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Este es el porque no podemos tener cosas lindas

Summary:

Mikasa aprendió por las malas que no todas las personas son buenas, lo que no se esperaba es que la apuñalada por la espalda viniera de parte de su propia hermana.

Ahora ella y el señor Jaeger tendrán que cuidar muy bien todas sus pertenencias, sobre todo el corazón.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter Text

No podía evitar sentirlo.
Ella se está regocijando en todo lo que alguna vez había soñando y aún peor, con el hombre que amaba.
No podía hacer más que desearle la muerte, y estaba muy enojada porque su religión y creencias le prohiben pensar en aquel destino sobre alguien. Pero su hermana lo merecía y su ahora esposo también.

Mikasa trata todo lo que puede de reprimir sus lágrimas y fingir que esto no le duele, que esta traición solo fue una tontería y que mañana estará como si nada. Sorbió discretamente por la nariz y parpadeó un par de veces para tratar de eliminar esos inicios de sus lágrimas. Cuando cree que lo ha logrado se gira hacia la derecha y su vista se va hacia aquella persona que quizás se sienta igual que ella en ese preciso momento. Observa como el hombre tiene una copa de licor en la mano y mira a los novios justo como ella lo hizo hace unos instantes.

La traición se siente tan fresca y dañina.

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Cinco semanas antes

 

Lo había visto en sus padres, lo había visto en su hermana y solo rezaba para que ella también obtuviera un amor como todos ellos.

Un hombre atento, caballeroso, que la respetara pero sobre todas las cosas que la amara como a nadie más.

Hay más cosas en la vida, lamentablemente Mikasa como mujer no puede aspirar mucho más que a casarse y tener hijos, admite que a veces tiene inconveniente con ese plan pero con suerte podrá convencer a su esposo de llevarla a conocer el mundo o tan siquiera salir a las afueras de Shiganshina.

Encontraría una manera de no aburrirse, quizá hasta podría aprender cosas nuevas. Le gusta imaginar que el amor de su vida será una persona aventurera y si no lo es, bueno, podrán crear aventuras juntas. Quizás él sea estudiado así que podrá enseñarle cosas.

Se muerde su labio inferior. Debería de dejar de soñar despierta. Pero no puede evitarlo, justo hoy saldrá con su hermana mayor y su cortejante (su pareja más bien aunque todavía no esté dicho por la iglesia). Pieck luce muy enamorada del señor Jaeger y a la inversa. Son tan adorables y por eso ella quiere algo así.
Culpa completamente a su hermana por esto.

—Mikasa es hora de irnos —le anuncia Pieck del otro lado de la puerta de su cuarto.

La azabache se da una última mirada en el espejo, le gusta lo que ve: labios levemente rosados, se ha puesto un poco de polvo en las mejillas solo para darle un poco de vida a su piel lechosa. No le molesta su cicatriz en la mejilla que tiene desde los ocho años, de hecho, jamás lo ha hecho. Su cabello está más arriba de sus hombros y eso si le fastidia un poco, pero no fue su culpa que la 'esencia' viscosa de un árbol le haya caído por accidente mientras su familia y ella daban un paseo por el bosque.
Qué desafortunado.

Su vestido azul le queda muy bien, es uno nuevo que mando a confeccionar su madre y le encanta mucho, no es muy distinto a los demás, quizás algunos detalles brillosos hacen la diferencia. Mikasa baja las escalabres con toda la paciencia y elegancia del mundo, no ha llegado al final cuando deslumbra al señor Jeager a unos pasos de distancia.

Tiene que admitir que se ve bien, muy guapo y eso que solo le ha visto la espalda. Pero ese traje azul oscuro le queda excelente. Su cabello castaño está atado en un moño y un par de mechones sobre salen de el, apuesta que también los tiene sobre su frente. Últimamente el señor Jaeger opta por este estilo más rebelde.

