Chapter Text
Nadie puede, y nadie debe
Vivir, vivir sin amor.
El amor después del amor; Fito Paez
Entonces, JiSung lo vio ahí.
Su apariencia era fuerte y atractiva porque iba al gimnasio desde la escuela, como también le fascinaba la calistenia. Tenía un conocimiento por el mundo real que era envidiable. Y aunque solamente fuera un estudiante de cuarto año de la carrerea de literatura, Seo ChangBin podía encantar a todo el mundo con palabras simples.
El profesor de redacción creativa escuchaba atentamente las palabras de ChangBin, mientras que él movía profesionalmente sus manos para enfatizar. Sus anillos reflectaban la luz fluorescente del pasillo- de color plateado que resaltaba de su ropa negra. Pantalón de jean negro. Camiseta negra con el estampado de unos números en romano. Sus hombros y brazos presionaban alrededor de la costura para delimitar su fuerza. Su corte de pelo era rebelde. Sus facciones eran llamativas. ChangBin era atractivo.
Y eso distraía a JiSung.
—¡Hanji!
Su pie pasó de largo del escalón, y HyunJin no alcanzó a atraparlo. La rodilla de JiSung cayó en el siguiente escalón y su cuerpo se ladeó rápidamente para empezar a rodar; arrasó así con el chico que iba delante de él. La cantidad de post-it de colores que había colectado en nombre de Cupido volaron sobre la cabeza de todos.
Tras llegar a la siguiente plana, JiSung solamente pudo gemir de dolor.
—Oh —junto a él, tendido en uno de los escalones, Lee MinHo rio—. Eso fue inesperado.
—Lo siento… —JiSung se disculpó e incorporó apenas.
MinHo se incorporó primero, sentándose en el escalón mientras se negaba a recibir ayuda de los estudiantes que pasaban por ahí- no muchos se habían percatado, y los poco que lo habían hecho también reían.
—Está bien, ¿qué te pasó? —restó importancia con amabilidad. MinHo sobaba sus piernas donde pareciera tantear si es que tenía algún dolor. La sonrisa socarrona no era eliminada.
—Me resbalé —con fuerza, JiSung se sentó en el suelo y miró a MinHo. La burla en su rostro solo le generaba más pena—. ¿No te lastimaste? —Suponía que sería malo lastimarlo.
—Pudiste destruir mi cara- eso te habría salido caro —burló—. E imagina si me lastimabas las piernas. Me dejas sin carrera. ¿Y tú?
—Mis manos están bien. Supongo que yo sí sigo con la mía.
JiSung se levantó de golpe, y tras pisar su pierna izquierda en el suelo, generó una mueca de dolor. Había algo incómodo en su rodilla.
—Uh, aunque me duele la pierna.
—¡HanJi!, ¡puta madre! —gritó HyunJin, mientras bajaba rápidamente las escaleras y colectaba los post-it del suelo—. ¿Qué te pasó?
—Me caí.
—No jodas, Sherlock.
JiSung solo pudo esbozar una sonrisa avergonzada a la par que su rostro se volvía rojo. Acarició su propia mejilla para que el sonrojo no pudiera verse, pero con MinHo le hizo poco a poco subir sus defensas.
«Oh, mierda…»
—¿Quieres que te cargue a la enfermería, amor de mi vida? —ofreció MinHo, sin eliminar sus rastros de burla.
—Buena idea —coincidió HyunJin, mientras sacudía la mochila de JiSung para que la soltara—. Vamos, vamos. ¿Es en tu rodilla mala?
—Puedo caminar —respondió JiSung, sacudido por culpa de HyunJin—. Gracias. HyunJin, ¿ChangBin me vio caer?
—Nop.
—Fantástico.
Entonces, como JiSung lo vio venir, MinHo sonrió ladinamente hacia él, y dijo:
—Espera…, esto significa que, ¿caíste por mí?
«Listo». No es como si JiSung considerara a Lee MinHo como un total desagradable; no obstante, le caía mucho mejor las veces en las que él cerraba la boca en las veces que se topaban.
—Cállate —terminó por decir JiSung, girándose para bajar los escalones con la poca dignidad que le quedaba.
—¿No que el amor era todo en este mundo, Han JiSung? —preguntó MinHo desde su espalda.
—No sé por qué finges interés si ambos sabemos que tú nunca creerías en eso.
—Y ambos sabemos que a ninguno nos interesa la opinión del otro.
Su entorno era parcialmente favorable, porque JiSung no era un chico que destacaba del resto. A veces le gustaba tintar su color rubio con colores de fantasía que HyunJin recomendaba probar, y otras veces su prima Ae-Cha le gustaba decorar con broches de mariposas o de flores para lucir un poco menos intimidante de lo que podía lucir, lo que hacía que a veces fuese apuntado por los alumnos sin pasatiempo con comentarios diversos de «¡Oh! Se ha colocado un broche de flor», «mira, tiene unas trenzas coloridas»; aun cuando aquello servía para que JiSung sintiera que tenía una identidad propia, su cabello era el estereotipo para ubicar a Cupido.
Porque, por alguna extraña razón, siempre se ha hecho mención que Cupido lucía un poco bravucón.
Para una analogía más crítica, JiSung se sentía un personaje secundario. De joven había amado leer historias de romance, novelas de adulto joven para poder vivir un poco más de emoción de su vida; era seguro, era cómodo y nadie lo molestaba. Ser protagonista no era más que un desgaste al tener que lidiar con el drama de todo el mundo- ser el epicentro del caos.
Es por eso de que, en todas las historias de amor, JiSung cumplía con el rol de narrador- aquel que emparejaba.
