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Quererte en mi soledad

Summary:

Kim Dokja, pequeño, frágil, exhausto y torpe, sólo camina hacia el frente y mira al infinito en el cielo.

—Tienes razón. No puedo vivir sin Yoo Joonghyuk.

Hay silencio por un momento.

(Dokja siente una oleada de vergüenza luego de darse cuenta de las palabras que ha soltado.)

Notes:

sólo... me gusta escribir cosas que me hacen llorar

Chapter Text

Hay un toque fantasmal sobre sus labios.

Parpadea un par de veces. Mira a los alrededores, de un lado al otro, varias veces, buscando en silencio alguna cosa, lo que sea, lo que no termina de entender incluso ahora. No encuentra nada más que las estanterías, los libros, los corredores infinitos y la oscuridad.

Es extraño, piensa mucho acerca de eso último. Aunque esté oscuro, todavía puede ver, puede leer.

Leer este libro.

—Yoo Joonghyuk... —murmura suavemente, regresando su atención a las letras sobre el papel. Extiende sus dedos, tocando las páginas, tratando de sentir la tinta o la frialdad del objeto. No puede sentir mucho, como si sus nervios estuvieran entumecidos. Le causa náuseas y un malestar desagradable.

Aun así, no aparta la mano del nombre que sigue repitiéndose en todos y cada uno de los libros. Golpea sus uñas cortas sobre ese conjunto de letras.

Le gusta ese nombre.

Vuelve a parpadear rápidamente, viendo el tamaño de sus propios dedos. Son pequeños. Se siente mal. No deberían ser tan pequeños, pero tampoco está seguro de por qué no deberían serlo. Confuso.

Cierra el libro de golpe. Entonces, en la cubierta del libro, ve el título.

Yoo Joonghyuk - Ronda 1502

Escrito por: tls123

« t l s 1 2 3 »

Kim Dokja conoce al autor. Está seguro de ello. Es probablemente la única cosa de la que está seguro aún en mitad de la confusión que respira en cada instante dentro de este frío lugar, esta fría biblioteca viviente.

Otro toque en su boca.

Abre y cierra los labios varias veces. Un escalofrío recorre su columna. Es frío, pero cálido. No reconoce el toque, pero no podría decir que era desagradable. Pero algo anda mal. Las sensaciones se perciben de manera distinta. No puede saber si es un beso o alguien simplemente le ha tapado la boca para que no hable. Espera que no sea lo primero. Podría lidiar con alguien obligándolo a callarse, pero no con alguien que le dé un beso de la nada. ¿Cómo siquiera se reacciona a eso?

La biblioteca tiembla. Sus pensamientos se desbordan, al igual que un par de libros en los estantes alrededor.

「Kim Dok ja」

Las letras disueltas y torpes vuelan sobre sus ojos. Las mira, sintiendo que se está perdiendo de algo. La sensación en su boca se desvanece, pero reaparece el entumecimiento en todo su ser. El libro en sus manos, que había empezado a sentir claramente (la dureza de la tapa, las páginas desgastadas pero con puntas filosas, el calor de su propio cuerpo transmitiéndose gracias a su toque), poco a poco parece ir a otro lugar. Lejos de su alcance, incluso si permanece allí. Y un poco tarde se da cuenta de que ha olvidado la mayor parte de lo que leyó en él.

「Kim Dok ja, lee po r fav or」

Kim Dokja.

Se tensa por completo ante el llamado de una nueva voz.

No es alguno de los bibliotecarios, ya se ha memorizado las voces de todos ellos, y todos ellos se encuentran lejos ahora mismo. Siempre le dan espacio cuando está leyendo. Solamente Nirvana tiene el descaro de acercársele de vez en cuando, hablar o discutir con él, hasta que la biblioteca misma lo manda a callar y a volver a su trabajo.

Kim Dokja.

Se levanta del suelo. Las pilas de libros a su alrededor caen gracias a otro temblor.

