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In Regards of Love | Extras

Summary:

Aquí irán los extras de la serie de fics In Regards of Love

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: [Eros; 01] Sukuna descarado

Chapter Text

El siguiente extra contiene lenguaje verbal explícito. Se recomienda leer con discreción.

 

 

Días han pasado desde el cumpleaños de los gemelos y no había un solo día en que Sukuna no pensara en aquel chico de cabello oscuro y ojos con largas pestañas. Megumi era lo primero que pensaba al despertar.

A pesar de que lo había visto una sola vez, Sukuna había sentido profundamente en su corazón que se iba a enamorar perdidamente de él, como jamás lo había hecho.

Y lo estaba haciendo.

Sentía que cada día que pasaba se enamoraba cada vez más.

¿Qué pensará Megumi de él? ¿También le habrá gustado?

Esa incertidumbre lo tenía pensando por horas. ¡Hasta sus hermanos se dieron cuenta de que sucedía algo con él!

—Sukuna —le llamó Choso, sacándolo de sus pensamientos—. ¿De verdad qué estás bien? Veo que estás muy pensativo estos días —comentó.

—Pasa que ahora soy esclavo del amor, Choso —contestó en medio de su ensoñación de una vida futura al lado de Megumi.

—¿Tienes novio?

—Aún no —sonríe ladino.

—¿Quién es?

—No seas metiche —frunce su ceño.

—Le gusta Fushiguro —contestó Yuuji en su lugar mientras salía de la cocina.

—A ti nadie te habló mocoso mierdero —bufó Sukuna, molesto.

—Sukuna, no seas grosero, maldita sea —reprende Choso con aparente molestia.

—Jódete —insultó Yuuji a Sukuna mientras le mostraba el dedo medio—. Ah, cierto. Choso —le habla al mayor—. Fushiguro vendrá hoy a la casa, creo que no debe tardar en llegar.

—Está bien —contestó Choso.

¿El magnífico Megumi Fushiguro vendrá hoy a su casa? ¿Hoy? ¿Estaba soñando?

—¿Tu amigo vendrá? —preguntó Sukuna.

—Sí.

—¿Por qué no me dijiste?

—¿Había alguna razón para hacerlo?

Ambos entornan sus ojos y miran al otro intensamente, intentando aguantar las ganas de agarrarse a golpes. No se soportaban. Choso los veía expectante. Pasados unos segundos de intercambiarse miradas penetrantes, ambos se abalanzaron al otro sin perder el tiempo de golpearse.

Sukuna cae encima de Yuuji y lo golpea a tientas ya que su gemelo lo alejaba con sus brazos, igualmente intentando golpearlo.

—Maldito hijo de perra, eres un grosero con tu hermano mayor —dijo Sukuna, realmente enojado.

—Por unos malditos quince minutos, infeliz.

Los arañazos comenzaban a aparecer en sus rostros al igual que los golpes. Choso suspira pesadamente, manteniendo la calma, se levanta del sillón y hace puños con sus manos, entonces golpeó las cabezas de cada uno con fuerza haciendo que se quejen.

—¡Cabrón! —gritó Sukuna mientras sobaba su cabeza.

Mientras Sukuna y Yuuji soltaban insultos al otro por lo bajo, el timbre se escuchaba por toda la casa. Parecía que el susodicho había llegado.

—Debe ser Fushiguro, iré a recibirlo —comentó Yuuji, levantándose.

Sukuna siente que su corazón dio un vuelco al saber que Megumi había llegado. Sería la primera vez que lo vería en días, estaba nervioso por verlo.

—Iré yo —dijo Sukuna, reincorporándose a una velocidad increíble mientras apartaba a Yuuji bruscamente de su camino.

—¡Idiota! —gritó Yuuji.

Sukuna llegó a la puerta y entonces se dispuso a arreglar su imagen, procuraba no verse muy desaliñado al recibir al chico por el que caería tan enamorado. Peinó su cabello hacia atrás y peinó sus cejas, se aseguró de que sus perforaciones estuvieran perfectamente acomodadas y por supuesto, que su ropa estuviera en orden.

Sukuna abrió la puerta e inmediatamente se maravilló con Megumi frente a él, lucía como lo más bello en toda su miserable existencia. Quería besarlo.

—¿Qué? —preguntó Sukuna a secas, sonsacando a Megumi por la mala bienvenida. Mal ahí, Sukuna.

«Puta madre, ya la cagué.»

—Buenas tardes —saludó de poca gana al ver al gemelo con cara larga—. ¿Está Itadori? —preguntó.

Sukuna arquea una ceja con ironía, ya que su apellido también es Itadori.

—¿Me buscas a mi? Me siento halagado, no cualquiera viene a buscar al bombón de Sukuna —se señala a sí mismo mientras sonríe ladino. Megumi entorna sus ojos, ligeramente asqueado por el narcisismo de este tipo con pinta de matón.

—Busco a Yuuji, a ti ni quien te tope —soltó casi sin pensar. Sukuna tensó su mandíbula mientras sonreía tenso, nadie jamás le había dicho eso.