Casi se ríe de ello.
Muy pocas veces ha hablado con él, puesto a la que siempre va a ver es a Pieck. Mikasa solo ha salidos con ellos unas cuatro o cinco veces, va de compañía como si fuera una chaperona y general siempre va atrás de ellos. Lo cual le parece ridículo, ella es la menor de los tres en dado caso ellos deberían de cuidarla.
Ahora solo unos cuantos centímetros la separan del señor Jaeger, y de nuevo se quiere reír. Ha estado poco en su presencia pero eso le ha bastado para saber cuando ama a su hermana, solo hay que verlo a los ojos cuando toda su atención está en Pieck.

Pieck le corresponde completamente, se lo ha confesado. Mikasa está segura que eso es amor de verdad.
Él se gira porque ha notado su presencia, sus ojos turquesa chocan con los grises de ella, se inclina un poco y la saluda.

—Señorita Ackerman.

Ella hace el mismo gesto. También quiere decirle que le llame Mikasa, total, dentro de no mucho serán familia.

—Señor Jaeger ¿Cómo está?

Antes de que él pueda responder Pieck se encuentra a un lado de ella. Vaya, no la escucho bajar.
La vista del Señor Jaeger se ilumina en cuanto su hermana lo saluda. Y eso es una de las cosas que Mikasa quiere en su esposo, que su mundo se llene de alegría con una sola mirada.

Se encaminan en su viaje a uno de los parques de la ciudad, el más bonito a consideración de Mikasa. Igual no es como que Shiganshina destaque mucho por sus zonas verdes.
Como ella esperaba, se queda atrás, vigilando que no pase nada indebido entre ellos. Lo que la familia de ambos no saben es que Pieck y el señor Jaeger han llevado su relación más lejos.

Mikasa tenía una leve idea por los susurros de otras personas lo que pasaba entre una pareja de casados por las noches. Su hermana se lo terminó de confirmar y a pesar de que primero se enojó, logró entender porque lo hizo. De todos modos al final se va a casar con él, qué más da si se han adelantado un par de pasos.

Al menos ahora Mikasa ya no llegará tan ignorante al altar.

Se da cuenta que ha estado mirando sus pies mientras camina, está imaginando, está bien, no importa si se distrae porque Pieck sabe cuidarse sola. Su padre se encargó de enseñarle. Cuando levanta su vista se siente observada, sus ojos se mueven rápido entre la gente pero nadie parece estar prestándole atención así que regresa a lo suyo. Pero de nuevo ahí está, su movimiento de cabeza es rápido y logra atrapar a la persona que la esta viendo.

No conoce aquel sujeto.

Pero de primera vista puede decir que es lindo. Es rubio y alto, casi como el señor Jaeger. Mikasa aparta su mirada y trata de no darle importancia. No es la primera vez que se encuentra con personas observándola, quizás se deba por sus ojos rasgados que heredó de su madre. Ella no es originaria de Shiganshina así que es muy extraño ver personas con esos rasgos. Admite que al principio no le gustaban mucho, Mikasa no se parecía a las demás niñas de su edad y eso le hacía sentirse excluida la mayoría del tiempo. Odiaba estar sola en esto porque Pieck había obtenido los ojos de su padre, unos ojos "normales".

Pero el tiempo pasó, ella maduro y ahora se siente única y especial entre las demás.

Mikasa no se percata que alguien le está haciendo compañía mientras camina. Da un pequeño brinco cuando cae en si de que una persona está ahí y no cualquiera, es aquel sujeto de cabello rubio.

—¿Me permitiría acompañarla en su caminata?

Está más cerca así que la azabache puede ver sus ojos claros. Es más lindo de cerca.
Su primer impulso es mirar hacia Pieck en busca de su aprobación o de que vea que se han acercado a ella, pero Pieck parece estar más concentrada en lo que dice el señor Jaeger. Así que Mikasa solo asiente.

—¿Vienes de chaperona?

—Algo así —respondió ella.

