Chapter Text
Lo encontró en el pasillo, tocando el timbre de su departamento. Taiju lo observó con una ceja arqueada y se cruzó de brazos, tentado a interrumpir y a la vez, curioso de cómo se resolvería aquella situación.
Reconocía aquél cabello claro, aquella figura delgada y pequeña. Incluso la postura en la que se mantenía. Era una persona bastante detallista y con buena memoria como para olvidarse de él y sus formas de moverse. Sobre todo, esa delicadeza que lo caracterizaba al hacerlo.
Lo cautivaba, de alguna forma.
Para cuando lo vio desistir de tocar, lo observó suspirar y sentarse en el suelo frente a su puerta antes de ponerse sus auriculares para pasar el rato. Para esperarlo.
La curiosidad, si para ese momento no le había picado, lo hacía ahora.
¿Qué significaba que él estuviese en la puerta de su departamento? ¿Algo le había pasado a alguno de sus hermanos? ¿A los dos, quizás?
Apretó los labios en una fina línea y desistió de su postura para acercarse a averiguar. Si aún era algo, era ser un hombre de actos.
Y no planeaba abandonar aquello.
Caminó con zancadas largas, producto de su interés en la situación y se detuvo a unos cortos pasos de él, haciéndole sombra.
Frente a una mayor cercanía, podía ver sus facciones casi perfectas y su sonrisa humilde mientras se desconectaba de la música y lo miraba justo antes de sonreírle.
Le dio lo poco que tenía, sin excusarse con que era poco, y observó como Mitsuya lo agradecía genuinamente.
-¿Te has adaptado bien? -consultó tras algunos sorbos del té negro que le ofreció.
Taiju levantó la vista para observar su sonrisa gentil y no pudo evitar devolverle una mirada que revelaba extrañamiento por verlo allí.
Takashi no dijo nada, no obstante, solo lo miraba. Taiju terminó por suspirar unos momentos después.
-Siempre fui bastante autosuficiente, sí -respondió cuando se dio por vencido.
-Hm… Yuzuha dijo que no volviste a clases -comentó poco después.
Hubo un momento de silencio donde se volvieron a mirar en cuanto Taiju pareció reticente a responder.
-Lo siento, no entiendo por qué estás acá -dijo, en cambio.
Y era verdad, después de confrontarlo en la puerta, Mitsuya dijo que venía a verlo a él. No le dio lugar para preguntarle el motivo, sino que más bien le tendió una bolsa pequeña con dulces y comentó que irían perfectas con un poco de té. A Taiju no le quedó de otra que invitarlo dentro, y entre una cosa y otra, la pregunta se fue dilatando hasta ese momento.
El manju venía con forma ovalada y con pequeñas pinceladas sobre su superficie blanca que le daban forma de conejitos pequeños a cada porción, además de venir en distintos colores pasteles, reposaba en un platito blanco en el medio de la mesa de té que separaba a ambos comensales. Mitsuya se excusó diciendo que estaba acostumbrado a comprar para sus hermanas, pero Taiju creía que era intencional. Ahora, el menor tomó uno entre sus dedos y se lo llevó a la boca en el momento justo, para dilatar un poco más la respuesta.
Taiju no se inmutó, después de todo, tenía a Mitsuya como alguien un poco más inteligente que el resto. Los negociadores y diplomáticos no dejaban ese tipo de detalles al azar. Normal que estirarse la liga, aunque no supiera para qué.
El menor se dedicó a observarlo con detenimiento antes de responderle.
-Quería verte -confesó finalmente mientras dejaba sus manos sobre la mesa, una sobre la otra-. Yuzuha me dio la dirección y tu contacto, que consiguió por tu padre.
El mayor se sintió extraño ante esa confesión.
-Ser el hermano mayor de una familia en la que no prestan atención a sus integrantes más desprotegidos es… -continuó Mitsuya, suspirando cortamente-, difícil. Sé que lo sabes mejor que nadie.
-Ellos están mejor sin mi.
-No lo dudo; pero no creo que eso te mantenga exento.
-¿De?
