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PARTE ÚNICA
Cuando llegaron al aeropuerto eran las diez y veinte de la mañana y no habían podido desayunar correctamente. De hecho, Louis casi no pobró un sólo mordisco de su emparedado, porque le prohibieron la entrada al lugar si tenía comida en mano, por lo que tuvo que guardarlo en una de las bolsas que tenía al alcance.
Minutos después de puro papeleo, revisión de equipaje y más papeleo, se dirigieron a las compuertas del avión. Cuando por fin estuvieron dentro, después de otros fastidiosos diez minutos, tomaron asiento en una de las últimas filas.
—Toma —Harry le tendió el emparedado a Louis cuando éste se encontraba acomodando el poco equipaje de mano que tenían.
Louis sonrió, agradecido.
—Gracias, muero de hambre —rió, dando grandes mordiscos a la comida.
—No lo dudo —sonrió el menor—. Es bastante tonto el prohibir comida en un aeropuerto, ¿no? Literalmente hay varios puestos de comida dentro, ¿cómo se supone que diferencien qué comida es de afuera y cuál es de adentro?
—Son estrategias para generar más dinero, supongo —murmuró, acomodándose mejor en el respaldar—. Pero, sí, es muy tonto y egoísta.
Justo en ese momento, los parlantes del avión avisaron que pronto despegarían y que hicieran el favor de abrochar sus cinturones.
—Ocho horas de vuelo, súper —añadió Louis. Con sarcasmo, obviamente. Se colocó el cinturón mientras daba el último mordizco a su emparedado y guardaba el envoltorio.
—Que Jamaica vale la pena, amor —le recordó el menor, limpiando suavemente los restos de salsa y migas de pan de la boca de Louis.
Louis sonrió dulcemente, y acercó su rostro al de Harry, besando los labios de éste varias veces. Ambos sonriendo en medio del beso. Se separaron cuando una de las azafatas llegó a revisar que los cinturones estuviesen bien colocados y darles una breve indicación de cuándo estarían entregando los snacks y cuándo estaba permitido levantarse de los asientos.
Para matar el tiempo, vieron una de las clásicas películas de comedia a blanco y negro que traía la pantalla frente a ellos. No había mucho que hacer a parte de eso, al menos que tomaran una de las revistas y libros de los pequeños muebles que había indicado, anteriormente, la azafata. Pronto, otra mujer pasó, entregando dos envases con comida recalentada. Louis le dió una mirada rápida a Harry, no muy seguro de comer. Porque, vamos, Louis siempre ha tenido un estómago sensible a cualquier alimento que se encuentre en condiciones sospechosas.
—No lo comas si no estás seguro.
Louis frunció el ceño, analizando el envase en sus manos. Puré de papas, pollo y gaseosa. No le convencía la combinación, pero tampoco es como si fuese a morir de indigestión.
—Estaré bien.
Harry realmente esperaba que sí.
***
Fue, casi una hora y media después, cuando Louis supo que algo andaba mal. Se sentía inquieto y ansioso. Su abdomen había comenzado a hincharse levemente y sentía el punzante borboteo dentro suyo.
—¿Qué sucede? —Louis detuvó el movimiento en sus piernas, el cual no sabía que estaba haciendo, cuando escuchó la voz de Harry.
—¿De qué hablas?
—Parece que estás impaciente por algo —Harry rió suavemente mientras devolvía su atención a los créditos finales de la película y buscaba otra diferente.
Louis negó, una sonrisa tensa en sus labios: —Sólo quiero llegar a la isla.
—Yo igual, ya quiero visitar las playas—sonrió.
El verano pasado habían disfrutado de varias playas y comidas afrodisiacas, bueno, Harry más que Louis en ese último aspecto.
—Lo sé —comentó, suavemente, Louis.
Justo en ese momento, sintió el mismo borboteo de antes, sin embargo una presión distinta se instaló en su pancita. Su respiración se tornó un poco más lenta de lo normal y comenzó a sentirse realmente mal. No cayó en cuenta que había dejado escapar varios pedos hasta que percibió el fuerte hedor a su alrededor.
