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Language:
Español
Series:
Part 4 of Un final feliz para un lector
Stats:
Published:
2022-05-21
Completed:
2022-05-26
Words:
29,690
Chapters:
8/8
Comments:
25
Kudos:
148
Bookmarks:
27
Hits:
1,647

Días grises

Summary:

Ahora que no hay apocalipsis al que sobrevivir y todos se han hecho sus propias vidas, la rata se ha convertido en una rata de verdad.

(O: donde Kim Dokja finalmente regresa a vivir en un mundo pacífico donde la Cuarta Pared ya no existe para él, pero eso lo lleva a desarrollar otro tipo de barrera.)

Notes:

entonces... tengo ciertos problemas con aceptar que soy útil para los demás, también tuve un par de dilemas familiares donde me llamaron aberración sólo por mi orientación sexual, falté varias clases en la uni debido a que no las entiendo y me frustran al punto de hacerme llorar, tuve una recaída emocional, volví a leerme los epílogos aunque sabía que no me harían bien, y casi sufro de otro intento de suicidio mientras cocinaba el almuerzo para mis hermanas este lunes

ha sido una semana un poco dura

pero me gusta mucho imaginar a Dokja con lentes así que escribí esto asdfgñlkjh

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Lentes

Chapter Text

Empujando con un brazo la puerta, anota mentalmente el hecho de que no tiene cerradura y un gruñido bajo se deja escuchar desde su garganta. Al entrar al pequeño corredor inicial, hace malabares para volver a cerrar la entrada, esta vez con llave, mientras mantiene las bolsas de compras entre sus dedos. Se deshace de sus zapatos y camina por sobre la alfombra con el diseño que no ha terminado de memorizar en las pocas visitas que ha hecho.

Se detiene al llegar al marco de la sala principal. Todo está a oscuras y la única luz está iluminando débilmente un rostro difuminado, una persona que no parece mostrar interés en la nueva presencia que acaba de aparecerse en la casa. El ente de pie extiende la mano por una pared hasta llegar al interruptor de la luz, y lo toca.

Apenas el lugar se ilumina debidamente, Kim Dokja deja escapar un siseo parecido al de un gato arisco y el teléfono donde estaba leyendo alguna novela se le resbala de las manos, se cae y rueda por los cojines del sofá donde está acostado hasta golpear secamente la alfombra. En vez de levantarlo, el hombre allí tirado se toma su tiempo para acostumbrar sus ojos a la luz y, luego de un rato, abandona su posición horizontal para tomar asiento debidamente y fingir que no acaba de actuar como un vampiro al que acababan de lanzar frente a los rayos del sol.

Sonríe en dirección a Yoo Joonghyuk, quien continúa de pie en el marco de la puerta, con bolsas de compras en sus brazos y la mano todavía sobre un interruptor. La bella cara del hombre es un poema indescifrable, pero Dokja está seguro de que esos ojos oscuros están juzgándolo seriamente.

—Kim Dokja.

Kim Dokja traga pesado y rápidamente se pone de pie, pero mientras da un paso al mismo tiempo que abre la boca, su pie toca el celular todavía abandonado en el suelo. Se inclina a agarrarlo a toda velocidad y revisa la pantalla una y otra vez, cerciorándose de que no tenga partes rotas. Es nuevo, se lamentaría un montón el hacerle daño justo ahora. Milagrosamente no hay nada grave, ni siquiera una fisura.

Se agradece a sí mismo por haber puesto alfombra en casi toda la casa.

—Kim Dokja, ¿sabes cuántos días llevas encerrado?

Dokja vuelve a tensarse y, aún con el teléfono inteligente en las manos, mira con cierto espanto la cara amenazante de Yoo Joonghyuk. Intenta abrir la boca para decir algo, pero se calla inmediatamente después. No sabe qué decir, qué contestar. Una verdad, una mentira. Ambas cosas serían igual de patéticas sin importar cuál elija, y realmente no es mucho mejor para él pensar en hundirse más en un momento como este.

