Work Text:
Sweet Love Org era un emprendimiento cuanto menos longevo; y los humanos no vivimos mucho más de cien años, por lo general. Es natural, por tanto, que Five Cap tuviera que contratar personal para su compañía una y otra vez a lo largo de su existencia.
De tal experiencia había aprendido (en realidad era casi inherente a él, dada su naturaleza) que lo más importante era, por mucho, generar un lazo aproximadamente cercano con sus (no le gustaba la palabra) subordinados. Una confianza plena, es decir, recíproca y profunda, cierto aprecio. ¡Si de eso va su compañía! Vamos, no se puede ser frío y distante si repartes amor por el mundo.
Five Cap lo tuvo siempre más que claro. La Doctora Sensatez no tanto, quería cosas muy diferentes para su futuro cuando se conocieron por primera vez.
¡Ah! En ese entonces era más que sólo su horroroso carácter; entonces, era una fuerza impetuosa, era una universitaria orgullosamente recién egresada.
Sin experiencia laboral previa (aún cuando tenía tantos títulos y especializaciones a su corta edad) ninguna empresa seria en OursVille querría contratarla como primera opción. Habría de ser una empresa desesperada para arriesgarse así...
...una más o menos como en lo que se había convertido Sweet Love Org: en al menos cinco años ningún mortal había pisado sus instalaciones (sea cliente o empleado); los anuncios de Sweet Love Org eran ignorados en todas partes, pese a no pedir requisito alguno para cualificar de apto para el trabajo.
Con la situación como estaba ninguna persona, con el raciocinio básico que puede ofrecer cualquier mente humana, siquiera consideraría un emprendimiento así como una buena referencia en su historial laboral. Y Sensatez tampoco era estúpida, sólo le daba muchas vueltas a las cosas y tenía un ego retorcido que nutrir.
‹‹ ¡No hay mejor primera experiencia laboral para mí! ›› se dijo a sí misma, casi saltando en su lugar luego de recoger del suelo un folleto que ofrecía trabajo en la compañía en cuestión. ‹‹ Si levantara un emprendimiento desde el suelo, es más, ¡si hasta le doy renombre! ›› sacudió sus manos, intentando calmarse, pues estaba en la calle. ‹‹ ¿Quién no querría contratarme con tal referencia de los dioses? Y por supuesto mi formación profesional. ››
Se le hinchó el pecho con el fatídico pecado de la soberbia, juntó impecablemente los documentos que respaldaban su currículum y, a buen tranco, caminó como buena universitaria (sin propiedades ni de medio de transporte ni de dinero), por la periferia histórica de OursVille hasta llegar a la puerta principal de la casona colonial declarada como sede principal (y única) de Sweet Love Org.
No la desanimó esperar largamente en la puerta luego de llamar a ella.
No la desanimó la extrema y obvia falta de personal (al punto que el dueño y fundador mismo le atendiera).
Ni tampoco pudo desanimarla la explicación tan vaga y general del servicio que ofrecía el emprendimiento.
Pacientemente, Sensatez esperó a que el oso terminara de presentar todas las bases del empleo, de la compañía y de sus propios valores personales. Y entonces fue recompensada su paciencia con su propio turno de hablar.
¡Y habló! Habló ferviente y pasionalmente, de sus estudios, sus capacidades, la documentación que acreditaba lo que decía... Sensatez fue clara en expresar exactamente qué quería de la compañía, sin rodeos.
— Será sólo temporal.— insistió.— ¡Prometo! Yo sacaré ésta compañía del pozo de la perdición en la que la metieron sus malas decisiones y nefasta gestión.
Hablaba con tanta seguridad que Five Cap no pudo molestarse con ella ante tal calumnia, más allá de fruncir un poco su hocico.
— Y después... Después...— parecía atrapar las palabras en el aire con un movimiento certero de su mano.– ¡Me iré! Acreditará usted que trabajé aquí ¡sin siquiera temer que yo le haga falta! Porque podrá hasta regodearse con quienes le pidan empleo después de mi ida.