Su rostro se ilumina en sorpresa cuando siente que reconoce esa voz.

Las cosas eternas no me gustan, Kim Dokja.

Está literalmente en su oído. Es Han Sooyoung.

Pero esto se siente extraño. ¿Por qué ella está aquí? ¿Por qué en la biblioteca? Nadie nuevo ha llegado a este lugar desde hace tiempo. No sabe cuánto tiempo, pero no podría decir que era poco. Al menos, si ya ha leído todos los libros de por aquí. Ah, maldición. No ha contado el tiempo ni una sola vez.

「...」

Sospechosamente, las letras no dicen algo en esta ocasión. No tratan de convencerlo para volver a leer.

Kim Dokja sabe que hay algo allí, en esa mudez y tranquilidad y en la voz que no sabe de dónde viene. Incluso si no recuerda qué, o quién está afuera, o quién controla este lugar o cómo ha llegado aquí, hay algo. Le gustaría saber qué es. Le gustaría entender por qué todo se siente tan lejano cuando está leyendo. Por qué no puede hacer nada más que leer.

「Lee r es pa rte d e Kim Dok ja」

Incluso si es parte de...

「Nue stro dio s as í lo hiz o」

¿Eh?

—¿Dios? —repite Dokja, frunciendo el ceño. Las letras no le responden más, así que baja su mirada al ejemplar que sigue en sus manos. Además del nombre de Yoo Joonghyuk, hay otro único nombre que se repite en todos los libros—. ¿tls123?

「Mi q ue rid o D ios」

—Pues no es el mío. —Arruga la nariz y vuelve a levantar la cabeza. Deja el objeto descuidadamente en una de las pilas a su alrededor. Las letras no le dicen nada—. Pero este dios tuyo... ¿Es quien me está hablando?

「Kim Dok ja est á hac i en do pre gu nta s inne ce sar ias」

—Respóndeme.

「...」

Como un completo bastardo, no le responde en lo absoluto.

Kim Dokja se siente cansado. Le duele la cabeza.

Algo definitivamente no anda bien. Aunque, en primer lugar, ¿qué está mal? Hay algo mal. Tal vez todo está mal. Pero no puede verlo. Como si tuviera los ojos vendados. Como si sus manos estuvieran atadas y tuviera cadenas en los tobillos, manteniéndolo en un solo lugar, en este sitio infinito pero reducido como una habitación de ratón. Pero al mismo tiempo es como si no estuviera aquí en lo absoluto. Como si no existiera en ningún lado, en primer lugar.

Desesperante. Simplemente desesperante.

Los alrededores tiemblan con más fuerza.

—Yoo Joonghyuk... —lo llama inconscientemente, por reflejo. Su propia voz entre la nada acaba por despertarlo de su trance. La biblioteca deja de moverse, aunque él ni siquiera se da cuenta de ello. Su rostro se llena de sorpresa—. ¿Yoo Joonghyuk? Un momento... Yoo Joonghyuk... ¿Qué haría él en...?

Mira más rápidamente a su alrededor.

Empieza a correr.

「Kim Dok ja det en te 」

Dokja ignora las palabras y acelera su paso. Hay chispas brillando a su alrededor y siente su cuerpo caliente, chocando fuertemente contra el frío ambiente. Se siente como salir de una habitación cálida y perderse en las calles en un invierno crudo. Extraño, pero hay adrenalina, y eso es lo único que importa. Tanto como el escozor de las heridas en sus dedos ante los cortes de papel o el vértigo en cuanto dobla una esquina con demasiada rapidez.

El entumecimiento baja al mismo tiempo que el nivel de su visión aumenta. Como estar vivo. Casi se siente como si se estuviera despertando después de una larga pesadilla.

Pero todavía no está completamente despierto.

Tiene que despertar.

Finalmente, más allá, ve el cabello dorado brillante de uno de los bibliotecarios.

