Work Text:
Un Omega maravilloso.
Ooh, baby, I love your way
Every day, yeah
Wanna tell you I love your way
Every day, yeah
Wanna be with you night and day
Ooh, nena, me encanta tu manera
Todos los días, sí
Quiero decirte que amo tu manera
Todos los días, sí
Quiero estar contigo noche y día
— Big Mountain (Baby, I Love Your Way)
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
Mamá siempre me dijo que la vida para un Omega era difícil.
Ella conoció a papá desde que eran niños, en un pueblo tan pequeño como Dolly todo el mundo se conoce. Fue amor a primera vista, me dijo, porque ella juraba que había sentido ese tan mítico “Click” que ocurre cuando conoces a tu alma gemela. Fueron novios hasta el final de la preparatoria cuando se casaron, yo ya venía en camino para ese entonces.
No recuerdo mucho de esa época si puedo hablar con sinceridad, yo era muy pequeño.
Mamá decía que cuando nací, mi papá lloró de felicidad, porque yo era su mayor sueño.
A la edad de cuatro años, debí hacerme un examen sanguíneo para saber cuál sería mi segundo género, un procedimiento de rutina, todo el mundo debía pasar por eso cuando cumplían cuatro años.
Ahora, papá era un hombre chapado a la antigua. Un hombre Alfa Prime que, por su puesto, había tenido un bebé con una Omega Prime como mi madre.
Yo estaba destinado a la grandeza.
Yo debía ser un enorme y fuerte Alfa Prime igual a él; o quizá, un hermoso y delicado Omega Prime como mi madre.
Omega, solo Omega.
Papá se fue unos meses después, jamás lo volví a ver en lo que me restaba de vida.
Mamá decía que la vida para los Omegas era complicada, porque a diferencia de los Omega Primes, que eran codiciados por su hermosura e increíble fertilidad, un Omega a secas era solo una carga para la familia.
La familia de mi madre le insistió en que me dejara en alguna casa para Omegas, ella seguramente podría encontrar a algún otro Alfa que pudiera tomarla como esposa.
Mi madre me amaba mucho, me amó tanto que me hizo creer que la gente no era tan mala como en la realidad.
Dolly siempre fue mi hogar y mi madre mi refugio, Inko Midoriya renunció a una vida de lujos siendo la esposa de algún Alfa exitoso para criarme. Era una mujer testaruda, siempre se aseguraba de que las personas no se atrevieran a subestimarla por su belleza y/o segundo género.
Las personas la querían y aprendieron a quererme a mí.
Ella insistía en que yo debía quedarme siempre en Dolly, donde las personas aprendieron a valorarme como un Omega, a quererme como un buen amigo.
Sin embargo, yo siempre creí que debía existir algo más allá afuera para alguien como yo.
Era un chico soñador, criado entre novelas de amor en donde el o la Omega en turno decidía retar a su suerte y mudarse a la gran ciudad para seguir sus sueños, buscarse a si mismes y en el camino encontrarse al amor de su vida.
Ahora, el asunto de las almas gemelas no era algo “real”, aunque por la forma en que mi madre hablaba, empecé a creer que ese tan afamado “click” aparecería con la persona correcta. ¿Qué puedo decir? Siempre fui un chico tonto y enamoradizo, obsesionado con la idea del romance y la aventura, a pesar de mi inocencia.
Muchas personas me pretendían, Betas en su mayoría, porque los escasos Alfas que vivían en el pueblo, estaban en busca de algo mucho más interesante que un insípido Omega a secas. Sin embargo, jamás salí con nadie, incluso rechacé a uno de los Alfas porque ese “click” no aparecía.
Cuando cumplí dieciocho, ya nadie pudo detenerme.
Hice mi maleta, reuní todos mis ahorros, dejé una carta para mi madre y me fui.
Partí en el tren de madrugada.
Línea directa a las estrellas.
Estaba emocionado, cada minuto que pasaba, estaba más cerca de Nordse, la gran ciudad.
— Guau… — dije, apantallado por la enorme estación de trenes de Nordse.
Yo era un chico tonto, inocente, jamás había salido de Dolly siquiera, pero ahí estaba, en una ciudad enorme y desconocida sin planes o conocidos. Me sonreí, estaba en las puertas de esa gran aventura.
Era un gran iluso.
Las calles de Nordse eran enormes, muchísima gente transitaba por las banquetas sin siquiera mirar a donde iban, tiré mi maleta un par de veces antes de decidirme a orillarme a pensar que hacer. La cabina de teléfono público de la calle de enfrente se veía tentadora, sabía que estaba a una llamada de que mi madre viniera a buscarme, regresaríamos a Dolly mientras me regañaba y podría dormir en mi propia cama para el final del día.
Me mordí el labio inferior, envalentonándome, porque este debía ser el principio de mi aventura.
Finalmente, encontré un modesto café al que me adentré en busca de algo de comida y quizá un trabajo. Me senté en la barra, dejé que la mesera me sirviera algo de café y pedí un sándwich.
Cuando el plato de comida estuvo frente a mí, quise preguntarle a la mesera si había algún puesto vacante, pero antes de poder hablar, la puerta se abrió de golpe.
— ¡Magne! ¡Magne! — dijo el recién llegado, un hombre alto y delgado, con una cabellera negro azabache y una pinta extraña. Parecía haber corrido durante mucho tiempo, ni siquiera esperó a que la mesera dijera nada antes de saltar la barra importándole muy poco que yo estuviera ahí.
— ¿Qué demonios hiciste ahora, Dabi?
— ¡Shh! Necesito que me cubras. — dijo, escondiéndose en la cocina, sin siquiera esperar a que la mesera respondiera.
— Tienes suerte de que no haya nadie en el restaurante… — musitó ella, casi me sentí ofendido.
Como un augurio, la puerta volvió a abrirse un par de minutos después, yo ni siquiera había tocado mi sándwich. Un par de agentes de policía entraron, estaban agitados, era obvio que estuvieron corriendo, quizá intentando alcanzar a alguien, alguien que estaba escondido en ese momento.
— Magne. — dijo el primer agente, un hombre visiblemente malhumorado, se acercó a la barra, ignorándome.
— Agente Aizawa, que gusto verlo por aquí ¿Le gustaría a usted y al agente Yamada una taza de café? Va por la casa.
— Dabi. — respondió el agente Aizawa, como si la mesera no hubiera ofrecido nada — ¿En dónde está?
— ¿A qué se refiere? — dijo ella, obviamente fingiendo demencia.
— Asaltó a una mujer y se llevó su cartera, lo vi correr hacia acá. ¿En dónde está? — volvió a preguntar el agente.
— ¡Ese sin vergüenza! — la verdad, es que no sabía bien qué estaba pasando, estaba siendo una especie de espectador en esta charada tan surrealista. — Lo lamento oficiales, ese tonto no se ha venido a parar por aquí, pueden revisar el local si quieren.
Ella sonaba tan convincente que, incluso yo, que había visto a Dabi esconderse en la cocina, empecé a dudar sobre la cordura de los agentes.
— Oye, chico. — me sobresalté, el agente rubio me estaba hablando.
— ¿S-sí?
— Hombre, veintinueve años, cabello negro, alto, perforaciones y abrigo negro ¿Lo has visto?
Abrí la boca, aunque no supe qué contestar, ambos agentes me estaban viendo con mucha atención mientras que la mesera me dedicaba una mirada de horror. Pude haber dicho que ella mentía, que el sujeto que buscaban estaba escondido en el restaurante, me habría ahorrado muchos sinsabores.
— N-no… yo… nadie ha entrado aquí. — dije, intentando sonar lo más convincente que pude.
Escuché el suspiro aliviado de la mesera mientras que ambos agentes decidían retirarse a seguir en su búsqueda por el criminal fugitivo.
— Dios, chico, gracias — le dijo Magne —. Esos dos son un verdadero dolor en el culo, la comida va por mi cuenta.
No le respondí, solo asentí contento de haber empezado con el pie derecho, o al menos eso era lo que yo creía.
Unos minutos después, el susodicho salió de la cocina, siendo recibido por el regaño inminente de Magne que le reclamaba que estaba harta de que siempre arrastrase a la policía a su restaurante.
— ¡Si no fuera por este chico, mi restaurante se habría llenado de estúpidos policías! Dale las gracias por haber salvado tu apestoso trasero.
Fue cuando este sujeto me miró por primera vez, como si mágicamente hubiese aparecido.
Los chicos en Dolly eran muy distintos a Dabi, en todo sentido, chicos de pueblo pequeño que fueron criados con valores muy distintos, un poco más conservadores y tradicionalistas. Ver a este hombre fue un total choque.
No hubo “click”, pero me di cuenta muy tarde, mucho muy tarde.
— Oh ¿Qué tenemos aquí? — dijo, regalándome una sonrisa ladina, con una altanería que me hizo sonrojar — ¿Eres de por aquí?
— N-no… acabo de llegar.
— ¿En serio? — dijo, volviendo a saltar la barra para sentarse a mi lado — ¿De dónde eres, pecas?
— D-Dolly…
— Dolly, Dolly… mmm, jamás he escuchado de ese sitio ¿Es cerca de aquí?
— Es un pu-pueblo a unas horas de a-aquí.
La forma en que completó su sonrisa me desarmó, era obvio que sabía lo que hacía. Yo era un pequeño Omega pueblerino que no sabía nada, Dabi estaba listo para sacarle todo el provecho que pudiera.
— ¿Cómo te llamas?
— Izuku M-Midoriya… ¿Y tú?
— Touya Todoroki… aunque odio eso, no me gusta que me asocien con ese apellido, mis amigos me llaman Dabi.
— Dabi… — dije, como si probara su nombre en mis labios.
— Tu olor es muy dulce, eres un Omega ¿No?
— S-si…
— ¡Oh! Eso explica lo hermoso que eres, Izuku ¿Te han dicho lo bonito que eres?
Si, lo habían hecho, muchas veces, porque, aunque no era un Omega Prime como mi madre, había heredado sus mismos ojos de muñeca y piel de porcelana. Sin embargo, siempre eran Betas, porque siempre fui muy poca cosa para los Alfas.
Dabi tenía un olor fuerte, jamás supe a qué con exactitud, pero era como estar dentro de un incendio.
Me ahogaba.
— N-no es cierto… yo no soy un Omega Prime…
— Eso es lo que más me gusta ¿Sabes? Estoy harto de todas esas perras “Prime” … como si eso los hiciera superiores — dijo, con un resentimiento que debió alarmarme —. No me gustan los “Primes” son unos engreídos, todos.
— Solo estás enojado porque tu papá escogió a tu hermano menor para dirigir la empresa porque él es un Alfa Prime — dijo Magne, poniendo una taza de café frente a Dabi —. Deja de asustar al chico ¿Quieres?
— No intento asustarlo, es todo lo contrario, Magne — le dijo, tomando un sorbo de café y regresando a mi — ¿Cuándo llegaste, Izuku?
— Esta mañana… decidí dejar mi pueblo y venir a buscar algo de suerte a la ciudad.
Oh, su sonrisa fue deslumbrante.
— ¿Eso quiere decir que no tienes en donde quedarte?
Debí ser más inteligente, viendo las cosas en retrospectiva era obvio lo que Dabi estaba buscando. Sin embargo, decidí confiar, las personas en Dolly eran amables, muy amables ¿Por qué la gente de la ciudad debía ser distinta?
— No… planeaba encontrar un empleo y un lugar en donde quedarme.
— Oh, pequeño aventurero — dijo Dabi, ignoré la risa de Magne al fondo — ¿Qué harías si no encuentras nada para la noche? Dormir en las calles no parece ser un buen plan para un pequeño y bonito Omega como tú.
Reí nervioso, él tenía razón.
— ¿Crees en el destino, Izuku?
Lo miré cuidadoso, porque lo hacía. Yo tenía la cabeza llena de fantasías románticas de las novelas que me encantaba leer y releer, mi conocimiento del romance se limitaba a los libros y a las telenovelas colombianas que pasaban en el canal de paga favorito de mi madre. Así que si, creía en el destino, aún lo hago, porque solo una fuerza así de caprichosa me habría hecho pasar por todo lo que pasé.
— N-no lo sé… Dabi.
— Pues yo sí creo en el destino… este encuentro no es casualidad, cariño — dijo, alargando una mano y acomodándome un mechón verde detrás de mi oreja —. Creo que el destino te trajo aquí por algo y… si me lo preguntas, creo que hay algo especial entre nosotros.
— ¿D-de verdad?
— Por su puesto… Izuku, eres la criatura más hermosa que mis ojos jamás han visto.
Y Dios, le creí.
Lo seguí como un idiota.
Comimos el resto del sándwich y Magne nos sirvió pastel, dijo que era un regalo. Dabi era una persona fresca y diferente, nadie en Dolly se le comparaba, él era todo lo que jamás tuve. Un Alfa que decía estar locamente enamorado de mí, pensé que debía ser parte de esa gran aventura que me esperaba.
Me fui con él, me llevó hasta su departamento. Dabi vivía en un viejo edificio del centro, su departamento estaba hasta el quinto piso y no había ascensor, era un edificio que databa de los setenta, muy pintoresco.
Era pequeño, muy pequeño.
La cocina estaba a dos pasos de la sala/comedor, un baño diminuto y una sola recámara en donde la cama matrimonial apenas y cabía. Una vieja televisión reposaba en una mesa de madera que estaba a nada de desplomarse, mientras que los sillones de la sala estaban aguados, manchados y olían a humedad.
Sin embargo, yo lo sentí como un palacio.
Dabi decía que él era un “hombre de negocios”, que eso de haber asaltado a una mujer por la calle era un simple malentendido, los policías seguramente tenían algo en contra suyo. Su apellido era rimbombante, él me explicó que su papá era el dueño de Todoroki’s Corp, pero que él se había ido de casa a los dieciséis y desde entonces vivía solo, por eso ya nadie mencionaba su apellido.
Yo estuve bien con eso, Dabi era misterioso y me llenaba de adrenalina.
Era un chico inexperto en todos los sentidos, su sonrisa complacida al mencionarle que era virgen fue una alarma más que ignoré. Era verdad, yo me estaba guardando para ese esperado “click” que seguía sin aparecer, así que decidí hacer de cuenta que lo escuchaba.
Tuvimos sexo esa misma noche.
Él dijo que me hacía el amor, pero era sexo, solo sexo.
No había habido nadie antes, así que estuvo bien, era todo lo que yo conocía.
Fue el principio de todo.
De todo.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
Los primeros meses fueron buenos, Dabi y yo estábamos en una luna de miel perpetua. Yo había sido criado para ser un Omega tradicional, quedarme en casa a cocinar y limpiar la casa mientras que mi amado Alfa se encargaba de todo lo demás, así como mi madre lo había hecho hasta que papá se fue y ella tuvo que tomar las riendas de su vida.
Me había prometido a mí mismo encontrar un Alfa que me tratara como una princesa.
No teníamos mucho, los empleos de Dabi jamás eran fijos, seguía tratando de convencerme de que todo lo que hacía era legal. Pensé que cambiaría, que eventualmente se daría cuenta que sentar cabeza era lo mejor.
No había llamado a mi madre, sentía mucha vergüenza de decirle que ya estaba viviendo con un Alfa, que estaba teniendo sexo con él sin estar casados.
Solo sería cuestión de tiempo para que nos casáramos, al menos eso quería pensar, a Dabi no le gustaba hablar al respecto y siempre me decía que podía darle un poco más de tiempo. Sin embargo, él no lo pensaba dos veces antes de tomarme cada noche.
Las cosas empezaron a ponerse complicadas al quinto mes de estar viviendo juntos.
No era raro que la casa estuviera llena de los amigos de Dabi, gente que no era particularmente de mi agrado, pero fingía que si lo eran. Salía a comprar cervezas e ingredientes para cocinar y darles de comer a todos, así mantendría feliz a mi Alfa.
Claro, no había anillo de compromiso y mucho menos una mordida de lazo.
Seguía diciendo que llegarían eventualmente.
Esa noche estaba en el super mercado local, comprando los ingredientes para hacer algo y tener contento a Dabi y a sus amigos. No había mucho dinero, debía alcanzarme para cervezas y algo de comida congelada, pero debí hacer malabares y comprar comida más barata, porque necesitaba algo de dinero extra para comprar una prueba de embarazo.