Mientras tiene una avalancha de pensamientos e ideas, Joonghyuk abandona su posición bajo el marco y camina hacia él. No es hasta que está a menos de medio metro que Kim Dokja nota la cercanía y, como cualquier persona medianamente normal, intenta alejarse de la presencia que todavía parece estar a punto de saltar sobre él para matarlo. Pero el sofá que tiene detrás le recuerda que no puede huir.

Dokja se queda allí, hecho una estatua de piedra. Joonghyuk entrecierra los ojos, pareciendo incluso más amenazante que antes.

—¿Dónde están tus lentes?

Sin embargo, la pregunta hace que toda esa imagen mortífera se disperse como el humo de una olla apagada.

Dokja parpadea un par de veces, antes de abrir la boca.

—¿Disculpa?

—Tus lentes —repite el hombre más alto, y da una mirada rápida alrededor sólo para volver a ver a Kim Dokja, frunciendo más el ceño—. ¿Por qué no estás usándolos mientras lees?

—Ah, yo... ¿Qué? —Dokja parpadea de nuevo, sin llegar a hilar la situación. Se siente extraño, tan extraño—. ¿Por qué te importa eso? —pregunta en cambio, con una sonrisa ligeramente molesta, despertando de pronto su instinto de lucha debido a sus nervios y ansiedad a tope, causados por la cercanía y el interrogatorio sin precedentes.

Yoo Joonghyuk enarca una ceja, y luego simplemente se aparta y camina en otra dirección, dejando a Kim Dokja con una indudable sensación de vacío y más confusión.

—Lee Seolhwa dijo que tu vista seguiría empeorando si no los usabas. —Joonghyuk le recuerda de pronto, deteniéndose antes de ir a otra habitación—. Úsalos si no quieres terminar ciego.

—No me volveré ciego sólo por leer novelas en el teléfono —declara Dokja, volviendo a sonreír con molestia—. Antes del apocalipsis llevaba más de diez años leyendo y–

—Antes del apocalipsis nunca fuiste al oftalmólogo —le interrumpe, apenas mirándolo por sobre el hombro. Kim Dokja guarda silencio, repentinamente sintiéndose como un idiota—. Pero resulta que tienes más problemas de visión que un abuelo de sesenta años.

—¡Oye!

—Eso no podrás arreglarlo con monedas, Kim Dokja. Ve a ponerte tus lentes.

Dokja queda con las palabras en la boca porque Joonghyuk desaparece de su vista y no le deja defenderse más. A regañadientes, guarda el teléfono en su bolsillo y se dirige a su habitación. Mientras tanto, Yoo Joonghyuk llega a la desordenada cocina de la casa y, con una clara mueca de asco, deja las bolsas de compras sobre una mesada y empieza a tirar a la basura todos los envases, envoltorios y recipientes de comida prefabricada que el inquilino del lugar había estado consumiendo antes de que él llegara. Tiene ganas de quemar todo y luego ir a darle un sermón a ese idiota por comer comida basura, pero eso es innecesario.

En completo silencio, empieza a desempacar los ingredientes que ha comprado y a preparar el almuerzo de esa tarde.

Pasan los minutos.

Si estuviera en su propia casa, Yoo Joonghyuk no se preocuparía por el hecho de que nadie hiciera presencia en la cocina. Pero esta no es su casa, y Kim Dokja no ha asomado la cabeza ni una sola vez. Eso era algo extraño, teniendo en cuenta lo curioso y molesto que es ese hombre a su alrededor.

O, al menos, como lo era en otra época, en un pasado que se siente distante y cercano al mismo tiempo.

Apaga la estufa antes de abandonar ese lugar y se dirige de nuevo a la sala. Kim Dokja no está ahí. Recorre las otras habitaciones con cautela; el baño, el cuarto principal, el dormitorio de invitados, la biblioteca, el estudio. Kim Dokja no está por ninguna parte.