Agarra a Nirvana Moebius de la ropa y lo hace tirar todos los libros que había estado ordenando al momento en el que lo empuja bruscamente.

Ah, Yoo Joonghyuk definitivamente haría esto. Pero tampoco es que lo haría realmente. Es contradictorio.

—Nirvana —lo llama, con la voz helada. Nirvana frunce el ceño, mirándolo de arriba abajo. Ahora mismo no hay diferencias en su altura y Kim Dokja puede verlo directamente a los ojos. Afianza su agarre—, habla.

「Ni r va na, no—」

「—¿Qué quieres que te diga?」

El bibliotecario se encoge de hombros como si nada interesante estuviera ocurriendo a su alrededor. Kim Dokja sonríe. Una de sus teorías ha sido respondida sólo con el actuar de este bastardo.

Suelta a esta persona y da un par de pasos hacia atrás.

Mira las letras que flotan a su alrededor. Extiende sus manos. Chispas vuelan, queman su piel. Duele, pero se siente como un dolor conocido. Demasiado conocido.

—¿No piensas detenerte? —pregunta secamente, la sonrisa borrándose para mostrar una expresión severa—. Ya me has estado reteniendo aquí por bastante tiempo.

「Kim Dok ja es tá sie nd o ins ol ent e」

「La úni ca r a zón d e tu pod er p ara ac tua r así」

「Es g raci as a mí」

—Ah, sí, soy un cobarde sin ti —suspira el hombre, bajando los brazos a los lados de su cuerpo. Vuelve a sonreír, una expresión vacía—. Pero esto no es divertido, Rey Dokkaebi.

「...」

—¿Crees que a tu querido dios, a Han Sooyoung, le gustaría esto?

「Ell a me pi dió p ro teg er te」

—Ya me protegiste.

「Kim Dok ja no d ebe mo ri r」

「Kim Dok ja ti ene q ue l eer」

Dokja frunce el ceño. La furia sube por su garganta. Aprieta sus dientes.

—¿No piensas dejarme ir?

「Kim Dok ja no d eb e—」

—¡No moriré!

「...」

Nirvana Moebius suelta una risita baja mientras ordena los libros. Kim Dokja le da una mirada de advertencia.

「...」

「Si sal es d e aq uí...」

「No v oy a pod er cuid ar tu m ent e」

—Puedo sobrevivir a eso —declara, rodando los ojos—. Lo he estado haciendo desde mi infancia.

「No hu bie ra s ido as í sin Yo o Joo nghy uk」

Ah, un golpe bajo. Pero Dokja no puede refutar esas palabras.

—No es como que lo necesite.

Está siendo estúpido, lo sabe. (Siempre lo ha necesitado. Siempre ha necesitado a ese hombre, ese completo bastardo). Pero no encuentra otra manera.

Si pierde tiempo, sólo volverá a hacerse pequeño y perderse entre las estanterías, leyendo sobre la vida del hombre que no ha llegado a alcanzar la muerte en sus 1865 rondas.

... un momento.

—Nirvana —llama al bibliotecario, y éste le mira de reojo, deteniéndose para prestarle atención. Dokja tiene una expresión casi asustada—. ¿Cuántas... cuántas rondas ha hecho Yoo Joonghyuk en Ways of Survival?

Nirvana frunce el ceño, como si se sintiera ofendido por la pregunta.

「—¿Acaso no eres tú quien ha leído y releído–?」

—Contéstame.

「—Pues si mi memoria no falla, lo cual no hace, son 1863 rondas, Kim Dokja.」

1863

Entonces es así.

—Cuarta Pared. —Su mirada regresa a las letras dispersadas en el aire. No sabe si es la forma de este sujeto de asegurar su presencia o sólo un detalle de la biblioteca, pero Dokja no le presta atención a ello. En cambio, levanta una mano en el aire y abre el servicio de mensajería que funciona gracias al mismo ente que lo mantiene cautivo—. Dime, ¿qué piensas hacer conmigo aquí?