Pero claro, ¿cómo es que un personaje puede cumplir el rol de narrador, si la historia está contada desde una perspectiva omnisciente? ¿Puede el narrador ser partícipe de la historia de amor como un personaje?
JiSung había estudiado que varios autores habían hecho eso, el jugar con sus narraciones para que, finalmente, fueran descritos como personajes secundarios que vagaban así del narrador omnisciente al narrador testigo. Pero JiSung postulaba que su propia existencia era revolucionara para la narración.
Porque JiSung era un sujeto real, existente en este plano, pero que en los libros no era más que el sentimiento de amor que los personajes desarrollaban.
JiSung estudiaba literatura, sacaba una licenciatura en letras con el fin de perfeccionarse en la edición de textos, tal como el escritor de su padre. Y a pesar de que para la universidad él era solo un estudiante, para el campo estudiantil él era el narrador omnisciente: cupido.
—¿Quieres hablar lo de ChangBin y la regla de oro o…?
—Shush —calló JiSung enseguida, sonrojándose de nuevo hasta las orejas—. Esto no pasó. ¿Qué me decías?
—Creo que deben quedarme al menos cien impresiones en mi cuenta —continuó HyunJin con la conversación, mientras caminaba con JiSung lentamente—. Se renueva pasado mañana, ¿las quieres?
—Por favor. A Chan se le cayó su café en nuestras impresoras y ahora las hojas salen con un cuadrado color púrpura.
HyunJin miró de pies a cabeza a JiSung, y chasqueó su lengua con gracia. —¿No quieres ir a la enfermería?
—Estoy bien.
—Es tu rodilla mala.
—Te aseguro de que estoy bien.
—Okey~
Salieron de uno de los edificios de la universidad, y recibieron de golpe el frío del otoño de finales de septiembre que produjo que tanto HyunJin como JiSung se abrigaran con sus bufandas. Un grupo de chicas corrían atrasadas para su siguiente clase, mientras que otros luchaban contra el frío para poder fumar un cigarro.
—¿Qué tienes ahora? —preguntó HyunJin.
JiSung tarareó una canción mientras buscaba entre los post-it su siguiente cita. —Me esperan en… en Yellow Wood.
—Ugh, queda al otro lado del campus.
—No- espera.
—¿Qué?
—Me esperaban. Voy tarde.
—Lindo… —murmuró HyunJin sarcásticamente, antes de emprender la carrera junto a JiSung hacia una de las tiendas de café de la universidad.
El frío golpeó con aún más fuerte el rostro de JiSung, dejándolo momentáneamente ahogado hasta poder recomponerse y maldecir mentalmente por no haber revisado su agenda con anticipación. Su pierna tampoco cooperaba demasiado, dándole la sensación a JiSung que en cualquier momento se iba a fracturar nuevamente. «Y es justo mi rodilla mala».
Sin embargo, cantó victoria; llegaron a tiempo a la cafetería Yellow Wood. Al entrar, con un jadeo, saludó con su mano a JeongIn en la barra antes de buscar a su cliente. JeongIn, sin sutileza, apuntó con el paño de cocina hacia una mesa desolada.
«Bingo.»
—¡Mierda! —jadeó HyunJin, y chocó con JiSung—. ¿Por qué me haces correr? Estoy en modo ahorro-de-energía, hombre.
—Sabes que no es necesario que me acompañes —recriminó JiSung.
—Y una mierda. Me gusta hacer esto. ¿Quién es?
JiSung la divisó enseguida porque ella era bastante notoria como a su vez genérica, acorde a lo que señaló JeongIn: un chaleco verde con un gorro de chiporro, una boina y pantalón de tela color marrón que iban a juego- junto con una postura recta mientras tecleaba con rapidez en su computadora portátil, y sostenía habilidosamente su vista fija en el código tributario de Corea del Sur.
—Choi JiSoo —presentó JiSung a HyunJin—. De leyes.
—Es linda —reconoció HyunJin, antes de pensar—. ¿De dónde la conozco?
—De la cama de MinHo.
HyunJin soltó un ‘ah’ y ambos se encaminaron hacia ella para sentarse con la conocida Lia. La muchacha alzó un índice para pedir espera, tecleó con más rapidez con una mano antes de girar la hoja del código tributario; intercaló su mirada en ambas cosas y, con una sonrisa codiciosa, presionó con fuerza la tecla enter.
—¡Bien!, hagamos esto rápido —se enfocó la chica en JiSung, pero hizo una mueca tras ver a HyunJin—. ¿Él…?
—Es mi secretario —se explicó JiSung.
—Hola —saludó HyunJin, mientras sacaba un cuaderno de su mochila y un lápiz.
—¿Desde cuándo tienes secretario?
—Necesitaba un pasatiempo.
Lia alcanzó su vaso de café helado (¿Por qué es helado? JiSung estaba muriéndose de frío), sorbió un poco y, dándose su tiempo, preparó mentalmente lo que diría.
Sin embargo, ella lo miró con cautela. —¿Esta es zona segura?
JiSung conocía el concepto y, tras apuntar sutilmente hacia el mostrador donde JeongIn trabajaba, específicamente donde un póster de Girl’s Generation estaba pegado en la pared del mostrador, mientras que Eyes, eyes, eyes de Twice sonaba de fondo. Lia se vio aliviada.
—No te saltes ningún detalle —murmuró JiSung a HyunJin.
—¿Uh?, ¿por qué?