Harry lo miró con sorpresa, notando el ligero rubor en las mejillas de Louis. Decidió no volverlo un problema mayor y evitar incomdar a su novio, de todas formas, ya ambos habían escuchado los pedos del otro, múltiples veces.
Pocos minutos después, un suave quejido interrumpió los pensamientos de Harry. La preocupación del menor aumentó cuando notó como Louis palidecía, rígido contra el asiento, así que levantó el apoya-brazos que separaba ambos asientos y se acercó con cuidado al cuerpo de su novio. El olor comenzando a ser notorio alrededor de ellos.
—Amor, me estás preocupando, dime qué pasa.
Un leve sonrojo se esparció por las mejillas de Louis.
—Yo... bueno, creo que debo usar el baño —balbuceó.
—Ve, creo que no hay nadie usándolo.
Louis lo miróv como si esa fuera la peor idea del mundo.
—No, por supuesto que no —se removió en el asiento—. Esperaré a que aterrice el avión.
Harry frunció el ceño: —¿Vas a esperar seis horas para ir a un baño?
Louis gimió suavemente al escuchar la cantidad de horas que faltaban y saber que la probabilidad de que pudiera aguantar tanto tiempo era inexistente.
—Es que... No sólo debo orinar, Harry —un fuerte sonrojo se apoderó de Louis mientras murmuraba aquello.
Oh.
Harry le miró con comprensión. Ciertamente, la comida que daba la aerolínea no era la mejor, y él mejor que nadie sabía cómo de delicado era el cuerpo de Louis y cómo reaccionaba este cuando lo que comía se terminaba acomodando en su pancita.
—Bebé, deberías ir, no tienes por qué estar sosteniéndolo tanto tiempo —habló en voz baja, sólo para que él pudiese escuchar. Porque Harry podía decir que Louis estaba avergonzado, lo notó cuando las mejillas de su novio empezaban a calentarse y desviaba la mirada hacia la ventana—. Además, es un baño, amor, para eso existen.
—Uhm, sí... —murmuró después de un tiempo, levantándose con cuidado de no soltar más gases. Aquello no fue posible, porque al dar el tercer paso un fuerte retorcijón golpeó su estómago. Louis jadeó con sorpresa mientras inclinaba levemente su cuerpo hacia el frente y sentía como rapidamente las manos de Harry se acomodaban detrás suyo, estabilizándolo—. Joder.
—Vamos, te acompaño.
—¡No! —protestó el mayor, llamando la atención de varios pasajeros. Por su rostro se esparcía un delicado sonrojo—. Lo siento.
Harry asintió, despacio. No queriendo incomodar más a Louis de lo que parecía en esos momentos. Separó las manos de su cintura y volvió a tomar asiento.
***
Habían pasado diez minutos y Louis no regresaba del baño. Harry comenzó a preocuparse. Hechó, de vez en cuando, algunas miradas al pasillo que llevaba al baño de hombres, pero estaba vacío, sin señales de su novio por alguna parte. Pronto, una azafata pasó con más envases de comida. Y bueno, al menos en esta ocasión la comida lucía más decente.
Tamborileó con sus dedos el apoya-brazos de su asiento y se levantó, suspirando. Decidió que había sido suficiente tiempo cuando pasaron otros ocho minutos. Caminó con pasos rápidos hacia el baño, sonriendo con cortesía a algunas personas. Por fortuna, sus asientos no distaban tanto de los baños, si acaso estaban separados por unas cinco o seis columnas de más asientos —vacíos y otros con adultos y niños— y algunos espacios donde las azafatas descansaban.
Tuvo que deslizar un poco la pequeña cortina azul que separaba los baños de los pasajeros, y cuando finalmente llegó, Harry dió un par de golpecitos a la puerta del cubículo de hombres. Esperó unos segundos antes de escuchar un ahogado "salgo en un momento" de su novio.
—Louis, soy yo —se apoyó de la puerta—. ¿Puedes abrir, por favor?
Un débil quejido se escuchó del otro lado de la puerta, para después escuchar como ésta se desbloqueaba y era abierta. Sin embargo, Louis no salió. Así que Harry entró.
El cubículo era bastante espacioso; con paredes grises y blancas y una pequeña ventana en ella, un lavamanos unido a un mueble que rodeaba el váter, donde la imagen de un sentado y muy pálido Louis con el pecho en sus rodillas golpeó el corazón de Harry.