Le gustaba.

—Hijo de puta —musitó Sukuna quien después soltó un suspiro y relajó su rostro—. Te lo dejo pasar solo porque eres tú —le guiñó el ojo.

—Sí, bueno, ¿está tu gemelo en casa? —preguntó nuevamente.

Sukuna reviró los ojos y se abrió paso.

—¡Mocoso, tu amiguito vino a jugar a las muñecas! —gritó Sukuna en un llamado hacia su hermano menor.

Megumi quería golpear al cretino que tenía enfrente, pero no lo hacía por ser el hermano de Yuuji, solo eso lo detenía. Megumi no se podía permitir decir que el tipo no era guapo, Sukuna definitivamente era muy guapo y coqueto, pero su actitud de mierda le restaba puntos. Igualmente Megumi no tenía que fijarse en eso, Sukuna no era su tipo, jamás saldría con él.

Megumi entró a la casa apenas vio a Yuuji y le siguió el paso, dejando a Sukuna atrás, quien por el momento se limitó a observar a Megumi.

Sus ojos carmesíes recorrieron al chico esbelto de pies a cabeza, viéndolo a detalle.

«Flaco, alto y desnalgado… vergón asegurado.» Asintió mientras pensaba.

Mientras se alejaban, Megumi sintió un escalofrío recorrer su columna, la mirada de Sukuna era muy penetrante. Lo ponía de nervios.

—Siento que una rata a medio morir me está observando, Itadori —comentó Megumi a su mejor amigo. Yuuji dio un vistazo detrás de ellos y se encontró con Sukuna viendo a Megumi.

—Es Sukuna.

—Por eso.



Sukuna observaba a Yuuji y Sukuna que estaban sentados en el comedor, específicamente a Megumi, estaba maravillado por su belleza. Al cabo de un momento, Yuuji avisa que irá por algo a la cocina.

Es tu momento de brillar, Sukuna.

Sukuna suelta un suspiro, peina su cabello y sonríe, para después decir, coqueto—: Si vas a estar todo el día en mi cabeza, al menos ponte ropa, precioso.

Megumi alzó su cabeza para verlo, extrañado.

—¿Disculpa? —cuestionó.

—Si fueras barco pirata, te comería el tesoro que tienes entre las piernas —guiñó su ojo.

La expresión de Megumi era de un notorio desagrado.

«¿Qué mosca le picó a este?» Se preguntó.

—Te voy a denunciar por acoso, no me importa que seas hermano de Itadori —amenaza.

—Qué delicado, rey —dijo Sukuna, con sorna.

—Estoy exponiendo un hecho —explicó Megumi, serio—. No sé qué traes conmigo, pero eres desagradable —expresó.

—Me gustas —confesó.

Megumi sintió como todo su sistema se desequilibró por la repentina confesión, lo había tomado completamente desprevenido. Por su parte, Sukuna gritaba internamente por haberse confesado.

—Tonterías —renegó Megumi.

—Quiero ser el amor de tu vida —confesó nuevamente.

—Sueñas.

—Contigo todas las noches.

—Me das asco.

—A mi me encantas.

—¿Nunca paras?

—¿De pensar en ti? Nunca —niega con su cabeza. Megumi sentía que estaba perdiendo esta “batalla”, eso no podía suceder, tenía que ganar de alguna forma.

—Adefesio —dijo Megumi.

Sukuna tensó su mandíbula y su sonrisa se tensó. ¿Adefesio? ¿Él? ¿El tipo más deseado por hombres y mujeres? ¿El tipo más guapo en toda la existencia? Megumi había caído bajo.

—Has caído bajo, niñato. Eso no se dice.

—¿Toqué un punto sensible? —sonrió con desdén—. Lo siento, pero eso es lo que eres.

—Hijo de perra, eres insoportable.

—Tú eres más insoportable, retrasado.

—Santurrón estirado de mierda, eso es lo que eres —dijo Sukuna, logrando que Megumi también tense su mandíbula.

—¡¿AH?! —exclamó Megumi levantándose y golpeando la mesa con sus puños.

—¿Qué sucede? —preguntó Yuuji apenas regresó, viéndolos a ambos con el entrecejo fruncido.

—Nada. Me voy a coger, regreso pasada la medianoche —avisó Sukuna mientras se levantaba del sillón y guardaba su celular en el bolsillo trasero del pantalón.

—No era de nuestra incumbencia saber eso, imbécil descarado —reprendió Yuuji a su gemelo.

—Cállate, mocoso —le mostró el dedo medio para después terminar desapareciendo de su vista.

Una vez que quedaron solos, Yuuji y Megumi siguieron con lo suyo. Las confesiones de Sukuna rondaban en la cabeza de Megumi, definitivamente le impactó lo directo que fue, pero debido a ello su corazón comenzó a latir con rapidez, algo que no entendía, pero se dedicó a no pensar en ello el resto de la tarde.

 


 

¡Nos leemos pronto con el segundo extra!