—Nos encontramos por primera vez en el baño de mujeres en Septiembre del año pasado —empezó a relatar Lia con rapidez—. Yo entro y me la encuentro a ella semidesnuda y con solo brasier puesto- le pregunté si interrumpí algo, y ella solamente me dijo que estaba cambiándose ropa. Creí conocerla de alguna parte, así que le pregunté a MinHo- Lee MinHo, ¿lo conocen? ¿De danza?
—Cupido lo tacleó por las escaleras —delató HyunJin.
—Maravilloso. Le pregunté a él porque, ya saben, él es social, si es que la conocía y me dijo que ambos estaban en las mismas clases de danza teatrales: se llama Shin RyuJin.
»Es una chica preciosa- si la conocieras te enamorarías. Creo que estudia danza y pasa la mayor parte de su tiempo en la zona de descanso que el edificio de Artes tiene- la del cuarto piso, específicamente. Me la he topado ahí porque las impresoras de ese edificio imprimen a color, y hemos entablado una que otra conversación casual porque tal parece que ver semidesnuda a otra chica ya les genera un vínculo de complicidad, ¿no?
»Nos dimos nuestro Instagram y algunas veces nos contestamos nuestras historias- sé que ella es bisexual porque tiene la bandera en su perfil. Yo realmente me siento tímida porque leí respecto a las sexualidades y puede que yo sea pansexual o- no sé, no entiendo mucho de eso, y con un exhaustivo análisis noté que ella es la primera chica que me gusta, aunque, sinceramente, me da miedo. No porque ella sea bisexual significa que yo debo gustarle. ¿Por qué no puedo gustarle, Hanji?
»No me contestes. Pensar en RyuJin ha reducido completamente mi tiempo en mis estudios, por lo que necesito de tu ayuda para poder solucionar todo este lio antes de mi primer examen. El otro año, igualmente, doy mi examen de grado, en estas mismas fechas, y necesito total concentración para esto.
Al terminar de hablar, tanto Lia como HyunJin esperaron a que JiSung hablara, quien solamente había escuchado toda la intervención de la muchacha en su desespero.
—Oh, mierda —expresó HyunJin; notó cómo el relato le había hecho escribir una plana y media en su cuaderno—. Hablas como… ocho sílabas por segundo, ¿no has pensado dedicarte al rap?
—Yo también estoy sorprendido —reconoció JiSung. Lia carraspeó y JiSung la imitó antes de hablar de nuevo—. Bien, creo que sería bueno comenzar por el hecho de que el amor no es un “lio”, propiamente tal.
—Hanji —rectificó ella con seriedad—. Al grano.
—Tengo que verte interactuar con ella, Lia. Sabes cómo esto funciona —dijo, antes de ver el cuaderno—. Y tú historia no es para nada fuera de lo común- puedes vivir con esto si resulta bien o mal. —La mirada de impresión de Lia y HyunJin hizo que entrara en pánico—. Me expresé mal, quiero decir-
—Discúlpalo, sufre de verborrea —excusó HyunJin enseguida.
—Quiero decir —retomó—, que, tú me manifestaste que tenías miedo. Es importante que sepas que hay más gente que también pasa por tus experiencias porque es indispensable que recuerdes que no estás sola en esto. He visto estos casos desde pequeño, y todos tienen tu misma mirada de desoriento; está bien el miedo, y está bien que recuerdes que no estás sola.
La dureza en la mirada de Lia se vio ligeramente reflejada por un acto de vulnerabilidad.
—Entonces —dijo ella—, ¿cuál es el trato?
—Te observaré interactuar con ella, si es que necesitas seguridad de poder… desenvolverte con RyuJin de la manera en la que quieres —aclaró.
—Maravilloso, he manipulado gente peor —discutió Lia sin cambiar su semblante solemne o apartar la mirada de JiSung—. Es un trato. ¿Qué quieres a cambio, Cupido?
—Oh, yo quiero un caramel macchiato dulce de leche latte de tamaño grande con leche de soja y sin crema —respondió HyunJin.
Lia miró a HyunJin como si hubiese lanzado un chiste, pero por la postura que JiSung tenía, ella solamente pudo poner sus ojos en blanco.
—Sí, yo también —siguió JiSung, sin estar seguro de lo que HyunJin había dicho—. Aunque con leche normal.
JiSung y HyunJin se giraron para ver a JeongIn quien, eficazmente, tomó el pedido de los dos chicos.
—Bien, ¿cuándo podrás vernos? —preguntó Lia.
—Coincide tus fechas y te aviso, estoy a total libertad —contestó JiSung—. Coloca un post it en la puerta de mi cueva, ¿sabes donde es? En el sótano del edificio de-
—Menos este domingo. Tenemos un evento —aclaró HyunJin.
—Maravilloso. Ahora, los dos cámbiense de mesa. Tengo que seguir con esto.
Era la rutina. Lo clásico que vivía bajo el nombre de JiSung. Él nació con una preciosa habilidad que debía de dedicar el resto de su vida en son del bienestar de las personas que lo rodeaban:
Nadie puede vivir sin amor.
El mundo era demasiado cruel para vivir sin ello.
—Esta situación me emociona —comentó HyunJin, sentándose junto a JiSung en la barra mientras JeongIn preparaba los pedidos—. Digo- ¿Ahora cobras por dos?, me pone contento
—A ti te pone contento todo —dijo JiSung. Revisó su celular y, al ver su buzón de mensajes vacío, se giró hacia JeongIn—. Innie, ¿puedes decirle a Ae-cha que me conteste los mensajes?
—No he hablado con ella desde ayer —contestó JeongIn, y HyunJin silbó.
—¿Eso significa que terminarán?
—Mis parejas nunca terminan —discutió JiSung.