—Me parece que ellos ya no necesitan vigilancia —el rubio se inclina un poco hacia ella para que nadie más pueda escuchar—. Hasta acá huele a boda.

Eso la hace reír. Sabía que no era la única que podía notarlo. Él parece satisfecho con su reacción.

—Disculpe mis malos modales, soy Colt Grice —se presenta y en ningún momento deja de caminar.

No hace por estrechar su mano, ni besarla como los demás. Mikasa piensa que es un punto a su favor.

—¿Y usted? ¿Me haría el favor de decirme su nombre?

En definitiva quiere ganarse un puesto con ella. Bueno, puede dejarlo intentar.

—Mikasa Ackerman.

—Mikasa Ackerman —repite él, casi como si estuviera degustando el nombre en sus labios—. Es muy bonito.

—Gracias.

Guardan silencio por unos minutos, casi piensa que este es el fin de su conversación cuando este habla otra vez.

—Puedo preguntarle señorita Ackerman ¿cuáles son sus pasatiempos favoritos?

Mikasa conoce un poco esta rutina, no es la primera vez que alguien muestra interés en ella, lo difícil es que a ella le llamen la atención. Colt Grice no ha dicho mucho pero hasta ahora va haciendo un buen trabajo.
Su plática sigue y Mikasa se sorprende de lo fluida que es su conversación, es como si se conocieran de antes, se siente muy bien. Se regaña mentalmente varias veces porque sus ojos se detienen de vez en cuando en los labios de él.
Vaya, en serio es agradable.

Pieck por fin parece darse cuenta de qué hay alguien más con ella, y eso fue porque Mikasa no pudo contener su risa sobre cierto comentario del señor Grice.

—Por favor llámame Colt.

Mikasa parpadea varias veces sorprendida ¿le ha caído tan bien que ya dejan las formalidades tan pronto? Un pequeño carraspeo la trae de vuelta.
Pieck se ha detenido junto con el señor Jaeger. La vista de él parece tranquila pero la de su hermana es diferente, quizás porque Mikasa se encontraba sola caminando hace rato, supuestamente vigilándolos y de la nada está con un chico, riendo sobre quien sabe que. Pieck ha levantado una ceja expresando que espera una respuesta.

—Oh, lo siento —dijo Mikasa—. Este es el señor Colt Grice —se gira para ver al nombrado—. El es el señor Jaeger y mi hermana Pieck Ackerman.

Ambos hombre proceden a saludarse, Pieck le extiende la mano como cualquier otra dama lo haría. Colt deposita un beso en ella y Mikasa casi salta de la alegría, el señor Grice tiene modales después todo.
La mirada de Pieck casi no cambia, va de ella hacia el chico de cabellos rubios. Mikasa cree que se deba a que muy rara vez la ve acompañada, probablemente piensa que Colt significa peligro.

Pero la azabache siente todo lo contrario, es la primera vez que no quiere huir enseguida de alguien que la esté cortejando. Bueno, quizás no deba de apresurarse, solo han charlado un poco.
Después de eso, la plática sigue normal, Pieck regresa a lo suyo con el señor Jaeger y Mikasa con Colt.
La conversación sigue amena y Mikasa se siente un poco triste cuando se da cuenta que ya tienen que regresar a su casa.

—Fue un gusto, señorita Ackerman — Colt se inclina, Mikasa por inercia estira su mano la cual él toma gustoso, le da un beso y ella se siente en las nubes. Aquel gesto le ha dejado cosquillas en la piel, y no solo eso, siente que la ha dejado ansiosa.
Quiere saber más sobre Colt Grice.

—El placer fue mío —responde ella para después ver como se aleja.

Vuelve a su tarea de antes de chaperona pero ahora va con una ligera sonrisa. Miente, su sonrisa es muy grande que por supuesto su madre notará y le preguntará qué ha pasado. Al llegar, el señor Jaeger se despide y Mikasa observa con mucho amor como él le sostiene ambas manos a Pieck y le susurra algo, probablemente un "nos veremos pronto, querida".