「Man te ner a sal vo a Kim Dok ja」

Los dedos de Dokja se deslizan sobre un nombre reconocido.

—¿Es así? —Sus ojos se vuelven en cansancio contra la luz azul de Midday Tryst. El entumecimiento está volviendo, la somnolencia. Le gustaría sentarse, sumirse en palabras, dormir y soñar despierto. Pero quiere hacer algo más antes—. ¿Y por qué quieres mantenerme a salvo?

「E s mi de be r evit ar qu e Kim Dok ja mu era」

「Te ngo q ue c uid ar qu e so brev iv a」

「Mi d ios qui er e que v ivas si n do lor」

—Sin dolor, eh... —repite, las palabras resonando dentro suyo. Sus ojos siguen las líneas enfrente suyo, no las palabras del muro, sino las de la persona que ha bombardeado la bandeja de mensajería.

Son tantos otra vez, tantos mensajes, que se siente ridículo imaginar a esa persona haciendo tal cosa. Lo hace sonreír. Una sonrisa vaga, pero llena de diversión.

—Han Sooyoung en serio es un caso... —murmura, cerrando Midday Tryst—. No hace cosas innecesarias pero al mismo tiempo es una molestia.

Suspira pesadamente. Mira sus manos. Están más pequeñas otra vez.

Está tan cansado.

—Pero él... —Su voz se quiebra. Por sus pupilas pasan un montón de frases, interminables, infinitas. Historias ajenas que alimentan su interior, que le hacen sentir calidez. Recuerdos, también recuerdos. Más que palabras, más tangibles que su propia imaginación y las ideas de alguien más—. Yoo Joonghyuk...

Yoo Joonghyuk, que retrocedió más de mil veces para conocerlo.

Y no podrá hacerlo porque ese hombre escurridizo está escondiéndose en este lugar.

Dokja deja escapar un sonido pequeño.

Las lágrimas se le escapan de nuevo, empañan su vista. Mojan su ropa, el uniforme desgastado, las heridas cerradas que se deshacen en cicatrices hasta desvanecerse por completo bajo el tiempo incalculable. La piel pálida, papel frágil, llenos de escritos con cardenales y cuerpos celestes, constelaciones y polvo estelar entre sus pestañas; la imagen de un dios brilla un segundo en mitad de los libros y la jaula que es su única salvación; hasta que se apaga de vuelta y regresa a ser un niño demasiado pequeño para su edad.

Una mano se posa en su cabeza. Cuando alza la mirada, allí está Nirvana. No hay cariño en los ojos de esta persona, pero Kim Dokja está bien con ello. De nuevo siendo pequeño, indefenso ante la prisión que lo mantiene a salvo de sí mismo, no cree que podría soportar que alguien le viera con lástima. No quiere un consuelo, no de esta persona, no de este mundo falso ni en medio de su encierro.

「—A él no le gustan las personas débiles.」

Kim Dokja lo sabe.

Pero en realidad no lo sabe.

Porque el Yoo Joonghyuk que leyó en Ways of Survival era distinto al que conoció en la ronda 0 y en la ronda 1864. El Yoo Joonghyuk del libro que había matado a sangre fría o había abandonado por completo a las personas débiles fue a quien vio durante más de diez años y a quien admiró más que nada. Pero esos otros dos, el primero y el último que conoció en un plano completo, se habían adherido a él, habían confiado en él, en Kim Dokja, la persona más jodidamente débil en el universo.

Y luego está la ronda 1865. La más innecesaria de todas. La que hizo sólo para encontrarlo a él, alguien que ya no le serviría para nada en mitad de un futuro en paz.

Entonces... Kim Dokja no lo entiende.

Pero se limpia las lágrimas, hasta que ya no hay rastro de llanto alguno.

Se ríe en mitad del silencio.

—No conoces a Yoo Joonghyuk, Nirvana.