—Por eso tu madre te odia tanto. ¡Ja, ja! —bromeó JeongIn.
HyunJin lanzó una carcajada, pero JiSung solamente chasqueó su lengua. No quería lidiar con niños.
JeongIn le dio el pedido a HyunJin y a JiSung, como también le cobró a Lia. HyunJin comenzó a comentarle a JiSung respecto su última clase de diseño que lo dejó un poco perturbado a las críticas que la textura que él quería usar para sus diseños por parte del maestro y de la tristeza súbita que le generó eso.
—Es ridículo- mis diseños son buenos. Mis seguidores dicen que son buenos —murmuró HyunJin, frustrado—. La sobrevaloración de la textura fina hace que el diseño sea de mayor calidad es una mierda.
—Bienvenido al mundo real —comentó JeongIn, tras escuchar atentamente la queja de HyunJin.
—¿No tienes que trabajar?
—Nuestro calefactor está malo- las personas prefieren estar en la cafetería central o en los edificios antes de salir para venir. —JeongIn se encogió de hombros no dándole importancia a la situación—. ¿JiSung?
JiSung, quien aún mantenía su mirada en su celular, bufó. —No me ha llegado ningún mensaje de ella. ¿No capta que estamos en crisis?
—¿Qué tan radical es la idea de que ella esté haciendo clases virtuales? —se preguntó HyunJin, mientras veía a JeongIn y a JiSung—. Digo- es una docente, también. Y es asesora de tesis. Y tiene vida propia.
—¿Seguro que hay señal en su pueblo? —cuestionó JeongIn por enésima vez.
—¡Que sí!, que a veces se vaya la luz no significa que no haya conectividad —justificó, molesto—. Dios…, está tonta.
—¿Por qué no llamas a tu abuela, mejor? —dio la idea HyunJin, y bebió de su café—, así pueden saber un poco de lo que pasa allá.
—Ae-Cha dijo que no llamara a su abuela porque el ruido del teléfono puede despertar al abuelo Han —contestó JeongIn con obviedad, antes de esbozar una sonrisa—. ¡La última vez que Hanji la llamó, Ae-Cha me dijo que el abuelo Han le tiró los medicamentos por su cabeza! ¡Ja, ja!
—¡Ja, ja! —imitó HyunJin.
—Ni siquiera tiene gracia —masculló JiSung, molesto.
JiSung estaba en su derecho de preocuparse. Ae-Cha era su prima favorita, y que ella se haya ofrecido ese semestre para cuidar al abuelo Han luego del colapso de JiSung durante las vacaciones de verano en Incheon le hacía sentir que su responsabilidad no solo de nieto sino de persona se fuera al demonio.
—¿Por qué estás tan de mal humor? —JeongIn le preguntó a JiSung—, actúas como si alguien hubiese escupido en tu comida. Y creo que no lo hice con tu café.
—Me caí de la escalera y me topé con Lee MinHo de paso.
—No se topó- lo tacleó —HyunJin le contó a JeongIn—, y cayeron por las escaleras de esa forma dramática que siempre hemos querido caer para encontrar el amor de nuestras vidas.
—Con la diferencia de que el mío ni siquiera me presta atención —murmuró JiSung, con su vista en su celular. Sabía que, ni por más que visualizara la pantalla, tendría respuesta de Ae-Cha—. Bien, si te contactes con ella- dile que me llame —bostezó—, quiero saber si voy a cuidar al abuelo este fin de semana. Ella tiene que trabajar y…, agh…
—Vale, vale, yo le diré —acertó JeongIn con una sonrisa—. Aunque llegará para la tarde, creo. Me dijo que hiciera una reservación.
—¿Reservación en dónde?
JeongIn se calló, y HyunJin casi escupió su café al haber captado enseguida.
—¡Oh, no! —JiSung exclamo, con un rostro de asco—. ¡No me interesa saber esas cosas!
HyunJin y JeongIn lanzaron una carcajada mientras que JiSung sobaba su cara por la vergüenza, con ganas de desaparecer en ese instante. JiSung sabía que la idea de Chan en abrir un motel clandestino en su antiguo dormitorio compartido era una mala idea.
—Me largo —anunció JiSung, levantándose.
—Vamos, solamente te tomamos el pelo —dijo HyunJin, mientras JeongIn asentía.
—Gracias, pero en serio me voy —indicó JiSung hacia la puerta—. Tengo vida social.
—Mentira —reclamaron los dos.
—Tienen razón- me voy a estudiar.
Silenciosamente dejó Yellow Wood. De su bolsillo sacó sus característicos auriculares de Rilakkuma, los conectó a su celular, y colocó su lista de canciones que constaba en una mezcla de 2PAC, los demos que él hacía con Chan y, por alguna razón, a BTS.
Aun cuando JiSung estudiaba literatura, él sentía un gran vínculo con la música- demasiado, en realidad, u obsesivo como tacharía su padre. La creación de ella en base a los mismos ruidos con los cuales se cohabitaba en el medio era lo excitante de la creación: la manipulación de su entorno para generar algo a gusto del oído humano. Una vez se lo comentó a Chan, y él se había burlado abiertamente de él.
—Increíble como de alguna u otra forma siempre intentas a jugar a ser Dios con las demás cosas.
Fue bajo esa misma motivación que conoció a Bang Chan: el estudiante de música que era mayor que JiSung, pero entró tarde a la universidad por priorizar a su familia. Ambos son compañeros de cuarto y se encontraron en su mejor momento; así, crearon canciones con apenas doce vistas.
