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– ¿Puedes recordarme por qué acepté salir con -1° a caminar por el parque?
– Simple, porque quiero tomar unas fotografías y como me quieres TANTO… Expresó la muchacha, haciendo énfasis en la última palabra – … tú aceptaste.
– Sabía que no me convenía declararte mi amor todos los días, ahora mis sentimientos son usados en mi contra.
– ¡Ay, pobre Draco Malfoy! Cayó en las viles garras de esta bruja maldita. Hermione teatralizaba al modo más shakesperiano, mientras el rubio no le sacaba la mirada de encima. – Ahora tú pobre alma condenada, tendrá que cumplir todos los caprichos que se me den la gana. Y así fue, durante gran parte del día caminaron por el parque mientras ella sacaba fotos de todo aquello con lo que se topase.
El clima helado comenzó a hacerse más presente en el St James’s Park, ya el césped estaba teñido de blanco por la cantidad de escarchas que caían. Hermione se encontraba concentrada tratando de capturar una imagen de un par de cisnes que nadaban por el lago. Draco estaba sentado en un banco de madera, el frío le había empezado a tensar la piel, decidió colocar sus manos por dentro de las mangas de su sweater verde, típico color Slytherin. —¿¡¿Granger, falta mucho?!?. Le gritó desde su lugar. Al ver que Hermione estaba absorta en su actividad de fotografiar a los dichosos cisnes, se acercó a ella.
—Hermione, vamos tengo frío. Le volvió a insistir. —Aún no, todavía no consigo la foto que quiero. Si tienes frío revisa en mí bolso, seguro debo tener algo que te sirva de abrigo.
Draco hizo un resoplido por no haber conseguido lo que quería. —Si muero congelado será tu culpa. Hermione ni se inmutó. —...Seguro me encontrarás tirado en la nieve y llorarás por eternidades que tu amado murió abandonado bajo el cruel frío de Londres. Hermione seguía fija en su lugar, sin despegar su mirada del visor de la cámara de fotos. Malfoy indignado regreso hacia el banco, esta vez al sentarse el frío le caló la piel y decidió tomar el consejo que le había dado Granger minutos atrás.
—¿Cuántas cosas trae esta mujer? Se preguntaba así mismo, luego de estar un buen rato sacando una infinidad de objetos aleatorios del bolso de Hermione. Un caldero, velas, un telescopio, plumas, libros, una almohada, un reloj, comida para gato, uno de sus tantos aparatos muggles que no recordaba su nombre, más libros… Hasta que se encontró con la única pieza que podía llegar a servirle. —¿Justo esto tiene que ser? Se lamentaba mientras agarraba con las puntas de los dedos una bufanda típica de Gryffindor. —Mmm, creo que mejor me congelo.
Pasaron 15 minutos y las cosas se pusieron serias, Draco estaba más pálido de lo normal y sus labios ya estaban morados. Hermione había conseguido su anhelada foto de los cisnes enfrentados formando la silueta de un corazón, corrió en dirección a Draco para mostrársela pero lo que se encontró la espantó. —Por Merlín! Malfoy! Te dije que te pusieras algún abrigo que tengo en el bolso. Inmediatamente sacó la bufanda y se la colocó alrededor de su cuello, mientras le frotaba los hombros para que entrara en calor. No pasaron más de unos segundos que el rubio volvió a entrar en razón. Se paró de un salto, miró a Hermione, vio la bufanda, nuevamente miró a Hermione y entró a correr como loco por el parque.
Terminó cayendo en el césped, que ya estaba semi congelado, y no paraba de reírse como maniático. La muchacha por un momento se asustó que haya entrado en una crisis nerviosa por el frío, no era una imágen muy usual de ver.
Se acercó y le preguntó —Draco, ¿Te encuentras bien? Y él desde el piso más calmo, le afirmó con su cabeza. Hermione más tranquila al ver que ya volvía a su normalidad, y su rostro comenzaba poco a poco a tomar color, le dijo. —Sabes, creo que el frío y la espera te han hecho perder la cordura. El rubio le hizo una mueca de disgusto —Al menos dime que no perdí mí razonamiento en vano y conseguiste tu dichosa foto. Ella se rió, sacó su cámara y apunto en dirección a él. —No te muevas... Click sonó cuando le contestó — ...Ahora, sí.