Harry bloqueó la puerta y se arrodilló frente al chico, quedando a su altura.
—¿Cómo te sientes? —murmuró el menor con preocupación, pasando una mano por el sudoroso cabello de su chico.
Louis se encogió levemente de hombros y soltó un suave quejido, antes de sentir un escalosfrío recorrer todo su cuerpo que lo hizo liberar un pequeño y húmedo pedo que resonó en la porcelana del váter, seguido de una serie de dos pedos bastantes olorosos y grandes.
A Harry poco le importó y llevó su otra mano a una de las mejillas de su novio.
—Has estado aquí mucho tiempo, Lou. ¿No quieres ir a descansar un poco?, ¿tomar agua?
—Mhm, sí —susuró Louis mientras disfrutaba las caricias de su novio—. Dos minutos y salgo.
—Bien, pero no hay forma de que te deje aquí sólo otra vez, amor —protestó Harry, levantándose del suelo y recostándose en uno de los muebles a su lado.
Louis frunció levemente el ceño: —¿Qué?, ¿por qué?
—Porque llevas casi veinte minutos aquí dentro, me preocupa que te pase algo, Lou.
El mayor desvió la vista hacia la puerta y, mortificado, balbuceó: —No me pasará nada.
Sin embargo, Harry ignoró aquello. Ya conocía lo obstinado y tímido que se volvía su novio al hablar, específicamente, de sus necesidades fisiológicas.
—¿Has podido sacar algo?
—¡Por Dios, Harry! —las mejillas de Louis comenzaron a arder en un fuerte tono carmesí ante aquello.
Harry tuvo que sofocar una sonrisa ante esa reacción.
Adorable.
Sí, Louis era bastante adorable.
Después de unos segundos en silencio, Louis murmuró un "todavía no". Harry tarareó, compresivo. Era muy frecuente que Louis se estriñera, era tan frecuente que resultaba un poco preocupante. Las veces que se había topado a Louis, sentado en el váter de su casa por varios minutos, Harry le acercaba botellas de agua y píldoras con efecto laxante. Sin embargo, Harry no las tenía a mano en ese momento.
Louis miró a través de la ventana, tratando de esquivar la mirada de Harry. Podía decir que era más del medio día, ya que el sol se encontraba casi en todo lo alto del cielo. Después de unos minutos de tranquilidad, Louis se alarmó al sentir que el movimiento en sus intestinos, finalmente, tomaba su curso. Despegó rápidamente el pecho de sus piernas y sostuvo su pancita con una mano. Su piel se tornó más pálida —si es que eso era posible— y sudorosa.
—Harry, por favor, sal —suplicó, sintiendo como algunas lágrimas se acumulaban en sus ojos, por la verguenza y desesperación.
Pero Harry no sentía correcto dejarlo sólo, obviando el hecho de que él y Louis ya han pasado por cosas peores a un simple problema digestivo. Ambos se habían visto en el peor de los estados posibles y Harry no iba a dejarlo ahora. No cuando lucía así de enfermo.
Pronto, un jadeo entrecortado salió de los labios de Louis cuando no pudo sostener más los calambres en su estómago. Su cuerpo se tensó completamente al sentir como un aireado y húmedo pedo escapaba de él. No mucho después, se escuchó cómo el primer chorro de popó caliente y aguada descendía de él hasta caer en el agua del váter. Uno, dos, tres y cuatro "plop" se escucharon, para que después un burbujeante pedo húmedo y popó líquida cayeran durante casi diez segundos. Rápidamente, el olor dentro del cubículo se volvió ácido y acre y El rostro de Louis estaba tenso, y parecía estar poniendo todo su esfuerzo en que nada más saliera de él.
—H-Harry...
Una lágrima rodó por la mejilla de Louis; no sabía cómo sentirse. Pero, definitivamente estaba avergonzado por no haber podido sostenerlo durante al menos unos segundos más; mortificado, porque el vuelo no iba ni por la mitad del trayecto y él realmente quería llegar a casa y descansar junto a Harry; y bastante aliviado, porque después de varios minutos, sentado, soltando gases y con una gran constipación, fue capaz de liberar un poco de lo que tenía dentro.
