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Para mi gata.
Gracias por enseñarme que no todo el amor debe ser recíproco.
Wei Wuxian era alguien realmente inteligente y no le faltaba creatividad.
Podía imaginar cualquier situación en cualquier momento, convencer a su cerebro de lo que estaba pasando era real y no subestimar las habilidades de los demás.
Debido a esto, casi nada podía sorprenderlo, era rara la vez en la que se quedaba sin palabras y su cerebro se desconectaba.
Por eso, cuando intercambió miradas de pánico con su hermano, debido a que este tocó la matriz del templo donde estaban exorcizando a un espíritu, la situación si era grave.
Con el corazón latiendo desenfrenadamente en el pecho, lo último que vio Wei Wuxian fue la mirada atemorizada de Jiang Cheng, antes de que la matriz estallara en una explosión de luz y los lanzara a ambos al suelo del templo.
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Wei Ying estaba más cálido de lo que recordaba antes de irse a dormir.
Con los instintos que solo adquiría un niño de la calle, supo de inmediato que algo estaba mal. Se levantó de golpe y observó con cautela a su alrededor.
La iluminación del lugar era muy pobre, lo que hacía que extrañas sombras se proyectaran en el suelo y las paredes, dando un aspecto escalofriante. Una pálida estatua estaba posicionada al centro de la pared en el fondo, así que supuso que estaba en un templo.
No era la primera vez que Wei Ying estaba en uno, pero, por lo general, visitaba el lugar por el día porque los visitantes eran, a veces, más amables que los vendedores y tenía más posibilidades de conseguir algunas monedas.
Ahora, sin embargo, de noche el templo lucia espeluznante y antinatural.
Wei Ying tuvo miedo. Unas intensas ganas de llorar aparecieron, las cuales trató de reprimir, pero al final no se pudo contener de derramar algunas gruesas lágrimas silenciosas.
Frotó sus ojos con frustración al recordar que llorar no solucionaba nada. Llorar no le trajo de regreso a sus padres, así que no tenía sentido hacerlo. En cambio, tenía que levantarse y salir antes de que fuera regañado por dormir ahí.
Ya muchas veces las personas que cuidaban los templos por las noches habían amenazado a Wei Ying con perros para evitarlo.
El niño sabía que era mejor dormir en las calles y tener la oportunidad de esconderse, a dejar que los perros lo persiguieran. Un terrible miedo le subió por la garganta, y le provocó que no pudiera decir ni pio.
Se puso de pie cautelosamente, abriendo sus grandes ojos grises para tratar de ver algo en la penumbra, sin embargo, fue imposible para él no tropezar con un bulto en el suelo.
Wei Ying estaba a punto de gritar al sentir la calidez que emanaba la cosa creyendo que era un perro, pero un quejido que salió de eso, lo detuvo.
—¡Auch!
Wei Ying se relajó considerablemente al escuchar la suave voz, pero aun así se mantuvo en guardia,
—¿Hola? —susurró quedito, tal como le habían dicho que tenía que hablar para no ser tan molesto. Wei Ying no quería ser molesto. Eso generalmente provocaba más golpes.
—¿Por qué me pateas? ¿Qué no ves que hay gente durmiendo por...? Oh... ¿Dónde estoy?
Al escucharlo hablar, Wei Ying supo que era un niño, así que se sintió contento de no haber pateado a un adulto.
—Yo...no lo sé...
Wei Ying pudo ver la sombra que se movía en la oscuridad poniéndose de pie.
—¿Y por qué esta tan oscuro? Enciende una vela o algo.
—... No sé cómo.
—¿Qué? ¿Cuántos años tienes? ¡Yo tengo cinco y sé prender una vela y hacer muchísimas cosas más!
De pronto, se sintió un poco cohibido ante sus palabras.
—...Tengo seis... creo —murmuró con renuencia. No lo recordaba con claridad. Pero creyó que era un número que se aproximaba, pues no habían pasado muchas primaveras desde que sus padres se fueron a aquella cacería nocturna.
El de ojos grises pensó que algo debió de haber hecho mal cuando el otro niño comenzó a gritar.
—¡¿Qué?! ¡No te escucho, habla más fuerte, tonto!
Sintiendo un poco de pánico, Wei Ying lo repitió más fuerte, relajándose cuando el otro niño dio su visto bueno, diciendo:
—Eso está mejor. Debes de hablar fuerte para que te escuchen, en especial con los adultos, ellos nunca escuchan a menos que les griten.
—¿En serio?
—Claro, mi A-Niang me dijo que por eso le grita a mi A-Die, no escuchan y tienes que gritarles porque sus orejas están llenas de vainas de loto.
Wei Ying quería decir que había visto adultos hablar suavemente y escuchar bien, pero el otro niño se mostraba tan seguro que decidió creerle en su lugar.