Tener que ejercer la paciencia con él era toda una hazaña, Taiju se daba cuenta. Entre su expectación, las pausas y los rodeos, le era fácil exasperarse; pero la curiosidad por entenderlo era aún mayor.
La mirada de Mitsuya se clavó en él, observándolo con detenimiento.
-De preocuparte.
Taiju se quedó callado y no tardó en desviar la vista.
Sí, a veces pasaba más tiempo de lo que le gustaría admitir pensando en ellos. Creía que era natural, por haberlo hecho por tanto tiempo, y solo era cuestión del mismo de que dejara de preocuparse.
Takashi le ofreció una sonrisa cálida.
-Pudimos haber tenido concepciones distintas de cómo criar a un hermano menor, pero eso no quita que el sacrificio haya sido el mismo.
-¿Venís a refregarme que tú visión ganó sobre la mía?
-En absoluto; vengo a verte a vos.
Taiju mantuvo la vista sobre él, la sencillez con la que hablaba y el poco miedo que le tenía para decir las cosas que estaba diciendo era… algo.
-Las decisiones no son fáciles de tomar cuando es por el bienestar de alguien que está a cargo tuyo -continuó Takashi, haciendo una pausa para beber té-. Más siendo jóvenes como lo somos y estando solos como lo estamos.
Esta vez el mayor ahogó una risa, ganando una mirada curiosa del otro.
-Somos muy parecidos, vos y yo. Solo elegimos metodologías distintas y… aquello resultó en que pareciéramos muy opuestos -continuó cuando vio que Taiju no iba a agregar más-. Sé que queres a tus hermanos, a tu manera de hacerlo. Por eso tengo una propuesta: venir a visitarte regularmente, para hablarte de ellos.
Fue el turno de Taiju de ahogar una risa.
-Si es porque te interesa Yuzuha, no…
-No me interesa tu hermana de ese modo.
-¿Entonces Hakkai…?
Takashi volvió a negar con la cabeza.
-No soy ese tipo de personas -expresó con una sonrisa sútil.
El ceño de Taiju se frunció un poco más. ¿Cuál era su intención entonces?
Lo cierto era que a pesar de ello, sí quería saber cómo estaban ellos, aunque se la arreglasen sin él. En ese momento, si Taiju hubiese estado de humor para ser más analítico, más detallista, quizás hubiese adivinado lo que se escondía detrás de aquel gesto de buena voluntad que quería tener ese hombre con él.
Hizo un pequeño asentimiento y se encogió de hombros.
-Como gustes.
-¡De acuerdo! ¿Este horario y este día te viene bien? -La sonrisa parecía ser brillante en su rostro.
Las siguientes semanas se volvieron pronto una rutina. Takashi Mitsuya estaba siempre en la puerta de su casa poco antes de que él llegara, la mayoría de las veces, esperando por él.
Se le hizo tan costumbre que, con el paso de las semanas, invirtió en un juego de té para dos y en la calidad del té que le ofrecía. Ni siquiera se lo pensó, solo lo hizo.
Y si Mitsuya notó el cambio, tampoco lo dijo. Aunque él lo vio sonreír un poco más el primer día que vio las nuevas tazas y la tetera.
Las conversaciones eran sencillas y muchas veces quedaban en silencio cuando Taiju no tenía ni idea de qué decir. Antes de darse cuenta, esperarlo para escuchar de sus hermanos era una excusa para verlo.
Muchas veces, incluso, se dio cuenta, que lo esperaba con anticipación, pero no le dedicó un mayor pensamiento de que debía tener todo en orden.
El primer día en el que lo recibió cuando tocó la puerta, los dos se sorprendieron. Takashi por encontrarlo dentro y Taiju, por cómo se sorprendió él.
-¿Estás bien? -fue la primera pregunta del menor, quien tenía un semblante preocupado.
-Solo fiebre -mencionó quedo, antes de ver cómo el otro pasaba al interior del departamento y enfilaba directo hacia la heladera.
Lo oyó suspirar y solo se imaginó la cara de desaprobación que ponía mientras veía su heladera vacía.
