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“Creí que te romperías la nariz rodando por las escaleras de nuevo” reprendió Diego “Pero no así” extendió la manos con palmas arriba frente a él, atónito.
Five se echó con dificultad sobre su espalda en el pavimento, jadeó hacia el cielo para recuperarse del momentáneo desmayo y luego le ofreció desde allí una gran sonrisa ensangrentada “Creíste mal” dijo.
“Joder, Five” dijo Diego. “Venga, de pie, papi. Hay que largarnos antes de que me arresten por golpear a un mocoso esmirriado” espiaba en todas direcciones con aprensión mientras frotaba sus nudillos magullados.
“Primero repara este contratiempo” dijo Five con voz nasal. “Y ya no soy un mocoso. Me aseguré de eso antes de la jugarreta de papá”
Se puso pie de un salto y escupió sobre su hombro. La sangre manaba a borbotones de su nariz, y escurría hacia su barbilla y cuello.
“Es tuyo, tu contratiempo y, por cierto, tener cincuenta y ocho y un cuerpo de veinte no te exime de seguir siendo un mocoso” exclamó Diego molesto. Aproximándose con aire preocupado chistó “Era un contraataque estándar, idiota, de lo más predecible”
“Lo sé” dijo Five y lo miró intensamente mientras toqueteaba su larga nariz, torcida grotescamente hacia un costado, tallada con una grieta de sangre coagulada en el puente.
“Eres un holgazán de mierda” dedujo Diego después de escudriñar sus ojos.
Five se encogió de hombros, algo pastoso gorgoteó detrás de su garganta y entonces escupió un nuevo chorro de sangre.
“Teletransportarme era una reacción automática en este caso” explicó en medio de la tos, cogiendo la manga de su playera para contener la hemorragia. “El oponente pierde balance atezando un golpe de lleno. La oportunidad perfecta para atacar por la espalda. Completamente inesperado”
“Nadie espera un ataque por la espalda en combate de uno a uno, lunático” dijo Diego “Déjame ver, quizá no esté rota”
“Está rota” dijo Five, adusto.
Diego puso una mueca y lo sujetó por la barbilla. Lo hizo volver el rostro a un lado, luego hacia el otro. “No está hecha polvo. Quizá sólo esté desviada. Puede esperar a que baje la inflamación y tomes un analgésico”
“No hay mejor analgésico que la adrenalina” dijo Five medio ido, “Ponla en su lugar” ordenó.
Diego giró los ojos, dio un paso hacia atrás como negativa. Five estaba cubierto de los cardenales y los raspones de sus recientes y alarmantemente frecuentes caídas, y tenía ese gesto desorientado, erizado e intranquilo que había adquirido desde que habían perdido sus poderes.
“Mira, apenas va mes y medio” intentó Diego sigilosamente “Es— normal que lo hayas olvidado, tomará tiempo acostumbrarse” terminó desalentado.
Five bufó entre dientes ensangrentados y el aire frente suyo se lleno de un pequeño chubasco de flema roja.
“Lo haré yo” dijo bruscamente y quitó a Diego de su camino y cruzó corriendo la avenida sin advertir el tráfico, iracundo a causa suya, en dirección a la cafetería donde usualmente paraban después de entrenar.
“Necio de mierda” masculló Diego. Cogió con prisas su maleta y la de Five, la pelota de baloncesto, la bolsa repleta de nueces y frutillas para Lila, y salió disparado detrás de él “¡Five!”
Las camareras que ya los conocían le indicaron a Diego que Five se había escabullido hacia el pequeño lavabo. Diego agradeció profusamente, aquietó sus inquietudes y sus cuestionamientos con su sonrisa deslumbrante y pasó de largo esquivando la escasa clientela matutina que lo observaba con curiosidad.
Llamó a la puerta que estaba abierta de par en par. Five estaba inclinado cerca del grifo lavando vehementemente la sangre de su boca y mejillas. Tenía el cabello y el pecho de la playera empapados.
“No cierres la puta puerta” gritó volviéndose agresivamente al percibirlo entrar por el soslayo.
“Vale, vale” dijo Diego frenando la puerta con el punta del pie “Lo olvidé”
Five echó una ojeada hacia el exterior para asegurarse de algo y tragó saliva sonoramente, después se volvió hacia su reflejo desencajado. Respiraba a intervalos, como si se asfixiara, se tambaleaba un poco y palidecía. Las manos que ya había llevado a la altura de su rostro no tocaron la nariz maltratada, en lugar de eso se cerraron en puño para conjugar y aguardar.
Y él aguardó y aguardó y aguardó.
“¡Venga!” chilló de pronto sobresaltando a Diego y dio un manotazo al lavabo, inclinándose hacia enfrente con arrebato. El agua corrió contra su flequillo y las manos entrelazadas presionadas contra su frente mientras su agitación agudizaba y su respiración se volvía más elaborada y un balbuceo de insania escapaba de sus labios.