Doce vistas. Doce escuchadas. Tal vez la mitad eran personas reales, y la mitad de eso parecía que gustaban de sus canciones. Tres personas valían la pena.
Llegó al Edificio de Periodismo, y bajó por el ascensor hacia el subterráneo; saludó a unos chicos que pasaban sus tardes revelando películas de cámaras antiguas y entró a la bodega que tenía inscrito sobre la superficie Haven Station.
—Debo estudiar —fue lo primero que dijo JiSung al cerrar la puerta de la bodega.
Chan ya se había girado sobre la silla giratoria para reclamarle, pero las palabras lo dejaron agotado; de fondo tenía Keep Ya Head Up de 2PAC. JiSung encendió una de las luces de la bodega y se instaló en el sofá cama para sacar su material de estudio sobre su regazo. El sofá cama estaba con demasiadas mantas esparcidas, al igual que al otro lado donde descansaba una cajonera de plástico de Darth Vader que JiSung había encontrado en la basura. En el fondo de la bodega, Chan trabajaba con sus tres monitores de computadora, su teclado de computadora, su sintetizador y su teclado musical.
—¿Quién se queda a la noche? —preguntó Chan—, mañana tengo examen.
—Yo también tengo examen —aclaró JiSung.
—O ambos nos dedicamos a trabajar, o dejamos una lista exageradamente larga que cubra toda la jornada —planeó Chan. JiSung revisó en uno de los portátiles cómo revisaba antiguas carpetas cargadas de listas musicales—. Creo que tengo un par…, y algunas bandas sonoras.
—¿No podemos suspenderlo para la noche? —propuso JiSung—, por el bienestar nuestro.
—¿Y qué pasa con las personas que nos escuchan y se sienten solas? No podemos no transmitir solo porque tenemos examen mañana —discutió con suavidad. JiSung bufó—. Así que, tomamos las listas largas.
—Vale… —JiSung dejó sus cosas en el suelo y alcanzó su manta violeta con estrellas—, entonces- dormiré ahora.
—No. Aun hay cosas por hacer: tenemos que ver unas canciones que queremos subir a Soundcloud —Chan se giró en la silla y le esbozó una tediosa sonrisa a JiSung—, ya sabes- el mixtape que queríamos hacer. Y necesito que corrobores información sobre el motel- me han llegado un par de abonos y otros depósitos, pero como los vi antes de la diez de la mañana, creo que hice un desastre. ¿Podrías…?
—Okey, okey —JiSung volvió a bostezar—. Veo el motel.
—Y el mixtape…
—El mixtape seguirá igual de malo si es que intervenimos o no ahora.
—¿Y qué hay con ese mal humor, Hanji? Me sorprende que no estés saltando en una pata.
JiSung se sacó sus zapatillas, sacó su laptop y se recostó en el sofá cama. —Me caí de la escalera y choqué con Lee-Jodido-MinHo. ¿Dejaste todo lo del motel en el Excel compartido?
—¿Quién? Y- ajá, está en la hoja cuatro.
—Deberías salir más de la cueva, Channie.
—Ya estoy viejo para esos dramas —y Chan fingió una persignación lejana hacia JiSung—, que dios te bendiga en tu mal sueño y trabajo, y que Lee-Jodido-MinHo no te atormente.
—Gracias.
«Uh, curioso —pensó, una vez que acomodó la laptop cerca de sus rodillas para ponerse a trabajar. Su otra rodilla hacía presión—. Me duele la pierna.»
ପ(੭ ´ᵕ`)੭°• જ⁀➴
—MinHo, querido~
El chico sintió su ojo izquierdo tiritar de estrés al interrumpir Let Me Love You de Mario, pero dejó que el mal sentimiento se deslizara por su cuerpo para girarse con una encantadora postura.
—EunBi, reina… —correspondió MinHo con el mismo afecto.
Lo único que MinHo podía encontrar “encantador” en ella, era su linda nariz y las pequeñas pecas que decoraban su cara. Fuera de eso, él ni siquiera recordaba su apellido.
«¿En qué lío me metí?»
—¿Tienes clases después de esto? —preguntó, mientras le seguía el paso.
En el departamento artístico, la Facultad de Artes, MinHo subía las escaleras hacia el cuarto piso para poder imprimir en las impresoras colectivas que la Universidad tenía. Había tenido un mal rendimiento para su clase práctica hace diez minutos atrás, y su ánimo no era el mejor de todos.
—Tenía pensado estudiar… —mencionó—. Ya sabes, aprendizaje y perspectivas críticas pedagógicas.
—Ah…, no sabía que estudiabas pedagogía —comentó ella con desdén.
—Bueno- sí y no. Me gustaría ser maestro de danza, pero la carrera de danza te pide algunas asignaturas que-
—¿Tiene algo de sentido que estudies una mención en pedagogía cuando tu carrera es de danza?
—Bueno- se ve desde el punto de vista-
—Como sea, ¿no te parece salir después? —ofreció EunBi—. Ir a comer y…, no sé, ¿ir a tu dormitorio?
—Oh, mi compañero está enfermo —se excusó—. Así que está él ahí. Gripe, muy fea. Creemos que es COVID.
—Está bien. Podemos ir al motel de Bang Chan.
—No me digas que ya hiciste reservación —preguntó, horrorizado.
EunBi lanzó una amable carcajada mientras palmeaba con suavidad el brazo de MinHo, y negó.
—No seas iluso, MinHo. Reservar el dormitorio se hace con abono, y yo no estoy tan desesperada para pagar por mí misma.