Es tan romántico, es lo primero que piensa ella.

Su corazón salta al pensar en Colt haciendo lo mismo ¿pero que rayos le ha pasado?
Es claro que su madre lo nota al instante y a pesar de que Mikasa le quiere restar importancia Pieck menciona que se ha visto muy contenta.

—Oh Mikasa —le dice su madre mientras la toma de las manos—. Espero que sea cierto, no digo que tú seas dura como una roca pero para que alguien llame tu atención si es un milagro —le dio un leve apretón.

Sabe que es verdad. Por eso simplemente le dice que no va a emocionarse mucho porque solo caminaron juntos, no significa nada aunque en el fondo quiere que sea todo lo contrario.

No puede evitar dormir con una emoción en su pecho.

-

Al día siguiente elige un vestido lila para la ocasión, no hará nada en especial pero se siente muy feliz. Alguien llama a la puerta.

—Soy yo, Pieck.

—Adelante.

La chica se deja ver con un vestido en tono verde, Mikasa siempre ha creído que ese es su color le queda perfecto pero Pieck siempre se inclina por los colores lilas.

—Te ves muy bonita hoy —le dice su hermana.

Mikasa está terminando de peinar su cabello y no es que no le crea pero ella siente que se ve justo igual que ayer.

—Estuve investigando y... —continua Pieck — parecer ser que el señor Grice es buena persona.

La azabache deja su cabello por un momento y se gira a ver a su hermana sin creer que ella haya pedido información de Colt.

—Vaya Pieck, eso es bueno pero no debiste adelantarte —dijo Mikasa aunque en el fondo está contenta de saberlo—. Solo fue una caminata.

Pieck se encoge de hombros.

—Uno nunca sabe, además, es rico. Creo que más rico que Eren.

Abre la boca un poco sorprendida, ni si quiera había llegado a pensar eso, solamente creyó que tiene buena posición económica por su vestimenta y modales.

—Igual no se está fijando en mi.

—Hay que estar preparadas ¿él llamó tu atención? —Pieck toma asiento en su cama, su tono de voz le dice que se está tomando muy en serio su papel de hermana mayor.

No la había visto así antes, quizás porque jamás nadie había captado su atención. Tal vez Pieck ve algo serio aquí.

—Si —no le miente. Quiere compartir esto con ella—. Me sentiré un poco desilusionada si no viene a visitarme.

Pieck sonríe.

—Si no viene es porque es un tonto.

No cree que Colt sea un tonto pero ojalá su hermana tenga razón.
La mañana transcurre normal entre el desayuno y un poco tejido en su sala. Pieck dice que saldrá a caminar al jardín cuando la sirvienta se acerca para informarles que alguien ha venido a ver a Mikasa.

Su corazón se acelera ¿será Colt Grice acaso?

Pieck nota que la postura de su hermana menor a cambiado. Esto va en serio. Le da una sonrisa a su sirvienta y le pregunta quien es y cuando afirman que es Colt sus ojos ven a Mikasa emocionarse más.
Sus planes han cambiado y ahora tiene que quedarse en la sala con ellos para evitar malos entendidos.
Se acomoda en una mesita no lejos de los muebles de la sala, ordena té y galletas mientras Mikasa alisa su vestido, solo está tratando de controlar su emoción.

—Buenos días señoritas Ackerman —saluda Colt.

Ambas saludan pero Mikasa es la única que se levanta de su asiento para indicarle donde puede sentarse.

—No pensé verlo tan pronto —le confiesa ella.

—Háblame de tú por favor, y respondiendo a tu comentario la verdad es que, ayer me sentí muy bien al charlar contigo.

Mikasa sonríe, le alegra saber que no fue la única. Ella se lo hace saber.
Colt le plática un poco sobre lo que hace y la azabache escucha atentamente, está interesada.

