algo mal, algo torcido.
Torcido como su alma.
Torcido como su corazón.
Torcido como su mente.
Torcido como su vida.
Torcido como su destino.
Porque sabe. Sabe, sabe, sabe.
Sabe que alguien se hará fuerte, más que cualquiera.
Sabe que recibirá karma.
Sabe muchas cosas.
Pero no quiere esperar.
No quiere aguantar este sufrimiento, este dolor.
Aunque lo tiene merecido, por todo el daño que ha hecho.
A los niños que golpeaba para ganar territorio.
A la gente que robó.
A los Qiu, quemando su mansión.
A Yu Wanzi, matándolo.
A Liu Qingge, asesinándolo.
A sus hermanos marciales, siendo un estorbo.
A sus discípulos, por no ser el maestro que necesitan.
A todos, por existir.
Porque sabe que, si no existiera, la vida de muchos sería mejor.
Y su mente entra en el mismo bucle de cada noche. Sus pesadillas vuelven a inundar su visión.
Ya nada importa. Solo están sus miedos y él. No sabe si puede vencer, pero dejó de importar cuando ni él mismo se preocupó de eso.
✯✵✯
Al despertarse, sabe que los demás Peak Lords han entrado en su mente, en sus pesadillas.
También sabe que Yue Qingyuan se ha hecho el ciego.
Mu Qingfang el tonto.
Los demás simples sordos.
Pues aunque el mudo se le obligue a hablar, los demás no escuchan o no ven. Si no es suficiente, solo se hacen los tontos.
Mira a un lado, y el que no entiende es el único que se quedó a su lado esperando su despertar.
Estúpido, piensa Shen Qingqiu y Shen Jiu. Solo que el pequeño Xiao Jiu quiere aferrarse a ese tonto, pues es el único que está junto a él, aún siendo un asesino.
Pero no lo hará. Sus manos están demasiado magulladas para hacerlo, y su corazón solo puede dar odio y desprecio.
Cuando el tonto notó que ya despertó, parecía aliviado.
No quiere una mancha en su expediente. Aunque cree que solo le haría un favor al mundo.
Aun si su mente se confunde, e intenta ver un extraño brillo en los ojos del médico, sabe que es falso. Más allá de todo razonamiento, lo sabe porque sus ojos dejaron de ver algo más que pesadillas, pena y pesar hace mucho tiempo. Sabe que en este mundo no hay nada ni nadie que estaría aliviado al verlo.
Incluso si la hubiera, él...
Sus pensamientos son interrumpidos por una voz. Al parecer de Shen Jiu demasiado suave, asquerosa. Al parecer de Xiao Jiu, cómoda, reconfortante.
- Shen-shixiong, despertaste.
Shen lo mira, mientras involuntariamente busca su abanico con las manos.
Su shidi, al notar eso, coge el ventilador de la mesa y al pasárselo, se lo arrebatan de las manos.
Shen Qingqiu abre su abanico, tapando parte de su cara, o, mejor dicho, las posibles grietas de su máscara mientras oye al contrario soltar un pesado suspiro.
Sabe lo que viene ahora por no tomar su medicamento, pero ya no le importa. Hace mucho que dejó de hacerlo.
Contrario de lo esperado, solo le da una mirada fugaz y se levanta.
Shen hace lo mismo, y lo acompaña hasta la salida. Antes de despedirse, el médico le prega que se cuide, y hay un pequeño silencio.
Palabras no dichas flotan en el aire.
Vive, dice uno.
Pero el otro está demasiado podrido para entenderlo. La maldad hace tiempo que se apoderó de su alma y corazón, por lo que siente que solo es una pequeña muestra de su disgusto hacia él, un asesino.
Porque lo es.
Asesino.
Porque asesinó a los Qiu.
Porque asesinó a Wu Yanzi.
Porque asesinó a Liu Qingge.
Porque mató a la familia de Qiu Haitang.
Porque mató al maestro del pico Bai Zhang y hermano de Liu Mingyan.
