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Sirius Orión Black estaba nervioso. Conteniendo la respiración y muy probablemente trataba de no caer en un ataque de ansiedad (de nuevo). Su pierna rebotaba contra el piso y su mano estaba presionada contra su mentón. No se mordería las uñas, eso le recordaba demasiado a Regulus y no era un buen momento para pensar en su hermano menor, incluso si lo pensaba podía sentir a padfoot nervioso.
Su muñeca todavía tenía la marca de las uñas de Lily.
Sirius seguía viendo el reloj avanzar en la pared frente a él, cosa que solo ayudaba a ponerlo más nervioso conforme veía moverse el segundero.
Estaba solo en el pabellón privado de maternidad de San Mungo. Escuchando el ruido en el interior de la habitación. Lo habían obligado a salir de la habitación una vez había llegado James.
—Solo el padre puede estar adentro— habían dicho. Siente su mandíbula trabarse.
Recuerda los ojos avellana de su hermano abrirse en sorpresa cuando el sanador lo hizo salir, al igual que el ceño fruncido de Lily. Sirius hizo de eso, uno de los pocos momentos en los que hacía lo que le decían. Solo apretó sus puños y se mordió los labios porque no quería ocasionar un escándalo aún mayor. No era el momento, había algo más importante que él, alguien más importante aguardando.
Estaba solo en la sala de espera. Monny seguía afuera en solo Merlín sabe dónde, y no podía simplemente enviarle un patronus, no quería volar su tapadera de hombre lobo en la manada. Mientras que Peter también estaba en su propia misión de la orden. Así que eso lo reducía a solo él esperando (lo odia).
El único merodeador esperando afuera.
Hizo un esfuerzo y tomo respiraciones profundas. Como las que había ayudado a practicar a Lily cuando decidió inscribirse en ese curso muggle de maternidad (curso que termino tomando con ella porque James estaba en una misión). La instructora había dicho respiraciones profundas mientras llevan el tiempo. Sirius lo intento, intento vaciar su mente como si de oclumancia se tratara. Todo saldría bien, todo tenía que salir bien.
—Todo saldrá bien. —Siguió repitiendo la misma frase como un mantra. Porque no podía permitirse pensar en la alternativa. Era el hijo de Prongs el que estaba por nacer, el nieto de Effie y Monty, el bebé de Lily Flower, la pequeña y nueva amenaza que llegaría a reinar el legado de los merodeadores…y sobre todo era su ahijado el que estaba por nacer.
Sirius aún está sorprendido. Está halagado por el honor, alguna vez había bromeado con James sobre él dándole a su primogénito. Todavía recuerda el día cuando Prongs le dio la noticia.
*
Sirius miro sospechoso a su hermano. Había pasado un día completo con ellos, cenando, viendo películas, y comiendo comida muggle. Todo eso estaba bien, era algo que hacían a veces, cuando la guerra era demasiada y querían un momento para aparentar que todo era normal.
Todo sería normal si no fuera por las miradas que James y Lily se seguían dando entre ellos. Lo que estaba causando el comienzo de un dolor de estómago en él. Las miradas solo empeoraron una vez que él se levantó para irse.
—¿Está todo bien?
Lily de ser posible solo miro aún más intenso a Prongs. James pareció captar la indirecta cuando se aclaró la garganta y se levantó para estar a su nivel, ayudando a Lily en el proceso.
—Mn, Padfoot, sabes t-tú eres mi hermano y bueno, yo, eh no, nosotros— James se veía como un venado con los faros de frente. Sirius hizo una mueca y miro a Lily dándole la mirada de “¿Por qué nuestro Prongs es un desastre?”
Ella por su parte solo suspiro antes de dar un paso adelante.
—Lo que James quiere decir, Sirius. Es que queremos que seas el padrino de nuestro hijo.
Esa frase fue lo único que se necesitó para enviarlo en espiral y poner su mundo de cabeza y devolverlo a la tierra, en el mismo instante.
—¿Ustedes? —luego negó con la cabeza—¿Padrino? ¿Yo? —dijo señalándose. —No es que no esté honrado, pero— se pasó la lengua por los labios— ¿Realmente soy la opción adecuada? — no pudo evitar murmurar.
La mirada en los ojos avellana se endureció, al igual que una nueva luz apareció en los ojos verdes. James dio el primer paso y Lily fue la primera en tomarlo de la mano.