“No es modo, Five” dijo Diego suavemente.
“¿Tú qué sabes cuál es el jodido modo?” devolvió Five con voz febril.
“Venga” dijo Diego y se acercó lentamente para cerrar la llave del agua “Por favor” lo agarró de codo. Five maldijo y renegó, pero se dejó llevar porque ambos sabían que a punto estaba de correr o gritar o colapsar, romper o romperse.
Antes de salir a la calle, Diego pidió hielo en barra, después sentó a un agitado Five en una de las mesas de la banqueta y cogió una servilleta de papel que rompió en dos grandes trozos para crear con ella unos delgados pitillos.
Five lo miraba trabajar relamiendo la sangre de sus labios con un mohín de frustración, su respiración entrecortada regulando hacia la amplitud de la avenida y el cielo despejado. El color volvía a su rostro vahído, la tensión de su mandíbula distendía.
“Luther dice que es como andar borracho, yo opino que es como andar ciego” dijo Diego rotundamente “Gracias, nena” le hizo un guiño a la camarera que le entregó tímidamente una bolsa plástica repleta de hielo y una carta con el menú. Diego le pasó todo a su hermano y sólo continuó hasta que lo vio apoyar el hielo contra su rostro “Antes mi orientación era perfecta, podía percibir quien venía, quien iba—”
“Ya lo sé” dijo Five agresivamente sin mirarlo, hurgó en su pantalón desesperadamente y sacó un pluma para hacer unas anotaciones frenéticas en el menú. Diego lo detuvo pacientemente cogiéndole la mano y le pasó una servilleta limpia. Five se trasladó al nuevo recipiente de sus ideas sin inmutarse.
“No lo sabes” dijo Diego y suspiró intentando apaciguar la irritación contra su hermano “Podía armar con ojos cerrados un mapa de todo lo que pasaba a mi alrededor percibiendo el movimiento. Podía conocer la hora exacta, saber con una exactitud milimétrica hacia donde estaba el norte, la posición del sol y las fases de la luna, y hacer predicciones muy certeras acerca del comportamiento del clima. Podía sentir el poder de todos además y la fuerza electromagnética de los materiales”
Five detuvo sus apuntes abruptamente y levantó ojos escépticos. Diego se sonrió.
“Nunca le hallé uso práctico a todo eso, por supuesto, pero yo sabía que sabía y ya estaba muy acostumbrado a saberlo” dijo Diego “Perderlo fue abrumador”
Five hizo un par de descuidadas anotaciones más y después se volvió a mirar hacia la calle casi desierta “Lo has manejado bastante bien” dijo, ligeramente resentido.
“Mejor que tú, sí, por supuesto” dijo Diego “y es porque tú tuviste una afinidad inmediata con tu poder. Era más parte de ti que cualquier otra parte de ti. Nunca lo percibiste como una imposición”
“Tampoco como un obsequio necesariamente” dijo Five, alzando los hombros “Simplemente fue—era”
“Eso quiero decir precisamente. Era una cualidad más entre todas tus cualidades inusuales. A ti nunca te importó ser distinto mientras fueras excepcional” dijo Diego y meneo la cabeza con un ya maduro desconcierto pues llevaba tiempo asimilando la idea “Encima de eso fue esencial para tu supervivencia y eso es algo que ninguno de nosotros entenderá”
Five jugueteó nerviosamente con la pluma antes de responder “Sientes pena por mí”
“Por supuesto que no” dijo Diego, se arrodilló frente a él y le cogió las mejillas para echarle la cabeza hacia atrás e introducirle sin miramiento los pitillos de papel en las fosas nasales. Five juntó el ceño con fuerza pero no se movió y no hizo sonido alguno “Siempre me burlaré de ti cuando erres escalones o te des de lleno contra las puertas o no sepas caer o recibir golpes, pero eso no significa que no entienda que literalmente estás amputado de algo muy esencial y muy tuyo”
“Menos mal” dijo Five con apatía en la voz congestionada y volvió prontamente a sus notas.
“Sólo necesitas tener paciencia” dijo Diego.
Five soltó un estruendoso Ja que llamó la atención de la mitad de la clientela y un par de los transeúntes. “De eso no sé nada” replicó.
“Opino lo contrario” dijo Diego y se puso de pie delante suyo “Eres el hijo de puta más resistente que conozco” luego le cogió la quijada con una mano, el puente de la nariz con el índice y pulgar de la otra y se la colocó en su sitio con un firme, rápido y enérgico movimiento. El robusto sonido que llenó el aire lo hizo sonreír de satisfacción.
“Respira” pidió, dándole su espacio.