Llegaron al piso cuarto, siendo recibidos por los llantos de un grupo de estudiantes de arquitectura y dos chicos de teatro ensayaban una pelea. MinHo se abrió paso con rapidez entre el tumulto de gente con intención de querer perder a EunBi a su lado, pero ella lo seguía tan lealmente que rápidamente empezó a formar una excusa para deshacerse de ella.
Hasta que la encontró. Vio a JiSung de espalda.
—No sé si pueda —habló de nuevo MinHo a EunBi, guardando sus auriculares—. Voy a salir con mi amigo.
—¿Quién?
Aunque el acto no fue sutil, MinHo golpeó con su rodilla el interior de la rodilla izquierda de JiSung; él no solo lanzó un grito despavorido, sino que cayó de espaldas a cámara lenta hasta tocar el piso; su copia de Un Escrito En El Silencio de Lady Hyegyeong salió volando.
—MinHo —gruñó.
—Volviste a caer por mí, ¿no es así? —se burló MinHo, antes de tender su mano hacia él.
EunBi se tapó la boca para disimular una risa mientras que MinHo ayudaba a JiSung a levantarse. JiSung, con un poco de complejidad, saltó sobre su pierna izquierda ligeramente antes de hacer una mueca en su cara.
—¿Aun te duele? —preguntó MinHo, mientras le entregaba el libro a JiSung.
—Sí, pero me da pereza ir a la enfermería.
—Oh, en ese caso, yo te dejo —terminó por despedirse EunBi. Sin embargo, la chica se giró hacia JiSung y se inclinó—. Hasta pronto, Hanji.
—Adiós, chica que no conozco —murmuró JiSung, lo suficientemente bajo para que EunBi no le escuchase.
Los dos chicos se quedaron en silencio un momento, viéndose incómodamente las caras hasta que a MinHo se le ocurrió qué decir. —¿Me acompañas a imprimir?
—La verdad es que no confío en ti. Para nada —admitió.
—No sé qué mierda pregunté, pero estoy seguro de que esa no es la respuesta. Vamos.
Lo que MinHo conocía de JiSung (que no era mucho, en realidad), era no recordar haber conocido a una persona como él. JiSung era la reencarnación de Cupido en la tierra, acorde a los comentarios; sus grupos de amigos gustaban retratar eso en distintas opiniones, y más de una vez hubo personas con las que MinHo se acostaba quienes deliberadamente habían comentado de la magia de Cupido mientras tenían sexo.
Y eso a MinHo le desagradaba.
—¿Por qué estás tan lejos de tu cueva? El departamento de Literatura queda al otro lado del campus —consultó MinHo, aproximándose hacia la impresora, antes de colocar melodramáticamente su mano en su pecho—. ¿Vienes por mí?
—Vengo en son de Cupido —dijo sin cuidado, aunque tampoco se veía emocionado.
—¿Quién es la víctima?
—Shin RyuJin. Lia dice que es de danza porque tú la has visto.
—Ni idea de qué carrera es, pero lo que recuerdo es que siempre la veo por acá. —MinHo iba a colocar el comando de impresión en la máquina, pero lo olvidó. Sacó su celular para poder buscarlo en la gran cantidad de notas que tenía escritas ahí, lo leyó, y colocó el comando en la impresora. —¿Y es de Lia, dices tú?, eso es adorable.
—No sé qué tanto. Ella dice que es un lío romántico y yo debo solucionarlo —dicho eso, JiSung bufó con desgano—. Así no funciona el amor.
—Concuerdo contigo.
—Oh, no. Estamos de acuerdo. Algo estoy haciendo mal.
—Humorista.
Entonces, hablando del diablo, RyuJin apareció por el pasillo- salía de la sala de descanso. Ella se encontraba con un amigo, conversaban y reían de un chiste que el chico soltó. RyuJin le golpeó suavemente el hombro mientras reacomodaba los libros en su brazo.
MinHo vio a JiSung sonreír.
—¿Qué? —preguntó MinHo—. ¿Descubriste desde tus memorias que Lia y RyuJin son almas gemelas?
—Mejor aún. —Emocionado, JiSung apuntó hacia ella—. ¿Ves el libro?
—Nop. Estoy sin lentes de contacto.
—Es una tesis de las leyes comparadas de las últimas décadas según Yoon Dae-Kyu —apuntó JiSung.
—Oh, genial —comentó MinHo, a un lado de la impresora en la espera de sus hojas—. ¿Importa?
—Leyes comparadas. Ella estudia leyes. —Con emoción, JiSung se giró para ver a MinHo. —¡La regla de oro!
Y, desganado, MinHo puso sus ojos en blanco. —Oh, no. La regla de oro.
«La regla de oro». Ley tácita del mundo universitario donde cada quien la rompe, recibe su karma instantáneo:
Nunca vincularse románticamente con una persona de la misma carrera.
—¿Por qué la emoción? —cuestionó MinHo sin interés, mientras colectaba sus hojas impresas—. Puedo ver como las estrellas salen de tu cabeza.
—Es la primera vez que me toca un caso así —admitió JiSung, emocionado—. Oh, esto será hermoso-
—Vamos. ¿Me dices que, en tus tres años de estudiante ordinario, jamás te tocó algo así? —preguntó con burla—. Eres un fracaso de cupido.
—Sería más fácil si alguien no me hiciera la anti-campaña.
—No te hago la anti-campaña —aclaró enseguida MinHo. Una vez que colectó todas sus hojas, se acercó a JiSung—. Yo solo avalo el hecho de que las personas no tienen por qué enamorarse para tener sexo. Como tú.
—¿La última fiesta de Song MinGi? Literalmente alguien fue hacia mí para consultar algo a Cupido y tú te metiste en medio.