Mi mamá me había hablado de muchas cosas, siempre me advirtió de los peligros del sexo sin protección, incluso me enseñó a poner un condón usando un plátano. Dabi me había convencido de dejar los preservativos después de un mes viviendo juntos, decía que no le gustaba la sensación, que todos los condones le quedaban muy apretados. Yo intenté seguir tomando la píldora, no nos alcanzaba el dinero para una consulta médica así que la chica de la farmacia era mi mejor recurso, pero eventualmente Dabi me reclamó que gastaba mucho dinero en nimiedades.
Lo supe desde el primer vómito mañanero.
Solo necesitaba una confirmación.
Llegué al departamento, el olor a cigarrillo me dio la bienvenida, Dabi estaba en el sofá riendo al lado de Spinner y Toga, también estaba este nuevo sujeto, un Omega, Tomura. Dejé las cosas en la mesa y fui directo al baño, ni siquiera me voltearon a ver.
Tuve que leer las instrucciones, nunca me había hecho una de estas. En casa, las chicas que compraban estas cosas lo hacían disfrazadas, no querrías que nadie en Dolly se enterara que tuviste sexo. En la ciudad, no importaba, había tanta gente que las personas no podían recordar tu rostro.
Además, estaba feliz, si estaba embarazado, eso quería decir entonces que Dabi se casaría conmigo y también me daría la mordida. Esta era la señal, seguramente es lo que Dabi necesitaba para centrarse.
La prueba era positiva, tendríamos un hijo.
Estaba bien, muy bien, feliz, quizá lloré.
Tendríamos un hijo, tendríamos un hijo.
Seguramente eso debería hacer que Dabi reformara su vida, quizá buscaríamos a su papá y nos mudaríamos a una enorme casa con un jardín en donde nuestro cachorrito correría feliz, tendríamos más cachorros, yo siempre quise tener muchos cachorritos. Mi madre estaría contenta, mi aventura en la ciudad estaba dando frutos, llegaría a casa del brazo de un apuesto Alfa y embarazado de nuestro primer hijo.
Salí del baño secándome las lágrimas, los amigos de mi novio ni siquiera me notaron, pero yo estaba muy feliz para notarlos también.
— Dabi ¿Puedo hablar contigo?
— ¿Qué necesitas? — me dijo, mirándome aburrido, parecía enojado de haber interrumpido su charla con Tomura.
— Es… importante ¿Podrías venir?
Él reviró los ojos poniéndose de pie, realmente estaba muy ciego.
Fuimos hasta la cocina, no era mucha intimidad, pero era lo suficiente como para hablar más tranquilos.
— ¿Qué quieres, Izuku? Sabes que no me gusta que me interrumpas así.
— Mira — le dije, ignorando su comentario y enseñándole la prueba de embarazo.
— ¿Qué es eso?
— D-Dabi… es una prueba de em-embarazo.
— ¿Qué me intentas decir?
— Dabi… estoy embarazado… — dije con una sonrisa tenue.
Él no sonrió.
No lo hizo.
— Vamos a tener un cachorro…
— ¿Qué? — espetó riéndose, era una expresión horrible que me fue imposible ignorar — ¿Dices que es mío?
— ¡P-por supuesto que es tuyo! ¿De quién más sería?
No me respondió, al menos no con palabras, sino que regresó corriendo a la sala en donde sus amigos seguían divirtiéndose y tomó a Spinner de la camiseta.
— ¡¿Te acostaste con Izuku, idiota?! — gritó, haciendo un silencio sepulcral en la sala.
— ¿Q-qué? ¡Claro que no amigo…!
— Creo que no me escuchaste bien, idiota… — siseó — te lo voy a volver a preguntar ¿Ok?
Spinner asintió.
— ¿Te acostaste con Izuku?
— ¡ah! Claro, ya lo recuerdo… amigo, lo lamento mucho, estaba muy ebrio e Izuku estaba ahí, incitándome… ya sabes como son los Omegas.
Silencio.
Estaba ahí, de pie en la cocina, sosteniendo una prueba de embarazo positiva y las piezas de mi corazón roto.
— Debí saberlo, ustedes Omegas son todos iguales, aprovechándose de los buenos Alfas como yo.
— No todos los Omegas somos así, Dabi — ronroneo Tomura, esperé que Dabi le dijera algo, pero no lo hizo.
— Era obvio, un Omega pueblerino solo podría ser un maldito cazafortunas.
Ya estaba llorando, Dabi ni siquiera tenía dinero para comer bien, no había fortuna qué cazar.
— Sal de esta casa.
— ¿Qué…?
— Vete, Izuku ¿Eres sordo?
— Pe-pero… Dabi, no tengo a donde ir…
— Ese no es mi problema.
— ¡Estoy embarazado, maldición!
Ni siquiera vi cuando Tomura se puso de pie, sentí la bofetada antes de darme cuenta.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
Nunca había dormido en las calles.
Nunca pensé que dormiría en las calles.
Nordse era frío por las noches, me refugié en la entrada de una tienda.
No pude dormir ¿Cómo podría? Era un Omega solo en las calles. Un Omega embarazado solo en las calles.
Froté mi estómago aún plano, pensando qué sería la mejor opción. Estaba solo, sin dinero y en la calle, parir a un pobre cachorrito era el peor error que podría hacer y, sin embargo, dije:
— No te preocupes, bebé, mamá pensará en algo.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
Había un albergue para Omegas cerca del centro, nos daban comida y refugio, pero no me gustaba estar ahí. La mayoría de los Omegas en ese lugar eran trabajadores sexuales y adictos, no era el mejor lugar para estar embarazado. Encontré un empleo como mesero, no me pagaban mucho, pero era algo, con suerte podría juntar para parir decentemente.
Llamar a mi mamá siempre estaba en mis pensamientos, pero me abstenía.
Si llamaba a mamá, ella vendría a buscarme y buscaría a Dabi para gritarle que se hiciera responsable. Seguramente regresaríamos a Dolly, le traería mucha vergüenza, todos los chicos que alguna vez me coquetearon ahora se burlarían de mí, porque sería ese pequeño Omega tonto y fácil que se dejó embarazar por el primer Alfa que le habló bonito.
Iba a ver a Dabi por lo menos una vez a la semana, quería que se hiciera responsable. Esto fue un baldazo de agua fría, ya no quería que Dabi se casara conmigo, pero esa criatura en mi vientre había venido de sus pelotas, así que debía ayudar a pagar por eso. Cada vez había una nueva forma de ahuyentarme. Ni siquiera me abrían la puerta del edificio, Dabi solo abría la ventana y gritaba que me fuera, que ese no era su hijo.
La peor de todas fue cuando Tomura abrió la ventana, estaba desnudo del torso, mostrando los pechos como un degenerado, aunque parecía que en la ciudad no era tan escandaloso que los Omegas mostraran su pecho desnudo.
Mi vientre no dejaba de crecer, pronto me echaron del trabajo porque estaba demasiado gordo para el uniforme. Tenía un dinero ahorrado que guardaba celosamente en mi maleta que llevaba a todas partes, como si toda mi vida en Dolly cupiera ahí.
— Diablos, Izu, estas enorme. — me dijo Hagakure, una Omega prostituta que se quedaba en el albergue junto conmigo. Ella era agradable, mucho más agradable que los otros Omegas ahí — ¿Ya sabes qué será?
— N-no… no me alcanza para ir al médico.
— Oh, lo lamento, cariño. — suspiró — ¿Cuántos meses tienes ya?
— ¿Ocho? No lo sé con certeza, quizá esté cerca del parto.
Ella era muy amable, jamás la volvía a ver, por cierto. Mi vida en ese sitio no era precisamente cómoda y mucho menos estando embarazado de un cachorro que estaba a nada de nacer.
— ¿Ya sabes qué hacer cuando nazca?
— La verdad no… aún tengo ahorros, pero no sé cuánto puedan durar.
— Ya veo… ¡Oye! Acabo de recordar algo. — me dijo animada, su sonrisa de dientes amarillentos y picados aún me parece hermosa — Escuché de una amiga que también se embarazó, ella se fue hasta Dane, ya sabes, la ciudad del norte.
Si conocía Dane, al menos lo que había en libros y la televisión. Era una ciudad más pequeña que Nordse, estaba a un par de horas en tren.
— ¿Qué hay con Dane?
— Hay un albergue para Omegas embarazados allá. Les dan de todo, incluso les ayudan a encontrar trabajo y cuidan a sus cachorros.
— ¿E-en serio?
— ¡Si! Está dirigido por una activista Omega, el albergue se llama Midnight’s. Sé que tengo la dirección anotada en algún lado, te la daré, Izuku.
Y así lo hizo. Hagakure no tenía nada, tampoco iba a ganar nada dándome ese pedazo de papel doblado en donde venía el nombre y la dirección de un albergue para Omegas tontos como yo.
Recogí mis escasas pertenencias, guardé mis ahorros y me fui a la estación del tren al siguiente día.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
Una vez más estaba en esta estación de tren enorme, hacía meses que no iba a ese lugar. Tardé un rato en saber en dónde comprar un boleto hacia Dane porque el lugar era inmenso. Pagué un boleto en la sección más económica, sería incomodísimo tomando en cuenta que mi barriga era enorme y mis pies estaban hinchados.
Estar embarazado en esa situación apestaba.
Incluso en ese momento llamar a mamá sería la cosa más sencilla del mundo.
No lo hice, estaba muy comprometido con arreglar todo este desastre yo mismo.
Subí al tren, solo quería sentarme y olvidarme de todo lo demás.
Iba tan aturdido que ni siquiera me di cuenta de la presencia del hombre delante de mí, choqué con él inevitablemente. Aún me costaba trabajo moverme con una barriga tan grande y además maniobrando con las manos llenas. Sentí lo caliente de su café sobre mi pecho, gracias a Dios no fue lo suficientemente caliente como para lastimarme.
— ¡Mierda! — gritó, mirándome.
— L-lo lamento, yo…
— ¡Estúpido Omega inútil!
Quizá eran las hormonas del embarazo, o quizá este hombre era un idiota, pero no pude evitar empezar a lagrimear por eso. Habían sido días horribles, estaba embarazado y sin nada, solo quería llegar a mi asiento y olvidarme de todo durante las siguientes dos horas antes de llegar a Dane.
— Todos son iguales, solo sirven para estorbar y para coger…
Silencio, no sabía si decir algo, pero estaba ahí de pie sin poder moverme.
— Le pido que no vuelva a decir algo así de mi esposo.
Me estremecí entero.
Era el Alfa Prime más guapo que jamás había visto. Era alto, corpulento, rubio y de ojos rubíes, usaba un traje color crema y unos lentes muy elegantes, ni siquiera titubeó en poner su mano en mi espalda.
— O-oh… yo… — decía el sujeto.
— Le tiraste el café encima y además lo insultas ¿Te criaron en un granero?
— N-no… señor, lo lamento.
— Yo no soy con quien te tienes que disculpar.
— C-claro… — dijo, mirándome nuevamente, con una expresión mucho más mansa — L-lo lamento señor, no fue mi intención.
Dicho esto, el hombre se retiró tan rápido como había aparecido.
— ¿Estás bien? — me preguntó con voz suave, sus ojos rojos eran tan suaves y amables que no sentí culpa en confiar en él.
— Si… lo lamento mucho, señor…
— Gogo, Gogo Bakugo— me dijo sonriendo —. Estás empapado ¿No quieres venir conmigo? Viajo en un camarote privado, puedes secarte y viajar ahí si quieres…
— Oh, señor Bakugo, no será necesario, tengo mi propio boleto — le dije, enseñándole mi pase y seguramente leyó que mi lugar era una porquería porque insistió.
— Sin ofender…. Ah…
— Izuku.
— Izuku — repitió volviéndose a reír, no sabía qué le causaba gracia —. Son dos horas de viaje, insisto, es más cómodo para alguien en tu estado.
— E-está bien…
Todo este embrollo había empezado porque confié en un Alfa que no conocía y ahora estaba volviendo a hacerlo, pero ya no me quedaba más, ya estaba muy embarazado. Seguí al señor Bakugo por el tren, me guiaba hacia su camarote privado mientras hacía una conversación muy amena.
Iba en camino a Dane a visitar a su familia, hacía mucho que no regresaba a casa desde que la dejó para ir a la universidad. Al parecer, había cortado comunicación con casa porque su familia tenía ideas muy diferentes a las suyas, pero ahora que había encontrado un muy buen trabajo, quería ver a su mamá.
— Quizá también llame a mi mamá — le dije —. No he hablado con ella en un largo tiempo.
— Deberías, más aún ahora que estás por dar a luz.
— Si…
Llegamos a su camarote y abrió la puerta, la verdad es que ya me sentía un poco enamorado de este apuesto hombre. Gogo Bakugo era muchas cosas que Dabi no; era carismático y amable, hablaba de su madre como si fuese la mujer más maravillosa del planeta. Quizá me hice muchas ilusiones, porque cuando abrió la puerta y entré detrás de él, sentí que mi corazón se rompía un poquito más al ver al Omega embarazado sentado junto a la ventana.
— O-oh… Gogo ¿Quién es tu amigo? — preguntó este Omega, pero no era hostil sino juguetón, seguramente Bakugo hacía eso seguido.
— Lo lamento, cariño, este es Izuku, lo defendí de un cabeza de nudo.
Él se rio, era una risa dulce y no pude enojarme. Parecía ser de mí misma edad, cabello negro y desprolijo, vestía una bata de maternidad de una marca fina, era todo lo que yo alguna vez quise ser.
— Claro que lo hiciste, Gogo… Ven, siéntate aquí, Izuku — me dijo y yo lo obedecí, parecía un chico muy agradable —. Yo soy Yami, por cierto.
Por primera vez en mucho tiempo, me sentí en calma. Debía verme desalineado y muy mal, pero esta gente me recibió con una sonrisa y me dejaron sentarme con ellos. Yami hizo que me sentara junto a él, nuestras barrigas eran tan grandes que íbamos pegados, era un contacto muy cómodo.
— ¿Les parece si les traigo algo de té?
— Me parece una excelente idea, cariño — le dijo Yami — ¿Qué tal si también consigues algo de chocolate para mí y para Izuku?
— Chocolate y té, lo tengo — dijo en la puerta —. Y quizá encuentre algún otro Omega embarazado en el camino.
Reímos al verlo salir.
— Oh, Dios, estás empapado en café.
— Si, el sujeto de afuera me derramó todo.
— Veamos… — dijo, agachándose con dificultad a alcanzar una de sus maletas y rebuscaba en ellas hasta encontrar algo que me pareció una tela muy bonita de color beige — ten, ponte esto.
— ¿Qué? No podría…
— Insisto, además es solo una prenda… creo que somos de la misma talla.
— Pero parece muy fino…
— Lo es — rio, no era un comentario engreído sino gracioso —. Pero creo que se te vería muy bien, no me lo tomes a mal pero el café es muy difícil de quitar.
Al final acepté su oferta, quizá más por el hecho de que la bata de maternidad que traía puesta era parte de las donaciones del albergue en el que estaba quedándome, era una prenda vieja y andrajosa, a diferencia de esta bata fina y sobre todo limpia.
Yami era un chico amable, resultaba que también tenía mi edad y estaba recién en su primer año en la carrera, pero que este embarazo sorpresivo hizo que sus planes se aplazaran un poco, solo un poco. Gogo trabajaba en la universidad en la que él estudiaba así que no les sería tan complicado, se suponía que irían a casa de la madre de Gogo para planear la boda.
— Tu mordida de lazo es bastante prolija — dije asombrado, yo no tenía una, pero estaba acostumbrado a Alfas un poco más salvajes y descuidados.
— Si — dijo risueño —, Gogo la hizo con cuidado, dijo que quería que se viera bien con mi vestido de bodas.
— Eso es muy romántico.
— Si, Gogo es muy cursi.
Resultaba que Yami también venía de un pueblo relativamente pequeño, era huérfano y la única familia que tenía era su prometido y el cachorrito que venía en camino. Casarse con Gogo era como una nueva oportunidad de formar una familia. Un Omega huérfano como él sería dejado de lado muy fácilmente.
Que suerte tenía.
— ¿Entonces no conoces a la familia Bakugo? — Yami negó con la cabeza.
— Lo mío y lo de Gogo pasó muy rápido y él ya no hablaba con su madre y su hermano, pero cuando supimos que nuestro cachorro venía en camino, lo convencí para llamar a casa y decirle a su mamá.
— Debes estar muy nervioso.
— Quizá… ya sabes, no sé cómo es tener una familia, Gogo y mi cachorro son todo lo que tengo, no me molestaría tener un par más de personas que se preocupen por mí.
— Suena a una historia de amor de película… de seguro te pidió matrimonio de una forma muy romántica ¿Verdad? — dije y él se río.