-Al menos tenés las cosas freezadas -comentó y Taiju frunció el ceño.
¿También revisaba el Freezer? ¿Qué clase de límites tenía ese hombre?
-¿Tenés sopa? Puedo calentar un poco si tenés, congelada aunque sea. Veo que tenés zanahorias y papas… ¡Oh! Y hay pollo.
Descarado, pensó Taiju. Ni siquiera tenía fuerzas para echarlo ¿No veía que estaba enfermo? Que lo deje compadecer en paz.
Salió de su ensoñación cuando Mitsuya presionó un dedo en su pecho.
-Tus llaves -pidió Takashi, sencillo-. Iré de compras para cocinar algo que te haga bien.
Taiju alzó una ceja y lo observó, inquisitivo. Mitsuya no vaciló y retrocedió. Resignado, al cabo de unos segundos, le señaló el llavero. El menor sonrió, triunfal.
-Volveré en un rato~
Taiju se sintió incómodo en su propia casa hasta que Mitsuya volvió. ¿Debía negarle la entrada? ¿Recriminarle que no se podía aprovechar de un enfermo? La nariz le moqueaba y sentía malestar muscular. Como si estuviera fatigado. Además ¿De qué se estaba aprovechando? Solo lo estaba ayudando… aunque él no solicitó su ayuda...
No supo qué hacer en todo el tiempo que el menor estuvo ausente y cuando volvió, se sintió curioso de nuevo. ¿Qué tipo de sopa haría? ¿Cómo cocinaría? ¿Qué pretendía de él con todas esas atenciones?
Se asomó varias veces por detrás de él, observando cómo cocinaba. Takashi hablaba de que la receta era algo que le enseñó su abuela a hacer cuando aún vivía, que era tradición en su familia preparar el plato. Taiju solo lo observaba y veía la sonrisa en el otro de tanto en tanto.
Cuando apagó el fuego, cargó el cucharón con una porción y le ofreció.
-Dime si está bien de sal -pidió.
Con la garganta más seca que nunca, Taiju obedeció y el efecto fue instantáneo: sintió calor esparcirse por allí, junto a una pizca de picante y jengibre. Sabía bien, no necesitaba más sazón y su garganta lo sentía como una caricia anhelada.
Observó lo que quedaba en el cucharón, pensativo.
-Está perfecto así.
La sonrisa que le dio Takashi, mezcla de orgullo y felicidad, era otro mimo agradable, aunque para su corazón.
Cuando despertó en su cama, se encontró solo en su pequeña habitación. Oyó el silencio y la oscuridad en ese pequeño dos ambientes. Se abrazó a las frazadas en aquel invierno frío y solitario, y suspiró.
No quería moverse, pero le dolía la garganta de nuevo. Tenía hambre y además quería ir al baño. Se sentía mucho mejor, se daba cuenta de ello porque tenía más necesidades que tan solo unas horas atrás.
Pero en la soledad, se sentía débil.
Y le daba bronca sentirse así de patético.
Respiró hondo, mientras buscaba acomodarse allí. No es que el colchón le pareciese pequeño o fino, solo… que él no se hallaba ahí. Era como si le faltaba lo que tuvo al dormirse.
La palabra se negaba a salir en su mente, y por suerte, el teléfono llamó su atención.
Cuando volvió a abrir los ojos, se sentía mojado. Bañado en su propio sudor.
Maldita sea, la fiebre en su máximo esplendor.
Se levantó, sintiendo las piernas pesadas y se movió hasta el baño para una ducha rápida. El agua lo hacía sentir mejor, de alguna manera, pero el vapor lo mareaba de alguna forma.
Odiaba sentirse tan débil. Apretó los dientes entre sí e hizo su mejor esfuerzo para parecer digno frente… a nadie más que a él mismo.
No tenía por qué fingir ser fuerte frente a nadie, pero aún así… era natural para él.
El timbre sonó cuando se estaba terminando de vestir y apenas le alcanzó a poner la ropa sucia en el correspondiente cesto antes de que sonara una segunda vez.