—No me acuerdo.
JiSung esperó a que MinHo continuara, pero él tenía sus ojos abiertos y labios presionados como si fuera lo más cercano a una cara neutra. MinHo no opinó sobre eso.
—Como sea —retomó JiSung—. Ni siquiera estás cerca de la premisa con la cual trabajo.
—Y no me interesa —suspiró sarcásticamente, y golpeó la punta de la nariz de JiSung con su índice. JiSung quedó momentáneamente perplejo—. Emparéjalas, si quieres. Aunque sabes de primera fuente que La Regla de Oro existe para evitar este tipo de cosas incómodas. Harás un desastre.
—¿Por qué dices que lo sé de primera fuente? —cuestionó, mirándolo.
MinHo solo tuvo que mantener sus ojos en JiSung por un par de segundos antes de que Cupido se tapara sus mejillas con sus manos a causa de su inminente sonrojo. —Oh, ¡¿Cómo sabes?!
—Porque es obvio —respondió con gracia—. ¿O me dirás que ayer no te caíste por estar distraído con don Seo-Adonis-ChangBin?
—No me distraje por ver a don Seo-Adonis-ChangBin —aseguró JiSung. Empero, MinHo no cambió el tono de su mirada. JiSung solo soltó un suspiro—. Estaba viendo sus músculos.
—Ahí está.
—¿Qué tanto sabes de mí que aún se retienen en esa nuez que tienes por cerebro?
MinHo, con una sonrisa de sorna, se encogió de hombros antes de ganarse junto a JiSung.
—Bueno- sé que eres Cupido- el hijo de Afrodita. Tu compañero de cuarto arrienda su dormitorio para que gente tenga sexo ahí. Y estás muy enamorado de ChangBin.
—De lo poco que retienes, realmente es información basura —insultó JiSung, sin sacar las manos de sus mejillas.
—Solo me acuerdo de lo más característico del amor de mi vida —molestó, antes de pinchar sus mejillas. JiSung simplemente abofeteó su mano con la copia del libro.
—Y te hago un alcance conceptual: Eros es el hijo de Afrodita. Ella es dios griega, y Cupido es dios romano.
—Eres tan nerd —MinHo volvió a pincharle la mejilla, y JiSung volvió a golpearlo.
La carcajada de RyuJin volvió a llamar la atención de los dos chicos. El chico que estaba con ella parecía que realmente le hacía reír, y MinHo pudo ver a JiSung presionar sus labios con disgusto. Aquello le causó gracia.
—¿Te pones celoso en lugar de tu clienta? —preguntó MinHo.
—Es que- ellos dos también tienen química —confesó JiSung.
—Bueno, tal vez Lia solamente quiere acostarse con RyuJin porque- ¿A quién engañamos?, RyuJin es sexy.
—Lia me dijo que era la primera vez que le gustaba en serio una chica.
—¿Y?, puede ser mera atracción sexual antes que atracción romántica —descifró.
—Ella dijo que era atracción romántica.
—Pero las cosas pueden ser complejas, ¿no te parece? El ser humano es un ente complejo —MinHo comentó con aires filosóficos, viendo a la pareja. JiSung mantuvo su vista en la pareja, y pronto sintió la respiración de MinHo cerca de su oreja—, y puede que ahora mismo el confundido eres tú, y ves en ellas cosas que no son. Proyectas tus ideas con ChangBin en ellas.
—Yo no tengo los problemas de Lia —aclaró JiSung, y sacó su pecho de orgullo—, yo soy un gay fuera del clóset.
—¿Y ChangBin?
JiSung no entendió por qué MinHo le decía eso, ante su vista con RyuJin y el muchacho quienes pasaban el rato, hasta que entendió que la analogía de ChangBin era con Lia, y que las probabilidades de proyección podían ser real.
Al notar la cercanía de MinHo a su cara, aleteó para que se alejara.
—Apártate, que me pegas el hanta.
—Nadie diferencia las ganas de tener sexo con las ganas de tener una relación —debatió MinHo, antes de sonreír con complicidad y esconder sus manos en sus bolsillos—. ¿O no me vas a decir que nunca te ha pasado eso?
—¿Creer que quiero pareja, pero en verdad estoy caliente?
—Yep.
—Solo cuando tengo lapsus de demencia. —Dicho eso, JiSung palmeó la espalda de MinHo antes de alejarse de él.
—No- espera, ¿hiciste referencia de que yo tengo lapsus de demencia? —preguntó, mientras veía a JiSung alejarse por el pasillo.
—¡Sí que te demoraste en atraparlo, campeón! —gritó JiSung de vuelta.
Como JiSung no tenía nada mejor que hacer con su rutina, vinculado especialmente con el hecho de que aun debía de estudiar para sus clases, decidió que lo mejor que podía hacer era dirigirse hacia Yellow Wood, el único lugar en la universidad donde tenía algo de respeto. Al llegar, aprovechó la poca clientela para sentarse en la barra y hablarle a JeongIn.
—¿Ae-Cha te dio señales de vida?
—Ah, sí lo hizo —contestó con desdén JeongIn, mientras terminaba de preparar un café para un cliente—. Ayer me dejó plantado con la reservación, pero según ella, ya no le queda mucho tiempo para cuidar al abuelo Han. ¡Ja, ja!
JiSung, al colocar sus ojos en blanco, terminó por tirar su celular sobre la barra, frustrado. —No me contesta los mensajes. Me siento ofendido.
—¿No quieres que yo se lo diga por ti? —ofreció—. Al menos así pierdes tu tiempo en algo más productivo.