— Me pidió matrimonio el día que le dije que estaba embarazado — decía Yami —. Se lo dije por la tarde y en la noche llegó con esto — dijo, alzando la mano derecha, en donde un modesto anillo de oro, con una pequeña piedra descansaba.
— Oh, Dios, es hermoso.
— ¿Quieres probártelo?
— ¿Qué? No podría… ¿No es de mala suerte?
— Oh, esas son boberías — dijo mientras se quitaba el anillo —. Anda, pruébatelo.
Y lo hice.
Yami me dio el anillo y yo lo puse en mi dedo.
Por un momento imaginé que esa era mi vida, que vestía prendas de ropa fina, que iba en camino a casa de la familia de mi Alfa prometido porque los dos fuimos torpes y quedé embarazado. Llamaría a mi mamá y le diría que quería que fuera a verme y ayudarme a organizar la fiesta. El anillo en mi dedo brilló tristemente, porque eso era solo una ensoñación tonta.
— El Alfa indicado va a llegar, Izuku — me dijo él, sonriendo. No le había contado nada sobre mí, pero Yami era lo suficientemente listo como para imaginarse en la mierda que estaba parado —. Te va a amar y va a amar a tu cachorro o cachorra.
— ¿Tú crees?
— No lo creo, yo lo sé, y jamás me equivoco, puedes preguntarle a Gogo y…
No terminó de decir nada, hubo un temblor extraño en el tren, ambos nos agarramos de los descansa brazos de los asientos.
— ¿Qué demo…?
Yami no pudo terminar de decir nada.
Todo lo demás pasó muy rápido, demasiado diría yo.
Después me enteraría que un terremoto había sacado al tren de las vías, que una falla menor provocó una mucho más grande.
El tren se volcó.
Y yo quedé inconsciente.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
Desperté en el cuarto de un hospital.
Aturdido y sin saber qué demonios pasaba, mi primera reacción fue llevar una de mis manos a mi vientre, solo para encontrarme con mi panza desaparecida. Me incorporé de golpe, mi bebé ya no estaba dentro de mí. Fue la primera vez que sentí algo parecido, era un Omega que acababa de despertar sin su amado cachorro, estaba listo para volverme salvaje, hasta que un olor dulce llamó mi atención.
En uno de esos pequeños cuneros de hospital junto a mi cama, estaba un pequeño cachorrito envuelto en una manta verde. Era obvio, aunque yo estuviera inconsciente, los cachorros recién nacidos debían estar cerca de su madre para que su olor los calmara, mi cachorrito no era la excepción.
Con mucho cuidado e inexperiencia, lo tomé entre mis brazos.
Era perfecto.
Olía a menta picante, nada parecido al olor a humedad de Dabi.
Él se despertó, pero no lloró, al contrario, parecía muy contento de que finalmente yo pudiera cargarlo.
— Hola, amor ¿Cómo estás? — le pregunté en un susurro, obteniendo una risita de su parte.
Tenía una piel tan blanca como la leche, sus ojos enormes eran la herencia de mis genes, grandes ojos de muñeca. Tenues pecas se asomaban en su inmaculada piel sonrosada y, si no fuera por el fino cabello negro sobre su cabeza, sería igual a mí, como si él supiera lo imbécil que era su papá y decidiera que quería parecerse lo menos posible a él.
Miré dentro de esos ojitos verdes iguales a los míos, este pequeño había sobrevivido a un accidente, era obvio que lo que sé que había pasado en el tren no fue normal. En ese momento no sabía todos los detalles y ni me interesaban, porque en lo único que podía pensar era en lo fuerte que había tenido que ser este cachorro para estar sano y salvo después de todos los problemas en los que yo nos había metido. Él era fuerte, tenas… era un héroe.
— Toshio… — dije para él, pareció gustarle su nombre.
Fue cuando me di cuenta de muchas cosas, mi cachorrito era tan brillante que eclipsó el contexto en el que me encontraba. Cuando alcé la vista me topé con un cuarto de hospital para mí solo, además había canastas de flores y globos, regalos para mi cachorro.
Me apresuré a buscar el brazalete de identificación de mi niño, sentí que el corazón se me volcaba cuando vi escrita en esta “bebé Bakugo”. Que tontería, exhalé pensando que quizá era una equivocación, era obvio que este era mi niño, pero estaba bajo el nombre de la familia con la que viajaba.
Eso, hasta que vi mi propio brazalete de identificación.
Yami Bakugo.
— Ay, mierda…
Puse un poquito más de atención, aún llevaba puesto el anillo de compromiso que Gogo le había dado a Yami. Estas personas creían que yo era Yami, e incluso ya estaban refiriéndose a él con el apellido de su prometido.
— ¡Oh! Finalmente estás despierto — dijo una amable enfermera entrando al cuarto.
— Señorita, creo que hubo una equivocación…
— Lo dudo mucho, señor Bakugo — me interrumpió, ignorando mi desesperación por aclararlo todo —. Solo está aturdido, ha estado durmiendo casi una semana.
— ¿Una semana? Dios… no, esto está mal, las personas que…
— Oh, cariño, lo lamento mucho.
— ¿Qué quiere decir?
— Viajabas con otro Omega ¿No? Él perdió la vida en el accidente.
— ¡Oh Diablos! — grité, sin entender qué pasaba.
— Es una lástima, pero ya notificamos a su familia… bueno, a su Alfa, fue lo único que pudimos encontrar.
— ¿Qué dice? Su Alfa iba en el tren…
— Oh tontito, no… — sonrió condescendiente, empezaba a desesperarme — Izuku Midoriya era un Omega solo, solo pudimos encontrar el número de un Alfa y un albergue entre sus cosas.
Me sentí enfermo.
— Gogo Bakugo… ¿Qué pasó con él?
— Oh, cariño, lo lamento tanto… tu prometido tampoco sobrevivió al accidente.
Estaba mudo, esto era un gran malentendido, pero preferí no decir nada. No sabía mucho de leyes, sigo sin hacerlo, pero tenía entendido que suplantar la identidad de alguien — ¡De alguien muerto, por cierto! — era un maldito delito. Estaba tranquilo al saber que no habían contactado a mi madre, esa noticia falsa la habría destrozado.
Así que en ese momento decidí que lo mejor que podía hacer, era salir de esa mierda antes de que alguien se diera cuenta y me enviaran a prisión.
— Te dejaré un momento ¿Está bien? — dijo la enfermera — solo venía a ver cómo estabas, debo decirle al doctor que estás despierto. Además, tu familia no ha dejado de venir esperando a verte.
— ¿F-familia? — pregunté, recordando que Yami era huérfano.
— Si, la madre de tu prometido viene a diario, es una mujer muy dulce.
Me sentí todavía peor, debía salir de ahí lo antes posible.
Esperé a que la enfermera saliera para empezar mi plan de la graciosa huida. Me tomó un momento encontrar mis cosas, o bueno, las que se suponía que eran mías. Mi maleta ya no estaba conmigo, sino que era la de Yami.
No tenía cosas muy significativas entre mis pertenencias, solo ropa andrajosa y algo de dinero. Me odié a mí mismo, porque eso quería decir que no tenía un solo centavo en la bolsa. Hubiera sido muy fácil, la maleta de Yami tenía muchas cosas como prendas de oro, un par de aretes y algunos collares que seguramente fueron regalos de Gogo, así como el anillo aún en mi dedo, vender cualquiera de esas cosas me habría liberado un poco.
Me mordí el labio, yo no era ningún ladrón.
Sin embargo… Yami ya no podría usarlos ¿No?
— Lo siento, lo siento, lo siento… — musitaba mientras desocupaba la maleta de Yami y solo metía un par de prendas de ropa, algunos de los regalos que estaban ahí para el fallecido bebé de Yami y que Toshio podría usar y me vestí.
Era errático, no tenía un plan y la dirección del albergue del que Hagakure me habló, pero ya pensaría en algo. Llegaría a ese lugar, me armaría de valor y quizá llamaría a mi mamá.
— Ok bebé — le dije a Toshio, levantándolo cuidadosamente —, es hora de irnos ¿Ok?
Lo tomé en mis brazos y haciendo malabares con la maleta, salí del cuarto de hospital empujando la puerta con la espalda. Me iría tan rápido que nadie lo notaría, era un plan infalible.
Hasta que choqué de lleno con algo contundente.
Alguien, más bien.
— ¿Señor Yami?
Cerré los ojos con fuerza, en ese momento pensé que lo mejor sería seguir la corriente hasta poder escabullirme.
— ¿S-si? — pregunté, dándome la vuelta.
De pie frente a mí estaba este Alfa mastodonte que me doblaba la estatura, cabello rojo y ojos fieros, la cicatriz sobre uno de sus ojos me hizo pensar que era una especie de mafioso.
— ¿A dónde iba? — me preguntó con una ceja levantada y sonrisa sardónica.
— Ah… Yo…
— Sé que estaba desesperado, me disculpo por tardar tanto. Los doctores apenas llamaron a la jefa y ella estaba en una junta así que me envió por usted.
— ¿Je-jefa?
— Si, la madre del señor Gogo.
Mierda.
Era obvio, esta gente jamás había visto al verdadero Yami y ahora yo estaba aquí haciéndome pasar por él. Quería decirle que tenían al Omega equivocado, que yo era Izuku Midoriya, el que todos pensaban muerto. Pero me mordí la lengua, no sabía que tan involucrado estaba con esto, quizá sería acusado de fraude y sería separado de Toshio.
— ¡Ah! Claro, claro. Mi nombre es Eijiro Kirishima, soy el chofer de la familia Bakugo.
— Es un gusto…
— El gusto es mío, señor… ¿Este es el pequeño señorito? — Preguntó, con una voz más suave y mirando directo a Toshio. Yo solo asentí.
— ¿Quieres cargarlo? — pregunté, no sé de dónde salió. Este era un hombre que no conocía de nada, otro Alfa, pero su semblante era tan amable que no me costó trabajo ofrecerle a mi cachorro.
Eijiro asintió emocionado, recibiendo a Toshio en sus brazos, mirándolo como si fuese la cosa más hermosa que hubiesen visto sus ojos. No sé por qué me sorprendió ver a este hombre de casi dos metros, un Alfa inamovible, llorar. Pude ver sus brazos entonces, las mangas de su abrigo se arremangaron lo suficiente para que notase el inicio de unos tatuajes conocidos. Aún con todo eso, supe que no lastimaría a mi cachorro.
— Lo lamento… es solo que lo del señor Gogo fue muy repentino… yo les debo todo a él, a su hermano y a su mamá. Cuando él se fue de casa, no pensé que jamás lo volvería a ver.
— O-oh… — lo acompañé en su llanto, no porque conociera a Gogo personalmente, pero me conmovió ver lo mucho que esta gente era amada y yo estaba entrometiéndome.
— ¿Ya decidió como se va a llamar?
— Toshio…
— Toshio — repitió, riéndose entre lágrimas. —. Es un buen nombre.
Eijiro me regresó a Toshio con mucha suavidad, mi niño ni siquiera se inmutó, estaba muy cómodo entre los brazos de este hombre extraño, debía enseñarle que ser tan confiado te llevaba directo a la perdición.
— Bien… lo lamento. — volvió a reír — Ya firmé los papeles pertinentes en la recepción, podemos irnos, la jefa ya nos está esperando.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
Pude haberme ido, debí haberlo hecho.
A estas alturas del partido ya no es un secreto que mis decisiones de vida no son precisamente mi fuerte.
Así que, decidí que ir con Eijiro era la mejor decisión que podía tomar. Estaba solo y desamparado, no tenía un quinto en la bolsa y aparte tenía un cachorro recién nacido, no sabía lo que podía pasarnos en el intermedio entre el hospital y el albergue. La idea de llamar a mamá estaba más tenue en mi cabeza, quizá podría salir de esto yo solo, bueno, ahora con Toshio.
No podía ser tan malo ¿No?
Oh, sí que lo era.
La finca Bakugo era inmensa, casi me atraganto con mi propia saliva cuando vi la enorme mansión que se alzaba, jamás había visto que necesitaran el auto para llegar desde la entrada hasta la casa. Quedé boquiabierto cuando vi el jardín, era gigantesco y lleno de flores, incluso tenían una fuente.
Los ojos se me llenaron de lágrimas, era justo lo que imaginaba cuando pensé que Dabi podría ser mi Alfa.
— Ya llegamos, señor — dijo Eijiro.
Sinceramente, me disgustaba un poco que siguiera refiriéndose a mi como “señor”, pero no podía pedirle que se refiriera por mi nombre, tampoco quería que me dijeran por el nombre de Yami.
Fue cuando lo recordé, un viejo apodo que un antiguo bully me decía en la escuela. Era un sobrenombre que hacía referencia a mi nombre real a pesar del significado tan poco amigable.
— Deku… — le dije tímidamente a Eijiro que me devolvió una mirada desconcertada — Es… es un viejo apodo, mi ma… ah, mis amigos me llaman así.
— Es algo grosero ¿No?
— Al principio, sí, pero logró tener un significado distinto.
Él sonrió, estuve contento de que no hiciera más preguntas.
— Me parece bien, Deku.
Me sentí mucho mejor. Al menos hasta que entré en la casa.
Solo había visto este nivel de elegancia en las películas y la televisión. Todo parecía costoso. Muy costoso.
El recibidor era gigante, en ese momento todo me parecía muy grande, quizá porque me sentía diminuto.
— ¡Ahí están!
No sé cómo demonios seguía en pie, porque la mujer que vino corriendo hacia mí con el rostro empapado en lágrimas fue lo que más me dolió. Era una madre que acababa de perder a su hijo y nieto no nato en un accidente, y yo estaba aquí haciéndome pasar por el prometido del Alfa fallecido y también haciendo pasar a mi cachorro por ese bebé muerto.
Era aterrador, retorcido incluso.
Pero no tuve el valor de contradecir a esta hermosa mujer rubia, con el rostro empapado en lágrimas que nos abrazaba a mí y a Toshio como si fuéramos lo más precioso. Su hijo estaba muerto y, aun así, recibió a este Omega extraño y a su cachorro.
— Dios… eres más hermoso de lo que Gogo dijo que eras — dijo ella, acariciando mis mejillas con sus dedos pulgares — ¿Y a quién tenemos aquí? — se refirió al cachorro y yo no pude hacer otra cosa más que ofrecérselo y ella lo cargó con gusto — ¿Cuál es tu nombre, cariño?
— Toshio, su nombre es Toshio.
— Oh, es un nombre hermoso — dijo, mirándome con sus enormes ojos rubíes, tan hermosos como los de su difunto hijo —. Yami, querido, me alegro tanto de que estés bien y completo.
— G-gracias… ah, señora Bakugo.
— Oh, no me llames así, somos familia ¿No? Puedes llamarme solo Mitsuki.
— O-ok…
— Eijiro, cariño, lleva las cosas de Yami a su habitación mientras le doy algo de comer, estás en los huesos ¿Gogo no te alimentaba?
Su pregunta fue agridulce, era una mujer muy hermosa y también muy adorable, incluso en esa situación tan terrible podía verle el lado positivo al asunto. Me sentí aún más basura por engañar a una persona tan genuina. Además, no podía decirle que estaba tan desnutrido porque vivía de la caridad, era un Omega sin techo.
— Oh, Dios, lo lamento tanto, no debí decir eso — se disculpó.
— N-no… no, su hijo era maravilloso, dulce y muy atento.
No era una mentira, conocía Gogo Bakugo por muy, muy poco tiempo, y, sin embargo, demostró ser un mejor ser humano que todas las personas que había conocido en la ciudad hasta ese momento. Yami había sido muy afortunado de que alguien tan atento y bueno se fijase en él, sin mencionar a la familia de este, que me colmaba de cariño creyendo que era él.
Mitsuki Bakugo me hizo ir con ella a la cocina, insistía en que tenía que comer algo porque me veía muy delgado a pesar de haber dado a luz hacía muy poco. Fue ella la que me explicó que fue un milagro que me encontraran vivo y más aún que mi cachorro lo estuviera, debieron hacer una cesárea de emergencia, tomando el riesgo de que yo también muriera.
— Quiero presentarte a nuestro cocinero — me dijo mientras abría la puerta de la cocina para mí y Toshio —, Denki, ven aquí, muchacho.
Un chico menudo que dejó de lavar platos en cuanto su jefa lo llamó, su olor era muy dulce así que asumí que debía ser un Omega, aunque su carita fina y rasgos delicados denotaban que no solo era un Omega cualquiera, sino que era un Omega Prime. Vestía una camiseta de cuello alto de color azul pastel, me pareció una elección extraña de vestimenta para estar dentro de una cocina. Me pregunté qué hacía alguien como él trabajando en la servidumbre.