Sintiendo algo desagradable en la punta de los dedos, Yoo Joonghyuk se dirige al balcón del otro piso.

Allí lo encuentra, pero no está en el balcón, está frente a las ventanas cerradas con esas pesadas cortinas oscuras. No hace ademán de querer abrirlas, pero tampoco las suelta.

Tiene una mirada perdida.

—¿Kim Dokja?

El llamado parece sacarlo de su trance y Dokja prontamente gira la cabeza hacia Joonghyuk. Una sonrisa se asoma por su rostro, es una sonrisa de aquellas, de las falsas que venían justo antes de que hiciera alguna estupidez que pusiera en peligro su vida.

—Hey, Yoo Joonghyuk. Lo siento, estaba buscando mis anteojos, pero de repente...

Joonghyuk se acerca a él a toda velocidad y lo agarra de la muñeca.

Kim Dokja está delgado. Probablemente no como en sus peores días, pero aun así hay un sentimiento de preocupación burbujeando en el interior de Yoo Joonghyuk mientras toca esta piel fría y siente los músculos débiles y tranquilos, que no hacen más que tensarse levemente por un mísero segundo antes de rendirse bajo sus dedos. Dokja vuelve a mirarlo como miraría un ciervo en mitad de la carretera a los faros de un auto en movimiento que se dirige a él a toda velocidad.

Una muerte inminente.

—Kim Dokja, ¿qué pensabas hacer?

—¿Hm? Sólo iba a buscar mis anteojos...

—¿En el balcón?

—Soy... He estado muy olvidadizo últimamente. —Lleva su mano libre a su nuca, mientras desvía la vista y sonríe nerviosamente—. Tal vez los dejé allí sin darme cuenta. Quién sabe. Los buscaré.

—No. —Aprieta un poco más fuerte su agarre, pero se contiene de causar dolor. Sabe que puede romperlo sólo con aplicar más presión, pero no quiere que Dokja termine en el hospital una vez más, mucho menos por culpa suya—. Los buscaré yo. Ve a darte un baño. La comida está lista.

—¿Eh? —Otra vez esa cara confusa, pero pronto una sonrisa zorruna asoma por sus facciones. Es casi gratificante verlo poner esa expresión tan desagradable—. ¿Qué es esto, Yoo Joonghyuk? ¿Por qué parece que estás actuando como si te preocuparas por mí? Casi te pareces a una espos–

—Ve a bañarte —lo interrumpe secamente, jalándolo en dirección opuesta a las ventanas, caminando hacia el baño más cercano. Sorprendentemente, Kim Dokja no hace mucho para librarse de su agarre—. Con solo mirarte un momento puedo decir que llevas días sin hacerlo.

—¡Hey! No quiero escuchar eso de quien vivió como un vagabundo por dos años.

Yoo Joonghyuk aprieta los dientes, acelera el paso y maldice a la única persona que le contaría ese detalle a Kim Dokja; Han Sooyoung. La maldita probablemente se tomó un largo tiempo charlando con Dokja para hablarle acerca de todas las cosas vergonzosas que pasaron mientras él estaba dormido, entre ellas su viaje por el mundo entero luego del fracaso del turno 1865, o incluso cuando se negó a usar el traje de astronauta y probablemente también sobre el contrato de patrocinio. Demonios, incluso pudo haberlo escrito para que Dokja se lo memorizara.

No se lo iba a perdonar, ya vería esa perra a quien está obligado a llamar su patrocinadora.

Al mismo tiempo, en el edificio de la universidad, Sooyoung deja de explicar su clase en cuanto siente un escalofrío subir por su columna. Medio minuto después, recibe un mensaje indirecto.

[La encarnación, “Yoo Joonghyuk”, está mirando a su patrocinador]

La mujer aprieta los dientes mientras sonríe, furiosa.