—Bueno, encendamos la vela, debe de haber algo aquí para... Oh, aquí está.
El niño desconocido se acercó al altar enfrente de la estatua y prendió las linternas que se encontraban por ahí.
Wei Ying por fin pudo verlo claramente. El extraño niño era de su misma estatura, tenía cabello negro, vestía túnicas púrpuras brillantes y una campana plateada colgaba de su cinturón. Sus mejillas eran rellenas y sus ojos azules.
Cuando las luces se encendieron, el otro también lo escaneó.
—¿Por qué estas tan flaco?
Wei Ying parpadeó y no supo que decir. El de ojos azules debió de haber notado lo raro de su pregunta por lo que desvió la mirada. Lo que Wei Ying no sabia era que el otro no había querido ser grosero, era simple curiosidad.
Para salvar el ambiente incomodo que se formó, Wei Ying preguntó en cambió:
—¿Cómo te llamas?
—Jiang Cheng. —Comenzó a caminar por el templo, respondiendo a la pregunta, mientras Wei Ying lo seguía—. ¿Tú cómo te llamas?
—Wei Ying —contestó, y luego cuestionó—: ¿A dónde vas?
—A casa —respondió Jiang Cheng con seguridad. El ojigris se maravilló:
—¿Sabes dónde está tu casa?
—No... bueno, depende...
Aquello lo confundió, ¿Dependía de qué? Ante la vaga respuesta detuvo su andar antes de salir por la puerta y lo miró con las cejas alzadas:
—Depende... ¿Bueno, entonces sabes dónde es esto?
Jiang Cheng frunció el ceño y se detuvo a la par, dando la vuelta para enfrentarlo.
—No.
—¿Sabes cómo llegamos aquí, entonces?
—No.
—¿Sabes...?
—Haces muchas preguntas, eres molesto.
Wei ying cerró la boca de inmediato. Lo había arruinado, de nuevo. Sabía que no debía hablar más de lo necesario y que su voz era molesta. Los adultos en la calle lo decían, los vendedores malos lo decían, incluso a veces, los que decían de ser honorables cultivadores lo dijeron cuando Wei Ying se acercó a preguntarles por sus padres. Le dieron miradas de desprecio, y muecas de asco al niño harapiento y desnutrido que se les acercó.
Nunca nadie le dio respuestas y nunca volvió a preguntar, así que si algo sabia Wei Ying, era que es molesto.
Sus ojos se humedecieron un poco y un leve puchero se formó en sus labios, inevitablemente.
Jiang Cheng miró a Wei Ying con algo que este último no reconoció, pero suspiró fuertemente y volteó los ojos, algo que solo había visto hacer a los adultos.
Su curiosidad por el extraño niño aumentó, y su tristeza desapareció cuando el ojiazul volvió a hablar.
—No eres molesto, es solo que... —suspiró—, bueno, quiero ir a casa. Deberías ir tú también a casa.
Una rara sensación cruzó el pecho de Wei Ying. Dolía, pero se había acostumbrado.
—Yo... no tengo casa.
Jiang Cheng frunció el ceño en confusión.
—No tienes casa... ¿Por qué?
¿Por qué? No era algo que Wei Wuxian no se hubiera preguntado antes, ¿por qué no tenía casa? Por qué sus papás no habían regresado y ellos eran su casa. Así se lo hizo saber a Jiang Cheng.
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—Estoy seguro que mi A-Die podrá encontrarlos y tendrás tu casa de nuevo —aseguró Jiang Cheng una vez que Wei Ying terminó.
Jiang Cheng quería ayudar al raro niño que tenía enfrente, así que no dudaba que su A-Die tendría la solución. En realidad, no estaba tan asustado de estar en ese templo. Sabía que tarde o temprano, su A-Jie notaría que no estaba, por lo que irían a buscarlo. Sin embargo, aquel niño que parecía no haber comido en días estaba solo, y algo en Jiang Cheng se removió.
No podía imaginar un mundo donde su A-Jie, su A-Niang y su A-Die ya no estuvieran. Donde el estuviera solo en Lotus Pier.
—¿En serio?
—¡Si! Y luego podrás venir a jugar a mi casa conmigo y mi A-Jie, y con mis perros.. —Quería llevar consigo al niño y mostrarle tantas cosas como...
—¡No! Perros, no, por favor —El rostro de Wei Ying mostraba un pánico tremendo e inconscientemente comenzó a temblar.
Jiang Cheng al ver esto, se apresuró a tomarle las manos para tranquilizarlo, algo atemorizado por su expresión.
—Bueno, bueno, está bien, nada de perros. —En su interior, Jiang Cheng hizo una mueca. Amaba a sus tres cachorros, pero tal vez si iba a llevar a Wei Ying con él, tendría que esconderlos.