Takashi Mitsuya estaba allí de nuevo y traía una bolsa con más comida y su maletín de clases.
Se sintió regañado con su silencio, cuando abrió su heladera y encontró la jarra intacta. ¿Qué culpa tenía él si había dormido todo el día? Aún así no dijo nada y él tampoco. Menos, cuando unos instantes después, le extendió una taza de té humeante que él bebió de pocos tragos, quizás intentando reparar la situación.
-¿Te apetece ver una película? -ofreció Mitsuya con una de sus sonrisas. Como si nada raro estuviese ocurriendo.
Taiju se encogió de hombros y lo dejó hacer de las suyas.
La sala de estar era eso y el comedor, reuniendo demasiadas cosas, pero haciendo que el espacio funcionase de alguna manera. Los dos se sentaron en el sillón y el mayor dejó que Mitsuya hiciera lo que quisiera. A ese punto, no solo no tenía fuerzas para imponerle límites, sino que estaba empezando a no importarle. Ya le había revisado la heladera y cocinado, además de salir y entrar a su casa como si fuese de él, que pusiera sus manos sobre el reproductor de dvd y se adueñase de los controles, no iba a hacer diferencia.
La realidad, era que ver una película le daba igual, solo quería no hablar para no forzar más sus garganta y aquello era muy buena excusa.
Pronto, estaba despatarrado a sus anchas en el sillón, mientras Mitsuya ocupaba una porción del mismo mueble. No se miraban, no se hablaban; y tampoco se podía concentrar en el film por más que lo intentara. Fue cabeceando, lentamente y de nada sirvió poner su mano debajo de su mentón...
Mitsuya se dio cuenta que el anfitrión estaba dormido, por la respiración grave y poco sonora. No llegaba a ser un ronquido tan fuerte ni tan marcado como para distraerlo de la película, pero la visión de ver a Taiju dormido le causaba sentimientos.
Parecía tan tranquilo para el ser por el que era reconocido. La gran bestia dormía como cualquier otro ser humano, ocupando la mayor parte del sillón.
Parecía hasta tierno.
Dejando como única fuente de luz, la emitida por el televisor de pantalla plana, se puso de pie y fue a buscar una manta y una almohada a la otra habitación.
No había humildad en aquella casa: el departamento era pequeño, sí; pero los detalles… Takashi se daba cuenta por la textura de las frazadas, en el grueso del futón doble colgado para airearse o de la calidad de las dos almohadas. En los colores de las telas, que si bien eran sobrios, eran nítidos y vibrantes.
Los muebles eran de madera, y no aglomerado con "textura" de madera. Aquel pequeño departamento parecía una extensión de la casa de los Shiba, pero con la impronta de Taiju pisando fuerte. Takashi no pudo evitar sonreír por notar aquello, una forma de estar cerca de su familia a pesar de la distancia física y emocional.
Sonrió un poco más, cuando en el escritorio donde tenía un computadora portátil, encontró un portarretratos doble con dos fotos: en una, la familia Shiba abrazando a lo que debía ser un Hakkai envuelto en una manta y del tamaño de un gato adulto regordete; en otra, los tres hermanos poco antes de que Hakkai empezara el jardín de infantes, acompañados los tres por una mujer que guardaba un parecido físico a Yuzuha y sonreía mientras le señalaba a Hakkai dónde debía de haber estado la cámara.
Las sonrisas de felicidad y alegría propias de un niño que no tenía demasiadas preocupaciones y era feliz por el simple hecho de serlo. De una familia feliz que no era consciente de la tragedia que estaba por ocurrirle.
Lo que era la vida, ¿eh?
Y que Taiju tuviese a la vista solo esas dos fotos… también hablaba mucho.
El menor decidió no entretenerse más husmeando en aquellos detalles de la privacidad del dueño de la casa, y terminó de buscar la almohada y una frazada y volver a la sala principal de la casa, encontrándose con el mayor renegando de frío en medio de su sueño.
Fue más difícil levantarle la cabeza para poner la almohada debajo de lo que pensó que sería, pero eventualmente lo consiguió.