— ¡Oh! ¡Tú debes ser Yami! — Saludó el cocinero, con una sonrisa de oreja a oreja — Y este pequeñín debe ser el señorito.
— Su nombre es Toshio— dijo Mitsuki conmovida.
— Es un nombre adecuado para alguien como él ¿Puedo?
Asentí, entregándole al bebé que se mantuvo sereno, todas esas personas parecían agradarle a mi cachorro.
— Es igual a ti, Yami — comentó Denki y yo sentí un vacío en el estómago.
— De-Deku… pueden llamarme así, es un viejo apodo.
Tanto Mitsuki como Denki se miraron entre ellos, pero no dijeron nada, seguramente no querían contradecir al pobre Omega delicado y quizá trastornado que había llegado a sus vidas.
— Bueno, Deku — dijo Mitsuki, como si probara el apodo en su boca — ¿Qué tal si comemos? Denki, llama a Ochako para que se lleve al bebé.
— ¿¡Llevarse al bebé!? — pregunté alarmado y la sonrisa tranquilizadora de Mitsuki no hizo mucho.
— Tranquilo, cariño, solo lo llevará a tu habitación, ella lo cuidará bien.
La mencionada Ochako apareció, enfundada en un muy bonito y elegante traje negro con encaje, como esos trajes sexys de mucamas, pero sin la parte sexy… como una mucama común, creo. La muchacha era una Beta, lo supe porque no tenía olor, así que dejé que se llevara a mi Toshi, no correría peligro.
Todo en esa casa era relajante, sabía que podría estar ahí sin peligro alguno.
La señora Mitsuki Bakugo me puso al tanto de todo lo que había pasado en esa semana que estuve inconsciente. El funeral de Gogo Bakugo se llevó a cabo casi enseguida de que pudieron recuperar su cadáver, dijo que por poco no me reconocían porque no tenía ninguna identificación encima, lo habían hecho por el anillo de compromiso y porque Mitsuki sabía en su corazón que yo pertenecía con ella.
Me sentí horrible, el accidente había matado al verdadero Yami y a su cachorro, además tuvo tan mala suerte que mis cosas fueron encontradas debajo de su cuerpo y su maleta junto a mi cuerpo, aunado a que yo estaba usando su anillo de compromiso, asumir fue fácil. Yami no traía identificaciones con él, no sabía la razón, pero fue ese pequeño olvido suyo lo que me había metido en este embrollo.
Y ya estaba demasiado lejos como para echarme para atrás, no sabía que consecuencias podía traer todo esto.
— Señora Bakugo… — dije, terminando el bocadillo que me sirvieron.
— ¡Mitsuki!
— Mitsuki… claro, claro. Lo lamento… yo, bueno, muchas gracias por su hospitalidad, pero creo que será mejor que regrese a casa.
— Pero querido, esta es tu casa.
No supe por qué sentí tan cálido mi corazón.
— Gogo me dijo que eres huérfano, no quiero que te quedes tú solo con un cachorro recién nacido.
Me mordí el labio, escapar no sería tan sencillo. Aunque claro, no era algo que estuviera en mis prioridades, no tenía manera de regresar hasta Dolly, al menos no todavía.
— Debes estar cansado también, ha sido una semana muy larga para todos.
— En eso estoy de acuerdo… — dije sin pensar, pero Mitsuki rio quedito.
— Te llevaré a tu habitación para que descanses ¿Sí? ¡ah! Y por favor alístate para la cena.
— ¿L-la cena?
— Claro, mi otro hijo, el hermano de Gogo, vendrá a cenar, también quiere conocerte.
Solo dije que estaba bien.
Solo era una cena con la familia ¿Qué podría salir mal?
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
Después de haber visto lo elegante que era la casa de los Bakugo, no debí sorprenderme de la inmensidad de la habitación, era tan grande como el viejo departamento de Dabi. Ochako, la mucama, acababa de acostar a Toshio en la cuna. Era una habitación dividida en dos, obviamente acondicionada con previa antelación; de un lado, una cama matrimonial, closet y una televisión sobre una cómoda frente a la cama; del otro lado, era como una pequeña habitación con una cuna y adornos, todo lo necesario para recibir a un bebé.
— Lo dejaré solo, señor Yami.
— Deku, por favor, Deku.
— Deku — repitió ella asintiendo —, descanse, vendré por usted a las seis.
Y ella se fue, dejándolo solo con Toshio que estaba descansando en su cunita. Me acerqué a él con una expresión apacible, sus enormes ojos verdes eran lo más hermoso que jamás vi en mi existencia, quizá lo único bueno que Dabi dejó para mí.
Suspiré, habían dicho que avisaron a mi Alfa sobre mi fallecimiento, eso quería decir que estaba muerto para él, aunque no creo que le haya importado mucho. Estaba bien, podía con eso, ya me las arreglaría.
— Ok, amor, escúchame — le dije a Toshio, acercando una de las sillas junto a la cuna —, mamá tiene un plan… mierda… — dije muy bajito, no quería que mi Toshio aprendiera a maldecir — Ok, Ok, Ok… solo tenemos que salir de aquí antes de que alguien descubra que no soy Yami y luego llamen a la policía.
Suspiré, estaba un poco desesperado, toda esta situación se me estaba saliendo de las manos.
— Mañana por la noche nos iremos bebé… solo… solo tengo que conseguir algo de dinero y quizás un mapa…
Dane era desconocida para mí, esta pequeña ciudad parecía enorme tomando en cuenta que jamás había estado aquí. Quizá irme así sería muy precipitado, pero en ese momento sentía que las cosas se me venían encima.
Me tomé mi tiempo.
Le di a Toshio de comer, dar el pecho fue una experiencia extraña, nueva, pero increíble. Siempre pensé que se sentiría raro, que lo vería como algo sexual, pero no fue nada parecido.
Lloré un poco, quería quedarme en esa burbuja de calma en donde solo existíamos Toshio y yo. Mi vida era un caos y me vi sumergido en esta charada ridícula, yo no era el viudo de Gogo Bakugo, a penas y los conocía. Esta gente era buena y maravillosa, la madre de Gogo era una mujer extraordinaria, ya tendría tiempo para averiguar la clase de mujer increíble que era.
Después de que Toshio se durmió, salí al desolado pasillo y gracias a Dios encontré el baño, seguía maravillado de todo el espacio que esta gente necesitaba incluso para orinar. Nunca había visto una bañera.
Me limité a usar la ducha y envolverme en una enorme toalla que encontré, no creí que hubiera problema en que la usara. Regresé a la recámara casi corriendo.
Mi ropa se había quedado en mi vieja maleta en el accidente, todo lo que tenía era el equipaje del verdadero Yami, que parecía tener un estilo muchísimo más refinado que yo. Agradecí al cielo de que nuestras tallas no fuesen tan distintas, aunque él había empacado prácticamente pura ropa de maternidad, así que los jeans que me puse se caían. Resoplé resignado, no podía hacer más que ajustarlo con un cinturón de cuero que estaba entre las pertenencias del difunto, una camiseta blanca también… fue tan extraño ponerse ropa interior ajena, pero a estas alturas era mejor que nada.
Me acosté a dormir, ya lo necesitaba.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
Ochako cumplió la promesa de venir a buscarme a la hora pactada, me dijo que la señora Mitsuki ya esperaba por mí en el comedor junto con su hijo, el hermano misterioso de Gogo. Le dije que me diera un minuto mientras alistaba a Toshio pero me pidió que la dejara cuidar de él, que su jefa estaba ya impaciente.
— No suena bien… — dije sin esconder mi temor.
— Oh, es todo lo contrario — me contestó Ochako risueña —. La señora está muy contenta de que Katsuki haya decidido venir con más frecuencia.
En ese momento descubrí la boca floja de Ochako, que no dejó de parlotear mientras trataba de arreglar mi desalineado ser. Katsuki Bakugo era el hermano gemelo de Gogo, él vivía en un departamento cerca de la oficina de la compañía Bakugo.
— El joven Gogo era un romántico, se fue de casa después de que se peleara con el joven Katsuki cuando le dijo que quería estudiar literatura.
— Oh… ese Katsuki se escucha como un bruto — dije sin pensar, arrepintiéndome enseguida, pero fue la risa de la mucama que me hizo relajarme.
— Si que lo es… Deku… ¿Deku, puedo hablarle de “tú”?
— ¡Por supuesto, por favor hazlo! — le dije emocionado, ese trato de “señorito” no iba con alguien como yo, porque era muchas cosas, pero un tipo refinado definitivamente no estaba en la lista.
— Gracias — dijo y luego suspiró, fue un suspiro largo y lastimero —. No me malentiendas, Deku, todos estamos felices de que estén aquí tú y el cachorro… es… es como si fuese lo último que tuviéramos del joven Gogo.
Su llanto me lastimaba, eran lágrimas genuinas de tristeza. Me sentí como un verdadero criminal al seguir usurpando el lugar de alguien que había muerto. El niño en la cuna no era la verdadera descendencia de los Bakugo, era un milagro que Toshio no se pareciera a Dabi o no estaría en esta enorme mansión.
— Lo siento… — musité, sintiéndome culpable por no ser capaz de derramar lágrimas por un hombre al que no amé.
— No, no, perdóname tú a mi… era tu prometido, tu Alfa…
— Y lo único que me conectaba con esta casa — suspiré —. Su hospitalidad es conmovedora, pero creo que no me quedaré mucho.
— No creo que la señora Mitsuki te deje ir, no sabiendo que no tienes familia que te ayude.
— Pero…
— No seas modesto, Deku… sé que criar a un cachorro recién nacido sería una labor imposible si estás solo, ya es bastante malo que hayas perdido a tu Alfa.
— P-pero no me mordió… n-no hay lazo…
Ella me miró con condescendencia, seguramente pensaba que estaba tratando de ser fuerte a pesar de que sus palabras no eran una mentira. La crianza de un cachorro para un Omega soltero era algo impensable, aunque quizá venia más del lado social. En Dolly, las madres solteras eran vistas con recelo, en especial los Omegas a secas.
La parte del lazo era otro asunto.
Nunca había agradecido tanto porque Dabi no me marcase como suyo.
Finalmente, dejé a Ochako en la recamara cuidando de Toshio mientras yo iba al comedor. Tengo que decir que casi me pierdo y si no fuera por uno de los sirvientes lo habría hecho.
— Yami, ahí estás, querido. — dijo Mitsuki al tiempo que entraba al comedor.
Ni siquiera la vi a ella.
Lo primero que vi, fueron esos ojos de color rojo escarlata, como una llamarada que estaba a punto de convertirse en un incendio forestal. Era un rostro conocido, la última vez que lo vi, estaba haciendo un chiste sobre encontrar a algún otro Omega embarazado en el camino, solo que este rostro no era tan amable.
Era muchísimo más serio, duro.
No supe por qué me quedé sin aliento.
Mi Omega solo decía: AlfaAlfaAlfaAlfa
click
Me mordí el labio inferior mientras me acercaba a la mesa elegantemente arreglada, en donde Mitsuki Bakugo estaba sentada a la cabeza, vestida como toda una reina, mientras que a la derecha estaba su hijo, enfundado en un elegante traje de negocios. Mientras, yo estaba ahí, de pie, en unos jeans que me quedaban grandes y una camiseta de maternidad arrugada.
— ¿Qué es esto? — siseó el sujeto.
— ¡Katsuki! — lo regañó su madre — Yami, querido, ven, siéntate con nosotros. Este es Katsuki, mi otro hijo.
No respondí, al menos no de inmediato. Fui tímidamente hasta el asiento al otro lado de Mitsuki, justo frente a Katsuki. podía sentir sus ojos afilados mirándome de forma acusadora, como si estuviera esperando que hiciera algo equivocado para poder reclamarme, casi como si supiera que era un impostor.
— Él es Yami, era el prometido de Gogo y la madre de tu sobrino.
— ¿De qué mercado te sacó Gogo?
El manotazo de Mitsuki llegó antes que mi reacción, Katsuki parecía estar acostumbrado a recibir estos golpes por la forma en que reaccionó.
— ¡No seas grosero, mocoso insolente! Yami…
— Deku… — interrumpí apenado — Ya sabe… mi apodo.
— Bueno, eso sí que te queda bien ¿No?
Me sonrojé hasta las orejas al tiempo que él sonreía triunfante.
— Katsuki… — siseó Mitsuki en advertencia.
— Perdóname, pero no puedo creer que mi hermano haya escogido a alguien como él para ser su Omega. — suspiré, conocía la mirada que me dedicó después de eso, era uno de tantos gestos de desprecio que había recibido por mi condición de Omega — Gogo era un idiota, pero no tanto como para ir tras un cazafortunas.
Sentí que la sangre me hervía, porque era una persona sin mucho, sin nada, de hecho, pero eso no quería decir que fuera un cazafortunas.
— ¿Quién eres tú para decidir que soy o no soy? No me conoces y por lo que sé, tampoco conocías muy bien a Gogo.
Pude ver cómo frunció el ceño desafiante, aunque no entendí el destello que provenía de sus ojos. Él se recargó en la mesa, sin darme crédito alguno, como si supiera que mentía.
— ¿Cómo se conocieron mi hermano y tú?
Apreté los labios, me sentí como un completo idiota.
— É-Él iba a la biblioteca siempre… cuando y-yo, estudiaba.
— ¿Enserio? — preguntó con una ceja levantada — ¿Así nada más?
— Gogo siempre fue un romántico. — jadee, sin saber qué más decir — me llevaba flores siempre, también comida… ¡Mucha comida!... él me cortejaba muy dulcemente, con regalos y… cosas…
No me creía nada.
— No tienes una marca de lazo. — escupió.
— L-lo nuestro fue muy rápido… — dije, pensando en lo más rápido y coherente que pude inventar — queríamos esperar a después de la boda.
Katsuki me miró con los ojos entornados.
— Eso suena mucho a él. — dijo entonces Mitsuki mientras que Katsuki solo la miró de reojo — Igual a su padre… — suspiró.
— Mamá…
— Mi esposo, Masaru, — empezó Mitsuki muy a pesar de la cara de pocos amigos de su hijo — también era un total romántico y cursi, le gustaban las cosas dulces y siempre llegaba a casa con una monería nueva. — dijo riendo — Los gemelos se convirtieron en mi vida entera cuando él nos dejó.
Sabía que Katsuki no era indiferente, hablar de la muerte de su papá teniendo la muerte de su hermano tan reciente debía provocar algo en él. Pero para mí, lo importante era Mitsuki, que empezaba a lagrimear, así que no perdí el tiempo en tomar su mano para reconfortarla. No me costó trabajo empatizar con ella, llorar era algo que se me facilitaba mucho.
— Oh, cariño… — dijo ella, conmovida, limpiando las lágrimas de sus ojos con su mano libre — no tienes que llorar por mí.
Pero si quería hacerlo. Algunas cosas hicieron sentido, el olor triste pero dulce de la matriarca de la familia me dejó bien en claro que no solo era una Omega, sino que era una Omega Prime. Era obvio, su belleza era enorme, a pesar de la edad que tuviera, se veía fresca y delicada.
Sentí muchas cosas.
Quizá envidia, era hermosa y millonaria.
Quizá empatía, había perdido a la mitad de su familia hasta el momento.
Quizá gratitud. Era obvio que no era un Omega Prime, no pertenecía al círculo al que los gemelos estaban acostumbrados.
— Katsuki… — dijo ella, aun tomando mi mano — Deku se va a quedar con nosotros porque no tiene más familia, sé comprensivo, perdió a su Alfa.
— Y yo a mi hermano. — refutó, sin una pizca de flaqueo — Tu hijo, por cierto. No deberías estar jugando a la casita ahora, dale el maldito dinero que quiere y que desaparezca de nuestras vidas.
Era un Alfa desconocido, un extraño en general, pero su rechazo quemó en mi como si me hubiera apuñalado con una daga al rojo vivo.
— ¡Katsuki! — volvió a advertir su madre.
— Hazle como quieras, tú también lo sabes. Este Omega cualquiera jamás va a estar a nuestra altura.
Después de decir eso, se retiró sin haber tocado un solo bocado de la comida en el plato frente a él.
Yo también perdí el apetito.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
Mi madre me dijo que la vida para un Omega era difícil.
Aprendí a lidiar con ello.