Harry, por su parte, se sentía realmente mal por ver al amor de su vida así de enfermo. No sabía si al final lo mejor era darle privacidad y salir del baño, o quedarse allí y buscar la forma de darle todo el cuidado posible. La cosa es que Harry conocía muy bien a Louis. Sabía que esos bonitos ojos azules, que lucían cansados, delataban que el chico sólo quería ser mimado y tratado con cariño.
Y, además, Harry sabía que Louis confiaba en él.
El menor se acercó a la figura pequeña y encorvada de su novio, ignorando el olor y los sonidos aguados y fuertes que habían vuelto a escapar de él. Con cariño, frotó una mano por todo el muslo de Louis y besó su coronilla, arrullándolo. Louis gimió suavemente al sentir el contacto de su novio en él y apoyó su cabeza en uno de los hombros del menor mientras sentía como la presión en su bajo adomen disminuía, por el momento, al dejar salir la segunda ola de diarrea.
—Odio esto —lloró Louis.
Harry estaba por responder, pero lo interrumpió un suave gemido y una larga erupción de pedos húmedos, en secuencia, que salían del agujero de su novio. Louis jadeó, quedándose rígido y sin aire por unos segundos.
—N-No me toques cuando estoy así de asqueroso —susurró Louis, más lágrimas acumulándose en sus ojos, mientras se separaba lo más posible de Harry.
—Oh, bebé, no llores —Harry repartió varios besos por toda la carita de su novio—. Nunca te consideraría así. Eres lo más perfecto que existe ante mis ojos, y un poco de indigestión no me hará cambiar de opinión.
Louis negó repetidas veces, secando sus ojos con cansancio.
—Vas a estar bien, ¿si? — intentó Harry, nuevamente.
Louis se mantuvo en silencio, con la mirada perdida en algún punto en el suelo. Sin embargo, asintió, levemente, cuando Harry mencionó aquello. En realidad, no se sentía bien del todo, pero no es como si el dolor pudiese menguar de un momento a otro.
—Todavía no me siento bien —susurró.
—Aún tienes mucho aire aquí —Harry llevó una mano al abultado vientre de su novio y lo frotó, suavemente. Logrando que Louis soltara un suspiro de alivio y apoyara su frente contra el hombro de Harry. No es como si ayudara mucho, pero al menos le tranquilizaba el contacto de la piel de Harry contra la suya.
Se mantuvieron en esa posición durante unos segundos más, hasta que Louis volvió a sentir otro espasmo, pero esta vez mucho más fuerte. Pronto, tres largos pedos resonaron en el inodoro, trayendo consigo el inicio de un gran sólido pedazo de mierda, el cual empujó con fuerza hasta quedar sin aire. Apretó fuertemente el suéter de Harry en busca de ayuda.
—Tranquilo —un preocupado Harry llevó su otra mano a la espalda del chico y la deslizó de arriba-abajo—, sigue el ritmo.
El mayor imitó la respiración acorde a la mano de Harry en su espalda. Se relajó visiblemente cuando sintió que los circulares masajes en su pancita aumentaban la intensidad, acelerando su movimiento intestinal. Y, eventualmente, el pedazo cayó al agua con un sonido sordo, chapoteando. Una serie de cinco agudos y pequeños pedos salieron del chico.
Louis pudo sentir un poco de alivio en su pequeño cuerpo.
—Creo... Creo que -uhm, creo que ya podemos salir —balbuceó el mayor, después de un tiempo. Se separó un poco de Harry, con las mejillas ardiendo, para poder alcanzar el papel.
—Bien, te espero afuera, Lou.
Harry dejó un último beso en la mejilla de su chico y salió, dándole espacio para no abrumarlo tanto y que pudiera limpiarse.
Realmente esperaba que Louis se sintiera mejor.
Después de unos segundos, Louis salió del baño, con la mirada gacha y orejas sonrojadas. A Harry le pareció adorable que el chico se avergonzara por algo tan normal como ir al baño. El menor pasó un brazo por la cintura de Louis y lo acercó delicadamente a su cuerpo, empezando a caminar de vuelta a sus asientos.