—¿Conoce muchas partes del mundo? —le pregunta Mikasa.

—No he viajado a otro continente aún, pero espero hacerlo pronto, mis negocios hacen que me mueva constantemente.

A Mikasa le gusta saber eso, eso significa que sus conversaciones será menos sobre té y cosas sin importancia que pasan en Shiganshina y más sobre lo qué pasa allá afuera.

—Y usted señorita Ackerman ¿ha salido alguna vez?

Le quiere decir que le llame por su nombre pero le da un poco de pena. Quizá él la mal entienda si le da muchas libertades tan pronto.

—Lamentablemente no Colt, pero no pierdo las esperanzas de hacerlo algún día.

Eso es verdad, quizás con él tenga esta oportunidad. Y Mikasa estará más que encantada de hacer ese viaje, no solo por el hecho de salir si no porque estará acompañada por él.

—Eso me parece muy bien —le sonríe y oh, Mikasa siente que todo está muy bien ahora.

Platican un poco más sobre sus intereses y cosas que suelen hacer durante el día. Colt no parece aburrirse cuando ella solo platica que sus días son solo de tejer, salir a dar paseos y escribir cosas. No hay mucho que hacer para una chica como ella, lo cual es lamentable. Pero Colt parece que está escuchando lo más interesante del mundo. Su corazón salta más cuando lo observa.
El tiempo pasa muy rápido y ahora él tiene que irse, se despide con tal educación y elegancia que Mikasa piensa que es el indicado.

—Parece que es un buen hombre —le dice Pieck—. Muy educado y atento hacia ti.

Mikasa asiente, la verdad es que ni siquiera escucho bien lo que dijo.

—Él parece muy interesado.

—¿Tú crees? —Mikasa no quiso sonar desesperada pero es que él le agrada.

Pieck asiente.

—Creo que lo mejor de esto es que tú también pareces interesada en él.

Mikasa baja la mirada y siente sus mejillas calientes. Espera no haber sido tan obvia delante de Colt.

—Mamá estará más que feliz —terminar de decir Pieck antes de darle un sorbo a su taza de té.

-

Mikasa se siente una chica (oh, perdón, mujer) diferente y todos lo notan. Colt no viene a visitarla al día siguiente, ni al siguiente. Eso la desanima un poco pero su madre sugiere que salga a caminar un rato por el centro de la ciudad para distraerse. Una de sus criadas la acompaña ya que no puede ir sola por ahí.

Efectivamente caminar la distrae, se permite comprar plumas nuevas para sus escritos. No quiere abrumar a su hermana con el como se siente así que se desahogará en el papel.

—Luce muy feliz señorita Mikasa —le dice Historia, su sirvienta y ahora compañía. Ella es su favorita de todas, es tan linda y siempre se muestra muy leal y discreta ante todo.

Se han llevado muy bien desde que llegó a trabajar en la casa y cuando no hay nadie más para escucharla, Historia lo hace y no cree que sea porque ella no tiene más remedio, bien pudiera ser cortante o solo sonreír y salir de la habitación pero siempre se muestra renuente a dejarla con la palabra en la boca.

—¿Se nota mucho?

Historia asiente.

—Pero eso no tiene nada de malo, la hace ver incluso más bonita.

El comentario le hace sonrojarse.

—Gracias.

Si se llega a casar con Colt no va dudar en llevarse a Historia con ella, esa chica merece salir de Shiganshina también.

Regresan a casa con compras del hogar y Mikasa ha logrado su cometido. Claro que todo eso se le olvida cuando atraviesa la sala de su casa y encuentra a Colt en el sillón junto con Pieck. Él ha venido a verla. Si vino después de todo.
Ella sonríe y solo se enfoca en él, Colt también le sonríe y ambos están tan inmersos el uno con el otro que solo Historia puede ver la mirada sombría de Pieck.

Ojalá este equivocada pero normalmente la rubia suele acertar en leer las intenciones de los demás.