Pasé por muchas cosas, muchísimas. El pequeño cuerpecito acurrucado contra el mío era prueba de eso. Toshio había nacido de un error, su padre era un maldito Alfa irresponsable que se dedicaba a engañar incautos como yo. Tuve que crecer muy rápido, aunque aún me faltaba camino por recorrer.
No pude más.
Me levanté a mitad de la noche y empaqué algunas cosas, ya ni siquiera me molesté en sentir algo de culpa al haber encontrado la cartera de Yami, esos escasos billetes me ayudarían a encontrar el albergue para Omegas. Nada en esa casa estaba bien, la señora Mitsuki seguramente estaba apaciguando su dolor por la pérdida de su hijo pretendiendo que un Omega a secas como yo le importaba. Cargué a mi hijo y salí del cuarto.
La puerta principal estaba cerrada, así que decidí probar suerte con la puerta de la cocina, solo que no esperé encontrarme con esta escena. Eran casi las doce y media de la madrugada y el cocinero estaba sentado sobre la barra besando al chofer.
— Ay, mierda… — dijo el rubio, notando no solo mi presencia sino mis intenciones
— ¿Deku? — preguntó Eijiro, muy casual, como si no lo hubiese interrumpido en medio de la diversión — ¿A dónde vas?
— No estarás huyendo ¿Verdad? — Preguntó Denki, aunque era obvio — ¿Es por lo que dijo Katsuki?
No era todo, pero asentí, porque las palabras de Katsuki tenían mucho que ver.
Esta gente siempre tuvo un talento para calmar a las personas que nunca terminé de comprender, pero diez minutos más tarde, Toshio estaba dormido entre los brazos de Eijiro mientras que Denki dejaba una taza de chocolate caliente frente a mí.
— Lo siento… — musité, tomando la taza entre mis manos y sintiendo su calidez — no quise aparecerme así y…
— No pasa nada, Deku, a veces Eijiro no sabe mantener sus manos para él mismo.
La risa del Alfa me contagió.
— Ahora ¿Por qué huías?
— Katsuki dijo muchas cosas que son ciertas, quizá no pertenezca aquí.
— Créeme cuando te digo que lo haces, todos lo hacemos, es la mansión Bakugo, por amor a Cristo — rio también —. Katsuki solamente está de mal humor porque ya no puede encerrarse en su oficina todo el día.
— Ah… Gogo no hablaba mucho de su familia… — dije, como si tratara de sonar convincente cuando en realidad quería saber más cosas — ¿Qué hace la familia Bakugo exactamente?
— Fabrican ropa — explicó Denki —. Ahora es una enorme fábrica con diseñadores y todo, pero antes solo eran la señora Mitsuki y el señor Masaru, ellos solos construyeron la empresa.
La charla logró tranquilizarme, no me había dado cuenta de lo frío que estaba el clima y de lo fácil que habría sido para Toshio pescar un resfriado. Eijiro y Denki me contaron cómo conocieron a Katsuki y Gogo, del cómo la señora Mitsuki los había acogido cuando todos les negaron la ayuda.
Me dijeron como los gemelos eran sus mejores amigos, como Katsuki era una persona noble en el fondo.
También me hablaron sobre el frágil corazón de la matriarca y cómo casi muere de un infarto después de la noticia del accidente.
Comprendí la importancia que tenía Toshio.
Me fui a dormir con la promesa de no mencionar mi intento de escape.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
A la mañana siguiente, la señora Mitsuki me despertó entrando a mi recámara muy emocionada. Iba vestida elegantemente, con un vestido sastre rosa pastel y un collar de perlas, me pregunté si esta gente alguna vez dormía… o existía como mortales.
— Deku, querido, es hora de levantarse.
Si no fuera por la risa de Toshio, habría pedido que esperara cinco minutos más. Terminé sentándome en la cama, viendo a Mitsuki Bakugo revolotear en toda la habitación con cosas en las manos hasta que finalmente se inclinó sobre mi para quitarme al bebé. La dejé ser, Toshio estaba acostumbrado a ella y a su olor, la verdad es que yo también.
— ¿Qué pasa? ¿Hay una fiesta?
— De hecho, querido, si la hay.
Sentí el temor en la base de mi estómago.
— ¿Q-qué?
— ¡Claro! ¿Creíste que no celebraríamos el bautizo de Toshio? Vamos, te acabo de dejar una colección entera de ropa formal solo para ti en el armario.
Y verdad. Cuando Mitsuki salió del cuarto, me apresuré al armario para encontrarme con perchas y perchas de ropa visiblemente cara. La cómoda de Toshio también estaba llena de ropa para bebé muy bonita, yo jamás habría podido costear algo así.
Vestir a mi bebé fue mucho más fácil, todo le quedaba bien y los conjuntos eran coordinados, así que no me costó trabajo elegir un pequeño conjunto color azul para Toshio. Pero lo demás fue otro cuento.
Mis conocimientos en moda de alta costura se limitaban a los desfiles que pasaban por la tele abierta y los aparadores de las tiendas caras en Dolly. Después de que mi papá dejara a mi madre, nuestro presupuesto para prendas de ropa se veía limitado, compramos y usábamos lo que necesitábamos, tampoco era que yo desease verme como los Omegas en revistas, siempre me sentí más cómodo en un par de jeans y camisetas.
Incluso la ropa casual que había en el armario parecía muy costosa y refinada.
Encontré un vestido amarillo de verano, se veía lo suficientemente elegante para una fiesta, aunque quizá estaba enseñando mucha piel. Un cárdigan amarillo y zapatos cerrados… incluso encontré un sombrero con flores amarillas y blancas.
Me veía espantoso, pero no lo sabía.
Costoso, eso sí, pero mal.
Me miré al espejo de cuerpo completo, mi cabello era un desastre, siempre lo había sido, pero supuse que el sombrero sería la mejor solución.
En mi defensa, jamás había tenido tanta ropa bonita, solo me faltaba saber usarla correctamente.
Cuando bajé las escaleras, esperaba encontrarme con Ochako, Denki o Eijiro, pero en su lugar, casi choco de frente con la última persona a la que quería ver.
Era una mentira, amaba su olor.
— Vaya — Dijo Katsuki, mirándome de pies a cabeza —, en eso sí que te pareces a mi hermano, los dos son unos completos tontos.
— ¿Qué quieres decir?
Él solo se rio.
— Te van a comer vivo allá afuera.
— ¿Cómo estás tan seguro? — dije, haciendo un puchero y cruzando mis brazos sobre el pecho.
— Es obvio que jamás has estado en una fiesta de alta sociedad… no podría esperar otra cosa de un Omega a secas.
No entendía cómo este hombre era capaz de cautivarme y hacer tener ganas de golpearle la cara al mismo tiempo.
— Todos ustedes apestan como azúcar — dijo un poco más bajo.
— Soy un Omega, se supone que huela dulce.
— Y hasta en eso fallas, tonto Deku — volvió a reírse —; azúcar quemada, a eso apestas.
Me mordí el labio, porque mi Omega interior seguía pidiendo por el Alfa… algo que ni siquiera Dabi pudo despertarme.
— Y-yo no apesto…
Él suspiró suavizando su semblante, era una expresión muchísimo más atractiva.
— Supongo que no hay más remedio que acompañarte afuera.
Tardé un momento en entender que es lo que hacía al extenderme el brazo, hasta que bufó exasperado y lo tomé por mera inercia. Increíblemente se sintió bien, era un contacto bastante nuevo para alguien como yo que solo había tratado con Alfas torpes.
Cuando salimos al jardín, sentí que el corazón se me iba a la garganta.
No pensé que Mitsuki fuese capaz de invitar a tantas personas. Fue entonces que entendí la razón por la que Katsuki había criticado mi vestimenta.
Era un festival de caras bonitas, como si fuese una fiesta de celebridades, todos usaban la ropa adecuada. Me sentí muy fuera de lugar, el vestido ahora parecía muy poco formal y el cárdigan no coordinaba en lo absoluto, ni siquiera quiero mencionar el sombrero, pero no podía solo quitármelo, así como así.
— Yami, querido — escuché a Mitsuki llamarme por el nombre falso. Antes de que me diera cuenta, la mujer me había acaparado y Katsuki se alejó, sentí que me quitaban mi único escudo contra esta gente que me miraba divertida —. Quiero que conozcas a mucha gente, amigos de la familia, ven, ven.
Y así fue, me comporté lo mejor que pude, o al menos eso intenté, porque estas personas parecían divertirse con mi sola presencia. Mitsuki había dicho que Toshio estaba con Ochako en alguna parte de la casa, eso me dejó más tranquilo, pero no del todo.
Esta gente era realmente fría, quizá las relaciones laborales que Mitsuki manejaba con ellos no la dejaba verlo, o simplemente le eran indiferentes. Podía escuchar murmurar a mis espaldas, preguntándose por qué Mitsuki Bakugo, una Omega Prime había permitido que uno de sus hijos Alfa Prime siquiera pensara en desposar a alguien tan insípido como yo. Me sentí ofendido por mí y por la memoria de Yami, quien tampoco ostentaba la etiqueta de “Prime” en su segundo género.
— Deku, mira, quiero que conozcas a estas muchachas, son Omega igual a ti y son viejas amigas de Gogo.
Las sonrisas de estas mujeres eran algo que conocía a la perfección, una falsa promesa de amabilidad cuando escondían sus verdaderas intenciones.
— Esta de aquí es Mina Ashido, es hija de uno de nuestros socios; y esta de aquí es Momo Yaoyorozu, ella es hija de nuestro más grande inversor. Los dejaré para que se conozcan ¿Si?
Las intenciones de Mitsuki eran buenas, seguramente quería que empezara a hacer más amigos, conocer gente, la historia del Omega huérfano estaba yendo muy lejos. Igualmente, no era como si no empatizara, tampoco tenía muchos amigos en Dolly.
— Guau… — dijo Mina, riéndose — es una elección… interesante de vestuario.
— Desastrosa, diría yo — completó Momo y yo no supe qué decir.
— ¿Dónde conociste a Gogo? — quiso saber Mina.
— E-en la universidad…
Las dos muchachas se miraron entre ellas y luego a la distancia, miré a la misma dirección que ellas para encontrar a Katsuki rodeado de muchas personas, hermosas, muy hermosas.
Omegas, todos preciosos.
— Bueno, yo también haría lo que fuera para entrar en la familia, te envidio, Yami.
— ¿G-gracias?
— Se requiere mucho valor para salir de los establos y pretender ser un Omega de alta sociedad — dijo Momo.
— ¿D-disculpa?
— Los gemelos Bakugo son los Alfas más codiciados de por aquí, si no lo has notado — decía Mina, sin dejar de ver a Katsuki a la distancia, quien charlaba cordialmente con el Omega que estaba tratando de coquetearle sin muchos resultados —. Vi como venías del brazo con Katsuki — bufó — ¿Qué intentas?
— No intento nada…
— Los Omegas como tú siempre intentan algo — secundó Momo —. Ni siquiera deberías estar aquí, Mitsuki debe estar muy afectada por la muerte de Gogo para tener a un campesino en su casa. Mírate, ni siquiera te sabes vestir.
Apreté los labios hasta hacerlos una fina línea. Había soportado muchas cosas en Dolly, como burlas y chismes, pero estas dos mujeres no tenían reparos en decirme las cosas a la cara como si yo fuera nadie.
Como si fuese nada.
— Ya sacaste del mercado a uno de los gemelos ¿Y ahora pretendes acaparar al otro? ¿No te bastó con toda la desgracia que le trajiste ya a esta familia? — seguía la pelinegra — si fuera tú, desaparecería y regresaría al basurero del que saliste. Katsuki Bakugo merece estar con un Omega Prime a su altura… considéralo una advertencia, campesino.
Hasta el día de hoy, me pregunto si el verdadero Yami habría reaccionado de una forma diferente, si él hubiera tenido el valor de decirles a esas perras que no sabían con quien se metían. Pero yo, este impostor que había crecido creyendo que las personas serían amables a donde quiera que fuese, sintió que los ojos le empezaban a escocer por las lágrimas.
— Es una interesante advertencia, chicas.
Las dos Omegas saltaron por la sorpresa de volver a escuchar a Mitsuki Bakugo acercándose. Esta hermosa y solemne mujer, que era capaz de enviarte a la mierda con elegancia, estaba a punto de enseñarme mi primera lección para brillar en la alta sociedad.
El cómo poner a las perras boconas en su lugar elegantemente.
— S-señora Bakugo… n-nosotras… — empezó Mina, pero Mitsuki la detuvo con una mirada hostil y sonrisa afilada.
— ¿Está todo bien? — la voz gélida de Katsuki hizo a las dos chicas estremecerse enteras. Mitsuki seguía sosteniéndome como si necesitara protegerme.
— N-no… Ka-Katsuki… — balbuceó Momo, visiblemente consternada.
— Las chicas estaban hablando sobre cómo Deku es muy poca cosa para tu hermano y nuestra familia. — dijo Mitsuki, orgullosa y sin titubear.
Un solo gruñido de Katsuki bastó para que las dos Omegas huyeran espantadas y avergonzadas, como si se fuesen con la cola entre las patas.
— Perras… — farfulló Mitsuki — ¿Estás bien, querido?
— S-si… gracias.
Quise también agradecerle a Katsuki, pero cuando me giré a verlo, ya estaba en su camino hacia alguna otra parte.
— No le hagas caso, le agradas.
— Lo dudo — bufé —. C-creo que ellas tienen algo de razón.
— Tonterías — dijo, tomando mi rostro entre sus manos, sonriéndome maternalmente —. Y sí que le agradas a Katsuki, créeme, soy su madre — rio y me guiñó un ojo.
El resto de la fiesta fue muchísimo más agradable.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
La vida en casa de los Bakugo era buena, muy buena. Mitsuki estaba emocionada de tenerme con ella a pesar de que seguía guardando un horrible secreto. Pero me quedé, quizá porque estaba acostumbrándome a esa vida al lado de personas maravillosas, ya ni siquiera pretendía llamar a mamá. Fantaseaba con que la noticia de mi falsa muerte le llegaba, así ella tendría un cierre y yo podría ser Yami el resto de mi vida.
Mitsuki no me presionaba sobre lo que quería hacer, ni siquiera yo mismo lo sabía con certeza. Estudiar la universidad pasó por mi mente, el verdadero Yami estaba en su primer año de escuela después de todo. La familia Bakugo hizo el favor de dar de baja a Yami de la escuela porque les dije que ya no estaba tan seguro de regresar a esa vieja escuela porque “me recordaba a Gogo”. Simplemente estaba comprándome más tiempo.
Katsuki venía casi a diario y Mitsuki se veía muy feliz al respecto. Eijiro dijo que Katsuki rara vez se pasaba por casa de su madre, pero que creía que mi presencia lo hacía acercarse más a Mitsuki, no quise creerle del todo.
Yo no sabía cómo era la casa antes, Ochako aseguró que la casa era mucho más alegre ahora. Mitsuki salía a dar largos paseos por el jardín acompañada de Toshio, quien se había acostumbrado a los brazos de su abuela… bueno, de la señora Mitsuki.
Uno de esos días, bajé las escaleras con Toshio en brazos para encontrarme con Mitsuki al pie de estas, sonriendo con malicia. No era muy difícil descifrar que estaba tramando algo, aunque no podría decirle que no a cualquier locura que me pidiera.
— Deku, buenos días, ahí estás.
— Aquí estoy — repetí risueño. Ella ofreció los brazos y le di al cachorro, listo para la locura que estaba a punto de decir —. Katsuki llamó y dijo que no podrá venir hoy por una junta en la compañía.
— O-oh…
— Hice unas llamadas y cancelé la junta.
— ¿Canceló la junta de su hijo para que pueda venir a verla? — pregunté divertido.
— Oh, no, claro que no, no seas tontito.
— ¿Entonces?
— La cancelé para que puedas ir a comer con él.
— ¿Qué?
— Katsuki y tú aún no se llevan muy bien ¿No?
Era verdad, a pesar de que Katsuki iba a diario a la casa, a penas e interactuaba conmigo, se limitaba a estar con su madre y pasar tiempo con Toshio. Ya no era tan grosero, solo cordial, aunque frío.
— No puedo permitir que ese cabeza dura siga revoloteando por aquí como si fuesen a ser amigos mágicamente.
— ¿No cree que sea mejor preguntarle a Katsuki antes de esto?
— Claro que no, se va a negar. Ahora, ven, el otro día cometí el error de no ayudarte a arreglarte, pero hoy no será el caso.
— Oh… — dije, herido.