Five puso la pluma en la mesa con cuidado y luego apoyó sus antebrazos en sus rodillas y estuvo ahí, encorvado, masajeando con el índice su entrecejo.
“Mi flamante torpeza no es la peor parte” dijo en un murmullo, hacia el suelo.
“También sé eso” dijo Diego sujetando los apuntes de Five antes de que fueran arrastrados por la fresca brisa matinal “Lo he pensado bastante. Tu perspectiva del mundo no tenía frontera, era como si miraras a través de las cosas, de los muros, de todo, ¿verdad? No lo entiendo bien, pero me lo imagino desde mi margen. Era como si llevaras contigo un plano de todas las estructuras. Eras un cartógrafo natural del espacio y el tiempo”
Five se quedó quieto, luego se enderezó “Es una interpretación afín” dijo con voz débil.
“Lo sé. No me subestimes, nene” dijo Diego dándole una palmada en la rodilla llena de costras. “Serás mucho mayor que yo, pero estamos hechos de la misma cosa”
Five lo auscultó como sólo él conocía, con una estridencia allanadora en los ojos grises, y se movió en su asiento incómodo, frotando las manos en sus pantorrillas, “Gracias” dijo mortificado.
“No hay de qué” dijo Diego, un poco intrigado con su bochorno. “¿Quieres beber algo?”
Five asintió miserablemente.
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“Hay un nuevo ítem en el menú. La bebida del mes ni más ni menos. Hargreeves Especial” dijo Diego indignado, volviendo con las bebidas.
Five se rió vacilante “¿Qué lleva?"
“El alma de niños inocentes, frambuesa y ron” dijo Diego enfurruñado “¿podría haber algo peor que esto?”
“Puedo imaginar cincuenta cosas peores” dijo Five mirándose las manos como solía hacerlo cuando pensaba que no lo estaban mirando. Una añoranza inmensa.
Diego lo estudió un momento “Es bueno verte así” dijo paladeando su zumo.
“¿Con evidencias manifiestas de tu victoria?” preguntó Five. Se apartó el tupé del rostro y Diego notó que se le empezaba a oscurecer con hematomas la línea de los párpados.
“Eso es un sólo una retribución extra, hermano” explicó Diego, rebosante de satisfacción. “Pon el hielo”
“¿Entonces?” Preguntó Five, poniéndole mala cara a cambio.
“Vulnerable” dijo Diego. “Fuera de control y buscando en nosotros algo más que asistencia para salvar al mundo”
Five soltó una carcajada despectiva.
“Créeme” dijo Diego con solemnidad “Te hará bien y a nosotros como familia, también”
“Percibir cada habitación como un ataúd también me hará bien, supongo” dijo Five con una sonrisa macabra.
“Las fobias no son mortales” dijo Diego, inconmovible. “Hay mucha gente claustrofóbica en el mundo”
“Nadie como yo” dijo Five.
Diego resopló “Sí, sí. Nadie como tú, nunca” dijo mordazmente “Tienes que patentizar con prerrogativa hasta de tu locura, ¿cierto? Eres insoportable, engreído de mierda”
“Sabes que es verdad” dijo Five.
Diego le arrebató el café helado y dio un trago, indispuesto a aceptar nada.
“Podrías fácilmente armar un caso en mi contra” dijo Five a modo de acertijo.
Diego lo pensó un momento mientras bebía.
“Porque antes no hubieras podido entender lo que eso significa eso, estar en un ataúd, porque para ti no hubiera representado limitante” planteó Diego lentamente, ojos entrecerrados.
“Precisamente” dijo Five complacido “¿Ves? No se trata de exclusividad”
“Calla, burgués” dijo Diego.
“Estoy literalmente experimentando un mundo de hipérboles” dijo Five ignorándolo. Robó un sorbo al zumo verde de Diego y puso una jeta de repulsión. “Sabe a peor que descubrir que en este mundo existe un mes en el que conmemoran al viejo” sentenció.
“Tienes paladar de animal. Animal” dijo Diego.
“Acabas de acusarme de elitismo, pon tus insultos en orden” dijo Five.
“Por favor” dijo Diego “El gusto equilibrado no representa a la clase élite”
Five bufó “Material de sobra tendría para armar una novela con la bestialidad de mi esnobismo, entonces. Lástima que no tenga inclinaciones líricas o tus propensiones sensibles, claro” continuó mordaz.
Diego se echó a reír. “Venga, hermano, ya no me puedes acusar de eso sin salir perdiendo. Eres un sentimental hecho y derecho ¿o es que no recuerdas tu homenaje en la boda de Luther y Sloane?”
Five pausó mordiendo el interior de su boca, “De hecho no, no lo recuerdo. Así que no vuelvas a mencionarlo” dijo ruborizado de ira.
“No te preocupes, tu blandito corazón está a salvo conmigo” dijo Diego.