—¿Cómo qué?
—Llorar por tu trabajo de teoría literaria, ¡Ja, ja!
—Ja, ja… —terminó por imitar JiSung con desgano.
En el fondo la canción Line without a hook de Ricky Montgomery sonaba de forma cliché, mientras JiSung oscilaba toda su vista por la cafetería. Aburrido, decidió continuar con su lectura de Un Escrito En El Silencio y analizarlo con anotaciones en los márgenes.
Sin embargo, incómodamente, dos ojos grandes lo miraban sin disimulo desde una esquina. JiSung creyó haber visto mal, por lo que se giró de nuevo para seguir en la espera en la entrada; empero, lentamente giró su cabeza hacia ese rincón y- yep, el par de ojos seguía mirándolo.
—JeongIn —le llamó JiSung, una vez que JeongIn regresó al mostrador de dejar el pedido a su cliente—. Mira disimuladamente hacia el rincón derecho…, el de las ventanas.
JeongIn, para su fortuna, hizo el ademán con su mirada. —¿Qué?
—Ese chico me observa.
—Bueno, ¿le pides su número?
—JeongIn.
—No todos en este mundo son malos —intentó calmar JeongIn—. Probablemente quiere pedirte un favor, y es demasiado tímido para acercarse a ti.
—Bueno, yo no me acercaré —decretó—. Que psicópata. ¿Quién mierda te mira de esa forma y espera que-
—Viene hacia acá.
—¡¿Qué?!
Espalda recta. Manos sobre el mesón. JiSung se sintió acechado.
Desde el rabillo de su ojo lo vio: sonrisa eclipsante, ojos saltones, pecas que decoraban todo su rostro, y un cabello tan rubio como el sol.
«Oh, mierda —pensó con temor—. Conocí al sol.»
—¡Hola! —La profunda y contrariada voz del muchacho sonó tanto que JiSung saltó en su puesto. Él se forzó a no girar su cabeza para verlo—. Soy Lee Felix, de la clase transversal de estudios sociales, y quiero que seamos amigos.
Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco segundos. Felix no recibió respuesta.
—Uh, ¿disculpa? —Con una súbita confianza, Felix picó el hombro de JiSung—. ¿Lo dije bien?
JiSung, quien inclinó su cuerpo hacia el lado opuesto, miró finalmente a Felix. —¿Disculpa?
—Las personas dicen que tengo un acento raro- y es obvio que tengo uno raro porque no soy de Corea- ¡Soy de Australia! —habló el chico tan rápido que JiSung presintió la lengua del muchacho enredarse—. Como sea- soy Lee Felix, de la clase transversal de estudios sociales, y quiero que seamos amigos.
JiSung tamborileó sus dedos de nuevo en el mesón, y tosió con incomodidad. —¿Qué necesitas, Lee Felix de la clase transversal de estudios sociales?
—Quiero que seamos amigos.
—Oh, okey. ¿Y eres de la clase transversal de estudios sociales? —preguntó con sarcasmo, antes de estirar su mano hacia el propio batido que había pedido—. ¿Esa asignatura que tuvimos en nuestro primer semestre universitario? ¿Más de tres años atrás?
—¡Sí!
«Vaya, estoy sorprendido de que lo recuerdes.»
La clase transversal de estudios sociales: aquella clase que JiSung tomó por equivocación y compartió con eruditos de chicos que estudiaban leyes, ciencias políticas, sociología, antropología y psicología.
Fueron los peores cinco meses de la vida de JiSung.
—Y…, ¿por qué quieres que seamos amigos? —preguntó JiSung en voz baja, nervioso.
—Porque me gustaría serlo —respondió Lee Felix, de la clase transversal de estudios sociales—. ¿Por qué no podríamos serlo?
—Me conoces desde hace tres años y- uh, nunca hemos hablado. —Entonces, casi parte de la naturaleza torpe de JiSung, cayó en cuenta tarde—. Oh- espera, ya sé lo que quieres. Quieres que te empareje con alguien, ¿no?
Lee Felix (de la clase transversal de estudios sociales), se sonrojó rápidamente desde el cuello hasta la punta de las orejas, haciéndose preguntar a JiSung si es que era posible poder encontrar a alguien con ese tipo de reacción hoy en día. «Tal vez es así porque es australiano.»
—Puedes decírmelo directamente —le comentó JiSung, y evitó seguir viéndolo a la cara—. No me va a molestar. Dime, ¿con quién quieres que te empareje?
—Quiero que seamos amigos —insistió Felix (de la clase transversal de estudios sociales).
—Uh… —mugió mientras tamborileaba sus dedos, nerviosos—, no sé cómo decirlo, pero- uh, yo no quiero.
Felix, quieto, mantuvo sus dos ojos pegados en JiSung como si hubiese dicho algo grotescamente insultante. JiSung, por su parte, ni siquiera sabía lo que pasaba.
—¿No quieres ser mi amigo? —preguntó Felix, con un tono de voz que parecía sonar tan afectado como si le hubiesen dicho que sus padres murieron a causa de canibalismo—. ¿Ni… ni siquiera quieres considerarlo?
JiSung tomó de su bebida y negó de nuevo. —Un gusto, Lee Felix de la clase transversal de ciencias sociales.
—Es de estudios…
Lee Felix (ya saben, el de la clase transversal de ciencias sociales), asombrosamente afectado, se giró vacilante para bajar del taburete y, con melancolía, tomar su mochila para salir de Yellow Wood. JiSung tuvo que pasar otros diez segundos mirando sus manos antes de cuestionarse:
«¿Qué mierda acaba de pasar?»