— Te veías muy hermoso, no importa lo que te pongas, siempre será así. Pero, para que la gente tonta deje de decir cosas a tus espaldas, seré yo quien te arregle, vamos.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
— ¿Qué demonios quieres decir con que la junta se canceló? — escuché decir a Katsuki mientras entraba en el edificio de la compañía Bakugo.
La puerta del vestíbulo se cerró tras de mí, llamando la atención del hombre de negocios. El semblante de Katsuki cambió drásticamente, no pude culparlo. Mitsuki había hecho un excelente trabajo arreglando mi desalineado ser; una de sus estilistas de confianza nos visitó esa misma mañana, mi cabello había quedado muchísimo más manejable, corto de los lados y más largo arriba. La ropa fue mucho más vistosa, una camisa de gasa transparentosa que dejaba un pronunciado escote hasta casi la mitad de mi pecho; esto, debajo de un traje de seda color azul pastel.
— ¿De-Deku? — preguntó asombrado.
— Escucha, tu madre insistió en esto, quiere que vayamos a comer juntos y salir — le dije lo más rápido que pude —. No tienes que hacerlo si no quieres, solo debemos esperar a que Eijiro regrese a casa y me iré por ahí, le diré a tu mamá que pasamos la tarde juntos.
Él me miró de hito en hito, seguramente en busca de algo de lo que se pudiera burlar, o al menos eso quise creer, porque por Dios que juré que lo escuché ronronear.
— Nah, la vieja me mataría si no te llevo a algún estúpido restaurante, vamos.
Y así lo hizo. Me sorprendió que fuéramos a pie, aunque tomando en cuenta que estábamos en el centro de Dane, imaginé que los restaurantes finos estaban todos ahí. Katsuki era todo un caballero, a pesar de que pensaba que no era muy de su agrado, porque se aseguró de que caminara del lado de la banqueta, además de que les gruñía a los hombres que se tomaban el atrevimiento de mirarme con más atención de la normal.
Me llevó hasta el restaurante de un elegante hotel, en donde alguien tomó nuestros abrigos en la entrada y donde los meseros iban todos de traje. Las personas alrededor parecían, al igual que Katsuki, gente de negocios, que disfrutaban de un elegante almuerzo. El mesero nos dejó un par de menús y yo lo leí con atención, todo sonaba muy rimbombante y ridículo.
— ¿Qué pasa? — me preguntó él, seguramente después de notar mi expresión — ¿No te gusta lo que hay en el menú?
Su pregunta era genuina, de hecho, su semblante se veía mucho más amable ahora. Podía incluso sentir el olor de feromonas más relajadas.
Mitsuki tenía razón, yo le agradaba a Katsuki.
La verdad, es que este hombre me gustaba también.
Pero sería raro ¿No? Aunque yo no tuviera nada que ver con Katsuki Bakugo, se suponía que era Yami, el prometido del difunto hermano de este hombre. Quise reírme, era bastante cómico, porque, aunque yo no debía guardar luto por nadie, supuse que se esperaba que yo lo hiciera. Las palabras de las Omegas en la fiesta me vinieron a la mente, ellas me reclamaban que estaba acaparándolo todo y así parecía.
— Oi, Deku, te pregunté algo.
— O-oh si… lo lamento… e-es que todo parece tan fino…
Él me miró con los ojos entrecerrados.
— P-pero estoy se-seguro que todo es delicioso y…
— Bien, salgamos de aquí entonces.
— Pero acabamos de llegar ¿No es de mala educación?
— Para lo que me importa, vamos.
Una de las cosas que se debe saber de Katsuki Bakugo es que le importa muy poco lo que las personas piensen o quieran, él lo va a hacer todo a su manera le pese a quien le pese, así que cuando los meseros lo vieron de mala forma, Katsuki solo chistó y exigió nuestros abrigos.
Katsuki parecía ser todo un señorito, quizá el completo opuesto de su hermano Gogo que parecía ser mucho más relajado. Así que cuando llegamos a un parque cercano y él se aproximó hasta un puesto de hot dogs callejero, me di cuenta de que quizá no conocía del todo a este Alfa.
Esto era más de mi estilo, un par de latas de refresco y hot dogs envueltos en papel aluminio, sentados en una banca del parque mirando a los niños jugar. Me hizo pensar en Dolly, en los sábados por la noche cuando el parque del pueblo se llenaba de gente, mi mamá y yo comprábamos comida callejera y cenábamos juntos.
— Esto es muy dulce de tu parte, Katsuki.
— Es lo menos que puedo hacer — suspiró con pesadez —. Lamento lo que dije, ya sabes, la noche que te conocí.
— Mmm… está bien, no pasa nada, creo que tienes un punto de todos modos.
— No, no lo tengo, solo dejé que mi ira hablara —pausó dubitativo —. Gogo y yo no nos llevábamos de maravilla, pero aún así era mi hermano, solo estaba enojado con la situación.
— Ya veo… yo… creo que es normal, Katsuki — dije, poniendo una mano sobre su rodilla y juro que lo sentí estremecerse —. Eres un buen hombre… un buen Alfa… no conozco a muchos de esos.
Por primera vez desde que conocí a Katsuki Bakugo, lo escuché reír.
La verdad, fue una tarde maravillosa, no había nada más que él y yo paseando por Dane. Después del parque, Katsuki me llevó a conocer los muelles y visitamos algunas tiendas. Dane era una ciudad pequeña, pero tenía muchísimo que ofrecer.
Antes de darnos cuenta, la noche había caído.
Le dije que podía tomar un taxi, pero insistió en llevarme. Ni siquiera me molestó caminar de regreso a la empresa por su auto, porque eso significaba pasar más tiempo con él. Tuve cuidado de no dar demasiada información personal, o al menos lo que fuese a delatarme, pero le dije cosas aparentemente sencillas que no me pondrían en peligro. Le conté que siempre soñé con este romance de telenovela, el cómo siempre que amaba, me dejaba ir hasta que ya era demasiado tarde.
Él escuchó cada palabra.
Cuando regresamos a casa de los Bakugo, siguió insistiendo en acompañarme hasta adentro. La casa ya estaba casi vacía, la servidumbre seguramente se habría ido a dormir ya, o eso creíamos hasta que escuchamos la música lenta que venía desde la cocina y, al asomarnos, vimos a Denki y a Eijiro abrazados, en una especie de baile en donde solo eran ellos dos.
Suspiré, envidiándolos, hasta que me di cuenta de que el Alfa junto a mí me ofrecía su mano.
Y no pude negarme.
Nunca en mi vida nadie me había tomado con tanta suavidad y gentileza, era la primera vez que un Alfa era tan delicado conmigo. Yo no era un Omega Prime, era solo un Omega a secas, no era tan hermoso ni frágil como uno, pero seguía siendo más frágil que un Beta. Siempre creí que no era nadie, siempre creí que no merecía amor, así que me conformaba con migajas como las que Dabi me arrojaba cuando le pedía amor.
— Kacchan… — musité bajito.
Supe que él escuchó el sobre nombre, porque sonrió. Una sonrisa genuina.
Estábamos bailando en la mitad del recibidor. Su mano puesta delicadamente en mi cadera y mi mejilla pegada a su pecho, en donde podía embriagarme de ese varonil aroma a madera quemada y cenizas. Es gracioso pensarlo ahora, él y Dabi tenían aromas que me recordaban al fuego, pero jamás pude describir con tanta facilidad el aroma de mi antiguo Alfa.
Y, como un augurio, él se detuvo y yo lo miré a la cara. Cuando se inclinó, rozando sus labios con los míos, creí que escuché un suave sonido conocido, uno que solo había escuchado el día que conocí a Katsuki Bakugo.
Click.
Click…
No fue mi primer beso, pero se sintió como si lo fuera.
Tomó mi rostro entre sus manos como si fuese lo más frágil del universo y me besó con ternura. Estaba tan acostumbrado a los besos de lujuria de Dabi que esto fue un mundo completamente nuevo, Katsuki Bakugo era ese hombre especial, el Alfa indicado que Yami me dijo que llegaría.
— Buenas noches, Deku… — susurró sobre mis labios, rompiendo el beso.
— Buenas noches, Kacchan.
Cuando nos separamos, sentí que había una parte de mí que se quedaba con Katsuki, pero mi cachorro esperaba escaleras arriba, así que me apresuré a subir, aunque me quedé en el pasillo cuando escuché que Mitsuki había llegado en cuanto me fui.
— Mamá… — escuché decir a Katsuki — ¿Esto está mal?
— Oh, cariño — le respondió ella con voz temblorosa —. Claro que no, querido.
— Pero mi hermano…
— Gogo siempre quiso lo mejor para ti, amaba verte contento, era su cosa favorita en este mundo — pausó, casi la sentí acercarse y acariciar el rostro de su hijo — ¿Eres feliz?
No hubo respuesta, pero la risita de Mitsuki me indicó que él había asentido con la cabeza.
— Él es maravilloso… — volvió a decir Katsuki.
— Si que lo es, es un Omega maravilloso.
Lloré toda la noche abrazado de Toshio, solo que, por primera vez en mucho tiempo, no fueron lágrimas de tristeza.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
Despertar al día siguiente se sintió como estar en el paraíso. Me levanté de un salto y empecé a revolotear por toda la recámara bajo la atenta mirada de Toshio. Después de darle pecho, me vestí y lo vestí a él, quería salir de esa recámara y revolotear por toda la casa.
Bajé las escaleras con Toshio y me encontré de lleno con Ochako al pie de estas, diciéndome que podía adelantarme al comedor con la señora Mitsuki para el desayuno mientras ella salía a dar un paseo con Toshio, no me costó trabajo dejar a mi cachorro con ella, todas las personas en esa casa eran de confianza.
Cuando entré al comedor, el característico olor a cigarrillo me inundó y buscando al culpable, encontré a la señora Mitsuki sonriendo sospechosa así que supe enseguida lo que hacía. Ella se rindió y escupió el cigarrillo encendido en la mesa.
— Sabes que no puedes hacer eso, el doctor dijo que ya no puedes fumar. — le dije, acercándome a apagar el cigarrillo en el cenicero.
— Ah, si, si, el doctor.
Me senté a su lado, frente al plato de fruta fresca que esperaba por mí. Mitsuki ya había empezado el desayuno, solo que estaba también tomándose su tiempo para ver el correo.
— ¿Cómo te fue ayer? — preguntó con una sonrisa en sus labios que me hizo sonrojar.
— B-bien… — respondí, intentando que mis expresiones no fuesen tan obvias.
— Me alegro — dijo, divertida al ver como intentaba parecer indiferente —. Toma — me dijo, dándome uno de los sobres —, te llegó un correo, quizá es de algún viejo amigo.
Recibí el sobre, estaba a nombre de Yami y estaba seguro de que no venía de ninguno de sus viejos amigos, pero quizá era algo de su vieja universidad. Lo abrí despreocupado, sacando el contenido de este, una simple tarjeta.
— ¿Me disculpas? — dije bajito, llamando la atención de Mitsuki.
— ¿Qué pasa? ¿Malas noticias?
— ¡N-no! No… quiero decir, no, no… es solo publicidad.
No supe si ella me creyó, no esperé a que me respondiera y fui al pasillo del recibidor a abrir de nueva cuenta el sobre y ver su contenido. En la parte de enfrente, escrito con letra de máquina, rezaba “¿quién eres?” y, por si no fuera poco, al reverso, complementaba con un “¿Y de quién es ese bebé?”.
Alguien me había descubierto.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
— Ok, bebé, alguien nos descubrió — le decía a Toshio, que descansaba en su cuna mientras yo hacía una maleta de ropa lo más rápido que podía —. Alguien sabe nuestro secreto, alguien lo sabe, está bien… está bien… ¡Mierda! No está bien.
Ni siquiera me inmuté cuando la puerta de la recámara se abrió, Bakugo Katsuki entró con un ramo de rosas en las manos.
— ¿Deku? ¿Qué haces?
— Empaco, ya me voy.
— ¿¡Qué!? — gritó, casi lo regaño por haber sobresaltado a Toshio, pero tenía que seguir empacando — ¿Irte? ¿A dónde?
No le respondí.
— ¿Fue el beso? Porque si es así… mierda… — abrió la puerta y arrojó las flores al pasillo — las flores eran solo para mamá… oye, el beso solo fue un beso cariñoso entre cuñados…
— Katsuki, no fue por el beso — le dije, sin dejar de empacar.
— ¿Entonces?
— Es… tengo asuntos que atender.
— ¿Es tu familia? Creí que no tenías familia.
— N-no la tengo…
— ¿Un trabajo?
— No…
— ¿Casa?
Negué con la cabeza, deteniéndome.
— Ok, creo que te estás apresurando mucho — dijo, yendo hasta la mesita junto a la ventana, sacó pluma y papel del interior de su saco y siguió — ¿Qué tal si hacemos una lista de los pros y los contras? — dibujó una línea a la mitad de la hoja y empezó a escribir mientras que yo regresaba a mi labor de empacar — veamos, en pros de irte, hay “nada” — dijo, escribiendo la palabra “nada” en grande —. Y si te quedas, bueno: Mamá te ama, no muchos Omegas pueden decir eso; aquí tienes techo, comida, nada le va a faltar a Toshio; el personal te ama… y yo también te amo.
Casi me caigo al escuchar eso último.
— ¿Q-qué?
— N-nada, nada… tonto Deku… solo iba a pedirte matrimonio.
— Ka-Kacchan…
— ¿Sabes qué? ¿Por qué no lo quitamos de la lista? — dijo, rompiendo la hoja para deshacerse de la palabra “matrimonio” en su lista y después la alzó muy orgulloso — ¿Mejor? Aún creo que deberías quedarte… Deku.
Me senté en la cama, mirándolo con los ojos cristalinos.
— Bueno… — dijo, haciendo la hoja de papel una bolita y tirándola — es una decisión difícil, no me gustaría estar en tus zapatos…
— Kacchan… ¿Acabas de pedirme matrimonio?
— Ah… si, creo que si… — se levantó y fue hasta mí, arrodillándose — si te soy sincero, pensé que el momento sería muy diferente.
Lo volví a besar, él me recibió encantado. Este era un Alfa increíble, un hombre maravilloso, no podía seguir arruinando más sus pobres vidas.
— No tienes que decir que si ahora, dímelo mañana.
Dicho esto, salió del cuarto, pero volvió a regresar segundos después con el ramo de rosas hecho un desastre.
— Está bien, las flores si eran para ti… — dijo, dándome el ramo deshecho— Ok ¿Puedo hablar contigo un momento? — dijo en dirección a Toshio, inclinándose sobre su cunita — ¿Puedes hablar con él? Convéncelo de que se quede. Tú y yo podemos divertirnos mucho… te llevaré a partidos de futbol y también a la playa, te enseñaré a coleccionar historietas… sé que te van a encantar las de All Might.
Sus palabras eran conmovedoras, cada vez estaba más enamorado de este Alfa. Sus palabras eran tan atrapantes que ni siquiera me acordaba que había dejado a Toshio a medio cambiar, así que cuando el chorro de orina pego directo en la cara del Alfa, ambos reímos.
— Bueno — dijo, limpiándose con la manga del saco —, creo que ahora si te tendrás que casar conmigo.
Después de esto, se retiró de mi recámara, dejándonos solos a mi cachorrito y a mí. Sentí que el corazón se me estrujaba, seguía haciendo de la vida de estas amables personas un infierno.
— Oh, Toshi… — le dije al cachorro — tengo que asegurarme de que no arruines tu vida, así como yo estoy arruinando la mía — suspiré melancólico.
Amaba esta casa, a las personas en ella, a Mitsuki Bakugo.
Pero, sobre todo, amaba mucho al Alfa Katsuki Bakugo.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
Me fui esa misma noche.
Me escabullí fuera de la casa con mi maleta y mi cachorro.
Tomé un taxi y le pedí que me llevara a la estación de tren.
No había una línea directa a Dolly, así que primero debería regresar a Nordse.
Estaba bien, estaba bien.
Me rompía pensar en la cara de decepción de mi madre cuando abriera la puerta y viera a su único hijo Omega cargando a un cachorro sin padre y sin una marca de lazo. Pero me las arreglaría yo solo, como hasta ahora.
La estación de tren estaba concurrida a pesar de la hora, pasaba ya de la media noche y había personas esperando su tren. Estaba sentado en una banca cerca de la línea de abordaje con mi cachorro en brazos y con mi equipaje junto a mí, ni siquiera tenía intenciones de llevarme nada, todo esto le pertenecía a un Omega que estaba muerto, además, alguien había dado con mi verdadera identidad y era cuestión de tiempo para que arruinasen a la familia Bakugo por mi culpa.