[La constelación, “Architect of the False Last Act”, está mirando a su encarnación]

Yoo Joonghyuk ignora ese mensaje y los que le siguen, y se detiene frente a la puerta de uno de los baños. Cuando está a punto de abrirla, el hombre que tiene sujeto lo detiene.

—Oye, oye, ¿acaso planeas bañarme tú? —se burla, y aunque suena realmente bromista, su expresión se ve claramente nerviosa. Se aparta bruscamente del agarre de Joonghyuk y agarra la manija de la puerta—. Soy un chico grande, puedo hacerlo solo. Puedes volver a adueñarte de mi cocina.

Yoo Joonghyuk no se inmuta por la burla ni se va. Mira a Kim Dokja por un rato, poniéndolo más y más nervioso debido al silencio completo y a su expresión indescifrable.

—Espera... ¿De verdad piensas bañarme tú?

El hombre más alto frunce el ceño y hace una mueca que, de no ser que va directamente dirigida a Kim Dokja, este último se reiría. Pero sólo puede sentirse ligeramente ofendido.

—No tardes —es lo último que dice Joonghyuk antes de darse vuelta y regresar a la planta baja, dejando a Dokja solo y con más emociones que antes.


Con una toalla en la cabeza y gotas deslizándose por su cuello hasta manchar el cuello de la camiseta con el estampado de un calamar blanco, el hombre camina sin prisas por la cocina y se detiene en la isla que hay en medio del lugar. Casi empieza a salivar en cuanto percibe los aromas y ve los distintos colores de las distintas comidas puestas sobre la superficie del mueble.

Cuando se acerca, puede ver mejor y también se da cuenta de que sus anteojos están puestos a un lado de todo. Los agarra y, con un suspiro cansado, se los pone. Las monturas plateadas y diminutas casi no se notan en su visión que, ahora con los lentes, es mucho mejor. Ya puede distinguir los platillos y entonces siente que podría babear sólo con mirarlo. Le recuerda a algo, a una escena que habrá vivido antes pero que ahora es como un dibujo borroneado, aunque está seguro de que existió.

—Siéntate.

La voz de Joonghyuk vuelve a sacarlo de su trance, en el que había entrado por tratar de recuperar memorias rotas. Hace caso y toma asiento en una de las butacas. Yoo Joonghyuk le extiende un plato antes que los demás y también una servilleta con los cubiertos correspondientes.

—Gracias por la comida —dice suavemente, decidido a dar el primer bocado de inmediato, antes de ponerse a pensar más al respecto.

—No te secaste el cabello —señala de pronto su compañero, con el ceño fruncido en su dirección.

Dokja mastica su comida mientras se encoge de hombros.

—Hubiera tardado demasiado —explica con la boca casi llena.

—No hables mientras comes —lo regaña el hombre, y Dokja se siente en la tentación de volver a hablar sólo para molestarlo más, pero no lo hace. Especialmente porque Yoo Joonghyuk se acerca a él, rodeando la mesada hasta posarse detrás suyo. Kim Dokja siente el miedo subir por su espalda—. Si no te secas apropiadamente vas a agarrar un resfriado.

Dokja se sorprende y casi se atraganta cuando percibe las manos de Joonghyuk moviendo la toalla sobre su cabeza, secando su cabello con poca brusquedad, casi nada. Se queda en blanco un rato, sintiendo las manos casi amables del ex-regresor sobre él, y olvida que tiene mucho por comer todavía. Su boca se mantiene cerrada, sus ojos grandemente abiertos tras los cristales de sus lentes, y su mano con el cubierto suspendido en el aire.

Luego de minutos que se le hacen horas, Joonghyuk se detiene y le saca la toalla de la cabeza, colgándola en algún lugar que Dokja no puede ver porque su visión se pierde en la nada. Sus lentes se quedan chuecos sobre su nariz y su mano permanece alzada hasta doler.

