Work Text:
"Doctora Prudencia Norma de la Sensatez: en su cumpleaños número cincuenta y dos, se le ha otorgado un día libre para disponer su ocio como más prefiera."
Hace treinta y dos años, cuando recién daba su primera entrevista de trabajo, le habría parecido una tremenda idiotez desperdiciar un día completo en nada; hoy, sin embargo, dieciséis años después de la migración, no le parece tan horrorífico el darse un tiempo para sí.
Dejando a sus espaldas el alto edificio oscuro que le hizo saltar (¿quién podría decir si merecidamente?) al punto más álgido de su carrera, y ya cargada de los insumos necesarios para descansar en el lugar que ha elegido para hoy; por fin se permite preguntarse a sí misma si realmente lo mejor que pudo elegir fue aceptar la oferta de trabajo fuera de Sweet Love Org hace tantos años.
El cerro empastado de un brillante y vívido verde se agita con una brisa mientras deja que su mirada se pierda en el hermoso cielo azul y despejado. Suspira profundamente, antes de conectar emocionalmente con sus turbulentos recuerdos.
Le zumban en los oídos sus latidos cuando recuerda los olores del último desayuno que se le sirvió con amor. La magia del oso al moverla era cálida, era suave y cuidadosa, igual que todo lo que le dedicaba, a decir verdad.
— Recuérdeme, por favor...— le había pedido Five Cap.— ¿Está segura que el café tan cargado no le hará daño?— la duda era genuina.
Recordó reírse, sin saber muy bien porqué, aunque siempre le fue irrisoria la relación inversa entre la preocupación del ente por ella y la de ella hacia sí misma.
— Bien, bien.— había cedido.— Cunde la mitad con leche tibia.— como si fuera una trivialidad.— Supongo que querer unos años más de vida es natural.
Se pasó ese desayuno mirándole por sobre la taza, sintiéndose de alguna forma plena. No había mentira ni influencias en ese sentimiento, lo notaba ahora, que realmente había aprendido a disfrutar y admitir que le gustaba estar cerca de él. Y que verdaderamente no había ninguna aura significativa e indetectable que influyera en ello.
Quizá con un poco más de iniciativa, quizá si el dueño de la compañía en la que trabaja ahora hubiera decidido llegar al día siguiente, o quizá si hubiera sabido ver que encontrar tal plenitud no era fácil y mucho menos común…
— Aprecio mucho, mucho…— le había sonreído dulcemente, evitando mirarla.— Absolutamente cada momento con usted aquí.
Desvió la vista e hizo un gesto, avergonzada por tal halago y quitándole importancia.
— Me dijo hace años que sus habilidades le pavimentaron el camino aquí, así que no tenía que agradecerme nada.— el oso subió la vista para encontrarse con la de ella y brillaron sus ojos por algunas lágrimas al conmoverse.— Pero, ¡vaya! Yo sí que tengo muchísimo por agradecerle todos los días.
En el presente, bajo la sombra de un gomero artificial en HatsVille, Sensatez intentó ahogar el recuerdo en el té que había traído en su termo. Era té negro, amargo sin importar el acompañamiento.
El timbre de la mansión del oso había sonado alrededor del mediodía, después de tan maravilloso desayuno. Y estaba el mal en persona en la puerta, un ente de gran categoría sometía la existencia de Five Cap con su sola presencia y Sensatez se siente hoy culpable de dejarse cegar por tal demostración innecesaria de poder.
— ¿No te gustaría que tu potencial dejara de desperdiciarse en ésta realidad para jardín de infantes?— había dicho las palabras que ella había pensado muchas veces en sus primeros días trabajando en Sweet Love Org.— ¿No quieres desarrollar todas tus capacidades?
Era una propuesta casi sensual. Que parecía darle atractivo al ente maldito que claramente buscaba nada más que perdición y desastre en el mundo.
— ¡Siempre supe que había más para mí!— había vuelto la venenosa avaricia de una juventud sádica, no era tan poderosa como para nublar su juicio, pero tampoco se esforzó en sobreponerse a ella. Era múchisimo más fácil dejarse llevar y seguir órdenes firmes y claras.
Y por supuesto que era fácil. Five Cap nunca le retendría, tomaría represalias o siquiera le guardaría rencor.
Habían sido muchos años sin entenderlo, Five Cap era capaz de ver mucho más allá en su corazón que ella misma: si ella sabía lo que quería, él conocía lo que realmente necesitaba. Entiende ella, entonces, que quería ver pasión en él y verle desplegar el poder increíble, fuera de la comprensión, que siempre subentendió que podía dominar para doblar y someter a los demás a su gusto.
Era eso: entonces quería dominio.
Había querido órdenes. Bestialidad. No quería ser civilizada, porque serlo no le había dado los frutos y beneficios que deseaba.
Pero trabajando para la maldad misma, donde no debía reprimirse si no quería, se dió cuenta que tampoco ésta otra vida la satisfacía. Y es que el dominio tampoco era. Lo que quería eran certezas, de orden, de que todo estaba bien y que ella hacía lo suyo bien.
Las desiciones son difíciles. Nunca tienen certezas.
Su corazón se relajó, por primera vez en muchísimo tiempo y se llevó las manos al pecho sintiendo una presión espantosa, exhaló buscando relajar los músculos de sus costillas pero se quedaron inamobibles en la posición de contracción.
Five Cap tampoco tenía certezas, se lo admitía abiertamente y por eso le instaba a ella a elegir libremente. Siempre fue abierto sobre su propia debilidad.
La estresada existencia corpórea de Sensatez se dobló sobre sí misma en el césped. No podía soportar ese relajo previo al entendimiento y liberación. Su corazón parecía haberse detenido demasiado tiempo, así que sus brazos se tensaron tratando de alcanzar su pecho y revivir el latir que, creían, extinto.
Black Hat tampoco la había engañado, porque no le había prometido nada. Ella, por voluntad y mano propia, se había alejado de su felicidad.
Sus piernas patalearon contra la tierra, como dándose cuenta del malentendido entre las partes de su cuerpo y trataran de alcanzar a alguien que pudiera aclararlo y detener la agonía. El ruido sordo en medio del campo abierto era inútil, no había nadie cerca; menos cuando ya el cerebro de Sensatez se sentía ahogar por los líquidos que rebosaron sus cauces biológicos naturales…
En tal paraje de plenitud, día soleado, calma y entendimiento propio, Sensatez murió; finalmente en paz consigo misma, atormentada por un derrame cerebral causado por un ataque cardíaco múltiple.