Nirvana parece querer protestar, pero las letras se arremolinan a su alrededor y lo mantienen callado.

Kim Dokja, pequeño, frágil, exhausto y torpe, sólo camina hacia el frente y mira al infinito en el cielo.

—Tienes razón —acepta firmemente, hablando con el espacio mismo, con todo lo que le rodea—. No puedo vivir sin Yoo Joonghyuk.

Hay silencio por un momento. Dokja siente una oleada de vergüenza luego de darse cuenta de las palabras que ha soltado.

「Po r eso Kim Dok ja d ebe—」

—Lo que significa que moriré —le interrumpe, con la cara enrojecida por otro par de segundos. Niega con la cabeza, riendo suavemente, con ironía—. Porque él no está aquí. Y si él no está, yo no tengo razones para continuar. ¿No fue siempre así?

La Cuarta Pared no vuelve a hablar.

La biblioteca tiembla por completo. Los libros vuelven a caer de sus estantes.

Nirvana está quejándose sobre lo desordenado que es su amo.

「Kim Dok ja」

「Si Kim Dok ja s ale de a quí no sal dr á co mple to」

Dokja ya sabía sobre eso. Porque recuerda el desorden que había hecho antes de entrar aquí, tanto como recuerda esta otra habilidad de este bastardo. Porque para eso había usado la Cuarta Pared una vez, para salvar a alguien más, para mantener unido lo que debía desvanecerse en piezas etéreas; y ahora sus trozos están dispersos, probablemente nunca volverá a repararse por completo en cuanto pueda salir de esta biblioteca y solo es cuestión de tiempo para que todo regrese a ser el infierno en vida para él. Para que vuelva a estar perdido en la nada porque no hay manera de ensamblar su alma.

Pero eso está bien.

「Kim Dokja pensó: no me merezco más que el infierno」

El chico sonríe. Las chispas revolotean otra vez a su alrededor.

—Gracias por ayudarme —dice suavemente. Está siendo sincero, incluso si lo desprecia, sabe que nada hubiera sido posible si no tuviera de su lado al monstruo devorador que era la Cuarta Pared.

「Kim Dok ja no sa ldrá com pl eto」

「Kim Dok ja es tá rot o in clus o ah ora」

「Te ndr ás q ue bus ca r las pi eza s por ti mi smo」

—Mientras te tenga...

「Kim Dok ja ya no me te n drá」

Dokja parpadea.

Su sonrisa se desvanece, pero no hay miedo. Probablemente porque la misma Cuarta Pared está absorbiendo ese sentimiento, como su último trabajo. Quizás una última probada de lo que ya nunca más tendrá.

Lo aceptará. No tiene de otra. No si quiere ir a hablar cara a cara con tls123. No si desea regresar con su nebulosa. No si quiere volver a ver a sus hijos, a su familia entera, a todos los que lo siguieron entre el desastre.

No si quiere volver a ver a la persona que fue creada para mantener a Kim Dokja con vida.

「Kim Dok ja per d e rá su raz ó n de viv ir」

—Mi razón de vivir... ¿Cuál es mi razón de vivir? ¿Tú lo sabes?

Y como el completo bastardo que es, la Cuarta Pared de nuevo no le contesta.

Kim Dokja siente que podría quedarse dormido mientras espera a que su cuerpo se haga pedazos una vez más.

「—... ¿Por qué quieres volver?」

La pregunta de Nirvana lo mantiene despierto por otro rato.

Busca una respuesta por unos minutos. Y al final solo observa hacia la nada.

—Este lugar se siente muy solitario... —dice vagamente. Parpadeando, varias imágenes viajan dentro suyo. Se sienten cálidas, las sonrisas de la gente pintada sobre sus retinas, las voces en sus oídos, la humanidad que no se atreve a aceptar en su corazón. Pero no quiere soltar eso, no ahora que hay mensajes en su bandeja y un innecesario beso en su boca—. Además, tengo que disculparme con alguien.