—No habría mejor opción que tu padfoot, eres mi hermano, te confío mi vida. Te confío a mi hijo. —Sirius no tenía palabras y miro a la mujer a su lado, quien la miro divertida.
—Solo espero que nuestra casa se mantenga en pie, pero no puedo esperar mucho si el padrino le enseñara toda clase de bromas ¿no, es así?
*
El reloj continúo girando. Hasta que finalmente lo escucho. Escucho el llanto dentro de la habitación. Se puso de pie de inmediato, sin importar incluso que todavía no pudiera entrar a la habitación.
El bebé lloraba.
El bebé estaba bien.
No sabe cuánto tiempo paso, lo único que recuerda es haber visto al par de sanadores salir de la habitación dirigirle una mirada y después retirarse. No hubo falta palabras. Sirius abrió la puerta y se apresuró a entrar.
Se olvidó de como respirar mientras avanzaba hacia la cama donde Lily descansaba, podía ver el cansancio en su rostro, pero aun así sus ojos resplandecían. James a su lado con una mirada ahogada en felicidad, los dos mirando al pequeño bulto de mantas que arrullaban los brazos de Lily Potter.
James solo alzo la vista cuando estuvo frente a ellos. Nunca había visto a su hermano tan feliz.
—¡Tenemos un bebé! —dijo para reírse después. Lily sonrió, mientras descubría al pequeño bulto.
—Es precioso—Fue lo que Sirius pudo decir, incluso si solo podía verlo de lejos.
—Entonces, Sirius. Nos haces los honores. —Lily extendió sus brazos y puso al nuevo Potter en sus brazos.
Por un momento el cerebro de Sirius estalló. Por un maldito segundo tuvo la sensación de que lo dejaría caer. Todo en su mente se quedó en blanco y solo pudo mirar a la pequeña cosa que tenía ahora en sus brazos. El calor que comenzaba a filtrarse en su pecho. Todo lo que hizo falta fue parpadear, para que sus brazos lo rodearan correctamente y lo vio, realmente lo vio, todo en el gritaba James, desde el cabello, la nariz y sus mejillas, los labios eran de Lily y cuando abrió lo ojos pudo ver las esmeraldas comenzando a tomar color en ellos.
Alzo una de sus manos para acariciarlo, solo para que su dedo meñique se viera atrapado por una pequeña mano.
Fue flechado.
Sirius nunca había amado tan rápido, ni siquiera a James, sin embargo, ahí estaba, cayendo rendido por su ahijado. Sintió las lágrimas en sus ojos, y su corazón se estrujo. Tenía a su ahijado entre sus brazos, era un padrino.
Y era la mejor maldita sensación que Sirius había experimentado.
Lo amaba, se estaba ahogando de amor.
Sería el mejor padrino. Le compraría los mejores juguetes, la mejor ropa, lo llevaría a los mejores lugares, haría que escuchará la mejor música y conocerían el mejor lugar para comprar cosas muggles, le regalaría su primera chaqueta de cuero y lo llevaría de paseos en su motocicleta.
Estaba muy seguro que estaba llorando, y lo único que podía hacer era dejar que sus frentes se juntaran suavemente, mientras olía el olor de su cachorro.
—Hola Prongslet— no pudo evitar decir. Lo que se ganó la risa de Lily, e hizo que Sirius levantará la mirada para ver a los nuevos padres, que lo miraban de una forma que él no podía identificar.
—Su nombre es Harry, Harry James Potter— James lo dijo de una forma que Sirius solo se podía sentir orgulloso, aun así, le dirigió una mirada petulante a Prongs.
—Eso es lo que dije, Potter —se acercó lentamente a Lily—. Estuviste genial Lily.
Ella solo bufo suevamente mientras tomaba a Harry.
—Fue un largo camino, pero finalmente está aquí— ella apretó su mano, esta vez sin menos fuerza. — Gracias, Sirius.
Él negó con la cabeza, pero antes de que pudiera decir algo, James se estrelló a su lado.
—¡Somos padres! — dijo tan fuerte como pudo para evitar despertar al bebé.
Sirius apretó su costado y se sintió cálido de nuevo.
—¡Somos padres! — dijo con la misma emoción.
Tenía un cachorro, tenía un ahijado, era un padrino.
Era el día más feliz de su vida.