Por supuesto, Five Cap le creyó todo; ni siquiera se podía dudar de esa jovencita echando chispas de pasión. Sin embargo, con su experiencia, sabía que debía guardar para sí la emoción: largos años de subidas y bajadas camino a la codiciada cumbre del éxito habían forjado un espíritu humilde.
Así, pues, asintió con sencillez y, con todo ya expuesto, extrajo de uno de los cajones de su escritorio una copia polvorienta de un contrato estándar. Fue cosa de unos pocos días de idas y venidas entre acuerdos y desacuerdos en los términos de éste; pronto estuvo ya la Doctora Sensatez contratada oficialmente frente a un notario que selló el documento sobre las firmas de ambos.
Apenas dos días después Five Cap se sentía incrédulo ante el ritmo vertiginoso en el que tornaban los avances de la Doctora ¡mientras que al mismo tiempo no habían cruzado ni media palabra desde la última visita a la notaría!
Iba contra todos sus valores, pues sabrá cualquiera que sin comunicación no hay confianza, mucho menos cercanía. Pero no valía de nada sentirse mal, había que hacer algo para remediarlo.
Con la excusa de supervisar avances, decidió visitarla en las habitaciones de la casona que había reclamado para sí como laboratorio.
— Limitar a describir mi situación como que 'estoy ocupada' es irrisorio.— soltó una risa nasal extraña, pero enérgica.– Le advierto que no puedo distraerme de mis labores más de dos minutos seguidos ¡retrasaría todo! Y adoro mi propio y perfecto orden.
Five Cap quiso expresar algún desacuerdo alusorio a lo mezquino y preocupante que le parecían sólo dos minutos para distraerse. Pero era de la idea que si hay que hacer críticas hay que decir al menos una cosa buena antes, así que se lo calló mientras pensaba cómo empezar bien la conversación.
— Le ruego observar por su cuenta y apuntar con exactitud lo que no sea de su parecer, Jefe.— indicó la científica, con una sonrisa extraña. Tenía los labios apretados, así que se veía forzada, como antinatural.— En honor a priorizar el no perder tiempo.
Se quedó Five Cap de pie al otro lado del mesón en el que trabajaba Sensatez (después de todo, no había más que una sola silla), la Doctora se sentó, dispuesta ansiosamente a continuar su labor.
– Estoy...– empezó a formular Five Cap luego de un muy buen rato, mirando los alrededores.– ...impresionado, Doctora.— admitió con absoluta y genuina sinceridad.
Tan absoluta y tan genuina, que un inexplicable escalofrío sacudió a Sensatez horriblemente. ¿Por qué inexplicable? Porque era sorpresa, y no podía haber sorpresa en ella: ¡claro que el oso estaría impresionado! Digitalizó y simplificó todos los procesos a tres tabletas independientes (una para ella, otra para Five Cap y otra de respaldo) ¡y ahora lo tenía en una habitación rodeado de planos y prototipos fantásticos para hacer despegar Sweet Love Org! ¿Por qué le causaba tal conmoción que el oso le admitiera impresión?
– La conozco hace tan poco...— continuó Five Cap, pensando que el que la Doctora soltara sus utensilios era una buena señal.—...y sin embargo me basta para decir que ¡es usted de lo más brillante!
Las palabras dulces y el tono solemne e íntimo fueron una receta precisa que produjo casi inmediatamente un hervidero dentro de Sensatez. Se gestó un sentimiento en su estómago, claro y en expansión: el más puro... Rechazo.
Dejó del todo lo que hacía. Los músculos de su cara se tensaron al máximo y sus brazos se pusieron rígidos, presionaron sus costados, se cerraron sus manos y se vió obligada a ponerse de pie desesperadamente en un intento de alejarse del oso.
Solo entonces pudo formar una palabra.
— ¿Bien...?— esbozó incómoda.— Eso ya lo sé.— le lanzó, con un tono que cortaba prácticamente por completo la conversación.