Jiang Cheng pensó que no era algo tan horrible, si con eso evitaba que el rostro de Wei Ying se tornara tan aterrorizado.
—Alejaré a todos los perros que se te acerquen si estás conmigo, ¿De acuerdo? —prometió, en un intento para que se calmara.
Al parecer funcionó por que el otro dejó de temblar.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
Jiang Cheng recibió una alegre sonrisa de parte del otro niño y se preguntó cómo podía sonreír así sin que le doliera la boca.
—¿Quieres ser mi amigo?
—Si.
No había dudado en responder, cosa que lo sorprendió tanto a él mismo como a Wei Ying a juzgar por su expresión.
Aquella pregunta había sido tan espontanea, pero tan real que se tornó más como una promesa. Una promesa que no se rompería con el pasar de los años.
Con las mejillas ruborizadas de vergüenza, estaba a punto de decir que siguiera avanzando o lo golpearía, cuando la puerta del templo se abrió dando paso a dos altas figuras de blanco.
Ambos hombres se acercaron apresuradamente buscando algo.
Sintió como Wei Ying se ocultaba en su espalda. El propio Jiang Cheng se sintió un poco cohibido ante la presencia de quienes eran claramente cultivadores de la secta Lan, pero recordando sus pocos modales aprendidos, dijo:
—Saludos, señores. —Jiang Cheng iba a seguir hablando, pero de repente los ojos de ambos cultivadores se posaron sobre ellos, llenos de sorpresa.
—¿A-Cheng?
—¿Wei Ying?
Ambos hablaran al unísono, con el mismo tono de incredulidad, Jiang Cheng retrocedió unos pasos, e inconscientemente tomó la mano de Wei Ying.
—Ustedes... ¿Cómo saben que...?
Jiang Cheng no había conocido a los hombres en su vida, pero su A-Die alguna vez lo había llevado a conferencias fuera de Lotus Pier así que sabía que estos eran los uniformes de la secta Lan.
Sin embargo, esto no lo tranquilizaba lo suficiente.
Eran altos y Jiang Cheng supuso que muy hermosos, o algo así, pero ambos deban un poco de miedo por aquello. Jiang Cheng no pudo evitar recordar a los gatos que rondaban por la ciudad. Lindos, pero parecía que saltarían a tu cara en cualquier momento.
Su cabello era negro como la tinta, y claramente eran hermanos por su parecido.
Observó con cautela como intercambiaban miradas y tenían una plática silenciosa, al final, uno de los hombres (el más letal e incluso sus ojos ámbar se parecían a los de un gato) suspiró y retrocedió unos pasos.
Jiang Cheng entrecerró los ojos notando como observaba a Wei Ying con intensidad, así que se movió para ocultarlo de su vista.
El hombre lo notó y fijó su mirada plana en él, pero Jiang Cheng no dudó y devolvió su mirada con fiereza.
Tuvo que ceder en esa lucha de miradas cuando el otro hombre, con una sonrisa la cual le restaba letalidad, pero le aumentaba hermosura, se arrodilló frente ellos.
—Hola, ¿Eres Jiang Cheng, verdad?
—Si, ¿Quiénes son ustedes? —preguntó directamente, observando aquellos cálidos ojos cafés que lo miraban con ¿cariño?
—Yo soy Lan Huan y él es mi hermano Wangji. ¿Quién es tu amigo?
Jiang Cheng no sabía si responder, pero el otro niño se adelantó:
—Soy Wei Ying.
Lan Huan sonrió con gentileza, y Jiang Cheng se relajó ante su aura de paz.
—Mucho gusto. ¿Saben cómo llegaron aquí?
—No.—Su cabeza se Sacudió de arriba a abajo—. Despertamos aquí.
El mayor asintió.
—Entiendo. Nosotros podemos ayudarles a resolver esto. ¿Tu padre te ha mencionado sobre la secta Gusu Lan?
Los ojos de Jiang Cheng brillaron.
—Si. ¿Entonces eres de ahí? ¿Nos ayudaras?
—Claro que sí. Lo resolveremos juntos, ¿Les parece? —Sonrió con suavemente.
Jiang Cheng intercambió una mirada con Wei Ying, y después asintieron felizmente a Lan Huan.
—Vamos, entonces.
Lan Huan le ofreció una mano a Jiang Cheng, sonriendo cuando este la tomó sin contratiempos.
—Pero que él no le tomé la mano a A-Ying.
Jiang Cheng no notó la manera cariñosa con la que se dirigió al otro niño (el cual sonrió con todos sus dientes), demasiado preocupado por dirigirle una mirada, que creía asesina, a Lan Wangji.
Lan Huan rio suavemente, por una razón que Jiang Cheng no entendió.
Después de unos pocos días, Wei Wuxian y Jiang Cheng volvieron a la normalidad, para tranquilidad de sus esposos, sin recordar nada de lo sucedido.