Seguía pensando en Katsuki.
Suspiré melancólico, sabía que nunca volvería a conocer a alguien igual a él.
— ¡Ahí está! — escuché decir a una voz demasiado familiar — Te dije que lo encontraríamos aquí.
En un Instante, Denki estaba de pie a un lado de la banca mientras que Eijiro lo seguía de cerca, como si temiera que el pequeño Omega rubio fuese a explotar en cualquier momento… aunque a juzgar por su expresión y lo enrojecido de su rostro, quizá fuese una posibilidad.
— ¿En dónde demonios estabas, Deku? ¿Tienes idea de lo preocupada que está la señora?
Suspiré, resignado.
— No lo entenderían, debo irme.
— ¡No seas un arrogante!
— Denki — dije, mirándolo con determinación —. Te-tengo secretos que podrían destruir a esta familia.
Él me miró con los ojos entornados, tomando mi maleta y dándosela a Eijiro que apenas la recibió.
— Denk…
— ¿Crees que eres el único con un pasado? ¡No me hagas reír!
— T-tú no sabes lo que…
— ¿Qué no sé? ¡Mierda, Deku! — gritó exasperado — ¿Sabes lo que le hacen a los Omegas como yo? — dijo, jalando el cuello de su camiseta para mostrarme su hombro. Sentí un escalofrío en todo mi cuerpo. Había una mordida de lazo ya podrida — Mis únicas opciones eran una maldita casa para Omegas o un burdel.
— Denks… — musitó Eijiro tras él.
— ¡No, cierra la boca, Eijiro! — gritó y el Alfa lo obedeció — ¿Tienes idea de lo que tuvo que pasar Eijiro cuando decidió dejar las pandillas después de salir de prisión? Tiene todo el cuerpo marcado con los tatuajes de esos asesinos, ni sus padres lo recibieron de regreso — pausó, recuperando el aire perdido en la perorata —. Ni siquiera voy a decirte de donde viene Ochako.
Lo miré, con los ojos húmedos y la garganta seca, aunque no me atrevía a decirle nada.
— La familia Bakugo nos abrió las puertas, cuidaron de nosotros, Mitsuki, Gogo y Katsuki, a ninguno de ellos les importó de qué maldito basurero salimos, porque son familia. Los amo, a todos, así que no te atrevas a decirme que no sé.
Me puse de pie lo más rápido que pude con Toshio en mis brazos.
— Denki… — dije, más bajito — Yo lo sé, todos son increíbles personas… pero yo no pertenezco a la familia Bakugo.
— Por su puesto que si lo haces. Eijiro y yo somos tan Bakugo como tú ahora… ¿No lo entiendes? — dijo el rubio, acercándose más, hasta acariciar mi rostro — ellos te aman, van a amarte sin importar quién o qué seas.
El sonido del tren llegando a la estación me revolvió el estómago, había un boleto en mi bolsillo esperando a ser usado, con dirección de regreso a la ciudad que lo empezó todo, solo que esta vez lo terminaría.
— Si te vas, no solo vas a rompernos el corazón a todos… a Katsuki. — sentí un escalofrío ante la mención de su nombre — sino que vas a romper el tuyo también.
— D-Deku — intervino Eijiro, aun cargando mi equipaje —, quédate.
Suspiré. Esta familia sería mi perdición.
Pero Denki tenía toda la razón. Si me iba, jamás me recuperaría de esta pérdida.
— ¿Y bien? — me dijo, extendiéndome una mano.
Sostuve a Toshio con una sola mano mientras que, con la otra, tomé la de Denki.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
Cuando llegamos, sentí que el corazón me daba un vuelco, había una ambulancia afuera de la mansión Bakugo. Ni siquiera esperé a Eijiro y Denki, solo me bajé del auto con Toshio en mis brazos para ver qué pasaba y gracias al cielo, Katsuki estaba en el recibidor despidiendo a los paramédicos.
— ¿Cómo está ella? — pregunté, dándole a Toshio y sin siquiera importarme qué tuviera para decir sobre mi huida.
— Estable — respondió, recibiendo al cachorro —, los doctores dijeron que fue una falsa alarma.
No me quedé más, ya tendría tiempo de hablar con él, porque ahora mi prioridad era Mitsuki Bakugo. Casi choco con uno de los paramédicos saliendo de su recámara, pero poco me importó, aunque ver a esta mujer acostada en su cama como si no fuese la gran cosa, me hizo volver a llorar.
— ¡Deku! — dijo al verme.
Solo alcancé a quitarme los zapatos antes de subirme a la cama con ella y abrazarla, ella me devolvió el gesto. Estuvimos así un rato antes de que ella rompiera el contacto y me mirara con ojos bien abiertos y cristalinos, aunque sin perder la sonrisa de sus labios. Era realmente hermosa.
— Pensé que te habrías ido.
— Denki y Eijiro me fueron a buscar… — suspiré — lo siento, no quise que te sintieras mal.
— Oh, querido, ya estoy vieja, estas cosas pasan.
— N-no es cierto, tú eres muy joven, tienes mucho que vivir ¿Ok? Tienes que ayudarme a criar a Toshio. — lo dije de corazón y sin pensarlo, como si ya no me importara quedarme ahí toda la vida.
Lágrimas cayeron desde los ojos de Mitsuki, aunque no eran de tristeza, porque su sonrisa la delataba.
— ¿Eso quiere decir que le dirás que si a Katsuki?
Le dediqué una mirada risueña, quizá estuvo a punto de morir, pero lo que a ella le importaba era saber si me casaría con su hijo.
— ¿Enserio? ¿Es lo que te preocupa en este momento?
— ¿No lo amas? — me dijo, sabiendo la respuesta.
— Mitsuki… — le dije con los ojos en blanco.
— No es tan difícil, Deku, es solo un “si acepto”.
Reí, genuinamente contento.
— ¿Es correcto? — dije en un hilo de voz — quiero decir, Gogo…
— A él le hubiera gustado verlos felices, Deku.
Era trampa, yo, Izuku Midoriya, no tenía nada que ver con Gogo Bakugo, pero como Yami, era otro cuento. Me había quitado el anillo de compromiso desde que llegué a esta casa, era algo que no me pertenecía y no pretendía quedármelo, pero con la promesa de un nuevo anillo, solo para mí, mi corazón dio un vuelco.
— ¿Puedo tomar eso como un sí? — la voz de Katsuki, proveniente de la puerta me hizo saltar. Ya no traía a Toshio en brazos, seguramente Ochako o Denki lo tenían, me fascinaba ver cómo era que no me importaba que ellos cuidasen de mi bebé.
Me puse de pie, fui hasta él y tomé su rostro entre mis manos, tuve que ponerme de puntas para alcanzar a darle un beso casto sobre los labios. Amaba a este Alfa.
— Si, Kacchan. Me casaré contigo.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
Estaba seguro de que podía explicarlo todo, en algún momento, pero quizá no todavía. Mitsuki Bakugo insistió en dar una fiesta de compromiso porque, ya sabes, gente rica, pero yo no puse mucha protesta en ello.
Fue ese mismo fin de semana, aunque nos decíamos a nosotros mismo que no queríamos apresurarnos con la boda. Katsuki me consiguió un anillo de compromiso solo para mí, uno modesto, pero con una piedra color verde en este, jamás en la vida pensé tener algo así.
Era una fiesta enorme, Mitsuki se aseguró de tener todo listo en un par de días, invitados incluidos, después de todo, la gente rica no tiene mucho qué hacer. Incluso yo me sorprendí cuando llegamos, habían apartado el club de yate entero para esta “modesta” fiesta de compromiso de la familia Bakugo. Ya le había expresado mis preocupaciones a Mitsuki sobre que la gente hablara sobre esto, sobre el Omega que había decidido casarse con el hermano de su prometido muerto que resultaba ser su gemelo idéntico.
Mitsuki me dijo que todos se podían ir a la mierda.
Y así lo hice.
Kacchan me sostenía por la cadera con una mano y con la otra sostenía una copa de champaña, yo me sentía en una nube, con ese hermoso vestido color ciruela que Mitsuki me dijo que usara, también dijo que era parte de la nueva colección que lanzarían después de la boda, seguramente sería un éxito.
Cuando la música empezó, Katsuki me llevó a la pista de baile con los demás invitados, era un sueño, finalmente sentía que estaba viviendo dentro de esa telenovela que tanto desee. Bailábamos lento, con sus manos rodeando mi cintura y mi mejilla en su pecho, disfrutando de ese cálido aroma que pronto me pertenecería.
— ¿Me permites?
Ambos nos separamos al escuchar esto, yo sentí el terror en mi estómago antes de que Katsuki se moviera y viese a la persona de pie ahí, sonriendo con malicia. Vestido en un traje viejo — y seguramente rentado — Dabi permanecía con las manos en los bolcillos, hasta que extendió ambas palmas hacia mí.
— ¿Y se puede saber quién mierda eres tú? — dijo Katsuki, advirtiendo el peligro que seguramente para él fuese imaginario.
— Un viejo amigo… ¿O no Izu?
— ¿Izu?
— Está bien, Kacchan — dije, alarmado y muerto de miedo —. E-es un viejo amigo de Nordse.
— ¿Estás seguro?
— Él estará seguro conmigo, fortachón, sé cómo tratarlo ¿Verdad?
Me mordí el labio para no llorar y poner mi mejor cara para Katsuki quien me volvió a interrogar con la mirada, yo solo asentí para tranquilizarlo y en cuanto se fue, mi ex Alfa se abalanzó sobre mi para bailar.
— ¿Cómo llegaste aquí, Dabi?
— Creí que habías muerto, estaba muy triste ¿Sabías? — me dijo ignorando mi pregunta — imagina mi sorpresa cuando te vi en un artículo del periódico anunciando tu compromiso con el heredero de los Bakugo.
— ¿Q-qué?
— Oh… ¿No pensaste que coger con uno de los Alfas más ricos de la ciudad te pondría debajo del reflector?
— ¿Qué quieres, Dabi? — musité muy bajito y él sonrió.
— Encuéntrame en el muelle en diez minutos, ve solo — rio, había olvidado ese sonido, ya no me gustaba para nada —. Si llevas a alguien, les diré todo.
Después de esto, se fue de la pista y pude ver a Katsuki mirándolo a lo lejos, mi Alfa tenía buenas razones para desconfiar de este hombre, pero no podía sacarlo de sus dudas.
— ¿Qué quería ese imbécil? — me dijo Katsuki en cuanto me acerqué a él.
— O-oh… bueno, solo quería saludar, hace mucho que no hablábamos.
— No me agrada.
— Lo sé…
— ¿Te hizo algo? Porque si es así, voy…
— ¡No…! No, estoy bien, Kacchan… solo quería charlar un poco sobre asuntos sin importancia… ¿Está bien si hablo con él a solas?
— Deku…
— Por favor… estaremos en el muelle.
Katsuki alzó la vista para ver si podía ver el muelle desde ahí y cuando comprobó que, de hecho, podía ver a Dabi en ese momento, fumando de pie en el muelle, asintió. Sabía qué él no me quitaría la vista de encima y así estaba bien, solo por seguridad.
Le di un beso casto a Katsuki antes de ir en dirección de Dabi, tuve que atravesar la pista de baile, en donde mucha gente se detuvo a saludarme, incluyendo a Momo Yaoyorozu y a Mina Ashido, que parecían mucho más amigables ahora. No tenía tiempo para nadie.
El muelle estaba vacío, el sonido del agua apaciguaba la música de la fiesta y Dabi me miraba con atención y una sonrisa maliciosa. Al acercarme, tiró la colilla al mar y se recargó en uno de los yates.
— ¿Qué quieres Dabi?
— Izu, Izu, esa no es forma de tratar a tu Alfa.
— No eres mi Alfa, nunca lo fuiste.
Volvió a reír, empezaba a aborrecer su risa.
— Pero soy el papá de tu cachorro.
— No, no lo eres ¿Te acuerdas? Porque si mal no recuerdo, me acosté con Spinner y él me embarazó.
— ¿Eso? Cariño, eso fue solamente una broma, no lo decía en serio.
— Me echaste de casa.
— No soy perfecto ¿Ok?
— Ya dime qué es lo que quieres.
— Yo solo quiero mis derechos de paternidad, Izu, eso es todo.
Me mordí el interior de la mejilla.
— Escucha, hablemos de esto con más calma ¿Si? Te veré mañana en el Motel Magnolia, el que está cerca de la estación de tren y charlamos. Habitación doce, tres de la tarde.
No dije nada.
— Ah y cariño — dijo, acercándose más de lo debido, yo solo di un paso hacia atrás por inercia—, lleva al cachorro, me muero de ganas de conocerlo.
Intentó acercarse más, yo volví a retroceder.
— Te espero, Izu.
Dijo, yéndose finalmente.
Yo me quedé ahí, de pie, pensando.
Traté de respirar con calma, necesitaba pensar con la cabeza fría.
— ¿Deku?
La voz de Katsuki me supo a gloria. Me giré para abrazarlo y agradecí que no hiciera más preguntas. Arreglaría mi propio desastre.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
Hice lo que me pidió ¿Cómo no podría?
Mitsuki estaba muy ocupada en la organización de la boda junto con Ochako y Eijiro, así que decirle que solo iría a comer fuera con Toshio fue suficiente para que me dejaran ir. La verdad, después de mi intento de huida, yo no lo habría hecho, porque parecía que cada vez que estaba solo, me esforzaba por meterme en situaciones tontas y peligrosas.
El motel Magnolia era un motelucho que, como Dabi dijo, estaba cerca de la estación de trenes, era un sitio frecuentado por personas que estaban de paso. A pesar de ser un motel pequeño y hasta cierto punto descuidado, la verdad era que eran muy pocas las veces que era visitado por personas malas.
Como Dabi.
Toshio gimió incómodo en mis brazos mientras que yo me quedé de pie frente al motel. Incluso el cachorro podía intuir que nada bueno saldría de esa visita.
— Está bien, amor, mamá terminará esto de una vez por todas.
Me dirigí al motel a paso firme, subí las escaleras que llevaban a las habitaciones arriba del diez y fui al fondo, la segunda habitación. Suspiré. Toqué la puerta. Se abrió, Toya estaba frente a mí, con una de sus sonrisas horrendas.
— ¡Guau! Mírate, eres igual a tu papá. — dijo, quitándome al cachorro de los brazos. Toshio no protestó, a final de cuentas, reconocía el aroma de su verdadero papá.
Entré al cuarto porque Dabi simplemente me había dejado en la puerta, vi con horror cómo ponía a mi cachorro, acostumbrado a estar en cunas con sábanas limpias, corrales acolchados y los brazos de gente amorosa, ser depositado en un corral viejo.
— ¿Te gusta? Papá lo consiguió solo para ti…
— Toshio — completé —. Su nombre es Toshio.
— Yo le habría puesto un nombre menos ridículo ¿Toshio? ¿De verdad?
— Es un buen nombre. — dije, repitiendo las palabras de Mitsuki y Eijiro.
— Lo que tu digas, cariño.
Yo estaba de pie a la mitad de esa pocilga, porque Dabi tenía ahí Dios sabrá cuanto tiempo.
— Ok, dime cuánto quieres.
— ¿Qué dices? — rio con sorna.
Me mordí el labio, pero era lo mejor que tenía. Me acerqué a la mesa que estaba junto a la ventana y tomé la pluma puesta ahí, porque lo siguiente que hice fue sacar una chequera de mi abrigo.
— Te pregunté cuánto quieres para que nos dejes en paz a mi familia y a mí.
— Izu, Izu, yo soy tu familia.
— No, no lo eres, los Bakugo…
— Los Bakugo piensan que eres otra persona, cariño — volvió a reírse, lo odié tanto —. ¿Qué piensas que pasará cuando se enteren que los estuviste estafando todo este tiempo? Te vas a casar y tu supuesto prometido no sabe ni tu nombre.
— Dabi — insistí — ¿Cuánto quieres? Dime cuánto maldito dinero quieres para largarte de aquí.
— Mmmm… — dijo burlón, acostándose en la cama — quiero treinta mil grandes.
— Bien, treinta mil… — escribí la cantidad en el cheque.
— ¿Sabes qué? Mejor trescientos.
Cerré los ojos con fuerza y los volví a abrir, estaba cansado y fastidiado. Escribí la cantidad que me pidió y lo firmé.
Firmé como Yami Bakugo.
Me mordí el labio, sabiendo que este cheque rebotaría.