Fue suficiente para expulsar algo del sentimiento en su interior, pudo moverse otra vez con más soltura y volvió a sentarse.
Ya superada la visceralidad inicial (la reacción había sido netamente eso), Sensatez rebuscó en su mente cómo responder adecuadamente a una enunciación tan ¿obvia?
En el camino, lo primero que se le vino a la cabeza era que el oso o era estúpido o no había escuchado para nada su presentación sobre sus estudios durante la entrevista; porque ¡por supuesto que Sensatez era brillante! Se graduó con honores, fue galardonada... pero ¡si hasta le entrevistaron en revistas científicas como una de las mentes jóvenes más prometedoras de la época!
Inmediatamente después pensó que probablemente ¿no lo había mencionado lo suficientemente claro en la entrevista?
En tanto, Five Cap se vió a sí mismo atrapado en la confusión más desconcertante que había tenido hasta entonces.
Se explicó, sin embargo, rápidamente a sí mismo como sólo él (empedernido amante de los modales como lenguaje de aprecio) podía; a sus ojos, cabía posibilidad de que la joven simplemente era la típica intelectual sumergida en su trabajo que flaqueaba con las interacciones sociales.
Tosió suavemente, buscando llamar la atención de la Doctora; rodeó el mesón y se inclinó un poco a su lado para transmitir cercanía, hablándole con el tono amable que le caracterizó siempre.
— Verá, no soy experto...— sonrió, buscando bajarle el perfil a la situación al hacerla algo 'divertido'. — ...pero, tengo entendido y me parece, que después de un halago uno debe de decir grac...
— ¡No! — fue interrumpido con una voz fuerte y firme, que retumbó junto con un golpe al mesón.
Se sobresaltó en su lugar, irguió su postura y dió un paso atrás. No quería faltarle el respeto a su primer jefe, pero es que había interrumpido el cauce de sus pensamientos.
— ¡Quiero decir!— Sensatez era un manojo de muchas cosas distintas ahora, entre ellas, sentimientos.— ¡Aún! Aún hay asuntos de más urgencia.– de alguna forma supo sobreponerse a todo, aunque debió rendirse con lo que ya había estado haciendo para asir desesperadamente la tableta en búsqueda de cualquiera de sus pendientes que pudiera salvarle.— Pero, ¡vaya! Mire la hora, de seguir así deberé de no dormir ésta noche para terminar todo a tiempo.— deslizó su dedo en la pantalla, exagerando la longitud de su lista de tareas.— Porque planeamos un re-lanzamiento de marca, ¿no?
Comenzó a empujar a Five Cap, haciéndolo dar botes por la habitación mientras nombraba ella cosas al azar de la lista camino a la salida el laboratorio.
— Éso es lo que necesitamos, y para eso ¡Debe de revisar mis solicitudes! Y yo debo de terminar los prototipos de ayudantes... ¡Debe usted de conseguirse ropa elegante y buena para la ceremonia! Debo... ¡Debe usted! Deben... ¡Debemos!
Hasta que lo logró, sacó al oso de su espacio de trabajo. Había ganado: no tenía nada que agradecerle, después de todo ¡ella lo estaba haciendo todo!
Sin embargo, la escencia dulzona indiscutiblemente de pertenencia del oso todavía le infestaba las fosas nasales.
Sujetó su cabeza entre sus manos y contra el mesón, lamentando horriblemente su descuido; un poco más, una fracción más de debilidad en su coraza y la espeluznante dulzura de las palabras del oso habrían...
Abrió y cerró sus manos, las sacudió en el aire tratando de devolverse a la realidad, a lo que sí tenía bajo control. Era por ésto que había organizado así su estadía en la casona: poco tiempo y muy intenso.
Sacó cuentas, si no dormía un par de semanas, podría abandonar pronto el lugar y así no quedaría atrapada el resto de su vida con lo que ya había temido hacía años que le quitara todos los frutos de sus esfuerzos y sacrificios...
...el mismísimo amor.