—Termina de comer antes de que se enfríe, Kim Dokja.

De nuevo es la grave voz de Yoo Joonghyuk lo que hace que Kim Dokja despierte de su estupor, pero no por completo. Sólo consigue hacer que deje de ver hacia ningún lugar y voltee a verlo a él.

—Yoo Joonghyuk, ¿qué estás haciendo?

El hombre de pie a su lado enarca una de sus perfectas cejas y le da una mirada de confusión, como si le preguntara a qué se refiere. Pero es Dokja quien quiere saberlo, que quiere saber qué significa todo esto.

Aun así no hace preguntas. Sus labios vuelven a cerrarse en cuanto está a punto de decir algo que podría desencadenar un montón de otras situaciones, tantas que no puede preverlas todas porque su mente es un lío que no es capaz de organizar, un enredo de angustia y desesperación que no puede controlar. No puede decir nada ahora, porque ya no tiene un atributo único que lo ayude a esconder sus pensamientos y empequeñezca sus sentimientos al punto de extinguirlos para el bien de un futuro cercano o lejano. Dokja ya no tiene un muro para protegerse de lo que fuera a causar por su propia cuenta.

Recordar eso lo asusta.

Se siente indefenso mientras más mira a Yoo Joonghyuk. A esa cara perfecta, a esos ojos profundos todavía manteniendo el contacto visual y que parecen preguntar qué está mal.

Qué está mal. Kim Dokja también quiere saberlo. No sabe qué es con exactitud, pero definitivamente hay algo mal en todo esto.

Tiene que recordar qué es.

—No... No es nada —dice rápidamente, cortando el contacto visual al volver su atención a la comida.

Yoo Joonghyuk no parece querer obligarlo a hablar, se lo dice el hecho de que no lo llama de nuevo, simplemente se aleja hasta otro taburete y toma asiento, comenzando a comer en silencio. Kim Dokja percibe con gusto el sabor delicioso de la mezcla de ingredientes sazonados, pero por alguna razón cada bocado se siente más pesado que el anterior. No es culpa de la persona a su lado, él ni siquiera está mirándolo, sabe que esto es cosa suya pero no puede detenerlo.

Tampoco quiere parar de comer. Si lo hace, estaría desperdiciando comida y tal vez pueda hacer sentir mal a Yoo Joonghyuk.

(¿Desde cuándo le importa eso?)

Cuando se acaba el primer plato, y está a punto de alcanzar el siguiente, el ex-regresor decide abrir la boca.

—Los niños están preocupados por ti.

Kim Dokja detiene su mano y la baja lentamente sobre la superficie de la isla. Está frío. No mira a Joonghyuk, pero traga pesado para intentar hacer pasar el último trozo de carne que le es tan difícil engullir. O podría ser otra cosa.

—Yoo Sangah me dijo que llevas días sin salir de casa.

Dokja traga ruidosamente de nuevo. Lo que sea que tiene en la garganta se hace más insoportable.

—Jung Heewon fue a buscarme porque dijo que no querías abrirle la puerta cuando dio aviso de que venía a visitarte. Lee Seolhwa me llamó diciendo que no contestaste ninguna de sus llamadas rutinarias. Han Sooyoung se quejó de que no quisiste leer los libros que te pasó.

—Eso... sólo no tuve tiempo de–

—Kim Dokja, ¿qué está pasando?

Una risa seca escapa de los labios de Kim Dokja.

—¿Por qué estaría pasando algo, Yoo Joonghyuk? —pregunta ansioso, evitando el contacto visual. Sus temblores se hacen visibles al igual que su manzana de Adán subiendo y bajando en tragos cada vez más dolorosos.

—Eso es lo que quiero saber. Kim Dokja, todos están preocupados por ti.

—No hay razón para que–

—Kim Dokja.