Una vez aquello saldado, el menor estaba pensando qué hacer con todo ese tiempo libre hasta que Taiju despertase.
Mitsuya guardó el celular en el bolsillo delantero de su bolsillo y suspiró. Había terminado de lavar y poner un poco de orden en aquel departamento, cuando volvía al lado de Taiju para taparlo dado que se había movido demasiado y se destapó. Terminó de acomodar aquellas frazadas y se estaba por alejar de él cuando…
Bueno, Mitsuya vio cómo estiraba sus brazos buscando algo y lo encontró a él, rodeándolo por debajo de la pelvis. El menor tardó en procesar lo que pasaba y, recién cuando dejó de pelear contra ese tironeo suave, y se dejó sentar sobre el sillón, empezó a darse cuenta.
Quizás Taiju no tenía dos almohadas solo porque una estaba de oferta o porque lo compró con la idea de compartir lecho con otra persona. Se tuvo que haber dado cuenta por las diferentes formas de las dos almohadas, siendo una más firme y rígida y la otra… bueno, mirase por donde la mirase era mullida y…
Abrazable.
Ahogó la risa por ese pequeño detalle de la gran bestia. Menuda ternura le causaba la imagen mental de Taiju dormido, abrazado a una almohada.
Su lado caótico se preguntaba si debía regalarle una de esas almohadas que venían con las impresiones de personajes. Una con Jesús, claro.
Se hubiese reído más y dado rienda suelta al pensamiento, a la imaginación… de no ser porque Taiju, dormido y todo, con fiebre, frío y calor, seguía empecinado a dormir abrazado a lo que creía que era una almohada. Takashi Mitsuya, en este caso.
…
…
… Quizás dormir unos momentos no sería tan malo ¿No?
…
No, no podría ser tan malo.
…
Además la situación se podía explicar con bastante lógica y sensatez.
Lentamente, subió los pies al sillón y se acomodó, tironeando un poco de la almohada que puso debajo de la cabeza del mayor.
El calor del cuerpo, la respiración rítmica y el silencio hicieron el resto.
Taiju despertó algún tiempo después. Y cuando lo hizo, estiró sus extremidades entumecidas, sintiendo inmediatamente el cuerpo entre sus brazos.
Eso no era una almohada.
Abrió los ojos y parpadeó para enfocar la vista hasta observar al cuerpo de Mitsuya pegado al suyo, durmiendo plácidamente.
Por un momento, sintió algo que estaba entre el pánico y el enojo. Luego, vio y sintió al menor estirarse y pasar su mano debajo de un brazo suyo, buscando acomodarse en sueños. Tenía parte de su rostro pegado a su torso, con su mejilla en él, en el medio de sus pectorales y la cabeza inclinada hacia el techo.
Lo escuchó quejarse en sueños y vio cómo intentaba moverse para separarse de él y en el medio de la oscuridad de la habitación, temió que se cayera al piso, dado que tenía una vaga idea de dónde se había quedado dormido. Alcanzó a estrecharlo contra su cuerpo mientras su propio corazón se desbocaba.
La consecuencia directa, fue sentir las manitas del menor (todo en él era pequeño comparado con las proporciones de Taiju) aferrarse a la remera. El mayor cerró los ojos con fuerza y esperó a que el momento pasara; no tenía idea de cómo explicar la situación si el otro se despertaba.
-Mmm… Taiju… -escuchó la voz cargada de sueño, que se le hizo algo… ¿erótica? Y los músculos del cuerpo de Taiju se tensaron. Solo consiguió que las manos de Mitsuya acariciaran la porción de su cuerpo en la que se encontraban reposando-... Gracias por no dejarme caer…
Taiju se mantuvo conteniendo la respiración, con los ojos cerrados. Sintió que Takashi se acomodaba un poco más, forzando sus piernas entre las suyas y, al tiempo, lo volvió a creer dormido.
Aún así, Taiju no lo soltó. Sentía su cuerpo aún tenso y el calor de Takashi y su cercanía le parecieron amenas.
No sé dio cuenta cuando volvió a quedarse dormido.
