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Prometidos

Summary:

- Día 4: Wedding

Baji y Chifuyu tienen muy claro que quieren compartir su vida juntos.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

—Te están quedando muy bien, cariño —su madre aprieta la mejilla de Chifuyu con ternura.

—¿De verdad?, ¿la decoración no está muy fea? —pregunta el rubio, indeciso.

—Qué va, tus cupcakes se ven increíbles —lo elogia, orgullosa—. A Keisuke si que le quedaron feos. Esos no voy a poder llevarlos.

—Estoy aquí, mamá —dice, con fingida molestia.

—¿Y qué? No estoy diciendo ninguna mentira —responde su madre, revolviendo su cabello con cariño.

Baji resopla, ocultando la risa.

Su madre estaba invitada a un desayuno con sus compañeras de trabajo y tenía que llevar algo para compartir. Así que después de sopesar varias opciones, había decidido hacer cupcakes.

Por supuesto, ellos se ofrecieron a ayudarla.

Y probablemente jamás lo va a admitir en voz alta, pero ver a su madre y Chifuyu juntos haciendo pastelitos de colores con tanto esmero le llena el alma de dicha.

En realidad, ser parte de un momento tan hogareño y familiar le parece algo invaluable.

—Creo que vamos a necesitar más glaseado, todavía nos falta decorar unos cuantos —dice Chifuyu, mostrando una manga con frosting color celeste casi vacía.

Su madre suelta un suspiro de fastidio—. Sí, iré ahora mismo a la tienda de la esquina a comprar más.

Rápidamente, toma las llaves de casa y se cuelga su bolso en el hombro.

—Chifuyu, quedas a cargo —le dice, dándole unas palmaditas en el brazo.

—¡De acuerdo! —responde el rubio, encantador como siempre.

—Vuelvo enseguida, así que pórtense bien —le advierte a su hijo, antes de salir de la cocina.

Baji se sonroja un poco al comprender por qué lo dice.

Una vez, su madre volvió un poco antes de su trabajo y lamentablemente los pilló en una situación un poco comprometedora en el sofá del salón. En fin, fue vergonzoso, pero nada del otro mundo, eran adolescentes después de todo.

Cuando escucha a su madre cerrar la puerta principal, se aproxima a donde está Chifuyu. Lo observa atentamente, encantado con la dedicación que le pone a cada uno de los pastelitos.

—Mi madre tiene razón, te quedaron muy bien —le dice.

Chifuyu dirige su mirada hacia él y le regala una sonrisa deslumbrante—. ¿Quieres probar uno?

Asiente con la cabeza.

Entonces, el rubio le acerca uno de los cupcakes y Baji le da un gran mordisco.

Están muy ricos, de los mejores que ha probado.

—Están buenísimos —le asegura, cuando ya no tiene la boca llena.

—¿En serio? —le pregunta Chifuyu ilusionado.

—Te lo juro. Espero que cuando estemos casados también me prepares algunos.

El comentario no pasa inadvertido para Chifuyu.

—¿Cuando estemos casados?

—Sí, ya sabes, cuando seas oficialmente mi esposo —le dice.

Chifuyu suelta una risa sincera—. Tonto.

Baji entrecierra los ojos en su dirección.

—¿Por qué te ríes? —lo agarra con ambas manos de la cintura, con una sonrisa pícara—. Lo digo muy en serio.

Chifuyu rodea su cuello con sus brazos y rueda los ojos, divertido.

—Hablas de matrimonio cuando ni siquiera tenemos la mayoría de edad.

Baji encoge los hombros, restándole importancia.

—Da igual, solo nos faltan un par de años para cumplir los dieciocho y estoy seguro que si le ruego a tu madre lo suficiente me va a dar el consentimiento.

Si bien la señora Matsuno lo quería mucho y estaba feliz con que Baji fuera su yerno, sabe que tendrá que insistirle un poco para que le permita llevarse a su querido y único hijo.

—¿Ah si?, ¿y qué hay de la tuya?

—Ni al caso. Sabes muy bien que eres su preferido. Va a saltar de alegría apenas se lo comente.

Era verdad, su madre adoraba a Chifuyu como si fuera su propio hijo. De hecho, cuando finalmente se habían puesto de novios, prácticamente había lanzado fuegos artificiales de la pura emoción.

—Entonces… —el rubio acaricia su nuca con delicadeza—. ¿Debo suponer que me lo estás proponiendo?

—Puedes suponer lo que quieras.

Chifuyu esboza una sonrisa antes de cortar la distancia y robarle un beso corto.

—En ese caso, sí quiero casarme contigo.

Son tan cursis que dan vergüenza ajena, pero a Baji no le cabe la felicidad en el cuerpo y francamente todo lo demás le importa una mierda.

Agarra la cara de Chifuyu con ambas manos y le planta un beso largo e intenso que el rubio le corresponde de forma inmediata.

—Vamos a tener una boda a lo grande, ya verás. Va a ser espectacular —le promete Baji una vez que se separan.

—Cuento con eso —dice Chifuyu, risueño.

Cualquiera pensaría que todas sus promesas no son más que simples habladurías de adolescentes enamorados que no tienen los pies bien puestos en el mundo real. Pero no es así, porque lo que sienten el uno por el otro es algo digno de ser sellado con un compromiso y que no tiene fecha de caducidad.

Notes:

Holi. ¡Espero que les haya gustado mucho!
Quería meter a la madre de Baji si o si en alguna historia 🤭
Me encantaría leer sus comentarios!
Saludos, VF.

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