Work Text:
—Iremos a la playa, Montauk.
Esa fue la manera en la que comenzó su pequeño viaje, ir a la vieja cabaña en Montauk era lo mejor que Sally podría ofrecer. Ir al lugar de sus recuerdos, donde obtuvo a su más grande tesoro.
Su hijo está triste, y ella lo sabe incluso antes de llegar.
Percy no ha dicho una sola palabra en todo el viaje, lo cual no es propio de su hijo. Percy habla mucho, incluso si a veces trata de permanecer callado. Su pequeño hijo habla incluso sin utilizar las palabras.
Al llegar, el lugar esta tal y como lo recuerda. La arena se siente fresca y por un segundo se siente como volver a casa. Percy se ve ligeramente más alegre mientras desempacan y se acomodan en el pequeño lugar. Deja atrás sus jeans y se pone algo más cómodo, usa azul como es su costumbre.
El sol se pone sobre sus cabezas, pero es notablemente eclipsado por la oscuridad que comienza a cubrir el cielo. Las nubes se ven grises y el mar lame más cerca la orilla. Como si respondieran al dolor.
Su hijo está triste.
Sally siente el sudor bajarle por la espalda, mientras busca su bolsa y sale de la cabaña para buscar a su hijo. Percy es bastante fácil de encontrar, un pequeño punto azul intenso contrastando contra el gris del cielo, el mar y la arena.
Percy juega con unas caracolas, y se detiene cuando la ve venir. Ella se toma un momento antes sentarse a su lado, se acomoda lo mejor que puede y espera…
No tiene que esperar tanto. Percy se lanza sobre su regazo, se esconde en su cuello y Sally siente el corazón romperse cuando ve como los hombros de su pequeño comienzan a sacudirse.
Son en momentos como este que siente que está haciendo todo mal.
—¿Por qué no puedo tener un papi, mami? — Sally siente como su garganta se cierra, ¿Cómo puede explicarle eso a su pequeño? Siente su boca con sabor a lejía cada vez que tiene que decir algo diferente.
Percy cada vez está menos seguro de su simple “Tu padre murió en el mar” No con la cantidad de comentarios que sabe que recibe en la escuela.
—¿Papá nos abandonó?
—¿No le importamos?
—¿Qué es un bastardo, mami?
Ella se rompía en mil pedazos cada vez que Percy la miraba con ojos de dolor.
Presiona el pequeño cuerpo de su hijo contra ella y comienza a pasar las manos en su cabello.
—Tenemos a Gabe amor. —dice, porque es lo único que puede decir en ese momento. No puede decirle a su hijo que su padre es uno con el mar.
Su hijo bufo.
—No me gusta Gabe, —dice malhumorado— huele mal y siempre grita. —Ella no lo ve, pero sabe el puchero que hay en los labios de su hijo.
Ella solo puede suspirar porque realmente no hay mejor descripción que esa. Ese fue el propósito de casarse con Gabe, enmascarar cualquier olor que pueda lucir atractivo a cualquier monstruo, a veces solo necesitabas algo repugnante para alejar a algo todavía más repugnante, algo peligroso.
Sally solo quería que Percy fuera feliz, que su hijo viviera la mejor vida que pudiera vivir, lleva un nombre que es su pequeña y loca promesa. El Perseo original fue, el que mejor futuro tuvo. Ella quiere que su Percy pueda ser feliz.
Deja un beso sobre la cabeza de su hijo y lo mece suavemente.
—Tal vez no pueda darte el padre que te mereces, amor. —se asegura de ver a su hijo a los ojos. —Pero siempre me tendrás a mi Percy, estaré siempre a tu lado.
Los ojos azules brillan y la sonrisa estalla en el pequeño rostro de su hijo.
—Yo también estaré siempre contigo, mami.
Ella dirige su atención a la bolsa a su lado.
—¿Quieres una galleta, Percy? — el rostro de su hijo brilla en jubilo mientras ve la bolsa de galletas azules.
Su pequeño asiente con la cabeza y espera a que ella le dé una.
—Aquí tienes, amor.
Percy prácticamente vibra mientras se lleva la galleta a sus labios y la muerde, y se ve complacido con el sabor.
—Eres la mejor, mami.
Deja otro beso, esta vez en la frente de su hijo. Sabe que no es la mejor, pero se jura a si misma que hará todo lo posible porque su pequeño tesoro sea feliz, que viva para convertirse en adulto.
—Te amor, Percy— susurra contra su frente, se aleja para ver las mejillas de su hijo sonrojadas.
Escucha la risa brotar del pecho de su hijo, y por un momento solo son ellos dos.