Sabe que no podrá cumplir sus propias palabras.


—¿Qué estás haciendo?

—¿Qué te parece que estoy haciendo? —gruñe Han Sooyoung, sin dignarse a girar para mirar la fea cara de Yoo Joonghyuk. Se aferra más al cuerpo dormido en la camilla junto a ella sólo para molestar más al ex-regresor—. Le estoy transmitiendo calor.

—No está sufriendo de hipotermia —masculla el hombre, casi entre dientes. Agarra de la capucha del suéter a la escritora y la estira con facilidad fuera del colchón. Ella se queja y sisea como un gato enojado—. No toques a Kim Dokja.

—¡Púdrete! ¡Puedo tocarlo cuanto quiera!

—No hables de él como si te perteneciera.

—No trates de sermonearme sobre propiedad, bastardo posesivo.

—No sabes nada de mí. —La suelta sin aviso, dejando que caiga sobre su trasero directamente contra el frío y duro suelo. Desde su altura le da una mirada gélida, que ella devuelve con agresividad y diversión.

—Soy tu creador, hijo de puta. —Yoo Joonghyuk quiere señalar que, si ese es el caso, ella acababa de insultarse a sí misma. Pero decide callarse mientras Sooyoung se levanta y le señala con un dedo, de manera acusadora—. Literalmente te creé. ¿Cómo podría no saber sobre ti?

No, ella realmente no lo conoce. Sólo Kim Dokja había llegado a conocerlo.

—No sabes, de verdad no me conoces —repite entre dientes, perdiendo cada vez más la paciencia. Si fuera otro momento u otro lugar, simplemente la golpearía y la tiraría por la ventana. Pero están en un hospital, en la habitación donde está Dokja, y no quiere ganarse el título de terrorista por segunda vez y ser detenido por la policía. Así que solo le queda tensar la mandíbula y tragarse la furia—. Piérdete.

—¡Tú piérdete! —Han Sooyoung, la maldita, lo golpea en el pecho. Apenas se siente, pero Yoo Joonghyuk puede sentir una de sus venas hincharse en su cuello—. ¡Yo llegué primero!

—Según me ha dicho Seolhwa, has estado aquí toda la noche. Es hora de que ya te largues.

—¿Y dejarte solo con Dokja? Sueñas. Quién sabe qué barbaridad le harás. Aún recuerdo cómo lo estrangulaste incluso cuando tenía esa forma de niño enfermo.

—No... lo estrangulé. Lo sostuve así porque fue la única manera en la que pude agarrarlo.

—Al diablo tus excusas, es muy tarde para decirlas. Eres un maldito–

—Um, ¿hola?

La voz nueva hace que la discusión se detenga abruptamente, y ambos pares de ojos oscuros dejen de mirarse con odio para posarse en la persona que acaba de hablar.

Han Sooyoung suelta un jadeo y Yoo Joonghyuk se mantiene completamente quieto.

Kim Dokja se sienta suavemente en la cama. Los mira un segundo, luego mira las intravenosas en sus brazos y los monitores. Y finalmente vuelve a mirarlos a ellos.

Él sonríe.

Su sonrisa es escalofriante. Pero no porque sea mala.

(Sooyoung y Joonghyuk pueden negar la verdadera razón. Se niegan fervientemente a ella.)

—Eh... ¿En qué hospital estoy? —pregunta suavemente, la voz ligeramente ronca por el desuso y la mirada perdida en las dos personas que tiene enfrente—. Y...

Guarda silencio un segundo, como si no supiera cómo continuar.

Han Sooyoung da un paso al frente. Yoo Joonghyuk lo nota, pero cuando su instinto le dice que la detenga, Kim Dokja vuelve a hablar.

—¿Quiénes son ustedes?

De nuevo, el mundo parece caerse en pedazos.

Y, por alguna razón, Dokja se siente increíblemente solo.

 

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