Porque mató lo poco de felicidad que le quedaba a más de uno de sus propios discípulos.
Porque mató a muchos.
Porque el que en verdad necesitaba morir, era él mismo .
Porque sin él, el bienestar general sería más alto.
Porque...
Cuando, al fin, vuelve a la realidad, está solo, en medio de un bosque de bambú, parado en la entrada de su pequeña casa.
Porque siempre es así. Todos se van sin que se cuenta.
Al fin y al cabo, ¿quién quiere estar con una escoria?
✯✵✯
Está cansado.
No sabe cuántas veces lo ha dicho, pero lo está.
Cansado del mundo.
Cansado de su máscara.
Cansado de sus pesadillas.
Cansado de su hipocresía, de la de los demás.
Cansado de sus hermanos marciales.
Cansado de que Qi-ge no le explique la verdad.
Cansado de tampoco querer escuchar.
Cansado de repetirse lo mismo cada vez.
Una y otra vez, cansado.
Cansado de sí mismo.
Por eso tomó una decisión, aunque fue fácil.
Solo tendría que ir al pico Qian Cao.
Quizás, se merecía una muerte más sangrienta.
Quizás se merecía más sufrimiento.
Pero está cansado de ver sus manos llenas de sangre.
Al fin y al cabo, está cansado de todo.
Pero el final es el mismo.
Morir.
No Shen Qingqiu, ni Jiu, ni Xiao Jiu. Sino todo su ser.
Al final, Xiao Jiu lloraba por no tener a nadie a quién confiar su roto corazón.
Al final, Shen Jiu tenía pesadillas por la noche, y las manos tacadas de sangre.
Al final, Shen Qingqiu nunca existió; solo era el mismo esclavo, pero encarcelado en un pico y con maquillaje de más.
Aunque las tres personas dentro del mismo cuerpo nunca podrían volver a unirse, por fin se acabará todo.
No más llanto ni desesperación.
No más pesadillas ni sangre.
No más mentiras ni engaños.
No más nada.
Ya todo se acabó.
Ya todos... serán más felices.
✯✵✯
Mu Qingfang corrió al pico Qing Jing cuando se enteró del número exagerado de pastillas que su hermano marcial adquirió el día anterior.
Cuando llegó a la casa de bambú, entró apresuradamente.
Lamentablemente, ya era tarde.
Demasiado tarde, como siempre.
Nadie sabía cómo tomarse la noticia. Sus hermanos marciales se preguntaban si arrepentirse o reírse. Al fin y al cabo, el asesino de Liu Qingge se suicidó.
Los discípulos de Qing Jing quedaron devastados, pero se recuperaron con el paso del tiempo.
Además, ¿quién creería que cierto grupo de chicas se sentirían tan tristes al saber esa noticia?
Al fin y al cabo, Shen Qingqiu siempre fue un arrogante, un mimado. No les cabía en la cabeza que él podría no ser como pensaran. Ni después de tantas pistas que el destino le había dejado.
Años después, Luo Binghe quemó Cang Qiong, pero, la persona que tanto odiaba y amaba al mismo tiempo, hacía mucho que había desaparecido.
Y así, poco a poco su muerte se fue olvidando.
Solo pronunciada con furia y odio, pero toda en vida también era así.
Daba igual si hayan querido buscar o no parte del alma de Shen en el sitio de su muerte, su mente y corazón estaban tan podridos y destrozados, que su alma se hizo añicos incluso mucho antes de morir, y al perecer solo se dispersaron y disolvieron en el aire.
En ese mismo aire, que fue puro por el poder espiritual una vez, y sucio del humo del fuego otra.
En ese mismo lugar, un deseo con las últimas palabras no dichas seguían vigentes, anhelando que todo conocido y extraño; el mundo en sí, fuera más feliz sin él.
Nada más, cumplir esa ambición hacía tiempo que era imposible desde que se sello el destino de cierta persona, junto al suyo. Porque era su fatalidad el ser creador de la bestia.
Porque al final, lo mejor hubiera sido no nacer.
✯✵✯
Fin de la historia.