—No, Yoo Joonghyuk, en serio no hay razón —declara rápidamente, alzando la mirada y sonriendo tan falsamente. Sus ojos oscuros no brillan y las ojeras parecen más pronunciadas que antes. Un sentimiento ominoso estalla dentro de Joonghyuk mientras más mira a Dokja—. No hay razón alguna... No hay razón por la que deban preocuparse por mí. De verdad no la hay. No tienen por qué. Ustedes...

De repente lleva una mano a su boca y se inclina hacia adelante. Una arcada fuerte hace tambalear a Kim Dokja y, antes de que Yoo Joonghyuk pueda reaccionar, el lector se pone de pie y sale corriendo de la cocina.

El otro hombre tarda sólo tres segundos en abandonar también el lugar. Va detrás de Dokja, lo ve doblar por otro corredor y meterse al baño para invitados. Sus lentes se le han caído a mitad de camino así que los recoge antes de ir también para allá.

Al entrar, puede ver a Dokja devolviendo toda la comida por el retrete. Los dolorosos sonidos de arcadas hacen eco contra los azulejos, pero eso no detiene los pasos de Yoo Joonghyuk y se acerca para sostener su cabeza.

Luego de unos minutos, Kim Dokja vuelve a ponerse de pie y a lavarse el rostro y la boca. Yoo Joonghyuk se queda a su lado, cuidando que no caiga al suelo mientras tiembla levemente al mismo tiempo en que se sostiene del lavabo. El sonido del agua corriendo es lo único que evita que todo vuelva a estar en silencio.

—¿Por qué?

La voz de Kim Dokja sale rasposa. Su garganta debe estar al rojo vivo, y aun así se atreve a hablar. Yoo Joonghyuk está a punto de pedirle que se calle y espere hasta recuperarse, pero el hombre es terco y nunca ha sabido cerrar la boca.

—¿Por qué actúan así? —pregunta, el tono cargado de dolor. Se inclina hacia adelante y Joonghyuk retiene el impulso de querer ayudarlo a erguirse de nuevo. Dokja mantiene la mirada baja y hay una expresión de dolor y absoluta incredulidad en su pálido rostro—. ¿Por qué son así conmigo? ¿Por qué parecen tan interesados en lo que me suceda? Desde el comienzo, no he hecho más que causarles problemas y dolor y...

—Kim Dokja, estás preguntando tonterías.

—Lo son, son tonterías, cierto. —Una risa seca escapa de los labios del lector. Joonghyuk quiere decir algo, retractarse de eso ahora que ha visto cómo ha reaccionado este idiota, pero no le dan el tiempo—. Las tonterías son una molestia. Entonces no deben tomar en cuenta esta molestia.

—¿Qué estás diciendo ahora, Kim Dokja?

—Ah, sólo... —El hombre se encoge más, baja más la cabeza—. Sólo... diles a los demás que dejen de preocuparse por mí. Estoy bien. Estoy bien. Ya han hecho suficiente para mantenerme con vida, no necesitan molestarse más. ¿Puedes, Joonghyuk-ah? ¿Puedes pedirle a todos que dejen de preocuparse por mí?

Aunque suene como una completa estupidez para una persona normal, esta petición de parte de este Kim Dokja es algo absoluta y dolorosamente real. Yoo Joonghyuk no necesita ser un genio ni tener un atributo para leer mentes para entender el estado en el que se encuentra el hombre frente a él. Por supuesto, no es que haya vivido algo como esto antes, pero incluso así es inevitable no sacar la conclusión más acertada.

—Kim Dokja, no puedes pedirles algo así.

—No se lo pido sólo a ellos, también a ti.

Dokja finalmente vuelve a erguirse, y le mira con una expresión vacía.

—Por favor, vete. No necesito que te preocupes por mí.

Yoo Joonghyuk aprieta los puños y muy tarde se da cuenta de que ha roto los anteojos de Kim Dokja.