— Aquí tienes — le dije, lanzándole el cheque a la cama y él se apresuró a tomarlo y verlo con una sonrisa maliciosa —. Es lo que me pediste, ahora promete que no vas a volver a acercarte a mi o a mi familia.
— Lo haré, Izu… — se levantó de un salto y antes de que lo viera venir, estaba sosteniendo mi rostro con una de sus manos de manera posesiva, apretando y lastimándome — pero si esta cosa resulta ser falsa, te prometo regresar a hacer de tu pequeña y estúpida vida una miseria. Escúchame bien, Izuku Midoriya, si te atreves a engañarme, te destruiré hasta las malditas cenizas ¿Queda claro?
No respondí, pero él soltó mi rostro. Aproveché para recuperar a mi hijo de ese corral mal oliente y salir del cuarto.
No podía quedarme así, este hombre cumplía sus amenazas.
Tenía que deshacerme de él.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
He mencionado muchas veces que no soy el mejor tomando decisiones y en mi defensa, no pensé que hubiera algo mejor. Sabía de la existencia de esta arma porque Mitsuki me habló de ella, su difunto esposo disfrutaba de ir al campo de tiro a divertirse, eso era antes de que los gemelos nacieran, así que la pistola estuvo guardada décadas.
Hasta entonces.
Regresé esa misma noche.
Llegué al motel decidido, volví a subir las escaleras hasta la habitación doce, sintiendo el peso del arma contra mi costado, jamás había tenido una.
— ¡Dabi! — dije, golpeando la puerta.
La puerta delante de mí se abrió enseguida, seguramente Dabi la había dejado sin seguro. Tomé el arma entre mis manos temblorosas, odiaba como se sentía su peso y frialdad contra mi piel, se sentía incorrecto, pero yo debía hacer lo que debía hacer para proteger a mi familia. Como si fuese una película de policías, pateé la puerta y entré apuntando la pistola, para encontrar al bastardo acostado en la cama, mirándome fijamente.
— Ok. Necesito que me escuches y ponme atención… s-si no te alejas ahora mismo de mí y de mi familia ¡Voy a dispararte!
Silencio, Dabi no dijo absolutamente nada.
— ¿No me estás escuchando? — dije, histérico, acercándome más a él — ¡Oh mierda! — grité y del susto, apreté el gatillo del arma, la bala impactó directo en el suelo de la habitación.
La puerta de la entrada volvió a abrirse de una patada, Katsuki entró corriendo hasta donde estaba yo y se apresuró a quitarme el arma de las manos.
— N-no fui yo… él ya estaba así cuando…
— Ok, ok, está bien, Deku.
Dabi estaba en la cama, sí, pero no me miraba fijamente. El hombre yacía puesto como si aún estuviese vivo, pero en mi desesperación, no noté el agujero de bala en su pecho. Alguien se me había adelantado y le disparó a quemarropa.
— Ka-Kacchan… yo-yo no…
— Lo sé, lo sé… tranquilo… mierda… — musitó quedito — ok… ¿Deku?
Yo me había separado de él porque necesitaba encontrar el cheque que le di a Dabi, era la única conexión que me ligaba a este hombre.
— ¡Deku! ¿Qué demonios haces?
— N-nada, nada… Kacchan…
— Vámonos, hay que irnos ya.
— Pe-pero… ¿Qué haces tú aquí?
— Te seguí ¿Ok? — dijo, tomándome de la muñeca y guiándome a la salida — investigué al bastardo, son puras malas noticias.
— L-lo siento yo-yo lo puedo explicar.
— Está bien, lo que hayas hecho antes está bien, lo importante es lo que haces ahora, y ahora debemos salir de aquí.
— ¿Qué hacemos con él?
— Es un maldito delincuente, seguramente lo mataron por algún asunto de drogas.
— Mierda yo…
— Tienes tus razones, no pretendo que me las digas hasta que estés listo. Ahora, Deku, por amor a Cristo, vámonos de aquí.
Lo hicimos, nos fuimos.
Intentamos no volver a pensar en lo que pasó, Katsuki cumplió su palabra de no preguntarme sobre mis razones.
La boda siguió en pie.
Con todo y todo, Dabi tuvo razón en algo: me iba a casar y mi prometido ni siquiera sabía mi nombre.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
Siempre soñé con una boda de cuento de hadas, mamá decía que era el sueño de todo Omega, aunque la boda de ella y papá fue modesta. Siempre pensé que mi mamá sería la que estuviera ayudándome a prepararme, aunque las manos cálidas de Ochako no estaban nada mal.
Mitsuki había hecho un traje nupcial hermoso. Un esmoquin blanco, con incrustaciones de diamantes en algunas costuras, especialmente en el cuello; una enorme cola de seda y el velo confeccionado con flores y piedras preciosas, jamás me vi tan bien.
Según mi futura suegra, debía tener algo nuevo: el traje; algo viejo: unos viejos guantes de seda que pertenecieron a la madre del señor Masaru Bakugo y que Mitsuki insistió en que usara; algo prestado: un par de aretes de perlas que Eijiro le había dado a Denki en su último cumpleaños. Y algo azul: las piedras incrustadas en el velo.
Toshio también había recibido un trajecito especial diseñado especialmente para él, Denki había dicho que se encargaría del cachorro, así no tendría que preocuparme por él en la ceremonia.
— ¿Por qué tarda tanto Mitsuki? — le pregunté a Ochako.
Ambos estábamos en la parte de atrás de la iglesia, esperando a Mitsuki para empezar la ceremonia, pero no había rastros de ella o Eijiro.
— Yo…
— Oigan ¿Aún no estamos listos?
Katsuki entró a la estancia, Ochako empezó a regañarlo de que era de mala suerte verme antes de la boda, pero Oh Dios, él solo tenía ojos para mí, su sonrisa tonta me hizo sonrojar, casi lloro, pero me abstuve para no correr el delicado maquillaje que mi amiga me había puesto.
— Te ves… guau… Deku…
— Tú también te ves muy bien, Kacchan.
— Tú…
El sonido de la puerta abriéndose y cerrándose de nuevo nos sobresaltó a los tres, el párroco de la iglesia había entrado con una expresión de angustia.
— ¿Padre Yagi? — inquirió Katsuki — ¿Qué pasa? Pensé que dijo que podía esperar hasta que mi mamá llegara.
— Es que ese es el problema, joven Katsuki, tu madre está afuera con unos policías.
— ¿Qué?
— E-está admitiendo un asesinato…
— ¿¡Qué!? — gritamos todos al unísono.
Ni siquiera nos esperamos a que el párroco nos dijera algo más, sino que simplemente salimos corriendo, tuvimos que atravesar la iglesia ignorando las expresiones de sorpresa de los asistentes. Katsuki les dijo algo sobre esperar, aunque quienes no lo hicieron fueron Eijiro y Denki que se apresuraron — con Toshio en brazos — a alcanzarnos.
Efectivamente, Mitsuki estaba frente a dos oficiales de policía que la miraban confundidos mientras que ella, vestida en un elegante traje color vino, los miraba solemne.
— ¿Qué demonios, vieja? — espetó Katsuki, llegando a donde los oficiales.
— Señor, soy el oficial Tsukauchi y este es mi compañero Sansa. Vinimos a investigar el homicidio de Toya Todoroki, mejor conocido como Dabi.
— Si, sí — les interrumpió Mitsuki —. Ya les he dicho que yo lo maté, ahora arréstenme.
— ¡C-claro que no! — intervine, con la sangre hirviendo, no podía dejar que se llevaran a esta mujer — ¡Yo maté a Dabi! ¡Yo tenía motivos!
Los oficiales me miraron con los ojos entornados.
— Por su puesto que no — intervino Katsuki —, yo estuve ahí esa noche, usé el arma de mi papá para matar a ese bastardo.
— ¡Katsuki! — lo regañó Eijiro — Nada de esto es cierto… ¡Y-yo lo maté! ¡Si! S-soy un ex Yakusa — dijo, alzando las mangas de su traje, mostrando parte de los tatuajes de la antigua pandilla — soy un exconvicto también, tengo antecedentes, yo soy el asesino.
— ¡Por supuesto que no, yo soy la asesina! — intervino Ochako entonces — Yo seguí al joven Katsuki esa noche, cuando él se fue, yo asesiné a ese bastardo.
— ¡Cállense! — gritó Denki, tratando de acomodar a Toshio en sus brazos — dejen de culparse por algo que yo hice…
Viéndolo desde otra perspectiva, quizá los agentes de policía estaban hasta el tope con nuestra perorata llena de sandeces. Seguimos discutiendo entre todos sobre a quién debían arrestar, cada uno dando razones más extrañas que el anterior.
— ¡Silencio! — gritó el agente Tsukauchi — Todos ustedes están locos ¿Lo sabían? Vinimos solamente porque encontramos esto — dijo, alzando una bolsa plástica que contenía un cheque que había firmado con el nombre de Yami — Pero sabemos que ninguno de ustedes es el asesino.
— ¿Qué…? — musité.
— Había suficientes pruebas para encontrar al verdadero asesino, venimos de arrestarlo, pero necesitábamos este cabo suelto.
— ¿Q-quien lo mató? — pregunté incrédulo.
— Un Omega de nombre Tomura Shigaraki.
Dejé salir un grito ahogado.
— ¿P-puedo verlo?
Los dos oficiales me dijeron que estaba bien, que el Omega en cuestión esperaba esposado en el auto, así que me precipité a este. Sentado en el asiento trasero, el rostro familiar de Tomura me dio una falsa sensación de familiaridad, ya no se veía tan radiante como esas veces que se burlaba de mi cuando iba a buscar a Dabi.
— Mírate — me dijo en cuanto me acerqué —, sí que eres afortunado ¿No? Sacaste premio mayor — parecía decirlo en serio, ya no quedaba rastro de ese sujeto engreído que se creía mejor que yo —. Es un traje precioso, te ves muy bien, Izuku.
— ¿Por qué?
Él suspiró riendo.
— Cariño, era cuestión de tiempo para que alguien le metiera una bala a ese hijo de perra… solo que yo fui el afortunado.
— Pensé que tenían algo de verdad.
— Yo también, Izuku, yo también — rio con amargura —, pero en cuanto supo que estaba esperando un hijo suyo, desapareció. Me enteré de que había venido hasta aquí para intentar sacarte algo de dinero cuando supo que te casarías con un ricachón.
— ¿Estás esperando?
— Lo sé, yo tampoco esperaba que termináramos siendo familia — volvió a reír, aunque su risa era amarga.
— Bien, se acabó la charla — interrumpió uno de los oficiales —, es hora de irnos — suspiró —. Solo diré, que, si algún día cometo un crimen, me gustaría ser parte de esta familia de locos.
Vi cómo el auto de los oficiales se alejaba al tiempo que Kacchan se acercaba a mí con mi cachorro en brazos.
— Quiero contratarle un abogado, el mejor que encontremos. — le dije mientras recuperaba a mi cachorro.
— Buscaré al mejor… ahora ¿Izuku?
Suspiré despacio, Mitsuki se había acercado consternada. Si algún día iba a decir la verdad, ese momento era ahora.
Les conté todo, lo resumí lo mejor que pude, ellos escucharon sin inmutarse, incluyendo a Katsuki.
— Eso explica muchas cosas — dijo Katsuki muy bajito.
— Lo lamento… — les dije a todos, aunque miraba a Mitsuki — lo siento mucho… ustedes fueron muy buenos conmigo y yo…
— ¡Shh! — me detuvo, mirándome como si me viera por primera vez — hay mucho que hablar entonces… Izuku. — pronunció mi nombre por primera vez, me encantó como sonaba, extrañaba mi verdadero nombre — pero ahora, hay una boda que nos espera.
— ¿No está molesta?
— Querido, tengo que admitir que no llegaste en las mejores circunstancias, pero no te cambiaría por nadie más.
— ¿No importa que Toshio no sea su nieto?
— ¿Qué dices? Toshio es mi nieto, o al menos lo será legalmente después de la boda… además, ya habrá oportunidad de que me den más nietos — lo dijo tan casual que no pude evitar sonrojarme hasta las orejas.
Los demás se acercaron entonces, contentos de que esta charada había terminado.
Regresamos a la iglesia unos momentos después.
— ¿Y bien? — preguntó el párroco en el altar, sin saber qué demonios hacer.
— Continuemos la boda, padre ¿Quiere? — dijo Katsuki — no puedo esperar a casarme con mi Omega.
Y así fue, la boda continuó como estaba prevista. Mitsuki estaba primera fila, cargando a su nieto y limpiándose las lágrimas.
— Katsuki Bakugo ¿Aceptas a este Omega como tu legítimo esposo? — preguntó el párroco.
— Acepto — contestó el aludido sin inmutarse.
— Yami…
— No — me apresuré, obteniendo un jadeo colectivo por parte de los asistentes, casi me reí — Yo, Izuku Midoriya, acepto casarme con este Alfa… mi Alfa.
La sonrisa en los labios de Katsuki no tuvo precio.
— Puede besar al novio. — concluyó el hombre religioso.
Y eso hicimos, Katsuki acunó mi rostro entre sus manos para darme el beso más tierno que jamás me dieron. Finalmente había conseguido lo que siempre soñé.
Katsuki Bakugo era todo lo que siempre quise.
˚*ੈ✩‧₊Epílogo*ੈ✩‧₊˚
Tardamos unos meses en que todo se arreglara, fue una pesadilla de logística arreglar los papeles que decían que Yami estaba vivo y que Izuku había muerto. Tuvimos que dar muchas explicaciones, pero al final de cuentas, todo salió como debía. Katsuki y yo nos mudamos juntos, Kacchan finalmente accedió a conseguir una casa más cerca de la casa de su madre, así Mitsuki y yo podríamos estar juntos todo el tiempo que quisiéramos.
Aún quedaba una cosa por hacer.
Debía llamar a casa.
O bueno, algo así, porque no alcé el teléfono.
Ni siquiera para avisarle a mamá que había regresado.
— Así que esto es Dolly — dijo Kacchan cuando salimos de la estación del tren.
— Es muy pintoresco ¿No? — comenté, Toshio se removió en mis brazos en señal de que quería que siguiéramos adelante, Katsuki no será el padre biológico de este niño, pero se parecía más a mi esposo de lo que me gustaría admitir.
El clima cálido del pueblo en el que nací era perfecto para estrenar esa bella blusa de gasa color verde que Mitsuki me había dado, porque dejaba mis hombros al descubierto y, sobre todo, la marca de lazo entre mi cuello y hombro.
Me encontré con viejos amigos de camino a casa, todos estaban sorprendidos de que el pequeño e inútil Omega a secas estuviera de regreso después de casi dos años de ausencia y no solo eso, si no que me acompañaba un guapísimo Alfa Prime.
Mi esposo.
— Tu pobre madre no ha parado de llorar desde que te fuiste, Izuku — me regañó una de las señoras, amiga de mi madre —. Pero creo que se le olvidará su pesar cuando vea que te casaste.
Me hubiese gustado decir que no fue así, pero en cuanto mi madre abrió la puerta, casi se desmaya de la impresión. Gracias al cielo, las noticias de mi supuesta muerte no llegaron hasta ella, y cuando le conté todo lo que viví en la ciudad, casi vuelve a desmayarse.
Era la primera vez que hablaba de toda mi desventura en Nordse; desde mi encuentro casual con Dabi, la manera en la que me convenció tan rápido de vivir con él, mi embarazo, el cómo él me había echado y quizá haya suavizado la parte del refugio para Omegas. Finalmente, les hablé del accidente, de cómo conocí a este par de personas hermosas cuyos destinos estaban entrelazados con el mío.
— Y-y conocí a Kacchan… mamá, perdón por no regresar antes a casa, perdón por casarme sin decirte, sé cuánto te hubiera gustado estar ahí.
Mamá lloró y yo también, me abrazó y dijo que me perdonaba, que estaba bien, pero tenía que venir a visitarla siempre, después Katsuki le ofreció mudarse con su mamá a la ciudad.
— La vieja siempre se queja de que está sola en su enorme casa, una amiga no le vendría mal.
Volver a escuchar la risa de mi madre me fue lo más feliz del mundo, ella dijo que nos seguiría al fin del mundo, quería conocer a la madre de Katsuki y agradecerle por cuidar de mí.
Así pasó la tarde, hasta que las tazas de café se convirtieron en vasos con vino. Toshio dormía en la cuna portable, todo estaba bien, así que creí pertinente dejar salir otra verdad.
— Estoy embarazado.
Esta vez, mi mamá no estuvo sola en su llanto, Katsuki también lloró.
Y, bueno, quizá yo también lloré.
˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚*ੈ✩‧₊˚
